La Esposa Correcta — Capítulo 21
Julián no estaba enfadado. Estaba decidido. Y su propuesta no pedía que dejara a Luis, sino que dejara de esconderse. La puerta entreabierta se abrió de golpe, y Clara comprendió que el verdadero peligro no era ser vista, sino ser vista por quien más amaba.
Clara llegó a casa con la sensación de que algo había cambiado.
No sabía exactamente qué.
El encuentro con Luis había sido extraño. No había habido tensión abierta, ni reproches, ni escenas. Pero algo en sus palabras seguía resonando en su cabeza.
"No me gusta que él esté dentro."
Hasta ahora todo había funcionado porque cada uno ocupaba su lugar.
Luis era el impulso.
Julián era la estabilidad.
Ella era el puente entre los dos.
Pero quizá aquello solo había sido una ilusión.
Cuando entró en casa, Julián estaba en el salón.
Leyendo.
Como tantas otras tardes.
Levantó la vista al verla.
—¿Qué tal el día?
—Normal —respondió Clara, dejando el bolso sobre la mesa.
Julián la observó un segundo más de lo habitual.
—¿Has visto a Luis?
Clara se quedó quieta.
No era una acusación.
Era una constatación.
—Sí.
Julián cerró el libro con calma.
—¿Y?
Clara dudó.
Pero después de todo lo que había pasado entre ellos, mentir ahora le parecía inútil.
—Le conté lo que me dijiste.
Julián asintió lentamente.
—Imagino que no le habrá gustado.
—No especialmente.
Hubo un pequeño silencio.
Clara se apoyó en el respaldo de una silla.
—¿Por qué me lo contaste ahora?
Julián tardó en responder.
—Porque ya no quiero fingir que no veo.
La frase volvió a provocar en Clara ese extraño vértigo que llevaba sintiendo desde el día anterior.
—No fingíamos —dijo ella.
Julián negó con suavidad.
—Sí lo hacíamos.
Clara lo miró.
—¿En qué sentido?
Julián se levantó.
Caminó hasta la ventana.
—Durante años actuamos como si aquella noche no hubiera pasado.
—Pasó muy poco.
—No para mí.
La respuesta fue tranquila, pero firme.
Clara sintió un leve nudo en el estómago.
—¿Qué quieres decir?
Julián se volvió hacia ella.
—Que desde entonces siempre supe que entre vosotros había algo que podía volver.
Clara no respondió.
Porque en el fondo sabía que tenía razón.
Julián dio un paso más cerca.
—Y ahora ha vuelto.
No era una pregunta.
Clara respiró hondo.
—No es tan simple.
—No —admitió Julián—. No lo es.
Se hizo un silencio largo entre los dos.
Clara empezó a sentirse incómoda.
No porque temiera una discusión.
Porque Julián parecía demasiado tranquilo.
—¿Estás enfadado? —preguntó finalmente.
Julián negó.
—No.
—Entonces no lo entiendo.
Julián sostuvo su mirada.
—Porque no lo estoy viviendo como tú crees.
Clara frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo entonces?
Julián tardó unos segundos en responder.
Como si midiera cada palabra.
—Durante años miré desde una puerta entreabierta.
La frase quedó suspendida entre ellos.
Clara recordó inmediatamente lo que había dicho el día anterior.
—¿Y ahora?
Julián respiró despacio.
—Ahora no quiero mirar desde lejos.
Clara sintió un pequeño escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Julián no apartó la mirada.
—Que si esto sigue… quiero verlo.
El silencio que siguió fue total.
Clara pensó que había entendido mal.
—¿Ver qué?
Julián no cambió el tono.
—A vosotros.
La palabra cayó como una piedra en el centro de la habitación.
Clara sintió que el corazón le daba un golpe fuerte en el pecho.
—Eso no es…
No terminó la frase.
Julián no parecía alterado.
No parecía excitado.
Parecía decidido.
—No te estoy pidiendo que hagas nada que no quieras.
—Pero…
—Solo que no vuelva a ser a escondidas.
Clara dio un paso atrás.
—Eso es distinto.
—Sí.
—Es demasiado.
Julián inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Lo es?
Clara lo miró, confundida.
Durante años había pensado que el límite de todo aquello era el engaño.
Ahora Julián estaba desplazando ese límite a otro lugar completamente distinto.
—Luis no aceptaría eso.
Julián esbozó una leve sonrisa.
—No lo sé.
Clara sintió que el aire de la habitación se volvía más denso.
—¿Y si digo que no?
Julián tardó en responder.
—Entonces seguirá como hasta ahora.
La respuesta la descolocó.
No había presión.
No había chantaje.
Solo una posibilidad.
—¿Por qué quieres hacer esto? —preguntó Clara.
Julián pensó unos segundos.
—Porque prefiero la verdad a la imaginación.
Clara sintió que esa frase la atravesaba de una forma que no esperaba.
—La imaginación no siempre es peor.
—A veces es mucho más peligrosa.
Clara guardó silencio.
Julián se acercó un poco más.
—No tienes que responder ahora.
Clara lo miró fijamente.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Estás seguro de querer ver eso?
Julián sostuvo su mirada.
—Llevo años mirándolo en mi cabeza.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Clara comprendió que algo acababa de cambiar de forma irreversible.
Hasta ahora el triángulo había sido un equilibrio frágil.
Un secreto compartido a medias.
Pero si la propuesta de Julián se convertía en realidad…
Ya no habría lugar para esconderse.
Ni para fingir.
Ni para mirar desde la sombra.
Y por primera vez desde que todo había empezado, Clara no estaba segura de ser capaz de sostener el centro del triángulo.
Porque ahora no se trataba solo de elegir.
Se trataba de aceptar quién estaba mirando.
Y quién quería hacerlo de frente.
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