La Esposa que Aprendió a Mirarse (25)-EL TREN II
Sabe que su esposa está en el tren con otro hombre. Sabe que debe mantener la calma. Pero cada mensaje que llega desde el vagón lo lleva al borde del abismo, mezclando celos, vergüenza y una lujuria incontrolable que lo obliga a mirar, a imaginar y a correrse solo.
POR FIN LLEGA EL TREN
La presión no se iba. Al contrario, me quemaba las venas como un veneno dulce. Llevaba semanas sintiendo cómo el morbo me devoraba por dentro, cómo cada vez necesitaba más y más. Y esa tarde, en un arrebato de locura total, le había escrito a Gema que lo hiciera. Que se metiera en el puto baño del tren con aquel tipo y que le dejara follársela como a una guarra barata si le apetecía. Porque en el fondo, muy en el fondo, yo quería que alguien la usara como yo sabía que ella necesitaba, que la abriera, que se mojoara, gimiendo y llena de polla ajena hasta que le chorreara por los muslos.
Mientras escribía, ya notaba la polla hinchada dentro del pantalón, palpitando con cada palabra sucia que le mandaba.
Gema (17:25)
¿¿Javi… no me jodas?? ¿Acabas de decirme que quieres que este tío me meta la polla? ¿De verdad quieres que me folle a un desconocido en el tren?
Al leer eso se me cortó la respiración. El corazón me dio un vuelco tan fuerte que casi se me sale por la boca. Sentí un calor brutal subiendo desde los huevos hasta la garganta. Joder… acababa de cruzar una línea y ella lo sabía. Mi polla dio un salto dentro del bóxer.
Javi (17:27)
Bueno… si te apetece.... puede… no sé. De momento solo te he pedido un selfie, cariño.
Gema (17:28)
¿No? Vuelve a leer tu último mensaje, porque has sido bastante claro.
Me temblaban las manos mientras releía mi propio mensaje. Vergüenza y excitación mezcladas. Tenía la boca completamente seca. Sabía que estaba siendo un puto degenerado… y eso me ponía todavía más cachondo.
Javi (17:30)
Joder, sí… ya sé lo que te he dicho. Me he dejado llevar por el morbo, nena. Tengo la polla tan dura que no pienso con la cabeza. Perdona si se me ha ido de las manos. ¿Te has enfadado? ¿Me mandas ese selfie?
Gema (17:33)
No estoy enfadada… pero entiéndelo, esto es un juego. Estoy dejando que este cabrón me sobe el muslo descaradamente delante de todo el mundo, que me mire las tetas como si quisiera comérselas y que me ponga cachonda perdida mientras te cuento todo. Porque a los dos nos pone este rollo… pero de ahí a abrirme de piernas y dejar que me folle como una puta hay un trecho muy grande, Javi.
Cada palabra suya era como una patada en los huevos y un lametazo en la polla al mismo tiempo. Me la agarré por encima del pantalón y apreté fuerte. Estaba empapado. Imaginármela allí, con las piernas ligeramente abiertas y un desconocido sobándole el muslo… me estaba volviendo loco.
Javi (17:37)
Lo sé, mi amor… Tengo toda la sangre en la polla y el cerebro no me funciona. ¿Sigue tocándote? ¿Sigue subiendo la mano? Déjame veros, por favor. Mándame una foto ya.
Mi excitación no bajaba, subía como la espuma. El hecho de que no me mandara la foto me ponía todavía más enfermo. ¡¡Hostia puta!! Y para colmo podia ser Pepe, mi compañero de oficina, quien viajara con ella. El mismo hijo de puta que llevaba semanas mirándole el culo a mi mujer. Quizas ahora estaba allí, en ese tren rumbo a Barcelona, metiéndole mano, mientras ella iba de camino a posar casi desnuda para unos catálogos publicos.
Javi (17:40) a Pepe
Pepe, tío… sé sincero de una puta vez. ¿Eres tú el que va con Gema en el tren?
Casi al instante entró otro mensaje de ella y sentí como si me clavaran un puñal caliente en el estómago.
Gema (17:41)
¿En serio te gustaría que me lo follara? ¿Sin que tú estés aquí? ¿Quieres que me use como una guarra barata en el tren? Porque sigue tocándome… y cada vez sube más arriba. Ya casi me roza el coño, tiene sus dedos junto a mi ingle.
Se me escapó un gemido bajo. La polla me dolía de lo dura que estaba. Tenía la frente sudando. Sentía vergüenza, rabia, celos… y un morbo tan fuerte que me temblaban las piernas.
Javi (17:45)
No sé, cariño… solo quiero que hagas lo que te dé la gana —mentira cochina, claro que lo sabía—. ¿Te gusta cómo te toca ese cabrón? ¿Te está poniendo cachonda? Por favor, déjame veros.
Pepe (17:46)
Joder, Javi… ¿sí, soy yo el que va con tu mujer? No me jodas, tío. ¿Qué coño te está contando ella? Me tiene la polla como una piedra.
Leer eso fue como recibir una hostia en plena cara. Pepe. Mi compañero. El cabrón que se la quería follar. Sentí un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, la polla me latió tan fuerte que casi me corro en los pantalones.
Gema (17:49)
Tiene las manos suaves y calientes… Me gusta cómo me acaricia el muslo de arriba abajo. Me está preguntando qué te cuento. No para de decirme guarradas al oído, que si tengo pinta de estar muy caliente, y que se me marcan los pezones de la excitacion, y que si le dejara le gustaría meterme los dedos aquí mismo…
Pepe (17:50)
Cuéntame cómo va, cabrón. ¿De verdad te molaría que fuera yo quien le esté metiendo mano a tu mujer? Porque te juro que me la follaría ahora mismo si me dejara.
Cada mensaje nuevo era una puñalada de placer enfermizo. Me sudaban las manos. Tenía la respiración entrecortada. Me bajé la bragueta y saqué la polla; estaba morada, brillante, palpitando en el aire.
Javi (17:51) a Pepe
Solo sé que el tío que lleva al lado se le está insinuando fuerte y que tiene la mano sobre su pierna desnuda. ¿Qué pasa, te gustaría ser tú el que la esté tocando?
Javi (17:52)
Cariño, ¿se lo estás contando todo? ¿Incluso que te he dicho que te dejases follar? ¿Qué te dice él? Por Dios, mándame una foto ya, necesito veros.
Pepe (17:54)
Por supuesto que me gustaría ser yo, joder. Tu mujer está para follársela donde la pilles. Tiene un culo y unas tetas que vuelven loco a cualquiera. Y lo peor es que tú lo sabes. En la oficina no se habla de otra cosa desde que se ha puesto en plan leona. Venga, tío, mándame alguna foto guarra de ella. Seguro que tienes un montón guardadas.
Javi (17:55) a Pepe
¿Pero eres tú o no el que está con ella ahora?
Pepe (17:56)
Qué cabrón eres… Cómo te pone imaginar que sea yo el que la esté tocando, ¿verdad? Dilo.
Estaba completamente absorto, el corazón a mil por hora. Me cagué en todo. El muy hijo de puta sabía perfectamente que imaginarme a Gema con él me ponía la polla gorda, dura y chorreando. Y el móvil no paraba de vibrar.
Gema (18:00)
Sí, se lo he contado todo. Le he dicho que a ti no te importaría que me follara… y justo entonces ha subido la mano hasta la ingle, casi me ha rozado el coño y me ha apretado el muslo con fuerza. Joder, he notado cómo se me abrían los labios del coño. Estoy empapada, Javi.
Al leer “estoy empapada” se me escapó un gruñido. Me empecé a pajear despacio, apretando fuerte. Sentía que me iba a correr en cualquier momento.
Javi (18:01)
¿Te lo vas a follar? Dime la verdad. ¿Te vas a dejar follar por Pepe?
Gema (18:04)
¿Pepe o José? Y no… ya le he dicho que no. Que yo solo follo con mi marido. Que esto es solo un juego sucio que nos pone a los dos. Pero me ha preguntado si lo voy a dejar así.
Javi (18:05)
¿Así cómo? Y ya se que sí, que es Pepe el que va en el tren contigo, confirmamelo ya de una vez!!. No para de hablarme de ti, de lo buena que estás.
Javi (18:05) a Pepe
¿Todos en la oficina habláis de mi mujer? Y sí, tengo más fotos suyas… pero solo te las mandaría si ella quiere. Tienes su número, pregúntale directamente.
Gema (18:10)
Pues como va a ser, cariño… lleva una empalmada brutal. Se le marca la polla gorda debajo del pantalón. Ya ha intentado varias veces coger mi mano y llevarla hasta su rabo para que se la toque. Está muy cachondo.
Javi (18:12)
¿Lo has hecho? ¿Le has tocado la polla a Pepe?
Gema (18:15)
¿Qué te pasa hoy con Pepe? ¿Te gustaría que se la agarrara y se la pajeara un rato?
Javi (18:16)
Me gustaría una foto de los dos. Quiero ver cómo te toca.
Gema (18:20)
¿Una foto? ¿Quieres mandarle una foto mía a Pepe?. Pepe me acaba de escribir y reenviar una captura de vuestra conversación. Eres un puto cabrón… Dime la verdad de una vez: ¿te gustaría que me viera desnuda? Mientras te escribo, la mano de este tío ya no se ha movido del sitio al que ha llegado. Sigue apretándome fuerte el muslo alto… y cada vez que aprieta siento cómo se me abre el coño. Estoy chorreando, Javi.
Javi (18:22)
Me pone muy cachondo pensar que Pepe se la machaque mirando fotos tuyas y pensando en follarte. Esto se está convirtiendo en una enfermedad, nena. ¿Se la has tocado ya?
Gema (18:25)
Sí… solo un momento, se la he meneado un poquito. Porque sé que lo estás deseando. Un regalito para que te corras pensando en ello. Y con lo de Pepe… haz lo que quieras. Él ya me ha visto casi desnuda en otras sesiones, no me voy a asustar si le mandas fotos. Pero insístele que sea discreto, ¿vale? Nos quedan cinco minutos para llegar a Barcelona.
Y por fin llegó la imagen.
Gema había levantado el móvil para hacer el selfie. Se les veía sentados uno al lado del otro. Él, con su traje elegante, tenía una mano bien subida en el muslo de mi mujer, los dejos se le perdian bajo la pequeña minifalda del vestido, seguro que casi rozándole el coño. Gema tenía las piernas un poco abiertas como facilitando el tacto y la minifalda subida al limite. El tipo tenía la cara roja, sudando, con una sonrisa triunfal. Pero lo que realmente me destrozó la mente fue la otra mano de ella, apoyada encima del pantalón, apretando con fuerza aquella polla gruesa y dura que se marcaba obscenamente por que los dedos de mi mujer, que apenas conseguían rodear el grosor, la levantaban hacia arriba, como intentando arrancarla de aquel pantalón que se le pegaba a la poya como una malla deportiva.
Y por fin se descubria, no, no era Pepe. Era José. Un completo desconocido. Y al darme cuenta sentí un alivio brutal mezclado con una decepción enfermiza. Por primera vez en todo el rato pude volver a respirar y mi corazón sentía alivio
Javi (18:30)
Joder, cariño… me ha encantado. Estás muy guarra. Le voy a mandar una foto a Pepe ahora mismo. Cuando llegues al hotel llámame. Te quiero, zorra.
Empecé a revisar la galería buscando qué foto mandarle a Pepe. El álbum de Gema posando crecía día tras día de forma brutal… y todavía no me había contado nada de lo que pasó aquella noche en el hotel con aquellos niñatos, ella y Noelia. No había ni una sola foto de aquella supuesta orgía.
Gema (18:48)
Ya voy sola en el Uber. Al final se ha despedido dándome un pequeño pico, me ha dado su tarjeta por si quiero quedar estos días con él. Quién sabe… también trabaja en textil. Luego te llamo. Te quiero.
PD: Me lo habría follado sin pensármelo si me lo hubieses pedido estando tú delante, viéndolo todo.
Javi (18:55) a Pepe
Ahí te va la foto para Pepe. Como se la enseñes a alguien te mato, como hay Dios que te mato
.
Era una de las más sucias que tenía guardadas: Gema completamente expuesta en el garaje, sentada sobre el capó de un coche, piernas bien abiertas, el coño brillante de humedad y chorreando. Sobre sus tetas grandes corría un buen chorro de leche espesa y blanca del dueño del taller, que se había pajeado como un animal delante de ella hasta correrse y salpicar con parte de su esperma el cuerpo de mi mujer. Tenía la cara de puta satisfecha, la boca entreabierta y los ojos llenos de vicio. Pero eso, solo lo sabíamos ella y yo, aquel tipejo del taller no asomaba en la foto y aquella corrida podía pasar claramente por sudor o grasa.
Pepe (18:57)
¡La hostia puta, Javi! No me lo puedo creer… ¿Esto es real? Joder, tío… tu mujer es una puta bestia. Qué tetas, qué coño… Me voy a hacer un pajote brutal ahora mismo pensando en follármela como un salvaje. En mi cabeza ya la tengo abierta de piernas y se la estoy metiendo hasta el fondo. Por cierto, ¿cómo va lo del tren?
Javi (19:00) a Pepe
Ya ha llegado a Barcelona. Al final sí, le ha tocado el rabo. No te voy a dar mas detalles. Hasta mañana, que tengas buen viaje… y que te corras bien pensando en ella, cabrón.
Pepe (18:57)
No me jodas, ¿le ha hecho una paja?, venga tio cuéntamelo, le ha pajeado!!! O quizas ha ido a más.
No le volvi a responder me gusto dejarlo con esa inquietud y que por otro lado pudiera pensar que Gema, mi mujer, le había hecho como poco un pajote a aquel tipo del tren, que se imaginara a ella haciéndolo.
Dos horas después, cuando ya estaba tumbado en la cama de casa con la polla todavía medio dura de todo lo que había pasado, el teléfono vibró. Era ella. Video-llamada.
Descolgué y allí estaba Gema, sentada en la cama del hotel, todavía con el mismo minivestido de licra ceñido medio desabrochada que llevaba en el tren. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes de vicio. Nada más verme sonrió con esa cara de puta traviesa que me vuelve loco.
—Hola, enfermito… ¿estás solo? —preguntó con voz ronca y baja.
—Sí… joder, Gema. Cuéntamelo todo. No te dejes ni un detalle.
Ella se mordió el labio inferior y se acomodó mejor contra el cabecero. Bajó un poco la cámara para que viera que llevaba la falda subida, dejando a la vista sus muslos desnudos.
—Vale… pero quiero que te la saques ahora mismo y te la vayas pajeando mientras te lo cuento. Quiero oír cómo te corres al final.
Me bajé los pantalones sin pensarlo. Mi polla saltó fuera, todavía sensible. Empecé a acariciármela despacio mientras ella empezaba a hablar.
—Cuando llegamos a la estación casi no podía ni caminar. Tenía el coño tan mojado que me chorreaba por dentro de los muslos. José no paró de tocarme ni un segundo. Me tenía la mano metida casi debajo de la falda, apretándome la carne justo donde empieza la ingle. Cada vez que apretaba sentía cómo se me abrían los labios del coño. Estaba empapada, Javi… literalmente chorreando. Me dijo al oído que olía a puta cachonda desde lejos.
Sentí un latigazo de celos y placer en el estómago. La mano se me aceleró un poco sobre la polla.
—Sigue… ¿qué más te hizo?
—Después de la foto que te mandé, se volvió más descarado. Me cogió la mano y la puso directamente sobre su polla. Esta vez no por encima del pantalón… metió mi mano dentro de su bragueta. Joder, Javi… la tenía durísima. Gruesa, caliente, con las venas marcadas. La agarré fuerte y la sentí palpitar contra mi palma. Era mucho más grande de lo que parecía. Le di un par de apretones largos, de arriba abajo, y noté cómo soltaba un inicio de corrida en mi mano. Me susurró que si quería podía sacármela y chupársela allí mismo, en el asiento.
—¿Y tú qué hiciste? —pregunté con la voz entrecortada. Me estaba pajeando más rápido.
—Me tentó muchísimo… pero le dije que no. Que solo follo con mi marido. Aunque… le dejé que me metiera dos dedos por bajo la falda durante casi un minuto. Me abrió el coño con los dedos y me los metió hasta el fondo. Estaba tan mojada que se oía el sonido cada vez que los movía. Me dijo que tenía el coño más caliente y apretado que había tocado en su vida. Me corrí casi sin darme cuenta, mordiéndome el labio para no gemir en medio del vagón.
—Hostia puta… —gruñí. Sentía los huevos cargados, a punto de explotar.
Gema sonrió, maliciosa, y siguió
—Cuando el tren paró y nos levantamos, se le marcaba una tienda de campaña brutal. Me acompañó hasta la salida y, antes de despedirse, me apretó contra él y me metió la mano por debajo de la falda otra vez. Me sobó el culo entero y me metió un dedo en el coño por detrás mientras me decía al oído: “Si tu marido te deja, te voy a follaria estos días como una perra. Te voy a llenar ese coño de leche hasta que te chorree por las piernas”. Me dio su tarjeta y me dijo que le escribiera cuando quisiera que me follaran de verdad.
Mientras hablaba, Gema se había abierto la blusa del todo. Vi sus tetas pesadas, con los pezones duros. Bajó la mano y empezó a tocarse el coño, frente a la cámara.
—¿Te gustaría que le hubiera dicho que sí? —preguntó con voz de zorra—. ¿Te habría gustado que me llevara al baño del tren, me pusiera de rodillas y me follara la boca hasta correrse?
—Sí… joder, sí —admití casi sin aliento. La mano me volaba sobre la polla.
—Pues imagínatelo… me habría arrodillado en ese baño sucio, le habría sacado esa polla gorda y se la habría metido hasta la garganta. Le habría dejado que me agarrara del pelo y me follara la boca como a una puta barata. Luego me habría levantado la falda, me habría puesto contra la pared y me habría metido esa polla gruesa sin condón, follándome fuerte mientras el tren se movía. Me habría dicho que soy una zorra casada que necesita polla de verdad. Y yo habría gemido tu nombre mientras me corría corriéndome en su polla.
Gema metió dos dedos dentro de su coño y empezó a masturbarse más rápido, gimiendo bajito.
—Dime que te gusta imaginarme así… dime que te pone que casi me hayan folledo hoy.
—Me pone muchísimo… eres mi puta favorita —jadeé.
—Entonces córrete para mí, enfermito. Córrete pensando en cómo casi dejo que un desconocido me llene el coño en el tren.
No pude aguantar más. Con un gruñido ronco me corrí como un animal, soltando chorros espesos de leche que me salpicaron el pecho y la barriga. Gema vio cómo me corría y se corrió ella también, gimiendo mi nombre y temblando en la cama del hotel.
Cuando terminamos, los dos respirábamos fuerte. Ella sonrió, todavía con los dedos dentro del coño.
—Te quiero, mi enfermo favorito —susurró-, pero que sepas que de lo que vistes en la foto no ha pasado a más, pero me encanta verte así de cachondo cuando imaginas estas aventuras.
Sonrei.
— Eres....... Y yo a ti, zorra, mira que eres mala… Mañana tienes las primeras fotos, ¿verdad?
—Sí… a ver que tal, voy a poner toda la carne en el asador. ¿Quieres que te cuente en directo todo lo que pase? ¿Quieres que le deje que me toque mientras poso?
—Quiero que me lo cuentes todo… y que me mandes pruebas. Fotos, vídeos… lo que sea.
—OK. Descansa, cariño. Mañana te voy a poner mucho más cachondo., ¿por cierto que foto fotografía le has mandado a Pepe?
— Te lo digo cuando me cuentes que ocurrió con los niñatos, Noelia y nosotros en el hotel.
—Hecho, ahora cuando me duche te escribo, te cuento y quizás te mande alguna fotillo.
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