La cabaña (1: contada por él)
El frío del invierno y la nieve exterior no pueden apagar el calor que se enciende entre ellos en el interior del coche. Cada caricia es una promesa, cada beso una amenaza de perder el control. ¿Podrán llegar a la cabaña sin entregarse completamente al deseo?
EN LA CABAÑA RODEADOS DE NIEVE - 1ªparte… (contada por él)
Todo estaba preparado, el día amenazaba nieve y su aspecto era tristón.
Quedamos ayer (hablando por MSN) en vernos en la cabaña.
Hubo más veces, de quedar en nuestra cabaña, pero algo me decía que esta sería especial. Conducía por la autovía mientras pensaba en ella. Su delicada piel acariciaba mis pensamientos, su aroma enervaba mi serenidad.
Al llegar a su casa la encontré bellísima ya preparada para el viaje.
Una vez acoplados en el coche emprendimos la marcha de nuevo. Subiríamos a la montaña en busca de nuestro refugio.
Mientras subíamos, Norah Jones minaba nuestros oídos con ven conmigo sonaba en el CD, la mirada se escapaba a sus mejillas, arreboladas por el frío, mientras sus ojos reflejaban toda su hermosura. Recorrí con mi vista su cuerpo. Sus senos escondidos bajo una camisa escotada hacían pensar cuan generosos eran dándome placer, sus piernas sugerían mil caricias.
Mi mano se poso en su entrepierna, deseaba acariciarla, sentir que ella deseaba ser acariciada, Jugué con los dedos presionando débilmente, acariciándola hacia arriba buscando su sexo. Ella cerró sus ojos bajando instintivamente su mano para quitar el botón de su pantalón, facilitando una caricia eterna. Mis dedos siguieron su destino mientras abría ligeramente sus piernas. Bordeé su sexo sobre su braguita para después separarla, deseba acariciarlo, entrar en ella, arrancarla gemidos de placer. Los dedos hicieron lo suyo, entraban, salían. Enseguida buscó mi pantalón para sacar mi sexo, lo acarició con ternura, con deseo.
Peligrando la conducción paramos en la orilla de la carretera, volcándome hacia ella besando sus deliciosos labios a la vez que aceleraba mi caricia.
El deseo acumulado de una semana sin vernos se desató de repente, las mutuas caricia desataron una fuerza inusual, calor que solo podría se apagado de una manera. Acariciándonos, besándonos.
Largos besos eternas caricias recorrieron nuestros cuerpos, mientras recorría su cuerpo con mis labios no pude retenerme a repetir su nombre una y otra vez. Sintiendo una descarga de placer a la vez que ella gemía y se retorcía en su asiento mientras nos fundimos en un abrazo para entregarnos al placer prometido la noche antes.
No pudiendo seguir compusimos nuestras ropas y reanudamos la marcha. Tranquilos terminamos nuestro viaje.
(continuará.. con la 1ª parte contada por ella)
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