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Familia ( De nuevo en la ciudad ) 8 parte

Nikola nunca imaginó que un hombre mayor pudiera desarmarla con solo mirarla. Pero cuando la voz grave de Faustino le ordena abrirse, la vergüenza se disuelve en un placer prohibido que la arrastra hacia un abismo del que ya no quiere salir.

dulceymorboso9.5K vistas9.4· 23 votos

El teléfono de Nikola sonó y se levantó para coger la llamada.

Era Carolina.

—Hola, cariño… Estoy en casa, ¿qué tal de celebración?... No te preocupes. Mañana comemos juntas y entiendo que tu familia quiera estar contigo… Si…Si.

El viejo se despertó y Nikola le sonrió mientras hablaba con su amiga.

<<… Al final comí con Faustino… Bien, cariño… Ya te contaré…>>

Sin dejar de hablar, se sentó en la cama y le acarició la polla que de nuevo estaba totalmente dura.

<<… Me dijo de pedir unas pizzas… Si, en casa… Queria invitarme a comer fuera pero yo necesitaba venirme para casa… Claro, mañana te cuento… Si, vete con Miguel a cenar y ya mañana estamos juntas… Un beso, cariño >>

Al terminar la llamada, apoyó el teléfono en la mesilla y apoyó la cara en los muslos de él.

—Era Carolina —le dijo besándole el sexo.

—¿Le vas a contar lo que pasó?

—Si. Aunque me dará vergüenza se lo tengo que contar —Le lamió el glande —. Ahora entiendo porque ella tiene sexo con usted.

—¡Ah! ¿Si? ¿Y por qué la entiendes?

—Porque usted sabe como follar y esta polla… —Se sonrojó.

—¡Dilo!

—Esta polla es rara pero me pone cachonda ¡Joder!

Subiéndose sobre él, agarró el sexo, lo colocó a la entrada del coño y se dejó caer.

—¿Quiere quedarse a dormir conmigo?

De nuevo abrazada a él, le acariciaba el pecho después de haberlo follado hasta hacerlo correrse.

—¿Quieres que me quede?

—Si.

—Será un placer dormir contigo, Nikola.

Faltaba una hora para ir a junto de Carolina y Nikola se metió en la ducha. Mientras se enjabonaba, pensaba en todo lo que había pasado con Faustino. A pesar de la vergüenza, sonrió recordando como la había despertado besándole el coño y en ese orgasmo que le había hecho sentir estando aún adormilada.

Ese hombre parecía insaciable y le encantó volver a follar con él por la mañana.

“Me encanta su polla”, pensó ruborizándose.

De camino al restaurante donde había quedado con Carolina, no podía dejar de preguntarse si debía contárselo y tomó la decisión de hacerlo. Su amiga también había sido sincera con ella y no podía ocultarle lo sucedido.

Durante la comida, las dos estaban felices y a falta de poder darse otras muestras de cariño, con disimulo se acariciaban las manos.

—… Si —le contaba Carolina —. Por la noche Miguel me invitó a cenar y después nos fuimos para casa. Estaba agotada después de un día de tantos nervios y emociones —La miró —. Y entonces tú, ¿comiste en casa con Faustino?

—Si —contestó nerviosa —. Luego te cuento.

—¡Nikola! —Miró que se había puesto colorada —. Tú y Faustino…

La joven rusa se tapó la cara con las manos.

—Ni siquiera sé cómo pasó, cariño. Estaba demasiado vulnerable y ese viejo sabe muy bien como conseguir lo que quiere.

—¿Pero estás arrepentida?

—No…no. Lo extraño es eso.

Decidieron irse a casa de Nikola para poder hablar tranquilas. Al estar solas, las ganas que se tenían una a la otra les llevó a besarse y tocarse.

Se acababan de correr juntas y abrazadas en la cama se besaban.

—Entonces, ¿me cuentas que pasó?

Nikola le contó de como se había dormido en brazos del viejo y lo que había pasado.

—¿Y se la chupaste estando dormida? —preguntó sorprendida.

—Solo un poco —reconoció —. Soñaba que era mi marido. Pero enseguida me di cuenta que no era Alexander y me desperté de golpe.

—¿Y Faustino también estaba dormido?

—Si. El pobre se despertó y al ver que tenía el sexo de fuera pensó que había sido él quien lo sacara ¡Qué vergüenza sentí!

—¿Y tenía yo razón o no?

—¿Sobre qué?

—Su polla impacta mucho, ¿verdad?

—Si. Tenías razón.

Al ver la cara de Nikola, Carolina llevó la mano hacia el coño de su amiga y se sonrieron al ver que estaba muy mojada.

—¿Te has excitado recordándola?

—Si.

Mientras masturbaba a la entrenadora, la morena le preguntaba cosas y las dos se excitaban mucho.

La pelirroja, entre gemidos, le contó que se la había chupado tres veces y le había encantado mamar aquella polla. También le contó cómo habían terminado follando juntos y que la había despertado comiéndole el coño.

—A mi también me vuelve loca cuando me come el coño —le dijo Carolina —¿Se lo vas a contar a tu marido?

—¿Tú le cuentas a Miguel que follas con ese hombre? No, ¿verdad? Yo tampoco sé lo diré a Alexandrer.

El viejo estaba barriendo y se quedó sorprendido al ver a Nikola entrar por el portal.

—¡Buenos dias! Qué sorpresa verte por aquí.

—Buenos días, Faustino. Pasaba por la zona y pensé que seguramente estaría por aquí.

—¿Sabes? Pensaba que no volvería a verte —le dijo apoyando la escoba en la pared.

—¿Por qué pensaba eso?

—No lo sé. Eres demasiado impresionante y pensaba que quizás te arrepentirías de lo que pasó.

—Pues ya ve que no.

—Estás preciosa con esta falda —Acercándose a ella la abrazó por la cintura y le acarició el culo —. No he logrado quitarme de la cabeza lo de este fin de semana.

—Yo tampoco —le dijo mirándole el bulto del pantalón —¿Le gustaría venir esta tarde a mi casa?

—¿Y a qué quieres que vaya a tu casa?

—Ya lo sabe, ¿no?

—Ven conmigo —le dijo llevándola hacia el pasillo del cuarto de los contadores.

Una vez dentro del cuarto de los contadores, Faustino pegó el cuerpo al de ella y le acarició las nalgas con ambas manos por debajo de la falda. Nikola, se abrazó a él y suspiró contra su cuello al sentir una de las manos colarse bajo las bragas.

—Estás empapada.

—Llevo así desde ayer por su culpa —Excitada llevó la mano al pantalón y le acarició el bulto terriblemente duro —¡Joder, como está!

Faustino gimió cuando la pelirroja le desabrochó el pantalón y mirando la polla tiesa se arrodilló para mamársela.

—Desde ayer deseaba volver a chupársela —le dijo antes de meterla en la boca.

—Y yo que lo hicieras —Le agarró del pelo —. Mama bien, que llevabas un año sin polla y estás necesitada, cariño.

Nikola suspiró al sentir como él movía las caderas iniciando una follada de boca que le estaba encantando.

—Y esta tarde iré a tu casa a follarte.

De rodillas, lo miraba con ojos llorosos mientras sentía como ese viejo le estaba follando la boca de forma brusca provocándole arcadas cada vez más intensas. Cada poco tiempo, le agarraba fuerte del pelo para inmovilizarla por completo y el glande se incrustaba en su garganta impidiéndole respirar y ella temiendo ahogarse golpeaba los muslos de él sin ningún éxito.

—Debes relajar la garganta —le dijo mientras aflojaba la presión y ella buscaba aire con desesperación atragantándose haciendo que las babas cayeran por su camiseta —. Tranquila —Con ternura le limpiaba las lágrimas con gesto paternal —. El sábado me hiciste conocer como es que una mujer me haga el amor con la boca, y ahora yo estoy haciendo que conozcas como es que un hombre te la folle. Me gusta hacer el amor pero follar también. Pon las manos atrás —Le acarició la cara con suavidad —¿Quieres que te folle la boca?

—Si. Quiero que me la folle —le dijo mientras chupeteaba el grueso glande.

—¿Te estaba gustando lo que te hacía?

—Si pero sentía que me ahogaba.

—Tranquila que se muy bien lo que hago —Le sonrió —. Abre bien la boquita. Voy a hacer que te corras mientras te la follo.

Obedeciéndolo, Nikola abrió la boca y echando los brazos hacia atrás, apoyó la cabeza contra la pared.

Las lágrimas se derramaban por su rostro de piel pálida. Sus ojos azules lo miraban con incredulidad por estar sintiendo aquello tan intenso mientras le permitía a ese viejo que le follara la boca de forma tan brusca.

Ni siquiera podía gemir ya que la polla ocupaba por completo su boca y el glande sellaba su garganta.

Jamás hubiera permitido que un hombre la tratara de una forma tan despiadada, ni siquiera a Alexander, su esposo, a quien le permitía todo porque lo amaba con locura. Pero su marido estaba a miles de kilómetros y ese hombre al que miraba arrodillada le estaba haciendo sentir cosas que nunca había sentido y tembló al sentir como su coño comenzaba a palpitar de forma descontrolada.

Y se avergonzó al sentir que se iba a correr y con la mirada le pedía por favor a ese señor que no dejara de follarle la boca. Con la mirada le daba las gracias por lo que estaba haciéndole sentir.

—No te avergüences —le decía acariciándole las mejillas ruborizadas —. Así…Disfruta de lo que te hace sentir mi polla. Mira como tiemblas de placer, Nikola —Comenzó a follarla más rápido —. Me voy a correr en tu garganta ¡Joder!

Y la joven pelirroja sintió su coño explotar y como las braguitas no podían retener la eyaculación y mojaba los muslos.

—¡Dios! Te estás corriendo, mi niña. Toma mi semen.

Agarrándole la cabeza comenzó a correrse y a vaciarse en la garganta de la rusa.

Una vez terminó de eyacular en la boca de la joven, se arrodilló para mirarla y le besó en la boca.

Nikola miró entre sus piernas y vio el charco en el suelo.

—¡Joder! ¿Qué me está pasando con usted? —Lo abrazó asustada —. Nunca imaginé que pudiera permitir que un hombre me tratara así.

—Cielo… —Olió el cabello rojo y le besó la cabeza —. Somos dos almas solitarias y nos damos lo que necesitamos.

—Gracias —Levantando la cara lo besó en la boca —. Me gustó como me hizo sentir. Aunque esas bofetadas y los insultos me dieron vergüenza.

—Pero te excitaban, ¿verdad?

—Si. Nunca me dijeran esas palabras feas y mucho menos me habían dado bofetadas —al decirlo le acariciaba las manos mientras las miraba.

—No lo volveré a hacer si no me lo pides tú —Se levantó y le ofreció la mano —. Ven.

Al ponerse de pie, Faustino la acercó a la silla que había en la esquina y la hizo sentarse. Le subió la falda hasta la cintura.

—Deja que te dé un premio por ser buena chica —le dijo separándole las piernas.

Nikola gemía mientras el viejo le lamía las bragas empapadas por la corrida que había tenido mientras le follaba la boca. Con las manos en la cabeza de él, le acariciaba el canoso y escaso pelo.

—¡Qué guarro eres! —le decía mirando como olía y chupaba las bragas con ansia —. Están sucias, no haga eso.

Pero lo que le pedía no era acorde con lo que su cara reflejaba y le acariciaba la cara impresionada por sentir aquellas arrugas del rostro en las manos.

—Me encanta comerte las bragas y sé que a ti también te gusta —le dijo apartando la boca unos centímetros.

—¡Joder! Siga, por favor —Con las manos en las mejillas de él, le llevó la cara hacia la prenda íntima —. Huélelas… Chupe las bragas de su perrita rusa.

Y es que mientras le follaba la boca minutos antes, Nikola se había puesto cachonda escuchando como le decía cosas feas como; perra, zorra o perrita rusa mientras le daba pequeñas bofetadas que le hacían estremecer.

—Huela mi coño directamente —le pidió apartando a un lado la braguita —. Cómame entera.

Pensó que Faustino iba a parar de comerle el coño cuando escucharon las voces de dos vecinas que estaban hablando sobre sus problemas de salud, pero no solo no se detuvo sino que aumentó el impresionante movimiento de la lengua y acompañó este metiéndole tres dedos haciendo que tuviera que taparse la boca con la mano mientras se corría y con la otra mano lo apretaba contra ella.

—Está loco —le dijo al oído con una sonrisa.

—Loco por tu cuerpo y por ti.

Se abrazaron y mientras escuchaban a las vecinas despedirse se besaron con deseo.

—Esta tarde se va a enterar —le dijo ella en voz baja.

—Ah, ¿si? ¿Qué me vas a hacer?

—No lo sé, pero me tiene demasiado cachonda.

De vuelta a casa, pensaba en lo ocurrido y se sentía desconcertada con lo que acaba de sentir.

Al llegar no quería masturbarse y llamó a su marido.

Alexander estaba en el cuartel militar donde tenía el rango de capitán del ejército de tierra y apenas pudo atenderla unos minutos.

Al colgar todavía se sentía más confundida. Miró su foto y estaba guapísimo con aquel uniforme y su imponente físico, ya que media un metro noventa y practicaba artes marciales. Se avergonzó de sentir que estaba mojada pensando en el viejo y no en su esposo.

Sentada en el sofá, llevó la mano entre sus piernas y tenía las bragas mojadas a pesar de habérselas cambiado después de asearse íntimamente al llegar.

Cerró los ojos.

En ese sofá había empezado todo hacia dos días cuando le había mamado la polla al viejo entre sueños. Ahora, dos días después, acababa de volver a ir a buscarlo para volver a hacerle una mamada.

Recordó la sensación de verse de rodillas con las manos atrás y ese viejo follándole la boca. La impresión que sacudió su cuerpo cuando la avejentada mano impactó sobre su cara y como a pesar de mirarlo suplicante porque no hiciera aquello, a él le había dado igual y le había abofeteado la otra mejilla mientras le decía que era una zorra y no dejaba de moverse dentro de su boca. A la cuarta bofetada su cuerpo había sufrido una transformación y se sintió entregada. Cada palabra fea que le decía, llegaba a sus oídos como un piropo grosero. Cada bofetada era recibida por su cuerpo como una caricia del más tierno de los amantes. Recordó las nalgas marcadas de Carolina y como su amiga le había confesado que ella misma le había pedido que la azotara fuerte.

Nikola metió la mano por dentro de las bragas y se comenzó a masturbar con fuerza recordando esas bofetadas y esos insultos. Si el viejo hubiera dejado de darle bofetadas, ella también le hubiera pedido que se las siguiera dando.

Al correrse sintió un inmenso alivio y supo que no había vuelta atrás. Después de haber vivido aquellas sensaciones en la sala de contadores sabía que deseaba volver a sentirse así.

Cuando Miguel terminó de preparar el coche que Fernando, su jefe, le había apremiado a dejarlo listo para esa tarde, se aseó y una vez cambiado de ropa sacó el teléfono del bolsillo y llamó a Emi.

—Hola, Miguel.

—Hola, ¿dónde estás?

—En casa, ¿pasó algo? —preguntó asustada.

—No, nada. Tranquila. Te llamaba para ver si podíamos vernos. Tú hija quedó en la facultad a estudiar y tenía ganas de verte.

—Cielo, está mi marido en casa y no sé si saldrá.

—Necesito verte —le dijo —. El sábado me quedé con ganas de ti.

Emi, al escucharle decir eso, sintió que su cuerpo reaccionaba.

—Anda, vente —le dijo nerviosa —. Le diré a mi marido que vienes un rato a la piscina.

—En media hora estoy ahí.

Durante la comida del sábado por la celebración del campeonato conseguido por Carolina, Miguel estaba nervioso por haberse encontrado con el viejo en el pabellón y saber que Emi habia estado con él mientras había ido a por las bebidas.

Emi, que se dio cuenta de lo que le pasaba, varias veces apoyó la mano en la pierna del novio de su hija y sin que nadie se diera cuenta, lo intentaba tranquilizar.

—Tranquilo —le había dicho en voz baja —. Luego si puedo te cuento.

—¿Qué pasó con ese hijo de puta? —preguntó susurrando, impaciente por saber.

—Chsss… Luego ven hacia el baño cuando vaya yo.

Con la excusa de ir a lavar las manos, Miguel subió hacia donde estaban los baños y en el pasillo lo esperaba Emi.

Rabioso escuchó lo que había pasado en el pabellón entre ella y el viejo.

—…Me amenazó con los vídeos, cariño. Te juro que no quería estar con él. Ahora estoy bien con mi marido y gracias a ti no pienso en él.

—Me dijiste que serías mi zorra si te daba lo que ese hijo de puta te daba antes.

—Y lo soy. Soy tu perra, cielo. No te imaginas las ganas que tengo… —Miró hacia las escaleras —… Que tengo de ti —al decirlo llevó la mano al pantalón de Miguel y le acarició la bragueta.

—¡Joder! —La miró excitado —. Ahora mismo te follaría como a una puta.

—Soy tu puta y me follarás siempre que quieras —Le acarició la polla excitada por encima de la ropa —. Tranquilo, cariño.

—Hoy no podrá ser —La besó —. Tu hija y yo iremos a cenar juntos.

—Me follarás mañana o el lunes. Cuando tú quieras. Mi cuerpo te pertenece.

Volviendo a vigilar que nadie subiera, Emi metió las manos por debajo del vestido y se quitó las bragas.

—Tómalas. Guarda bien las bragas de tu perra.

Al cogerlas vio que estaban mojadas y las olió.

—Si. Están mojadas por tú culpa, cariño.

—¡Dios! Están empapadas, Emi.

—Para que veas que no sólo eres tú el que está cachondo.

—Tenemos que bajar.

Aspiró con la nariz las bragas y se las pasó por la cara antes de meterlas en el bolsillo del pantalón.

—Que cachonda me pones cuando eres tan guarro —le dijo mirándolo con cara de vicio. Vamos abajo.

Cuando bajaron, Carolina y su padre seguían charlando animadamente ajenos a todo lo que había pasado arriba.

Ahora, ya lunes, conducía hacia casa de sus futuros suegros con el deseo latente entre las piernas de llegar y poder follar con Emi.

Emi, que lo estaba esperando, lo vio llegar y le abrió el portalón para que metiera el coche dentro.

Al verla con aquella camiseta azul ajustada a sus pechos y el pequeño biquini del mismo color que se incrustaba entre las piernas, Miguel sintió bajo el pantalón despertarse el deseo otra vez. Emi lo miró con una sonrisa al darse cuenta que la miraba hacia la braguita del biquini.

—Hola, Emi —la saludó —. Estás impresionante.

—Gracias —Se ruborizó —. Apárcalo ahí detrás de el de mi marido.

Al bajar del coche, miró alrededor para vigilar que no estuviera Andrés.

—Está atrás cortando el césped.

—¿Le dijiste que venía? —La abrazó por la cintura y la besó mientras le acariciaba las nalgas —. Que culazo tienes ¡Joder!

—Vamos arriba a buscarte un bañador —le dijo visiblemente excitada —. Si. Le dije que venías a la piscina un rato aprovechando estos días de buen tiempo.

Emi caminó delante de él hacia la puerta que conectaba el garaje con la vivienda. Cuando subía las escaleras que daban a la cocina sintió que la abrazaba desde atrás y le besaba las nalgas.

—Aquí no, cariño —le dijo —. Espera a llegar arriba.

Ya en la habitación que usaban Carolina y él cuando iban a dormir allí, se abrazaron besándose con deseo.

—Si deja de cortar el césped lo escucharemos —le dijo mirando hacia la ventana abierta desde donde llegaba el sonido del cortacésped.

—Que zorra estás hecha —le dijo metiendo la mano por dentro del biquini.

—Tu zorra —Suspiró —. No lo olvides, soy tu zorra.

Andrés, ocupado en las labores del cuidado del jardín, tarareaba una canción mientras Emi, de rodillas, le mamaba la polla al novio de su hija en la habitación de arriba.

—Así, perra —le decía Miguel mientras le chupaba el sexo tieso —. Me pone muy cachondo la cara que pones cuando me haces esto.

—Es que me encanta tu polla, cabronazo —Lo miraba mientras le olía el glande —¡Dios! ¿Quieres follarme?

—Llevo desde el sábado deseando hacerlo.

Mirando hacia la ventana se puso de pie y se quitó la braga del biquini. Fue hacia la cama y se tumbó abierta de piernas.

—Fóllame, nene —le dijo abriendo el coño con ambas manos —. Mira como me tienes.

La follaba con fuerza, con rabia, y ella se deshacía de placer con aquella forma de follarla tan bestia.

—¡Dios! Que follada me estás dando, cabrón —Lo miraba y gemía abrazándolo.

—Porque eres una zorra ¿Necesitas polla? Yo te la daré y nadie más.

Emi nunca había visto a Miguel con esa cara de enfado y jamás la había follado nadie con tanta rabia haciéndola vibrar todo el cuerpo con cada embestida llena de furia.

—Te vas a enterar lo que es ser follada como una perra —le dijo apretándole las tetas —.Puto viejo, hijo de puta.

Al mencionar al viejo, le comenzó a morder las tetas y a follarla todavía más fuerte, haciendo que Emi se diera cuenta de porqué estaba así.

—¿Es eso? ¿Me estás follando con tanta rabia por qué el viejo me folló el sábado? —Gimió.

—Pues claro que es por eso. Eres una guarra.

Se deshacía entre sus brazos y sentía que le estaba destrozando el coño con aquellas penetraciones.

—Soy tu guarra, tu zorra —Lo miró a los ojos —. Pero el sábado ese viejo cabrón me hizo follar con él obligada ¿Y sabes lo peor de todo? Qué me puso cachonda volvérsela a chupar.

—Cállate, zorra.

—No, no me callo. Me puso cachonda y el muy cabrón me folló como hacía antes y…

—¡Cállate! —Intentó taparle la boca para no escucharla y la follaba cada vez con más rabia.

—Es un cabrón —le dijo agitando la cabeza para poder seguir hablando —. Mi hija en la pista de patinaje. Tú y mi marido en la grada y yo siendo follada en aquel cuarto de limpieza. Me hizo correrme, Miguel. Si, ese maldito viejo me hizo mearme de gusto.

—¡Zorra!

—Tu zorra. Y ese viejo durante unos minutos me hizo olvidarme de ti y de mi marido y le pedí yo que me follara ¡Fóllame! Ahora que lo sabes, fóllame y suelta toda tu rabia.

Le agarró las nalgas. Lo apretó contra ella y retorciéndose de placer se empezó a correr descontroladamente.

—¡Dios! Eso es…Fóllame como solo tú sabes hacérmelo. Córrete, cariño. Te estás deshaciendo de placer dentro de mi.

El ruido del cortacésped se detuvo cuando Emi se estaba poniendo la braga del biquini. Miguel ya se había puesto un bañador que había cogido de uno de los cajones del armario y la miraba ya más tranquilo después de haber descargado toda la rabia contenida durante dos días.

—¿Estás mejor? —le preguntó Emi mientras se colocaba bien la braguita.

—No vuelvas a follar con él —le pidió mirándole a los ojos —. Si lo haces no volveré a follarte.

—No volveré a follar con él —Se acercó a Miguel y lo besó —. Soy tuya, cariño.

Cuando estaban bajando las escaleras, Andrés entró en casa y lo miró con una sonrisa.

—Hola, Miguel —Se limpió las manos en el pantalón y le estrechó la mano —. Ya me dijo Emi que venías a darte un chapuzón y aprovechar el buen tiempo.

—Si. Su hija estaba estudiando y aproveché para venir.

Acababa de follarse a su mujer pero la culpabilidad desaparecía al saber que quizás si no fuera por él, estaría solo y su mujer pidiéndole la separación para irse a vivir con el viejo. El precio a pagar porque siguieran juntos no era tanto y él ni siquiera sospechaba que hacía unos minutos su mujer se retorcía de placer entre sus brazos.

—Voy a beber algo —Agarrando a su mujer por la cintura le besó los labios —. Luego seguiré, que aún me falta un buen trozo de jardín por cortar. Aprovechar la tarde vosotros que podéis.

—Yo estaré un rato y luego me iré.

—Tú mismo. Ya sabes…Esta es tu casa.

—Gracias, Andrés.

Era extraño estar echado en aquella tumbona tomando relajado una cerveza mientras Emi, sentada a su lado, le daba un masaje por la espalda y saber que Andrés se encontraba al otro lado de la casa trabajando.

—Que cuerpazo tienes, cielo —le dijo con voz sensual inclinándose para acercarse a la oreja —. Me encanta estar así y verte relajado.

—Tienes unas manos perfectas para dar masajes.

—¿Te gustan mis manos? —al decirlo, metió una de ellas por el hueco de la tela del bañador y le acarició una de las nalgas.

—Como sigas así me vas a poner cachondo otra vez.

Carolina había terminado de estudiar y al salir de la facultad llamó por teléfono a Miguel.

—Hola, cielo ¿Estás en casa?

—Hola, mi amor. No. Estoy en casa de tus padres que vine a darme un chapuzón.

—Ah, que bien ¿Qué tal están mis padres?

—Bien. Tu padre está cortando el césped atrás y tu madre aquí a mi lado —Tuvo que reprimir un gemido al sentir que Emi había bajado la mano y le estaba masajeando los testículos —¿Vas a venir por aquí?

—¿Quieres que vaya? Casi mejor aprovechaba para quedar para tomar algo con Nikola ¿Te importa?

—No, cielo. Queda con ella y ya nos vemos esta noche en casa.

—Vale. Voy a llamarla y quedaré con ella. Dales un beso de mi parte a mis padres.

—Se lo daré de tu parte. Hasta la noche, mi amor.

—Hasta la noche.

Apoyó el teléfono en el suelo al lado de la tumbona y miró a Emi que a su vez lo miraba con una sonrisa.

—Nene… —le dijo rodeando con los dedos el tronco hinchado —. Veo que te gusta mucho el masaje. Como está esto ¡Joder!

—Me encanta cuando eres tan zorra, Emi.

—¿Quieres que te la chupe aquí?

—Si —Se giró poniéndose boca arriba —. Hazme una mamada aquí mientras tu marido trabaja atrás.

—Que malo eres —Suspiró al bajar el bañador y verle la polla empalmada —. Me encanta verla así.