La isla 7/24
El barro las atrapó, pero fue solo el pretexto para que el deseo desbordado se liberara. Ahora, cubiertas de lodo y semen, deben enfrentar la realidad de que nada volverá a ser igual en esta isla prohibida.
De camino a recoger barro Berta seguía procesando lo que había pasado, no se podía explicar como se había dejado llevar de esa manera, tampoco acababa de creerse que ella hubiera tenido tres orgasmos, cada cual más maravilloso que el anterior, sin que José hubiese llegado a metérsela y además antes de que él se hubiese corrido. Para colmo estaba lo de que hubiese dejado que le eyaculara en la boca, bueno no es que lo hubiese permitido, es que casi le había obligado, siempre le había dado un poquito de asco el semen, no mucho, pero si un poco, jamás había dejado que nadie se corriese en su boca y mucho menos tragárselo, pero está vez había estado ansiosa por sentir como esa tremenda polla descargaba en su boca, y cuanto más profundo mejor, de hecho le había dado bastante morbo sentir que José empezaba a eyacular dentro de ella y hasta se había intensificado su orgasmo al notar como los chorretones de semen golpeaban contra su garganta. Vamos que se tenía que replantear muchas cosas y también tenía que hablar con Viviana, ella tenía que ser la primera en enterarse de lo que había pasado, por mucho que dijese que quería que alguna otra se tirase a José, no tenía nada claro que se lo fuese a tomar bien, aunque podía argumentar a su favor que se había contenido y no se lo había follado.
Cristina había pensado que lo mejor era dejar que José y Berta le cogieran una buena ventaja y luego aparecer cuando ya estuviesen sacando el barro, así no podrían sospechar que les había estado espiando, además quería quedarse un rato disfrutando de la relajación que le había dejado el orgasmo.
Por su parte Viviana, Fabiola y Lorena habían partido del campamento para ir a por frutos. Viviana estaba ansiosa por enterarse de los pormenores de la clase de pesca que había recibido Fabiola, pero hasta que no se alejaron del campamento y estuvo completamente segura de que nadie podría oírles, no se decidió a preguntar.
VIVIANA- Oye Fabi ¿Qué habéis hecho en la clase de pesca?
FABIOLA- Pues pescar, no entiendo tu pregunta.
VIVIANA- Ya ¿Pero como te ha enseñado a pescar?
Después de las indirectas que le había lanzado antes, Fabiola entendió por dónde iban los tiros pero le daba un poco de apuro contar los detalles.
FABIOLA- Pues José se ha puesto detrás mía, me ha rodeado con los brazos y me ha ido guiando para que aprendiese.
VIVIANA- ¿Y no has notado nada raro?
FABIOLA- Raro no, pero un poco dura si que se le ha puesto a base de rozarse contra mi trasero, jajaja.
LORENA- ¿Siiii? ¿Y no te ha molestado?
FABIOLA- Yo diría que no lo ha hecho aposta, más bien parecía que intentaba evitar que yo me diera cuenta.
VIVIANA- ¿Y se le ha puesto muy dura?
FABIOLA- Al principio no, de hecho al poco tiempo de empezar a notarla José iba a separarse de mí y dejar que yo pescase sola, pero justo en ese instante ha picado el pedazo de pez que hemos llevado y ha tenido que quedarse a ayudarme para sacarlo. Ahí si que ha tenido que frotarse a base de bien, era imposible no hacerlo con la fuerza que hemos tenido que usar para sacarlo.
VIVIANA- Entonces ¿En ese momento sí que se le ha puesto dura del todo?
FABIOLA- Sí, como una piedra, vamos que parecía que me estaba metiendo un palo entre las nalgas.
LORENA- Algo parecido debió sentir Berta ayer.
VIVIANA- ¿Y te ha gustado?
FABIOLA- No quiero que te enfades conmigo, pero sí que me ha gustado un poco sentir como se le pone.
VIVIANA- No me voy a enfadar, ya os he dicho que por mí podéis hacer lo que queráis con él, no es mi novio y no lo va a ser. Lo que sí quiero es saber si es normal lo que me pasa, es que me tiene todo el día con ganas de más, y eso que siempre que hacemos cosas me quedo muy contenta, nunca me había pasado esto ¿Tú no has tenido la tentación de tirártelo?
Fabiola no podía admitir eso, además, había tenido ganas de que la situación fuera aumentando de intensidad, no exactamente de tirárselo, así que prefirió no ser demasiado clara.
FABIOLA- A ver, tengo que admitir que me ha calentado sentir semejante cosa en mi trasero, pero de ahí a tirármelo...
VIVIANA- Pues a mi me parece que solo hay un paso, y además no es muy difícil de dar.
FABIOLA- ¿Sabes lo que pasa? Me llevo genial con él, me parece un tío excepcional, creo que podemos ser grandes amigos y si acabamos follando seguramente no podamos llegar nunca a construir una amistad sana.
VIVIANA- Vaya tontería, yo me llevo fenomenal con él y tenemos un sexo excepcional, no veo el problema.
LORENA- Yo entiendo a Fabi, pero también es verdad que en esta isla eso puede ser un poco diferente.
La discusión acabó derivando en si es conveniente o no mezclar sexo y amistad, pero Fabiola estaba muy segura de lo que hacía, estaba decidida a no dejarse llevar por sus impulsos, si lo hacía no sabía como podía acabar.
José y Berta eran conscientes de que habían perdido mucho tiempo así que intentaron darse prisa recogiendo el barro. A José la visión del trasero de Berta cuando se agachaba le seguía perturbando a pesar de haber eyaculado unos momentos antes. No podía entender que le estuviera afectando de esa manera la visión de un simple culo, por muy atractivo que le resultase el de Berta, después de haberse quedado tranquilo. La única explicación que encontraba es que no había podido disfrutarlo y se había quedado con las ganas.
Cuando Cristina consideró que había pasado un tiempo prudencial, se fue al lugar de donde sacaban el barro para ayudarles.
CRISTINA- ¡Holaaa! Si que os está costando sacar el barro ¿No?
BERTA- Es que he pisado mal y me torcido un poco el tobillo, hemos tenido que esperar un rato hasta que he podido volver a andar.
CRISTINA- Vaya ¿Pero ahora estás bien no?
BERTA- Si, si, estoy perfectamente, ha sido solo un sustito.
CRISTINA- Venga pues vamos a darle, que estas deben estar a punto de volver al campamento.
JOSÉ- Yo creo que con lo que tenemos es suficiente, tampoco vamos a tener mucho tiempo para trabajar antes de la comida, si lo dejamos ahí se secará y no valdrá para nada.
LORENA- Jo, siento que hayas venido para nada.
CRISTINA- No te preocupes, he disfrutado mucho del paseo.
Mientras andaban de vuelta al campamento José vio una gran piedra lisa y enseguida le vio la utilidad.
JOSÉ- Ostras, esa piedra es perfecta ¿Podéis llevar vosotras el barro y voy a cogerla? Es que nos viene guay para el horno.
Las chicas asintieron y José se fue a recogerla, cuando estaba junto a ella pensando como transportarla se dio cuenta de que justo a su lado estaba la planta que tenía las bayas de donde podía extraer el tinte rojo, se llenó los bolsillos con ellas y volvió a evaluar como mover esa piedra. Le costó una barbaridad llevarla hasta el campamento y cuando llegó ya estaban todas allí preparando la comida.
JOSÉ- Joe, al final se nos ha echado el tiempo encima. No vamos a poder aprovechar el barro que hemos traído.
BERTA- Bueno, no importa, está tarde vamos a por más y listo.
LORENA- Venga José, vete a lavar que en un ratito tenemos la comida.
Al poco tiempo estaban todos sentados a la mesa disfrutando de la comida y de la compañía. Cristina era incapaz de ver a José de la misma forma que antes, cada vez que le miraba le recordaba con la polla completamente inflamada terminando de eyacular sobre la cara de Berta. Eso la estaba intranquilizando mucho y ya estaba empezando a pensar en buscar un momento de intimidad para poder masturbarse.
Cuando terminaron de comer José se levantó con sus habituales prisas por empezar a hacer cosas.
LORENA- Venga José, vamos a tomarnos un respiro, por lo menos respeta la hora de la siesta ¿No?
José las miró y vio escrito en sus caras que no tenían ninguna gana de ponerse en movimiento.
JOSÉ- Venga valeee, vamos a dejar un rato para descansar después de comer que vamos bastante bien de tiempo.
BERTA- Fenomenal, si queréis podéis iros a vaguear un rato, Viviana y yo nos quedamos recogiendo esto.
Viviana la miró sin entender porque la había metido a ella en eso sin preguntar, pero tampoco quería parecer una vaga, así que no se quejó y se quedó recogiendo la mesa.
BERTA- Tengo que contarte una cosa.
VIVIANA- ¿Que pasa?
BERTA- No sé qué me ha pasado pero he acabado haciendo cosas con José está mañana.
VIVIANA-¡¿Siii?! ¡¿De verdad?!
BERTA- Shhhhh, habla bajito que nos pueden oír.
VIVIANA- Dime ¿Qué habéis hecho?
BERTA- Pues ha empezado con una tontería pero al final...
VIVIANA- ¿Te lo has tirado?
BERTA- No, no, eso no.
VIVIANA- ¿Entonces?
BERTA- Pues hicimos otras cosas.
VIVIANA- Joder Berta, dime que hicisteis y no te andes con tonterías que me muero de ganas por saberlo.
BERTA- ¿No te molesta?
VIVIANA- Que mierdas me va a molestar, estoy deseando que alguna os animéis para poder comentarlo, de verdad que estoy un poco rallada, no sé si es normal lo que me pasa.
BERTA- Pues empezamos tocándonos un poco.
VIVIANA- ¿Y que más?
BERTA- Al final usamos nuestras bocas.
VIVIANA- ¿Y no te pareció increíble lo bien que lo hace?
BERTA- La verdad es que sí.
VIVIANA- Me refiero a increíble de verdad, a que si te lo llegan a contar no te lo crees.
BERTA- Pues si, cuando nos lo dijiste tú, pensé que eras una exagerada y que solo te habrías encontrado con gañanes, pero la verdad es que es increíble de verdad.
VIVIANA- Te lo tienes que tirar tía, si te ha gustado su boca cuando te meta la polla vas a flipar, es una pasada sentir como te abre, buff, no sigo que me caliento solo con recordarlo.
BERTA- Me parece difícil que pueda mejorar mucho, tuve tres pedazo de orgasmos tremendos.
VIVIANA- Créeme, mejora.
Mientras Berta y Viviana se encargaban de recoger la mesa, José decidió ponerse a hacer la plaquita de libre y ocupado para el baño, no tardó casi nada así que se puso a fabricar una estructura de cañas para poder hacer la última parte que les quedaba del horno. Fabiola se convenció de que no tenía ninguna intención de descansar y fue con él a ayudarle.
FABIOLA- ¿Qué haces?
JOSÉ- Para hacer la cúpula del horno vamos a necesitar una estructura que la soporte mientras se seca el barro, así que la estoy haciendo.
FABIOLA- ¿Quieres que te ayude?
JOSÉ- Perfecto, así la tendremos terminada cuando nos decidamos a ir a por el barro.
A José le hizo ilusión que Fabiola se pusiera con él a trabajar, era con la que más a gusto se sentía charlando y enseguida se pusieron a contarse sus vidas mientras iban haciendo la estructura. A Fabiola le encantaba la suavidad con la que José le enseñaba a hacer las cosas, cada vez que le cogía las manos para guiarla se le erizaba el vello.
Cuando terminaron José decidió irse él solo a por el barro, así cuando las chicas se pusieran en marcha tendrían todo listo para empezar y terminarían muy rápido.
JOSÉ- Chicas, me voy a por barro y cuando vuelva nos ponemos a trabajar ¿Vale?
BERTA- Venga, te acompaño, que antes no nos ha dado tiempo por mi culpa y además ya tengo el vestido totalmente pringado.
Cuando se pusieron a recoger el barro, José volvió a sentir esa atracción por el trasero de Berta, sus anchas caderas acaparaban su atención sin que él pudiese evitarlo. Berta se daba cuenta de las miraditas que le lanzaba José y no hacían más que resonarle en la cabeza las palabras de Viviana incitándola a llegar más lejos con él.
Berta notaba que el barro estaba especialmente espeso y le estaba costando mucho moverse por él hasta que hubo un momento en que se quedó completamente atrapada y no podía sacar los pies.
- José, no me puedo mover, cuanto más intento salir más me hundo.
- Voy a ayudarte.
José se colocó a su lado y le dio una mano para que se apoyase en él e intentara liberarse pero aún así no consiguió zafarse de su prisión, además sintió que el también se estaba quedando clavado, así que había que cambiar de estrategia sino querían quedarse los dos atrapados.
- Voy a intentar tirar de tu pierna mientras tú intentas sacarla, a ver si lo conseguimos.
José se agachó ligeramente para agarrar a Berta por la rodilla, ella se apoyó con las manos sobre la espalda de José e hizo fuerza para sacar su pie del barro, pero lo único que consiguieron es embadurnar aún más la pierna de Berta y que los dos se pusieran un poco nerviosos por el contacto físico.
- Venga vamos a intentarlo otra vez, que yo creo que algo se me ha movido el pie.
Volvieron a repetir la operación pero está vez tuvo resultados catastróficos. Las manos de José deslizaron por la pierna de Berta hasta llegar casi a su ingle por la fuerza que hizo y lo resbaladizo del barro, eso la desestabilizó y cayó de frente quedándose a cuatro patas atrapada en el barro.
- Joe, lo siento.
- Buff, ahora no puedo levantarme, ponte detrás mía y ayúdame, a ver si así consigo incorporarme.
José se puso detrás de Berta y lo primero que pensó es que en esa postura su trasero era todavía más apetecible, pero trató de limitarse a ayudarla. Pegó el cuerpo al de Berta, pasó los brazos por su cintura e intentó levantarla. Lo consiguió por un instante pero enseguida volvieron a caer en la posición original.
- Yo creo que lo vamos a conseguir, incluso siento que se me están liberando un poco los pies. Venga dale otra vez.
A José tener su cadera apoyada en el trasero de Berta en esa posición tan sugerente le estaba afectando, pero no podía negarse a ayudarla, así que volvieron a repetir la operación con idéntico resultado.
- Dame un momento que descanse y volvemos a intentarlo.
José notaba que se estaba empalmado y pensó que, si se alargaba lo de recuperarse, la siguiente vez que lo intentasen ella iba a empezar a notar su erección. A Berta esa situación le estaba recordando al incidente que tuvieron en el árbol y pensó que como tardase mucho en poder escapar de su extraños grilletes de barro se podía complicar bastante la cosa.
Berta se tomó su tiempo antes de decirle a José que volviese a tirar de ella y cuando él volvió a pegar el cuerpo al suyo pudo notar claramente como algo duro se alojaba entre sus nalgas.
- Venga, que cada vez noto más sueltos los pies.
El nuevo intento condujo de nuevo al mismo resultado, la única diferencia fue que la erección de José ya estaba alcanzando su máxima expresión y Berta empezaba a notar un fuerte hormigueo en su sexo.
- José ¿Te estás empalmando?
- Lo siento, es que tenerte así...
- No pasa nada, un segundo que coja aire y vamos otra vez.
Mientras Berta descansaba José notó que frotaba ligeramente las nalgas contra su miembro.
- Berta, como no te estés quieta esto solo va a ir a peor.
- Ummm, es que me estoy acordando de lo de esta mañana y... ¿Se te está poniendo igual de dura?
- Buff, si, es que tienes un culo...
José notó que se frotaba más descaradamente.
- ¿Y? ¿Qué pasa? ¿Te gustaría hacer algo con él?
- Berta por favor, deja de moverte así que no te imaginas como me estás poniendo.
- Umm, me gustaría mucho sentir como te estás poniendo.
José pegó todo lo que pudo la cadera al trasero de Berta y se frotó contra él.
- Así me estás poniendo.
- Ufff, José, me la estás pasando por unos sitios que...
José seguía frotándose contra ella.
- Buff, Berta, no sé si puedo contenerme.
- Yo no sé si quiero que te contengas.
A José le estaba volviendo loco tener a Berta en esa posición y viendo que a ella también parecía estar afectándole, se decidió a agarrarle las nalgas y sentir su tacto por primera vez.
- Umm, me encanta tu culo.
Mientras José le sobaba el trasero ambos se movían intentando maximizar el roce de sus sexos.
- Ummm, José, me tienes indefensa, ahora mismo podrías aprovecharte de mí todo lo que quisieras.
- Es verdad, aunque te levantase así la falda no podrías hacer nada.
Al apartar su falda José pudo contemplar esa increíbles nalgas únicamente cubiertas por sus pequeñas bragas, le encantaba que sus glúteos rebosasen por todas partes por fuera de la tela. Las agarró manchándolas de barro y siguió frotándose contra ella.
- Umm, te estás aprovechando mucho.
- Pues tengo ganas de aprovecharme más.
José se bajó los pantalones y los calzoncillos para frotar su miembro directamente contra las bragas de Berta.
- ¿Te las sacado?
- Si, necesito sentirte.
- Ummm, pues yo la siento mucho.
José seguía restregándole la polla por su sexo a través de la tela de sus bragas mientras amasaba sus nalgas.
- ¿Y te gusta?
- Siii, la tienes muy dura. Ummm, estoy indefensa ¿Sabes que aunque tratases de metérmela no podría hacer nada por impedírtelo?
- Bufff, pues no te creas que no estoy tentado de hacerlo.
- Tú verás si quieres aprovecharte de una pobre mujer indefensa.
José le apartó las bragas a un lado, admiró la increíble imagen de el culo de Berta completamente ofrecido mostrándole su sexo empapado y apuntó el miembro a su entrada para comenzar a penetrarla.
- ¡Ahhhhh! José ¡Ahhhhh! Esto es aprovecharse demasiado ¡Ahhhhhh!
- ¡Dios que culo tienes! No puedo parar.
- ¡Ahhhh! Es muy grande ¡Ahhhhh! Despacio ¡Ahhh!
Berta notaba ensancharse su vagina como no había hecho nunca en su vida para ir recibiendo cada vez mayor proporción de la polla de José mientras se sentía completamente inundaba de placer y se acordó de Viviana asegurándole que follar con José era incluso mejor que probar su boca, no podía hacer otra cosa que darle la razón.
José estaba disfrutando enormemente pero no veía el momento de conseguir enterrársela entera para poder embestir aquel portentoso culo con todas sus fuerzas. Cuando por fin lo consiguió, la agarró por las caderas y comenzó a bombear con fuerza.
- ¡Ahhhhh! No me cabe ¡Ahhhhh!
José continuó impertérrito, sabía que no tardaría en acostumbrarse. Berta notaba que su vagina se estiraba hasta límites que nunca había alcanzado, la llenaba de tal modo que no sentía nada más, solo como deslizaba dentro de ella provocándole un placer inigualable.
- ¡Ahhhhh! Vas a hacer que me corra ¡Ahhhhhh!
José se motivó oyéndola y se puso a embestirla con todas sus ganas. Berta sentía el cuerpo de José rebotar contra sus nalgas con violencia y deseó que ese momento no terminase nunca, intentó contener su orgasmo pero fue imposible, estalló dentro de ella con una energía inusitada, tanto que hizo que le flojease todo el cuerpo y acabase tumbada sobre el barro, pero José no paró, cayó sobre ella y la siguió penetrando con furia hasta que escuchó un ensordecedor gemido que marcó el fin del orgasmo de Berta.
José comprendió que no podía seguir follándosela tal y como estaba tirada sobre el barro, se levantó y liberó el cuerpo y la vagina de Berta de la presión.
- Bufff, ha sido increíble.
Desde su posición erguida, José pudo ver que las piernas de Berta habían escapado a su prisión de barro.
- Yo creo que ya no estás atrapada.
- Dame un momento y ahora intento levantarme.
Después de tomarse un tiempo Berta se levantó sin mayor dificultad, miró a José sin acabar de creerse lo que había sentido y salió del barrizal. Estaba totalmente embadurnada, su vestido le pesaba una tonelada de la cantidad de barro que tenía adherido. Se lo quitó con la intención de limpiarlo un poco antes de volver a ponérselo y se dio cuenta de que José la miraba con un gesto de tremenda lujuria y la polla completamente empalmada.
Para él la visión del cuerpo de Berta únicamente cubierto por sus pequeñas bragas era completamente irresistible, además podía ver gran parte de su sexo porque las tenía corridas a un lado. Ella vio que José se acercaba a ella cual mosquito hacia la luz, se pegaba a su cuerpo, la agarraba con fuerza por las nalgas y le restregaba la polla totalmente endurecida por su sexo, comprendió al instante que no podía dejarle así.
- Dios José, déjame que me tumbe, que me fallan las piernas.
José hizo un gran esfuerzo de autocontrol y se separó de Berta, ella se tumbó en el suelo y abrió sus piernas. Sintió que su sexo volvía a empaparse solo con ver como la miraba José totalmente excitado y se apartó aún más las bragas para incitarle. José no se lo pensó dos veces y se lanzó sobre ella clavándole la polla al instante.
- ¡Ahhhh! Me vas a matar.
José empezó a bombear con energía y en cuanto vio como empezaban a bamboleársele los pechos dirigió su boca hasta uno de ellos para devorarlo con ansia al tiempo que le incrustaba la polla en su vagina una y otra vez.
- ¡Ahhhh! ¡Ahhhhhh! No puede ser ¡Ahhhhhh!
José seguía penetrándola con saña mientras ella notaba que un nuevo orgasmo se estaba formando en su interior, sentía que su sexo se había quedado hipersensible después del tratamiento recibido y le enviaba una oleada de placer tras otra. José continuó embistiéndola como si estuviera poseído hasta que ella empezó a correrse de nuevo entre sonoros gemidos, en ese momento él separó el torso del cuerpo de ella, la agarró por las piernas levantándoselas y abriéndoselas para penetrarla con todas sus fuerzas hasta lo más profundo de su ser.
Berta sintió que la intensidad de su orgasmo se multiplicaba exponencialmente y que tras este se superponía otro más mientras José no paraba de embestirla frenéticamente. Comenzó a enlazar orgasmos mientras José mantenía su vista clavada en ella con un deseó irrefrenable en la mirada. Berta no podía distinguir donde terminaba uno y donde comenzaba el siguiente, llegó a perder la consciencia de donde se encontraba para quedarse suspendida en una nube de placer infinito hasta que sintió que José se la sacaba abruptamente y comenzaba a eyacular. El primer chorro de semen le impactó en la cara sacándola de por unos instantes de su letargo, luego notó como el siguiente caía sobre sus pechos y finalmente sintió como José se masturbaba compulsivamente sobre su sexo hasta dejárselo lleno de esperma.
Berta se quedó extasiada, no tenía ni idea de cuanto tiempo transcurrió hasta que José la sacó de su estado dándole unas suaves palmaditas en las mejillas.
- Venga Berta, tenemos que volver, sino se van a mosquear por lo que estamos tardando.
Berta abrió los ojos y miró a su alrededor, José se había vuelto a poner los pantalones totalmente cubiertos de barro y había terminado de hacer una montaña de lodo sobre la lona de la vela para llevarla al campamento. Trató de levantarse como si fuera un zombi pero le fallaron las piernas. Volvió a intentar levantarse concentrándose en cada movimiento y por fin lo consiguió. Miró a José incrédula, en ese momento entendió lo que su amiga había querido transmitirle con lo de que hasta que no había follado con José no había podido imaginarse lo que se puede disfrutar con el sexo.
- Venga vamos, pero despacio, que no me tengo en pie, tengo miedo de torcerme un tobillo y que volvamos a empezar otra vez, jijiji.
Berta sentía una flojera por todo el cuerpo y no es que no pudiese quitarse la sonrisa de la cara, es que se le había quedado una risilla estúpida.
- Jijiji.
- ¿Pero que te pasa Berta?
- Jijiji, nada, es que me tiembla todo el cuerpo, jijiji.
Afortunadamente cuando llegaron al campamento Berta había conseguido contener su risilla y pudo mantener la compostura medianamente bien.
FABIOLA- ¿Pero qué os ha pasado? Estáis completamente cubiertos de barro y habéis tardado mogollón.
JOSÉ- Es que Berta se ha quedado se atrapada en el barrizal y ha costado muchísimo sacarla.
BERTA- Si, jijiji, no te imaginas lo que hemos tenido que hacer para liberarme, jijiji.
Viviana la miró y comprendió inmediatamente lo que había pasado, estaba ansiosa por hablar con ella y que le contase su experiencia. Cristina también sospechó que no les estaban contando todo lo que había sucedido y sintió que su sexo se empapaba al imaginarse la tremenda polla de José abriendo la vagina de su amiga. Lorena miró a Berta y pensó que luego hablaría con ella porque esa risa estúpida y la cara de bobalicona que tenía no eran normales, parecía que acabase de salir de una lobotomía. Fabiola tenía claro que algo raro había pasado pero prefirió no seguir preguntando y centrarse en el trabajo que tenían por delante.
FABIOLA- Bueno, pues podemos empezar ¿No?
BERTA- Yo necesito ducharme, tengo de todo pegado por el cuerpo, jijiji.
VIVIANA- Vale, nosotros vamos a ver si terminamos con el horno.
Berta cogió ropa limpia y se metió en la ducha, mientras notaba como el agua caliente iba limpiando su cuerpo de barro y restos de semen, pensó que ojalá nunca los rescatasen, quería quedarse allí el resto de su vida. Estaba completamente relajada, inconscientemente se quedó disfrutando de la ducha hasta que el agua empezó a enfriarse y la sacó de su ensimismamiento. Cuando salió de debajo del agua sentía como si sus pies no tocasen el suelo, jamás se había sentido así.
Mientras Berta se duchaba José se quedó con el resto de mujeres haciendo la cúpula del horno, era la parte más complicada y había que tener cuidado. José se empezó a plantear seriamente que algo raro le pasaba, lo único que se le ocurría es que alguna de las bayas que comían tuviese un potente efecto afrodisíaco, o que el agua del río llevase algo raro, pero no era normal que se estuviese volviendo a empalmar con la visión de las bragas de Cristina por muy atractivas que fuesen para él. El hecho de que ella estuviera de cuclillas, con las piernas bastante abiertas y ese vestido tan corto, hacia que pudiera ver gran parte de su lencería, le volvían loco lo transparentes que eran sus braguitas azules, podía apreciar el rubio de su vello e incluso su clítoris. A José le costaba mucho disimular sus miradas, pero le costaba aún más que no se notase su erección porque tenía que estar todo el rato moviéndose para ir dirigiendo y corrigiendo a cada una de las mujeres.
Viviana se puso muy contenta al ver como se marcaba el bulto de José en sus pantalones, eso quería decir que era posible que esa noche pudiese disfrutar de sus atenciones. Aunque, por otra parte, estaba un poco confundida, sabía que José se había corrido por la mañana con Berta y por como había vuelto ella hacía solo un rato estaba segura de que había probado lo que se sentía con aquella polla clavada en su interior, la única explicación que encontraba es que su amiga hubiese dejado a José a medias y por eso se le estuviese poniendo dura solo con ver las bragas de Cristina.
A Lorena le estaba dando un poco de envidia la facilidad que tenía Cristina para ponérsela dura a José y pensó que a lo mejor comprobaba al día siguiente si ella también tendría esa capacidad. Notó como su sexo empezaba a cosquillearle imaginándose a José mirándola de esa manera mientras le crecía la polla.
Fabiola pensó que tenía que conseguir dejar de mirar como le estaba creciendo el bulto a José, eso solo servía para que su entrepierna se intranquilizase. No quería que en algún momento no pudiera evitar dejarse llevar y acabase tirándose a José, sabía que entre lo bien que se sentía estando con él y la atracción que notaba hacia su sexo, era fácil que se acabase enamorando, y eso era algo que no podía permitirse en esa isla, sobre todo teniendo en cuenta que iba a tener que escuchar como hacía gemir a Viviana por las noches.
A Cristina le estaban subiendo los calores viendo como José se empalmaba por su culpa. Cada vez que se ponía a su lado y podía apreciar su bulto desde una corta distancia, fantaseaba con que José se la sacase para obligarle a comérsela diciéndole que ella se lo había buscado por estar calentándole y que no pensaba dejarla escapar hasta que se tragase todo su semen. Notaba como su sexo expulsaba grandes cantidades de flujo mientras se imaginaba la polla de José llenándole la boca y palpitando mientras eyaculaba en su interior, le estaba empezando a costar contenerse para no meter la mano dentro de sus bragas y volver a masturbarse.
Cuando Berta volvió de su ducha el trabajo del horno estaba muy avanzado, pero eso no fue lo que más le sorprendió, lo que llamó poderosamente su atención fue la erección que lucía José. No podía creerse que él ya estuviese listo para otra ronda y ella todavía no pudiese andar con normalidad ni sintiese el suelo bajo sus pies.
BERTA- Chicas, lo siento, me he terminado el agua de la ducha, es que tenía barro por todas partes y me ha costado un buen rato quitármelo.
FABIOLA- No te preocupes, hoy haces tú la cena para compensarnos y listo, jajaja.
En cuanto terminaron de hacer el horno y lo dejaron para que se secase, José pensó que era el momento de darse un buen baño y quitarse todo el barro que llevaba pegado, estaba seguro de que su aspecto debía ser peor que el del hombre de la ciénaga. La imagen del clítoris de Cristina asomando entre sus pelitos rubios seguía fija en su mente y se planteó hacerse una señora paja en su honor pero en cuanto se metió en el agua fría desestimó por completo la idea, solo le quedaba la esperanza de que Viviana volviese a estar juguetona esa noche.
Según José desapareció para irse a bañar todas las mujeres miraron a Berta.
VIVIANA- ¿No tienes nada que contarnos?
Berta se puso roja, le daba bastante vergüenza confesar lo que había pasado delante de todas pero estaba claro que no había otra opción.
BERTA- Puff, no he podido resistirme y me he tirado a José.
FABIOLA- ¿Tú también? ¿Pero que os pasa?
BERTA- No lo sé, me he calentado muchísimo.
VIVIANA- ¿Y que tal?
BERTA- No puedo describirlo, solo te voy a decir que antes me parecías una exagerada y ahora pienso que has sido muy conservadora contándonos como te sientes al follar con José.
VIVIANA- Sabía que te iba a gustar, pero dime, tú que tienes más experiencia que yo ¿Has notado mucha diferencia con otros hombres?
BERTA- No hay color, no lo puedo describir con palabras y además no me ibais a creer porque ha sido in-cre-i-ble. Yo tampoco podía imaginar que se pudiese disfrutar tanto con el sexo.
VIVIANA- Así que no es que haya estado desperdiciando mi vida, es que él es un fuera de serie ¿No?
BERTA- O está isla tiene algo raro, pero os juro que no es normal lo que he sentido, todavía no noto mi cuerpo.
LORENA- A lo mejor Elena tiene razón y nos está echando algo en la comida, yo también me siento un poco extraña a veces.
BERTA- Pues por mí que nos lo siga echando, y de paso que me diga que es para llevarme un buen montón cuando nos rescaten.
FABIOLA- No digas tonterías, si la mayoría de las comidas las hacemos nosotras.
CRISTINA- A lo mejor lo echa en el agua, a mi también me pasa algo raro. Además ¿No os mosquea lo de hacer filtros para el agua teniendo un río tan limpio?
VIVIANA- En los programas de supervivencia lo hacen mucho, parece que es una regla de supervivencia básica.
CRISTINA- Pues no sé qué será, pero yo no estoy normal.
VIVIANA- ¿Entonces tú también te vas a animar a probarlo? Está clarísimo que tienes facilidad para ponérsela como una piedra.
Cristina se sonrojó, esperaba que sus amigas no se hubiesen dado cuenta de que la erección de José era por su culpa.
CRISTINA- No, yo soy una mujer casada, no voy a ponerle los cuernos a mi marido.
LORENA- Vamos, no me jodas, si no quieres tirártelo no te lo tires, pero por favor no dejes de hacerlo por el imbécil de tu marido. No te lo he dicho nunca pero creo que ya es hora de que lo sepas, ese capullo me ha intentado ligar mil veces.
VIVIANA- A mí también, incluso cuando estaba casada me tiró los trastos varias veces.
BERTA- Y a mí, tu marido es un auténtico baboso, si no te ha puesto los cuernos es porque no habrá podido, a ese le da igual todo mientras pueda meterla en algún sitio.
FABIOLA- Si Cris, tu marido le tira los trastos a todo lo que se menea, conmigo también lo ha intentado, además de una forma asquerosa, ha intentado convencerme en muchas ocasiones diciéndome que nunca había probado una polla tan grande como la suya.
LORENA- Vamos que lo mejor que puedes hacer es follarte a José hasta que te quite las ganas y cuando volvamos, mandar a la mierda a tu marido.
Cristina se quedó en shock, ella sabía que su marido era un poco bromista con las mujeres pero no se imaginaba que fuera así de cerdo, si le tiraba los trastos a sus amigas de esa manera tenía que estar intentándolo con todas las mujeres que se cruzase.
Tardó un buen rato en reaccionar y ordenar su cabeza antes de poder responder.
CRISTINA- Joder, me lo podíais haber dicho antes. De todas formas sigue siendo mi marido y hasta que no hable con él y le ponga en su sitio, sigo siendo una mujer casada.
BERTA- Tú verás, pero si yo fuera tú, después de saber de lo que es capaz este tío, el próximo día salía sin bragas. No te puedes imaginar lo que te estás perdiendo.
LORENA- Callaros que ya vuelve.
Fabiola se convenció todavía más de que no podía hacer nada con José, lo último que podía permitir era convertirse en una más de las que se follaba.
JOSÉ- Joe que ganas tenía de quitarme el barro, me he quedado nuevo ¿Qué os parece si empezamos a hacer los muebles del cuarto que falta en vuestra cabaña?
LORENA- ¿Tú no puedes estarte quieto un poquito?
JOSÉ- Es que me está dando miedo que se vengan y no tengan ni un mal armario para dejar la ropa.
VIVIANA- Están tiradas sobre sus colchones en la playa, no creo que no tener armario les resulte un gran inconveniente.
Aparte de que José seguía agobiado porque sentía que la supervivencia de todo el grupo descansaba sobre sus hombros y quería que no hubiese ningún problema, le daba un poco de cosa quedarse ocioso con ese grupo de mujeres, viendo como se había puesto por culpa de las bragas de Cristina no podía descartar que se volviera a empalmar por cualquier cosa y acabase sufriendo una situación de lo más incómoda. En cambio, si se mantenían activos, tendría la mente ocupada y sería todo más fácil.
JOSÉ- Pues podemos hacer otra ducha, que lo de bañarse con agua fría es una mierda.
FABIOLA- Pero si está buenísima, y con el calor que hace hasta se agradece que refresque un poco.
JOSÉ- Pues también podemos hacer más filtros de agua, como venga una tormenta y nos fastidie alguno estamos jodidos.
VIVIANA- No nos líes, tienes un montón de garrafas llenas guardadas en la despensa y si se nos rompe algún filtro no tardamos más de una tarde en repararlo.
JOSÉ- También nos faltan sillas para que tengamos una por cabeza en nuestros cuartos, o si queréis podemos hacer nasas o trampas o mochilas o el cesto de la ropa para vuestra cabaña, nosotros tenemos uno en la nuestra y es súper cómodo, o unos percheros, no los he hecho nunca pero seguro que nos vienen bien.
FABIOLA- José, tomate un respiro, yo creo que podemos parar por hoy, no queda nada urgente por hacer.
JOSÉ- Entonces de lo de haceros cabañas para que tengáis una para cada dos y dejemos la grande como lugar de reuniones y taller para los días de lluvia ni hablamos ¿No?
LORENA- A ver, si todo lo que propones está muy bien, pero no hace falta matarnos a trabajar que ya estamos muy bien, lo podemos ir haciendo con calma, además cualquier día de estos nos rescatan y sería una estupidez haberse pasado todo el tiempo trabajando y no haber disfrutado de este lugar tan maravilloso.
JOSÉ- Vale, acepto darnos un respiro, pero lo que si es un poco urgente es poner la pared del baño, incluso deberíamos hacer otro más, que con dos para seis personas vamos justos, cuando seamos ocho la cosa se va a complicar.
FABIOLA- Venga yo te ayudo con lo ponerle una pared al baño, a ver si así te quedas tranquilo por hoy.
JOSÉ- Perfecto, pues vamos a por más cañas para hacerla.
El resto de mujeres se quedaron charlando mientras José y Fabiola se fueron a por cañas.
BERTA- ¿No creéis que deberíamos ir a ver como están Elena e Isa?
LORENA- No intentes distraer nuestra atención, el tema ahora es que nos cuentes con pelos y señales lo que has hecho con José.
BERTA- Pero si ya os lo he contado ¿Qué más queréis saber?
LORENA- Pues todo, qué es lo que más te ha gustado, si se las chupado, si ha conseguido que te corras, bueno, eso ya me supongo que sí por la cara que tienes.
BERTA- ¿Qué si ha conseguido que me corra? Me he corrido como nunca y además no sabría decirte cuántas veces. Y a lo de si se la chupado, pues si, y él también a mí.
CRISTINA- Oye, esto mismo podrías contárnoslo mientras nos bañamos ¿No? Así estamos preparadas para hacer la cena cuando estos vuelvan.
LORENA- Venga si, vamos, así puedes cambiarte las bragas que José ya tiene esas muy vistas, jajaja.
Lorena consiguió avergonzar a Cristina con su comentario pero aún así ella pensó que se había salido con la suya, si iban a volver a hablar de sexo prefería hacerlo metida en agua fría, con un poco de suerte eso evitaría que se volviese a calentar.
En cuanto estuvieron metidas en la poza Lorena volvió a la carga, lo que pasaba es que le daba cierto morbo enterarse de lo que habían hecho sus amigas, además le costaba terminar de creerse que hubieran podido con semejante pollón.
LORENA- Y tú, Viviana ¿También se la has chupado?
VIVIANA- Si, yo también lo he hecho.
LORENA- Joe, no entiendo como os podéis meter esa cosa en la boca, tiene que haberos desencajado la mandíbula.
VIVIANA- No es fácil pero yo por lo menos lo disfruté mucho.
BERTA- Yo también.
Cristina recordó el momento en que vio como su amiga devoraba la polla de José y sintió que su cuerpo volvía a encenderse a pesar del agua fría.
LORENA- Joder tías, yo no sé como lo hacéis.
Cristina no podía resistir el morbo de saber si Viviana también había dejado que José se corriese en su boca.
CRISTINA- ¿Y os lo tragasteis?
Viviana y Berta se miraron, a las dos les daba mucha vergüenza responder.
LORENA- Ahhhhh, eso es que sí, sino habríais dicho que no enseguida.
CRISTINA- ¿Las dos?
VIVIANA- Yo si, es que teníais que haber estado en ese momento, estábamos haciendo un sesenta y nueve maravilloso y no pude contenerme, me pilló justo en medio de mi orgasmo y me dio un morbo tremendo sentir como eyaculaba en mi boca y luego tragármelo. Pero no penséis que me voy bebiendo el semen de cualquiera, es la primera vez que lo hago, de hecho nunca había dejado que me eyacularan en la boca, ni siquiera a mi exmarido, aunque el muy cerdo nunca me avisaba y alguna vez me agarró la cabeza para que no me pudiese apartar, pero nunca me lo tragué.
BERTA- A mí me pasó lo mismo pero yo nunca había dejado que se corriesen en mi boca, hasta ahora me daba un poquito de asco el semen, no mucho, pero lo suficiente como para que nunca me hubiera apetecido sentirlo en mi lengua. Pero con el de José... Yo no sé qué me ha pasado pero lo necesitaba, no puedo explicarlo pero algo me impulsaba a clavarme esa polla mientras se corría, me ha encantado notar como eyaculaba en mi boca.
Cristina no paraba de imaginarse lo que sería tener esa polla desencajándole la mandíbula y cada vez sentía un hormigueo mayor en su sexo. Se lo pensó un poco pero al final decidió irse a lo más profundo de la poza y acariciarse discretamente su sexo.
LORENA- No lo entiendo ¿Primero te lo has follado y luego se las comido hasta que se ha corrido y todo eso en mitad del barro?
BERTA- No, no ha sido todo a la vez, está mañana nos hemos calentado tontamente y hemos acabado tocándonos y luego nos hemos puesto a jugar con nuestras bocas. Lo de follar ha sido por la tarde.
LORENA- Vamos que has tenido un día completito.
BERTA- Jajaja, pues sí.
CRISTINA- ¿Y os la habéis metido entera?
VIVIANA- ¿En la boca? Ni de coña, y eso que lo he intentado, pero la notaba en la garganta y no me había tragado mucho más de la mitad.
BERTA- Yo tampoco he podido, pero no ha sido por falta de ganas.
Cristina se imaginaba el glande hinchadísimo de José golpeando contra su garganta y se sentía arder.
CRISTINA- ¿Y en el otro sitio?
BERTA- Por el chumino sí, pero tampoco diría yo que ha sido fácil, no te imaginas el rato que ha estado José metiéndomela un poco más cada vez para que me fuese acostumbrado, impresiona un montón sentir como te abre.
VIVIANA- A que sí, a que es una pasada, yo sentía que mi vagina no daba más de sí.
Cristina tenía unas ganas tremendas de clavarse los dedos hasta el fondo pero siguió tocándose suavemente para no delatarse.
CRISTINA- ¿Y habéis dejado que se corriese dentro?
BERTA- A ver, yo en ese momento no estaba para poner límites pero José la sacó justo a tiempo.
CRISTINA- ¿Y se te corrió encima?
BERTA- Si claro, me puso pringando de semen, sobre todo el chocho, pero con lo embadurnada que estaba de barro tampoco se notó mucho la diferencia.
Cristina tuvo que meterse los dedos aunque con discreción, no aguantaba más.
VIVIANA- Conmigo igual, siempre la saca en el último momento y se pone a masturbarse sobre mí, pero me gusta verlo, en esos momentos me mira de una forma que... Bufff, vamos a dejarlo que me estoy poniendo tonta.
LORENA- Venga sí, vamos a ir saliendo a hacer la cena o algo que sino la poza esta va a acabar pareciendo un jacuzzi, jajaja.
A Cristina no le quedó más remedio que apartar la mano de su sexo y salir del agua, pensó que tenía que buscar un momento para estar a solas y poder desfogarse un poco porque el grado de calentura que tenía no le dejaba pensar en otra cosa que no fuese en la polla de José metiéndose en cada uno de sus agujeros.
Mientras el resto de mujeres se daban un baño no muy relajante, José y Fabiola habían terminado de cortar las cañas y estaban haciendo la pared para el baño. José estaba super a gusto con esa mujer, sentía que le comprendía y le aceptaba tal como era, lo que le daba seguridad para abrirse y contarle cualquier cosa.
FABIOLA- A ver si con esto te relajas un poco que parece que tienes un TOC y no te puedes estar quieto.
JOSÉ- No te lo tomes a mal, además contigo es con la que menos siento esto, pero es que me parece que vosotras os estáis tomando esta experiencia como si fuesen unas vacaciones y no lo son, estamos en una situación muy jodida. Hoy, cuando pensaba que Berta se había torcido un tobillo me ha dado muchísimo miedo, a ver, en los cursos de supervivencia me enseñaron a entablillar un hueso, pero vamos, no me fiaría yo mucho de que fuese a hacerlo bien, igual la dejo coja para toda la vida.
FABIOLA- Bueno José, al final no ha sido nada y si hubiese pasado pues lo habríamos gestionado lo mejor que hubiésemos podido.
JOSÉ- Bueno, si esa no es la cuestión, con esto quiero decir que estamos en una situación muy precaria, si alguien se pone malo no tenemos ni antibióticos ni nada. La cosa es que cuando estaba yo solo esto lo veía como un reto, una oportunidad de demostrarme cosas a mí mismo, pero desde que estáis vosotras me siento responsable de lo que os pase y pueden pasar mil cosas. Siento que no lo estoy haciendo bien, creo que deberíamos ponernos a almacenar comida como si se fuera a acabar mañana, porque no tenemos ni idea de si va a ser así. Está isla está siendo super generosa con nosotros, hay comida por todas partes y tiene de todo, es lo más parecido a un paraíso que he visto, pero hay una cosa que me mosquea mogollón, no está habitada y eso tiene que ser por algo, por lo que sea este no es un buen lugar para vivir, ni siquiera para montar un hotel. Algo chungo tiene que haber y cuando lo descubramos lo vamos a pasar fatal, así que más nos vale prepararnos para todo lo posible. Deberíamos estar organizando expediciones de exploración, no conocemos ni una cuarta parte de la isla, además siendo tantos pronto acabaremos con los frutos y tendremos que ir a buscarlos más lejos. Vamos que creo que esto es la calma antes de la tormenta y tenemos que aprovecharla. Bueno y ya me calló que te he soltado una parrafada horrible y tampoco quiero trasmitirte mis agobios, solo quiero que me entiendas.
Fabiola se quedó pensativa, efectivamente para ella y sus amigas estaban siendo unas vacaciones maravillosas, mucho mejores de lo que habían planeado, además, por lo menos ella, tenía una confianza plena en que José les podía sacar de cualquier problema y entendía que eso era una carga tremenda para él, comprendía que estuviera agobiado.
FABIOLA- Jo, José, lo siento, estamos siendo unas irresponsables, entiendo que te angusties. Tú estabas tan tranquilo en tu isla y hemos venido nosotras a destrozarte tu paz y tu momento de encontrarte a ti mismo.
JOSÉ- Perdóname, no tenía que haberte dicho todo eso, mis ralladas son mías y debería callármelas. Estoy súper feliz de que hayáis venido, sois el grupete más divertido que he visto y además siempre estáis dispuestas a echar una mano, todavía no os he visto quejaros de nada y seguro que hay mil cosas que os molestan. Sé que soy un poco histérico a veces, pero no dudes de que sois lo mejor que me ha pasado en esta isla.
FABIOLA- Sobre todo Viviana, ehhhh pillín.
José se puso rojo al instante, ese comentario dejaba claro que les había escuchado la noche anterior.
FABIOLA- ¿Pero como eres tan tonto? Eres un tío súper seguro, que dejaría a la altura del betún a Tarzán y en cuanto sale cualquier cosa sexual pareces un adolescente tímido. Es normal que te gusten las mujeres, no tienes que avergonzarte, si has hecho buenas migas con Viviana mejor para vosotros, disfrutadlo y ya está. Además yo creo que a ella le está viniendo fenomenal, desde que se divorció, bueno desde bastante antes, la veía muy apagada, incluso estaba amargándose cada vez más, a veces tenía unas salidas de tono que tenías que verla, y desde que está contigo en esta isla parece otra, hasta le ha cambiado la cara, está más guapa y parece que desprende alegría, vamos que me alegro mucho de que os hayáis encontrado y de que hagáis lo que os apetezca.
A José le pareció que Fabiola se pensaba que eran novios o algo así y quiso aclarar las cosas.
JOSÉ- Pero que no somos nada, no estamos saliendo ni nada parecido ¿Vale?
FABIOLA- Ya, ya, si ya lo sé, ella me ha dicho lo mismo, es solo que creo que la está sentando muy bien haberte encontrado.
JOSÉ- ¿Así que lo habéis hablado? No se puede tener un secreto en esta isla.
FABIOLA- Nosotras nos lo contamos todo, por eso seguimos siendo amigas después de tantos años. Vamos que puedes dar por hecho que cualquier cosa que pase la vamos a saber todas antes de que puedas abrir la boca para decírnosla. En esta isla puede haber secretos, pero en todo caso serás tú el que no los sepa, jajaja.
Lo primero que pensó José es que entonces ya sabrían todas también lo de Berta. Afortunadamente confiaba plenamente en que Viviana no se iba a molestar por eso.
JOSÉ- ¡Que cabronas! Yo cuidándoos y vosotras hablando de mí a mis espaldas.
FABIOLA- Si te sirve de consuelo, de momento solo decimos cosas buenas.
JOSÉ- Eso me deja más tranquilo, que como me empecéis a odiar me voy a tener que ir a la otra punta de la isla a vivir.
FABIOLA- Ni allí estarías seguro, no te imaginas como las gastamos, jajaja. Más te vale cuidarnos bien.
JOSÉ- Lo tendré en cuenta, a partir de ahora os voy a tratar como si fueseis mis jefas, no vaya a ser que tenga que exiliarme de mi propio campamento.
Fabiola se sentía contenta de haber podido distraer un poco a José y que se le quitase la cara de angustia que tenía, pero era muy consciente de que él tenía razón, si esa isla tan maravillosa estaba deshabitada tenía que ser por algo.
José estaba empezando a arrepentirse de haber hecho cosas con Viviana y después con Berta, cada vez tenía más claro que la mujer con la que más congeniaba de todo el grupo era Fabiola, pensó que tenía que haberse aguantado su deseo sexual y haber intentado tener algo más serio con ella, pero ya estaba hecho y no lo podía cambiar, así que disfrutaría lo que pudiese y aceptaría que Fabiola era inalcanzable para él.
Cuando terminaron el trabajo, los dos se sintieron orgullosos aunque solo fuese una mierda de pared, les había quedado perfecta.
JOSÉ- Tengo una sorpresita.
FABIOLA- ¿Siii? ¿Qué es?
José sacó la plaquita que había llevado escondida entre las cañas y se la mostró por sus dos caras, una roja y otra con una hoja verde clavada.
FABIOLA- Ahhh ¿Pero cuando has hecho eso? Te ha quedado guay.
JOSÉ- En la siesta, me he acordado de tu idea y la he hecho.
FABIOLA- Me encanta, es el detalle que le faltaba al baño. Venga, la ponemos y nos vamos.
Al llegar al campamento las chicas ya habían metido la primera tanda de comida en el horno.
FABIOLA- Ostras, se me ha pasado el tiempo volando, no me he dado cuenta de que era tan tarde, me voy a dar un chapuzón rápido y contar conmigo para la cena, que os conozco y sois capaces de dejar que me rujan las tripas toda la noche.
Mientras se bañaba pensó que no era normal que a ella se le fuese de esa manera la noción del tiempo, tenía que tener mucho cuidado para no acabar pillándose por José, lo podía llegar a pasar muy mal, en esa isla no había forma de poner tierra de por medio.
José ayudó a las chicas con la cena y para cuando Fabiola volvió radiante del baño ya estaban sacando la segunda tanda del horno. Enseguida estaban todos sentados en la mesa disfrutando de la comida entre risas con su habitual buen rollo.
BERTA- Oye chicos, ahora que estamos todos ¿No creéis que deberíamos ir a ver como están Elena e Isa?
FABIOLA- Buff, pues no sé, yo calculo que todavía deben tener comida para dos días más por lo menos. Seguro que están bien y además, después de la bronca que tuve con Elena no tengo muchas ganas de aguantar sus gilipolleces, prefiero que venga ella con el rabo entre las piernas.
LORENA- Te entiendo, a mí también me puso de los nervios, no sé qué le pasaba pero estaba imbécil perdida.
JOSÉ- A ver, yo no sé qué problemas tenéis con ellas ni quiero meterme, dios me libre de verme involucrado en una pelea de mujeres, pero más pronto que tarde habrá que bajar a coger cosas de ese campamento. A lo mejor podríais ir un par a ver como están y traeros algunas cosillas que dudo que estén usando y nos vendrían fenomenal.
CRISTINA- Yo creo que podríamos ir todos y tomárnoslo como un día de playa, así van conociendo a José, con un poco de suerte comprenden que es inofensivo, así además disfrutamos de esa costa paradisíaca, que este campamento está muy bien pero le falta una buena playa para tostarse un poco al sol.
Fabiola miró a José pensando que le iban a dar los siete males solo de pensar en perder un día de trabajo, además no creía que él tuviese ninguna gana de conocer a Elena después de lo borde que fue con él el primer día. En cambio José pensó que a las chicas no les vendría mal un día de relax, comprendía que las tenía todo el rato trabajando y que iban a acabar hasta las narices.
JOSÉ- No me parece mala idea siempre que respetemos la rutina mañanera de pescar e ir al bosque a recoger frutos y mirar las trampas. Luego podemos llevarnos algo de comer e ir por dentro de la isla hasta la playa en vez de por el camino de siempre, así la exploramos un poco, además nos podemos llevar las mochilas y traerlas cargadas de cocos, que aquí no hay. Ahhh, y en esa playa, al fondo del todo, hay un montón de rocas que tienen ostras, podemos coger unas cuantas y ponernos hasta las cejas, están buenísimas.
BERTA- ¡Bieeeeeeen! Día de playa.
LORENA- Pues nada, ya tenemos plan para mañana, no es tan guay como revolcarse en el barro pero no está mal.
Berta la miró con cara de mosqueo, no tenía claro si lo había dicho por lo que había hecho ella con José en el barro o era una simple bromita.
Ese día todos estaban lo suficientemente cansados como para no alargar mucho la sobremesa, además querían despertarse pronto para no llegar a las tantas a la playa, así que aunque José se puso un poco cabezón para que le dejasen hacer alguna cosa más, solo le dejaron tiempo para hacer el cesto de la ropa sucia para la cabaña de las mujeres antes de que todas le obligasen a irse a dormir de una vez.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa y su jefe
Nunca imaginé que la monotonía de mi matrimonio se rompería con el sonido de una puerta de oficina entreabierta.
Comparte:Bdsm suaveRelacion profesor alumnaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
(2) ¡soy enfermera, no puta!
Bajo la excusa del cuidado profesional, la línea entre la enfermera y el paciente se desdibuja.
Comparte:Relacion profesor alumnaErotismo romanticoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La familia y uno más (2): LA NUERA.
Jaime siempre ha sido un hombre manso, pero Gloria siempre supo lo que quería. Cuando el narrador entra en su vida, la tensión en la sala se vuelve…
Comparte:Bdsm suavePoder y controlVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Familia ( De nuevo en la ciudad ) 8 parte
Nikola nunca imaginó que un hombre mayor pudiera desarmarla con solo mirarla. Pero cuando la voz grave de Faustino le ordena abrirse, la vergüenza se…
Comparte:Bdsm suaveRelacion profesor alumnaVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Engañé a mi marido con su sobrino
Claudia siempre creyó que su vida matrimonial estaba hecha a la medida de su prudencia. Pero la llegada de Ignacio, el joven y musculoso sobrino de…
Comparte:Bdsm suaveRelacion profesor alumnaErotismo romantico
- Hetero: General
Jose y la píldora azul (segunda parte)
La píldora prometía potencia, pero no advertía del riesgo cardíaco. Mientras dos mujeres lo devoran en el sofá, Jose siente cómo su corazón late a…
Comparte:Bdsm suaveVenganza eroticaPoder y control