Sexo contra la nevera
La excusa era arreglar un grifo, pero la tensión en la cocina era insoportable. Cuando la empujó contra la nevera, ya no hubo vuelta atrás: la amistad se transformó en un acto de posesión cruda y húmeda.
De nuevo estaba en su casa, aquella amiga que tanto me atraía me había pedido que la ayudase a cambiar el grifo del lavabo de la cocina.
Me recibió como siempre, con una amplia sonrisa y un corto vestido gris de estar en casa y como siempre que la veía sentí un escalofrío, su cuerpo me volvía loco, tenia los pechos pequeños pero firmes, a través de aquel vestido de algodón se podían adivinar sus pezones, su culo respingón y firme, sus piernas largas y bien torneadas, sus pies cuidados y con las uñas pintadas en color burdeos…
Mientras yo me contorsionaba en el suelo cambiando aquel grifo ella sacaba la ropa de la lavadora, no podía dejar de mirar, su vestido era tan corto que cuando de agachaba podía ver su tanguita, estaba tan caliente que tenia palpitaciones.
Por fin conseguí cambiar aquel maldito grifo, sudando, pero no por el calor que hacía aquel mes de julio me levanté del suelo y ella con una sonrisa me agradeció mi labor y me ofreció algo para beber. Me fijé y sus pezones de marcaban muchísimo a través del vestido, me temo que no era yo solo el que tenía ese sofoco.
Era hora de dar por fin el paso, el paso que tanto había deseado y cuando la ví de espaldas abriendo la nevera, mirándome con esa cara de…. Te atreverás? No pude aguantar mas.
Cerré la puerta de la nevera y la empuje suavemente contra ella de espaldas
Ella me dijo… ¿qué haces?
En ese momento empecé a besarla el cuello mientras sujetaba sus manos contra la nevera, al principio notaba su intento de liberarse si bien se notaba que tampoco se esforzaba mucho.
Solté sus manos que ella dejó apoyadas contra la puerta de la nevera y mientras mordía su cuello, su nuca, baje mis manos hasta su culo, levante el vestido y metí mi mano entre sus muslos, estaba empapada
Me agaché y separé sus piernas, eché a un lado su tanga y ahí estaba lo que yo tanto deseaba, ella echó su culito hacia atrás, ofreciéndome su sexo entero y comencé a besarlo, a lamerlo, se mezcló mi saliva con su humedad, ella gemía de forma casi silenciosa pero no dejaba de moverse hacia delante y hacia atrás, bajó una de sus manos y mientras yo jugaba entre sus labios con la lengua ella comenzó a masturbarse acariciando su clítoris.
Sentía que ya no podía mas, iba a reventar, aquello era muy sensual, pero yo tenía el deseo acumulado, así que me levanté, desabroché mis pantalones y bajé mis calzoncillos, tenía que penetrarla
Puse mi polla a la entrada se su mojadísimo coño y bastó un solo empujón para que entrase completa, ella dio un respingo y gimió, comencé a penetrarla cada vez mas y mas fuerte, la única imagen que tenía delante mío era su espalda moviéndose a cada uno de mis empujones, su cabeza ladeada en la que podía ver como se mordía los labios mientras sus ojos estaban cerrados, con una mano sujetaba firmemente una de sus caderas, con la otra acariciaba una de sus tetas, ella ponía cada vez mas su culito hacia atrás, como queriendo que yo entrase mas y mas adentro.
Comenzó a gemir de una forma casi escandalosa, seguía masturbándose acariciando su clítoris con la mano y sujetando mi polla como temiendo que pudiera salir de su cuerpo.
Y tembló, su cuerpo vibraba entero, gritaba "no pares, no pares, fóllame", noté que no podía mas y mientras ella se corría empecé a correrme yo, notaba como mi semen entraba a chorros en su cuerpo
Nos quedamos extenuados, hacía muchísimo calor, me quede un rato dentro de ella, su cabeza apoyada contra la puerta de la nevera con una respiración agitada.
Otro día necesito que me cuelgues un cuadro me dijo, y sonrio…..
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