Yoga al amanecer
El silencio de la montaña esconde más que vistas; esconde el sonido de sus cuerpos chocando contra las rocas. Ella es la novia de su amigo, él es el extraño que la mira. Cuando el sol apenas asoma, la discreción se rompe y la traición se vuelve tan natural como respirar el aire frío de la cima.
Dos días antes, quedaron todos para terminar de perfilar los detalles del viaje. Reparto de coches, organización para recogerse, quién lleva qué, etc. Las cosas típicas de cuando un grupo de amistades quedan para pasar un fin de semana de convivencia.
En ese momento Carlos y Ainhoa no se conocen, pero Esteban se ocupa de presentarle a su novia a él y a los demás que no conocía. Una mera formalidad
Llegados al destino, una casa rural en la montaña, toca organizar y preparar todo. Es demasiado pronto para los primeros roces, pero Ainhoa no pasa desapercibida para Carlos pese a ser la pareja de Esteban. Para Ainhoa Carlos tampoco, pero es uno más de los chicos del lugar.
Durante el nuevo día toca hacer actividades. Senderismo, descenso en kayak de un río próximo, y pasar grandes ratos en común poniéndose al día en una barbacoa. Ainhoa va saltando de conversación en conversación para ir conociendo al grupo y socializar por igual. Aunque con Carlos se nota más afinidad. Por conexión femenina hace más migas con Laura, con la que hace piña y química. Sus conversaciones son más de chicas. En eso entra preguntar por los chicos del grupo e indagar sobre sus vidas.
Último día de la escapada, Carlos madruga para ver amanecer desde la cima de la montaña próxima y hacer meditación a la vez. Ainhoa se une al plan sin avisar. Cuando escucha el poco ruido que hace Carlos, se levanta, se prepara y lo sigue por la senda. Acelera el paso para alcanzarlo y se le saluda con una gran sonrisa de buenos días. Carlos se sorprende y con alegría le responde. “Pensaba que estaría solo”. Ainhoa le responde con duda. “Si quieres te dejo solo, al comentarlo anoche pensaba que era una invitación”. Él esboza un sonrisa y añade. “No, no, ¡Claro vente! A mi no me importa compartir. Hay que fluir y dejarse llevar.”
Ya clareando el cielo pero sin salir el Sol encaran el último tramo de la ascensión. Trepar entre unas rocas. Carlos sube con cierta agilidad pese a ser algo más mayor que Ainhoa que la cuesta más trepar.
- ¿Te estás ahogando un poco, no?¿Necesitas que te empuje? -Pregunta Carlos de forma neutra.
- ¡Si me empujas mejor! pero aun no me ahogo.
- Pues pasa delante y te voy ayudando en lo que queda.
(Unos pasos más adelante, Carlos va guiando a Ainhoa) - Te apoyas ahí y tira para arriba.
(Él hace por ayudar y la sujeta por las caderas) - Puedes agarrarme del culo y empujar, no pasa nada ¡eh! Además estamos solos. Nadie se va a enterar. (Risas)
- ¡Ah perfecto! No quería incomodar. (Le pone ambas manos en las nalgas y la sube)
- Oye que manos tienes.
- Si me suelen decir…
- ¿Tú de mi culo no opinas?
(Sin quitarle las manos) - Mmm pequeño, redondito, con la firmeza justa. Sí, es un buen culo. Esteban es afortunado.
- Mmm… Entonces es verdad que te gustamos las mujeres.
- Sí, por supuesto, ¿por qué lo dudabas?
- Porque ayer fuiste el único al que no pille mirándome cuando estábamos en lo del río.
- Tu lo has dicho, no me pillaste, pero no significa que no mirase. Fue un rato muy bueno.
- Me gusta. Eres discreto entonces.
- Cuando hace falta serlo.
- Como esta conversación y el ratito que vamos a echar, ¿verdad?
- Ehhh… Sí. Conectar en la naturaleza. Que para eso cualquier sitio es bueno. No hace falta subir más, aquí ya lo podemos hacer. Lo de conectar digo. (Aclara Carlos sin necesidad, ya que la química sexual estaba en su máximo apogeo)
Carlos se apartó un poco sobre unas rocas y estando de pie, se recostó como una tumbona. Ainhoa se agachó frente a él para comerle la polla en cuanto se la sacó.
La agarró con su mano y de cuclillas le empezó a pajear. A medida que la polla cogía dureza se la fue lamiendo. Carlos le pidió que le enseñara las tetas. Ainhoa obedeció. Le seguía lamiendo la polla y los huevos. A la vez que le daba besos y pequeñas succiones. Mientras, tenía las tetas al aire y Carlos se las sobaba activamente. El frío provocaba el endurecimiento de las mismas.
Ainhoa estaba muy excitada y admiraba la forma de tocarla Carlos. Carlos se sorprendía de como era de activa. La dijo de follar y ella no lo dudó. Se levantó, se apoyó en unas rocas y le ofreció con un movimiento de caderas sus agujeros. Carlos se arrimó, palmeó el culo de Ainhoa e introdujo su polla por el coño. A la primera entró completa y deslizó rezumando flujo de ella. Ainhoa resoplo y exclamó vaya pollón. Carlos se acercó y la sujetó por las tetas para jugar con los pezones como si fueran dos botones. Frotarlos con sus dedos como si fueran tornillos que apretaba y aflojaba. Ainhoa entre resoplidos dijo, “Al fin uno que me entiende”. Carlos enseguida la captó y preguntó. “¿Esteban no te da así?” A lo que ella replicó. “Mmmm… Ojalá”. Carlos le apretó las tetas con sus manos, y clavó con más profundidad su polla en ella. Ella gimió con el alma y empezó a temblar. Carlos ya muy excitado y también entre jadeos la dijo. “Ahora no te vayas a echar atrás, tenemos que acabar”. Ainhoa con voz temblorosa le contestó. “Pero dentro no.” Carlos le sacó la polla y le golpeó varias veces en el ano con su polla. Ainhoa se apresuró a suplicar que por el culo tampoco. Carlos volviendo al coño y dándola azotes al ritmo que hablaba la dijo: “Esteban para lo poco que te folla tiene muchos privilegios”. Ella rápidamente contestó, “No tiene este pollón”.
Le dió la vuelta y la puso de rodillas en el suelo para follarla la boca. Se la metió un par de veces hasta llegar a la arcada. Mientras la usaba la boca y también le daba alguna torta tenían esta conversación.
- ¿Prefieres este pollón?
- (sonido gutural con apariencia de afirmación)
- Pídelo
-…
- No te escucho, tienes demasiada polla en la boca (un par de tortas). ¿Te gusta serle infiel? (le saca la polla para respirar y ella aprovecha para decir sí, justo antes de volver a ser penetrada por la boca hasta la garganta) ¿Te gusta ser usada así?
- Mucho -Se llega a interpretar que responde Ainhoa con la boca llena-
- ¿Vas a ser mi perra para que te use en secreto?
- (ruido ininteligible)
Carlos le saca la polla de la boca y aprovechando que está de rodillas en el suelo, sobre la esterilla de yoga, la empuja la cabeza contra el suelo y la penetra enérgicamente por el coño. Con ritmo constante que resuena por la montaña en forma de eco. Es un momento de pura excitación de ambos. Ainhoa con la respiración agitada, no deja de hablar. “¡Joder follame! Parteme con ese pollón. Uff.. (gemidos) ¡Qué polla!! No pares, dame más duro. Dame como la puta que soy y no me follan.” Con jadeos que pasan a gemidos y terminan en alaridos. Carlos la mete un pulgar por el culo. Ainhoa se vuelve loca. “¡DioooSS!! ¡Siii!!” Empieza a respirar y soplar como una parturienta. “¡No pares! ¡No la saques! sigue sigue sigue. Me voy a correeer. me vengo me vengo me vengo.” Carlos le deja la polla dentro y agita su pulgar dentro del culo. “¡Joder cuanto tiempo sin orgaasmoo!” (resopla y resopla)
Ella empieza a temblar y tener calambres por el cuerpo que se la engarrota. Carlos aguanta con la polla dentro y las contracciones de Ainhoa. Poco a poco a ella le va fallando las manos y las piernas y se va tumbando sobre la esterilla. Con Carlos encima tumbado levantando su cabeza para empujar su pelvis lo máximo contra la de Ainhoa. Ella relaja sus piernas, tiene ese sexto sentido de saber que está conectada con Carlos a nivel sexual.
Al rato, pasados los orgasmos, Carlos la ayuda a ponerse bocarriba y estando sobre ella se acerca a su cabeza y le da a mamar la polla avisándola de que se va a correr. Con suavidad pone la punta de su polla en los labios de ella, pero Ainhoa, le posa la mano en el culo y le empuja en señal de que se la meta un poco más. Carlos se corre y descarga todo su semen en el interior de la boca de ella, que va tragando cada impulso que le llega.
Recogen y vuelven a la casa rural con los demás del grupo. Deberían pensar la excusa a poner pero van tan extasiados que ni lo piensan.
Al entrar en la casa rural, al primero que ven es a Esteban, que les pregunta de dónde vienen. Carlos responde de ver amanecer y Ainhoa de hacer yoga. Esteban se queda un poco descolocado. Carlos y Ainhoa se miran y aclaran. Hemos visto amanecer haciendo yoga. Esteban pregunta con asombro a Ainhoa. ¿Carlos ha hecho las posturas esas que haces tú? A lo que ella responde: “Las básicas, pero le ha puesto mucho empeño y ganas, ¿verdad?” (mirando a Carlos). Este apostilla. “Es una gran maestra, ha conseguido hacer que lo disfrute mucho”. Ainhoa añade: “Yo también lo he disfrutado, ahí arriba en la montaña ha sido una experiencia enorme, pocas veces me ha llenado tanto un amanecer”.
Esteban se convence sin captar los segundos sentidos y les dice que les ha hecho el desayuno y que va a despertar a los demás.
Carlos y Ainhoa, se miran, se sonríen en silencio, y durante el desayuno grupal, les toca volver a relatar su experiencia de yoga al amanecer. Además de seguir con los dobles sentidos. Carlos diciendo que conoce más montañas para conectar con la naturaleza y recibir su energía. Mientras que Ainhoa lo hace invitándolo a realizar más sesiones de yoga juntos para profundizar y así llegar a posturas y posiciones más avanzadas que llenan más el alma y todos los chakras.
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