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El gorrilla, el cuida coches, Parte 1 ( Novela)

Rafa creía conocer a su esposa, pero la compasión de Marta por un hombre de la calle está abriendo una puerta que él no veía. Mientras él intenta proteger su hogar, descubre que la línea entre la caridad y el deseo es más fina de lo que imaginaba.

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EL GORRILLA Parte 1

Comencé a darme cuenta de que algo con Marta no marchaba bien durante unas vacaciones en Tailandia, ella ya estaba un poco triste y rara desde antes en realidad.

Marta era doctora en ciencias económicas y finanzas, daba clases en la universidad y trabajaba en consultoría.

Tenía 37 años y era guapísima, yo tenía dos años más, abogado. Éramos una pareja exitosa en casi todo. No habíamos podido tener hijos, mis espermatozoides eran bastante perezosos según habían dicho los médicos.

Habíamos iniciado algunos tratamientos pero sin demasiado entusiasmo y en eso murió nuestra mascota, un perrillo faldero que teníamos con nosotros desde novios.

Llevábamos trece años juntos con Marta y con el perrillo.

La notaba tan triste a partir de ese momento que le propuse ese viaje a Tailandia.

Marta era rubia y espigada, con un rostro anguloso y perfecto, una expresión inteligente y divertida, antes de todo esto que estoy contando y ahora un poco enigmática y reservada.

Estaba muy buena además, esas mujeres que pasan los 35 y se ponen más buenas todavía, su culo era algo bestial, iba mucho al gimnasio y se esforzaba y era un culo redondo y carnoso y firme y completamente perfecto, una piel impoluta y levemente bronceada, un pelo rubio y largo, ondeado que le quedaba muy bien, su cuerpo alto y esbelto, medía 1,75, era coronado por unas tetazas increíbles, llenas, gordas, plenas, con un pezón rosado y grande y una areola que le ocupaba media tetaza.

Casi siempre usaba gafas durante el día y verla en tanga y camiseta antes de meterse en la cama todavía seguía poniéndome muchísimo.

Digo que las cosas comenzaron a cambiar en Tailandia.

_Hazlo……si hazlo…._ dijo ella entrecortadamente

Yo estaba encima de ella, besando su hermoso y largo cuello, ahogado por esa mata de su pelo rubio y sedoso, mi polla había rozado el agujero prieto de su culo.

_ ¿Qué?...._ dije

_Hazlo…..dame por el culo….._ dijo ella

_ ¿Estás segura?..._ dije, nunca lo habíamos hecho, era una de mis fantasías, pero nunca nada de nada por allí.

_Si….hazlo…métemela…_ dijo, suspirando.

Entreví su rostro sufriente, extrañamente doloroso.

_ ¿Sin lubricante?...._ dije

_Si…..no me importa….que me duela…._dijo ella

Fue brutal, nunca lo hubiese esperado así, su hermosa carita en una mueca de mártir que nunca le había visto y mi polla entrando en ese agujero prohibido y estrecho y luego me corrí dentro de ella, no pude aguantar demasiado.

Hacía mucho calor en ese bungaló, a pesar del aire acondicionado la humedad era asfixiante.

_Joder….me has sorprendido…_ dije, sus tetazas se acolchaban en mis rodillas.

_Siempre lo habías querido ¿O no?_ dijo ella

_Si, pero tú no_ dije, mis dedos se enredaban en su pelo de seda.

_ ¿De qué sirve guardarme lo que tengo de valor? La vida al fin y al cabo……es muy corta…_dijo

_ ¿Lo dices tú que eres economista?_

_Por eso lo digo, porque la riqueza al fin y al cabo es algo tan volátil…..todo lo es…..-

_ ¿Y todo esto por la muerte por Max?_ dije, Max era nuestro perrito.

_No es solo eso…mira nosotros, tenemos casi cuarenta años, más dinero del que podemos gastar…… ¿es tan importante lo que hacemos y cómo vivimos?_

_Joder…es que te ha dado un ataque de filosofía, cariño…_

_No lo sé…. Al menos te he hecho feliz esta tarde…._ dijo ella, se puso de pie, desnuda, era una escultura sin un gramo de más, apenas los pliegues de piel pequeños y encantadores en su pequeña cintura.

_ ¿Y tú no lo has disfrutado?_ dije

_Si…claro…_dijo ella, pero sabía que no, se había corrido luego cuando la había masturbado.

Miré su hermoso culo tan firme y perfecto como siempre.

Al día siguiente recordaba nuestra escena anal y me reconfortaba y más sí que es que había sido una especie de sacrificio por parte de ella, un sacrificio de amor, una prueba de amor, me dije con estúpido egoísmo machista.

Estaba desayunando, ella se había levantado de la cama mucho antes, no estaba en la gigantesca piscina.

_ ¿Ha visto a mi esposa?_ dije a uno de los camareros que ya nos conocía.

_Creo que está en la calle, señor_

_ ¿En la calle?-

_Frente al hotel…- dijo él

El hotel daba a una calle que se conectaba lisa y llanamente con la jungla exuberante.

Fui hasta el vestíbulo del hotel y salí a la calle.

Marta estaba enfrente y hablaba con un mendigo que había allí.

Le había llevado comida y el hombre la miraba con cierto estupor y vergüenza.

La escena me sorprendió bastante, no era ella muy propensa a este tipo de actitudes, no colaboraba con ninguna asociación de beneficencia o cosa parecida.

A veces colaboraba con Unicef, de alguna manera, pero esto era raro…

_ ¿Le has llevado comida?_ dije

_Si…..en el hotel preparan viandas…_ dijo ella

Marta caminaba sinuosamente, sus largas piernas enfundadas en una falda larga y ceñida a su cuerpo, tipo pareo.

_Bueno…….estás muy caritativa…_ dije

_Es un ser humano….a pesar de su aspecto, Rafa…_ dijo un poco cortante.

Durante el resto del viaje ella repitió eso por los lugares donde íbamos, si había mendigos en las cercanías del hotel les llevaba viandas de comida y dinero también, claro.

_ ¿Por qué lo haces?_ dije

_Por humanidad yo creo…me siento más humana……_ dijo

_Los humanos hacemos cosas terribles…- dije

_Por eso….esto también es ser humano…la mejor forma de sentir que los otros seres humanos valen la pena, tanto como nosotros mismos…_dijo ella

Pensé que esa caridad cristiana, por llamarle de algún modo iba a tener ese correlato en el sexo, pero no fue así. A la siguiente vez que quise darle por el culo, ella me rechazó y ya no volvimos a hacerlo.

De regreso a Madrid las cosas parecieron haber cogido una cierta normalidad, estábamos hablando de reiniciar el tratamiento de fertilidad y entonces un día la encontré en mi armario cogiendo unas camisas viejas.

_ ¿Las vas a donar a los pobres?_ dije

_Son para Isidro_ dijo ella

_ ¿Quién es Isidro?_

_El cuida coches de la universidad_ dijo ella

_ ¿El gorrilla? ¿Tienes un gorrilla?_ dije

_No me gusta esa palabra, es….estigmatizante…._ dijo ella, muy seria, concentrada en elegir una de mis camisas que no era tan usada ni tan vieja….

_Bueno así se les llama a los cuida coches ¿Y quién es este?_ dije

_Un buen hombre que no ha tenido suerte…- dijo Marta, llevaba uno de esos trajes de falda hasta la rodilla y blazer que le quedaba como cosido en el cuerpo, estamos hablando de una mujer que era una modelo prácticamente.

_ ¿De dónde es? ¿Africano?_ dije

_No, es español…_ dijo ella y comenzó a doblar las camisas

_ ¿Y cómo sabes que es un buen hombre?_ dije

_He hablado con él……_ dijo ella

_No sabía que hablabas con los gorrillas_ dije

_Rafa, no quiero hablar de esto contigo si te vas a poner en plan cínico_ dijo ella

_Perdona…perdona……vale…. ¿Cómo le has conocido?_

_Se me habían caído unas carpetas y al abrir la puerta del coche, me ayudó a recogerlas, le pregunté cómo estaba_

_Bien ¿y usted?_ me dijo, como si hubiese notado que yo no estaba bien, me conmovió y bueno luego le hice unas preguntas, no es el típico cuida coches, parece más joven pero tiene 64 años _ dijo ella

_Joder ¿vive en la calle?_

_Un poco si, un poco no, cuando tiene para el hotel y cuando no, de eso depende…_ dijo ella

_Y ahora le llevas unas camisas, le habrás dado dinero imagino_ dije

_Bueno, he tratado de ayudarle, si…_ dijo ella

_Bueno, ten cuidado…- dije

_ ¿Por qué he de tener cuidado? No soy una niña, es un buen hombre te digo_ dijo ella

_Será un buen hombre pero vive en un ambiente de marginalidad y eso te lleva a tener ciertas conductas y bueno tu eres….._

_ ¿Que soy?_ dijo ella

_Una mujer muy hermosa y estás pasando por un momento de cierta vulnerabilidad_ dije

_Venga ya, Rafa, soy una mujer normal y tengo 37 años y nada más que eso, te aproximas a los cuarentena y te haces preguntas y eso no tiene nada que ver con querer ayudar a una persona que lo necesita…._

_Vale…solo digo que tengas un poco de cuidado, nunca sabes…._ dije

Pero ella ya no me escuchaba.

No sé por qué decidí ir a echar un vistazo por mi cuenta. Me aposté con el coche antes de ir al bufete y esperé a que Marta llegara a la universidad, varios gorrillas se me acercaron, un negro africano y obeso echó a los demás, tendría más de sesenta años, le di algo de dinero. Se sorprendió de que me quedara en el coche.

Esperaba tener la suerte de poder verla, me iba a resultar difícil explicar mi presencia allí si Marta me divisaba.

Finalmente ella llegó, se acercó al coche un hombre de estatura mediana y barba, era flaco pero tenía abultado el abdomen, una pequeña panza y el gesto torvo, llevaba una gorra y una camiseta bastante sucia, fue hasta el coche de ella con confianza y abrió la puerta, Marta descendió, ella llevaba taconazos y era más alta que él, me quedé sorprendido.

Marta sonreía.

Una sonrisa franca que hacía mucho no le veía en el rostro.

EL hombre la miraba como una aparición, como un perro mira a su ama, pero de algún modo sin poder borrar la expresión torva de su rostro, muy moreno y muy curtido por el sol.

Marta se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

Joder, era demasiado me pareció, él la miró alejarse, su culo apretado dentro de la falda.

_Está muy buena esa rubia……_ dijo el viejo negro a mi lado

_ ¿Conoces al tío?_ dije

_Isidro…un cabrón…..más vale no meterse con él_ dijo el negro

_ ¿Hace tiempo que está aquí?_ dije

_ ¿Que? ¿Eres de la pasma? ¿O eres el marido de la rubia?_ dijo riéndose con ganas, le faltaban varios dientes en la bocaza.

_Si fuera el marido no estaría demasiado preocupado…_ dije

_Igual estas zorras tienen fantasías guarras….ya sabes…._ dijo el negro

_ ¿Cómo se llama usted?_ dije, el blanco de sus ojos parecía inyectado en sangre, tenía una gran panza y manos grandes y negras

_Oribi Ounoke…pero puedes llamarme Juan, blanquito…_ dijo

_Tal vez volvamos a vernos_ dije

Me marché de allí, volví a mirar al hombre, al gorrilla de mi mujer, tenía el ceño fruncido y parecía estar hablándole de mala manera a uno de los otros cuida coches.

Por primera vez pensé si no podía haber algo de índole sexual entre mi esposa y ese hombre, pero rápidamente lo descarté, de todas maneras la frase del negro volvió a mi cabeza.

Estas zorras tienen fantasías guarras había dicho, menuda frase.

_ ¿Le han gustado las camisas a Isidro?_ dije

_Igual le van un poco grandes me ha dicho, pero algo hará con ellas…sigues teniendo ese tonito zumbón…_ dijo ella, pero no parecía realmente enojada

_ ¿Crees que es un hombre de buen carácter?_ dije

_Si….pero como has dicho tú, vive en un ambiente en el que…no son carmelitas descalzas….- dijo ella

_ ¿Le has visto pelearse con alguien?_ dije

Ella estaba en camisa roja y falda hasta las rodillas de color marrón beige, tenía una copa en la mano, sentada cómodamente en nuestro sofá de color blanco, desde la ventana se veía el cuidado jardín de nuestro chalet en la urbanización en la que vivíamos, atardecía, todo era un ambiente de sosiego y seguridad, resultaba extraño estar hablando del gorrilla en ese lugar.

_Le he visto gritarle a alguien….un tío que se había puesto un poco borde conmigo…_ dijo ella

_ ¿Si? ¿Te estaba defendiendo?_

_No exactamente…..el otro cuida coches me reclamaba un dinero que no le había dado, según él….tal vez tuviera razón, no lo sé…._dijo ella, se quitó los zapatos de color beige como la falda y subió los pies al sofá.

_ ¿Qué es lo que atrae de él?_ dije esa frase a propósito, el verbo atraer.

_Joder, Rafa, no me atrae…no es eso….me da pena y….tiene una cierta integridad…_

_ ¿Integridad?_ dije

_Como que logra conservar la dignidad a pesar de todo…._

_ ¿Quieres más ginebra? ¿Qué sabes de él?_ dije

_Que es de Extremadura, que tenía una familia y que la perdió y que trabajó en la construcción y que acabó aquí, de gorrilla, porque no pudo hacer otra cosa_ dijo ella

Pase por alto que había utilizado la palabra gorrilla.

_Son gente que está muy rota_ dije

_La mayoría tiene problemas de adicción, enganchada a algo, no sé Isidro, tal vez el alcohol, no lo sé…_ dijo ella, se había quitado las gafas y un mechón de pelo rubio y sedoso casi sobre uno de los lados de su hermosos y anguloso rostro.

_Bueno ya has hecho lo suficiente por él…_

_Nunca se hace lo suficiente…_ dijo ella

_Podrías hacer algo por mí también….._ dije, le alcancé la copa y me senté junto a ella en el sofá, le di un beso, su boca era siempre cálida, con el toque justo de humedad.

_Todos quieren algo de mí, parece…_ dijo ella

_ ¿E isidro? ¿Qué quiere de ti?_ dije y le acaricié uno de sus enormes pechos por sobre la camisa, el pezón se puso erecto inmediatamente.

_ Él no quiere nada…….está más muerto que vivo, me parece…._

_Es duro eso ¿No?_

_Me da pena ese hombre…podría vivir….si se lo propusiera_

_O tuviese más suerte…_ dije, sin saber por qué, sin que me importara gran cosa, solo quería estar allí conversando con Marta en ese tono íntimo, hablando de algo que a ella parecía interesarle.

_Es tentador convertirse en el instrumento de la suerte_ dijo ella y se colocó una mano larga y elegante entre el pelo y el hombro, sosteniéndose su carita

_Jugar a ser dios, cambiar la vida de una persona…._ dije

Y a los pocos días ocurrió algo.

_Cariño, no te asustes pero voy a llegar más tarde hoy_ me escribió ella

_ ¿Algún problema? _ dije

_Ha pasado algo con Isidro, pero todo está bien, no te preocupes_

_ ¿Dónde estás?_

_En el hospital…_ dijo ella

_ ¿Te ha sucedido algo? ¿Estás bien?_

_Estoy perfecta, no te preocupes…_

Estaba preparando la cena, en realidad lo que había dejado Ramona, la asistenta que a veces cocinaba algo para nosotros cuando escuché el coche de Marta.

Me asomé por la ventana y me quedé congelado, llegaba ella pero no sola.

Por la otra puerta del coche descendió él.

El gorrilla, Isidro, con un brazo vendado, en cabestrillo. La sorpresa dio paso a un cierto cabreo, joder, podría haberme avisado.

La puerta del chalet se abrió y Marta apareció y llevaba un bolso mugriento en la mano.

_Cariño, ¿Cómo estás?_ dijo ella

_Cariño, que sorpresa…- dije

_Pase isidro, mi marido Rafa, Isidro…_

El hombre tenía una mirada torva.

_Su mujer ha insistido_ dijo, como disculpándose, sus ojillos eran oscuros y desconfiados, era como un perro de la calle que no sabe bien donde ponerse.

_Vale ¿Qué ha pasado?_ dije

_Tuvo un problema con otro cuida coche y le han herido un brazo…_ dijo ella

_No ha sido nada, solo un chutazo…_dijo él

_Pensé que podría quedarse unos días aquí, hasta que le quiten el vendaje…_ dijo Marta

_Claro, por supuesto…._ dije

_Podría quedarse en la habitación de servicio, tiene el aseo al lado, ya sabes más privacidad…_ dijo ella.

_Por supuesto…_ dije

La casa tenía un dormitorio de servicio, pasando la cocina y el sector de lavado, preparada para que una persona estuviera allí de forma permanente, la habíamos comprado así, no es que lo hubiéramos diseñado nosotros.

_Venga Isidro, se lo enseño…_ dijo ella

El hombre la siguió como un perro obediente, era su ama y su señora, era evidente eso.

Me quedé solo en la sala y me preparé un trago.

Menuda sorpresa.

Marta, volvió toda agitada.

_ ¿Quieres uno?_ dije

_Si…_ dijo ella y se quitó el blazer del traje.

_ ¿Isidro?_

_Me ha dicho que no quiere comer con nosotros, si puedo llevarle su cena allí_

_Un poco descortés ¿no? ¿Te ha dicho que no quiere comer con nosotros?_

_Rafa este hombre no está para cortesías, me ha dicho que no sabría de qué hablar y no quiere molestar_ dijo ella

_Vale, podrías haberme preguntado ¿No?_ dije

_No sabes cómo sangraba, fue un impulso, le llevé al hospital y luego me dijo que esa noche no tenía para el hotel, no sé, imaginé que podría tener más problemas con el otro hombre……fue cosa de impulsos…….si no estás de acuerdo mañana me lo llevo a un hotel…_dijo ella

¿Me lo llevo a un hotel? ¿Y me quedo a pasar la noche con él? solo faltaba que dijera eso.

_Vale, es tu casa, tanto como la mía, es nuestra…solo que…bueno….no es muy normal…._ dije

_No, bueno, normal no es, no es lo que la gente suele hacer, pero……_

_ ¿Echaremos llave a nuestro cuarto esta noche?_ dije

_Joder, Rafa, no…….es solo una persona…..que está herida además….en muchos sentidos…_

_Vale_ Nosotros comimos en silencio, Marta le llevó su comida al cuarto de servicio, no volví a ver a isidro por esa noche.

Cuando llegó Ramona, a la mañana siguiente, mi esposa le explicó la situación.

Vi el miedo reflejado en el rostro de la buena señora.

_ Marta, ¿Que hago si hay un problema? ¿Te llamo a ti o a la policía?_ dijo ella

_No habrá problema, Ramona, por favor, no le hubiera traído aquí, si pensara que habría un problema….-

_Pero, hija, perdona, es un gorrilla, esta gente es que…_dijo la mujer

_Tú tranquila, no habrá problema…._ dijo Marta

Nos fuimos al curro cada en su coche.

_La verdad es que no me voy tranquilo dejando a Ramona con ese tío_ dije a Marta antes de despedirnos.

_Nada sucederá_ dijo ella con seguridad, me daba un poco rabia esa seguridad en sui misma que tenía Marta ¿Cómo podía estar tan segura de eso?, era un completo desconocido, un hombre que vivía en la calle, con una herida de arma blanca, en la casa, ya me imaginaba explicando a la familia de Ramona lo que había sucedido, como ese hombre la había violado o algo peor.

_ ¿Todo bien en la casa?_ escribí a Marta esa tarde.

_Si, Isidro no ha salido de su cuarto_ me escribió ella

Llegué a casa en un estado de cierto nerviosismo y aprensión, llevaba el número de los de la garita de seguridad de la urba por si acaso.

Entré en el chalet, no había nadie allí por supuesto, aunque deduje que isidro estaría en su cuarto, Marta no había llegado aún, daba clases en la universidad hasta tarde.

Me preparé un gin tonic y me dispuse a relajarme en lo que pudiera, me senté en el sofá y entonces escuché pasos a mi espalda, eran muy leves, como denunciándose a propósito.

_Rafa…._ dijo una voz a mi espalda.

_isidro ¿Cómo estás?_ dije, vi que ya no llevaba el brazo en cabestrillo.

_ ¿Mejor? ¿Quieres una copa?_ dije, vi que era un hombre viejo en realidad aunque no lo pareciera, muy arrugado y la barba igual de desprolija y sucia, llevaba su gorra aun dentro de la casa.

_No debiera beber, pero una copa no me hará nada…_ dijo

Se la preparé, él se sentó en el sofá y miró para todos lados.

_He estado mirando la casa, bonita choza tenéis_ dijo, parecía menos cohibido que cuando le había visto con Marta la noche anterior.

_Si, es bonita en verdad_ dije, le alcancé la copa

_Cuando la mujer esa se ha ido, miré un poco por ahí…_ dijo él

Me hizo una gran impresión que hubiese estado husmeando, debo haber puesto mala cara.

_Descuida, no he tocado nada, no soy un ladrón…._dijo, su voz era ruda, tosca y hablaba como dando dentelladas a las palabras.

_Vale, no lo había pensado…_ dije

_Estoy aquí porque tu esposa ha insistido_ dijo

_Si, ella es muy convincente…._ dije

_ ¿Qué es lo quiere tu mujer? ¿Queréis algo conmigo?_ dijo el hombre

No llegue a captar lo que me estaba preguntando, medio segundo después no daba crédito a lo que había escuchado.

_No….no quiere nada….solo quiere ayudarte…._ dije

_Ya, pero no es normal ¿no?......me pone nervioso tu mujer…._ dijo

Daría cualquier cosa por que Marta le escuchara, pensé, claro, siempre hay otro detrás de esa imagen que vemos, en eso también se equivocaba Marta en su afán de ayudar.

_Hemos querido tener un hijo y no hemos podido y luego se nos ha muerto un perro, está rara desde entonces_ dije, de algún modo era poder hablar con alguien, aliviado yo también de sincerarme.

_ ¿Cómo se llamaba el perro?_ dijo

_Max…_ dije yo

Se quedó pensativo, bebió de su trago.

_Y lo del hijo ¿Por qué no podéis? ¿Es ella o tú?_ dijo luego

_Soy yo, mis espermatozoides no quieren mover el culo_ dije

_Joder……no querrá que la deje preñada ¿verdad?_ dijo a boca de jarro.

_Joder, que no, olvídate de eso….no….no quiere nada de eso…._

Entrecerró los ojillos.

_Si fuera mi mujer y metiera en esta casa a un tío como yo la zurraría, es lo que se merece_

No pude evitar sonreír, joder, si Marta le escuchara, no podía creerlo.

_Ella no es esa clase de mujer y yo no soy esa clase de tío_

_ Ya veo ¿Qué edad tenéis vosotros?_ dijo

_37 ella y 39 yo_

_No parece de 37, parece más joven_

Hizo unas preguntas sobre a que nos dedicábamos, no tenía idea de que Marta también fuera doctora en algo.

_A mí me pasan estas cosas raras_ dijo

_Bueno, cuando estés mejor, podrás marcharte_ dije

_Menudo cuarto tenéis, esa cama, es la más grande que he visto en mi vida y con una mujer como ella, lo que debe ser ¿No?_ dijo

_No debes andar husmeando por ahí o se lo contaré a ella_ dije

_Bah, me da igual….no entiendo a la gente como vosotros, podría yo ser un hijo de puta, ladrón y asesino, tienes que decirle a tu mujer que no vuelva a hacer una gilipollez así_ dijo

_Si se lo digo me mandaría a tomar por culo_

_Que cabrona, necesita una buena tunda…pero es muy buena mujer…tiene buen corazón…..pero es demasiado buena…._ dijo y se quitó la gorra, el pelo ya le raleaba un poco, tenía mechones espesos y grasientos.

_ ¿No quieres ducharte?_ dije

_ ¿Que? ¿Huelo mal?_

_No, pero puedes ducharte si quieres…._

_No tengo ropa limpia_ dijo

_Puedo prestarte algo si quieres…_ dije.

_ ¿Quieres ducharte en el baño de arriba? es más grande_ Dije

_No, a ver si tu mujer se cabrea_ dijo

_No, no pasa nada_

Algo en ese hombre me hacía sentir cierta comodidad, me di cuenta que me caía simpático por lo que había dicho sobre ella.

Escuché el agua correr, cogí unos calzoncillos, un pantalón de chándal y una camiseta, era de una talla más pequeña que yo, que era más alto.

Abrí la puerta del baño y me acerqué, estaba desnudo, corrió la mampara de improviso, le vi la polla.

Era muy grande, eso me pareció, le colgaba entre las piernas como un arma pesada.

Su cuerpo era lo que era, el de un hombre 64 años que duerme en la calle un día sí y otro no.

Dejé la ropa sobre el váter.

En eso llegó el coche de Marta, bebí el resto de mi trago.

Ella llegó presurosa y cansada a la vez, con esos trajecitos que usaba, la camisa celeste esta vez y el traje azul. La falda muy corta, el pelo rubio que contrastaba con el azul fuerte del blazer y los zapatos al tono, de tacón, que resonaron en la sala.

_Hola, cariño ¿Isidro?_

_Está duchándose, yo le dije que usara el cuarto de baño de arriba_

_Ah, vale, te lo agradezco…_ dijo ella y me acarició el brazo.

_Creo que ya está mejor…._ dije

_Bueno, le llevaré al médico en unos días, Ramona dejó la cena lista_ dijo ella y se quitó el blazer.

_Oye este hombre…_ comencé a decir

_Se quedará hasta que esté bien…._ dijo ella

Si supieras el modo en que habla de ti, pensé.

_ ¿Tiene ropa limpia?_ dijo ella

_Le he prestado algo_ dije, ella volvió a echarme una mirada de agradecimiento.

Mi ropa no le quedaba demasiado bien a Isidro, era más pequeño que yo, pero se mantenía fornido a pesar de la calle y del modo de vida que llevaba.

_Isidro ¿Quieres comer con nosotros?_ dijo ella

_Vale…_ dijo él, pero noté que la presencia de Marta le incomodaba, ella seguía con las gafas puestas, con la falda del trabajo y los zapatos de tacón que resonaban sensualmente en el suelo de la cocina.

_Ramona dejó un poco de pasta horneada y unas cintas de lomo y ensalada ¿está bien?_ dijo Marta poniendo la fuente de pasta en el microondas.

_ ¿La cuidas Rafa? Voy a ducharme_ dijo ella.

Seguía desplegando una actividad serena y controlada, aun dentro de la casa.

Me acerqué al microondas.

_Debes estar hasta los cojones de tenerme aquí_ dijo Isidro

_ Que no hombre, relájate ¿Bebes vino?_ dije

_No debo beber, me pongo malo si bebo….._ dijo con pesar, mordiendo las palabras

_Los tres beberemos, solo una copa_ dije, quitándole hierro al asunto.

_Sois gente buena pero rara…_ dijo él, no me gustaba ese diagnóstico, no sabía bien que significaría eso para él.

Marta regresó de la ducha poco después, con el pelo mojado, iba con una camiseta y pantalones vaqueros y unas zapatillas de entrecasa.

Los pantalones eran bastante ajustados y vi como Isidro desviaba la mirada, turbado.

Las tetazas de mi mujer apenas eran contenidas por la camiseta blanca, me pareció que de entrecasa era más voluptuosa todavía.

_ ¿Te duele?_ dijo ella señalándole el brazo

_No, es solo un corte…_ dijo él

Ella le sirvió pasta al gorrilla, este miró con extrañeza todo, el plato, la copa de vino.

_ ¿Ha estado en la universidad hoy?_ dijo él

_Si, Rafa ¿quieres ensalada ahora?_ dijo ella

_No…_ dije

_ ¿Quién está en mi calle?_ dijo él

_Ah…..un hombre negro, el que suele estar enfrente…._ dijo Marta

_Debo volver o me quitaran mi sitio_ dijo el gorrilla

_No te quitaran tu sitio_ dijo ella con seguridad.

Marta se sentía demasiado confiada de todo, no le harían ni puto caso en la calle.

_Creo que mañana me piro…._ dijo él

_Déjame que te lleve con el doctor antes_ dijo ella

Comimos en silencio, ella me comentó algo de la universidad y que el jueves saldría a tomar una copa con unas amigas.

_ ¿Tienes amigos?_ dije a Isidro

_No, en la calle no hay amigos_ dijo él

_Isidro no te apresures en marcharte, he estado pensando…no lo sé, tal podría conseguirte un trabajo… tengo una amiga que….-

_No se moleste, señora…..estoy bien donde estoy….._ dijo él con aspereza

_Siempre se puede estar un poco mejor…_ dijo Marta

_Usted no me conoce, si estoy así es porque me lo merezco_ dijo él, comiendo a grandes bocados

_Nadie se merece vivir en la calle, queremos ayudarle_ dijo ella

El hombre no respondió.

Iba a ofrecerle más vino pero recordé lo que me había dicho.

Siguió comiendo abstraídamente, se devoró las cintas de lomo.

Pidió permiso para marcharse, dijo que tenía sueño.

_Es tan desvalido como un niño_ dijo Marta en voz baja.

_No es un niño, tendrá su historia, debemos respetarle eso….._

_ ¿Qué quieres decir?_ dijo ella

Le conté lo que me había dicho sobre la bebida.

_Tal vez sea un alcohólico, sería mejor que no le ofrezcas de beber…_ dijo ella

_Creo que es mejor que se marche si quiere, mañana, tendrá que ocupar su lugar de trabajo…_

_Está herido, tiene que curarse del todo_ dijo ella

No quise insistir.

Nos fuimos a dormir, ella se durmió rápidamente, me costó un poco más, quise leer algo, pero me dormí también, me desperté sobresaltado, me pareció escuchar pasos de pies desnudos.

Dejé pasar unos minutos, todo parecía estar en silencio.

Descendí las escaleras hasta la planta de abajo.

Mire en la encimera, la botella de vino, que había dejado por la mitad no estaba allí.

Caminé hasta el cuarto de servicio.

La luz estaba encendida, vi la punta de un pie desnudo sobre la cama, miré al suelo y allí estaba la botella de vino, vacía y escuché un ruido acuoso.

Asomé un poco la cabeza.

El gorrilla estaba con los ojos cerrados, se estaba cascando la polla con la mano, era como se la había entrevisto bajo la ducha, muy grande, tenía una cabeza violácea en forma de hongo, una polla hongo enorme y venosa y alrededor de ella, algo, una prenda.

Era un tanga oscuro y pequeño, de los que usaba Marta.