Xtories

Ana visita al Médico y se lleva una sorpresa

La tos no era el único motivo por el que Ana necesitaba atención. Cuando la puerta de la consulta se cerró, el doctor Luis y su joven asistente dejaron de ser profesionales para convertirse en sus dueños. ¿Podrá Ana disimular su excitación ante el escrutinio de dos hombres que deciden 'examinarla' a fondo?

Loviano5.8K vistas9.0· 6 votos

Tenía una tos que no se me quitaba desde hacía 3 semanas. Aquella mañana me levanté especialmente perjudicada.

-Cariño, deberías pedir cita para que te miraran esa tos –me dijo Manuel preocupado.

-Sí, ahora pediré cita.

Cuando llamé al centro médico me dijeron que tenían un hueco a última hora y que me atenderían hoy mismo.

-Manu, si vas a buscar a los niños tú, tienen hueco a última hora; ¿te parece?

-No hay problema, lo primero es que te miren esa garganta.

-Estupendo. Pues lo dejo cogido.

Fui al centro de salud, me imaginaba que esperaría poco tiempo porque a esas horas no habría ya mucha gente y efectivamente, el pasillo estaba vacío. La puerta de la consulta estaba medio abierta y oía a dos personas hablar. Yo soy muy tímida y me daba apuro llamar, así que esperé sentada y mi móvil vibro. Era Manuel que ya había recogido a los niños e iban a comer a casa.

No hacía más que oír risas dentro y, como no me llamaban, decidí golpear la puerta con el nudillo. Las risas se cortaron de golpe.

Una voz grave respondió: “adelante”

Empujé la puerta y vi a dos personas y descubrí que mi médica habitual no estaba. El cambio había ido a mejor: al entrar me encontré con el médico sentado detrás de la mesa, un hombre de unos cuarenta y… tremendamente atractivo, con su bata blanca. Debajo llevaba una camisa negra y vaqueros. Junto a él, apoyado en la mesa informalmente, un chico mucho más joven, también con bata y este en sudadera. Sería el interino de prácticas.

-Adelante –repitió el médico poniéndose de pie y mostrando su tremenda altura y complexión.

Se adelantó y extendió su mano hacia la mía y me dio un apretón sorprendentemente fuerte.

-Soy Luis, estoy sustituyendo a María que está de baja.

-Yo soy Edu –dijo el jovencito de prácticas que seguía sentado en la esquina de la mesa.

Luis se dirigió a la puerta y la cerró detrás de mí y retiró ligeramente la silla para que me sentara.

La verdad es que no sabía muy bien por qué, pero de repente algo en mi interior se revolvió al estar en esa consulta médica con esos dos hombres. He de confesar que, en alguna ocasión, había fantaseado con alguna aventura, pero sobre todo era con compañeros de trabajo; siempre me controlaba, porque estaba felizmente casada y tenía buen sexo con mi marido, pero creo que las fantasías son inevitables en todas las personas.

Luis miró mi expediente

-Bueno, Ana, cuéntame qué te ocurre.

-Llevo con mucha tos desde hace semanas y no se me pasa.

Luis se levantó y me indicó que me dirigiera a la camilla mientras sacaba un depresor de su bata.

-Abre la boca Ana, y déjame ver que tienes ahí.

Abrí la boca y Luis miró dentro. Según se acercó pude oler su perfume y me volvió loca. Era una sensación extraña porque me resultaba tremendamente excitante tenerle tan cerca y poder olerle.

-Abre un poco más –dijo mientras me acercaba el depresor y me presionaba la lengua hacía abajo. –ya veo, la tienes muy roja. Ven Edu, ahora tú. Mientras se acercaba Edu aproveché para tragar saliba

Edu se acercó y cogiendo el depresor, me pidió que abriera la boca y, tras mirar un poco, introdujo el depresor bajándome la lengua de manera un poco abrupta, lo que me provocó una pequeña arcada. Luis intervino enseguida.

-No, más suave, no la metas tanto.

Hubo un silencio, y al instante, los tres reímos. La verdad, fue un poco sorprendente porque el comentario tenía doble sentido y los tres nos dimos cuenta de ello y no disimulamos, riéndonos abiertamente.

Edu continuó: “sí, tiene la garganta roja”.

Entonces Luis tomó la palabra:

-Desabróchate la camisa que vamos a ver cómo están esos pulmones.

Cuánto me alegré de haberme puesto aquel sujetador. La verdad es que siempre que voy al médico me cuido la ropa interior, pero en esta ocasión, me había lucido especialmente sin darme cuenta y es que llevaba un sujetador negro que me había regalado Manuel para que me pusiera en nuestro aniversario. Tenía un poco de copa que hacía que mis pechos de madre se levantaran un poco; además, lucía un encaje precioso.

Luis se acercó y sacó su fonendo. Puso una mano en mi hombro y con la otra comenzó a auscultarme la espalda. Nuevamente, su perfume me embelesó. Era muy delicado y eso me encantaba. Después, cambió de posición y se puso por delante. Mientras el fonendo se posaba en mi piel, sus dedos me tocaban ligeramente. Llegó la zona del pecho. Necesitaba controlarme y disimular. En ese momento me dio la sensación de que se estaba recreando por demás en esa zona, o quizás es lo que en ese momento mi imaginación quiso sugerirme.

-Tienes un poquito cogido los pulmones –dijo mientras invitaba a Edu a auscultarme.

Edu se acercó y Luis le indicó: “Mira, justo esta zona”. De manera increíble, Luis me tocó la parte alta del pecho sin ningún pudor. Yo di un pequeño brinco que los dos percibieron.

Edu colocó el fonendo sobre la zona indicada e igual que Luis, me sujeto del hombro.

Tener a aquellos dos hombres, uno a cada lado me estaba empezando a poner muy mala. ¿Cómo disimularlo?

Mira esta parte también, dijo Luis volviendo a tocarme otra zona del pecho.

-Sí, lo oigo. Esta cogida.

- Esta bien. –Dijo Luis sentándose detrás del ordenador. –Estás un poco malita, pero lo vamos a arreglar rápido para que te pongas buena.

-Más buena, querrás decir –dijo Edu sin cortarse.

Yo me quedé muda. ¿¡Cómo se atrevía!?

Luis le miró y moviendo la cabeza dijo: “Eduardo, esas cosas no se dicen, estás en un consultorio”.

Entonces me miró: “discúlpale, estos jóvenes no saben lo que es educación”

Yo sonreí ligeramente.

Entonces abrió mi expediente para hacer el informe.

-¡Uy! mira qué bien. Vas a tener suerte. –me dijo sonriendo -. Estamos haciendo una screening aleatorio para la "detección y prevención de enfermedades de la mujer" y estás entre las elegidas. Te va a llegar una carta a casa para citarte y se hace desde atención primaria.

-Ah, estupendo –respondí.

-Digo suerte porque si quieres te puedo hacer yo la revisión y así no tienes que volver otro día.

No sabía qué responder. Siempre había tenido a una mujer de ginecóloga… esto me resultaba entre violento y tremendamente excitante.

-Sí, dije sin pensarlo más.

-Así queda hecho. Quítate el sujetador que ahora voy.

Me desabroché el sujetador mientras veía cómo Edu, sin pudor alguno, supervisaba toda la operación.

Entonces Luis se acercó a mí, se puso a mi izquierda y me dijo:

-Si hay alguna zona que te duela o si ves que te hago mucha presión me dices, pero tengo que apretar un poco.

-De acuerdo.

En esta ocasión, me puso la mano en la espalda y con la otra comenzó a palparme el pecho izquierdo comenzando desde arriba.

Mi respiración comenzó a agitarse y no quería que se notara, traté de controlarla lo mejor que pude para disimular.

Con la yema de los dedos presionaba diferentes zonas de la parte alta de mi pecho. Cuando llegó al borde exterior, puso las manos en pinza y realizó varias presiones en pinza por todo el borde exterior. Sin poder remediarlo, mi pezón se puso inhiesto y la piel de gallina.

-No he notado nada. –dijo mirándome a los ojos con su voz grave-. Edu, ponte a este lado.

Entonces Luis se cambió al lado derecho y Edu le sustituyó en mi teta izquierda. Tenía a dos hombres tocándome los pechos a la vez. Mi coño, que ya estaba mojado, empezó a empaparse.

Edu erá mucho menos delicado. Por cómo me presionaba parecía que estaba tocándole las tetas a su novia de 20 años… Sería la falta de experiencia o quizás… las ganas… seguro que nunca había tocado unas tetas de una mujer que había dado 2 veces el pecho…

Luis terminó con mi teta derecha. “Aquí tampoco noto nada” dijo mientras volvía a mirarme y sonreír. “Edu, toca esta a ver si notas tú algo”.

Desde donde estaba, Edu alargó su brazo y comenzó a el otro pecho bajo la atenta mirada de Luis. Me llamó la atención que Luis siguiera con su mano en mi espalda. El contacto de los dos hombres sobre mi piel me encantaba.

-“Edu, ¡qué te ha pasado hijo! –dijo de golpe Luis en tono sarcástico.

Miré a Edu sin notar nada, pero de repente quitó la mano y se apartó girándose ligeramente.

-No pasa nada hombre, es normal, al principio en normal.

Yo no sabía de qué estaba hablando hasta que me fijé en el bulto que tenía Edu en el pantalón.

-¡Qué voy a hacer! Ha sido sin querer, no lo controlo yo.

Luis se rio: “sí hombre, lo sé, por eso lo trato con naturalidad” Entonces me miró y me dijo: todos hemos pasado por eso… pero con el tiempo, te acostumbras, aunque he de confesarte que a mi también me ha pasado un poco –dijo mientras bajaba su mirada hacia su paquete-. Hacía mucho que no me pasaba.

Entonces bajé la mirada y también se evidenciaba un bulto; aunque menos pronunciado que el de Edu, era muy notorio. Su mano, que estaba en mi espalda, subió a mi hombro: “Perdónanos, son gajes del oficio”

No sabía qué decir. Ahí estaba, sentada en la camilla del consultorio en tetas, y dos hombres de bata blanca empalmados tras haberme tocado.

Hubo unos segundos de silencio hasta que Edu lo rompió.

-Yo no me puedo ir así a casa que lo tengo a un rato de camino –dijo mientras se desabrochaba el pantalón y bajaba la bragueta.

-No serás capaz –dijo Luis con tono jocoso.

-¿Por qué no? es algo natural, somos médicos y lo sabemos e irse así a casa no es bueno para la salud. Entonces, con el pantalón ya desabrochado, se bajó los calzoncillos y de golpe, como un resorte, salió un largo pene empalmado rebotando como un muelle. Era muy largo y tremendamente venoso.

Aparté la mirada de su pene y miré a Luis que tenía una medio sonrisa dibujada en la cara: “qué vigor tienen los jóvenes de hoy en día” –me dijo sin inmutarse.

Entonces Edu, me miró y mientras se agarra la polla con la mano me espetó: “si no te importa, ¿puedes girarte un poco más hacia mí?”

Yo estaba paralizada y de repente noté a Luis empujarme ligeramente la espalda para girarme hacia Edu… yo simplemente me dejé girar.

Edu empezó a masturbarse mirándome las tetas y yo no sabía qué hacer. De repente, y sin previo aviso noté las manos de Luis metiéndose por debajo de mis brazos y sujetándome los pechos por debajo.

-Seguiré con la exploración –me dijo mientras comenzó a masajearme las tetas sin ningún tapujo.

Mi excitación era tan grande que inconscientemente erguí mi espalda, algo que notó Luis volviendo su masaje a un claro magreo.

Eduardo seguía masturbándose sin quitar sus ojos de mis tetas; mi respiración se agitaba por momentos. Luis llevó sus manos hasta mis pezones y comenzó a pellizcarlos suavemente. Sin querer se me escaparon varios gemidos. Entonces, bajó su boca hasta mi cuello y me empezó a besar. La piel se me puso de gallina y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Ya no refrenaba mis gemidos. Luis, al verme más suelta, no se cortó en bajar una de sus manos hasta mi pantalón y, hábilmente, abrió uno de mis botones e introdujo su mano hasta mi coño.

-Veo que no tienes problemas de lubricación –dijo mientras seguía besando y lamiendo mi cuello-. ven Edu, ven a ver cómo lubrica una mujer madura.

Eduardo se acercó e introdujo su mano en mi braga.

-Bufff... Increíble -me miró a los ojos- mi novia deAa a 20 no lubrica como tú.

Yo estaba avergonzada, pero no podía hacer nada para remediarloa. Me estaba dejando llevar y mi cuerpo y mi mente lo agradecían.

Eduardo se separó ligéramente y siguió tocándose mientras Luis me manoseaba los pechos.

-Todo parece que está en orden -dijo Luis mientras azotaba ligeramente mis pechos por debajo-. Llevó sus manos hasta mis pezones y comenzó a pellizcarlos y tirar de ellos hacia fuera.

-Acércate Edu -Le dijo a Eduardo - comprueba que esté todo bien.

Eduardo acercó su boca hasta uno de mis pezones y comenzó a succionarlo vigorosamente.

-Este está bien, voy a ver el otro.

Hizo lo mismo, llevó su boca hasta mi otro pezón y lo succionó y, en esta ocasión, lo atrapó con sus dientes y tiró varias veces de él hacia delante.

-mmm, vaya pezones que gastas Ana.

Luis se dirigió a Edu:

-Bien, antes me di cuenta de que no sabías mirar bien la garganta, eres muy bruto; vamos a practicar un poco.

Luis se dirigió a una estantería y cogió una toalla, la dobló varias veces y la colocó en el suelo.

-Ven Ana, ponte aquí de rodillas.

Yo simplemente obedecí. Me coloqué de rodillas.

Luis cogió un depresor y se acercó a mi boca.

-Abre bien -colocó el depresor en mi lengua y presionó hacia abajo.- Acrcate Edu.

Edu se acercó y Luis agarró su pollarga y venosa polla por debajo y la levantó ligeramente hasta ponerla delante de mi boca.

-Métela despacio.

Edu metió su capullo en mi boca.

-Un poco más -dijo Luis mientras presionaba con el depresor mi lengua hacia abajo.

Edu siguió metiendo su polla en mi boca hasta que de repente tocó el fondo de mi garganta; tuve una pequeña arcada que no pude controlar.

-Sácala Edu -dijo Luis mirándome- Tienes que aguantar un poquito, ese masaje en el fondo de la garganta te viene muy bien para la tos.

De nuevo le agarró la polla a Eduardo y me la introdujo en la boca haciéndole un gesto para que fuera despacio.

-Llega hasta el fondo despacio.

Esta vez Eduardo fue más despacio, toco el fondo de mi garganta y volvió ligeramente hacia atrás.

-Así, muy bien. Repite más veces.

Edu obedeció al doctor y empezó a darme pequeños golpes con la punta de su polla en el fondo de mi garganta repetidamente. Yo controlaba mis arcadas, aunque la sensación me hizo lagrimear.

-Es suficiente, para -dijo Luis agarrando de nuevo la polla de Eduardo esta vez para sacarla de mi boca. Entonces me giró hacía él, y me revisó la garganta de nuevo.

-Esto está mejor.

Sin previo aviso, según me estaba mirando la boca sacó el depresor, me es escupió dentro una vez, después otra y otra. Con la mano me cerró la boca, me juntó los labios y con su boca me los lamió.

-Agradécele el tratamiento -me dijo mirando la polla de Edu.

Edu se acercó de nuevo y me introdujo su polla en la boca. Mi agradecimiento fue en forma de mamada. En esta ocasión usé mi mano y teniendo el fondo de mi garganta ya preparado, trataba de introducir aquel largo dique lo más profundo que podía. Estaba disfrutando enormemente... y Eduardo también.

Luis se levantó y comenzó a bajarse la bragueta. Sin dejar de mamar giré mis ojos hacia lo que estaba a punto de salir del pantalón de ese hombre maduro. Sacó una polla de color oscuro, mucho más morena que el color de su piel; era tremendamente gorda; parecía una morcilla terminada en un gran colgajo de carne. La sacó y la dejó caer fuera de su pantalón. Metió sus manos en los bolsillos de la bata y se acercó a mí. Pensé que quería que se la comiera, pero con un gesto me indicó que siguiera atendiendo la polla de Edu. Simplemente se acercó y adelantando su cadera, me pegó su gorda polla contra mi mejilla.

Mi mamada a Eduardo y el movimiento de mi cara y mejilla rozaban constantemente su polla. Él simplemente presionaba contra mi piel. Yo notaba un calor maravilloso en mi mejilla y sentía como iba llegando cada vez más sangre a aquel miembro que se ponía aún más gorda.

-Como sigas mamándome así me vas a hacer correr -dijo Eduardo sacando su polla de mi de golpe.

-Nada de correrse -dijo el Doctor.

Entonces me cogió de la mano y me llevó hasta su silla; se desabrochó los pantalones y se los bajó hasta los tobillos dejando al aire su polla gorda y dos enormes huevos. Se sentó y separó más piernas.

-Edu, tráele la toalla.

Eduardo dejó la toalla entre las piernas de doctor y este me indicó que me sentara.

-Saca tu lengua y alcanza mi capullo, nada de manos -dijo mientras levantaba su polla y ponía su prepucio delante de mi boca.

Yo saqué mi lengua, traté de ponerla en punta y la introduje dentro de la piel de su prepucio. Hubiera sido más sencillo si hubiera retirado su prepucio hacia atrás, pero entendí que le gustaba que le anduviera en ese gran colgajo de carne. Me esmeré tratando de alcanzar su capullo y lo logré, notando rápidamente un sabor salado. Cuando lo logré, el doctor emitió un pequeño gemido. Estaba claro que le gustaba mi lengua. Entonces saqué mi lengua y con mis labios atrapé su prepucio y tiré de él hacia atrás varias veces. Su pene iba lentamente ganando firmeza y aquel grosor era algo que jamás había visto. Según su pene se ponía duro, su prepucio se iba retirando solo para atrás. Entonces agarré su polla desde abajó, la levanté, y nuevamente introduje mi lengua en su colgajo y comencé a dar vueltas dentro de él rozando la punta de su capullo.

-Me encanta como me estás trabajando la polla Ana. Pónmela dura.

Me lancé a comer aquella gruesa morcilla lo mejor que pude. Con una mano agarré sus huevos y con la otra mamaba y mamaba y cada vez tenía más necesidad de ser llenada. En ese momento noté a Edu ponerse detrás de mí e introducirme la mano por la braga. Me comenzó a masturbar el clítoris con fuerza mientras con la otra mano me sobaba las tetas como podía. Bajó de mi clítoris hasta mi vagina y me introdujo dos dedos.

-Está lista, doctor. Podemos operar.

Luis, que tenía ya la polla dura, me retiró la cabeza y se puso de pie. Entonces colocó sus huevos sobre mi cara y comenzó a masturbarse mientras yo le comía la polla. Me miró los ojos desde arriba y me dijo mientras me sujetaba y apretaba más la cabeza contra sus huevos:

-Siguiendo con el screening, vamos a realizar una inspección del interior de tu vagina. ¿Tienes algún inconveniente?

-No doctor.

-¿Necesitas algún tipo de profiláxis

-No doctor.

-Estupendo; desnúdate, ponte en la camilla, apoya los pies y separa las rodillas.

Me puse en la cama como Luis me indicó.

Luis se puso unos guantes, se acercó a mi entrepierna y colocando suavemente sus dedos a la entrada de mi vagina, los introdujo lentamente. Una vez dentro, comenzó a masajearme lentamente recorriendo todo el interior de mi coño. Le hizo un gesto a Edu quien se puso al lado de la camilla a la altura de mi cabeza.

-Métele la polla en la boca que la necesitamos preparada.

Yo acerqué la cabeza al borde de la camilla.

Eduardo me metió la polla en la boca, me sujetó la cabeza y lentamente comenzó a follarme la boca mieLntras Luis seguía hurgándome en la vagina.

-Está bien, no noto nada extraño. Acércate Eduardo e inspecciónala con más profundidad. -dijo Luis mientras se cambiaba de posición con Eduardo.

Luis me colocó su polla en mi boca. Abrí todo lo que pude mi boca para que pudiera entrar la mayor cantidad de aquella carne en ella. Mientras, Eduardo se puso entre mis piernas y me metió su larga polla en la vagina. Con enorme facilidad tenía su capullo tocándome el fondo de mi coño... hace un rato me golpeaba el fondo de la garganta, ahora el fondo de mi coño. Los golpes ahí me producían una ligera molestia, casi dolor, que Luis notó.

-No te preocupes, relájate y pronto lo disfrutarás...

Así fue. Las embestidas de Eduardo se volvían más intensas y al minuto la molestia se volvió un placer indescriptible. Sentirme tan profundamente penetrada me resultaba enormemente placentero.

Yo seguía con la polla de Luis en la boca mientras el me sujetaba la cabeza y me manoseaba las tetas. Estuvimos un rato así hasta que la que bajó la mano que tenía en mi pecho hasta mi clítoris y comenzó a masturbarme. Con aquella gruesa polla en la boca se me hacía difícil respirar.

-Doctor, voy a dejarle un poco de crema en el interior, ¿le parece bien? -preguntó Edu jadeando, mientras veía cómo Luis le daba permiso.

Las embestidas de Edu se volvieron aún más fuertes y comenzó a gemir... se estaba corriendo en mi coño... En cuanto a mí, la suma de sensaciones me llevó a tener un orgasmo extremo en el fondo de mi coño que duró interminables segundos que me dejó exhausta.

Eduardo sacó su polla. Respiraba con intensidad.

-Ponte aquí de nuevo para que te la limpie -le indicó Luis mientras se dirigía él a mi entrepierna.

Entonces me introdujo los dedos en el coño y rebuscó un ratito sacándolos con una mezcla de mi flujo y la corrida de Eduardo y los pasó entre mis tetas. Volvió a introducirlos y nuevamente los sacó mojados y se secó con mis tetas. Repitió la operación hasta que qudó satisfecho.

-Demasiado lubricado no está bien -dijo explicándome lo que había estado haciendo.

Luis introdujo aquella gruesa polla en mi coño. Aunque ya había sido perforado por Edu, aquel grosor forzaba las paredes de mi coño dándome un placer intenso. Luis se movía más despacio que Eduardo y con cada vaivén notaba como su polla abría y cerraba mis paredes. Mientras, yo tenía la polla de Eduardo en mi boca; el sabor de los flujos que la rodeaban me resultaba muy excitante.

Luis me sujetó de la cintura y me penetró con más profundidad; dejó su polla dentro de mi y empezó a tocarme el clítoris sin moverse; yo estaba enormemente excitada y sensible y mis piernas temblaban descontroladas. Con su pene completamente dentro de mí, simplemente me empujaba con golpes secos de cadera y me masturbaba... yo seguía lamiendo la polla de Eduardo, pero de reojo miraba la cara del Doctor y ver esa expresión de placer en su cara me volvía loco. Su forma de masajearme el clítoris demostraba la experiencia que tenía. Esa técnica de tener aquel grueso miembro dentro de mí y sus golpes de cadera más el masaje de clítoris me estaban dando un placer maravilloso...

Pronto cambió de movimiento y comenzó a sacar y meter su polla con un recorrido cortísimo, la sacaba y metía muy poquito mientras intensificaba su masaje en mi clítoris y me empezó a subir una extraña sensación por las piernas... era un orgasmo, pero me comenzó por las piernas, nunca me había pasado anteriormente... iba subiendo lentamente y pronto noté que me invadía el coño... Luis también lo notó y entonces cambió su movimiento a un gesto rápido y completo de sacar y meterme polla... No me esperaba esa intensidad, no tenía piedad de mi coño, pero lejos de frenar nada, acentúo el orgasmo que había comenzado a tener... y mientras me corría comencé a oírle gemir... ¿me estaría llenando el coño con su leche?

Estaba reventada, literalmente reventada. Luis sacó su polla de mí y cogió una toalla de mano que había en la estantería de enseres médicos y me la dio.

-Límpiame -me dijo acercando su polla hasta mí.

Obedecí y le limpié la polla y entonces me giró la cabeza hacía Edu.

-Mira cómo se ha quedado nuestro amigo.

Eduardo estaba otra vez con la polla iniesta y sus venas hinchadas mirándome sin pronunciarse.

-Sí, algo hay que hacer -dije.

Me bajé de la camilla, y le llevé hasta la silla del doctor, y le senté de un pequeño empujón. Utilizando la técnica del doctor, rebusqué en mi coño varías veces y sacando la mezcla de mi flujo y su esperma, me lubriqué el canalillo... puse su polla en medio y comencé a practicarle una cubana.

Subía y bajaba y con la longitud de su polla me resultaba muy fácil atender su capullo siempre que quería bajando la boca. Le pegaba lametazos, le daba pequeños besos, me la introducía ligeramente entre los labios...

No tardó en venirse en medio de mis tetas... sus chorros saltaban y yo abrí la boca para evitar que se manchara nada y tratar de conseguir beberme su leche... que maravillosa sensación.

Eduardo terminó de correrse entre mis tetas y su leche en mi boca.

Justo en ese momento Luis dijo:

-¡No te la tragues!

Se acercó y levantándome la cara con un dedo en la barbilla dijo:

-Haz unas gárgaras... vienen muy bien para la tos.

Intenté hacerlas pero la densidad del esperma no me lo ponía fácil... hice lo que pude.

-Muy bien Ana, vístase, está usted perfectamente.

Cogí mis cosas y me vestí intentando no mirar la cara de Luis y Eduardo. Estaba ligeramente avergonzada, aunque la experiencia había sido brutal...

Salí y saqué el móvil. Tenía un mensaje de Manuel.

"Cariño, espero que estés bien, debe haber mucha gente en la consulta... todo bien?".