Xtories

Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 30 - 2ra PARTE)

Despierta atado a la cama, incapaz de moverse, mientras escucha los gemidos de su esposa follando con otro hombre en la habitación. No es solo una traición; es un castigo diseñado para dejarlo impotente, humillado y obligado a presenciar su propia degradación.

Lapica5.1K vistas8.2· 12 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0FMYHRVN5

CAPÍTULO 30 - SEGUNDA PARTE

Me desperté sintiendo unas agradables cosquillas y, al abrir los ojos, vi a Marisa lamiéndome la cara.

–Qué coño más sabroso tiene Laura, Ummmmmm – me susurró Marisa al oído.

–Y como se corre…. Uffff, me ha dejado empapada… mira, prueba su sabor.

Y me dio un morreo con sus húmedos labios. En efecto, toda su cara estaba húmeda y cubierta de líquido. Y no solo de líquido vaginal, también estaba manchada con esperma viscoso.

La habitación estaba oscura, iluminada sólo por una lampara de la mesita de noche, pero tapada con una toalla. Aun así, pude intuir dos cuerpos retorciéndose entre las sábanas.

–Ummmmmm, asiiii.

–Ahora Edu le está comiendo el coño a tu dulce esposa… pero no te preocupes, solo necesita cinco minutos para volver a tenerla dura.

–Ummmmmm, así Edu, ¡Ummmmmm!

–Voy a dejarlos solos, yo ya estoy satisfecha y necesito descansar – me dijo Marisa mientras superficialmente lamia uno de mis pezones y sujetaba mi polla con su mano.

–Creo que voy a quitarte este cinturón, tengo curiosidad por ver de lo que es capaz tu pollita.

–¡Ahhhh! – jadeó Laura.

–Mira, ya se la está follando, empezará lentamente… pero pronto sentirás como Laura chilla de gusto – me susurró Marisa mientras abría el cinturón y liberaba mi polla.

Con los jadeos cada vez más intensos de Laura, Marisa empezó a masturbarme.

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!!

¡plof! ¡plof! ¡plof!

Pero estaba demasiado aturdido, demasiado bebido y mi polla no respondía a sus caricias.

–¡AHHHHHH!!!! ¡DIOOOOS!!!!! ¡FÓLLAMEEE!!!! – chilló Laura.

–¿Lo oyes? La está matando de gusto… ya es suya, hará con ella lo que quiera… y se la follará cuando y donde quiera.

Levanté como pude la vista y pude ver a Laura en la posición del perrito y Edu, detrás, dando golpes de cadera largos y profundos.

¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!! ¡SI!! ¡SI!! ¡SI!! ¡SI!! ¡SI!! ¡SI!!

–Pronto se correrá… otra vez. – dijo Marisa apuñalándome un poco más, –¿y eso no crece? ¡Vaya mierda de polla! No me extraña que la tengas así de necesitada.

–¡Ahhhh! ¡Me corrroooo!!! ¡Ahhhhhhhh!!!! – gritó Laura, pero Edu no se detuvo y continuó follándosela sin descanso.

–¡Córrete! Córrete ya… ¡AHHHHHH!!! ¡No aguanto más!!!! – suplicaba Laura.

–Lo tiene claro tu putita, Edu puede estar así toda la noche. Laura acabará inconsciente de tanto placer.

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!! ¡DIOOOOS!!!! ¡DIOSS!!!!

Y sin haberse recuperado de su último orgasmo, Laura, volvió a correrse.

–¡Ahhhh! Me corrroooo ¡Ahhhhhhhh!!!! ¡SIIII! ¡SIIII! ¡SIIII! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!!

–¿Dónde quieres mi leche? ¡Puta! – gritó Edu abofeteándole las tetas con violencia. ¡PLAASSSS!!! ¡PLAASSSS!!! ¡PLAASSSS!!!

–Donde tú quieras…. ¡¡¡¡Pero córreteeeee!!!! ¡AHHHHHH!!!!! ¡JODERRRRR!!!! ¡CÓRRETEEEEEE!

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¿Quieres mi leche en el coño? ¿En las tetas? ¿En la cara? ¿o en el culo? – preguntó Edu.

–¡Donde tú quieras! – suplicó Laura.

–¿Por qué no te corres en la cara del cornudo? – sugirió con toda su malicia Marisa.

–¿Cómo? ¿Sobre Carlos? No, no… córrete en mi cara, o en la boca… me lo tragaré todo. – suplicó Laura.

Pero las propuestas de Laura no convencieron a Edu, que se incorporó y situándose frente a mi empezó a masturbarse. Mientras tanto, Marisa con las manos mantenía abierta mi boca.

¡chofffff!

Un primer chorro de semen impactó sobre mi mejilla, pero el siguiente acertó directamente en mi boca metiéndose hasta la garganta.

¡chofffff! ¡chofffff! ¡chofffff!

Tres escupitajos más de semen me mancharon el pelo y la barbilla dejándome hecho un asco.

–Venga cornudito, no puedes quedarte aquí, déjalos que disfruten – dijo Marisa que con la ayuda de Edu me arrastraron hasta el sofá donde me dejaron tumbado y medio inconsciente.

* * * * *

Adormilado y semi inconsciente me asolaron mis habituales pesadillas, pero, esta vez, cuando las pollas-serpiente penetraron el coño y el culo de Laura, los gemidos de placer que oía eran reales.

–¡Ahhhh! Me corrroooo ¡Ahhhhhhhh!!!! ¡SIIII! ¡SIIII! ¡SIIII! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!!

¡plof! ¡plof! ¡plof!

* * * * *

–Por el culo…. ¡Ummmmmm! ¡AHHHHHHHH!!!!!

¡plof! ¡plof! ¡plof!

* * * * *

Noté que me zarandeaban.

–Carlos, Carlos, despierta. ¿Estás bien?

Vi a Laura mirándome con una clara expresión de preocupación dibujada en sus preciosos ojos azulados. Estaba recién duchada con el pelo aún mojado y vestida con ropas prestadas de Marisa.

Como pude me incorporé. No sé cuánto tiempo había pasado. Tal vez el polvo que vi fue el último, tal vez repitieron, una y otra vez. No podía saberlo. ¿Cuántas veces se habían follado a Laura?

–Vámonos– dijo Laura cuando vio que podía levantarme.

Ya en la calle, andando semi apoyado a Laura, le pregunté.

–¿Cómo he acabado atado? No recuerdo nada.

Aún me sentía aturdido, lento de reflejos y con el sabor dulzón de tanto orujo.

–Perdiste el juego, el “yo nunca, nunca”.

–¿Perdí? ¿Cómo? – pregunté.

–Cuando nos terminamos la botella el que tenía más chupitos bebidos perdió y el castigo era atarlo en el sillón.

–¿Por qué no me acuerdo de nada? – insistí.

–Porque bebiste demasiado. Perdona amor, ¿estás bien? – preguntó sinceramente preocupada.

–No demasiado, aún estoy como mareado y… y tengo lagunas de memoria.

–No te preocupes amor, cuando lleguemos a casa te lo compensaré. – prometió inquieta.

–Pero follaste con Edu, lo vi.

–Sí amor. Follé con Edu... y con Marisa. – respondió Laura sincerándose.

–Sí… lo recuerdo, ella con un arnés y él dándote por el culo.

–¿Cuantas veces? – me atreví a preguntar sin estar seguro de querer escuchar la respuesta.

–Muchas, muchas veces. Toda la noche, no sé cuántas veces me he corrido.

Cuando llegamos a casa el sol despuntaba por el horizonte y, a pesar de que intentó chupármela acabé rendido y me dormí sin correrme.