Xtories

La despedida

Paula creyó que su última noche de soltera sería solo un juego con un stripper. Pero cuando Gonzalo descubre la infidelidad, el castigo no es el divorcio, sino una venganza carnal que involucra a sus mejores amigas. ¿Hasta dónde llegarán para salvar la boda?

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Era sábado a la noche. Paula festejaba su despedida de soltera en su departamento junto a sus amigas, Mariana y Ana. Venían de comer en un bar y las tres estaban vestidas para el infarto; parecían modelos de Playboy.

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Al día siguiente, Paula se casaba con Gonzalo, su novio de toda la vida. Él era un tipo normal, un abogado con mucho "chamuyo" y la barba recortada a la perfección; el típico chanta que siempre se las arregla para quedar bien en todo.

Como era verano, las tres llevaban vestidos: Paula uno blanco muy corto, Mariana uno negro con volados y Ana uno rojo, bien ajustado al cuerpo. Sentadas en el sillón, tomaban champagne y reían a carcajadas.

—Tu última noche de soltera —dijo Ana mientras brindaban. —A partir de mañana dejás de ser una persona libre —acotó Mariana. —Al fin —confesó Paula—. Siento que ya viví lo suficiente como para perder mi libertad.

Las tres volvieron a reír.

—A partir de ahora soy de un solo hombre —continuó Paula. —A partir de ahora no; a partir de mañana —concluyó Mariana. —Bueno, no importa. No va a entrar otro hombre en mi vida que no sea él. —Bueno, "tu hombre" en este momento debe estar festejando rodeado de putas —soltó Mariana sin anestesia. —No es así —se defendió Paula. —Y... no sé si no es así —intervino Ana—. Con alguna minita debe estar. —Pero si salió con sus amigos... —¿Pero vos no sabés cómo son las despedidas de soltero de los tipos? —preguntó Ana. —No me importa, porque él no va a cagarme —dijo Paula con determinación. —No sería cagarte —retrucó Mariana—. Si él decide despedirse de las minas esta noche es porque te quiere y no piensa fallarte nunca más. —¿Vos me querés arruinar la despedida? —preguntó Paula. —No, todo lo contrario —cerró Ana.

Mariana se puso de pie, se acercó a Paula y le tapó los ojos con las manos. En ese instante, Ana apagó las luces y un resplandor rojo empezó a parpadear por todo el living.

Ana abrió la puerta y apareció "el Pantera", el stripper que Mariana había contratado. Con pasos rítmicos, el hombre se plantó frente a Paula, que seguía a ciegas. Mientras sonaba Shakin' Hands de Nickelback, el Pantera y Ana corrieron la mesa ratona para despejar la pista.

Era un tipo de unos veintiocho años, calvo, de rostro atractivo, alto y con un cuerpo fibroso de músculos marcados. Para el show, vestía un traje negro con camisa blanca y un sombrero que, apenas empezó el baile, colocó sobre la cabeza de Paula.

Con movimientos sexis, el caballero se quitó el saco. Apoyado contra la pared, subía y bajaba el cuerpo con cadencia; luego se acercó a Paula y le plantó un beso en la boca que desató los gritos y aplausos de todas. El entusiasmo de las chicas lo provocaba aún más: movía las caderas con destreza mientras se desabrochaba la camisa, acariciando sus propios pectorales. Finalmente, se puso de espaldas y dejó caer la prenda al suelo.

Se dio vuelta, metió la mano por debajo del pantalón y se tanteó el miembro. Acto seguido, se sentó sobre Paula y guio las manos de la novia hacia su trasero, mientras las otras dos aprovechaban para acariciarle la espalda y el pecho.

El Pantera levantó a Paula del sofá y le dio un azote juguetón en la cola. Se puso de espaldas a ella y llevó las manos de la chica hacia su propio cuerpo, bajando hasta su entrepierna. La futura esposa no perdió la oportunidad de comprobar que "aquella herramienta" tenía un tamaño más que interesante. Mientras ella exploraba, las amigas ayudaban a tantear ese cuerpo imponente.

Sin perder la concentración, el Pantera se desabrochó el cinturón y bailó unos pasos con cada una. Cuando ellas volvieron a sentarse, él se bajó el pantalón, dejando sus nalgas firmes a la vista de sus bellas clientas. Volvió a levantar a Paula, guio la mano derecha de la joven hacia sus testículos y la besó con pasión.

Ella regresó al sofá y él, frente a las tres, terminó de desnudarse arrancándose el slip. Las chicas quedaron impresionadas al ver esa enorme pieza: unos veintiséis centímetros, blanca, venosa y de un grosor imponente. La dejó a merced de ellas, que no tardaron en tocar y masturbarlo. Entonces, el Pantera tomó a Paula de la cabeza, la levantó y le susurró algo al oído.

Era una propuesta. Paula, sin dudarlo, aceptó.

La tensión del relato ha subido al máximo. Aquí tienes la versión corregida, puliendo el lenguaje para que las descripciones sean más fluidas y manteniendo ese estilo directo que estás usando.

Paula miró a sus amigas con una sonrisa picaresca y cómplice. Agarró de la mano al chico y, juntos, se dirigieron a la habitación de la futura esposa. Sus amigas no lo podían creer, pero lo avalaban con el silencio.

Ya en el cuarto —una habitación de paredes blancas, piso de parqué y una cama de dos plazas y media con sábanas también blancas—, se arrojaron sobre el colchón y comenzaron a besarse con pasión. Mientras se devoraban la boca, él le bajó el vestido, dejándola boca arriba. Se lo quitó de un tirón y lo lanzó a un costado.

Acto seguido, le arrancó la tanga, también blanca, para abrirle las piernas de par en par y hundirse en su sexo, comenzando a lamerla con intensidad.

Lo hacía como un profesional, le metía la lengua como penetrándola con ella. Y Paula lo aceptaba hundiéndole la cabeza con sus manos hacia sus depiladas conchas.

Paula – ahhhh ahhhh aggggg si papito si así papito – comenzaba con su primeros gemidos

Pantera – te gusta putita – le decía de forma muy sensual

Paula – se me encanta –

Pantera se levanta sobre la cama y se inclina sobre sus tetas la cual agarra y empieza a hacerse una turca sobre ella, luego se coloca sobre los pies de la cama, lo cual Paula se dirige hacia el gateando, Pantera le agarra la cabeza y se la lleva hacia su pene.

Paula abre la boca y se la introduce adentro, empieza a chuparle la pija. Cabecea rápidamente ayudada con el movimiento de pelvis del muchacho unos 5 min, Pantera se sienta en la cama y Paula prosigue a continuar chupándosela. Ahora no solo la chupa, aunque no se la puede meter entera de forma más pasional, lamiendo ese tronco de carne mientras el con la mano derecha la masturba con los dedos.

Pantera – aaaaahhhh bien nena bien –

Paula – mmmmmmua ggggg mmmmm-

Pantera vuelve a tomar la cabeza de la novia y la hunde sobre su pene.

Paula – ggggggguaaadd gggggauaaggg – luego se la sacaba de boca y pasaba la lengua de abajo hacia arriba y volvía introducir.

Pantera – si putita seguí así que sé que te encanta – y así siguió por 10 min.

Ahora Pantera ponía al revés a Paula con la cola en su cara y más al medio en la cama, y se inca sobre ella, y comienza a cogerla de perrito y los gemidos aumenta de forma más fuerte y amplia.

El mete y saca de Pantera le abre la concha, mientras ya era la garchada era mucho más fuerte y Pantera azotaba el culo de Paula, y le agarra el pelo para que sienta mejor la embestida mientras se escuchaba como golpeaba los huevos en el cuerpo de ella.

Plaffs plaffs plaffs plaffs plaffs plaffs se escuchaba repetidamente en la habitación como los gritos de placer de Paula, los gemidos de satisfacción de Pantera.

Paula – aaaaaahaaahahahahaahhahah aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh si mi vidaaaaa!!!!!!!!! ¡Más dame más!!!!!!!!! –

De pronto se decide un cambio de posición, Paula boca arriba acostada con las piernas en el hombro del chico mientras le introducía la verga y con una mano le tocaba la teta y pellizcaba el pezón, con la otra mano le metía los dedos en la boca lo cual ella los chupabas.

La vuelve a poner en cuatro y le dice al oído – te la voy a meter por el orto –

Paula sonrojada – dale rómpeme el culo –

Pantera primero le mete el dedo luego de mojarselo con la saliva y escupirle el ano a Paula, y así le lubricaba el orto, con un dedo, luego 2 y hasta llega a 4.

Paula – ahaahahahahah mmmmm siiiiii –

Pantera se posiciona y empieza a introducir la verga dentro de Paula

Paula- aaaaaaaaaaahhhhh despacio animal aaaaaaahhhh-

Pantera – shhh vos goza nomas, que ahí va 1 – mientras seguía metiéndola – dos – llevaba la mitad adentro – yyyyyyyyyyyy 3 – completa

Paula – aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!

Y empezó en el mete y saca de nuevo Paula pedia que le rompiera el orto hasta que empezó a acabar y tras uno momentos Pantera saco la verga y le tocaba acabar, Paula recobro la posición boca arriba

Pantera se pone de pie sobre la cama y va la cabeza de ella, un pie en cada costado agarro su miembro apuntando su pija hacia abajo justo es su boca que la tenía abierta mientras se masturbaba el también y empezó a acabar sobre como cascada blanca caía sobre la boca y tetas de Paula.

Con toalla húmeda Paula se seca y termina acostado con Pantera tapándose con una fina sabana. Desde que llego el Pantera hasta ese momento paso una hora.

Pantera y Paula quedaron exhausto después de la cogida, pero justo sonó el timbre que solamente lo escucharon Mariana y Ana.

Fueron corriendo hacia la puerta y Mariana preguntó quién era. Desde el otro lado, una voz que las chicas reconocieron de inmediato respondió: —Soy yo.

Era Gonzalo.

—Andá a decirle a Paula —le susurró Mariana a Ana, con urgencia. —Ok —asintió Ana mientras salía disparada hacia el cuarto.

—¿Hola? ¿Mariana, sos vos? —preguntó Gonzalo desde el pasillo. —Sí... ¿quién es? —fingió ella para ganar tiempo. —¡Yo, Gonzalo! Abrime, por favor. —Sí, bancame que no encuentro la llave...

Mientras tanto, Ana entró al cuarto. Paula estaba acostada, desnuda junto al Pantera, apenas tapados por una sábana blanca. —Paula, está Gonzalo afuera —soltó Ana de golpe. —¡¿Qué?! —exclamó Paula, saltando de la cama aterrorizada. —Sí, está ahí afuera, todavía no entró. —¡Levantate, levantate! —le ordenó Paula al Pantera—. ¿No escuchás que vino mi novio? ¡Te tenés que ir!

El stripper se levantó de la cama de un salto, confundido. —¿Pero por dónde se va a ir, si Gonzalo está en la puerta? —preguntó Ana, desesperada.

En ese momento apareció Mariana, avisando que Gonzalo estaba apurado y ya no aguantaba más. Paula le pidió a Ana que le trajera la ropa del stripper, mientras el Pantera intentaba ponerse los pantalones que Ana ya le había alcanzado.

—Hay que esconderlo —dijo Mariana, señalando al muchacho. —¡Cierto! ¡¿Qué carajo hago ahora?! —exclamó Paula, entre la angustia y el pánico.

Mientras el timbre no paraba de sonar, Paula se puso el vestido a las apuradas y les pidió a sus amigas que llevaran al chico al baño, que estaba justo a la entrada del departamento. Las chicas obedecieron de inmediato. Luego, las tres se acercaron a la puerta y Paula decidió hablarle a Gonzalo sin abrir.

—Gonzalo, ¿qué hacés acá? —le recriminó, buscando complicidad en la mirada de sus amigas—. No te voy a abrir porque estoy festejando mi despedida y me tenés que respetar. Vos tendrías que estar con tus amigos. —Sí, mi amor, pero los chicos me dejaron tirado justo acá...

Después de un instante, Paula cedió y abrió la puerta. La imagen era sorprendente: Gonzalo estaba completamente desnudo, cubierto de huevo y harina de pies a cabeza.

—Hola, amor... Los chicos me hicieron esta joda y quería ver si me puedo bañar acá antes de irme —dijo él con una falsa inocencia.

Entró y saludó amablemente mientras Paula corría al baño a buscar una toalla. El stripper estaba escondido en la ducha, detrás de la cortina, así que ella decidió sacarlo por la puerta que comunicaba el baño con su dormitorio.

—Tomá, acá tenés —le dijo a Gonzalo, envolviéndolo en el toallón para que sus amigas no lo vieran desnudo. —Qué suerte que el portero me reconoció y me dejó pasar —comentó Gonzalo, dirigiéndose hacia el cuarto donde, segundos antes, estaba el Pantera.

—¡Pará! —lo frenó Mariana—. Andá a ducharte y yo te llevo la ropa, si no vas a ensuciar toda la habitación. Gonzalo aceptó y entró al baño. Así evitaron que descubriera al chico en el cuarto.

Mientras Gonzalo se duchaba, las amigas intentaban ayudar al Pantera a huir sin ser visto, pero el stripper tardó unos minutos en vestirse. Cuando finalmente estaba listo para escapar y pasaba frente al baño, Gonzalo salió de la ducha. Paula no pudo hacer nada: los dos hombres se cruzaron de frente.

Era una escena de novela. Mariana sostenía la puerta abierta para la huida y Ana llevaba el sombrero del stripper. Paula sentía que el mundo se hundía bajo sus pies; sus amigas, que lo habían dado todo por encubrirla, quedaron congeladas. El Pantera solo quería terminar su trabajo y Gonzalo, con el honor herido, estalló.

—¿Y este quién es? —preguntó Gonzalo, ajustándose el toallón. —Ya se va... —soltó Mariana con una sonrisa falsa. —Acá no se va nadie. ¡Cerrá esa puerta! —ordenó Gonzalo. Ana obedeció por puro instinto—. ¿De dónde saliste vos? —le espetó al Pantera con desprecio. —Mirá, flaco, tranquilo. A mí solo me contrataron. —¿Te contrataron para qué? —insistió Gonzalo, acercándose de forma tenaz. —Para un show. —¿Qué clase de show?

La tensión se podía cortar con un cuchillo. —Bueno, mirá... normalmente no incluye sexo, pero había bastante guita y no pude despreciarla —confesó el Pantera.

Paula tenía los ojos vidriosos, a punto de romper en llanto al ver que todo saldría a la luz. —¿Sexo con quién? —rugió Gonzalo. —Conmigo —intervino Mariana de golpe, adjudicándose la culpa para salvar a su amiga.

Sin creerle una palabra, Gonzalo irrumpió en el cuarto buscando pruebas. Paula lo seguía, desesperada, asegurándole que no encontraría nada. Él ignoró sus súplicas y se puso a rastrear la cama, oliendo las sábanas. —El único olor que vas a hallar es el mío, yo duermo ahí —insistió ella con la voz quebrada.

Pero entonces, Gonzalo encontró la tanga blanca que el stripper le había quitado. Paula, en un último intento por salvarse, alegó que era de Mariana. Gonzalo, ciego de furia, encaró a la amiga. —Ah, pensé que la había perdido —reaccionó Mariana rápido, haciéndose cómplice de la mentira.

Sin embargo, en un movimiento veloz, Gonzalo le levantó la falda del vestido a Mariana y comprobó que ella ya llevaba su propia ropa interior. La prenda que tenía en la mano no dejaba dudas: era el cornudo oficial horas antes del matrimonio.

—Fuera de acá —le ordenó al Pantera, quien no perdió tiempo y se marchó.

Gonzalo se acercó a Paula, que ya no podía contener el llanto. —Me cagaste la vida antes del casamiento, hija de puta. Te juro que no me caso. ¿Escuchaste? ¡No me caso! —le gritó mientras le revoleaba la tanga a la cara.

Fue al baño a recoger sus cosas y volvió al cuarto para vestirse. —Gonzalo, escuchame... —suplicó ella. —Te escucho, pero no me caso —respondió él, tajante, mientras se ponía los pantalones. —¡Era mi despedida de soltera! Lo hice para despedirme de los hombres... Te juro que nunca más te voy a fallar.

Gonzalo la miró con una mezcla de asco y sorpresa mientras se ataba las zapatillas. —Hace tres años que estamos juntos y ¿justo hoy se te ocurre "despedirte" de los tipos, pelotuda? —Es la primera vez, te juro que es la única... —lloraba ella. —Sos patética —se burló él, viéndola ahí parada con la tanga en la mano.

Mientras se ponía su remera Nike blanca, Gonzalo se volvió hacia Mariana y Ana, que hasta ese momento habían sido espectadoras mudas, sin saber cómo intervenir. —Ustedes no son ningunas santas. Metieron a un tipo en esta casa para que se las garchara a las tres. —Pará, escuchame, que yo... —intentó decir Ana. —¿Vos qué? —la cortó él—. ¿Me vas a decir que, caliente como estabas, no te ibas a dejar? —Te estás yendo al carajo, Gonzalo —intervino Mariana. —¿Ah, sí? ¿Ustedes piensan que si yo no llegaba, este tipo no se las cogía a las tres? ¿Y vos, Paula? Te diste el gusto, te echaste un terrible polvo, ¿no? Y ahora que les cagué la garchada se quedaron con las ganas. —Sos un guarango —escupió Mariana. —Yo soy un guarango, pero ustedes son unas putas.

Antes de salir, lanzó una última amenaza: —Esto me lo vas a pagar, Paula.

Se marchó dando un portazo. Durante media hora, el living fue un caos de llanto y discusiones sobre quién tenía la culpa, hasta que el timbre volvió a sonar. Una chispa de esperanza iluminó a Paula: quizás Gonzalo se había arrepentido. Le abrió y lo hizo pasar hasta la sala.

—Bueno, nosotras nos vamos —dijo Mariana agarrando su cartera—. Los dejamos para que se arreglen tranquilos. —Chau —acotó Ana, caminando hacia la salida. —De acá no se mueve nadie —ordenó Gonzalo con una frialdad que las dejó heladas.

—Tengo una idea —soltó Gonzalo con frialdad—. Yo les voy a sacar la calentura a Mariana y a Ana. Me las voy a coger yo. —¡¿Qué?! —exclamó Paula, sin poder creer lo que oía. —Si no, no me caso —sentenció él. —Pero, ¿qué te pasa? Estás en pedo... —dijo Mariana con una risa nerviosa, intentando procesar la propuesta. —Ustedes se van a tener que hacer cargo —insistió Gonzalo. —Yo no me tengo que hacer cargo de nada —le soltó Ana, desafiante. —¡Vos te callás la boca! —le gritó él—. La única manera de que yo me case es teniendo una verdadera despedida de soltero, como la tuya, Pau. Yo también quiero despedirme de las mujeres para siempre con tus amigas —concluyó con una sonrisa cargada de maldad.

—No hagas esto, por favor... —le suplicó Paula con ternura, intentando ablandarlo. —Me garcho a tus amigas y acá no pasó nada; nos casamos felices y contentos. Si no, no hay boda —dijo con firmeza—. La decisión es de ustedes.

Sin esperar respuesta, se dirigió al cuarto de Paula quitándose la remera, dejando claro que las esperaría desnudo para ver quién sería la primera, o si se atreverían las dos juntas.

Paula, desbordada, miró con odio a Mariana al llegar al comedor. —Me arruinaste la vida —le espetó. —¿Yo te la arruiné? Bien que te cogiste al desconocido —le retrucó Mariana. —Yo siempre dije que estas cosas terminan mal —interrumpió Ana, intentando mediar. —Mal para vos, que te calentaste y te quedaste con las ganas —le contestó Mariana con veneno. —Sos una... —¿Una qué? —la cortó Mariana—. ¿Por qué no te callás antes de hacerte la mosquita muerta? —Tiene razón, Ana —intervino Paula—. Vos siempre le tuviste ganas a Gonzalo.

Mariana cambió el tono, ahora más calmada y cínica. —Ah, ¿sí? ¿Siempre? ¿Estás segura? Mirá, si no te casás no va a ser por mi culpa. Tenés un rato para convencer a Anita. —¿Qué vas a hacer? —preguntó Paula, asustada. —Lo que quiere tu marido. Dale, que mañana se casan y acá no pasó nada. —Mariana... —susurró Paula—. Gracias.

Mariana caminó hacia el cuarto. Gonzalo ya estaba en calzoncillos, sentado al borde de la cama con una sonrisa soberbia. Mariana lo miró con una mueca de desdén. —A ver de qué sos capaz —lo desafió. —Ja... Dale, ponete en bolas.

Mariana cerró la puerta con llave. Se quitó las botas y dejó que el vestido cayera al suelo. Se sentó al lado de Gonzalo y empezaron a besarse. El beso pronto se volvió pasional, cargado de lengua y saliva, mientras él masajeaba sus pechos, grandes y firmes, para luego empezar a devorarlos.

Se entereza y con el calzoncillo ahogando su pene decide bajárselo y liberar su herramienta de 24 cm de largo con un gran glande al rojo vivo. Toma la cabeza de Mariana y de un empujo se la lleva a que le chupe la pija, ella entendió lo que debía hacer a la perfección. Y en un abrir y cerrar de ojo la cabeza de Mariana subía y bajaba mientras chupaba el pene del futuro marido de su amiga.

Mariana para estar más cómoda decide que es mejor arrodillarse ante él, y cuando lo hace sigue peteando pero también chupa como un helado el glande de Gonzalo.

Gonzalo – ahhhh que bien que la chupas putita, seguí así trolita – lo cual ella hacía.

Mariana – te gusta hijo de puta, mira que dura la tenés – mientras Gonzalo sonreía orgulloso

Después de un rato Mariana decidió seguir complaciéndolo con una turca, la verga de Gonzalo se veía espectacular entre esos dos globos. Gonzalo tomó a Mariana y la levantó, puso sus manos sobre su cadera y le bajo la tanguita roja que tenía puesta para llevar a la chica entre su y verga. Mientras la atraía le separo las piernas y ahora frente a frente la subió hacia el para comenzar a meterle la pija y empujarla para clavarla mejor, sentía muy jugoso el miembro de Gonzalo la conchita de su madrina de boda. Y empezó el clásico PLAFF PLAFF PLAFF¡!!!!!

Mariana – aaaaaaaahhhhhhh ¡!!!!!!!!! ¡Si dale cornudo!!!!!!-

Gonzalo – jajaajaja mmmmmm que rica tetas – mientras la cogía le chupaba las tetas

Gonzalo se paró con ella a upa, la inclino un poco hacia atrás y empezó cogérsela en el aire prácticamente. Ella se sostenía del cuello y él la sostenía de las caderas en el vaivén del mete y saca a una velocidad máxima.

Mariana – aahhhhhhhhhh si dale cógeme, sácate las ganas puto –

Gonzalo la acuesta boca arriba y encima de ella sigue garchandola, el grito de placer de ambos se sentía en toda la habitación y departamento.

Ana, superada por la situación, decidió agarrar sus cosas para irse; no podía soportar un minuto más en ese departamento. Sin embargo, justo antes de salir, Paula logró interceptarla en la puerta.

—¿A dónde vas? —le preguntó Paula, bloqueándole el paso. —Me voy, ya está. Esto es demasiado —respondió Ana, temblando. —No, Ana. Escuchaste bien a Gonzalo: él dijo "mis amigas", en plural. —¡Pero no puedo! —estalló Ana—. ¿Cómo nos vamos a mirar a la cara mañana mientras estés frente al cura diciendo "sí, quiero"? Vas a estar ahí sabiendo que lo engañaste con un desconocido y que él se garchó a tus mejores amigas.

Paula la tomó de los hombros, tratando de convencerla con una súplica desesperada.

—Dale, Ana. Esto queda acá, te lo juro. Si vos no aceptás, no me caso... y él ya se está cogiendo a Mariana. Por favor, terminalo vos también.

Paula intentaba por todos los medios que su amiga aceptara el trato, mendigando un sacrificio que sellara el secreto para siempre.

Ya el cuarto Mariana y Gonzalo había cambiado de posición, ahora está de costado en la cama ella con la pierna derecha levantada y el metiendo su pija por la concha

Mariana – ahhhaahhahah como te estas sacando las ganas eh, encima de yapa te vas coger a la mosquita muerta de Ana aaahhhhh mmmmm-

Gonzalo – si siempre te la quise dar ahora Ana se me hace mucho más puta y cogedora que vos –

A Mariana le excita esas palabras y se suelta del cuerpo de Gonzalo llevándolo ahora con sus manos a que este boca arriba y se sube en el clavándose la barra de carne y cabalgando sobre él.

Mariana – aaaaaaahhhahaa aahahahahahah ahhahahaahahah mmmmmmmmmmmmm ahahahahah hijo de puta – mientras él le tocaba el culo con una mano y con la otra los pechos

Gonzalo – aahahhahaah toma dale toma putita de mierda –

La conversación entre Ana y Paula a través de los golpes de la cama de la habitación producto de las relaciones que tenía el futuro marido con su futura madrina de boda.

Paula – por favor Ana, no hay nada que hacer, necesito que me ayudes. Por favor – lo decía con pena

En unos minutos Ana recapacito y acepto, solo faltaba su turno.

Mariana estaba boca abajo en la cama con cola en pompa, esa hermosa cola grande redonda con cachetes duros y fornidos. Mientras que le separada con sus manos el ano ya que él se iba agachando con su pija apuntando a ese destino. Lo cual cuando estaba iniciando la penetración para que sea más exacta agarra con mano derecha el miembro y lo empieza a introducir de a poco hasta que empieza en traqueteo de nuevo

Mariana – aaaaahhahahahahahah hijo de puta me vas a romper te la das con todos los gustos eh jajajaajajaja aaaaaaaaaahhhhh- hablaba y reía, gozando mientras era penetrada analmente

Gonzalo – por supuesto con todo me doy los gustos yo. Aahhahahahahahahahahah-

Mariana– si dale putito dale aaaaaaaaaaaaaaaahhahhhhhhhhhhhhh-

Gonzalo – voy a acabar –

Mariana – adentro no eh –

Entonces Gonzalo saca la pistola del ano y empieza a pajearse sobre el cachete derecho de la nalga de Mariana. Hasta expulsa soda la leche sobre ella.

En unos minutos se dispusieron a limpiarse un poco los cuerpos ya que la función se había terminado. No se sabe si era el momento, el morbo, la excitación de cumplir una fantasía o que, de cornudo era el que cuerneaba a su novia con sus amigas dándose un gusto y saber que tenía que volver a la acción inmediatamente, su pene empezaba a dar señales de pararse otra ves.

—¡La que sigue! —gritó Gonzalo desde la cama.

Mariana soltó una risa seca, tomó sus tacones y salió de la habitación. Apareció en el living empapada en sudor y se sentó junto a las otras dos, que habían escuchado cada ruido desde el sofá. Miró fijamente a Ana.

—Te toca —le dijo. —En un minuto lo liquido —respondió Ana, con una frialdad que sorprendió a las demás.

Ana entró a la habitación. Gonzalo la recibió con el pene a media asta y una mirada burlona. —Hola, Anita. Dale, ¿me ayudás? —la provocó él—. Se te hace agua la boca... no sé si por este o por el que te querías comer antes, pero está duro y no lo podemos desperdiciar. Si no, preguntale a tu amiguita.

Sin mediar palabra, Ana se dio vuelta y se quitó los zapatos. Se desvistió con movimientos rápidos, como si se sacara una remera cualquiera; luego se desprendió el corpiño y lo arrojó sobre el sexo de Gonzalo, seguido de su bombacha. Acto seguido, trepó a la cama, tomó el miembro de Gonzalo con la mano y empezó a pajearlo. Con un gesto de aprobación de él, se acomodaron para un 69.

Afuera, el silencio en el sofá era sepulcral hasta que Paula rompió el hielo. —¿Y? —le preguntó a Mariana. —¿Y qué? ¿Qué querés que te diga? ¿Lo bien que me garché a tu novio... perdón, a tu marido? —le respondió Mariana con crudeza—. Ya está, Paula. Se nos fue de las manos, pero listo. Mañana se casan y se terminó el problema.

En el sofá, Paula y Mariana se abrazaron, dejando las asperezas en el pasado. En medio de aquel caos, solo les quedaba esperar a que su amiga saliera de la habitación.

Adentro, Ana ya había logrado que el miembro de Gonzalo recuperara toda su firmeza. Mientras ella lo succionaba con intensidad, él le devolvía el gesto lamiéndole el sexo. Los gemidos de ambos empezaron a inundar el cuarto, filtrándose de nuevo hacia el living.

—¡Ahhh... qué rica que está esa conchita! —exclamó Gonzalo, entregado al placer. —Lo migmo digo de la vegga... —balbuceó Ana, con la boca llena, sin detener su ritmo.

Siguieron un buen rato hasta que Ana decidió ponerse en la postura de perrita para que Gonzalo la empiece a coger, lo cual Gonzalo hizo agarrándola de las caderas mirando hacia la puerta y empujando para que entre su verga en esa conchita que su lengua había probado

Ana – aaaaaahhhhhhhh si dale conchudito de mierda, cógeme como una yegua- pedía la chica mientras la cama rechinaba producto a los movimientos.

Gonzalo - saber que tus amigas del otro lado están hablando y una me la acabo de coger y la otra la cojo siempre y es mi novia jjaajajajajaja-

Y así era Paula para distraerse le mostraba por su celular a su amiga donde iban a ir de luna de miel lo cual esta misma aprobaba con admiración y de tras escuchaban los gritos de placer de Ana con Gonzalo.

Ahora Gonzalo estaba acostado boca arriba siendo cabalgado por Ana. Ella movía su concha con la pija adentro de atrás para delante y de arriba abajo dándole la espalda lo cual este aprovecho para introducir un dedo en el ano de ella, dándole a entender cómo se completaría esta cogida.

Ana – aaahahahahahahahahahahah ssissisisisissisisisisisisi ahhhhhh aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh la concha de tu madre aahahahahahahahahaha- decía mientras se sobada las tetas y se pellizcaba los pezones.

Mariana y Paula escuchaba lo que pasaba en ese cuarto.

Ahora Ana estaba encima de Gonzalo de frente y este le chupaba las tetas mientras se la seguía metiendo.

Gonzalo la levanta y la lleva hacia la puerta y le sigue dando matraca si parar golpeando los cuerpos en ella

Ana – mal parido aahahhaahahahahahahahahahahah-

Gonzalo – te gusta? –

Ana –si me encanta –

Luego de un rato largo la pone contra la ventana que estaba abierta por los intensos calores de buenos aires en verano

Gonzalo – ahora toca el culito –

Ana – bueno dale-

Y con sobresale la cabeza de Ana mientras el con un dedo le lubrica el ano, lo sigue trabajando hasta que finalmente el momento llega.

Ana – AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH MMMMMMMMMM HHAHAHAHAHAHAHAHA- grita Ana por la ventana por suerte los vecinos del a lado y abajo como arriba están de vacaciones, pero a pesar de estar en un cuarto piso ese grito tan placentero se sintió hasta en la calle, lo cual las persona que iban miraban para saber desde donde venían, no había mucha solo lo que salían a un boliche o venían del ya que eran la 3.30 hs de la mañana.

Gonzalo tira a Ana a la cama y sigue rompiéndole el orto encima de ella por un buen rato

Ana- ahahahahah mañana voy tener que estar parada en el casamiento – ambos rien – bueno no es para tanto ya me lo han hecho- dijo ella.

Luego Gonzalo decide volver a cogerla por la concha y la postura es el sobre los de cama meta y darle a Ana que lo tiene rasguñándolo un poco y luego apretándole las nalgas a él.

Para terminar Ana lo masturba y mientras se lo hace ella misma y abre la boca para recibir una cascada de leche.

Gonzalo – aaaaaaaaah toma lechita aaahahah mmmm toma –

Luego de terminar, Ana y Gonzalo pasaron al baño para higienizarse y quitarse el rastro de la transpiración. Cuando salieron de la habitación, ya estaban completamente vestidos. Gonzalo se acercó a Paula y, frente a sus amigas, le dio un beso apasionado.

—Ahora sí, estamos a mano —le susurró al oído.

Sin decir más, se dio vuelta y se marchó del departamento.

Las tres amigas se quedaron solas. Durante media hora hablaron, lloraron un poco y terminaron de aclarar los puntos del pacto de silencio que acababan de sellar. Finalmente, Ana y Mariana se despidieron, confirmando que estarían en la iglesia al día siguiente como si nada hubiera pasado.

Paula se quedó sola en el silencio absoluto de su casa. Se puso a ordenar el living, recogiendo las copas de champagne y acomodando el sofá que había sido testigo de tanto caos. Antes de acostarse, se quedó mirando el techo en la oscuridad, preguntándose con amargura qué clase de matrimonio y qué clase de vida le esperaba junto a Gonzalo después de una noche donde todos habían perdido algo.

FIN

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