El Hombre Moderno: 4.- La Novia Parte 3
Alberto no solo quería humillarlo; quería verlo mirar. Y cuando el video comenzó a reproducirse, Miguel descubrió que su miedo se transformaba en algo mucho más oscuro y difícil de controlar.
Renata y yo seguimos juntos después de ese fin de semana en la convención. Era nuestro último semestre de preparatoria, y ya habíamos hechos planes para un posible futuro separados. Como dije anteriormente, en donde vivimos, no hay mucha opción para diferentes planteles educativos en cuanto a educación básica y media-superior se refiere, pero hay un par de universidades e institutos que ofrecen una saludable diversidad de carreras. Desde el punto de vista profesional, eso es excelente, porque si hasta el momento alguien no se ha decidido qué estudiar, estos institutos y universidades usualmente envían panfletos y organizan presentaciones con los estudiantes de último semestre y los ayudan a trazar su futuro.
Mi chica ya había demostrado interés por la nutrición, e incluso ya se le había ocurrido la dieta que, hasta hoy, sigo rigurosamente. La había encontrado en algún sitio de Internet o alguien se la había recomendado, no recuerdo bien, pero Renata había verificado que era una de las mejores dietas para preservar la salud que hay. El problema con su elección, es que la carrera de Nutrición se ofertaba en dos planteles, con ligeras diferencias, por supuesto. Uno de esos planteles la ofertaba como tal, Licenciatura en Nutrición. Y el otro, la ofertaba como algo más específico, Licenciatura en Nutrición Deportiva. Mientras que en mi caso, la carrera de Ingeniería en Telemática, que sería la base sobre la cual alcancé mis maestrías, solo era ofertada en una de esas instituciones.
No les voy a negar que me sentí nervioso, e incluso hasta ansioso. Esa sería la primera vez que Renata y yo estaríamos separados de esa manera. Creo que ella notó mi preocupación, siempre que hablábamos de nuestro futuro, ella me juraba que siempre haría tiempo para mí. La verdad es que yo sabía que había otra alternativa, que era dolorosa pero, quizás, la más saludable a largo plazo. Podríamos simplemente romper, de esa manera, ella no perjudicaría su educación pensando en mí, y yo haría lo propio. Ya que termináramos con la universidad, podríamos encontrarnos de nuevo y decidir si queríamos retomar nuestra relación o no.
Yo pude haber tomado la decisión, claro, pero eso de decidir por una mujer, sobre todo cuando esta mujer es una de las más fuertes y admirables que he conocido en mi vida, era algo inaceptable para mí. Además, con las relaciones que mi chica había tenido antes de conocerme, seguramente todos habían decidido por ella, y era hora de que ella tomara completo control y agencia sobre sus decisiones. En pocas palabras, haríamos lo que ella quisiera hacer, y yo la apoyaría sin importar nada.
Hicimos un compromiso que a mí nunca se me hubiera ocurrido. Renata aplicó para ambos planteles que ofrecían la carrera que ella buscaba, si la aceptaban en el mismo plantel donde yo quería estudiar, entonces seguiríamos adelante con la relación. Si la aceptaban en el otro plantel, entonces pondríamos una pausa en lo que terminamos con nuestra educación superior. Era algo doloroso que ni ella ni yo queríamos hacer, pero ella reconoció que yo tenía razón: Teníamos que concentrarnos lo más posible, porque todo mundo sabe la importancia de una carrera universitaria, es lo único que te separa de los fracasados y de las personas que están condenadas a labores mundanas y empleos sin salida.
La temporada de exámenes de admisión llegó, y como íbamos a carreras diferentes, Renata y yo teníamos fechas diferentes para nuestros exámenes. Me preparé como nunca, no habría respuesta que yo no tuviera, no había problema matemático que no pudiera resolver, y no existía ejercicio que no pudiera deducir. Pero a pesar de eso, mi imaginación voló. ¿Y si no quedáramos en el mismo plantel? Renata es hermosa, inteligente, y muy atenta. ¿Cuánto tiempo pasaría antes que algún barbaján intentara algo con ella? Pero también me puse a dudar de las cosas buenas, ¿Y si quedáramos en el mismo plantel? ¿Cómo seguiría nuestra relación? ¿Sería una repetición de la dinámica de la convención? Después de ese evento, no volvimos a hacer algo tan intenso, pero ese par de noches nunca dejaron mi mente.
Cuando los resultados fueron publicados, estuve más que satisfecho conmigo mismo. Mi nombre era el primero en la lista de aceptados para mi carrera. Nunca dudé, mi preparación fue simplemente mejor que la de todos. La sorpresa, sin embargo, vino de parte de Renata: Ella había sido aceptada en ambos planteles.
Mi primera reacción fue orgullo, por supuesto que mi chica iba a ser aceptada en ambos planteles. Renata es brillante, y cuando se programa un objetivo en mente, no hay quien la pare. Mi segunda reacción fue inseguridad. Lo admito, no podía dejar de pensar egoístamente como una potencial decisión que beneficiaría a mi chica, podría afectarme a mí, aunque creo que no es para menos, considerando nuestra situación. Pero después me puse a pensar, esto era lo que yo quería, el ver que Renata tomaba completo control de su vida, de su carrera y que decidiera lo mejor para ella.
Ella no lo dudó, era como si lo tenía planeado, aunque quiero pensar que lo decidió por consideración a mí. Ella optó por la Licenciatura en Nutrición Deportiva que se daba en el mismo plantel en el que yo estudiaría, de esa forma, nuestra relación siguió.
El fin de semana antes de comenzar con la siguiente etapa de nuestra vida, Renata y yo hicimos el amor por primera vez. Bueno, debo aclarar, fue la primera vez para mí, Renata ya tenía experiencia en ese ámbito. Fue un gesto de amor que salió de ella, y aprovechando el fin de semana que su familia no estaría en casa, y con la excusa que tendría que estudiar para el primer lunes en la universidad, Renata se aseguró que tendríamos la casa para nosotros solos. No habría interrupciones, no habría sorpresas, simplemente ella y yo.
Compré otra caja de preservativos, ya que pasaríamos todo el fin de semana juntos, incluso, un par de regalos para ella. Leí en algún lado que la depilación en los hombres no solamente era atractiva, visualmente hablando, sino que también era higiénica y, de igual manera, más cómoda y disfrutable para las chicas, así que la noche antes de nuestro fin de semana, me depilé, emocionado por el tiempo que yo pasaría con mi chica. Yo le demostraría la diferencia entre coger y hacer el amor, entre la lujuria y la devoción real. No tengo mi miembro tan grande como el de Jan o Barret, pero tenía por seguro que la calidad era mejor que la cantidad, incluso en este contexto.
Finalmente, el día ansiado llegó. También le inventé a mi familia que iba a estar en preparaciones para mi futuro universitario, lo aceptaron sin rechistar, sin preguntar siquiera. A veces pienso que lo que yo haga o deje de hacer es inconsecuente para ellos. Es una lástima. Para ellos, claro, no para mí. Yo tengo muy claro mi camino a seguir.
Renata había cocinado para mí, todo vegano, por supuesto. Fideos de arroz con salteado de tofu y pimiento, y hasta tacos veganos de garbanzo y soya. Pero mi favorito fue definitivamente el batido de fresas y yogur de soya. Todo era perfecto, y aunque todavía me estaba acostumbrando al sabor, hice mi mejor esfuerzo por asimilar mi nueva realidad gastronómica.
Charlamos como todas las parejas deben charlar: En harmonía y con amor en nuestros corazones. Hablamos de nuestro futuro tanto como universitarios así como pareja, decidimos que haríamos lo posible por tenerlo todo: Nuestros títulos, tiempo para nosotros, y, ¿Por qué no? La posibilidad de una vida juntos. Renata ya tenía una imagen de su futuro en mente, y yo decidí en ese momento que haría todo lo posible por hacerla realidad.
Vimos un poco de televisión, y cuando llegó la noche, fuimos a su recámara. Mi corazón latía con fuerza, el que tu chica te tome de la mano y te guíe a su habitación, es una emoción indescriptible que solo unos cuantos podemos experimentar en nuestras vidas. No sabía si iba a hacer un buen trabajo satisfaciendo a mi chica, tampoco sabía si la haría gritar y gemir como lo habían hecho Jan y Barret, pero a diferencia de ellos, yo le daría a Renata todo el amor que hay en mí.
Nos desvestimos lentamente, los ojos expectantes de Renata me decían todo: Quería arrancarme la ropa, pero se controlaba como podía. El hecho que la vería desnuda una vez más, hizo que mi erección fuera evidente. Cuando finalmente estuvimos desnudos, ella me miró de arriba hacia abajo y sonrió, me puso el condón, y viéndome a los ojos, ella finalmente me besó lenta y apasionadamente. Yo me dejé llevar y me guie por sus movimientos. Lo que ella hacía, lo repetía yo. No valía la pena hacer o decir algo que la incomodara después de todo.
Me arrojó a su cama y con una sonrisa pícara, guio mi verga hasta su vagina y de un solo sentón, se la introdujo. No puedo describir con palabras la sensación que experimenté en ese momento. Toqué el cielo, comprendí todos los misterios del universo, me sentí el rey del mundo. Cuando ella comenzó a moverse, también hice lo propio. No dejaba de mirarla a los ojos, era importante para mí que ella entendiera que yo era suyo en cuerpo, mente, y alma.
Renata colocó sus manos sobre mi pecho y, cerrando sus ojos, comenzó a incrementar el ritmo de sus movimientos. Yo gemí, sentía como si me estuviera derritiendo. El ver las tetas de mi chica rebotar con cada sentón era increíble. En su momento, ella tomó mis manos y las puso sobre sus redondas nalgas. “Apriétamelo…” Dijo entre gemidos, yo solo titubeé y terminé por hacer lo que me pidió. No la quería lastimar, y por eso me moderé. “Más fuerte” Ella habló de nuevo, tragando saliva, hice lo que me pidió, todavía con la consideración en mi mente. “¡Sin miedo! ¡Aprieta mis nalgas como si las quisieras!”.
La reacción de Renata, mi emoción, y la estrechez de su vagina me llevaron al límite, y con un gruñido, llegué a mi orgasmo. Mi chica me vio, incrédula. No dijo nada, ni expresó satisfacción. Un vacío se formó en mi pecho. Ella se bajó de mí y se recostó a mi lado. Hubo un silencio estremecedor en la recámara. Para cuando me recuperé y me quité el condón, fue inevitable compararlo con los que habían dejado Jan y Barret. Fue otro golpe para mi ego, junto a lo que ellos habían dejado, no había necesidad de atar el mío.
Renata tenía la esperanza que, como Barret, al menos yo podría recuperarme rápido y podría estar listo para otra ronda de sexo, pero eso simplemente no sucedió. Me avergoncé sobremanera, y lo peor es que no sabía como expresarlo a mi chica, a no ser que pidiera perdón repetidamente. “Bueno, quizás el sexo no es lo tuyo” Ella finalmente sentenció, pero a pesar de eso, me besó de nuevo. “Pero no hay problema, estoy segura de que podemos hacer algo al respecto”. Sonreí tímidamente, no sabía lo que eso significaba en ese momento, pero conociendo a Renata, sabía que era lo mejor para nuestra relación.
El tiempo pasó, y una vez que me acostumbré al ritmo de trabajo en la universidad, decidí conseguir un empleo de medio tiempo también. No porque tenía necesidad del dinero, pero por el simple hecho de que al momento de graduarnos de la universidad y buscar empleo bien remunerado, una de las principales cosas que se nos va a pedir va a ser la experiencia laboral. Claro, eso redujo mi tiempo libre significativamente, y me limitó a ver a Renata en la universidad nada más, pero a veces ella me visitaba en mi trabajo, o incluso iba por mí cuando terminaba mi día. Ella también se benefició enormemente de su carrera, comenzó a asistir a convenciones afines a su carrera, y también comenzó a forjar buenas relaciones con sus profesores. Después de un año, Renata había cambiado un poco. Ponía más atención en su apariencia que antes, se maquillaba más, y disfrutaba vestirse bien. Tenía sentido, ¿Saben? La carta de presentación de una nutrióloga es ella misma, es lo mismo con deportistas de alto rendimiento, y con entrenadores personales. Nadie va a querer contratar a un entrenador que esté fuera de forma, y lo mismo se aplicaba para Renata, si una nutrióloga se veía así de bien, entonces estaba claro que ella sabía de lo que hablaba.
Por un lado, dejó el cosplay atrás. Sus intereses habían cambiado un poco, y eso fue un alivio para mí. No más preocupaciones sobre los Jans y Barrets del mundo del cosplay. Por otro lado, se dedicó a complementar sus estudios con sesiones de gimnasio y ejercicio. Eso hizo que su cuerpo, que ya era perfecto ante mis ojos, se pusiera todavía mejor. Ella ponía énfasis en sus piernas, muslos, glúteos, y abdomen. Su figura se puso mejor que nunca, y eso todo mundo lo notó. Podría haberme preocupado y mostrado inseguro como cualquier hombre inferior, pero en ese momento, más que nunca, yo sentí orgullo por mi chica, y le di toda la confianza y todo el amor que tenía, sin importar cuantos admiradores se hiciera.
Sin embargo, los problemas para mí comenzaron casi en ese mismo momento. Como ya lo he explicado anteriormente, yo tengo mi forma de pensar establecida, y es muy difícil el considerar cambiarla, porque sé que en el fondo yo estoy en lo correcto. Al igual que en preparatoria, en la universidad no me hice de muchos amigos, bueno, si soy completamente honesto, no me hice de amigos en lo absoluto. Tenía colegas y compañeros de clase, sobre todo cuando llegaba la hora de hacer trabajos en equipo o presentaciones grupales. Esas dinámicas eran un mal necesario que, de acuerdo a los profesores, estaban diseñando para promover la cooperación grupal y el trabajo en equipo. Pero como acabo de decir, mal necesario.
Nunca faltaba el vivo que quisiera copiar mis asignaturas, o que quisiera pedirme las respuestas para un examen. Y nunca lo permití. El nivel universitario es el nivel en el cual tú vas a brillar por todo ese potencial que tienes, o te apagas porque simplemente tú ya no das para más, y tu mente inferior está fundida. Llámenlo elitismo si quieren, pero vean a su alrededor, todas las personas exitosas que conocen se han empapado de elitismo para hacer sus sueños realidad, y yo estaba decidido a hacer lo mismo.
Eso me llevó a un problema, un tipo llamado Alberto Cortés. Para hacer las cosas breves, el tipo era un abusón, siempre acostumbrado a hacer las cosas como él quería y obtener lo que quería sin tener que trabajar por ello. En pocas palabras, un bully. El día en el que yo me negué a ayudarlo, fue cuando decidió hacerme el objeto de su ira y frustración.
Sé lo que están pensando, “¿Un bully en la universidad? ¿Es en serio?” Estoy consciente que los casos de bullying más allá de la preparatoria son raros, y casi inexistentes, sobre todo porque se supone que en la universidad, hemos crecido y madurado, sin mencionar que nuestros intereses ya se han diversificado un poco. Pero ese no era el caso para Alberto Cortés, él consideró que mi peor pecado fue haberlo ignorado cuando muy arrogantemente me pidió respuestas para un examen, y que debía pagar por ello. Al principio, hice lo que yo hacía en preparatoria y simplemente lo ignoré. Verán, un bully simplemente busca la validación que no tienen en casa, por qué a menudo vienen de familias rotas, o donde una figura paterna simplemente no existe. Si a un bully no le permites tener esa validación, eventualmente se aburre y busca a una nueva víctima.
El problema fue que Alberto averiguó donde trabajaba yo. La presión fue al doble. En preparatoria por lo menos tenía el resto de mi día para relajarme, pero con Alberto al acecho, eso era imposible. Un día que mi chica me vio tan presionado, me preguntó si todo estaba bien. A Renata le tengo toda la confianza del mundo, lo he dicho muchas veces, y lo diré siempre. Así que le platiqué mi problema, le dije acerca de Alberto y lo que estaba haciendo. Ella me preguntó si tenía algún plan para lidiar con él. Era una muy buena pregunta, sobre todo porque yo no tenía un plan, fuera de aguantarlo durante el resto de la universidad.
Mi situación era delicada, si hablaba con un profesor al respecto, ¿Dónde me dejaría eso a mí? Sería el hazmerreír de la universidad, y eso sin duda envalentonaría a otros a seguir el ejemplo de Alberto. Con la policía no podía contar por qué este tipo técnicamente no me estaba haciendo nada, era un problema que solo yo podía resolver.
“¿Cómo es este Alberto?” Renata preguntó al fin, quizás tenía algún plan en mente, algún recurso que yo estaba olvidando, algo. Eso era el beneficio de tener una relación saludable, en pocas palabras, “dos cabezas piensan mejor que una”. Le mostré una foto donde estábamos todos en nuestro primer día de clases. Alberto es alto y fornido, lo cual siempre le dio una ventaja a la hora de hostigar a la gente, también tenía ojos azules y cabello rubio, lo que lo hacía atractivo a muchas chicas. Renata finalmente asintió. “No te preocupes, yo voy a hablar con él, ya verás como te deja en paz”.
Mi corazón dio un vuelco, esto no era lo que yo tenía planeado ni mucho menos, ¿Mi novia resolviendo mis problemas? Creo que esto sería casi tan malo, o peor, como si yo fuera con un profesor a acusar a Alberto de bullying. Mi chica me sonrió y tomó mis manos. “Confía en mí, no te vas a meter en problemas, ni te va a afectar la carrera. Concéntrate en tus estudios y en tu trabajo, y déjame a Alberto a mí”.
Renata tenía mis horarios, por lo que sabía a qué hora entraba y salía del plantel, y lo más importante, donde estaríamos a cada hora. Confieso que sentí nerviosismo y hasta miedo. No dudaba de mi chica, pero no confiaba en Alberto. El tipo era grande y bruto como ninguno, y lo último que yo quería es que mi chica estuviera arriesgándose de esa manera por mí. Pero ella ya había decidido lo que quería hacer, y yo, como siempre, respeté su decisión.
Al día siguiente, al entrar a clases, vi como mi chica y Alberto comenzaron a platicar afuera del salón de clase. La sonrisa burlona de Alberto se borró cuando vio la seriedad en el rostro de Renata, mi chica parecía realmente saber lo que estaba haciendo. Alberto miró hacia el salón, viéndome, y después de unos momentos, miró a Renata. El tipo ese finalmente asintió con la cabeza, y noté como él sacaba su teléfono y tomaba nota de algo. Unos minutos después, el tipo entró al salón, mi chica me guiñó el ojo y me sopló un beso. ¿Eso era todo? Unos instantes con mi chica había dejado a Alberto callado. Por primera vez en meses tuve un día normal en la universidad. No había burlas, ni gritos, ni humillaciones o empujones. Era como si Alberto no hubiera venido a clases.
Cuando terminamos el día, Alberto fue el primero en salir. No me volteó a ver en todo el día, y yo no podía evitar sonreír. Mi rutina incluía ir a comer a mi casa y prepararme para mi trabajo, al terminar con mis clases, en el camino a casa, le mandé un mensaje a Renata. “Hola mi amor, no sé qué fue lo que le dijiste al neanderthal ese, pero la verdad es que funcionó. ¡No me ha molestado en todo el día!” La respuesta no tardó en llegar. “Te dije que confiaras en mí, ya no tienes que preocuparte por ese tipo, ¿De acuerdo?” Yo sentía como si me hubiera deshecho de una gran carga, me sentía tan agradecido con mi chica, que decidí que eso ameritaba una celebración, así que le mandé otro mensaje. “Pues muchas gracias de nuevo, se me antoja celebrarte, ¿Quieres ir a cenar a algún lado esta noche? ¿Qué se te antoja?”.
Esta vez, el mensaje no llegó de inmediato, me supuse que Renata estaba ocupada con algo, era natural. Yo terminé mi comida, me cepillé los dientes, descansé una hora, y me fui a trabajar. No escuché de Renata el resto del día, no era algo fuera de lo común, sobre todo si había mucho trabajo, o si ella estaba involucrada con algún proyecto. Aunque el consuelo para mí, fue que tenía muchos pendientes en mi trabajo, y eso me mantuvo ocupado.
Las semanas pasaron, y Alberto no solo me dejó en paz, sino que incluso se comenzó a portar bien conmigo, amistoso incluso. Era un truco obvio por el cual yo no iba a caer, pero a pesar de eso, Alberto siguió intentando acercarse a mí en términos amistosos. Al principio fui cauto, no quería que el esfuerzo de mi chica se desperdiciara al enojarme con este tipo y exigirle que se largara al infierno, pero su insistencia fue tal, que decidí hacerlo a un lado y finalmente confrontarlo como probablemente debí haber hecho hace tiempo. “Mira Alberto, no sé qué traigas en la cabeza, pero me hiciste la vida muy difícil durante meses, y ahora no me dejas en paz. No me interesa una amistad, ni ningún tipo de relación contigo. Si estamos hablando ahora, es solamente porque estamos en la misma carrera, ¿Fuera de eso? Yo nunca desperdiciaría mi tiempo con alguien como tú”.
El efecto en ese tipo fue inmediato, su rostro mostraba confusión, pero poco después, mostró una sonrisa arrogante. “¿De verdad eso es lo que piensas, Migue?” No desperdicié ni un segundo en responder. “Eso es exactamente lo que pienso, Alberto, así que métete esto en la cabeza: Solo hablamos porque estamos en la misma carrera, en el mismo grupo, y en las mismas clases. Hazme y hazte un favor y deja de fastidiarme” Me dispuse a irme cuando me puso la mano en el hombro, por un momento pensé que había arruinado el esfuerzo de Renata. Todavía con la sonrisa burlona me vio a los ojos. “¿No quieres saber como tu noviecita consiguió que te dejara en paz?” Sonreí de forma burlona, sacudiendo mi cabeza. “¿Te refieres como te intimidó el día que te confrontó afuera del salón?” Eso hubiera parado a cualquier cabeza hueca que quisiera empezar algo conmigo, pero al ver a Alberto mantener su propia sonrisa, comencé a preocuparme.
“Ay, Miguelito, tan chingón que eres para la universidad, y tan pinche pendejo que estás” Algo andaba mal, sentí una punzada en mi estómago, ahora con una risa provocadora, Alberto bajó la voz, como si no quisiera que alguien más escuchara. “Tu noviecita deja que me la coja con tal de que te deje en paz”.
Mi primera reacción fue reír, esas palabras eran tan disparatadas que eran imposibles de creer. “Eso es imposible” Dije con toda la certeza del mundo. “A ver, Miguel, ¿Tú crees que porque una chica como Renata le haga ojitos a alguien como yo te van a dejar de joder? Además, ¿Qué clase de hombre eres para que pongas a tu novia a pelear tus propias batallas?” Sus palabras eran burlonas e hirientes, estaba minando los esfuerzos de Renata y tratando de convertir esto en algo sucio y depravado. “Estás completamente loco si piensas que voy a creer semejante estupidez”. En ese momento, Alberto sacó su teléfono, y todavía tenía esa sonrisa burlona en su rostro. “¿Puedes creer en lo que puedes ver?”.
Se me heló la sangre cuando Alberto reprodujo el primer video. Claramente, estaba cogiéndose a alguien. Reconocía su voz, no quería reconocer la voz de Renata, aunque estaba claro que era ella. Ella estaba en cuatro, mientras que Alberto se la estaba cogiendo por detrás. “La semana se venció ayer, Renatita, pero aun así, no le hice nada a Miguel” Las embestidas de Alberto se aceleraron, el reconocible sonido de sus carnes pegando contra las de Renata estaba ahí también.
“¡Gracias por hacerlo, corazón! ¡Prometo pagarte con intereses!” Renata se escuchaba completamente perdida con cada embestida. Por la perspectiva de la grabación, se podía ver la espalda de Renata, y sus redondas nalgas, mucho más curvilíneas debido a su tiempo en el gimnasio. Alberto la nalgueó una vez, provocando que ella gimiera. “¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas pagarme los intereses?” Renata seguía disfrutando las embestidas de Alberto, gimiendo cada vez más fuerte. “Contéstame, o te dejo de coger, y mañana mismo le hago la vida imposible a Miguel” El sentido de urgencia era real, yo estaba absorto en las imágenes que estaba viendo, perdido en la voz de Renata mientras que gemía y decía cosas que yo encontraba difíciles de creer. “¡T-te dejo cogerme sin condón!” Me alarmé de nuevo, sé que mi chica estaba haciendo lo impensable por mí, pero eso era demasiado. “¡S-solo córrete afuera! ¿De acuerdo?”.
Comencé a inquietarme, en el peor momento posible, se me vino una tremenda erección, y de la misma manera, no podía quitar mis ojos de ese video. Era como si alguien, o algo, me estuviera hipnotizando. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que era mi propia chica quien lo hacía. “Hmm… Suena tentador, pero solo si me vacío en tu carita de niña buena” Yo volteé a ver a Alberto, estaba enfurecido, estaba a punto de golpearlo en la cara sin importarme las consecuencias, pero era como si él estuviera adivinando mis intenciones.
“De haber sabido que tu chica te adoraba tanto como para dejar que cualquier cabrón le pasara encima, te hubiera buleado desde que te conocí, cabrón” Mi furia solo era igualada por mi lujuria, los sonidos de mi chica me atrajeron al video de nuevo. Sus gemidos eran cada vez más fuertes. “¡S-sí! ¡Vacíate en mi cara de niña buena! ¡Tírame tu semen caliente en mi rostro!” En ese instante me di cuenta de que era imposible disimular esa dolorosa erección. Alberto lo había notado, seguramente su plan era avergonzarme y exhibirme ante todos.
Con su sonrisa burlona, él siguió mostrándome el video. Él finalmente retiró su verga de la vagina de mi chica, y en cuanto ella se giró, palideció al verlo grabando. “¿Neta que estás grabando esto?” Su voz era una mezcla entre nerviosismo, miedo, y excitación, mientras ella veía fijamente a la cámara, extendía sus manos para quitarle el condón a Alberto. “No te preocupes, mamacita, lo grabo solo para mí, para tener un recuerdo de la mejor vieja que me haya cogido jamás” Ella sonrió y se lamió los labios, no objetó, no protestó, simplemente comenzó a jalarle la verga a Alberto mientras él seguía grabando. “Ah… Así mamita, qué suavecitas tienes las manos… Más fuerte…”.
Era una escena depravada, mi chica estaba de rodillas ante este perfecto cavernícola, y no solo eso, sino que le estaba jalando la verga. “¡Abre la boquita!” Mi chica obedeció, era lo más caliente, lo más sexy, y lo más bajo que había visto. Renata abrió su boca, sacando su lengua e incluso haciendo sonidos sugerentes que evidentemente tuvieron su efecto en Alberto, su esperma cayó sobre el rostro de mi chica, tres veces, y él gemía de satisfacción mientras ella le lamía la verga, limpiándola en el proceso. “Buena chica, Renata… Muy buena chica”.
“Pinche Migue, de haber sabido que eras de esos, no nada más te buleaba, me cogía a tu vieja frente a ti” La frustración, el enojo, y la excitación hicieron estragos en mí. Debía haberle gritado, al menos, exigido saber que rayos quería de mí. Debo confesar que, hasta la fecha, no sé por qué no hice ninguna de esas cosas. Estaba derrotado, completamente humillado. Y no solo eso, Alberto tenía todas las ventajas de hacer de mi vida universitaria un completo infierno. “Mira, Migue… Creo que tú y yo comenzamos con el pie izquierdo, quizás podamos llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos. Lo único que necesitas hacer es escuchar lo que tengo que decir, y olvidarte por cinco pinches minutos de esa manía que tienes de pensar que eres mejor que todos los demás, ¿Cómo ves?”.
¿Qué más podía decir? Estaba siendo chantajeado, cualquier cosa que hiciera, a excepción de cumplir con sus demandas, haría las cosas más difíciles para mí, y ahora, para Renata también. Suspirando, finalmente asentí. “De acuerdo… ¿Qué propones?” La sonrisa de Alberto cambió, seguía siendo arrogante, por supuesto, pero era un poco más… No sé como decirlo, ¿Cálida? Quizás era una exageración, pero al menos me hizo pensar que había una luz al final del túnel.
“Es obvio que tú tienes intereses, digamos, peculiares. No te estoy juzgando, ¿De acuerdo? A mí me gusta coger, a ti te gusta ver. Así de fácil. Hay más videos, hay más encuentros, y no tengo problema en compartirlos contigo, además de dejarte de molestar. Y no nada más eso, me aseguraré que nadie te ponga las manos encima mientras tú y yo sigamos siendo compañeros de carrera” Mi respiración era cortada, odiaba el hecho que toda la situación me excitaba. “¿También dejarás de cogerte a Renata?” Alberto se rio y sacudió la cabeza. “Claro que no, Miguelito, por dos razones. Una, si paro, ya no hay videos, y creo que tú no quieres eso. Y dos, si dejo de cogérmela, ella se dará cuenta de que algo raro está pasando, y eso te meterá en problemas con ella, ¿Cierto?”.
Para ser un neanderthal, Alberto tenía suficiente capacidad cerebral para tomar ventaja de la situación. Tenía razón. Mi chica estaba tan orgullosa de haber solucionado un problema, no podía rebajarme a quitarle eso. Por otro lado, ese día confirmé el placer que experimento al ver a Renata ejercer su sexualidad con completa libertad y plenitud. Mucho me hubiera gustado que fuera conmigo, o con cualquier otro tipo que no fuera Alberto, pero era una situación inusual, con alternativas inusuales.
“Y… ¿Qué quieres tú a cambio?” Alberto sonrió. “Mira, Migue, si hubiéramos comenzado a hablar de esta manera, nos hubiéramos evitado muchos problemas, es una lástima que hayamos tenido que llegar a estos extremos. Pero el hubiera no existe, ¿Verdad? Obviamente, no soy tan bueno como tú, ni tan brillante tampoco, por lo que de vez en cuando voy a necesitar tu ayuda. No quiero que me hagas mis deberes, ni que respondas mis exámenes, ni ninguna pendejada de esas. Quiero que me ayudes a entender lo que no entienda, y dominar las materias que no domino. Si tú me ayudas con esto, todos los videos son tuyos, Renata nunca se dará cuenta, y nadie te pondrá un dedo encima. Y, ¿Quién sabe? Quizás hasta aprendas que hacerte un par de amigos no es tan malo, en especial amigos que pueden facilitarte muchas cosas que nadie más podría. ¿Qué opinas?”.
Todo lo que Alberto quería iba en contra de lo que yo creía. Todo lo que yo había ganado hasta ese momento, había sido fruto de mi esfuerzo, de mi inteligencia, y de mis talentos. ¿Por qué tendría que ser diferente para un tipo como él? Por otro lado, nunca me había encontrado en esta situación. Tenía que calmarme, y pensar claramente. No sabía que tan serio era Alberto con lo que estaba diciendo, no sonaba a que él estuviera buscando amigos, sonaba como que buscaba a un tutor privado, y yo no tenía por qué pensar en él como amigo, cuando podía considerarlo simplemente un aliado, al menos hasta que termináramos la carrera. “Entonces… ¿Eso es todo? ¿Ayudarte a estudiar? ¿Entendí bien?”.
Alberto simplemente asintió. “Eso era todo, Migue. Y que conste que intenté acercarme a ti por las buenas. Eres muy inteligente, brillante, incluso, pero tienes que entender que el mundo real no es nada más talento e inteligencia, tienes que hacer relaciones, y muchas veces, esas son relaciones que ni siquiera quieres, pero que sabes que necesitas. Considera este acuerdo entre nosotros como una de esas relaciones”.
Me sentí nauseabundo, no me gustaba la idea de rebajarme al mismo nivel que el neanderthal de Alberto Cortés, pero si quería mantener las cosas en paz, entonces no me quedaba alternativa. Él extendió la mano, por fin había dejado de sonreír, y ahora tenía una expresión solemne en el rostro. “Entonces… ¿Tenemos un trato?” Suspirando, yo finalmente asentí, estrechando su mano. “Tenemos un trato, Alberto” Su sonrisa regresó, pero no pude percibir malicia o arrogancia, era una simple sonrisa. Unos momentos después, él sacó su teléfono y me mandó el video que ya había visto, así como otro aparte.
“Te dejaré relajar por el resto del día, me imagino que querrás… No sé, ponerte al tanto de las aventuras de Renata, ¿Te parece si mañana comenzamos con mis problemas?” Mi corazón latía con fuerza en cuanto sentí mi teléfono vibrar, solo pude asentir. “S-sí… Mañana suena bien… Alberto, me encargaré que salgas la carrera sin problemas”.
Esa fue una promesa que cumplí. Renata y Alberto se veían un par de veces a la semana, era como un juego enfermizo que yo no podía dejar de jugar, muy en el fondo, porque no quería dejar de jugarlo. Al mismo tiempo, mi relación con mi chica siguió de viento en popa. A medida que se acercaba el fin de nuestra educación superior, comenzamos a platicar acerca de las posibilidades de tener una vida juntos, y un día después de nuestra graduación, le propuse matrimonio. No teníamos una fecha en mente, no sabíamos como nos iba a tratar la vida, pero yo quería que Renata Fuentes supiera que yo, Miguel Díaz, estaba más que dispuesto a pasar el resto de mi vida a su lado, sin importar lo que el destino nos deparara.
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