Xtories

Mi vecino y mi novia I

Siempre supo que le excitaba imaginar a su novia con otros, pero nunca imaginó que la solución llegaría de la mano de su vecino. Ahora, con la puerta entreabierta y la tentación al alcance de la mano, la línea entre la fantasía y la realidad se desdibuja.

Daniel21K vistas8.6· 13 votos

Desde siempre supe que me gustaba imaginar a mis novias con otras personas. Lo supe la primera vez que mi novia me puso los cuernos cuando era adolescente y mi respuesta más notoria no fuese un dolor en el pecho, sino una erección. Años transcurrieron hasta que volví a tener pareja, unos 7 años de hecho. Su nombre era Celeste y nos conocimos por internet cuando, después de la insistencia de un par de amigos y una conversación con un vecino, instalé un par de apps de encuentros donde tienes que hacer "match" con otras personas.

Aún recuerdo la primera vez que la vi, estaba pasando rápidamente por la app, dándole que "sí" a todas las mujeres jóvenes que me salían, pero por algún motivo que desconozco comencé a bajar la intensidad hasta que me apareció su perfil. Lo primero que pude notar fueron sus ojos verdes y su cabello negro y corto. Aparecía con los labios pintados de negro y cuando leí su perfil no me sorprendí para nada. Bandas metaleras y emo, ropa color negro, disgusto por las fiestas en bares. En fin, toda una chica gótica como me lo podría imaginar.

Mayor fue la sorpresa cuando ella también me hizo "match" y comenzamos a hablar. Tomó unas 3 semanas en que se animara a verme en persona y el resto es historia. Si me llamó la atención en su foto, la verdad es que en persona fue aún más. Y no por su físico, ya que es una chica que mide 1,60 más o menos, su pecho es normal aunque sí es ancha de caderas y tiene un bello trasero, de esos redondos y perfectos con los que uno fantaseaba desde pequeño. Pero más que nada fue su vestimenta lo que me sorprendió, me dí cuenta de que tenía un fetiche con esa forma de vestir, medias negras normales o de red, poleras semitransparentes, faldas de cuero y labios pintados de negro. No me costó mucho decidir que quería estar con ella y el sentimiento fue mutuo afortunadamente, o así lo pensaba en ese momento.

Pasaron los meses y la verdad es que no tengo nada malo que decir. El sexo era espectacular, eran realmente mis primeras experiencias y estaba encantado con ella. Su personalidad era dulce pese a su apariencia. Luego supe que yo también era de sus primeras experiencias y que sólamente había tenido 1 novio antes de mí. Ella aceptaba vestir de cierta forma para mí luego de comentarle de mis gustos... Pero no todo puede ser perfecto, el único problema que tuve era que soy una persona sensible a los olores a los que no estoy acostumbrado. Por lo que la primera vez que fuí a comerle el coño y el culo, créanme que lo intenté pero el olor no me lo permitía, era algo a lo que no estaba acostumbrado y no me malentiendan, no era por falta de higiene sino el simple olor natural de esas partes del cuerpo, por lo que para practicarle sexo oral tenía que usar algo en mi nariz para no oler y así practicarlo de buena manera. Ridículo si me preguntan.

Esto causaba una inseguridad en mí, imaginaba que ella se sentiría mal por mi actitud, que se lo tomaría a personal y no quería que algo sexual afectara nuestra relación... pero no era capaz de decírselo, ella simplemente sonreía cuando lo hacía y se dedicaba a disfrutar y luego no hablábamos del tema.

Recordé que si hubo alguien que me ayudó a motivarme a encontrar una novia, y tras esto una mejora en mi vida, fue un vecino que me conocía desde que yo era un niño.

Comencé a recordar nuestra conversación:

―Tú eres un chico joven, si tuvieras otra personalidad te lloverían las chicas― me decía.

―Qué va, don Aquiles. Hoy en día no es tan fácil encontrar a una chica que me quiera― le respondí.

Cuando le dije eso noté cómo su mirada me miraba con burla, seguramente porque me refería a encontrar el amor y no el divertirme de manera pasajera. Lo cierto es que siempre quise tener una relación romántica como esas de película, no creía que las cosas pasajeras fueran para mí.

Y así estaba, pensando en la corta conversación que ese día tuvimos, cuando pensé en lo que sería el inicio de muchos cambios que afectarían mi vida personal sobretodo con mi novia. Tomé la decisión de primero contarle que ya la relación era más que estable, y luego comentarle este tema que me aquejaba sobre los olores, tal vez tendría algún consejo que me pudiera ayudar por lo que un día que mi novia se fue temprano de vuelta a su casa, decidí bajar a hablarle.

Golpeé la puerta y tras un minuto abrió la puerta. Lo primero que pude notar, pese a que no era mi intención, es que estaba en boxers y con una polera sin mangas y sudada. Mi vecino tenía unos 62 años, no tenía pelo salvo un poco en la nuca, y pese a que no era obeso, sí estaba pasado de peso. Había cambiado bastante ya que en mi infancia alguna vez incluso jugó conmigo y otros chicos de mi barrio al fútbol pero hoy en día ya estaba muy lejos de eso.

―Hola vecino! Buen día!― le comenté mientras le ofrecía mi mano para saludarlo.

―Hola chiquillo! Qué sorpresa, hace un tiempo que no te pasas por aquí― Me respondió.

Le comenté que estaba siempre con mi novia pero ese día ella se había ido temprano y tenía que hablar con él sobre algo.

―Ah sí, tu novia, me pareció verla hoy temprano cuando se iba. ¿Todo bien con ella?―

―Sí, bueno, todo bien pero hay algo que necesito hablar con usted. ¿Puedo pasar?―

Tras esto entramos a su casa y nos sentamos en un sillón para 3 personas. Estaba viendo la tv pero le bajó el volumen para que pudiéramos hablar. La verdad es que con él me sentía un poco raro. Tenía claro que era mucho más masculino que yo, me llegaba a sentir incluso sumiso, solía asentir ante todo lo que me decía y con el tiempo no había cambiado. Tampoco pude evitar que al sentarse se le notaba un bulto bastante grande, me di cuenta de que era mucho más dotado que yo y eso que estaba en reposo. Me preparaba para comenzar a hablar pero antes de poder hacerlo, él lo hizo primero.

―¿Tienes algún problema con tu novia, no es así?―

―Bueno... yo... la verdad es que sí― respondí.

―Bueno, para eso estamos, para ayudarnos. Habla y luego te intentaré ayudar como se pueda―

Tras esto le platiqué sobre distintas cosas, por supuesto que me alargué más de lo que quería intentando evadir el punto principal de mi visita, hasta que tras encontrar la "valentía" le conté sobre mis problemas al practicarle sexo oral. Estuve hablando por unos 10 minutos hasta que me interrumpieron sus carcajadas.

―JAJAJA vecino, vecino... de todas las cosas que esperaba, la verdad es que me has sorprendido. Perdona por reírme pero es que con semejante mujer con la que estás...―

Sólo me quedé en silencio escuchando lo que decía.

―A ver― me dijo. ―Entiendo que sea algo nuevo para tí pero llevan unos... bueno, varios meses de relación, ya es tiempo de sobra para acostumbrarse... Entonces déjame entender, cuando le practicas sexo oral te tapas la nariz y aparte de la primera vez, nunca le has comido el culo...―

Yo seguía en silencio escuchando atentamente pero avergonzado.

―Mira... ante eso no es mucho lo que se puede hacer. Seré directo, o por tí mismo logras resolver el tema, o existirá alguna ocasión donde a tu novia otro le practique sexo oral y luego de eso no habrá marcha atrás. Lo siento pero es la verdad, tu novia está muy buena y dudo mucho que no tenga gente esperando a que se vuelva soltera. ¿Tú no quieres eso, cierto?―

La verdad es que me esperaba su respuesta... y tenía razón. Varias veces notaba a otros hombres mirando a mi novia y entre que me generaba celos y por otro lado me gustaba la idea de que otros la desearan. Recuerdo una vez en la que fuimos al cine y le pedí algo que había leído en una red social. El que fuera con una falda o vestido y no pantalón, para poder tocarla mientras veíamos la película. Ese día estaba bellísima con un vestido pegado y unas calcetas negras hasta la rodilla. Recuerdo que antes de entrar a la función tuve que ir al baño y cuando volví habían 2 chicos hablando con ella, y en vez de enojarme pues me quedé mirando desde la distancia... como un tonto. No fue hasta que leí los labios de mi novia donde les decía que "no" y luego se marchaban los chicos que recién decidí a ir hacia ella.

No sé por qué recordé esa situación pero cuando volví a concentrarme en el presente, miré a mi vecino y noté que miraba en dirección a mis piernas. Me pareció raro pero seguí su mirada y noté que tenía una clara erección y sólo pensé en cruzar mis piernas y taparla mientras no sabía dónde mirar.

―Dime la verdad... te pone imaginar a tu novia con otras personas?―

―Sí― respondí.

Tras esto mi vecino se llevó sus manos a su entrepierna y, tras unos segundos quitando un botón y luego un poco de forcejeo, dejó salir su polla a través del espacio del boxer. Sentí como mi erección se ponía aún más dura y noté que era cierto lo que había imaginado. La tenía mucho más grande y gorda, de hecho tenía una vena enorme desde la base yendo hacia arriba.

―Entonces me vas a perdonar, pero creo que tu novia merece más, mucho más. Y tú, ni siquiera tienes que ayudar, simplemente no hagas nada y en algún momento notarás la diferencia.―

Tras entender a qué se refería, sólo pude asentir al igual que lo llevaba haciendo desde hace años.