La cualidad de la palabra. 35
Con dos esposas y un secreto a voces, Guille mantiene el equilibrio entre el placer carnal y las exigencias de una familia adinerada. Cuando Violeta llega para quedarse, la dinámica cambia: las mujeres demuestran que no son solo amantes, sino socias letales en los negocios y pilares inquebrantables en la cama.
Un viernes noche, Violeta quedó asombrada al ver que Berta ofrecía su culo al marido. Se había puesto sobre los codos y rodillas alzándolo. Con una mano retiraba una nalga mostrando bien el ano. Y fue Guille quien dijo que prefería no hacerlo por ahí.
Berta insistió:
- Venga. Que te gusta.
- Cariño, gracias. Pero recurramos a las matemáticas. ¿Vale? Tengo dos esposas, que representan dos bocas, dos coños y cuatro tetas. Si añadimos dos culos, a mi único pene… ¡me muero!
Berta se echó a reír mientras que Violeta, divertida, se excluyó diciendo que jamás se lo ofrecerá.
- No me gusta ahí ni las caricias con los dedos.
- ¡Ah! Perdona. - Se excusó Guille. – Cariño, ahora no recuerdo si te lo he tocado.
- Tocado sí, varias veces. Pero te retiro en seguida los dedos.
- Vale, bien. No lo repetiré. - Sonrió al añadir. - A no ser que me equivoque de culo.
Rieron.
- Violeta se puso seria al preguntar qué opinaba de su clítoris.
Guille empleó distintas palabras para repetir que le gustaba y es sabroso. Hasta que por fin Violeta asintió.
- Eres muy diplomático.
- No, cariño. Lo que soy es muy goloso. – Ambos sonreían. - Si te digo algo que no te guste me quedo sin acariciarlo y más cositas muy sabrosas.
Así pasó el verano, y con la llegada del curso académico Violeta presentó su tesis.
- Noventa y siete folios, y dos horas hablando. - Bailaba y daba saltos de alegría delante la familia. - ¡Pero ya está! ¡Por fin! ¡Ya soy profesora!
Se puso a buscar trabajo mientras Berta empezaba cuarto de económicas.
Y Guille se dedicaba de lleno a inversiones Fuente Ahorro en el edificio Mundo Globo porque ya no había empresas de vacaciones. No se dio cuenta que Berta volvía a tener la piel pálida, las uñas rotas y continuamente parecía cansada, de hecho, seguía practicando lucha, pero ya no dedicaba tanto tiempo a correr por las mañanas en la urbanización.
Solía decir a modo de excusa:
- No he dormido bien.
- Estoy preocupada.
- Ayer me dejasteis molida entre los dos.
Por lo que interrumpía la carrera y regresaba andando.
Se pagó el segundo plazo por la compra de Confecciones Amapola a Manrique descontando los gastos y presupuestos para arreglos que firmó sin leerlos, claro que casi no podía tener los ojos abiertos. Seguramente tan solo sabía de la bonita cantidad de dinero que le caía encima, el director de la sucursal en Cavallers de Ferro le dijo la cantidad por lo menos tres veces, y otra más tras la lectura del contrato, por parte del notario, sin pensar que esa empresa valía mucho más. Pero quería el dinero ya.
Una tarde que estaban los tres en casa, Violeta contó la conversación con su padre de esa misma mañana.
Era septiembre y cómo todavía hace calor, para estar por casa llevaban pantalón corto y camiseta. Los pezones de Violeta destacaban mucho porque al parecer esa camiseta había encogido, era muy fina o no llevaba sujetador. Por eso Berta de vez en cuando le hacía bromas diciendo que la ponía verla así, o si quería poner cachondo al marido.
La nueva esposa contó que su padre le había conseguido un trabajo como profesora cerca de Sierra. En un colegio privado con residencia para internos. La paga estaba bien, pero Violeta no quería volver a casa de sus padres y menos en una población tan pequeña. Por lo que su padre le impuso que aceptara. Discutieron y se llegó a un ultimátum, también llamado chantaje.
Berta apagó la televisión y accionó el interruptor para que se cerrase la puerta donde se guardaba. Ahora el mueble aparentaba una librería. Quería escuchar adecuadamente a su esposa.
Violeta continuó:
- Mi padre deja de darme la mensualidad. Quiere que acepte ese trabajo o me quedo sin nada. Solamente con habitación y comida en su casa, hasta que recapacite y deje de hacer la vaga. Si acepto el trabajo podré vivir de mi sueldo, además de una aportación suya. Si además me quedo a en su casa no tendría apenas gastos. Solamente de ropa y gasolina. - Añadió como un gemido. - Dice que ha anulado las transferencias periódicas a mi cuenta. Que si no acepto y regreso a casa en unos días estoy en la calle. Cree que todavía estoy de alquiler en aquel piso.
Berta, sin saber qué decir, pidió ayuda a Guille con la mirada.
- Violeta, cariño. No estás en la calle. – Dijo Guille. - Tienes esta casa, a tu familia y ya encontrarás trabajo.
Guille se acercó a Violeta, antes estuvo en el otro sofá desde donde se fijaba más en su ordenador que el televisor, hasta que se dio cuenta de lo seria de la conversación. Puso una mano en la espalda de su esposa y la atrajo para abrazarla.
- Nuestra situación económica no es agobiante en absoluto. Puedes tomar todo el tiempo que necesites.
Berta suspiró reconfortada al ver que Guille apoyaba a la nueva esposa, a la nueva situación familiar, y recordó:
- Hace tiempo dijiste que mi futuro estaba resuelto. Me fuera bien o mal laboralmente siempre estaría Guille a mi lado. Bien, pues contigo pasa igual. Eres nuestra esposa y cuidaremos de ti.
- Gracias. Gracias a los dos. Pero comprenderme, quiero tener independencia económica. No estar aquí porque nada más dispongo.
Berta se acercó para darle un beso en los labios. Un beso lleno de cariño, ternura. De una esposa a otra.
- Escucha lo que dice tu esposo. Además, me viene bien que me debas un favor, así mientras buscas cómo solucionarlo serás mi esclava sexual.
Violeta recordó una conversación anterior. Las dos se pusieron a reír. Guille pidió explicaciones y le llegaron entre risas.
- Vale, otra cosa. - Propuso Guille. - Desde que acordamos que Berta es mi esposa le regalé un anillo. Si quieres continuar con nosotros te compraré otro igual.
Violeta sintió curiosidad.
- No recuerdo haber visto ese anillo.
- Lo llevé una vez al club de montañismo para mostrarlo. Solo que para la excursión me lo quité. Lo llevo en muy pocas ocasiones porque le tengo mucho aprecio. Normalmente lo guardo en la Villa Montesinos.
- Bien. Veamos. Eres mi esposa. – Añadió Guille. - Así que este sábado te presento a mis abuelos.
- ¿Ya? ¿Tan pronto? Solamente llevamos juntos unos meses. Un verano.
- Bueno. Ese es el tiempo que vivimos como matrimonio. Pero ya hace tiempo que nos conocemos y sin ánimo de molestar, ya estabais juntas algo más de un año puede que dos. Pienso que además del anillo hay que formalizarlo.
Esa noche Guille se puso en medio de las dos esposas como ya era la costumbre. Pero Violeta se quitó las bragas y retirando el pantalón del pijama de Guille lo suficiente para que no molestase, se puso encima para acariciar ese pene que se agrandaba por momentos.
- Mira la niña con ganas de jugar. - Rio Berta.
La verdad es que al ver el erguido pene del marido sus pezones se erizaron.
Violeta no hizo caso. Se situó encima de Guille y dejándose caer se metió el pene por el coño. Se puso a moverse para disfrutar.
- ¡Bien! ¡Agarra mi culo!
Berta, sonriendo, se desnudó. Y le quitó el suéter a Violeta quedando también completamente desnuda. Luego tiró del pantalón de Guille sacándolo por los pies.
Violeta no estaba totalmente erguida, ya que al estar inclinada sobre Guille su clítoris rozaba más en el pene y le daba más placer. También le gustaba que sus tetas, concretamente los pezones, rozaran el pecho del varón. Pero Berta la empujó alzándola y de esta forma podía acariciarla ella y chupar sus tetas. Violeta aulló su gozo.
- ¡Gracias, cariño! ¡Esto es la hostia!
Y como es normal en ella en cuanto se le acaricia el clítoris, el orgasmo estaba próximo. De hecho, tuvo dos antes que Guille se descargara dentro de su cuerpo consiguiéndole el tercero, y eso que él no hizo por retrasarlo.
Se dejó caer a un lado.
- ¡Cariños! ¡Ha estado muy bueno! Gracias a los dos, lo necesitaba. Ya sabéis. Con lo de mi padre y lo de ir a ver a los abuelos estaba nerviosa.
- Bien, cariño. - Dijo Guille dándole un beso en los labios. - Descansa un poco, pero no te entretengas que ahora le toca a nuestra querida Berta.
Berta se dejó empujar al centro de la cama y ofreció su cuerpo. Que hicieran lo que quisieran con ella ya que sabía muy bien que iba a disfrutarlo. Al poco, cuatro manos y dos bocas acudieron a sus tetas. Disfrutó. Tuvo tres orgasmos con esas caricias. Y mientras Guille la besaba en la boca notó la traviesa lengua de su esposa en su sexo. Así tuvo dos orgasmos más. Sintiéndose saciada pidió clemencia.
- ¡Uf! ¡Basta por favor!
- No cariño. - Replicó Violeta. - Nuestro querido esposo va a follarte bien follada. Pero somos generosos y te damos a elegir. ¿Así cómo estás, o quieres ponerte encima?
- ¡Así! - Respondió extasiada. - No puedo moverme.
Y poco más tarde no se movió mucho, pero tuvo un orgasmo al ser penetrada al mismo tiempo que Violeta le chupaba las tetas. Y otro más durante el rico vaivén en su vagina. Entonces pidió basta. No podía más. Guille se retiró mientras se disculpaba.
- Perdona, cariño. Te hemos machacado. Lo siento.
Berta soltó un suspiro y se movió para observar que Guille todavía estaba dispuesto. Le cogió el pene y lo acarició dando algunos apretones.
- Estás a tope, cariño. – Se giró para ordenar: - Violeta, amor, alivia a nuestro esposo.
Violeta se preocupó.
- ¿Estás bien?
- Sí. Solo cansada. Continuar. Pasarlo bien.
Violeta se situó tumbada con las piernas bien separadas para recibir a Guille, que rápidamente le metió el pene hasta el fondo. Pero al poco no llevaban bien el ritmo, no era tan sabroso como la vez anterior porque los dos miraban preocupados de vez en cuando a Berta.
Berta se levantó para ir al lavabo.
Guille se retiró de Violeta y su pene se desinfló rápidamente.
- Perdona cariño. No me va bien.
Violeta asintió. Juntó las piernas pasándole los dedos de una mano por la vulva. Hacía rato que desapareció la dureza del clítoris y las ganas de follar. Continuaba porque creía que Guille tenía ganas, que le iba bien.
- Lo sé. Yo también estoy preocupada por nuestra querida Berta.
Se movieron para acercarse a Berta que había regresado tras beber agua. La abrazaron. Besaron, preguntaron.
- ¡Pesaditos que sois! Estoy bien. – Protestó Berta.
- Cariño. Ya tuviste anemia. Quizás… no sé.
- ¿Tuvo anemia? ¡Ah, sí! No me acordaba. – Violeta se cogió a un brazo de Berta para ordenar: - Tienes que pedir hora al médico.
- Lo haré con la condición que me dejéis dormir. ¿Vale?
Violeta y Guille fueron al baño.
Violeta se sentó en el bidet y Guille entró en la ducha.
Las tetas de Violeta se agitaban al mover los brazos para lavarse el sexo, Guille, al ver esas bonitas tetas balanceándose, más grandes que las de Berta, se empalmó otra vez.
Violeta, al verle tan dispuesto casi suelta una carcajada, pero pudo contenerse. No quería molestar el descanso de Berta. Sin alzar la voz propuso darle una mamada.
- Guille cariño. Así no vas a poder dormir. Si quieres puedo aliviarte con la boca.
- No sé, cariño. - Achacó que tenía ganas porque antes lo dejaron sin concluir, y al mismo tiempo dudaba. - Parece que lo hacemos a escondidas.
- ¿De Berta? – Volteó la cabeza para mirar la habitación. - No, no es así. Porque nos dijo que nos amáramos. Recuerda. Además, se lo diremos mañana.
Guille aceptó, estaba muy excitado al ver esas tetas tan bonitas balanceándose al alcance de sus manos.
Violeta se sentó sobre la tapa del retrete y Guille, en pie frente a ella, disfrutó de la caricia.
Notaba la lengua, los labios. Una mano de Violeta le cogía el pene y la otra le acariciaba los testículos o apretaba un poco por el perineo. Hasta que, sujetándolo por las nalgas, se la metió todo lo que pudo en la boca y comenzó la verdadera felación.
“Sabe hacerlo, Y lo hace muy bien”.
Cuando Guille terminó de correrse y Violeta se limpiaba la boca, le dio las gracias.
- De nada cariño. Se ve que lo necesitabas. Tenías mucha lechita acumulada. - Y añadió divertida. - No sé si me estoy saltando la dieta.
Violeta se levantó y Guille la cogió de las tetas. Se ofreció a devolverle la caricia.
- Gracias. La verdad es que no. Te la he chupado porque me parecía bien. Lo correcto. Pero ir a más, no sé.
- Tienes, razón. Ya ves, a veces pienso con la polla.
Violeta sonrió agitando la cabeza.
- Así sois los hombres.
Encontraron a Berta durmiendo. Guille la abrazó y en sueños la muchacha se movió para apoyar su cabeza en el pecho del novio. Violeta, al lado sintió envidia. También quería mimitos, por lo que corrió para ocupar el hombro libre de Guille.
- Sí, cariño. – Murmuró Guille. – Ven también.
El sábado por la tarde estaban ante una abuela que miraba llena de curiosidad a Guille.
- Querido niño. No estamos a veintiocho de diciembre por lo que esto que dices es verdad. ¿Me equivoco?
El matrimonio estaba viendo la televisión en el gabinete del segundo piso, aunque no era exacto. Doña Amparo también hablaba con sus amigas por medio de mensajes, y don Francisco ojeaba varias páginas de economía desde una tablet. Estaban sentados en distintos sillones levemente enfrentados para poder ver cómodamente la televisión o hablar girando un poco la cabeza.
Entre los dos sillones había una pequeña mesa que en ese momento estaba vacía, pero en otras ocasiones solía haber una o dos tazas de café y el mando del televisor.
En un cercano diván se sentaban los tres jóvenes. Las mujeres vestían casual y Guille un traje que tenía pensado dejar en esa casa.
Don Francisco llevaba un traje, como casi siempre, y doña Amparo un cómodo vestido y zapatillas.
- Es verdad, abuela. – Respondió Guille. - Ya sabes que Berta es mi esposa desde hace un tiempo. - Señaló a la aludida que estaba sentada relativamente cerca del abuelo. - Pues bien. Violeta lo es desde hace unos dos meses.
- ¿Dos meses? – Doña Amparo protestó: - ¿Por qué habéis tardado tanto en presentarla?
Guille explicó la situación entre los tres mientras doña Amparo intentaba mantener esa leve sonrisa de conformidad en su rostro. Don Francisco miraba a las chicas y escuchaba. Pensaba que Guille empleaba su Cualidad de una forma que no se le había ocurrido. Él mantenía a su disposición en la casa mujeres que compensaba con una buena paga. Mientras que su nieto prefería que fueran sus esposas. ¿Formaría algo parecido a un harén?
Guille terminó de hablar y doña Amparo se levantó de la butaca para acercarse a Violeta y ordenó que la abrazara.
Violeta se levantó para la caricia.
- Hija mía. No sé cómo te has liado con este loco, pero bienvenida a la familia. Y ahora mismo no, pero comprenderás que te voy hacer un millón de preguntas. Tu rostro me es conocido…
- Sí, señora. - Sonrió educadamente Violeta. - Soy hija de los Espinosa. Mi madre solía ir al club de golf y en alguna ocasión la acompañaba.
Doña Amparo asintió, ya sabía quién era. Miró a su marido mientras hablaba lo que parecía un sencillo comentario sobre unos padres que habían vendido la casa en la ciudad para ir a vivir a otra alejada elogiando su decisión, porque siendo más grande era más barata de mantener.
Don Francisco movió levemente la cabeza asintiendo. Debía saber por qué vendían, hasta dónde y el precio. Seguramente nada de eso interesaba, pero sí el por qué. Algún negocio no debía ir bien o lo dejaban por alguna razón que debía averiguar.
- Bien querida niña, perdona. - Doña Amparo regresó a la butaca y continuó hablando: - Continuaré con la segunda pregunta. ¿Quieres un café?
El rostro de Violeta se relajó. Sabía que habría ese millón de preguntas, sin ser agobiada.
Don Francisco permanecía callado estudiando otra vez los rostros y gestos de las jóvenes al mismo tiempo que saboreaba su café. No mentían. En las dos estaba el nerviosismo amagado, la duda, el miedo a una reacción contraria a sus planes. No estaban sometidas a Guille mediante la Cualidad ya que ese acondicionamiento eliminaba esos sentimientos. Sintió curiosidad, ganas de saber más, pero sabía que no debía forzar la situación. Miró a Guille y aquel, en ese cruce de miradas, supo que pronto sería interrogado. Luego con ese rostro serio de siempre, se puso hablar con Berta sobre la venta de la Textil Amapola.
- Todo va según lo planificado. - Respondió Berta hablando claro y satisfecha de cómo se desarrollaban los acontecimientos. Todo según lo previsto. - Unos días antes de Navidad vienen unos representantes de la Arno Schäfer. Nos veremos en las oficinas de Amapola en Barcelona donde les entregaremos documentación para que la estudien y evalúen. Esa reunión durará un día, no creo que sean necesarios dos.
Hablaba despacio mirando al abuelo, aunque a veces también a Guille de quien parecía sacar fuerzas.
- Después dispondrán de tres días de plazo para aceptar o rechazar un preacuerdo. Durante ese tiempo permaneceré atenta a sus preguntas. Y si va bien firmarán el preacuerdo, y para mediados de enero se formaliza la compraventa entregando el sesenta por ciento del total y el resto a un año.
- ¿Has comprobado que la Schäfer es solvente?
Berta miró al abuelo poniendo una cara pretendidamente enfadada, pero resultaba divertida. Parecía una niña mala que no quería contar qué había hecho.
Don Francisco insistió:
- Niña. Tengo que preguntar.
- Sí, abuelo, perdona. Lo son. Lo he mirado y tienen negocios en casi toda Europa, los Emiratos, India, y sudeste asiático. Sus negocios con Estados Unidos son a través de un socio británico. Apenas tienen contactos, pocos, con Sudamérica y África. Además, ya somos socios con lo de Europa-Futuro.
Doña Amparo se interesó en saber qué era eso, mientras que Violeta permanecía en silencio con las orejas y ojos bien abiertos.
- Somos dos socios de cuatro, construimos unos barcos. - Respondió Berta, y señaló a su esposo. - Aunque eso lo lleva Guille a través de la Comercial.
Don Francisco soltó un gruñido y preguntó:
- Y si lo lleva él… ¿Cómo lo sabes?
Berta no se amilanó.
- Estuve una semana en Mundo Globo con acceso casi ilimitado gracias a los poderes que ya me otorgaste poco antes. Tuve tiempo de leer.
- Escucha niña. - Don Francisco amenazó y no quedaba claro si era en broma o no. - Con todo lo que sabes de Inversiones y la Comercial, si te pasas a la competencia tendrás un accidente.
Berta se cubrió la boca para no reír semejante ocurrencia.
- ¿Marcharme? No. Abuelo. No me iré a ningún sitio. No quiero perder a mi querido esposo. - Sonrió. Pero su rostro volvió a ser de comercial inmediatamente. - Otra cosa, jefe. La Schäfer también nos ha investigado. Eso han descubierto nuestros interventores y los informáticos de Barcelona. Empleaban programas espía o ¿troyanos? – Hizo un gesto con el que quitaba importancia al nombre. - Lo organicé para que vieran sobre Europa-Futuro, que ya conocen. Pero parece que están muy interesados de tus negocios en Alaska. ¿Corto los enlaces?
- ¡No! - Respondió casi inmediatamente el viejo zorro. - Deja que vean que todo en América es legal. Que somos fiables. Pero que no metan las narices en Madrid, Florencia, París y Zamalca.
- ¿Londres, Roma?
Don Francisco negó con un gesto de la cabeza.
- Sí, jefe.
Respondió Berta inmediatamente medio seria, medio en broma. El abuelo añadió:
- Solo en lo de Alaska y Ámsterdam.
- ¡Ah, bien! Con lo de América pensé que les dejabas ver lo de Sao Paulo, Buenos Aires, San Francisco, Seattle y...
- ¡No! – Limitó don Francisco. - De América solamente Alaska.
- Sí, abuelo.
Los dos sabían que a veces al tirar de un hilo... por eso lo de cortar o podar alrededor.
Violeta estaba pasmada. Escuchaba sin creer la conversación entre abuelo y nieta. Sabía que Guillermo manejaba una empresa de inversiones muy rentable, pero no sabía en qué y acababa de enterarse. Construir barcos, comprar y vender empresas... se manejaba mucho dinero. ¡Y Guille llevaba la empresa pequeña! Que consistía en bancos y hoteles. Aunque le tocara hacer recados en la Comercial. Y Berta, sin terminar la carrera ya hacía negocios millonarios.
Don Francisco se dirigió a su nieto.
- Guille. ¿Qué tienes?
- Además de hacer de intermediarios en la transacción de aquella empresa que te comenté. Estoy en contacto con el emirato Alshamal Aljamil. Quieren construir un hotel enorme en los pirineos. Categoría superior con helipuerto, clínica... - Añadió una broma. - Y menos submarinismo quieren todas las actividades deportivas. – Volvió a ponerse serio. - Ellos compran el terreno. Ya tengo a dos investigadores buscándolo. Los gastos de la construcción serán a medias. Nos devolverán el dinero en cinco años además de participar en los beneficios al cuarenta por ciento en ese tiempo y al quince en diez años más. Luego se renegocia el acuerdo en el que vendemos o nos compran nuestra parte.
- Quiero ver las cantidades y los plazos.
Guille señaló su ordenador indicando dónde guardaba los datos.
- Luego te las enseño.
- Lo veré ahora mientras le enseñas la casa a... - El anciano dudó, por lo que preguntó: - Perdona niña. No recuerdo tu nombre.
- Violeta. Nuestra nueva nieta se llama Violeta.
Respondió adelantándose doña Amparo. Con esa suave sonrisa en su rostro ordenó a los jóvenes que la siguieran.
- Vamos te enseñaré la casa. No son más que paredes viejas con muebles igual de viejos. Bueno, alguno más, ya que son baúles, mesas y poco más, que se trajeron de viviendas anteriores o bien se compraron ya antiguas.
- Por fuera y lo que he visto por dentro… parece un palacio.
- ¡Silencio, niña! - Parecía una protesta de la mujer mientras la cogía del brazo. – Nunca digas eso no sea que te oigan los Cifuentes, que se lo tienen muy creído.
- Un momento, Violeta, por favor.
Interrumpió don Francisco cuando los cuatro ya estaban cerca de la puerta al pasillo. El hombre tenía en sus manos el portátil de Guille y se disponía a leer.
- Ya has oído de lo que hablamos y me gustaría saber tu opinión. Veamos: Tenemos una empresa que parece rentable, pero vamos a venderla en Navidad. Construimos otra que cuando funcione podemos dedicarnos a ella o venderla. ¿Qué harías y por qué?
Violeta regresó al centro de la sala mirando el suelo. Pensaba.
- Referente a la textil Amapola puedo decir que actualmente es una marca apreciada. Pero el mercado es muy variable. Muy competitivo. Lo que hoy es moda mañana es horriblemente anticuado. Dos o tres de esas malas rachas seguidas suponen perder mucho prestigio y dinero. – Lanzó un suspiro. Pensaba qué más decir: - Disminuir gasto conlleva a vender mal, cierre de locales, despidos… Y se piensa aquello de ojalá hubiera vendido cuando tuve oportunidad. Vendiéndola cuando está en alza supone obtener mucho más.
Miró fugazmente por la ventana y ya continuó hablando.
- Con un hotel de baja categoría se sufre rápidamente la carestía de clientes ante una crisis económica, que por desgracia cada vez son más seguidas, porque todo el planeta es casi un único mercado donde lo que sucede a miles de kilómetros repercute en los precios de la tienda de la esquina. - Cogió aire y continuó: - Cuanto mejor es el hotel menos la sufre porque los clientes no son de esa gente que pierde poder adquisitivo, ni las ganas de viajar ya sea por placer, negocios o como tendrá clínica… por eso... Pero son cinco años de plazo, por lo que deberá estudiarse cuando ya se disponga de tres años de datos.
- ¿Tres años? ¿Por qué?
- Bueno. No sé exactamente cuánto tiempo sirve de base para comparar y hacer cálculos. No soy economista. Quiero ser profesora en un instituto o similar. Mis conocimientos de economía se limitan a adaptarme a un sueldo.
- Bien. Ir hacer la ruta turística por la casa. – Dijo por fin don Francisco en un tono serio. - Debo pensar.
No fue así, don Francisco se dedicó a estudiar la investigación de Guille.
Ya que estaban en el primer piso mostraron las habitaciones principales que reformó y solamente usó doña Beatriz Montesinos, madre de don Francisco, y desde entonces están cerradas.
Guille retiró la funda de una silla para mostrar la tapicería y la marquetería del respaldo. Hizo lo mismo con el tocador en el que se veía la antigüedad del mueble y en buen trabajo realizado, también descubrió parte del armario mostrando las molduras que rodeaban el biselado espejo. Explicó:
- No son antigüedades. Doña Beatriz encargó estos muebles de estilo Luis XIV pensando que eran acordes a la casa. – Acarició casi con cariño la madera. – Mira qué trabajo. Es de artista.
- Es una maravilla. ¡Todo un tesoro!
- Estoy de acuerdo contigo. Se trata de los muebles más apreciados en esta casa sin ser los más antiguos. - Dijo doña Amparo. - Si más adelante la familia Cifuentes tiene problemas financieros siempre pueden ofrecer la casa con sus salas para eventos y alquilar las habitaciones como un hotel.
Violeta preguntó si doña Beatriz mandó construir la mansión.
- No hija mía. – Respondió doña Amparo. – La compró en el treinta y cinco, y no pudo terminarla hasta concluida la guerra. Tiró paredes y la amplió hacia atrás. Las obras duraron tres años. Más tarde haría muchas reformas adaptando una parte a la modernidad de los años sesenta. Sí. Una parte la restauró solamente mientras que otras digamos que la hizo más Barroca. Por eso los muebles son de ese estilo. – Con un gesto señaló la habitación que acababan de ver. - Por lo que ya puedes imaginar que está sometida a continuas reformas y modernizaciones.
Guille explicó anécdotas más o menos históricas, además de exageraciones y mentiras tanto de la casa como de los jardines.
- En el bosque, cuando era más grande, había jabalíes, lobos... Incluso opositores al dictador escondidos que esperaban un tiempo hasta que en barco escapaban a África.
Dejaron la visita de las demás habitaciones y gabinetes de ese piso para otro momento. Porque según dijo doña Amparo: visto uno, visto todos. Señalando algunos cuadros del pasillo explicaba sobre el pintor o anécdotas sobre el lienzo.
Y al dirigirse a la escalera para bajar a la planta principal doña Amparo dijo que encontraba pálida a Berta.
Berta explicó qué le pasaba y doña Amparo pidió que le mostrara las manos.
- Hija mía. Tienes las manos frías, y dos uñas rotas. Esto es anemia. ¿Has ido al médico?
Negó diciendo el día y hora de la visita prevista.
- Bien. Iré contigo. Si quieres.
- Yo también voy. - Dijo Violeta.
- Sí, claro. Por supuesto, hija mía. - La abuela estaba conforme. – La esposa tiene más derecho que yo.
Ya en el recibidor habló sobre el arquitecto que hizo la remodelación de paredes y forro en las columnas, puesto que no era la obra original, aunque ya habían pasado casi cien años. La reconstrucción de la escalera. Del cuadro que podría ser de Goya… y se dirigieron al despacho y al comedor principal.
- Por favor, abuela, perdona. - Interrumpió Guille. - No os acompañaré a los calabozos. Las máquinas de tortura siempre me deprimen.
Las dos esposas se asombraron.
- ¿Qué?
- ¿Tortura?
Doña Amparo agitó la cabeza.
- No hagáis caso a este tonto.
La abuela se hacía la enfada cuando en verdad tenía ganas de reír la burrada de su nieto.
- ¡No me puedo creer que lo aguantéis! Nada de eso hay en la casa. Ni siquiera pasadizos secretos.
El despacho. El comedor… Varias veces, Violeta intentó contar las lágrimas de cristal de la lámpara, siempre perdía la cuenta. El salón de baile. Las escaleras de atrás por las que se accedía al parque junto la piscina.
- Bueno. Ya has visto lo digno de alguna foto. No te mostraré la cocina, ni las habitaciones que fueron del servicio. - Con un gesto señaló fuera de la ventana. - El garaje queda algo retirado porque en principio fue las caballerizas y mediante la distancia se evitaba el mal olor. También fue reformado al mismo tiempo que se ampliaba y mejoraba el sistema eléctrico en esta casa.
Con otro gesto señaló una escalera que no era tan monumental como la del recibidor y que en ese momento permanecía en penumbras.
- Quizá algún día se adapte una puerta lateral para que entren varios coches en este edificio. Habría que quitar algunas habitaciones de la planta baja, de esas que hace muchos años que no se usan.
- Están abandonadas. – Se interesó Violeta.
- Pues sí y no. De vez en cuando las recorren los vigilantes y personal del servicio para ver que no haya daños por agua o desagradables bichos.
Días más tarde quedó confirmado, Berta tenía anemia.
- Dichosa menstruación. - Se quejó.
- Puede. Pero eso no lo dijo el médico. - Recordó Violeta.
- No. Empleó otras palabras, pero parece que mi cuerpo no asimila el hierro de los alimentos o algo así.
Otra vez debía tomar unas pastillas durante varias semanas.
Guille no había podido acompañarla al médico y ya en casa se interesaba por los resultados mientras estaban sentados en un sofá del gabinete. Las dos chicas estaban abrazadas dándose besitos y Guille le acariciaba una pierna por encima del pantalón del pijama.
- Bueno. Lo importante es que te repongas. - Murmuró Guille y añadió divertido. - Debes comer muchas lentejas.
Berta dijo parte del refrán que todos conocían sin estar seguros de saber decirlo correctamente.
- Venga, cariño. Alegría, deporte, alimentación sana y las vitaminas. Que te necesitamos vital en la cama. - Animó Violeta.
Berta respondió sonriendo:
- Lo que pasa es que te gusta cómo te como el chochete.
- Mucho. Y acariciar las tetas de mi amazona favorita mientras se folla a nuestro marido. - Casi suelta una carcajada al añadir: - Te voy a comprar un sombrero tejano para que lo agites sobre tu cabeza cuando culminas. - Levantó un brazo y como si tuviera algo en la mano la agitó. - ¡Hiaja! - Se corrigió rápidamente. - ¡No! ¡No! Espera. Dices: ¡Mermelada!
Berta se puso a reír mientras afirmaba que siempre estaban pensando en lo mismo.
La fiesta de las dos empresas Cifuentes de diciembre en Barcelona fue como estaba prevista. Incluso doña Amparo hacía bromas con los jóvenes.
- No te entiendo, hijo mío. Tienes dos esposas y pierdes el tiempo bailando con tu abuela.
- Eres la más guapa de la fiesta. - Se defendió Guille. – Y perdona si evito besarte. Tu marido nos vigila.
Terminó el baile y aplaudieron a los músicos. Doña Amparo ordenó:
- Regresemos ya con tus esposas que las pobres están siendo asediadas por lobos.
Así era, las dos chicas continuamente eludían las invitaciones para bailar y otras más íntimas. Incluso Violeta tuvo que rechazar por dos veces al que se acostó el año anterior.
- Se está poniendo pesadito. Y no lo frena que le diga que tengo pareja.
- Parece que le gustó estar contigo, guapa.
Doña Amparo hizo como que no las oyó. Al poco se retiró para saludar a otros invitados, pero antes aconsejó por enésima vez que vigilaran sus bebidas.
- Hay mucho desalmado por ahí.
Violeta recordó lo sucedido a Nilea mientras que a Berta y Guille se les oscureció el rostro al recordar el vergonzoso comportamiento de la abuela cuando estuvo bajo los efectos de esa porquería.
En varias ocasiones Guille tuvo que retirarse para saludar y hablar con algunos directivos. Mediante la Cualidad descubrió que entre tantas propuestas tres eran reales mientras que las otras eran ganas de llamar la atención del jefe o aparentar ante otros directivos, incluso la posibilidad de obtener algún beneficio si bien lo que proponían era poco rentable.
Lo habló con el abuelo.
- Mira, que lo intente un investigador está mal, pero comprendo que quiera llevarse unos miles extra al año, que lo intente un directivo es, no sé, una traición mayor.
- Por eso hijo mío aprovecho los discursos y conversaciones por ordenador para mantenerlos a raya.
- Podríamos despedirlos.
- No. Recuerda el cuento popular: Si ponemos a otro capataz empezará a robar desde cero para tener coche, casa grande y dinero en el bolsillo. Este ya la tiene, luego no necesita robar tanto.
Y a la hora del brindis de despedida nadie se asombró de que tres mujeres estuvieran entre dos hombres. Alguno debía pensar que era la esposa de Guille, que ya conocían, y la otra un familiar que se situaba en un lugar incorrecto para la foto “oficial”.
Algo que Guille notó, pero nada comentó, es que don Francisco esa vez tampoco desapareció en ningún momento para "conversar en privado" con una mujer más joven. Siempre permanecía al lado de su esposa con excepción de las dos veces que doña Amparo bailó con Guille y otra con Artiaga. Este directivo, en contra de lo que dijo, no se retiró.
Unos días antes de Navidad, Guille, Berta y Jenaro se reunieron con unos representantes de la Arno Schäfer. Jenaro estaba en calidad de ayudante, asistía a otro abogado especializado en comercio internacional. Guille estaba como representante de Inversiones Fuente Ahorro, y Berta de Comercial Cifuentes, como principal firmante.
Los cuatro abogados convocados, dos por cada parte, estuvieron casi veinte minutos comprobando las acreditaciones de los representantes. Todo correcto, los asistentes tenían poderes para negociar en nombre de sus empresas. Hubo intercambio de información. Lectura de algunos puntos. Preguntas con las correspondientes anotaciones. Siguiendo el calendario previsto, tres días más tarde se firmó el preacuerdo.
Durante un descanso del que ya regresaban de comer y en breve continuaría la reunión, un visitante tenía el ordenador conectado y Guille que pasaba por detrás fue reconocido por el comunicante, quien estaba al otro lado de la pantalla.
El representante de la Schäfer le llamó pidiendo que su jefa quería hablar con él
Resultaba que era Gilda. Pudieron hablar un rato.
- Sabía que ibas a la reunión. Nada dije ya que no puedo viajar y estoy algo apartada de los negocios.
Guille sintió curiosidad, se fijó que debajo de maquillaje se le notaban algo de sombras en los ojos. Temió que estuviera enferma pero nada dijo. Llamó a Berta y la presentó como representante de la Comercial Cifuentes y esposa.
- ¡Casados, bien! Ehhorabuena. Felicidades a los dos. Y amiga Berta, puedes decir que no es de mi incumbencia, pero permite el consejo: No esperes como yo a quedar embarazada tan mayor.
Se levantó poniéndose de lado así mostraba una enorme barriga. Por eso las ojeras.
Llevaba un voluminoso vestido, y sobre este una chaqueta con la que solamente cubría sus brazos.
Guille se sintió aliviado y contento por esa mujer con la que tan bien lo pasó. No estaba enferma.
Tras interesarse por su salud desde el punto de vista cómo embarazada, le desearon parabienes y se despidieron.
Horas más tarde todo estaba firmado y con el primer pago realizado, mediante comprovación telemática. El cuarenta por ciento restante sería en un año. Hubo apretones de manos y despedidas.
Ya en el hotel, Berta dio soltura a su alegría y con ese terremoto que creó en la cama casi rompe varios huesos del marido al follarlo a lo amazona.
- ¿Qué esperas? – Ordenó sin dejar de follar: - ¡Lléname de lechita!
El caso es que como solía pasar, se corrió antes que el marido y cambiaron de postura. Ahora era por detrás. Por eso estaba arrodillada y con las manos sobre la cama. Y si bien mostraba su bonito ano, la oferta era follar por la vagina.
La polla entró suave. Ambos gimieron de placer.
- ¿Te va bien así, cariño? – Ofreció Berta entre gemidos. - Puedes darme más fuerte si quieres.
- No, cariño. Anda, vuelve a ponerte encima. – Se retiró para tumbarse como antes. – Me gusta acariciarte las tetas.
- ¡Sí! ¡Voy! Lo prefiero.
Ya había dicho que en esa posición controlaba la cantidad de polla dentro de su cuerpo y el ritmo según le apetecía.
Berta volvió a ponerse encima metiéndose la polla del marido casi con desespero, y pronto tuvo otro orgasmo gracias a las caricias en las tetas y que de vez en cuando Guille le acariciaba el clítoris.
- ¡Uhm! ¡Sí! ¡Que bueno! Cariño, no sé qué me gusta más, que me manejes las tetas o el coño.
Guille ya se había dado cuenta que era al follar o frotarle el clítoris, pero no iba a corregir a su esposa en ese momento.
Coincidiendo con la descarga del marido tuvo el tercer orgasmo derrumbándose sobre Guille.
- ¡Ah! Si quieres más tendrá que ser estando yo debajo.
- Está bien así, cariño. Gracias. Te amo.
Se lavaron y regresaron a abrazarse para dormir. No se vistieron y por eso al despertar encontraron algo de semen en los muslos de Berta y la pierna de Guille.
- Esto es por tu culpa. – Dijo Berta fingiendo enfado. – Sueltas mucho.
- Sí, cariño. Culpa mía.
Por la mañana desayunaron en el comedor. Fueron a correr alrededor del hotel. Y a las nueve acudieron al aeropuerto. Hubo el contratiempo que los agentes les revisaron las maletas, además de inspeccionar el avión.
- Es habitual, aunque es la primera vez que me pasa. – Avisó el piloto a modo de disculpa. Le habían ordenado permanecer junto los pasajeros en la misma sala. - Se trata de un control aleatorio. Simplemente hoy nos ha tocado.
Guille asintió sin aclarar a Berta que eso se hace con los vuelos internacionales y como no era el caso le sorprendía.
El viaje se retrasó tres horas. Guille murmuró ya aburrido:
- Solo falta que no revisen los empastes bucales.
- ¡Chiss! Calla. – Protestó Berta. – No les dés ideas.
Durante el vuelo de regreso, Berta vio que llegaría a Zamalca con tiempo para ir a dos clases a la facultad. Mientras que Guille dijo que iría a Mundo Globo a trabajar un rato.
- Eso si no nos hacen otro control al llegar.
Pero el abuelo les llamó, su imagen aparecía en la pantalla del ordenador de Guille.
- Niños. Felicidades por lo de la textil Amapola con la Arnol Schäfer. Venir a Montesinos y contarme los detalles. Violeta también ha de venir, tengo que hablar con ella.
- Abuelo. ¿No puede ser esta noche? - Pidió Berta. - Ayer y esta mañana ya falté a unas clases y...
- No os retraséis. - Ordenó don Francisco.
- Sí, jefe.
- Sí, jefe.
Violeta estaba con la abuela en el gabinete. Hablaban sobre la disposicón de los cubiertos y vasos en una mesa. Aunque doña Amparo hacía alguna pregunta, una de ellas era cómo evitaban los celos, ya que Guille no puede dividirse.
- Dividirse, no. Pero sí compartirse. Y de momento nos va bien. Perdona, no voy a entrar en detalles.
- Por supuesto.
Doña Amparo disimuló al recordar. Todavía no tenía veinte años cuando...
En esto llegaron Berta y Guille. Violeta se levantó para saludarlos dando un beso en los labios a cada uno ante la leve sonrisa de doña Amparo. Que luego la besaron a ella en el rostro sin que se levantara de la butaca.
- ¿A mí no me besáis en los labios? Debe ser sabroso.
Naturalmente era una borma, pero Violeta se acercó y la besó en los labios cogiéndola por sorpresa.
- ¡Vaya! Niña, no lo esperaba.
- Lo habías pedido, abuela. – Sonreía Violeta.
Doña Amparo carraspeó suavemente y les dijo que fueran al despacho del abuelo en ese mismo piso, les esperaba. Y aconsejó.
- Solamente entrar cuando diga que podéis hacerlo.
Don Francisco apagó la pantalla del ordenador al mismo tiempo que ordenaba la entrada.
El trío entró en silencio. Las chicas se sentaron en las sillas frente la mesa, y Guille quedó en pie detrás de Violeta.
- Bien. Guille. Llevas año y medio conmigo. Aquí tienes un extracto de tus comisiones por las gestiones en este tiempo. Queda pendiente lo de Europa-Futuro. Que será cuando empiece a rendir.
Guille miró el papel y le gustó la cantidad. Formaba parte de su sueldo.
Don Francisco miró a Berta.
- Niña. Has hecho una buena gestión por lo que recibes un porcentaje como comisión. – Deslizó sobre la mesa una tarjeta del bancaria. - Toma, con esta tarjeta tienes acceso a un nueva cuenta en Fuente Ahorro. Como la anterior, para evitar a hacienda no está a tu nombre, pero eres la única que está autorizada.
También le entregó un hoja con los datos de la cuenta y el saldo. Al ver la cantidad quedó asombrada y con la boca abierta. Realmente no esperaba una paga porque ya con todos sus gastos cubiertos, incluso la peluquería, y los regalos consideraba que era suficiente.
Guille se acercó por detrás para leer la hoja, y al ver el saldo sonrió:
- Cariño, para ser tu primer sueldo no está mal.
Por fin reaccionó.
- Yo. - Tuvo de tragar el nudo que se le formó en la garganta para continuar. - No puedo aceptarlo.
La voz de don Francisco sonó como un trueno.
- Niña. Eso nunca se dice ante el dinero.
Berta pasó la hoja a Violeta que tras mirarla muy por encima murmuró que la quería mucho y por nada le pediría el divorcio, provocando la sonrisa de Berta.
- Seriedad, niñas. - Protestó don Francisco.
- Ahora tú... Violeta. Sin tener ni idea, como dices, de economía, el otro día me gustó tu respuesta. Bien, si aceptas, no te voy a envíar a que pases otros cuatro años estudiando, pero sí varios cursillos que harás por las tardes en una academia, y durante dos semanas, como poco, irás a un lugar que ya te dirá la abuela, donde aprenderás varias cosillas muy útiles, o si no pregúntale a tu... esposa.
Berta sonrió. Sabía que se refería al Cic.
Violeta miró fijamente a don Francisco.
Desde que consiguió el master habían pasado dos meses y en ese tiempo tuvo dos trabajos con un total de diecinueve días, ya que se trataba de suplencias por enfermedad de los titulares. Aún así replicó seria a la propuesta:
- Quiero ser profesora.
Don Francisco habló como si no la hubiera escuchado.
- No tienes que responderme ahora. Piénsalo. Si aceptas los estudios que te propongo, tendrás un puesto en la Comercial.
Berta intervino.
- ¿Y yo abuelo, estaré en la Comercial o en Inversiones?
- Lo sabremos después de tu examen de admisión.
Algo que solamente supo apreciar Guille es que el abuelo no empleaba la Cualidad para acondicionarlas, dejaba que eligieran. Le gusto. Ya se lo agradecería más tarde.
Sonaron los teléfonos de Guille y don Francisco. Eran unos mensajes de doña Amparo diciendo que disponían de una hora para prepararse para la comida.
Fueron a la habitación a cambiarse aunque no se tratara de la cena. Guille empleó el mismo traje pero se cambió de camisa y corbata. Y las chicas se pusieron unos vestidos, cambiándose también de zapatos. Violeta pensaba que ya estaba lista cuando Berta le pidió que se pusiera otros pendientes.
- ¿Qué les pasa a estos?
- Que... Bueno como me dijo la abuela en una situación similar, y más tarde en una academia de protocolo: Son adecuados con pantalón o en la facultad, pero no como complemento de un vestido durante una comida especial o una sencilla cena.
- ¿Esa academia, es donde dice el abuelo que tú y la abuela ya conocéis?
Berta asintió.
- Sí. Y como dijo la abuela se aprende desde a manejar el tenedor correcto para el pescado a romperle la mano a un maleante. Además de contabilidad e informática.
- Vale. Comprendo. Por eso he estado hablando con la abuela sobre la disposición de las copas en la mesa.
- ¿Sí? Pues preparate, que puede que ahora mismo estén mal ordenadas para hacerte un examen.
Al dirigirse a la escalera para bajar al comedor, Berta preguntó a Guille si de verdad el abuelo le haría un examen de evaluación y en qué consistiría.
- Cariño. - Guille sonreía. - Ya te lo ha hecho. Con la venta de Amapola has conseguido mucho dinero para todos.
Violeta preguntó curiosa:
- ¿A ti también?
- La empresa es mía.
Técnicamente la Comercial Cifuentes era del abuelo todavía.
Durante la comida doña Amparo preguntó si irían en Semana Santa a algún sitio. Sin darles tiempo a responder explicó lo que harían los abuelos.
- Nosotros iremos a Madrid. Tenemos dos eventos muy próximos y pasaremos cinco o seis días. No sé si coincidiremos con unos familiares.
- Pues no lo hemos pensado. – Respondió Guille tras mirar a las esposas. - Falta un mes, pero a según qué sitio habría que reservar ahora habitación y vuelo.
Berta sonrió al decir que quedaba mucha Europa por conocer.
Violeta dijo que solamente ha estado en Londres, Roma y Paris, pero con sus padres.
Guille dijo su parecer.
- Pues sugiero que volvamos a un hotel rural que hay en la provincia de Albacete. Lo pasamos muy bien viendo fuentes y barrancos.
Berta casi se atraganta al beber agua. Con el vaso todavía en la mano preguntó a la abuela.
- ¿Quedaría muy mal si ahora arrojo el agua a la cabeza de mi querido maridito?
Doña Amparo sonrió al aprobar:
- Pues. Por según qué motivos incluso te lo rellenaría.
Violeta sonreía mostrando su iluminado rostro, mientras que don Francisco soltó un gruñido.
- Vale, vale. De acuerdo. - Se rindió Guille levantando las manos a la altura de la cabeza. - Elegir vosotras dónde y cuándo. Y os recuerdo que muchos sitios están cerrados por vacaciones de primavera o procesiones.
Tuvieron que contar por qué de ese viaje rural.
Al final de la comida las chicas tenían dos posibles lugares: Sevilla o Praga. Intervino don Francisco.
- Praga os gustará, pero en primavera hay días muy fríos. Por otro lado, en Sevilla están las procesiones. ¿Habéis pensado en Italia, Grecia…? Hay islas muy bonitas. Los paisajes, calles y fachadas no cierran por vacaciones.
Acordaron que ya lo hablarían.
- Para esta tarde tenemos que ir a visitar a unos amigos. Vendremos muy tarde. - Don Francisco parecía molesto al no poder librarse de ese compromiso. - Supongo que no venís, por lo que os podéis quedar todo el tiempo que queráis en la casa.
- Si os quedáis a cenar avisar a la cocinera. - Añadió doña Amparo.
Pasaron la noche en la villa. Para dormir las dos esposas abrazaron a Guille. Al día siguiente bajaron a la cocina a desayunar, A continuación, Guille y Berta fueron a correr. Luego Guille fue al trabajo, Berta a la universidad, mientras que Violeta corrigió sus currículos añadiendo los dos sitios donde trabajó. Luego bajó a la cocina a tomar un café y se entretuvo hablando con el servicio.
Por la tarde se cambiaron de calzado para ir a caminar un rato.
- El otro día vi la magnificencia de la casa y ahora de este jardín. Es enorme. ¿El bosque forma parte de la finca?
- Ese es el bosque grande. El pequeño está al otro lado del edificio.
- Ya veo. Separa el garaje de la casa.
- No. Eso es una arboleda. El bosque pequeño está cerca, pero desde aquí no se ve. Lo tapa la casa.
Casi a la vez alzaron la mirada. Había ramas de árboles que cubrían totalmente el camino.
Al llegar a un cruce dudaron si ir a la granja o pasar por la piscina. Se decidieron por lo último.
Ocurrió que tuvieron que retirarse del camino para que pasara el vehículo del vigilante que hacía una ronda. El vigilante se detuvo nada más rebasarlos y avisó que, si iban al bosque sur, tuvieran cuidado. Habían visto unas ramas rotas que amenazaban con caer en cualquier momento.
- ¿Árboles enfermos? ¿Bichos? – Se interesó Guille.
- Aún no lo sabemos. El señor Soriano ya ha sido informado.
Cuando el guardia se marchaba, Berta aclaró a Violeta que Soriano era el jefe de los jardineros.
Violeta llamó la atención sobre un dato.
- Jardineros, mantenimiento, vigilantes y servicio en la casa. ¿Cuánta gente trabaja aquí?
No lo sabían con exactitud, y en lugar de hacer la consulta al administrador hicieron cábalas. Unos dos vigilantes por turno. Ya son seis. Dos en la granja y un equipo de al menos cuatro para el jardín. Seis dentro de la casa…
- Además, a veces se llama a un electricista, fontanero, apoyo en la limpieza… que creo que son de una empresa de servicios ya concertada.
- ¿La misma que Natalia?
- No lo sé. – Dijo Berta y miró a Guille que negó con la cabeza. Tampoco lo sabía. - Ahora que lo dices recuerdo que la ropa de trabajo es diferente.
- ¿Quién se ocupa de la contratación, de llamar a quien hace falta?
La pregunta era a Guille, pero fue Berta quien respondió al recordar algunas conversaciones con la abuela.
- Los vigilantes o el mayordomo avisan a doña Amparo y ésta al abogado o autoriza que lo haga el mayordomo. Es así desde hace unos años. Antes el mayordomo se ocupaba directamente de llamar al especialista y luego pasaban la factura al abogado. Para algunos servicios avisaban antes a la abuela.
- ¿Jenaro?
- No. Ese es, perdón, era, porque ahora tiene más trabajo, de la casa en Los Nopales y algo más por su cuenta. Es una gestoría que no recuerdo el nombre, asociada a Comercial Cisneros.
Continuaron el paseo hasta llegar a la piscina. La encontraron con algo de tierra en el fondo, además de unas hojas.
- Una piscina vacía siempre me parece un lugar triste. - Se lamentó Guille.
- En invierno no apetece estar en bañador a la intemperie.
- ¡Ah! Ahora me acuerdo que Nilea propone pasar el domingo en el club de montañismo. Dice que está aburrida.
- Pues creo que le propondré recogerla el viernes para que pase dos noches en los Nopales, con nosotras y Guille.
Violeta preguntó:
- ¿Le has dicho algo de nuestra relación?
- Nada. Se llevará una sorpresa.
- Sus padres se marcharon a Alemania. ¿No?
- Sí. Hace unos meses. Ahora está viviendo sola en la casa que fuera de sus padres. No tiene pareja.
- Pobre. Después de haber tenido pareja, creo que debe sentirse sola los fines de semana.
Las dos chicas quedaron calladas. Primero cabizbajas, luego mirándose entre ellas y sonriendo cada vez más. Guille, que las estaba observado, se alarmó.
- ¡Chicas, chicas! ¡Que os veo venir! Ni se os ocurra que Nilea forme parte de nuestro matrimonio. ¿Vale?
- ¡Ya me has chafado el plan!
- Pero, Guille, si total una más... ¿Qué te cuesta?
Las chicas se echaron a reír. Guille se alejó caminando unos pasos en dirección al garaje murmurando que lo iban a matar.
Y algo de acabar con alguien si hubo esa noche.
Continúa en
- Relato #252420— title-regex: contiguous parts (34 -> 35)
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