Xtories

La Farmacéutica

La bata se abre, el escote se muestra y la caja de regalo esconde una propuesta prohibida. ¿Qué pasa cuando el tratamiento incluye más que pastillas? Ella tiene el número, él tiene la duda, y la farmacia se convierte en el escenario de un juego de seducción.

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Ya me había atendido alguna vez en la farmacia, pero para ser sincero, no le había prestado demasiada atención. Treinta y tantos años, algo rellenita pero no gorda, una cara simpática pero no guapa...nada que llamase la atención. Había chicas más llamativas trabajando en aquella farmacia.

Aquel día algo cambió. Yo acudía cada semana a buscar medicamentos para tratar una afección crónica que padecía. Nada grave, pero me obligaba a llevar el tratamiento de por vida y tenía algún efecto secundario indeseado.

Al entrar y dirigirme al mostrador, donde estaba una de las jóvenes que me atendían habitualmente, ella se adelantó con decisión y se colocó frente a mi, “no te preocupes, ya lo atiendo yo”, dijo a su compañera, que se apartó inmediatamente.

Me saludó con una sonrisa luminosa, y no pude evitar fijarme que llevaba los primeros botones de su bata de trabajo desabrochados, dejando ver un hermoso escote. Nunca me había fijado en aquellos enormes pechos que ahora se asomaban bajo su bata.

En un principio yo no reaccioné. Me limité a tenderle mi tarjeta sanitaria y esperar que me sirviera lo que había venido a buscar. Ella se exhibía. Se inclinaba más de la cuenta mostrando sus enormes pechos, y movía las caderas con descaro cuando se dirigía a recoger cualquier producto.

Me entregó una bolsa de plástico para que yo fuera colocando los medicamentos a medida que ella los picaba en el sistema. Ya los conocía de memoria, eran siempre los mismos. Por eso, al detectar uno diferente me llamó la atención y le pregunté.

-¿Y éste? ¿es nuevo? No recuerdo habérmelo llevado nunca...

-Es un regalo...ya sé que este tratamiento tiene efectos secundarios.

Al fijarme bien en la caja comprobé que se trataba de viagra. Es cierto que uno de los efectos secundarios de mi tratamiento era la pérdida de apetito sexual. La miré entre sorprendido y curioso sin saber muy bien que responder y me marché dando las gracias sin más.

Tardé una semana en volver a la farmacia a reponer mis medicamentos. Al entrar se repitió la escena de la semana anterior. Ella prácticamente apartó a las compañeras para atenderme a mí personalmente.

Me recibió con una sonrisa espectacular, y mientras recogía la tarjeta sanitaria que yo le mostraba, me preguntó directamente:

-¿Qué tal te fue con el medicamento nuevo que te llevaste la semana pasada?

-Pues, a decir verdad, no lo he probado...-le contesté con voz titubeante.

-¿Y eso porqué? ¿qué ha pasado? - su cara había cambiado, mostrando ahora una mezcla de decepción e incomprensión.

-Verás,es que no tengo pareja, y si me lo llego a tomar...preferiría no tener que lidiar con sus efectos yo sólo.

-Oh, vaya, no lo sabía, lo siento...-se mostraba confusa y desconcertada.

Al comenzar a meter los medicamentos en la bolsa, volví a ver otra caja de viagra. La miré sorprendido, y tendiéndole de nuevo la caja le dije que se lo agradecía pero no me parecía buena idea. Ella sonriendo con picardía dijo:

-No te preocupes, esta vez te irá bien. Mira detrás...

Y en el reverso de la caja aparecía anotado su número de teléfono.

-Cuando te lo vayas a tomar, me llamas y yo te ayudo...

-Vaya...gracias! -dije sin acabar de creerme lo que acababa de pasar...

Continuará...