Debora y yo camino a la perversión (5)
La semana anterior fue solo silencio, pero esta vez las instrucciones son claras: vístela para él. Jesús no es el dueño de su esposa, sino el espectador obligado de su perversión. Cuando Ricardo se la lleva, el vacío en la cama es solo el comienzo; el verdadero castigo, y placer, lo espera atado al colchón.
DEBORA Y YO CAMINO A LA PERVERSION 5
La semana en lo que siguió fue solamente de trabajo. La relación con Ricardo era muy rara si no estaba presente Débora me trataba como si fuera un amigo. Me aseguró que con su trabajo me podía habilitar montones de trabajo ya que yo era un excelente carpintero. Con Débora la relación se torno un poco distante, ninguno de los dos hablaba de lo sucedido, una pared de silencio nos separaba. El viernes cuando llegue a la casa de Ricardo a trabajar el no estaba, me dejo una nota que decía que antes de irme lo llamara a su celular. No habíamos hablado nada en la semana sobre lo que el había dicho que el viernes iría a cenar a casa. Sentía una especie de revolución interna muy grande. Cuando termine el trabajo lo llame a su celular, me dijo que el me llamaba en un rato que no me fuera de su casa. Su tono era ya muy distinto a la forma en que me hablaba en su casa. Sonó mi celular y mi corazón empezó a latir con fuerza. Hola dije:
-Hola cornudo..., hay una bolsa de papel madera en la sala, tiene la ropa interior que quiero que se ponga la cerda... un vestido y zapatos... Después que se bañe la vas a vestir vos... quiero que le pongas la ropa interior sabiendo que la estas vistiendo para mi... y que le voy a pegar una cogida de aquellas... Con el vestido lo mismo... mirala bien... ni bien pueda voy a ir para tu casa... mandame un mensaje con tu dirección exacta.
Tome la bolsa y salí corriendo para casa, le llame a Débora por teléfono y le dije que se bañara que yo llevaba la ropa para la noche, que no se pusiera nada. No hizo ningún comentario sobre el tema.
Cuando llegue a casa estaba envuelta en la toalla con el pelo mojado. Saque la ropa interior y empecé a vestirla primero por la tanga. La ropa era blanca, la tanga cola less, la vestí mientras recordaba las palabras de Ricardo, la estaba vistiendo para él. La ayude a ponerse el corpiño que marcaba sus pezones al máximo era casi transparente. Se puso sola los zapatos y camino sensualmente por la sala.
- Estoy linda... dijo y siguió caminando como si fuera una puta. - se puso el vestido sola y se fue al cuarto a pintarse. Yo me fui a la cocina, no había nada para comer, me fui a comprar algo para la cena. Cuando volví Débora estaba hermosa. Se había planchado el pelo y estaba pintada como ella lo hace con una discreción que resalta la hermosura de sus ojos. Fui a dejar la cena en la cocina y sonó el timbre. Baje a abrir y era Ricardo, subimos en el ascensor en silencio. Cuando entramos al departamento la vio a Débora y sonrió con placer. La beso en las mejillas y la hizo dar una vuelta para él. Fuimos a cenar a la cocina, la cena fue tranquila la trataba de Débora y a mi de Jesús. Cuando terminamos de cenar se puso de pie y le dijo a Débora:
- Ya no sos más Débora... ahora sos mi cerda... y levántate que nos vamos... -yo también me puse de pie- No vos quedate tranquilo... me voy a pasear con tu señora cornudo... y quedate tranquilo... que te la traigo bien cogida...
Salieron a la sala y no pude evitar seguirlos. Se iban caminando despacio, la mano de Ricardo empezó a hacer suaves círculos en el culo de Débora y le hablo al oído, estaba consciente que los miraba. Se detuvieron junto a la puerta mientras la mano que acariciaba el culo subía despacio el vestido dejando el hermoso culo de Débora al descubierto, mientras seguía acariciándolo, el primero que giro la cabeza fue Ricardo.
- hasta luego... cornudo pajero... - luego fue Débora
- Chau amor... no te hagas la pajita mientras se cogen a tu mujer... - se fueron hacia la puerta y salieron. Después solo escuche el ascensor y ya inmediatamente sentía un vacío profundo. No sabia que hacer, me puse a ver una estupida película en la tele, no suelo tomar el wisky lo tomo con cola, porque es la única forma que me gusta. Me fui sirviendo wisky con cola a lo largo de las películas que pasaban delante mío como si fuera un zombi. Tomé demasiado hasta que fui hacia la cama y caí desmayado sobre ella.
El Sábado me levante a media mañana, tenía que ir a ver a unos clientes... Estuve todo el día como un zombi. Volví a casa ansiando ver a Débora y no estaba. La espere a cenar y como no venia otra vez volví al wisky con cola hasta quedarme dormido. Cuando me desperté, Débora dormía al lado mió. Me quede más tranquilo y volví a dormirme. Cuando desperté de nuevo era casi medio día, Débora no estaba en la cama. Fui hasta la cocina y ahí estaba vestida de entre casa.
- hola amorcito... que linda salida..., no sabes que bien que la pase... queres que te cuente...? -iba a contestar pero agrego. Ay... no... Cierto que Ricardo no quiere que te cuente nada... -sentía mi pija caliente y tenía ganas de coger, me acerque a Débora y la abrace y empecé a sobarla. Me empujo y me dijo que tenía que tener en cuenta lo que ella sentía también, que parecía un calenton y fingió llorar. No sabia que hacer.
- Anda al cuarto y acostate en la cama... ahora te voy a atar... y por ahí te cuento algo... quizás... y se rió. -salí casi corriendo a la cama me desnude con mi pija al máximo mirando hacia el techo. Débora vino al cuarto estaba solo con ropa interior, se había puesto los zapatos de taco alto. Tomo la soga y me ato a la cama bien fuerte, sentía que se me cortaba la circulación, se saco los pechos sobre el sujetador y empezó a caminar por la habitación sensualmente.
- Ricardo es un hombre muy sensible e inteligente me dijo... -mirando mi pija que daba saltitos todo del tiempo- me dijo que vos disfrutas con el sufrimiento y que te tengo que acostumbrar a darte el mayor placer físico... llevarte al orgasmo... en el momento de mayor sufrimiento... así tu cuerpo también va a pedir lo mismo que vos... va a esperar ese sufrimiento máximo para sentir el alivio y el placer... vos que crees... -hablaba mientras caminaba sensualmente por la habitación.- Bueno a quien le importa lo que vos crees... dijo mientras se acostaba entre mis piernas... y empezaba a jugar con sus manos, la derecha metía la punta del dedo en mi culo y la izquierda empezaba a pajearme bien despacio, deteniéndose de a ratos.- Hay que ser cornudo y pajero... mientras otro hombre se cogio bien cogida a tu mujer todo el fin de semana vos acá... que hiciste... -yo no contestaba sentía una mezcla inmensa de sensaciones, dolor y placer- seguro que miraste la tele y fijate... dijo acelerando su paja ahora acabas así... ni siquiera te cojes a tu mujer que otro si se garcho... pajero y cornudo... repetía mientras yo acababa al tiempo que Débora se reía con fuerza. Otra vez al acabar apoyo mi miembro en mi vientre dejándome todo sucio. Se levanto de la cama y me dijo que iba a hacer la comida que descansara un rato. Sentía lo que ella había dicho, mucho dolor... pero mayor placer.
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