Yo me lo busqué - (Capítulo 35)
Julián cree tener el control de su vida y de su casa, pero descubre que sus amigos han estado usando su espacio para sus lujos secretos. Mientras tanto, la tensión con su secretaria y la invitación traicionera de Mari lo arrastran hacia un terreno donde los límites del consentimiento y la amistad se desdibujan peligrosamente.
Capítulo 35
-¿Pero qué ha pasado? -Le preguntaba a Marta cuando me decía que se había liado un follón.
-Que llamé a Julia, la novia de Richard y se lo conté todo. -Me respondió.
-Entonces, es que tú tenías el contacto de su móvil. -Le afirmaba.
-No, pero llamé a la oficina de empadronamiento y pedí que me pusieran con ella y me la pasaron sin más problemas.
-Cuéntame como fue todo eso, cielo. -Necesitaba conocer los detalles de todo ese lío.
-Carmen llevaba varios días pidiéndole explicaciones al cabrón de Richard y éste cada vez le daba más largas con las excusas de siempre, que necesitaba más tiempo, que esas cosas no se solucionaban de la noche a la mañana... pero el caso es que ella se lo aguantaba todo por tal de que él no rompiera la relación que habían reanudado, si es que a eso se le podía llamar relación. Es que era lo único a lo que ella se podía agarrar para no volverse a encontrar sola y ahora además sin su hija a la que había renunciado por estar con ese sinvergüenza... es que no sé ya ni como seguir Julián, cariño, porque es nombrar a ese canalla y ponerme de mala leche...
-Tranquila Marta, cálmate cielo y sigue contándome. ¿Cómo reaccionó Julia después de que le contaras lo que estaba haciendo su novio con Carmen?
-Imagínate, me dijo que ella sospechaba desde hacía tiempo que él debía tener una amante, porque eran tantas las veces que faltaba de casa que ya ni se preocupaba por las justificaciones en las que se amparaba. Al final me dijo que estaba pensando en dejarle y que esa misma tarde se iba a casa de una amiga, rompiendo con él para siempre. -Terminó de relatarme Marta.
Al menos esta Julia parecía que era una mujer de comportamiento razonable, mira tú por donde la que creía que era un pendón resultaba ser la coherente y Carmen sin remedio alguno, el verdadero pendón.
-El problema vino después cuando me llamó Carmen muy asustada por los mensajes que le enviaba Richard. -Seguía dándome detalles Marta.
-¿Qué mensajes? -Le pregunté, imaginándome más o menos lo que podrían llegar a ser.
-Los típicos de un canalla como ese, a ver... unas veces eran reproches, otras insultos y algunas amenazas también, pero lo peor y lo que más miedo le daba a Carmen era que le decía que esa tarde iría a hablar con ella... bueno sí... a tu casa...
-Pero eso es esta misma tarde, ¿No? -Quise que me lo aclarara porque la verdad es que estaba hecho un lío.
-No, cariño, todo eso ocurrió ayer... creí que te lo había dicho. El asunto es que le dije a Carmen que ni se le ocurriera abrirle la puerta, que fuese haciendo las maletas para venirse aquí con nosotros y que el traslado lo haría con la ayuda de Marcelo y mi marido.
-Joder, Marta, todo eso parece más propio de una telenovela que de un hecho real. ¿Entonces Carmen está ahí en tu casa?
-Sí... esto... pero el problema es que ese cabrón llegó efectivamente a tu casa cumpliendo con su palabra por una vez en su vida y... bueno, ya sabes que Félix es muy sosegado y le gusta razonar las cosas, pero también conoces a Marcelo por sus arrebatos y éste le dejó ir un puñetazo al cabrón de Richard. Echando sangre y pegando gritos se fue a urgencias para que le curaran la nariz rota y denunció a Marcelo como su agresor.
-¡Joder Marta! Mira que los prevení precisamente sobre esas posibilidades y al final, se han cumplido todas.
-No, si yo fui la primera que se lo recriminé, cielo, pero ahora también me parece que fue lo más acertado que hicieron estos dos. Por la denuncia no te preocupes que solo quedará en una leve sanción y la nariz se la ha roto para siempre, -me dijo soltando unas risas que no pudo aguantar-, perdona prima, pero es que... -Ahora se dirigía a Carmen que estaría a su lado y terminó con otras carcajadas.
-Mañana llegaré sobre las ocho de la tarde con Belén para que pueda estar con su madre este fin de semana, así que pasaré primero por mi casa a soltar las cosas y luego con mi coche iremos a la tuya, si es que va a seguir ahí Carmen.
-Claro, cielo, ¿Donde quieres que esté mejor que aquí con nosotros?
Cuando salimos de la delegación quedé con Mónica para ir a tomar algo al paseo marítimo, hacía una buena tarde y quería explicarle, aunque no sabía cómo, que no me hacía ninguna gracia que siguiera compartiendo casa con su ex y es que yo mismo notaba que no avanzábamos de ninguna manera en lo que inicialmente parecía una bonita relación. Fue ella misma la que escogió un bar de la zona del paseo marítimo, muy bonito por cierto, tranquilo a esas horas y con unos pequeños sofás en las mesas pegadas a la pared. Nosotros nos acomodamos en la que nos pareció la más privada y pedimos dos ron-cola.
La volví a escudriñar más a fondo si cabe, sin cortarme un pelo por lo desvergonzado de mi reconocimiento a toda su anatomía y es que ese vestidito blanco, con un escote que mostraba unas tetas que de verdad no sabía de donde las había sacado, o es que había algo que las hacía resaltar por arriba, no sé... luego estaba esa cintura que parecía imposible en esta mujer y por último lo bien que se le pegaba a sus caderas y hasta la mitad de su culo para terminar abriéndose en un efecto campana y que gracias a ese vuelo y a la generosidad de su dueña, ahora yo le podía ver sus hermosos muslos hasta muy cerca de su entrepierna.
-¿Te gusta lo que ves? Menudo repaso me has dado, precioso. -Me dijo acompañada por una gran sonrisa.
-Me pones malo, preciosa, -seguíamos con esos calificativos-, me gustaría tenerte en la inmensa cama de mi dormitorio, y hasta la tuya también me valdría aunque estuviésemos obligados a estar siempre uno encima del otro.
-Prefiero la tuya, da más juego. -Me atajó con unas risas.
-Te follaría ahora mismo en el aseo, preciosa.
-Uff... sí que estás tú hoy salido. -Se defendió.
-Me tienes a dieta desde el fin de semana, cabroncilla y eso no se hace con un jefe que tanto se preocupa por su empleada. -Seguíamos con nuestro juego de siempre.
Un sorbo a nuestros pelotazos nos dio una pequeña tregua, justo antes de que ella decidiera darme unos piquitos en los labios, seguido de un beso de medio tono, cortándome el rollo cuando pretendí culminar con otro de tercer grado.
-Calma jefe, que la empleada está cogiendo carrerilla todavía. -Continuaba ella prolongando el tonteo que nos traíamos los dos.
No podía dejar de mirar sus hermosos muslos y mis manos tampoco se quería perder esos manjares y casi sin que yo me diera cuenta, procedieron a tocarlos y acariciarlos al tiempo que subía el borde del vestido hasta poder comprobar que su tanga era negro como el tizón, pero más transparente gracias a Dios. Menudo empalme se había presentado en mis pantalones.
-¿Y eso? -Dijo ella mirando ese atrevimiento-, por aquí tengo un anti-inflamatorio, sabes que yo tengo soluciones para todo.
-No, guapa y preciosa, -joder qué tontos nos estábamos poniendo-, tú sabes que esa hinchazón se baja de otra manera.
El dedo gordo de mi mano derecha ya estaba haciendo de las suyas a lo largo de la raja que se mostraba diluida en su tanga, pero ese dedo parecía que lo veía todo muy claro, tal era la destreza con la que presionaba sobre ella, incluso distinguiendo el botoncito del resto de esa parte de la anatomía de su dueña y si no, que le pregunten a la garganta de mi secretaria que soltó un primer gemido que me llegó al alma y algo más abajo, justamente desde la base hasta la punta a todo lo largo de mi capullo.
-Para, para mamonazo, o es que quieres que monte aquí un espectáculo de voces, que ni la María Callas, vamos...
Los dos tuvimos que reír algo sobrepasados de morbo y tonterías, pero que nos venía muy bien para tener los pies en el suelo. Tampoco pretendíamos una tregua estilo navideña, no, que va, más bien nos enfrentábamos en una guerra comanche y es que su mano ya estaba explorando la gravedad de mi inflamación, por si hubiera que intervenir en otra de sus prestaciones salvadoras.
Otro beso me puso más berraco de lo que ya estaba, pero por el rabillo del ojo pude observar la atenta mirada de voyeur del camarero de la barra, por lo que no tuve otra que abortar nuestros arrebatos y retirarnos unos centímetros, no más, hasta poder aparentar que éramos una pareja normal, ¿Normal? Pues vaya, mejor dejaba esa definición de pareja que tantos problemas me había dado últimamente. Con una indicación de mi pulgar más calmado le hice saber a Mónica del porqué de mi proceder, quedando más tranquila de que esa desatención no se debía a motivos de rechazo hacia su persona.
Seguimos bebiendo de nuestras copas, ya con la certeza de que el mirón se había ausentado y nuestra charla derivó por temas de todo tipo, incluso de trabajo, que ya es decir con aquel bombón delante de mí. Fue entonces cuando más distraído me encontraba, que la puñetera me atacó con un misil tierra-aire, por eso de que yo andaba por las nubes.
-¿Mañana vas a acudir a la velada?
¡Joder! Y ahora qué le decía a mi preciosa secretaria, sobre eso no estaba nada preparado, si es que lo que yo quería en esos momentos era echarle siete polvos en mi cama. Desde luego que aquello era un ataque vil, así que lo solventé con otro misil aire-tierra.
-Y tú, ¿Has tenido algún desliz con el tío que comparte tu piso?
Su sorpresa fue mayúscula, vamos como la que me había llevado yo segundos antes.
-Ya viste como es de despreocupado cuando te vio allí conmigo después de pasar la noche juntos, pues así es en todo y si tiene que pasearse por el salón en pelotas, lo hace también sin tener en cuenta de si estoy yo allí o no, es que le da igual y como eso, todo lo demás. Pero esos son los deslices de él, no los míos con él, que son cosas muy distintas.
Un poco liosa la explicación, pero al menos la cuestión quedaba bastante equilibrada. Ahora le daría mi respuesta más pensada y sobre todo más calmada.
-Si te digo la verdad, no lo sé, entre otras cosas porque después de lo que ocurrió ayer, igual ni se realiza ese encuentro de los viernes, ten en cuenta que Carmen se encuentra ahora en casa de su prima. Imagínate si tenían previsto que esta semana se hiciera en su casa, pues con ella allí estimo que sería un verdadero problema y si por el contrario se hace en la casa de Marcelo y Sonia, pues también sería un pegote dejarla sola en casa de su prima, mientras ellos se marchan a follar toda la noche.
-Y si además llegas tú allí en esos momentos, pues la cosa se complicaría más, a no ser que ella tuviera la disposición de participar en el evento. -Adicionó Mónica ese gravamen.
Eso no era lo que se podía esperar de una buena secretaria, es que no dejaba de atacarme y mientras, yo en la trinchera sin posibilidades siquiera de asomar la frente, no fuera que además el misil tuviera reconocimiento de jetas como la mía.
-Yo creo que no va a ver ninguna velada, de verdad te lo digo, por supuesto que si ella interviniera me iría de allí, pero sí te diré que ellos ya me han pedido más de una vez que no deje de acudir algún viernes que otro.
-En tu situación, sin tener que darle explicaciones a nadie, no tienes porqué renunciar a esas celebraciones ¿Verdad? -Eso era un torpedo, estaba seguro, justo en la misma línea de flotación.
Pues nada, otro contraataque me vendría de perlas para salir de esa situación desesperada.
-Tú tampoco tienes ahora mismo esas obligaciones, ya no estás comprometida, ¿Recuerdas?
-He rechazado ya unas cuantas a pesar de no estar comprometida como tú dices.
-Yo también lo he hecho, precisamente con el matrimonio formado por mis amigos Dani y Mari, que además ya te lo conté.
Por fin llegamos a un entente cordiale y dejamos las avanzadillas y retrocesos para otro día, ahora lo que prevalecía era pasar una buena velada, pero solamente entre nosotros dos, para qué más gente. Una llamada a Yurena me bastó para arreglar el asunto y ella quedó en prepararnos una buena cena, que de lo otro ya me ocupaba yo mismo.
El viernes a las ocho de la tarde estaba entrando a mi casa, nuevamente vacía como la otra vez, aunque en esta ocasión sin sobresaltos adicionales, allí dejé todas mis cosas y preparé las que le haría falta a Carmen para pasar el fin de semana con Belén. Solo tuve que llamarla para que me confirmara que se encontraba en la casa de su prima y hacia allí partí al momento acompañado de mi hija ya arreglada y con el biberón acabado de tomar.
Mi única preocupación era lo que me podría encontrar allí, pues si Marta y Sonia me tenían ganas, sabía que la contrapartida estaba entre los tres varones y Carmen. ¿Cómo iba a ser que no la estarían echando de menos? Sería de locos que no lo hicieran, con la de noches lujuriosas que pasaron con ella.
Pero cuando llegué a mi destino, allí estaba en primer lugar Carmen para hacerse de su hija y abrazarla y besarla cien veces, al tiempo que unas abundantes lágrimas surcaban su rostro. También se encontraban allí el resto de los partícipes de nuestras veladas, e incluso el propio Basti que me recibió con un fuerte abrazo como en él era habitual.
Estaban todos a punto de cenar y lógicamente me quedé para hacerlo con ellos también, pero luego les indiqué que yo me marcharía a dormir a mi casa, pues no participaría en una reunión sexual con Carmen en la habitación de al lado, si es que no iba a participar ella también, que de eso no quise ni enterarme.
La verdad es que las quejas por mi partida no fueron demasiado intensas, más bien, un qué le vamos a hacer, quizás otro día y poco más, así me marché aunque con la promesa de que el sábado lo pasaría con ellos y Sonia insistiendo en que pasara la noche siguiente en su casa.
No hacía ni media hora desde que llegué a mi casa que me estaba llamando el que fuera mi amigo Dani.
-¿Dani? -Respondí a su llamada.
-Hola Julián, ¡Joder, tío! No sabes lo que me alegra oírte de nuevo. Oye, que te llamaba para que vinieras a casa a tomarte una copa con nosotros, no te vas a quedar toda la noche ahí aburrido.
-¿Como sabes que estoy aquí y solo? -Me tenía escamado.
-Mari ha estado hablando con Carmen y se lo ha comentado, por cierto que no veas lo contenta que está por tener a Belén con ella este fin de semana.
-Dani, lo siento pero no voy a ir, tengo muchas cosas que hacer aquí en mi casa y no me queda tiempo.
-Venga, hombre, ¡Joder, tío! -Seguía con su muletilla-, no sabes las ganas que tiene Mari por verte de nuevo, no seas así ¡Coño! Sabes lo mucho que te queremos los dos.
-También sé lo mucho que queréis a Carmen, -le devolví el cumplido-, imagino que la habréis querido unas cuantas veces en tu casa y de las veces que tú la habrás querido en la mía prefiero no pensarlo.
-No digas eso, Julián, joder, si antes no te importaba que lo hiciéramos con ella, porqué te vas a enfadar ahora, ¡Joder, tío! Una copa y si quieres te vas, por nosotros sin problemas.
-Otro día Dani, otro día más adelante ya veremos, no por ti, sino por Mari que no tiene la culpa de nada y ella sabe que la aprecio.
-Hola Julián, ¿Cómo estás cielo? -Se puso al teléfono Mari.
-Hola Mari, no sabía que estabas a la escucha.
-Sí, claro que lo estoy y deseo verte esta noche, no quiero que me digas que lo dejas para más adelante, cielo, -insistía ella-, llevo muchos días echándote de menos y a Carmen no le importa que vengas a verme cuando tú quieras. Si es por no verte con Dani, él se va a dormir a un hotel, no te preocupes por eso porque ya lo hemos acordado.
Me estaba hablando y yo no hacía más que acordarme del pedazo de chocho que tenía Mari y tanto la recordaba que la polla comenzaba a pedirme batalla. Si era un polvo con ella a solas ¿Donde estaba el problema? Seguro que él le habría echado unos cuantos a Carmen con el debido consentimiento de todos.
-Está bien, pero que te traiga Dani a mi casa y yo te llevo por la mañana de regreso. Si él se ha follado aquí a Carmen, aquí también te follaré yo toda la noche. ¿Estamos de acuerdo?
-Claro que sí, en media hora estamos ahí. Chao guapo, que ya me está faltando tiempo para arreglarme.
Yo me encontraba cambiando mi ropa al dormitorio principal, por lo que dejé de hacerlo y me metí en la ducha. Tenía que prepararme para estar a tono con la que en un rato estaría ante mí.
Fueron muy puntuales y me estaba poniendo una camiseta de verano cuando ya estaban pegando al timbre del videoportero, por supuesto que eran ellos cuando los avisté en la pantalla y sin decir nada les abrí la puerta. En un momento salían del ascensor para entrar a mi casa donde yo les esperaba con la puerta entornada.
Dani me ofreció su mano nada más entrar y ya no sentía nada en contra de ese saludo y acepté estrechársela. Venía demasiado acicalado diría yo, sabiendo que se tendría que marchar enseguida y la verdad es que me recordó los momentos de intimidad que tuvimos entre los dos, sobre todo ese rato en que sin más le estuve cogiendo esa polla tan suave que tenía. Pero la que de verdad venía matadora era Mari, con una camisa de seda de un color gris claro totalmente transparente, dejando ver sin ninguna duda, pues no llevaba puesto ningún sujetador, como eran esas preciosas tetas que albergaba allí debajo y justo en lo que trataba de tapar, porque el resto venía al descubierto. Abajo llevaba una falda de cuero negro súper ceñida, que apenas cubría poco más de sus nalgas y lo remataba todo con unas sandalias también con tiras negras y tacones de cincuenta centímetros, bueno, ya sabéis que soy un poco exagerado, pero otra vez solo quiero resaltar la extraordinaria altura de esos tacones.
El abrazo de ella agarrándose a mi cuello para darme lo que quería ser un pico y que en realidad se convirtió en un besazo de cuidado, allí delante de su marido sin importarle que eso no lo había hecho nunca, me dio un morbo bastante subido de tono. Mi mano derecha se fue al escote de la camisa y le desabroché el primer botón, luego me deslicé hacia el siguiente que quedó también abierto y cuando fui a por el tercero me di cuenta que ya no había más, así que le eché las dos solapas hacia atrás, dejando salir aquel par de tetas que tanto mérito tenían para mí.
Pero ella no es que estuviera quieta y si en nuestros encuentros anteriores me parecía una mojigata, no era precisamente eso lo que apreciaba en esos momentos, pues su mano ya llevaba un ratito sobando mi paquete y ahora se empecinaba en meterse por debajo de la cinturilla, hasta conseguir abarcar mi rabo al que primero subió hacia arriba buscando una posición más acorde con lo que yo deseaba y a continuación extendió los dedos lo más que pudo para agarrar bien mi tallo y comenzar a darle un apretón tras otro, sin poder pajearme debidamente dado que el brazo lo tenía aprisionado por el cinturón del pantalón. Nuestros morreos se sucedían uno tras otro y mi mano se fue a su entrepierna a tocar aquellos labios mayores y exagerados que tanto me impresionaron las veces anteriores en que pude verlo.
Poco después ella encontró la solución por fin para subir y bajar su mano por todo mi falo, con lo que mi placer se hizo inmenso y nuestras lenguas arreciaron en sus frotamientos para hacernos llegar a unos niveles de lujuria sin parangón. Mi mano izquierda que se entretenía en su nalga subió a explayarse con sus tetas aunque ella la tenía también agarrada, pero... miré hacia abajo y pude darme cuenta que era Dani el que me estaba haciendo la paja. Solo tuve que recordar que este cabrón se habría follado unas cuantas veces a Carmen en mi casa, para dar un paso atrás y recriminarle que me estuviera tocando la polla.
-¿Qué haces aquí? Ya te tendrías que haber ido, cabronazo. -Le solté algo enfadado.
-Nos tomamos una copa, nos cuenta un poco como te va por Canarias y me voy. ¡Joder, tío! -Volvió a soltar-, solo una copa mientras hablamos y ya me largo.
Cedí a su petición y recomponiendo mis pantalones, me dirigí al mueble bar para servirnos la copa, pudiendo observar las pocas botellas que quedaban y lo vacías que estaban, osea que estos cabrones venían, se follaban a Carmen y encima se bebían mis botellas de las mejores marcas que yo siempre mantenía en unos niveles aceptables.
En el frigorífico solo quedaban dos latas de refresco con las que tuvimos que conformarnos. Los tres quedamos sentados en el sofá uno junto al otro con Mari en el centro y su camisa enteramente desabotonada, aunque un más bien cerrada seguramente por no desentonar, si es que íbamos a hablar de como me iba por Las Palmas. Pero la verdad es que a mí lo que me apetecía en esos momentos era seguir entreviendo esos pechos, esos pezones semi ocultos que se mostraban y se ocultaban según Mari se abanicaba con la propia solapa debido al calor que hacía esa noche.
-¿Quieres que ponga el aire acondicionado? -Le pregunté a ella.
-No... no es necesario, -me contestaba mientras hacía más amplio el movimiento de abanicarse-, cuando me quite todo esto se me pasa.
-¿Qué tal tu nueva casa? -Atinó a preguntarme Dani que también se desabotonaba su camisa.
-Esto... -le respondía mientras Mari me mostraba cada vez más pezón y con más frecuencia-, bien... con piscina y eso...
Mi polla volvía a estar en situación vigilante como un suricato, pero aunque quería otear todo lo que allí se cocía, el pantalón volvía a impedírselo y en consecuencia a mí me angustiaba. Desesperado metí la mano por debajo del cinturón y la pude recolocar hacia arriba nuevamente, consiguiendo al menos calmar esa desazón.
-Sácatela, cielo, seguro que te encontrarás más cómodo. -Intentó ella calmarme aún más, pero no se yo...
Como no terminaba de responderle y tampoco la conversación iba por cómo me manejaba en Las Palmas, ella volvió a insistir.
-Deja, cariño, yo misma me ocupo de esto.
Sin más me volvió a abrir el cinturón y tiró de mis pantalones hacia abajo, ayudándole yo con una pequeña elevación de mi trasero, quedando los pantalones arribados a mis pies y con solo el bóxer soportando toda la erección de mi miembro.
-Ahora te encontrarás mucho mejor, -siguió ella tomando la palabra y de camino también mi polla, por encima del bóxer-, se la ve mucho más relajada sin tanta ropa con el calor que hace.
Su mano ya no se despegaba de allí y los apretones seguían uno detrás de otro y sus ventilaciones con las solapas cada vez más amplias, que ya no tapaban nada y sus labios chupando mi lóbulo cuando no estaban haciendo lo propio en mi cuello. Y yo allí parado como un pasmarote sin hacer nada, esperando que retomáramos la charla sobre mi nueva casa en Las Palmas, pero nadie parecía interesarse en nada de eso, o quizás lo dejaban para más adelante, no sé...
-Bueno, pues si ya hemos terminado de hablar de mi casa, creo que lo mejor será que te vayas tú a la tuya. -Le di mi sentencia a Dani, que se relamía sobándose su hermosa polla, mientras su mano se la acariciaba por dentro de la cremallera bajada del pantalón.
-Ya... ya me voy amigo, deja que os vea un poco más a vosotros, enseguida me marcho, seguro Julián...
Mari tomó mi barbilla haciendo girar mi rostro para quedar frente al suyo e inclinando su cabeza, pegó sus labios a los míos, haciendo que abriera levemente mi boca para introducirme su exploradora lengua y mi mano no aguantó más tanto abaniqueo y se hizo con la teta que le quedaba más accesible y la mano de ella voló hasta hacerse con la cinturilla del bóxer, bajándola hasta dejarla encajada por debajo de mis testículos y su mano ahora sí que tenía todo a su disposición como ella deseaba, ella me pajeaba con total libertad de movimientos, subía y bajaba y bajaba y subía, luego a dos manos y después acariciando mis testículos, todo a la vez, ufff... qué placer. Y ahora algo duro golpeaba mi tallo, pero también era placentero el contacto y mientras mi cara estaba enterrada en los pechos de Mari, ella me estaba chupando la polla con mucha codicia... ¿Pero qué coño...?
Allí estaba el cabrón de Dani haciéndome una mamada mientras me acariciaba los testículos con la mano izquierda y se daba unos buenos meneos en la polla con la derecha.
-¿Qué haces...? -Le recriminé como pude-, vete ya cabrón, vete a tu casa y déjame aquí con la puta de tu mujer...
-¿Te la voy desnudando? -Me preguntaba mientras ya lo iba haciendo-, vosotros seguir a lo vuestro. Levanta un poco el culo, cariño.
La falda fue a parar al butacón de enfrente y él se dedicó a quitarme las sandalias de verano y sacarme el pantalón que se reunió con la falda de ella. Luego y mirándome descaradamente a la cara con una mueca socarrona, se fue quitando su camisa, su pantalón el calzado ayudándose con el otro pie y por último tiró de su bóxer llegando a ser el primero que se despelotaba del todo. Luego se colocó a mi otro lado dejando que su polla quedara en contacto permanente con mi hombro, pero yo solo tenía ojos para observar nuevamente aquellos inmensos labios mayores de Mari que el tanga negro era incapaz de cubrir. Mi mano de forma indolente se fue hacia allí para darle un buen repaso a aquella exageración, ¡Joder! Menudo pedazo de coño tenía la esposa de mi amigo, bueno amigo o lo que quiera que fuese el mamonazo ese que no dejaba de calentar mi hombro, ahora restregándome la polla según se le antojaba a la mano que la sujetaba.
Aquello no podía seguir así por lo que me incorporé casi de un salto, dejándolos a los dos mirándome pasmados y dirigiéndome a Dani se lo puse muy clarito.
-¿Qué coño haces? Vete ahora mismo de mi casa, pero vete ya y si esto es una confabulación vuestra, os vais los dos.
-Te pedí que ni subieras, así que hazle caso a Julián, te vistes y te vas, mañana hablamos a mi regreso. Pero ¡Venga ya...! -Terminó por espetarle su esposa cuando atisbó una pequeña indecisión en él.
Un minuto después él se marchaba camino de la puerta sin despedirse de ninguno de los dos y ella me echaba los brazos al cuello para volver a retomar esos besos que acabábamos de interrumpir y su mano volvió a las andadas rodeando mi polla hasta donde podía y yo no quería más estorbos por lo que le pegué un fuerte tirón al tanga que quedó hecho trizas en mi mano.
-Eso es, cabrón, con chulería, como a mí me gusta...
-Tienes un coño enorme, cabrona y hoy quiero ese coño y el extra de tu culito, ese también será mío antes de que te vayas, putita mía.
-No sé si seré capaz de meterme este pedazo de rabo, pero que lo vamos a intentar, de eso no te quepa ninguna duda. -Me respondió toda azorada.
El bóxer me lo quitó de inmediato y pronto la tenía a horcajadas sobre mí incrustando mi pollón entre sus labios indecentes que hasta parecía que me estaba haciendo una cubana con ellos. Qué morbo y qué poco tiempo duró, pues parecía que tenía unas urgencias por clavarse mi pene en su vagina y vaya si lo consiguió la muy puta, pero entero de una sola vez.
-No me has pedido ponerme un condón. -Le advertí.
-Ya lo sé, pero es que esta noche no pienso usar ninguno, necesito tu gran polla en carne viva, nada de gomitas por muy finas que sean, además tu leche la quiero toda y en todas las partes.
Joder como venía Mari esta noche, parecía que lo tenía todo muy claro.
-Espero que al menos te estés protegiendo. -Insistí, pues no quería un hijo con ella.
-Lo hago, pero si no lo hiciera tampoco me importaría que me dejaras preñada de cuatrillizos.
-Pues venga, todo para nosotros esta noche.
Yo llegué a correrme tres veces antes de quedarnos dormidos y otra más cuando nos duchábamos por la mañana, y ahí aunque quise volver a metérsela por el culo, me dijo que ojalá pudiera, pero que esa noche se lo había partido en dos y no era posible, que la próxima vez procuraría estar más preparada para que la horadara tantas veces como quisiera.
Después de un buen desayuno ambos desnudos, con muchos besos y algunas bromas tontas, se vistió con otra ropa más insulsa que traía en un bolso y la llevé a su casa. Luego cambié el rumbo y me fui a la casa de Marta y Félix. Allí estaban todos incluida Carmen, ellos un poco cansados pero muy contentos por la noche que habían pasado y entre bromas fuimos preparando la comida y luego de otras charlas igual de jocosas, cada uno se fue yendo a sus casas, incluido yo mismo que me iba a la mía, pero que a insistencia de Sonia y el propio Marcelo, me dirigí a la casa de ellos para pasar otra tarde-noche, charlando a ratos, follando en otros y durmiendo las más de las veces.
Nadie sabía nada más sobre cómo había terminado el asunto de Richard con su novia. Lo que sí me dijo Marcelo es que Basti algo achispado quería que Carmen participara en la follada de la noche anterior y que hasta fue a su dormitorio en pelotas para pedírselo, pero que ella no quiso hacerlo.
-¿Te la habrías follado? -Fue mi única pregunta a Marcelo.
-Creo que sí, no veo ningún motivo para no hacerlo y seguro que más adelante se volverá a integrar en nuestro grupo.
-Sabes que por mi parte nunca ha habido ningún problema, pero no contéis conmigo si ella participa.
-Pero Julián, si eso ya pasó la otra vez cuando os separasteis, ¿O es que ya no te acuerdas?
Pues sí que me acordaba, joder, me tuve que arreglar y marcharme de allí porque con la filosófica simpleza de Marcelo, no sabía ya con qué rebatir sus razonamientos. Sonia me pidió tenerla abastecida las noches que pudiera hacerlo, bien en nuestras veladas o fuera de ellas, me dio luego un buen morreo de despedida y salí pitando a la casa de Félix para recoger a mi hija, llevarla a casa de mis padres, volver a por mis cosas en la casa y marchar de nuevo hacia el aeropuerto.
Esta vez la despedida de Carmen fue mucho más penosa por su insistencia en seguir abrazando y besando a nuestra hija, pero al final me la cedió viendo la premura con la que tenía que irme. Marta me dio un beso cariñoso sin más y Félix quiso ayudarme a bajar el carrito y las cosas de Belén. Fue allí en mi coche cuando ya me había sentado ante el volante, cuando me lo dijo.
-Esta noche hemos estado follando con Carmen y quería que lo supieras antes de irte.
-Gracias por decírmelo Félix... hasta la próxima.
Estando en casa de mis padres, me llegó una llamada de Dani.
-¿Qué tienes que decirme? No tengo tiempo para hablar, me tengo que ir a casa a preparar la maleta y marchar al aeropuerto.
-Solo es para darte las gracias, tío. Perdona si anoche te importuné tratando de quedarme con vosotros. Mari está muy contenta contigo. Solo eso.
-Una pregunta, ya que estamos. ¿Cuantas veces te has follado a Carmen y donde?
-En mi casa solo dos sábados y... bueno, eso... no sé Julián ¡Joder, tío! Esto es muy jodido de verdad, pues no sé... creo que cuatro... o quizás cinco... en tu casa.
-Vale, adiós.
-Adiós Julián, ¡Joder, tío!
Y cortamos la conversación.
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