El gorrilla, el cuida coches, Parte 5 ( Novela)
Marta siempre tuvo el control, pero la muerte de su perro rompió algo dentro de ella. Ahora, de rodillas en el sofá de su propia casa, acepta que su esposo la mire mientras un desconocido la trata como un objeto. No es solo infidelidad; es un sacrificio ritual donde la dignidad se cambia por placer.
EL GORRILLA Parte 5
El sonido, el ruido del glande de esa polla con cabeza de hongo cada vez que Isidro se la estiraba, con fuerza, con la rabia de esa mano oscura acogotando esa verga y Marta de rodillas entre sus piernas, apretujándose las tetazas por debajo del camisón, sobando sus propios pezones que por momentos se pegaban a la tela y se transparentaban, oscuros y empitonados.
_Que tetas tienes…..que melonazos…..no tienes derecho a andar así por la vida…._ dijo el gorrilla y bebió de la botella y siguió cascándose esa enorme polla, muy cerca del rostro de ella que se ofrecía, como recipiente, como fuente receptora de esa lefa que estaba por ser expulsada de la cabeza hongo de la polla.
Y entonces miré el rostro de Marta y admiré su expresión sufriente, casi trágica, casi de mártir, ella lo quería así, quería sufrir, expiar culpas, algo había sucedido con ella, luego de la muerte de ese maldito perro o durante el viaje a Tailandia, no sé cuándo ni dónde pero algo había hecho clic en su cabeza, algo se había roto o torcido dentro de ella y también dentro de mí y por eso estaba ese animal sentado en nuestro sofá acogotando esa verga tan cerca del rostro anguloso y elegante de mi esposa.
_Te la voy a dar…..mi lefa…. ¿la quieres?...._ dijo Isidro
Ella no respondió pero veía sus dedos jugar con sus propios pezones dentro de la tela del camisón.
_ ¿LA QUIERES….ZORRRA?_
_Si…..la quiero…quiero tu lefa….- dijo ella
_Pues ahí te va….._ dijo él y se inclinó hacia adelante, tenía una suerte panza que emergía de su cuerpo fornido y desde esa vega salió disparado un chorro de semen que impactó sobre el rostro delicado de ella, de un modo que me dejó aterrado,.
Ella cerró los ojos y vi el latigazo de viscosidad cremosa que le cruzaba en diagonal, la recta y pequeña nariz y la boca cerrada y luego otro chorro de semen que golpeó los hermosos pómulos y parte del párpado cerrado y otro que salió más abajo, manchando el cuello y el canalito de las tetas y otro sobre la boca y ella separó los labios y por dios, parte de esa lefa penetró la boca y otro latigazo de semen pegó sobre la seda natural del camisón, empapándolo.
_Joder……_dijo Isidro y cayó hacía atrás
Marta respiraba con dificultad e intentó abrir un ojo y un goterón de semen cayó desde su parpado y ella lo detuvo con el dedo, y con asco evidente trató de apartarlo, quiso hablar y parte de ese semen viscoso se le metió en la boca y no tuvo más remedio que tragárselo.
_Rafa, tráeme algo para limpiarme…._ dijo por fin
Entonces isidro extendió un dedo sobre la cara pringada de semen y rebañó ese grumosidad y luego….metió un dedo en la boca de ella y esta lo entendió y se lo chupó, el dedo de ese hombre con su propio semen y ella se lo bebía, obedientemente.
En silencio, parte de esos grumos resbalaban por la cara y casi sobre el camisón de seda y lo mojaban cada vez más y parte era rebañado por el dedo del gorrilla quien lo introducía en la boca de Marta.
Cogí papel de la cocina y me aproximé a ellos, pero estaba alelado y solo miré como seguía esa operación de hacer que Marta tragara toda la lefa que el gorrilla le ofrecía.
_Te estás tragando mi lefa…..pero quieres más ¿verdad…?_ dijo él
Ella no respondió, siguió chupando el dedo lleno de lefa que el gorrilla le ofrecía y tragando y sorbiendo y el camisón se transparentaba obscenamente y los pezones mojados de lefa se pegaban a la tela y el gorrilla pellizco uno de los pezones y lo estiró y ella suspiró, quedamente.
Y luego otra vez con el otro y ella volvió a suspirar.
_Oh!!!........_
La miré otra vez, de rodillas entre las piernas de él, los increíbles muslos musculados, las arruguillas de las plantas de los pies, ella casi sentada con el culo sobre sus delicados talones y el gorrilla pellizcando sus pezones con la punta de los dedos sobre la tela lefada y la otra mano rebañando los restos de lefa viscosa de la carita y metiéndosela en la boca.
_Tócate…..tócate el coño, Marta…._ dijo el gorrilla.
Ella le miró, implorante, vencida, con el dedo del hombre dentro de su boca.
_Tócate el coño y córrete……venga…._ dijo el gorrilla
Ella metió su mano por dentro del tanga y vi como hurgaba allí y su mano quedó oculta en parte por el camisón y luego un nuevo suspiro.
_OH!!.......-
Y él acarició la carita lefada de ella y el pulgar penetró la boca y ella lo mamó, golosamente, con deleite.
Yo estaba de pie, con el inútil papel que había traído de la cocina para que ella se limpiara.
Los dedos oscuros estiraban los pezones en punta, alternativamente, uno y otro, la gran polla estaba sobre el sofá, todavía goteante y pringosa, flácida y enorme entre las piernas de ese hombre, asomando por sobre los calzoncillos.
Y la mano de Marta que hurgaba sin descanso en su coño, Isidro cogió el borde del camisón y tiró hacía arriba y pude ver el vientre plano y ejercitado de ella y su delicada manita alargada dentro de sus bragas de color negro y los dedos raspando el clítoris, frotando sin descanso y el cuerpo de ella se arqueó ante la desnudez, ante el hecho de ser exhibida y el gorrilla siguió subiendo el borde de la tela y emergieron las tetas desnudas y sudadas.
_Muerde el camisón…_ dijo él y ella obedeció, ya no podía hacer otra cosa y mordió el borde del camisón con los dientes y el gorrilla sobó los pechos desnudos de ella a placer, toda la mano envolviendo una tetaza y luego la otra, deformando esa redondez plena y jugosa y ella más fuerte se frotó el clítoris y el cuerpo volvió a arquearse.
_MMMmmmmm!!!....._ gimió mordiendo la tela de seda del borde del camisón que permitía a Isidro jugar con esos pechos turgentes.
Y luego se inclinó y llevo una mano más abajó y corrió el triángulo de seda negra que cubría el coño y pude ver esos labios vaginales hinchados y oscuros y las uñas nacaradas sobre el clítoris y ella mordiendo el camisón y sus pechos sudados y mojados de lefa y las manos del gorrilla y ella volvió a arquearse.
_Córrete…..- dijo Isidro y eso bastó, ella comenzó a arquearse sin control y cerró los ojos y siguió mordiendo el camisón, como si comprendiera que eso era lo que él quería, lo que le permitía sobar las tetazas desnudas sin oposición de la tela mojada de lefa.
Marta se corría enseñando su coño de vello castaño claro recortado y con las manos del gorrilla sobre sus pechos.
_Eres rubia….pero no tan rubia ¿Eh?...._ dijo el gorrilla, irónico.
Ella echó su espalda hacía atrás y él aferró toda una tetaza desde el borde y ella se sentaba sobre sus talones como esos bailarines africanos en una danza ritual y se retorcía.
_MMmmmmmmm!!!....._ gimió ella amordazada, siempre mordiendo el borde del camisón.
Yo tenía mi polla a reventar, era lo más morboso que había vivido en mi vida.
Finalmente ella dejó caer el camisón de sus labios, había quedado la marca de sus dientes sobre la tela.
Y respiró acompasadamente y miró a isidro, sin saber dónde estaba yo, creo.
Entonces el gorrilla cogió el camisón de los bordes y se lo quitó por sobre los brazos torneados y ella quedó completamente desnuda, con excepción del tanga negro, con el triángulo de tela corrido sobre la ingle y enseñando su coño de un rubio oscuro.
Las tetazas eran demasiado grandes para ese torso esbelto y pequeño.
El gorrilla la cogió del pelo y luego llevó la cabeza de ella hasta su propia ingle.
La polla estaba flácida, pero aún así era imponente y la cabeza de hongo seguía allí, fuera del pellejo venoso y arrugado.
_Ahora…..te la vas a comer…..como dios manda……_
Y Marta hundió su rubia cabeza entre las piernas fornidas y su naricita rozó la panza grotesca de ese hombre y él le acomodó la polla en la boquita y ella engulló esa enorme flacidez sin oponer resistencia y sus labios se cerraron sobre la superficie rugosa y comenzó a mamársela, despaciosamente, lentamente, sorbiendo con placidez y él puso sus manos sobre la cabeza de ella y se dejó caer sobre el sofá y ella chupaba y chupaba, en silencio y vi como esa verga comenzaba a crecer, poco a poco, esa polla comenzaba a ocupar mayor espacio ya inflar y a deformar los carrillos de ella y Marta gimió, con esa verga en la boca, gimió de placer, sin importarle nada ya.
¿A esto se reducía todo? ¿Esto estaba ya desde el primer día? ¿Desde que le llevara las camisas? ¿Siempre había existido ese impulso sexual que finalmente acababa en esto?
Todo se confundía de un modo viscoso, el deseo sexual con la piedad, la caridad con el instinto animal.
_Joder….eso….es, cariño…..la boquita que tienes….._ dijo el gorrilla y cogió la botella y la empinó y bebió de ella, mientras Marta le mamaba la polla.
_La boquita que tienes…._ volvió a decir y dio otro trago a la botella.
Y ella seguía mamando de rodillas entre sus piernas, las tetas desnudas colgando obscenamente y la polla ya estaba erecta o bastante erecta al menos y el gorrilla se la quitó de la boquita y luego golpeó las tetazas con ella y ella se irguió otro poco para permitírselo y este golpeo la suave piel de los pechos con su enorme verga como un garrote y luego golpeó la carita, la abofeteó con su verga, estaba orgulloso de ella y hacía sentir el rigor de su masculinidad, el rigor obsceno de su falo sobre la delicada carita de Marta.
Y ella le miró con la boca entreabierta, los ojos brillantes, el rostro aceitado de lefa brillante todavía.
_Podría follarte ahora si quisiera….- dijo
Ella no dijo nada y yo tampoco.
_Pero te voy a dar un día entero para que te lo pienses…._ dijo el gorrilla, envalentonado por la borrachera, era otro cuando bebía, el mismo me lo había advertido.
Levantó su polla en vertical y guio la cabeza de Marta allí mismo, hasta sus huevos y ella los devoró sin resistirse, primero tímidamente lamió la bolsa escrotal y los testículos y luego isidro empujó la nuca de ella y ya lamió y besó los huevos y ella misma sostuvo la polla del gorrilla en vertical y se acomodó el pelo rubio detrás de la orejita y lamió los huevos peludos, atragantándose con los pelillos que rápidamente quitaba de su boca y luego fue más abajó aún e Isidro levantó sus piernas y ella le quitó los calzoncillos presurosa y estos quedaron a la altura de las rodillas de él y su boca se perdió en el culo oloroso de esa bestia, de ese hombre, del gorrilla.
Y ella lamió allí y lo besó.
El beso negro, el sacrificio ritual de toda dignidad.
Ya era suya, no se la follaba ahora porque no quería, como el mismo había dicho.
Y entonces le admiré.
En las fases del cornudo también está esa, la admiración por el macho que hace con tu esposa lo que tú no puedes.
Y luego le volvió a ponerle la polla en la boca y ella aceleró la mamada, con fuerza y él la cogió de la cabeza con las dos manos y le follaba la boca con violencia.
_Voy a correrme……me estás dejando seco hija de puta…._ dijo el gorrilla
GLLUPPP!!!.....SCHUPPPPP!!!!
_Voy a llenarte la boca de lefa….guarra…….zorra….putón……_
Los insultos repercutían como los pollazos con que estaba desflorando la boquita educada y culta de mi esposa.
Quien la viera en la universidad o en los despachos de la consultora no la reconocería ahora.
_Me corro….hijaputa…..te lo vas a tragar todo……._ dijo el gorrilla
SHUPPPPP…..GLUPPPP!!!!
Marta chupaba y chupaba y siguió chupando con los ojos cerrados y el ceño fruncido cuando Isidro comenzó a descargarse dentro de su boca y de su estómago.
La perfecta y recta nariz de ella sobre la ingle de ese hombre, rozando sus huevos, los últimos estertores de la agonía, los últimos disparos de lefa impactando en la garganta de Marta y luego ella se apartó y se limpió la boca con el dorso de la mano y se puso de pie sin decir una palabra.
Isidro estaba medio muerto sobre el sofá, un cuerpo inerte y sucio, desgastado.
Ella pasó por mi lado casi sin mirarme como una autómata y yo di media vuelta y la seguí y vi cómo se quitaba el tanga y arrojaba el camisón al cesto de la colada y se metía en la ducha.
Y luego escuché el agua correr, como una lluvia artificial, aunque yo hubiese deseado la lluvia verdadera que siempre me ha dado felicidad desde niño.
Y entonces entré al cuarto de baño y vi la silueta escultural de mi esposa bajo la ducha, a través de la mampara y en el ante baño espacioso, el cesto de la colada y allí estaba el camisón manchado de lefa y también la camisa rosa del día anterior y cogí las dos y me las llevé a la nariz, estaban impregnadas de olor a lefa, ácido y viscoso y toqué con los dedos el camisón todavía húmedo y me llevé un dedo a la boca y luego comencé a masturbarme y estaba a punto de correrme cuando ella salió de la ducha y me vio y sentí vergüenza, con mi polla en la mano y oliendo el camisón de seda pringado de lefa.
_Sigue…….sigue…._ dijo ella mientras cogía una toalla y se secaba el cuerpo cimbreante y exquisito.
_Sigue…. Date el gusto_ volvió a decir mientras yo me corría envolviendo mi polla con el camisón y la camisa rosa.
Luego nos dormimos sin intercambiar palabra, demasiado aturdidos para hablar.
Solo recuerdo que antes de cerrar los ojos, pensé: Marta le ha comido la polla al gorrilla, le ha chupado los huevos y el culo y mañana por la noche se la follará.
Mañana por la noche.
MARTA
Me desperté nerviosa, aún no era de día, Rafa dormía como un tronco, no suele roncar pero esta vez sí, ya no pude dormir, me giré hacía el otro lado. Le había chupado la polla a un hombre, un hombre que había recogido de la calle.
Lo había sabido todo el tiempo, no estaba bien, nada estaba bien, nada estaba bien en mí ¿desde cuándo? Desde la muerte del perro, Max, tal vez o antes. ¿Cuándo había nacido mi insatisfacción? Mi vació existencial.
¿Era por no haber tenido hijos? El viaje a Tailandia había sido un error, a veces uno sigue y sigue pensando que todo se arreglará, que las cosas volverán a ser como antes, pero las cosas nunca vuelven a ser como antes.
Me salí de la cama, me quité la camiseta de dormir, miré mis pechos desnudos en el espejo en la penumbra de la madrugada, ahora si comenzaban las primeras luces del día.
Siempre me había gustado mi cuerpo y no había envejecido, era la misma de hacía diez años atrás, era como una maldición, ser siempre joven, pero a costa de no tener hijos, de ser estéril.
Pero yo no era estéril, Rafa lo era. Pobre Rafa, le había elegido a mi medida, guapo, culto, sensible con un buen trabajo.
Me duché y luego con el cuerpo caliente por el agua caliente me vestí, me puse las bragas de encaje, uno de mis tangas negros, todos del mismo color. Negro. Pensé en Juan, en su boca gruesa, de negro, besándome, miré en el espejo mi boca, me apliqué un poco de labial, solo un poco, lo difuminé con la yema del dedo, la misma boca que había tenido esa enorme polla de isidro eyaculando dentro de mí.
Bajé, me asomé al cuarto de isidro, dormía desmañadamente, parecía un niño inofensivo, tirado sobre la cama, sentí una especie de pena y de ternura al verle dormir, estaba destapado, pensé en taparle, arroparle, parecía tan inerte y desvalido, como un niño.
Todos los hombres cuando duermen parecen niños.
Y cuando despiertan son como demonios.
Ramona aún no había llegado, en cuanto llegara me marcharía ¿Volvería a mi casa esta noche? Para follar con isidro, para que me dejara preñada, basta de desperdiciar ese semen valioso.
¿Y Rafa? Nunca había dado indicios de esto, de ser un mirón…… ¿O tal vez si y yo no me había dado cuenta?
Que patético y avergonzado parecía anoche cuando se masturbaba con mi camisa lefada entre las manos.
Pobre niño también, sorprendido haciendo una travesura ¿Puedo? Parecía decir.
Le dije a Ramona que dejara dormir a isidro y que le atendiera y que no lavara la ropa, la lavadora estaba al lado de su cuarto.
_Se te está juntando mucha ropa, hija_ dijo ella
_No te preocupes…..luego la meto yo en la lavadora…_ dije
_Como quieras Marta…_ dijo ella
Tal vez yo era la hija que ella hubiera deseado tener, una hija exitosa y guapa a la que cuidar, una hija que le diera nietos.
Salí temprano, escuché ruidos en el cuarto de arriba, Rafa se estaba despertando apenas.
Por la mañana tenía consultora, las grandes empresas que venían a nosotros en busca de consejo, las grandes empresas que pagaban nuestros salarios, las miradas de hombres poderosos que también querían follarme, que querían añadirme a su colección.
Todos querían algo de los otros, nadie descansaba, solo en la tumba.
Universidad por la tarde, almuerzo en el medio con gente de la consultora y algunos clientes, hastío ¿Qué quería yo? No lo sabía, pensar en volver a casa esa noche me daba miedo, hubiese querido irme lejos o retroceder en el tiempo y tener diez años y estar jugando en mi cuarto antes de la cena.
Escuché mis propios taconazos resonar en la acera, Juan me había abierto la puerta del coche, dejé unos billetes en su mano. ¿De verdad me había besado con él o lo había soñado?
Entonces recibí un mensaje de Rafa.
_Es mentira, isidro nunca estuvo en la cárcel, el negro se lo inventó, no tiene antecedentes criminales_
Lo había sabido, en verdad nunca le había creído, que imbécil este negro, que gilipollas. Sentí rabia hacía él, me escucharía en cuanto acabara de dar clases.
_Oye ¿Por qué me has mentido?_ dije, él me daba paso, me mantenía la puerta abierta, sería un poco más alto que yo, porque estando yo en taconazos, él quedaba de mi altura, era muy obeso y grueso como sus labios marrones e hinchados.
_ ¿Qué te he mentido qué?_ dijo
_Sobre Isidro, mi marido es abogado y ha hecho averiguaciones y no ha estado en la cárcel, ni por violación ni por ninguna otra cosa_ dije
_Bueno, es lo que se dice por aquí pero lo del gitano es verdad…-
_Te gusta inventar mentiras_ dije
Él me estudiaba, ya estaba anocheciendo, el día había pasado demasiado rápido.
_ ¿Por qué no me llevas al hotel? ya no quedan coches aquí_ dijo
En realidad todavía había bastantes coches, pero también otros gorrillas pululaban por allí, hacía unos meses había habido problemas serios, se habían puesto muy exigentes con el dinero, debió intervenir la policía., los más belicosos se habían marchado.
_Puedes ir andando ¿No? Tienes dos piernas-
_Estoy viejo ya ¿o tienes miedo de que vean que subes un negro a tu coche?_
_Sube……._ Dije
Le vi entrar al coche, voluminoso y oscuro, una mole oscura, con su papada y su panza y sus manos gordas y su gorra.
_Ponte el cinturón de seguridad_ ordené
_Conduces muy bien para ser mujer_ dijo
_Gracias, no esperaba menos de ti…_ dije
_Me gusta España, es un gran país y las mujeres….son muy guapas…._
_ ¿Cuánto hace que vives aquí?_ dije
_Cuarenta años_ dijo
_ ¿De qué parte de África eres?_ dije
_Guinea, pero África me importa una mierda, he olvidado todo de ella_ dijo
No quise preguntar más, no sabía para que lo estaba llevando en mi coche, quería evadirme de lo que iba a pasar hoy por la noche ¿Quería follar con ese hombre? ¿Sentir esa gran polla dentro de mi coño?
_Vas muy pensativa ¿problemas?_ dijo él
_No, no tengo problemas en mi vida…_ dije
_ ¿Y qué haces con un negro como yo en el coche?_
_Me has pedido que te lleve a tu casa ¿Qué tiene de extraño?_
Se rio con fuerza, le faltaban algunos dientes, no se notaba eso cuando besaba.
_ ¿Qué tiene de extraño? Eres la hostia mi reina_ dijo y se volvió a reír, tenía una risa cavernosa, como una especie de santa Claus.
Llegamos por fin, aparqué a unos metros del hotel cutre, había unos negros en el portal fumando y conversando.
_Gracias por el aventón_ dijo y se desabrochó el cinturón de seguridad y luego le tenía muy cerca de mí y me giró la cara y me besó, otra vez esos labios devorándome la boca, sentí la succión fuerte y el ahogo y toda esa enorme boca cubriendo la mía y el olor a tabaco, seco y la humedad de su lengua en la proporción adecuada.
_Que boca exquisita, su majestad….._ dijo, salió del coche.
_Te espero dentro, mi habitación ya sabes cuál es…_ dijo y se alejó bamboleando su gran culo.
Quise salir de allí y no pude, me había quedado con el sabor de su boca en los labios y no podía dar encendido al coche y marcharme, y luego descendí y era como un estado de embriaguez, no podía coordinar bien, no podía pensar, me acerqué a ese portal del hotel, los negros, eran tres, se apartaron a mi paso y me siguieron con la mirada, miré al hombre negro de la recepción, me miró con cierta curiosidad, escuche que cuchicheaban a mis espaldas, otra vez el resonar de los tacones por el pasillo, llevaba mi traje de blazer y falda hasta la rodilla, mis gafas, mi pelo rubio, el perfume que emanaba de mí, limpio y frutal y caminé por ese pasillo cutre y oscuro y llegué hasta la puerta y estuve a punto de golpear y no lo hice, abrí la puerta y allí estaba esperándome, sentado en el borde de la cama, con solo unos calzoncillos slip blancos y una camiseta sucia y con tirantes.
Y cerré la puerta detrás de mí y le miré, horrorizada, de mi misma, de todo.
_Te lo dije, tu misma vendrías….mi reina_ dijo y luego se puso de pie y apoyé mi espalda rígida sobre la puerta desvencijada de madera.
Y él llegó hasta mí, ahora su olor era más penetrante, olor a polla, la tenía parada, un gran bulto se formaba bajo los calzoncillos.
Sentí su mano en mi nuca y luego me atrajo hacia sí, me aplastó contra la puerta de madera y me besó, su boca otra vez subsumiendo la mía, haciéndola desparecer dentro de su boca, su lengua por dentro de mi cavidad bucal y mi lengua se acoplo a la suya de un modo fácil y perfecto y la sentí enroscarse con mi lengua y otra vez el ahogo placentero, la sofocación como una forma de placer, nunca la había sentido.
Y luego sus manos en mis pechos, los aplastaba, los apretaba casi en el límite del dolor y luego sus dedos desabrochando los botones de mi camisa, uno a uno, con gran habilidad y sus manos metiéndose por dentro de la camisa y tocaban sobre el sujetador y luego mis pechos que afloraban por sobre la tela y sus manos apartaban y liberaban y sentía que me ahogaba y llevó una de mis manos hasta su polla y la toque por sobre las calzoncillos.
No es tan grande como la de isidro, pensé, pero si más grande que la de Rafa, es ancha, muy ancha y gorda, pensé de forma inconexa y acaricié por sobre los calzoncillos y sentí sus manos sobre la piel desnuda de mis pechos, los pezones que eran retorcidos, torturados y luego la boca grande y marrón y sus labios gruesos atrapando uno de mis pezones erectos y los suspiros de satisfacción que daba, como un niño feliz con sus juguetes nuevos y luego volvió a besarme y su mano fue hasta el borde de mi falda y se metió por allí desde abajo y yo seguía tocando su polla por sobre los calzones y luego comencé a gemir, o mejor decir que alguien gemía y me parecía imposible que fuera yo esa mujer que gemía y suspiraba y casi sollozaba cuando la mano de ese hombre negro llegó hasta mi coño.
_Estás mojadita….mi reina….ya lo sabía yo…._ dijo
No hables, pensé, por favor no digas nada, no rompas el hechizo, no quiero saber quién soy, no quiero saber quién eres, no quiero nada, quiero dejar de pensar y de sentir….. ¿Sentir qué?
Su boca casi arranca uno de mis pezones, lo mordió, di un grito, miré la pared descascarada que tenía enfrente y luego esa mano que subía el borde de la falda y se metía por debajo y el negro que caía de rodillas en el suelo y mi falda era levantada y mis tetas asomaban por sobre el sujetador y todavía tenía la camisa blanca y el blazer puestos, miré mis pechos babeados y mojados y la cabeza del negro bajo mi falda y luego su boca sobre mis muslos y luego cerca de los labios vaginales y trastabillé sobre mis taconazos y sentí su lengua de fuego en el coño y me aferré a su casi calva cabeza negra para no caerme y volví a suspirar y su lengua en mi clítoris y esos labios gruesos e hinchados que atrapaban mi clítoris y entonces vi todo negro y abrí los ojos y la pared descascarada y luego comencé a perder el sentido y una mujer gritaba y gemía y sollozaba y no podía creer que yo fuera esa guarra que berreaba así.
Y luego las convulsiones y aferrarme a esa cabeza calva y negra para no caerme y las fuerzas me abandonaban y mi cuerpo se tensó y mi cabeza golpeó contra la madera de la puerta, una, dos, tres veces.
_Tu conejito es delicioso….._dijo y vi su cara frente a mí, emergiendo frente a mí.
_Debo irme…._ dije
_ ¿Ya te marchas?.... ¿Vas a dejarme así?...._
_Si debo irme…_ dije e intenté abrocharme uno de los botones de la camisa pero los dedos me temblaban todavía.
_La señora se corre como una guarra y luego se marcha….._ dijo el negro
_Si…….si quieres te hago una paja y me voy…._
_Esperaba follarte hoy…_ dijo desilusionado….
_No…..debo marcharme….dije…_
_Dame cien euros y me haces una paja…._ dijo
Cogí mi monedero, tenía setenta euros en efectivo.
_Dame eso y me haces una buena paja y te marchas…._ dijo
Cogí su polla por sobre los calzoncillos, me dio asco la verdad pero volvió a besarme, otra vez el contacto de esos labios suyos me hicieron olvidar de todo, de pronto mi mano estaba por dentro de sus calzoncillos, mientras me besaba, era una polla muy ancha y la sacudí arriba y abajo, quería que se corriera, su boca fue otra vez hasta mis pechos, pero entonces mi mano no podía pajearlo bien.
_Ven aquí…._ dijo, nos sentamos en el borde de la cama, yo a su costado izquierdo, nos volvimos a besar, sus olor a tabaco, su humedad, su lengua dentro de mi boca.
Me quitó el blazer y luego abrió mi camisa, mis pechos asomaban grotescamente por sobre el sujetador, cogí su polla con fuerza y comencé a pajearlo, mientras él me chupaba los pezones, acaricie su cabeza grande y cuadrada y la pegué contra mi pecho.
Era como amamantar a un gordo ternero negro y ordeñarlo al mismo tiempo.
No tardó en correrse de esa manera, la lefa del negro me empapó el brazo y la manga de la camisa.
Conducía el coche como sonámbula, no sé cómo pude hacerlo, lo de conducir el coche digo.
Aparqué, había luces en la casa, Rafa ya había llegado, abrí la puerta, allí estaban los dos, mi marido y el gorrilla, me miraron expectantes, estaban bebiendo algo, como buenos amigos.
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