Cayo la hija, cayó la madre y detrás todas las 15
Caridad siempre fue la mujer más recatada de la playa, hasta que sus propias hijas y las 'amigas' de Marcos la desvistieron bajo el sol. Ahora, con el teléfono en mano y las imágenes de su humillación en la nube, no tiene otra opción que entregarse. La pregunta no es si lo hará, sino qué tan profundo estará dispuesto a llegar su Amo.
“Por fin. Como lleguemos las últimas os despellejo vuestros lindos culitos a correazos y esta noche no vais a poder sentaros, de eso no os salva ni que papá llegue esta tarde ¿entendido? pues vamos. Bien, creo que el Amo quedara contento” comento aliviada la dominante chinita mientras con su mano apretaba las braguitas de su mama y hermanita contra sus vulvas de modo que estas quedaran más en evidencia “ahora sí, vamos, a ver si han llegado y como las demás” concluyo la chinita dirigiéndose a la puerta sin volver la vista atrás.
Media hora antes….
“Hola capullo, me han dicho que sigues bastante jodido, jajaja, perdona me ha salido sin querer. Bueno a lo que importa, el que tu no puedas bajar no quiere decir que nos prives a los demás de la vista de los melones de tu legitima y reputada, ostia perdona otra vez jajajaja me sale solo, esposa. Así que espabila y dile que se baje, oye y que se deje de esos bañadores de monja que se gasta y se baje con un biquini que merezca tal nombre, que alguno tendrá, y sino que vaya ahora al chino y se lo compre, jajajaja, con suerte al salir del agua se le ha convertido en un tanga…ostia hoy estoy que me salgo…bueno lo dicho y que se dé prisa. Tú castigador” tal era el wasap que envié, acompañado de una sugestiva foto recibiendo la enculada que le propino la gatita, al capullo del presi de la comunidad, que convaleciente de sus magulladuras y desgarros anales no había vuelto a pisar la playa en toda la semana alegando que sufrió un mareo y una mala caída en el garaje para justificar sus heridas.
Nada más enviarlo me asegure de destruir la tarjeta desde la que lo había hecho, tenia de sobra entre las muchas que me proporcionaba la adorable gitanilla, Jenny, provenientes de colgados e indigentes que le servían de pantalla en este y otros negocietes con los que se ganaba la vida cuando no estaba repartiendo bebidas en la playa o comida a domicilio.
Satisfecho y sonriente me dirigí decidido a pasar una estupenda jornada de playa, empezando por un fresquito baño que tanto me tonificaba y relajaba. Realmente el agua estaba casi helada, como a mí me gusta, sin apenas oleaje, lo que me permitió nadar a placer durante algo más de veinte minutos, tras lo cual me dirigí de vuelta a la orilla, seguro de que mis chicas estarían esperándome.
Nada más salir del agua, escurrido mi cabello y extremidades del exceso de agua, sonreí satisfecho al ver a mis mascotas entorno, sin apretujarse para no resultar muy evidente, a la hamaca que la joven Clarita había bajado para mí.
Llegado a su altura, recogí mi toalla y tras quitarme el resto de agua de mi cara pude al fin detenerme a examinar a todas y cada una de mis amantes. Lo primero que me llamo mi atención, por el cambio que anunciaba, fue la indumentaria, escasa, que portaba la joven Clarita. Cubría, escasamente, su prominente vulva un escueto triangulo de color amarillo huevo, que se fijaba aún más a su anatomía pues la chiquilla, aparte de quitarle el forro a la braguita, había procedido a mojar abundantemente el mismo con lo que sus labios vaginales se marcaban ostensiblemente, ello además de reseñar que sus dos nalgas aparecían completamente desnudas, anunciando solo, en la zona que limita con la espalda un hilo de igual color que se unía al que ceñía su cintura. Si la vista resultaba con ello deliciosa, no fue menor el detalle del top que gastaba, del mismo color, que cubría en horizontal escasamente a partir de la mitad superior de su pecho, limitando apenas con la aureola de sus pezones para luego caer como una lacia cortinilla, que cubría de nuevo solamente hasta poco más debajo de los pezones, dejando al aire toda la parte inferior de sus firmes pechos.
A la amplia sonrisa que provoco la simple vista del cuerpo de Clarita, respondieron satisfechas su tía Rosa y mi gatita, recuperando por momentos una respiración que parecían tener contenida hasta obtener mi aprobación, por la cuenta que a cada una le correspondía.
Habiendo captado por ello mi atención no deje de apreciar cómo le favorecía a la cincuentona las dos piezas de color blanco que lucía y que resaltaba sobre su tostado cuerpo. Era la braguita de estas de talle alto, también ceñido por un simple hilo (parecía que mis mascotas se hubieran puesto de acuerdo) que al estirar el triángulo dejaba cubierta exclusivamente la porción exacta de su pubis, dejando a la vista una perfecta depilación brasileña y un culo firme y alto a pesar de la edad de su dueña. Respecto al top, repetía el diseño de la braguita pues los triángulos sostenido por dos finos hilos anudados tras el cuello de la cincuentona, elevaban sus apetecibles pechos que quedaban cubiertos escasamente por lo que abarcaban sus aureolas.
Por fin, lo que supuso algún mohín de disgusto por las aludidas, fije mi vista en perrita, su caliente mamaíta y mi gatita, contemplación que termino por empalmarme de forma evidente para todo aquel que tuviera ojos en la cara.
Satisfecho me deje caer en la hamaca, echando mis brazos por detrás de mi nuca remarcando la musculación de mi pecho y abriendo ostensiblemente mis piernas deje a la vista de quien supiera apreciarlo lo bien dotado que estaba, gestos estos que provocaron que mis sumisas empezaran a babear y mirándose unas a otras retadoras para ver quien fuera de entre todas seria la agraciada con mis atenciones.
Al poco mi gatita se acercó a mí y desde mi espalda susurro a mi oído un breve resumen de los acontecimientos que habían escapado a mi observación lo que provocó que, curioso, bajara levemente mis gafas de sol por el puente de mi nariz para fijar mi atención en la mama zorra, que al notar que era centro de mi atención bajo su vista a la arena para evitar la mía mientras su rostro adquiría un fuerte tono carmesí. El relato y la reacción de la zorra me provocaron una amplia sonrisa por el vuelco y aceleración de los acontecimientos que suponía contestándole a mi gatita “no te preocupes, todo está controlado, las cosas solo se han acelerado un poco, pero en eso está la chispa de la vida” rematando mi satisfacción y dominio de los acontecimientos con un breve roce de mis labios con los de mi gatita que a esta le supo a gloria y le devolvió la tranquilidad y la alegría que parecía haber perdido
“Gracias Amo, y perdona a esta tonta sumisa si te he molestado ¿apetece a mi amo algo de sus putitas para hacerle más placentero el día de playa?” pregunto melosamente mi gatita mientras sensualmente se dejaba caer sobre sus piernas al lado de mi hamaca
“Como apetecerme, ahora mismo os abriría a todas de patas y os daría fuerte, cosa que igual hago un poco más tarde, pero ahora debemos esperar a nuestra próxima pieza y no distraernos. Pero bueno algo podemos ir adelantando, avisa a Clarita, que se venga para acá y tu mientras estate atenta por si ves bajar a la mujercita del presi” respondí sin dar importancia a ninguna cosa en concreto, pero llamando poderosamente la atención de mi chinita con la sola mención de su fracasado abusador.
No obstante, enseñada como estaba, mi gatita se recuperó enseguida del impacto y con un gesto reclamo la presencia de la joven Clarita que, levantándose lentamente, como un felino, dejo que mi gatita se recreara en su apetitoso cuerpo.
No acabando ahí su coquetería, la joven Clarita recorrió los escasos metros que la separaban de mi hamaca como si estuviera desfilando en una pasarela, marcando los movimientos de sus caderas, lenta y sensualmente, pasando una pierna delante de otra como si anduviera sobre una estrecha línea con el vació amenazando a ambos lados, movimiento que provocaba que la cortina de su top se balanceara graciosamente y a su vez pareciera querer refrescar los turgentes, ardientes pechos de la jovencita.
Tal abanico de recursos provocaron que en esos breves instantes en los que, para mi gatita, pareciera que se hubiera detenido el tiempo, la chinita no pudiera volver su cuello para no perderse un momento la magnífica y erótica imagen que desprendía la presa que con tanta insistencia me ofrecía para que la aceptara entre mis mascotas.
Sabedora del efecto que estaba provocando en mi oriental putita, al llegar a la altura de mi hamaca, a propósito, por el lado que ocupaba mi gatita, se dejó caer lánguidamente al lado de esta y apoyando su mano en el hombro de mi gatita, pasó su rostro por delante del de mi favorita para melosamente preguntarme “¿En que puede complacer esta humilde putita a su Amo?”, respuesta y tono que me provoco una satisfecha sonrisa y que a mi gatita se le pusieran los ojos como platos por la sorpresa ante la radical transformación de su pupila y el efecto que ello provocaba con la humedad que empezaba a sentir en su entrepierna.
“El sol está apretando y mi gatita, entre sus obligaciones, antes ha olvidado protegerme adecuadamente, así que he pensado que su discípula podía corregir la leve falta de su maestra. Ah, y por lo pronto, aunque tu top no deja de tener su punto, es hora de que tu Amo…y mi favorita disfrutemos de la vista de tus lindas tetas sin estorbo” palabras que a la par que provocaron un gracioso mohín de disgusto a mi oriental putita, lograron marcar una amplia sonrisa en el rostro de Clarita y un brillo picarón en sus ojillos al tiempo que, con una ligera y graciosa maniobra, procedió a retirase el top dejando a la vista sus jóvenes, erguidas y firmes tetas. Un gesto que no pasó desapercibido a ninguna de mis mascotas, arrancando una sonrisa a todas, sobremanera a Rosa que veía recompensados sus esfuerzos, a la vez que un brillo de envidia en todas ellas al reconocer en la nueva Clarita una competidora que antes no temían.
Con igual parsimonia a la empleada en su venida entorno mío, Clarita se levantó sensualmente y, colocándose detrás mía, dejando caer una generosa porción de gel protector en la palma de su mano, repartiendo la misma entres sus dos palmas procedió, dejando caer su cabecita al lado derecho de mi cuello, extender sus suaves y frescas manos sobre mi pecho, untándome la crema con especial deleite para mí y manifiesta envidia en mi gatita.
Mimosa como estaba, consciente de la satisfacción que me estaba provocando y de la irritación que evidenciaba su dueña, forzando su postura, llevando sus deditos por debajo de la cinturilla de mi bañador rozo levemente el prepucio de mi polla, que ya desde un rato sobresalía de mi erecta polla “Uuuufffffff, mi Amo, el riesgo de quemarme lo tengo yo con esa tranca tan cerca mía…” comenzó a susurrarme al oído “¿se dignara mi Amo a apagar pronto el fuego que quema el chichi de su entregada putita” insistió mientras sus dedos abarcaban el tronco de mi polla debajo del bañador
“Pronto, pronto, sigue así y cuando tu dueña creas que te lo has ganado recibirás tu premio” respuesta que aparte de provocar que insistiera en sus caricias hizo que, volviendo su rostro hacia la chinita, acercando sus labios a los de esta, posara labios contra labios mientras su húmeda lengüecita, tímidamente, se abría paso en la entreabierta boquita de su amada que la recibió cálida y agradecida por el gesto de deferencia “Como mi Amo ordene, solo espero ser digna de los esfuerzos que ha derrochado en mostrarme mi verdadera naturaleza” respondió humilde la jovencita, retirándose para sin solución de continuidad, volverse a sentarme a mis pies y continuar su erótico masajeo desde las puntas de mis pies hasta mi entrepierna, momento en el que hábilmente accedió a mis huevos que se vieron recompensados por un hábil masajeo bajo la atenta y aprobatoria mirada de mi chinita que no pudo resistir el acariciar la cabecita de su pupila quien, levantando su vista hacia uno y otra, sonrió agradecida buscando la aprobación que pronto obtuvo de nuestros leves gestos.
Terminada su tarea, la joven retiro sus manos dejándolos caer sobre su regazo a la espera de instrucciones mientras yo me desentumecía satisfecho “¿Y es tu chochito lo primero que quieres estrenar? Lo digo porque para una humilde putita me sorprende tanta exigencia” solté de improviso logrando provocar el desconcierto en la aludida que creía haber caído en falta, y una franca sonrisa en mi gatita que si había captado mi choteo y agradecía que se le bajaran los humos a su pupila.
“Perdón Amo, no, no claro…no me atrevería…no, lo que mi Amo disponga, como y cuando mi Amo desee encontrara en mí su entregada putita…” replico balbuceante la joven Clarita, que pronto recupero la tranquilidad al observar las miradas de satisfacción y complicidad que cruzábamos mi gatita y yo.
“Mi Amo, me parece ver que, como me habías anticipado, está bajando la mujercita del presi acompañada de sus hijas Cari y Gadea” comenzó a decirme mi chinita que no perdía detalle de la salida de la urbanización a la playa “¿Y los mellizos?” pregunte “No, parece que no le acompañan, solo sus hijitas” continuo
“Bien, descríbeme como viene” le requerí
“Cargada como una mula como siempre. A dos manos llevando las sillas y cacharros de la familia, mientras sus hijas llevan unas mochilas, supongo que con juguetes y sus cosas”
“¿Cómo vienen vestidas?”
“A la madre no la veo bien porque lleva uno de esos pareos largos atado por delante a la altura de sus pechos, pero vamos no me extrañaría que llevara uno de sus horrorosos trajes de baño enterizos que no se pondría ni una monja. Las niñas vienen igual, bañador entero, azul marino con rayitas blancas ambas, esta mujer no destaca por su gusto precisamente y mira que tiene un cuerpo voluptuoso”
“Bien, pon sobre aviso a las mascotas. Que estén atentas, rápidas y que me sigan el juego. Avísame cuando estén a unos cinco metros. Tú y tu hermanita entretenerme a las niñas. Clara, bonita, tienes una ocasión de demostrarme que tu cambio no es solo de fachada, así que atenta” reparto de tareas que amosco a mi chinita que se creía relegada a un papel menor, aunque enseñada como ya estaba, acato sin protestar
“Si mi Amo, no te defraudare” contesto inquieta la joven Clarita que, ante lo impreciso del encargo se puso de los nervios por el temor a volver a cagarla y perder todo lo conseguido.
Atentas a las indicaciones de mi gatita, las demás mascotas fijaron su atención sobre Caridad, la esposa del presidente de la comunidad, extrañadas de que el Amo fijara en ella su atención, pues si bien su rostro era atractivo, unos enormes ojos verdes enmarcados por una castaña melena, y su cuerpo, aunque escondido permanentemente por sus excesivos trajes de baño y túnicas playeras, era ciertamente exuberante, maciza sin caer en la gordura, con unas tetas de impresión, no dejaba de ser una mujer sosa en el trato, poco habladora y monotemática en su conversación, centrada siempre en su familia y las cosas propias de su casa, motivo por el que sus amistades eran escasas y reducía sus estancias en la playa a atender a los suyos, algún chapuzón y la lectura, normalmente de textos pseudo religiosos o novelitas rosas de los más tonto en su argumento.
No obstante, desde la primera indicación de la chinita mis mascotas no perdían detalle y estaban al quite de como participar en los acontecimientos.
“Ya está cerca mi Amo, viene apurada y acalorada con tanto chisme” me indico mi chinita que se mantenía a mi vera
“Mejor, bueno, comienza la fiesta” avise, mientras me levantaba lentamente de mi hamaca
“Hola Cari, mujer déjame que te ayude” mención y saludo que provoco una ligera sorpresa en la aludida, y alegría por verse descargada de su penosa carga
“Si, muchas gracias Marcos” contesto acercando levemente sus manos ocupadas, pensando que mi intención era ayudarla en ese sentido. Esperanza está que pronto vio frustrada porque, colocándome frente a ella, dejándola contemplar mi musculada anatomía resaltada por el brillo de la loción recién aplicada y mi zorruna sonrisa, mi única ayuda consistió en, llevando mis agiles manos al nudo de su pareo, deshacerlo rápidamente dejándolo caer al suelo
“Así, mucho mejor. Venias muy acalorada, deja que te dé el aire” momento de estupor y parálisis de la sorprendida hembra que me permito contemplar cómo, aunque torpemente, mis órdenes habían sido obedecidas pues, aunque horroroso, la hembra portaba un dos piezas, negro y excesivo en la tela que cubría totalmente sus turgentes pechos y una braguita, remedo de la de nuestras abuelas que la tapaba hasta el ombligo.
Así y todo, lo que mostraba enseñaba un cuerpo firme y rotundo, con estrecha cintura, vientre plano y marcadas caderas afianzadas en unas bien torneadas piernas, en resumen, un desperdicio de mujer en manos de su marido y digna de un buen polvo.
No había salido de su asombro cuando la hembra se vio rodeada por Sara, Rosa y Clarita, mientras mi gatita y su hermanita captaban la atención de sus niñitas. Solicitas, entre risas y requiebros mientras unas alababan lo bien que le sentaba su modelito y que era una pena que no se prodigara más, unas manos la desembarazaron de las sillas que portaba y otras empezaron a tirar de ella hacia la orilla invitándola a acompañarlas al baño.
Aturdida por una actitud no esperada de quienes hasta un momento apenas compartían con ella más que unos educados saludos cuando se cruzaban, se vio sin remedio metida hasta la cintura en la fresquita mar lo que le provoco el primer chillidito tonto al llegarle el agua a la altura de la cintura, elevando sus torneados brazos, lo que resalto aún más lo rotundo de sus tetas.
Empujada por sus tres joviales acompañantes, la sorprendida hembra sintió como al frio del agua sus pezones respondían poniéndose tiesos y rectos como pitones de Miura, efecto que no pasó desapercibido a mis mascotas que insistiendo en sus jueguecitos empezaron a salpicarla, dejándola totalmente remojada, obligándola a acompañarlas en un baño completo, en el que a modo de juego empezaron a rozarla cada vez más, y más íntimamente con sus cuerpos y manos. Caricias que, si todas turbaban a la mojigata hembra, sobremanera la sobresaltaban cuando los prominentes y duros pezones de la joven Clarita rozaban cualquier parte de su anatomía.
Y es que a la zozobra y rechazo inicial a tales contactos, que hasta hace un rato consideraba impropios, incluso pecaminosos, lentamente dio paso a un raro cosquilleo, un erizamiento de su piel que si bien inicialmente justifico en el frio contacto del agua, poco a poco no tardo en reconocer era producto del placentero roce, piel con piel, con los cuerpos de esas hermosas mujeres, que siempre y secretamente había envidiado por la libertad con que se desenvolvían y exhibían sus bien formados cuerpos, y especialmente grato le era la presencia de la joven Clara, el roce de sus manos, de sus pechos con su espalda, viéndose sorprendida por el deseo que sin poderlo evitar crecía en ella de poder acariciar, abarcar con sus manos, los firmes y suaves pechos de la muchacha. Le recordaba tanto a Arantxa, su dulce compañera del internado…había pasado tanto tiempo sin saber de ella desde que la madre Petra las encontrara desnudas y abrazadas en su cama…el recuerdo de aquello la perseguía de por vida…
En tales pensamientos estaba cuando la hábil mano de la madura Sara, atino a desanudar los lazos que, detrás de su cuello y a media espalda, sostenían el top que cubría sus pechos que se vieron de pronto a la vista de todas, consiguiendo las alabanzas sobre su tersura, tamaño y firmeza, mientras impedían que la abrumada hembra volviera a cubrirlos.
Su rechazo, que no era tal, sino azoramiento de que alguien ajeno a la femenina reunión pudiera verla y contárselo a su marido, llego al máximo cuando mirando a la orilla se dio cuenta de mi presencia y que desde mi posición no perdía detalle mientras una sonrisa lobuna marcaba mi rostro.
Aturdida y con el rubor subiéndole incontrolable hasta las cejas, de nuevo salió de su pasmo cuando noto como hábilmente unas manos se abrían paso a través de su braguita para posarse desde atrás a todo lo amplio de su vulva y como un inquieto dedo corazón penetraba levemente en su vagina. Volviendo inquieta su rostro para acertar a ver quién de tal modo la invadía topó con el sonriente rostro de Clara que la miraba como si nunca hubiera roto un plato, mientras su dedo insistía imprimiendo un agradable movimiento circular dentro de su sexo.
Entre sorprendida y gozosa la hembra no acertó a romper el contacto ni recriminar el gesto, lo que correctamente fue interpretado por la jovencita que, no solo insistió en la caricia, sino que doblando la apuesta penetro con tres de sus dedos el húmedo sexo de su nueva amiga hasta tan al fondo como pudo, provocando de inmediato que esta gimiera sin disimulo y apretara con fuerza sus muslos entorno a la juguetona mano, haciendo más estrecha y profunda la imprevista intromisión en su cuerpo de la que tanto, inexplicablemente, estaba disfrutando.
Atentas como estaban Rosa y Sara a como discurrían los acontecimientos, acertaron a aprovechar el momentáneo abandono de su víctima para posar sus manos y sus bocas sobre los pechos y cuello de la mojigata que, retorciéndose de gusto ante el cumulo de sensaciones nuevas, parecía haber perdido el juicio y estaba como ida, en una nube de gozosas sensaciones.
Como por ensalmo, y ante una señal mía desde la orilla, tan placentero momento ceso como había empezado, abandonando mis golfas sus caricias y arrastrando entre risas a la sin voluntad hembra, que no había acertado ni a cubrir sus desnudos pechos, hacia la orilla.
Los escasos metros que la separaban de mi figura los sufrió bajo mi atenta mirada, pues al percatarse de pronto de su inesperada desnudez se vio incapaz de tapar sus bamboleantes tetas dado que Rosa y Sara tiraban de sus manos mientras Clara con sus manos y pechos la empujaba a su espalda.
“Vaya Caridad, se te ve muy bien y contenta…” le dije con sorna cuando paso a mi lado, girándome a su paso lo que me permitió ver sus expuestas nalgas pues Clarita había tenido el acierto de, entre manoseo y manoseo, tirar de la braguita para arriba logrando introducir casi el total de la misma entre la raja de su firme y abundante culo.
Sin dejarla recuperar su sentido, las nuevas amigas de la hasta entonces recatada Caridad, Cari para sus escasas amigas, la obligaron a tumbarse boca abajo en una toalla expresamente dispuesta para ello junto a mi hamaca, haciendo Rosa y Sara un tanto de lo mismo en unas toallas que la flanqueaban estrechamente.
“Jajajaja, que bien nos estamos pasando, eres la bomba Cari, cariño, y que bonito cuerpo…” comenzó a decir la mamaita zorra, mientras sus ojos se iluminaban de un brillo salvaje, depredador”…precioso, pero tan blanquito que temo que vayas a quemarte ¿verdad Clarita? Habrá que ponerle remedio…” remarco Rosa, a lo que la aludida sin esperar su respuesta se dejó caer, sus piernas a cada lado de sus caderas de Caridad iniciando un suave masajeo en el cuello y hombros de su víctima, que, sorprendida por su destreza, la sensación de bienestar que la dominaba, y no encontrando nada reprochable en este inocente gozo se dejó hacer, encantada por ser por una vez el centro de todas las atenciones.
Ese quedo consentimiento, expresado en el abandono, relajo de su cuerpo y un leve gemido de satisfacción, provoco la sonrisa felina de las tres hembras que se agolpaban a su vera, y que auxiliada por su tía Rosa, que la proveyó de abundante gel con el que lleno sus manos, Clarita comenzó un sensual masaje que, iniciado en su agarrotado cuello, comenzó a descender a sus omoplatos, columna y riñones, provocando continuos gemidos de satisfacción de la receptora de sus caricias.
Insistiendo en sus masajes, sus agiles y fuertes dedos atacaron las lumbares de la hembra, que adormecida por las sensaciones amenazaba con caer en un plácido aturdimiento. Apercibida de la positiva respuesta de su víctima la jovencita acertó a, retrasándose sobre los firmes muslos de la abandonada Caridad, abarcar con sus manos ambas y desnudas nalgas iniciando un descarado magreo de estas firmes carnes.
Sobresaltada por la inesperada caricia, que parecía excesiva para sus estándares morales, girando su rostro hacia la intrusa inicio una tímida protesta que fue cortada de cuajo por la empoderada Clara que, con un seco palmetazo en la cacha derecha de la hembra, termino con la incipiente protesta.
Rendida toda resistencia, fijando sus ojos en la toalla sobre la que descansaba, Caridad, roja como un tomate, se dejó hacer. Crecida con su victoria y por las sonrisas de aprobación que reconoció en mi rostro y de sus compañeras de travesuras, Clara, apartando ostensiblemente el gurruño de tela que hasta hace un momento albergaba la raja del turgente culo de Caridad, comenzó a aplicar un sutil e insistente masaje de fuera adentro, alternando el calor que emanaba de sus manos con el frescor del gel que aplicaba, la joven Clarita fue profundizando en sus caricias, llegando a rodear el sonrosado ojete de la hembra con sus agiles deditos.
Deditos que igual apretaban que distendían el mismo, cuya sabiduría y hábil aplicación consiguió que poco a poco fuera cediendo la tensión en torno suyo y el ojete comenzara a palpitar, primero levemente para poco más tarde, más intensamente, llegando a asemejarse a un boqueante pececillo fuera del agua.
Aprovechando dicha circunstancia, la joven Clarita, untando su dedo pulgar abundantemente en el frio gel, introdujo su dedo hasta donde pudo en el esfínter de la indefensa hembra, que ante la imprevista invasión se irguió sobresaltada, viéndose vuelta a su posición de reposo por la presión de sus acompañantes que a la fuerza de sus brazos acompañaron su rendición con susurrantes palabras que la invitaban a conformarse “Así, así cariño, shhhhhh, disfruta, así, así…muy bien bonita…disfruta…no hay nada malo en ello…en que goces como mereces…” momento en el que perdida toda precaución la joven Clara unió a la intrusión del estrecho canal de la hembra con hacer suya, con su mano libre y desde abajo, el total de la vulva de esta, iniciando un suave magreo de su ya decapsulado y sensible clítoris.
Enterrando su vergüenza en la resignación y el simplón argumento de que si nada salía del estrecho círculo de sus acompañantes nada pasaría, la mojigata Cari comenzó a disfrutar del momento, dejándose dominar por las sucesivas ondas eléctricas que, de su vagina, recorriendo su espinazo llegaban a explotar a la base de su cerebro “nada tan bueno podía ser malo…” se consolaba mientras Rosa y Sara la hacían objeto de sus caricias en el nacimiento de sus pechos, retorciendo desde abajo sus tiesos y sensibles pezones, y Clara aumentaba paulatinamente el ritmo de sus caricias.
En tal nube de gozo se hallaba, que los ojos de Cari comenzaron a volverse sobre si mismos, momento en que aproveche para, dejándome caer de rodillas junto a la entregada hembra, sustituir a Clara en la penetración con toda mi mano de su mojada vagina, a la vez que con la otra ahogaba el berrido que presa del orgasmo más violento del que disfrutara nunca, amenazaba con llamar la atención de toda la playa, si bien eso no dejo de dejarme unas evidentes marcas de su alineada dentadura en mi mano, mientras mis mascotas cuidaban que tal maniobra pasara lo más desapercibido posible para el resto de los escasos y alejados pobladores de la playa.
Agitada por las sucesivas y crecientes olas de placer que la recorrían Caridad no terminaba de recuperar la calma, retorciendo su cuerpo incontroladamente, con sus muslos entorno a mi inquieta mano que no paraba de penetrar su vagina, jadeando, buscando el aire que le faltaba y con los ojos en blanco vueltos sobre sí mismos, en un trance interminable.
Al final la calma llego con el relajo de sus músculos y abandono de su cuerpo sobre la toalla permitiendo que retirara mi mano de su boca y de su vagina que en ese momento soltó un ruido semejante al descorchar de una botella, lo que motivo las risitas de mis mascotas.
Volviendo lentamente en sí, la aturdida Cari fijo sus ojos en mí, todavía sin aterrizar por completo en la realidad, momento en que aproveche, acercando mi rostro al suyo, para preguntarle “Puta ¿ha sido tu primer orgasmo?” a lo que como semi inconsciente respondió en un susurro “Siiiiiiiiii, Dios que gustoooo, creía morir”
“Pues ni será el último ni el mejor, puedes tenerlo por seguro zorra, pronto tus agujeros probaran de mi polla y veras como no me falta razón, jajajaja” dije retirándome lo suficiente para que mi erecta polla, que la joven Clara acababa de sacar de mi bañador ocupara todo su campo visual.
Fuera que la neblina del placer se iba retirando de su cabeza, fuera la visión de mi polla, lo cierto es que de pronto la aturdida hembra recupero su lucidez y, viéndose en la situación en que se hallaba se incorporó a medias tapándose con su brazo sus desnudos pechos musitando entre unas incipientes lágrimas “No, no, no yo no…no, por favor…” mientras con sus ojos buscaba en los ojos de cuantas la rodeaban un apoyo que no encontró.
Muy al contrario, entre sus hasta un momento compañeras de juegos solo encontró frías miradas y sonrisas de un claro significado, sentido que se hacía más claro cuando contemplo los pechos ahora desnudos de Sara y Rosa que sin pudor hacia míos entre mis dedos aplicando una suave torsión de pezones a cada una, caricia que ambas recibían sin rechistar, muy al contrario, con una mueca de gusto en sus rostros “No, no, no, no puede ser……yo, yo, no, no, mi marido…mis niñas…no por favor no podéis hacerme eso, yo no soy así, ha sido un error….me habéis forzado, eso sí, me habéis forzado…” comenzó a protestar hasta que Clara le enseño el móvil que portaba en sus manos “os denunciare, si, si eso…” termino de protestar con cada vez menos convicción.
“Bueno, será curioso lo que puedan deducir tu marido, tus vecinos, tus amigos de la Obra, hasta el juez de las imágenes que he grabado…” dejo hacer Clarita con toda la firmeza y frialdad de que fue capaz.
“Mira guapa, tu veras…” comencé a decir “…tu veras lo que hacer. No paso por abusar de mis mascotas ¿verdad putillas?...” a lo que estas asintieron y fijando mi vista en mi gatita y su hermanita hice que Cari girara su rostro adonde sus niñas compartían sombrilla con mis jóvenes guarras, recibiendo la aturdida mujer iguales gestos de asentimiento de la rubita y mi gatita “No esto no puede ser, sois unos enfermos, ¡Sara por favor, son tus niñas!, no, no puede ser, esto es una pesadilla...”
“Pues no sabes cómo berrean de gusto mis niñas o cualquiera de nosotras cuando el Amo nos toma por todos nuestros agujeros…tal como tu berreabas hace poco, so sucia hipócrita malfollada…” replico irritada la aludida.
“Mira bonita, por muy remilgada que seas lo que no te voy a permitir es que le faltes a mis mascotas, pase por esta vez, que la próxima te cruzo la cara de una ostia que te van a salir los piojos con muletas.
Bueno a lo que íbamos, las que aquí ves y alguna más que ya conocerás, se han entregado a mi voluntariamente, buscando mi placer porque el suyo está en entregarme sus cuerpos, sus vidas y su alma. Placer que entregan para servirme en todos mis caprichos, y que te puedo decir cuando les premio con mi tranca de caballo por cualquiera de sus agujeros uffff ¿verdad zorritas?...así que menos pamplinas.
Y por lo que a ti respecta, hace un momento, sintiéndote vibrar, retorcerte de placer en mis manos, he visto una mujer desconocida para el resto, rejuvenecida veinte años, como la adolescente que seguro que fuiste llena de vida, de ganas de disfrutar y comerte el mundo, no esa mujer que has vuelto a ser, llena de prejuicios pacatos, que vive cohibida por unas reglas absurdas autoimpuestas y que te ahogan.
Pues tu veras, elige un camino u otro. Pero ambos son caminos sin vuelta atrás, en tu mano esta…”
“Pero…mi marido…mis niñas…mi vida” balbuceo inquieta la aludida
“Que sea la última vez que me interrumpes, para ser tu primera vez estas quebrando demasiadas reglas, la primera el respeto que me debes, y te aseguro que paciencia no me sobra. Así que como te decía a ti te toca decidir, y del cornudo de tu marido…déjalo en mis manos…molestará lo justo para que puedas seguir, si te apetece, esa vida de cartón piedra en la que pareces estar tan cómoda y mientras seguir siendo objeto de mis caprichos…lo que para ti será tu prioridad.
Y como te decía, paciencia gasto poco y como tampoco eres un premio de la Primitiva te dejo hasta el momento en que abandones la playa para que te decidas. Bastara que, al volver para tu casita, al recoger tus cosas, dejes atrás tu pareo y te exhibas como la hembra que eres para que entienda que has aceptado entregarte a mi sin condiciones ¿me entiendes? Vale pues ahora vuélvete con tus niñitas y te lo piensas, ¡vamos zorra ahueca el vuelo, ostia!” palabras que provocaron que de un brinco se levantara, tapando con su brazo sus desnudos pechos, recompusiera como pudo su bikini y cogiera, todo avergonzada, camino a su sombrilla.
“Uf por fin, valiente plasta. Anda que si no fuera por lo que supone de reto y joder a un más al cornudo de su marido me iba a tomar ni un minuto por esa sosa, no como con vosotras mis obedientes putillas” momento en el que las aludidas, rodeándome, y con toda la delicadeza y dedicación de que eran capaces para complacer a su Amo, sosteniendo mis huevos y mi miembro volvieron a colocarlo por dentro del bañador.
“Bueno vamos a relajarnos que no todo va a ser trabajar esta mañana” comente mientras me dejaba caer en mi cómoda hamaca.
Así como estaba, rodeado de Sara, Rosa y Clara, que exhibían para mi disfrute sus apetitosas tetas al aire, fije mi atención en la próxima sombrilla donde compartían espacio la nerviosa Cari, que se había refugiado en la lectura para tratar de calmarse y decidir sobre los últimos acontecimientos, su hija mayor, Caridad, un año menor que mi gatita, castaña como su madre, media melena que apenas llegaba a sus hombros, carita graciosa, nariz respingona que adornaba una inmensas gafas de sol circulares que le hacían cara de personaje de comic, unas tetas bien puestas para su edad, bonitas piernas y pies chiquititos que la hacían mona, pero por la expresión de mi gatita más aburrida y sosa que una ostra.
Por el contrario, Gadea, la pequeña, que en ese momento jugaba a las cartas con mi rubita, era una jovencita de la misma edad que esta, llena de vitalidad y alegría. O era alérgica a las costumbres de sus padres o prometía ser una rebelde y su ensortijado pelo negro enmarcaba una linda carita donde, al igual que en su madre su mejor atributo eran unos grandes ojos verdes aparte de unos carnosos labios, algo impropios para su edad pero que no hacían más que resaltar una incipiente belleza con algún rasgo salvaje que atraía las miradas. En cuanto al cuerpo, pues lo que podía esperarse de su edad, al igual que mi rubita, tal vez algo más de pecho-el ceñido bañador me impedía apreciarla mejor- y a falta de un par de años de maduración, si no la estropeaba la comida basura, prometía llegar a ser una jovencita muy apetecible.
En esa contemplación estaba cuando un gesto de fastidio de mi gatita llamo mi atención, parecía que reclamara que le levantara el castigo de soportar a la sosa de Gadea y la llamara a mi lado. Sin embargo, entre mi perverso placer de fastidiarla un poco más, hacerla rabiar y porque deseaba que a su vuelta me informara de cuanto se cociera en la sombrilla, negué con mi cabeza mientras distraídamente acaricie el fresco pecho de Clarita, que agradeció la caricia con su dócil sonrisa, mientras a pocos metros la mirada de su maestra quisiera atravesarla como un rayo.
“Amo ¿crees que aceptara?” se atrevió a preguntarme la joven Clara mientras observaba mi más mínima reacción
Sin mover ni un musculo me limite a contestarle “No es que lo crea, es que ya antes de retirarse lo había decidido y ahora solo está rumiando como hacer su rendición menos humillante y salvaguardar un poco de dignidad en su derrota y entrega. Pero…si en algo me vas conociendo, sabrás que solo acepto la absoluta entrega sin condiciones, ejerzo mi derecho de conquista y por ello saqueo sin piedad todo lo que podáis considerar vuestro” palabras que provocaron que la joven Clarita se mojara de solo pensar de estar entre mis manos.
Pasado un rato de calma, estaba disfrutando de los rayos del sol que se alzaba en ese momento en todo lo alto, aunque refrescado por la suave brisa del mar, cuando revolviéndose en su silla, Cari pareció haber tomado una determinación y levantándose se dirigió a donde estaba rodeado de mis mascotas y llegando a mi altura se paró frente a mi
“¿Si? ¿no ves que me tapas el sol?” le solté todo borde que pude
“Uy perdón, perdón, perdona Marcos” respondió la sorprendida Cari dando un brinco hacia el lado
“Para ti y de aquí en adelante, mi Amo” respondí cortante
“Perdón…mi Amo…yo “
“¿Si? Golfa ¿no es posible que termines una frase?” seguí con mi tono hiriente lo que solo hizo aumentar el nerviosismo de Cari y que los colores volvieran a subírsele a sus mejillas
“Perdón…mi Amo, solo, solo quería saber cuándo y cómo sería…ya sabes…” se atrevió a preguntar balbuceando
¿Te refieres a cuándo y como te romperé el culo, te llegare tan profundamente en tu coño y garganta que pensaras que te estoy quemando y partiendo por dentro? ¿A cuándo y como te llenare tus pechos, tu cara de mi leche que restregaras por todo tu cuerpo para conservar mi aroma? ¿O cuando podrás comerle el coño a la guarra de Clarita, acaso creías que me había pasado desapercibido?
Pues te diré golfa que ahí donde la ves, aunque se muere de ganas de que la desflore el coño, a la guarrilla de María hasta ahora solo le he partido su precioso, apretadito culito además de llenarle de leche su linda boquita cuantas veces me ha apetecido y que a esta jovencita que tanto parece gustarte, si Clara, solo ha tenido el privilegio de recibir mi néctar en su boca, eso sí repetidamente ¿verdad putilla?...” a lo que la aludida asintió con una sonrisa “mientras que Rosa, Sara y su hijita mayor ya han disfrutado de mi por sus tres agujeritos… ¿y sabes porque? Porque yo solo decido el cómo, cuándo y cuánto recibe cada una de mis guarras ¿ok Cari?”
“Si, si claro…mi Amo” respondió nerviosa y excitada la aludida mientras apretaba ostensiblemente sus muslos para evitar que de su entrepierna escapara la humedad que empezaba a segregar su sexo
“Y ahora para ir abreviando, pásale tu contacto a Clara, ella te dará el mío y ay de ti sino respondes de inmediato y afirmativamente a mis llamadas o la de alguna de mis zorras.
Y no te inquietes, pronto recibirás una invitación para compartir una animada velada con tus nuevas amigas…y conmigo, no sabes lo que va a aumentar tu vida social desde ahora, jajajajaja” concluí
No acababa de dar su móvil a la joven Clara cuando de nuevo tome la palabra “Ah y para que te quede claro, tu aceptación supone que vienes con el lote completo, ¿comprendido?”
“¿El lote completo, mi Amo? ¿Cómo?” pregunto nerviosa mientras al mirar a su alrededor comenzó a comprender “¿Mis niñas? Noooo ¿no te basto yo? Seré tu esclava, harás lo que desees conmigo…pero mis niñas nooo” protesto nerviosa.
“Mira bonita, no eres mejor que cualquiera de mis guarras, es más, bajas el nivel de mi cuadra, aunque ya me encargare de mejorarte de tal manera que a vuelta del verano ni tú te reconocerás, así que recibirás el mismo tratamiento que cualquiera de mis putillas, es más ese será un privilegio que tendrás que ganarte…” respondí mientras Clarita acariciaba mi duro paquete por encima del bañador, gesto que consiguió que la nueva hembra no pudiera apartar sus ojos de mi prominente bulto y de su boca entreabierta comenzara a deslizarse un hilillo de baba “..como ves todas mis zorras están más que satisfechas y tus niñitas no van a ser distintas, ellas mismas y por su voluntad de hacerse mujer se entregaran a mí y tu estarás allí para verlo. Así que ya sabes, ahora concédete el privilegio de volver a ser una real hembra gracias a tu Amo o vete de una vez” termine, dejando de prestarle atención, acariciando suavemente la cabecita de la joven Clara que volvió su vista hacia mi mientras insistía en sus caricias buscando mi aprobación “…perrita buena…”
Caridad, desconcertada y nerviosa, girando sobre si misma se dirigió de nuevo a su sombrilla “Gadea, Caridad, vamos recoger que nos vamos” les grito casi histérica a sus niñitas
“Pero mama, estamos jugando con Sarita y María…y todavía no es hora de comer…porfa…” protesto la menor de ellas
“¡Que recojáis coño!” replico al borde de un ataque de nervios, a lo que sus hijitas, poco o nada acostumbradas a que su mama soltara tacos como esos, empezaron a recoger de inmediato entre mohines de disgusto “Mama es un rollo, por una vez que nos lo estábamos pasando bien…” musito la pequeña dirigiéndose a su hermana Caridad “¿Y no nos podemos quedar con Sarita y María? Podríamos subir con ellas…”
“Pero bueno ¿no me has oído? ¡Que recojas leche!…” grito la desnortada madre al borde de las lágrimas, consiguiendo arrancar las risas del grupo de las putitas que me rodeaban
Tal como iba desmontando la sombrilla, Caridad fue recuperando el resuello y la calma, retardando el ritmo en que recogía sus cosas y mirando de continuo en mi dirección, buscando algún gesto de mi parte, sin conseguirlo, lo que la puso de nuevo histérica.
Casi concluida la organización de los paquetes…” Vamos niñas, hoy vais a llevar vosotras las cosas…que siempre voy cargada como una mula…que ya sois mayorcitas y tenéis que ayudar..”
“Ofú mamaaa…” Protesto la menor
“Ni ofu ni nada, si queréis que os trate como mujercitas vais a empezar a comportaros como tales…” respondió irritada mientras comenzaba a atarse fuertemente el pareo por encima de sus pechos, volviendo repetidamente su rostro hacia mí, sin conseguir más efecto que las risas burlonas de mis putitas, incluidas Sarita y María que habían adivinado el dilema en que se debatía la nerviosa mujer del presidente de la urbanización.
Comenzado el camino de retorno a la urbanización con sus niñitas por delante, no había dado dos pasos cuando, parándose, volviendo su rostro hacia mí, hinco la cabeza y en un rápido gesto desato el pareo dejándolo caer al suelo mientras reanudaba la marcha y comenzaba tímidamente a cimbrear sus caderas
“Mamaaaa ¡se te ha caído el pareo!...” grito la pequeña que había vuelto la vista hacia su madre para comprobar que las seguía.
“¡Déjalo! Ya no lo voy a necesitar…” termino contestando como en un susurro
“La que prueba repite!” Dije lo suficientemente alto para que me oyera la rendida madre, ocurrencia que provoco la sonora carcajada de mis mascotas que fue lo último que oyó Caridad antes de llegar a la puerta de la urbanización
Continuara….
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