La habitación oscura 14/15
La inspectora creía que su trabajo era vigilar a las víctimas, pero la realidad del hospital le tenía reservada una tentación mucho más peligrosa. Ninguna de las mujeres, desde la autoridad hasta la médica, podía resistirse a la evidencia física que José traía consigo, y la noche en el hospital prometía ser mucho más que una simple recuperación.
La inspectora de policía entró en la habitación del hospital donde se encontraban Edurne y José. Por lo que ellos mismos le habían contado que les había ocurrido las demás veces no deberían tardar mucho en despertarse y quería estar presente cuando eso sucediera, tenía muchas preguntas que hacerles. Su compañero se había quedado en la habitación donde habían metido a Valeria y a Laura con idénticas intenciones, ambos estaban intrigados por lo que había pasado aquella vez en la habitación oscura, no entendían que hacían ahí esas otras dos mujeres.
La inspectora pasó primero por la cama en la que se encontraba Edurne y comprobó que seguía dormida, luego se dirigió hacia el fondo de la habitación para ver a José, él también seguía dormido, pero hubo algo que llamó su atención. Parecía que se le estaba formando un bulto en el camisoncito que le habían puesto por todo atuendo en el hospital. Se quedó mirándolo y vio como iba creciendo hasta convertirse en la mayor erección que había visto en su vida, en eso tampoco le había mentido Edurne, era descomunal.
No pudo evitar quedarse hipnotizada mirándola, a través de la tela se marcaba perfectamente la forma del glande, incluso algunas venas. Comprobó que José seguía completamente dormido y no pudo resistirse a echar una miradita debajo del camisón, se cercioró de que el estado de Edurne no había cambiado y levantó con cuidado la parte baja del camisón hasta que pudo ver perfectamente la polla de José, al fin la tenía ante sus ojos, después de todo lo que le había contado Edurne comprendió la extraña atracción que decía sentir por ella.
Se quedó embobada mirándola y comenzó a fantasear con como sería sentirla entrando en su sexo, tuvo dudas de que pudiera caberle entera y para colmo la vio crecer otro poquito más. Notaba sus bragas humedecerse y le dio por pensar que obviamente no podía follárselo allí mismo, pero si simplemente se la metía un poco entre los labios no se enteraría nadie, y por lo menos podría hacerse una idea de la sensación que le había descrito Edurne que le provocaba tenerla en la boca. Se autoconvenció de que era una travesura inocente, casi se podría decir que era parte de la investigación. Ya estaba abriendo la mandíbula para saborearla cuando oyó que llamaban a la puerta. Mientras respondía estiró el camisón de José y lo colocó lo mejor que pudo para que tapase su erección en la medida de lo posible.
- Si, pase.
Se abrió la puerta de la habitación y entraron dos jóvenes enfermeras muy risueñas, una fue hacia la cama de Edurne y otra se dirigió hacia la de José.
- ¿Es familiar del paciente?
A la inspectora no le pasó desapercibida la mirada que la enfermera le echó a la erección de José pero ella le contestó como si todo fuera totalmente normal.
- No, soy policía y ellos son las víctimas de un caso que me han asignado.
- Entonces voy a tener que pedirle que espere fuera, tengo que chequear un momento al paciente.
Las dos mujeres se miraron, las dos eran conscientes de que estaban ante algo excepcional pero siguieron comportándose con absoluta normalidad.
- De acuerdo, esperaré fuera hasta que terminen.
La inspectora se dirigió hacia la puerta y antes de que hubiera terminado de cerrarla escucho que la enfermera le hablaba a su compañera.
- Tía, ven aquí, tienes que ver esto.
Cerró la puerta tras de sí pero se quedó pegada a ella para escuchar lo que pasaba dentro de la habitación.
- Joder tía, es enorme, levántale el camisón, eso hay que verlo.
Las puertas del hospital no destacaban por tener un aislamiento acústico de última generación y la inspectora podía oír perfectamente todo lo que decían las enfermeras.
- Dios mío, jamás he visto nada semejante, ni parecido siquiera.
- Yo tampoco, incluso tengo dudas de que eso pudiese caberme.
- Yo tampoco estoy segura de que pueda entrarme en el coño, pero en la boca seguro que si.
- No creo que pudieses meterte mucho más que el capullo.
- Mira y aprende.
La inspectora estaba alucinando con la falta de vergüenza de las enfermeras pero tampoco podía juzgarlas, ella había estado a punto de hacer lo mismo. Durante el rato que duró el silencio estuvo imaginándose a la joven enfermera con la mandíbula desencajada intentando meterse todo lo posible aquella polla.
- Joder, es increíble, me llena la boca entera, tienes que probarlo.
- Me da un poco de cosa.
- No se va a enterar nadie y no creo que vuelvas a tener la posibilidad de probar una así en tu vida.
La intuición natural de la inspectora le decía que la otra enferma no habría tardado más de dos segundos en dejarse convencer por los argumentos de su compañera, en esos momentos estaría metiéndose la polla de José hasta la campanilla.
- Tía, no te pases, una cosa es probarla y otra hacerle una mamada.
- Perdón tía, no sé que me ha pasado, la he sentido palpitar y se me ha ido la cabeza, es que es flipante notar eso en la boca, no solo es enorme, es que está dura como una piedra.
- Venga tía, vamos a revisarles las constantes y nos vamos, que como nos quedemos aquí nos lo acabamos follando.
Le dieron bastante envidia esas dos jovenzuelas a la inspectora, realmente tenía que ser una experiencia digna de ser vivida. Unos instantes después salieron de la habitación como si nada.
- Ya puede pasar, está todo en orden, no sabemos cuánto tardarán en despertar, y hasta que no tengamos los resultados de los análisis no vamos a poder decirla mucho más, pero no se preocupe que los dos están bien.
Ambas la miraron con una sonrisilla y se alejaron por el pasillo. A la inspectora no le preocupaba mucho el estado de salud de las víctimas, por lo que le habían contado que les había pasado en ocasiones anteriores en un rato se habrían recuperado completamente y no tendrían ningún tipo de secuela. Volvió a entrar en la habitación y después de echar un rápido vistazo a Edurne para comprobar que seguía completamente dormida, se colocó al lado de la cama de José. Su erección tenía un efecto hipnótico en ella, pensó que metérsela en la boca igual era un poco excesivo y además estaba el riesgo de acabar haciéndole una mamada como le había estado a punto de ocurrir a la enfermera, pero no iba a pasar nada porque se la tocase un poco, necesitaba comprobar si estaba tan dura como decía Edurne que se le ponía y la enfermera acaba de corroborar. Volvió a levantar el camisón para descubrir esa polla que tanto la turbaba y con la otra mano la agarró. Efectivamente era auténtica piedra, no pudo resistir la tentación y le estiró la piel hasta abajo, el glande se le hinchó como si fuera a explotar. De nuevo se planteó metérsela en la boca pero cuando ya se había vuelto a convencer de hacerlo notó que José se movía ligeramente. Le recolocó el camisón y le cogió la mano.
- José, no te preocupes, estás bien, solo un poco mareado, en un rato estarás perfectamente.
José ladeó la cabeza y pareció mirarla pero tenía la vista en el infinito, estaba claro que todavía le faltaba bastante para volver a este mundo. Su mente analítica pensó que debía ser algo distinto lo que les daban para secuestrarlos de lo que les daban para soltarlos. Cuando vio como los metían en la furgoneta estaba claro que habían perdido completamente la voluntad pero no tenían ningún problema para moverse, en cambio cuando detuvieron la furgoneta al salir del garaje estaban los cuatro inconscientes en los asientos. Seguramente los dejarán así y según iban viendo que se desperezaban los irían soltando cerca de sus respectivas casas.
Volvió a oír que llamaban a la puerta.
- Pase.
Entró una enfermera diferente a las dos anteriores, esta era bastante más mayor, estaría cerca de los cuarenta como ella. La inspectora sospechó que sus dos compañeras le habrían contado lo que habían visto y venía a comprobar la historia con sus propios ojos o quién sabe si con algo más.
- Anda, pero si ya está recuperando la consciencia.
- Si, acaba de abrir los ojos pero todavía no se entera de nada.
- Bueno, será cuestión de tiempo que termine de despertarse. Me han dicho que usted es la policía que lleva el caso de estos pacientes y me gustaría hacerle unas preguntas.
- Si puedo serles útil estaré encantada de aportar lo que pueda.
- ¿Sabe si aparte de lo que les hayan dado para dormirles les han suministrado alguna otra droga?
- Que yo sepa no, pero no descartamos que pueda haber ocurrido.
- ¿Le parece normal el estado del paciente?
La enfermera miró hacia el bulto de José descaradamente y la inspectora comprendió perfectamente a lo que se refería. Ella también había barajado la posibilidad de que le hubiesen dado Viagra, incluso cuando le tomó declaración le preguntó a José si pensaba que podía estar bajo el efecto de algún medicamento pensando en eso precisamente, pero él estaba convencido de que no, de hecho no pilló a que se refería ella con la pregunta hasta que no fue bastante explícita, por lo visto a él le parecía perfectamente normal la duración y potencia de sus erecciones en la habitación oscura, casi le pareció que se indignó cuando comprendió a que se refería ella. En todo caso se la habrían suministrado antes de meterlo en la habitación, no tenía sentido dársela después. Además, cuando le rescataron de las manos de aquellas dos locas, estaba perfectamente normal, bueno, menos por lo de que estaba inconsciente. La impresionante erección que tenía la había visto surgir ella hacía solo un rato. Vamos que estaba segura de que no se debía a ningún químico, más bien parecía el típico empalme de antes de despertar.
La cosa es que la pregunta era un poco tramposa, no podía decir que aquello le pareciese normal pero tampoco tenía que ser por el efecto de ningún fármaco.
- A ver, parece ser que en él no es raro encontrarse así.
- ¿Me está diciendo que en él esto es normal?
La enfermera ya estaba señalando abiertamente la erección de José.
- Si, por lo que sé es completamente normal.
La enfermera no podía creerse lo que le estaba diciendo la inspectora, hasta sospechó que no se estaba enterando de a qué se refería y quiso dejarlo claro, y ya de paso aprovecho para contemplar esa maravilla de la naturaleza. Le subió el camisón a José y dejó a la vista su erección.
- A ver si nos entendemos ¿Usted cree que esto es habitual en él?
A la inspectora no le pareció normal el comportamiento de la enfermera pero tampoco podía decir que fuese un abuso, para ella tenía que ser bastante habitual ver desnudos a los pacientes.
- No lo creo, lo sé.
Las dos mujeres se quedaron mirando la polla de José mientras él seguía ido sin enterarse de nada.
- ¿Cómo puede usted saberlo?
La inspectora se dio cuenta de que la enfermera sospechaba que ella tenía algún tipo de lío con José.
- Por los testimonios de la investigación.
- ¿Y me puede decir que hace usted aquí?
- Estoy esperando a que se recuperen para hacerles unas preguntas.
- Eso lo tendré que consultar con la médico, no sé yo si dado el estado en el que se encuentran es conveniente que los interrogue. Voy a preguntarle y ahora vuelvo.
La enfermera volvió a cubrir el miembro de José y dejó a la inspectora nuevamente sola con las dos víctimas en la habitación del hospital. Ella pensó que el hecho de que su compañero estuviera en la habitación de al lado con la misma finalidad que ella era una coartada perfecta para justificar su presencia, lo único que esperaba es que el inspector no hubiese aprovechado el estado de las otras dos víctimas para sobrepasarse con ellas, eso sería completamente inaceptable. La que era más joven de las dos era muy atractiva y a su compañero se le podría haber ocurrido mirar debajo de su camisón igual que había hecho ella, sería terrible descubrir que fuese capaz de algo así.
Al cabo de unos instantes apareció de nuevo la enfermera acompañada de la médico. La inspectora se percató de que la doctora también echó una buena mirada a la erección de José.
- Hola, señora agente, déjeme que reconozca un momento al paciente y ahora hablamos.
La médico sacó una pequeña linterna y la apuntó a las pupilas de José.
- Sigue completamente ido, todavía no reacciona. A ver, me dice mi compañera que quiere quedarse hasta que se recuperen para interrogarlos. No tengo ningún problema en que les acompañe mientras se van despertando pero no me parece conveniente que les fría a preguntas, eso podría aumentar su grado de confusión, además yo no me fiaría mucho de lo que pudieran decirme por lo menos hasta mañana, van a tener un desorden mental bastante majo cuando se despierten. Ni siquiera sabemos que les han administrado, por lo menos deberíamos esperar al resultado de los análisis ¿No les puede hacer las preguntas otro día?
- Por lo visto ambos ya han sufrido otras veces los efectos de lo que les hayan dado, los dos me contaron que en las anteriores ocasiones, una vez que se les pasaban los efectos, se encontraban perfectamente.
- Eso es muy esperanzador, pero de momento prefiero ser cauta. De todas formas me parece que podríamos hacer que termine de recuperarse antes si le damos una ducha, así podríamos ver si él sabe algo sobre lo que les han podido administrar ¿Me ayudáis a llevarlo a la ducha?
A la doctora le daba un poco igual que tardasen más o menos en recuperar la consciencia pero quería ver la causa del enorme bulto en el camisón de José, era tan grande que le parecía digna de estudio.
- Es posible que pueda ir él por su propio pie, por lo visto les dan algo para anularles la voluntad, pero me contó que siempre recuperaba la consciencia de camino a su casa, vamos que es posible que pueda andar.
La médico y la enfermera se miraron antes de que la doctora le indicase a la inspectora que lo intentase.
- José, vamos, levántate.
José se empezó a mover torpemente hasta colocarse de pie en el suelo.
- Muy bien José, ahora acompáñame.
La inspectora le cogió de la mano y lo llevó hasta la ducha. Una vez allí, la enfermera se metió en medio y le quitó completamente el camisón, dejando su pene a la vista de las tres mujeres. La agente pudo observar como la doctora se quedaba mirando la polla de José unos instantes.
- Permitirme que le duche yo, para que sea más efectivo hay que seguir un orden concreto.
La médico se metió también en el baño, agarró la pera de la ducha, abrió el grifo y esperó hasta que el agua alcanzó la temperatura deseada. Luego cogió una mano de José y dirigió los chorros de agua hacía su muñeca para después repetir la operación con el otro brazo. A la inspectora le parecía que aquello no era más que un paripé para poder mirarle la polla tranquilamente y casi lo dio por seguro cuando la doctora se agachó dejado su cara muy cerca de el miembro completamente erecto de José para echarle agua por los tobillos, ella no era médico pero le daba la impresión de que se entretuvo exageradamente en remojar esa zona y para colmo lanzaba unas miradas disimuladas hacia la polla de José. Después se volvió a poner de pie para mojarle la nuca, luego le echó abundante agua sobre la cabeza y finalmente dirigió la ducha hacia sus genitales.
- Bueno, pues yo creo que con esto es suficiente, a ver si empieza a reaccionar.
Todas pudieron ver que la polla de José había perdido algo de su tamaño después de haber recibido los chorros de agua, pero si que era verdad que podía haberle hecho algo de efecto la ducha, él parecía algo más despierto.
La médico cogió una toalla y secó a José, se entretuvo bastante secándole la polla y cuando terminó José volvía a lucir una erección escandalosa. La enfermera pensó que la doctora tenía mucho morro, ella siempre la había considerado una médico excelente pero jamás había visto que tocase a un paciente si no era para examinarle, eso siempre se lo dejaba a ellas, pero en este caso no había dudado en meterse en el baño y hacer todo el trabajo.
- Ya solo falta secarle el pelo.
- Yo creo que eso también va a poder hacerlo solo, se le ve menos ido después de la ducha.
Le dieron el secador y la orden de secarse el pelo, aunque parecía un zombi José se puso a hacerlo bastante ágilmente. En ese momento oyeron que Edurne emitía algún sonido. Todas se miraron y recordaron que había otra paciente, la doctora y la enfermera salieron del baño para ver en que estado se encontraba Edurne mientras la inspectora se entretuvo un poco más para volver a ponerle el camisón a José, no era plan de que recuperara la consciencia desnudo, con una erección enorme y rodeado de mujeres.
Se encontraron a Edurne despierta pero tremendamente aturdida, debía hacer un buen rato que había empezado a recobrarse. La médico examinó sus pupilas y la enfermera revisó sus constantes vitales, las dos llegaron a la conclusión de que aún le faltaba bastante para recuperarse del todo. Estaban intentando ver si reaccionaba cuando la hablaban y en ese momento salió José del baño.
- ¿Me podéis explicar que hago aquí, vestido de esta manera?
José vio a Edurne sentada en la cama vestida igual que él y se le encogió el corazón, pero la inspectora se apuró a tranquilizarle.
- No te preocupes, os hemos rescatado a la salida de la habitación, a ti y a tus compañeras, estáis todos bien, pero ellas todavía están recuperándose. La parte buena es que hemos detenido a Vanesa y su compinche.
José la miró y la abrazó, la inspectora pudo notar como se estrellaba contra su cuerpo la polla de José y se le erizo todo el vello del cuerpo aunque se notaba que ya había perdido gran parte de su dureza. Después volvió a mirar a Edurne, dio unos pasos hasta ella y también la abrazó, Edurne le devolvió el abrazo y él comenzó a hablarla muy cerca del oído.
- Por fin ha terminado todo esto, ya no van a volver a secuestrarnos, ni a humillarnos, ni a hacernos pasar vergüenza ¿Estás contenta?
Se separó ligeramente de Edurne para mirarla a la cara y se encontró con que ella seguía con una expresión de total confusión.
- Edurne, han detenido a la Voz, se ha acabado, por fin se ha acabado.
Edurne le volvió a abrazar y la inspectora pudo ver como se les llenaban de lágrimas los ojos, parecía que Edurne estaba recobrando la consciencia y si que se había enterado de lo que José acababa de decirle.
Después de estar un buen rato abrazados, Edurne se separó de José y miró a la inspectora.
- Muchas gracias, siento haber llegado a dudar de usted y de su compañero, muchísimas gracias a ambos.
Hasta la inspectora notó que se le llenaban los ojos de lágrimas, cuando todo terminaba bien era lo mejor de su trabajo. Ella también se sentía mal por haber dudado de ellos, pensó que si les hubieran creído antes a lo mejor hubiera sido posible evitarles ese último secuestro.
- ¿Y Valeria y Laura? ¿Dónde están?
- En la habitación de al lado con mi compañero, seguramente estén también recuperándose ya.
- ¿Podemos ir a verlas?
La pregunta se la dirigió José a la inspectora pero le contestó la médico.
- Dejarme que vaya a revisar en que estado se encuentran y os digo.
Tanto la enfermera como la doctora salieron de la habitación y Edurne aprovechó para preguntar a la inspectora.
- ¿Cómo ha sido? ¿Dónde nos tenían? ¿En que estado estábamos cuando nos habéis encontrado?
- A ver, vamos despacio, la doctora no me deja interrogaros a vosotros todavía y resulta que me coséis a preguntas vosotros a mí. Os hemos vigilado a la salida del trabajo y hemos visto como os iban secuestrando uno a uno y os introducían en una furgoneta, después la hemos seguido hasta que se ha metido en un garaje y hemos esperado a que saliese, habéis estado unas cuantas horas ahí dentro. En cuanto hemos visto salir la furgoneta la hemos detenido y dentro estabais los cuatro inconscientes.
Edurne y José se miraron, no pudieron evitar que les viniesen imágenes de lo que acaban de vivir y a Edurne le entró un poco de melancolía. Se volvieron a abrazar y entró la doctora de nuevo.
- Vuestras amigas también se están recuperando podéis ir a verlas pero tener un poco de cuidado, están todavía bastante atontadas.
José y Edurne fueron hasta la habitación de al lado y se encontraron a las dos mujeres de pie con el inspector. Edurne fue directamente a abrazar a Valeria y José a Laura. Ambos les dijeron que habían detenido a la Voz. A Laura le costó un poco reaccionar, todo aquello era nuevo para ella, todavía tenía la esperanza de que hubiera sido un sueño y estuviese en el hospital porque se hubiera dado un golpe en el camino a casa.
- Entonces ¿Todo ha sido real?
- Si Laura, todo ha sido real, siento mucho que te hayas visto implicada en esto.
Laura se quedó un poco en shock, era muy difícil asimilar de golpe todo lo que había pasado, sus compañeras totalmente desbocadas, el inmenso pollón de José, los orgasmos tan brutales que había experimentado, como se había excitado hasta pedirle que se la metiese hasta el fondo... No sé sentía preparada para asumir que todo había ocurrido tal y como lo recordaba.
José miró hacia donde Edurne y Valeria se estaban abrazando y sintió como su pene se alegraba al ver el culo de Valeria asomar entre los cierres del ridículo camisón que todos llevaban. Cogió suavemente a Laura y la llevó hasta donde estaban las otras dos mujeres para abrazarse los cuatro. Todos menos Laura estaban llorando, era un momento muy emotivo para ellos, pero Laura seguía dándole vueltas a la cabeza. Estaba claro que nadie parecía irla a juzgar por lo que había hecho, ni tampoco ella se sentía legitimada a juzgarlas a ellas ni a José, pero si pensó que tenía que hablar con él a solas cuando estuvieran más tranquilos. De momento, solo con abrazarle y verle con ese camisón, no hacían más que venirle imágenes a la cabeza de lo que ocultaba esa tela verde, notó que su sexo se humedecía y se sintió como una auténtica depravada.
Los inspectores se miraron y se sintieron reconfortados por el trabajo bien hecho aunque todavía les quedaba interrogar a las culpables y hacerles a los cuatro un montón de preguntas, para empezar no entendían que hacían allí esas otras dos mujeres.
- Creo que no es conveniente que les interroguen ahora, prefiero que esperen a que estén más tranquilos, como pueden ver tienen las emociones a flor de piel. Les voy a dejar está noche en observación y si todo va bien, mañana les daré el alta ¿Les importa esperar a ese momento para hacerles las preguntas que crean necesarias?
Los inspectores se volvieron a mirar, a ella le parecía que la doctora les estaba dejando esa noche en observación con intenciones poco claras. Ella no sería médico pero estaba cristalino que los cuatro estaban perfectamente y no se le había escapado la forma en que la doctora había mirado a la enfermera cuando dijo lo de dejarles esa noche en observación, y mucho menos como le había secado la polla anteriormente a José, claramente se había recreado tocándosela. Pero antes de que pudiera replicarle nada, su compañero contestó.
- No hay ningún problema doctora, muchas gracias por todo, lo único es que nos gustaría pedirles el teléfono a Valeria y Laura, así podremos llamarlas mañana para tomarles de declaración.
- ¿Podré ver a Vanesa?
La pregunta de José sorprendió a todos, para empezar a Laura, que se preguntó quién demonios sería Vanesa.
- Si, ahora mi compañero y yo vamos a interrogarla, mañana cuando te den el alta puedes pasarte por comisaría y te dejaremos hablar un rato con ella. Entiendo que necesites hacerle preguntas para poder cerrar esta pesadilla.
- Muchas gracias inspectora, al principio me pareció muy seca pero cada vez la aprecio más.
Después de que Laura y Valeria les dieran sus teléfonos, se despidieron de los inspectores y la doctora les mandó a cada uno a su habitación.
Esa misma tarde los inspectores interrogaron a Vanesa y Bea, ambos no salían de su asombro por que aquello realmente hubiera pasado en realidad. Después de que Vanesa les contase todo lo ocurrido, la inspectora seguía sin entender lo que la había empujado a actuar de esa manera.
- ¿Entonces montaste todo esto para volver a repetir una experiencia que tuviste en el instituto?
- Si, ya se lo he dicho.
- Es que no entiendo está obsesión tuya con José, con el cuerpo que tienes seguro que podrías encontrar algún hombre que aceptase jugar contigo a esas cosas.
- Efectivamente veo que no lo entiende, por un lado que los participantes pasen auténtica vergüenza pero acaben excitándose tanto que pierdan totalmente la razón y se abandonen a la lujuria, es la gracia de todo esto, no se imagina lo excitante que es verlo. Y por otro lado está claro que no ha probado a José, ya le he contado como fueron cada una de las ocasiones en las que le llevé a la habitación ¿Cree que me hubiese valido cualquier hombre para eso? Le necesitaba a él para que las mujeres acabasen perdiendo cualquier atisbo de dignidad y solo pensasen en follárselo, fue increíble ver como ansiaban ser penetradas por esa polla. Me encanta ver como las que van de dignas y modositas llegan a perder hasta la última pizca de decoro y se convierten en auténticas zorras sedientas de rabo, tendríais que verlo para poder entenderlo.
- Vamos que le escogiste porque sabías que su pene es muy grande.
- No es solo eso, no es fácil encontrar una polla así pero no es imposible, es lo que aguanta y como la maneja, esas tres cualidades juntas solo las he visto en él, además es muy tímido y vergonzoso aunque no lo parezca a primera vista, eso lo hace todavía más divertido.
- Vamos que te pone verle sufrir.
- Me pone ver como intentan reprimir sus instintos, esa lucha interior es apasionante, y cuando finalmente caen derrotados por su libido es maravilloso, bueno, y ver como gozan con esa polla también, todas se vuelven locas. Además extrañaba mucho volver a follármelo, no había vuelto a sentir orgasmos como los que tuve con él.
Ambos inspectores tenían cada vez más claro que esa mujer era una sicópata, el hombre comprendió que algo tenía que tener ese chaval para que se hubiera obsesionado con él de esa manera, y la mujer no hacía más que pensar que efectivamente debía ser un amante excepcional, le daba mucha curiosidad saber hasta que punto podía ser extraordinario el sexo con José.
Mientras tanto, en el hospital, la doctora no podía quitarse de la cabeza la imagen de José en la ducha y decidió que por lo menos tenía que intentar conseguir tener algo con él. Habló con la enfermera y le dijo que intentase ponerlos en habitaciones individuales ya que tenían algunas camas libres en la planta. Puso la excusa de que estaban muy emocionados y les iba a costar dormir si les dejaban juntos, pero la enfermera había visto como le miraba en la ducha y sospechó que lo que pretendía era dejar a José solo para poder verse con él más fácilmente.
A José le dio un poco de pena que le separasen de Edurne pero por otra parte pensó que si los dejaban en la misma habitación corrían el riesgo de acabar follando y formando un escándalo en el hospital. La Voz había llegado a calentarle tanto que haber eyaculado solo una vez no le había dejado tranquilo del todo y cada vez que veía asomar el culo de alguna de ellas por la abertura trasera de sus camisones temía volverse a empalmar.
Les dieron sus nuevas habitaciones después de cenar, José acababa de acomodarse y se disponía a intentar dormir cuando llamaron a su puerta, dio permiso para que pasase quien fuese que hubiera llamado y apareció la médico.
- Hola José, me gustaría hacerte un reconocimiento antes de que te acuestes ¿Cómo te encuentras?
- Perfectamente, ya le he dicho que no era necesario dejarnos en observación, esto nos ha pasado más veces y nunca hemos tenido problemas después.
- Bueno, todavía no sabemos qué os han dado y prefiero ser precavida.
La doctora le pidió a José que se sentase y comenzó el reconocimiento. Ella pensaba que su cuerpo no era gran cosa, era un poco bajita, delgada, con pocas tetas y un culo pequeño aunque bastante respingón, pero eso no la había desalentado para intentar provocarle, no perdía nada intentándolo y podía llevarse el premio gordo, literalmente. Se había quitado el sujetador para quedarse únicamente con sus bragas y el pijama que usaban como uniforme en el hospital. También había estado probando en que posturas se le podían ver los pechos a través del escote, no pensaba que tuviera muchas posibilidades de conseguir que José terminara haciéndole algún tipo de proposición, pero ella siempre había sido muy tenaz y sabía que si no lo intentabas nunca lo conseguías, además, a veces la vida te da sorpresas.
Mientras la doctora comprobaba sus reflejos, le auscultaba, le miraba las pupilas y mil cosas más, José no podía dejar de mirarle el escote. Seguramente ella pensaría que al tener los pechos pequeños no necesitaba llevar sujetador, pero, tal y como iban vestidas en el hospital, podía verle las tetas en casi todas las posturas que adoptaba. Ya estaba notando como le crecía la polla y la doctora seguía con sus pruebas, esas tetitas le resultaban de lo más apetitosas y como eso siguiera así por más tiempo iba a acabar con una erección monumental sin forma de poder disimularla con esa mierda de camisoncito.
- Perdona que te haga esta pregunta pero... ¿Es normal que se te ponga así?
José quería que se le tragase la tierra, la doctora se había dado cuenta de su erección, todavía no estaba empalmado del todo pero con ese camisón era imposible ocultar nada y su polla se marcaba a kilómetros. No sabía que responder, lo primero que se le vino a la cabeza fue decirle que cuando veía unas tetas tan bonitas como las suyas si, pero no le pareció apropiado y buscó otra respuesta más conveniente.
- No te avergüences, soy médico, he visto de todo, es solo que podría ser una reacción a lo que os hayan suministrado y tendría que comprobar que todo es normal.
José seguía sin saber que responder, lo más fácil sería decirle que si, que debía ser una reacción a la porquería que les hubieran metido, pero era una mentira como un piano y le parecía muy feo mentir a un médico.
- Ehhhh, voy a tener que explorarte, espero que no te importe.
José se resignó a tener que pasar vergüenza, por lo menos había conseguido evitar tener que responderla y no había tenido que descubrir el motivo de su erección. La doctora se sentía muy orgullosa de haber conseguido levantar esa polla con sus tetitas, sabía que todavía podía crecer más y estaba dispuesta a conseguirlo aunque ni siquiera eso le aseguraba que José terminara haciéndole alguna propuesta indecente, pero por lo menos iba por el buen camino.
- A ver, ponte de pie y quítate el camisón.
José obedeció con las mejillas completamente coloradas.
- Ummm, no parece que haya ningún problema aquí abajo pero... ¿Me permites un momento?
José tenía una perspectiva inmejorable del escote de la doctora mientras ella estaba agachada mirándole la polla, temía que se pusiera a crecerle hasta alcanzar su máxima expresión, eso iba a ser muy difícil de justificar, pero no podía negarse a que le explorase así que asintió.
La doctora levantó su polla con sumo cuidado y la apoyo en su mano mientras seguía ofreciéndole una buena panorámica de sus pechos. Efectivamente sucedió lo que temía José, su polla se puso a crecer sin parar sobre la mano de la médico hasta ponerse completamente dura. La doctora no despegaba la vista de esa maravilla, era increíble sentir y ver como crecía hasta llegar a un tamaño que asustaba.
- Ehhhh ¿A ti te parece que esto está funcionando con normalidad? O sea, quiero decir si es normal en ti que se ponga así.
- Si, a mí me parece que todo está bien.
A la médico le empezaba a costar reprimirse, era una tentación insoportable tenerla así, en la mano, y no poder agarrarla.
- Buff, habría que ver si también se relaja con normalidad.
- Eso puede costarme un buen rato.
- A lo mejor puedo ayudarte.
José pensó que como siguiese agachada mirándole la polla, y con ella en la mano, mientras sus tetas asomaban por el escote, iba a ser imposible que se le bajase.
- Creo que contigo aquí no se me va a relajar.
- Pero tengo que ver como lo hace, yo creo que sí puedo aportar algo.
José empezó a pensar en las formas en las que podría ayudarle a que se le bajase y como resultado su polla se puso a palpitar.
- Bufff, no sé como lo verás, pero tengo que comprobar que puede relajarse, sino tenemos un problema. Estoy dispuesta a hacer 'lo que sea', yo siempre me he entregado 'en cuerpo' y alma a mis pacientes.
El tono que puso al decir esas palabras envalentonó un poco a José, pero aún así no se atrevía a ser directo.
- Se me ocurren cosas que podría hacer, pero no creo que esté dispuesta a eso.
- No me voy a asustar, prueba.
José no sabía como planteárselo a la médico y se quedó callado buscando alguna forma de insinuarle algo sin ser muy bestia. Ella sentía esa polla palpitar en su mano y se estaba impacientando.
- ¿Si hago esto te ayuda?
José alucinó, la médico había cerrado la mano sobre su polla y estaba pajeándole lentamente.
- Si, eso puede ayudar pero...
- ¿No te parece suficiente?
- Creo que no.
Ella se arrodilló delante de él y muy despacio fue acercando la polla hasta su boca mientras le miraba por si ponía alguna objeción. Estaba deseando probarla y temía que en el último momento José se la apartara de la boca, cuando por fin la sintió atravesando sus labios ya no tuvo dudas, se la metió todo lo que pudo y se dispuso a disfrutar devorando la mayor polla de su vida. Tenía que abrir tanto la mandíbula que dudaba de que hubiera podido comérsela si fuese un poco más grande. José pensó que efectivamente aquella mujer se entregaba a su trabajo con verdadera pasión, a él le parecía que lo estaba disfrutando y que podía ser un poco más atrevido con ella. La doctora estaba absorta notando como impactaba una y otra vez contra su paladar cuando sintió que José la cogía por el brazo y la invitaba a ponerse de pie.
- Hay otras cosas que ayudarían mucho a que se me bajase.
Ella le miró presa otra vez de sus inseguridades, pensó que si la había detenido no debía gustarle mucho lo que le estaba haciendo. José se puso a tocarle el muslo por encima de la ropa y fue subiendo poco a poco, todavía no tenía nada claro hasta donde estaba dispuesta a llegar la doctora y quería ser todo lo prudente posible.
- Hay cosas que me gustaría hacerle y que me ayudarían mucho.
Ella no dijo nada, sentía como la mano de José se iba acercando lentamente a su entrepierna y le dejó hacer. Cuando notó que José empezaba a acariciarla sobre su sexo, le agarró la polla para volver a masturbarle. A José le pareció una prueba inequívoca de aceptación y fue presionando más sobre su sexo. La vio morderse el labio, ya no le daba la sensación de estar con una profesional entregada a su trabajo, más bien parecía una mujer deseosa de ser poseída. Metió su mano por dentro de los pantalones y de su ropa interior hasta alcanzar su sexo, en cuanto empezó a jugar con él notó como presionaba más fuerte su polla y aumentaba la velocidad de su mano. Mientras ambos seguían masturbándose mutuamente él se colocó detrás de ella y llevó una mano hasta sus pechos, los estrujó al tiempo que acercaba la polla hasta su trasero, ella misma se la restregó por el culo mientras continuaba pajeándole. A la doctora le hizo especial ilusión sentir las ganas con las que se los apretó, a pesar de su tamaño parecían gustarle mucho. José puso la boca al lado de la oreja de la médico y le habló casi entre susurros.
- Creo que si me deja quitarle estos pantalones será más fácil que se me acabe relajando.
Dejó de masturbarla y de aferrarse a sus pechos para bajarle los pantalones. Ella pensó que la idea de llevar las bragas más cómodas y neutras posibles para que no llamasen la atención debajo de la fina tela del pijama no era muy buena para esta situación. José en cuanto vio esas bragas tan poco sensuales se dispuso a quitárselas, solo podían hacer que estorbar.
- Esto también nos va a molestar.
Ella no puso ningún impedimento, de hecho se alegró de que esas bragas desapareciesen lo antes posible. En cuanto José las hubo bajado un poco volvió a meter una mano entre sus piernas y con la otra estrujó sus tetitas de nuevo. Tenía los pezones totalmente endurecidos y sobresalían mucho, no se cortó de pellizcárselos suavemente por encima de la tela, esa fue la primera vez que la oyó soltar un suave gemido. Ella misma dejó caer sus bragas hasta el suelo para quitárselas definitivamente y metió la polla de José entre sus nalgas mientras seguía pajeándole, a José le excitó mucho ver como la doctora ponía el glande entre sus pequeños y níveos glúteos, sabía que nunca probaría su trasero pero verlo así de pequeño le hizo imaginar lo mucho que le apretaría la polla si pudiera introducirla por su agujero posterior. Ella esperaba que él se decidiera a metérsela desde atrás pero cuando llevaban un rato en esa postura y ella sentía que empezaba a acercarse al orgasmo gracias a las manos de José, él paró, se puso delante de ella y la desplazo despacio hasta sentarla en la butaca de las visitas. Ella se quedó con la cabeza muy cerca de la polla de José y se le antojó volvérsela a meter en la boca pero antes de que lo hiciese, él se arrodilló entre sus piernas, se las abrió y miró con gula su sexo empapado.
- Hay algo que me excita sobre manera.
Y sin más preámbulos hundió la cabeza entre sus piernas. A ella le recorrió una corriente eléctrica por todo el cuerpo en cuanto sintió la lengua de José pasar por su sexo y se abandonó al placer, ya había conseguido lo más difícil ahora solo tenía que disfrutar de su logro. José gozó comiéndose ese coñito, era súper agradecido, tenía el clítoris muy grande e inflamado y era un gusto succionarlo, según empezó a hacerlo oyó los suaves gemidos de ella y notó como balanceaba las caderas. La veía retorcerse de placer y pensó que ya no iba a negarse a nada, introdujo un par de dedos en su vagina y empezó a moverlos despacio. A Ella se la veía cada vez más entregada así que José se atrevió a hacerle una petición arriesgada, separó la boca de su sexo y se la lanzó.
- Enséñame las tetas, me muero de ganas de verlas.
Eso la llenó de orgullo, era la constatación final de que le gustaban sus tetitas. José volvió a hundir la boca en su sexo mientras la miraba y ella se subió la camiseta para mostrárselas mientras mantenía la vista fija en la cara de él, deseaba ver su reacción cuando se las enseñase. Según las vio aparecer José succionó con fuerza su clítoris, ella emitió un gemido más profundo y le agarró la cabeza para presionarla más contra su sexo. Las caderas se le movían solas y la estaba excitando terriblemente la forma en que José le miraba las tetas, eso sin contar que era la mejor comida de coño de su vida. Ya le daba igual el pollón que tuviera, esa boca era mágica, entre eso y los dedos que no dejaban de entrar en su vagina estaba segura de llegar a un orgasmo increíble. José usó la mano libre para estrujarle uno de sus pequeños pechos y entonces estalló, se retorció de placer en esa butaca sin poder controlarse, un orgasmo monumental la inundaba, José tuvo que esforzarse para poder mantener la boca pegada a su sexo mientras ella era presa de múltiples espasmos. José no quería dejar escapar a su presa y le succionó el clítoris con toda su energía mientras la penetraba con los dedos furiosamente y le pellizcaba su puntiagudo pezón.
Ella no se lo podía creer, su orgasmo fue aumentando de intensidad hasta que terminó con una explosión de placer como no había sentido nunca, ya le daba igual que le metiera ese pollón o no, había sentido el clímax más grande de su vida y no creía que nada pudiera superarlo. José se levantó y volvió a dejar la polla a la altura de su cara, a pesar de que estaba totalmente satisfecha pensó que no le podía dejar así y decidió volver a hacerle una mamada hasta hacerle eyacular pero José se lo impidió. La cogió de una mano, la ayudó a levantarse, le quitó la parte de arriba del pijama dejándola completamente desnuda y la guío hasta la cama para que se tumbase sobre ella.
José también se subió a la cama y puso las piernas entre las de la doctora. Ella miraba su miembro sabiendo que en breves momentos estaría introduciéndose dentro de ella, se excitaba con solo pensarlo pero también le daba un poco de respeto, no tenía nada claro que le fuese a caber. José se lanzó a devorar esas tetitas y mientras tanto aprovechó para restregarle el miembro por todo su sexo. A ella le estaba encantando la forma que tenía de comerle los pechos, sentía cuanto las deseaba José, además, notar la tremenda dureza que deslizaba contra su sexo la estaba encendiendo de nuevo por momentos. José sabía que ella acababa de correrse y necesitaría un tiempo para recuperar la excitación, pero no tardó mucho en sentir como se la agarraba y la apuntaba hacia su vagina. La doctora se había calentado hasta estar ansiosa por notar como esa maravilla la abría entera.
- Ten cuidado, es muy grande.
José la miró y viendo lo poquita cosa que era la doctora también tuvo dudas de que le fuese a caber, así que decidió ser muy suave. En cuanto la doctora sintió como el miembro de José le presionaba la entrada de su vagina y comenzaba a entrar soltó un gemido que hizo temer a José que les pudiese oír toda la planta. Ella misma cogió la almohada y se tapó la boca con ella, él empezó a penetrarla extremadamente despacio y teniendo mucho cuidado para ir avanzando muy poco a poco en su interior. También pensó que con aquel ritmo tan exasperantemente lento ella no iba a sentir nada, así que llevó una mano hasta su clítoris para masajearlo mientras la penetraba y le succionó los pezones alternativamente con fuerza. Ella se sintió desmayar de placer, la polla apenas le estaba entrando pero la abría de tal forma que la inundaba de sensaciones y a eso se sumaba lo que notaba en su clítoris y sus pezones. Intentaba contener sus gemidos y ahogarlos con la almohada pero aún así eran audibles, José estimó que si no había nadie justo en la puerta no la oirían, así que continuó penetrándola con ese ritmo tan lento e introduciéndola muy poquito cada vez.
Las enfermeras habían oído el primer gemido de la médico y se habían reunido las tres en la puerta de la habitación de José, se miraban entre risas ahogadas mientras escuchaban los ruidos que emitía la doctora.
En cuanto José consiguió abrirse paso un poco más dentro de la vagina de la médico, ella volvió a alcanzar el orgasmo. José notó que se contraía entera y empezaba a tener espasmos pero él continuó haciendo su esfuerzo de autocontrol. Se la siguió follando lentamente y avanzando con mucha cautela en su interior. Cuando la doctora sintió que su orgasmo terminaba resopló, había sido por lo menos tan intenso como el anterior, pero no tuvo tiempo para degustarlo, José seguía penetrándola y en pocos instantes sintió que de nuevo volvía a estallar otro orgasmo. Estaba descubriendo que podía ser multiorgásmica en el peor sitio posible, su trabajo.
La médico fue enlazando un orgasmo tras otro y para colmo se iban intensificando según la polla de José le iba entrando más en su interior, le daba la sensación de que no tenía fin, cada vez iba profundizando un poco más y seguía sin notar que hubiese terminado de metérsela. José estimó que esa mujer estaba disfrutando lo suficiente como para poder dejar de comerle las tetas y poder contemplarla con calma. Separó el torso del cuerpo de ella y pudo ver como apretaba la almohada contra su cara con las manos crispadas y como se le marcaba la polla en el vientre cada vez que la penetraba. Tenía un cuerpo tan pequeño que el bulto que se le formaba ya le llegaba cerca de las costillas y todavía no había conseguido metérsela entera. Continuó penetrándola una y otra vez, su vagina le apretaba la polla con mucha fuerza y estaba gozando cada centímetro que metía en su interior. Le fastidiaba un poco no poder ver las caras que ponía pero le encantaba ver la forma tan exagerada que tenía de marcharse el bulto en su tripa, parecía la película de alíen. Cuando consiguió clavársela hasta el fondo ella estaba en mitad de uno de sus incontables orgasmos y expulsó un gemido tal, que ni ella, ni la almohada, consiguieron reprimirlo. José se detuvo con la polla metida hasta la empuñadura y ella dejó de encadenar orgasmos. Se quitó la almohada de la cabeza, le miró con asombro y le habló mientras intentaba recuperar la respiración.
- Lo siento, no puedo más, me voy a desmayar.
José se la sacó y la miró, estaba totalmente descompuesta, sudaba a raudales, respiraba como si hubiera corrido una maratón, tenía la cara completamente enrojecida y la vagina estaba muy abierta, además todavía palpitaba.
- ¿Puedes terminar tú solo?
- Todavía me queda para llegar.
- De verdad que lo siento pero no puedo más, si quieres te la chupo.
A José le pareció tremendamente excitante la posibilidad de eyacular en la cara de la doctora, pero no le pareció bien usarla de esa manera viendo lo agotada que estaba.
- No pasa nada, me apañaré.
- ¿En serio que esto es normal en ti?
- Si
- Buff, pues voy a asumir que todo está correcto aunque me cueste creer que esto sea tu forma habitual de funcionar.
- Si, si, por eso no se preocupe, estoy bien, se lo aseguro.
- Vale ¿Me ayudas a levantarme?
José la ayudó y le fue dando su ropa para que se vistiese, ver como se agachó delante de él para ponerse las bragas y posteriormente los pantalones, le hizo desear follársela en esa postura, le encantaría poder amasar esa pequeñas y blanquísimas nalgas mientras la penetraba, pero ella ya le había dicho que no podía más, así que se quedó con las ganas. Cuando pudo, la médico se fue andando como si estuviera borracha pero antes de salir de la habitación echó un último vistazo a la polla de José y resopló.
- Buff, de verdad que lo siento.
Cuando la doctora cerró la puerta tras de sí, José se quedó pensando si ir a la habitación de alguna de sus compañeras, con un poco de suerte no le mandarían a la mierda y se apiadarían de él, pero la desestimó, con la hora que era y lo que habían vivido esa tarde en la habitación oscura, estarían todas durmiendo. No le quedó otra opción que la masturbación, lo bueno es que tenía un montón de imágenes mentales nuevas, sobre todo las de Laura. Decidió tocarse lentamente mientras las recordaba.
En cuanto la médico salió, las enfermeras la rodearon. Ella les indico que se fueran a otra parte a hablar y cuando estuvieron un poco alejadas de la habitación de José empezaron a hacerle bromitas.
- Vaya juerguecita, ehhhh.
- Eso si que es explorar a un paciente y lo demás tonterías.
- ¿Te habrás quedado a gusto, no?
- Al final parece que la inyección te la ha puesto él a ti y no al revés.
Ella se sonrojo, debía haber dado un concierto mucho peor de lo que imaginaba, pero la peor parte fue cuando se pusieron a hacerle preguntas, al final tuvo que contarles todo lo que había pasado mientras se tomaba una Coca-Cola para recuperar las fuerzas. Todas alucinaron con que hubiese tenido que dejar a José a medias pese al tiempo que habían estado follando. La mayor de las enfermeras no se lo pensó, llevaba caliente desde que había visto lo que guardaba José debajo del camisón cuando le metieron en la ducha, encima había escuchado como la doctora se deshacía en gemidos y luego, mientras les contaba su aventura, se había imaginado multitud de imágenes de esa polla entrando en acción. Tenía que probarla y una oportunidad como esa no se iba a repetir, se dirigió hacia la habitación de José mientras les soltaba a sus compañeras una última frase.
- No os preocupéis que yo me encargo.
Pasó sin llamar y se encontró a José desnudo, tumbado boca arriba y con la polla en la mano. Él dio un respingo y se tapó con la sábana en un microsegundo pero sabía que la enfermera había visto lo que estaba haciendo y se puso totalmente colorado.
- No te preocupes, he venido a ayudarte. Ya nos ha contado la doctora que no ha podido terminar el trabajo.
José se quedó petrificado y ella, ni corta ni perezosa, le destapó descubriendo su erección.
- No parece fácil, pero creo que puedo encargarme de esto.
José la miró y pensó que esa hembra podía ocuparse de eso y de mucho más, era una mujerona imponente, se la veía fuerte y tenía muy buena estatura, además, aplastándose contra el pijama se intuían unos pechos generosos y unas caderas rotundas, con lo excitado que ya estaba no hubiera hecho falta mucho para convencerle, pero viendo a aquella mujer le entraron unas ganas tremendas de hacer que temblaran todas sus carnes. Ella no se lo pensó dos veces y se puso a comerle la polla sin preguntar siquiera, José se relajó sobre la cama y la dejó hacer mientras estiraba un brazo para sobarle las increíbles tetas que tenía.
Esa mujer sabía lo que hacía, le estaba proporcionando una mamada espectacular pero no duró mucho. Se separó de José y comenzó a desnudarse, en un santiamén estaba poniéndose a horcajadas sobre él y apuntando la polla hacia su vagina.
- Vaya herramienta que traes, espero que sepas usarla.
Empezó a metérsela y cuando llevaba poco menos de la mitad empezó a botar lentamente sobre él.
- Déjame que me acostumbre, la de mi marido no es ni la mitad que esta.
José alucino con el comentario, pero se limitó a agarrarle los tremendos pechos que tenía y a sobárselos con gusto mientras ella seguía botando sobre su polla para metérsela más profundamente cada vez.
Cuando estaba a punto de conseguir clavársela entera empezó a gemir bajito y José pensó que había llegado el momento de hacer algo productivo. Soltó las tetas de la enfermera, le agarró por sus tremendas posaderas y empezó a ser él el que le clavaba la polla moviendo la cadera y embistiéndola desde abajo. Ella apretó los dientes para evitar que se la oyera gemir y tuvo que apoyar las manos en la cama para no caer sobre el cuerpo de José, al hacerlo él vio como sus portentosas tetas se quedaban justo encima de su cara y no desaprovechó la ocasión. Mientras seguía clavándosela con fuerza se amorró a sus pechos y gozó comiéndoselos, eran tan grandes que tenía que tener cuidado para no ahogarse con ellos.
Ella estaba disfrutando sin medida, su única preocupación era no hacer mucho ruido, imaginarse a todas sus compañeras escuchando en la puerta le producía bastante vergüenza pero también cierto morbo, tenían que estar muriéndose de envidia igual que le había pasado a ella escuchando a la doctora. Cuando sintió que ya no podía controlar los ruidos que hacía, se dejó caer del todo para aplastar la cabeza contra la almohada e intentar amortiguar sus gemidos. José se imaginó la imagen tan excitante que tenía que verse mirando ese culo desde sus pies y no pudo contenerse, le abrió las nalgas y la embistió con todas sus fuerzas. La enfermera estaba disfrutando cada penetración y tras unas pocas embestidas ella empezó a correrse. Aunque estuviesen amortiguados por la almohada, a José le pusieron muchísimo los ruidos que emitía justo al lado de su oreja, así que no dejó de clavársela con saña hasta que emitió un profundo gemido que a él le pareció que debía haberse oído muy lejos debido al silencio sepulcral que reinaba en el hospital a esas horas.
Mientras ella todavía estaba jadeando, José, no sin cierto esfuerzo, se salió de debajo del formidable cuerpo de esa mujer para ponerse detrás de ella y follársela a cuatro patas. La imagen era espectacular, ella mantenía todavía la cabeza hundida en la almohada, sus pechos le colgaban hasta apoyarse sobre el colchón, y por encima de todo, ese monumental culo en pompa. José se aferró a sus caderas y se la metió sin dudarlo, ella levantó la cabeza y arqueó toda la espalda al sentir como le entraba de golpe hasta el fondo y volvió a emitir un potente gemido. José se puso a embestirla y ella metió de nuevo la cabeza en la almohada, pensó que sus amigas ya habían escuchado más de lo que deberían.
Desde fuera estaban otra vez mirándose con complicidad y aguantando la risa nerviosa, a ella la volvían a oír gemir bajito pero el golpeteo del cuerpo de José contra sus nalgas no dejaba lugar a dudas, estaba claro que José le estaba dando una follada monumental a su compañera.
La enfermera temió que José sacase la polla para correrse, por un lado quería sentirla todo lo posible y por otra no quería que la llenase de semen y luego se viera la marca en el pijama, ya iba a tener que aguantar las bromitas de sus compañeras como para darles más juego.
- ¡Ahhhhh! Córrete dentro ¡Ahhhhhhh! Llevo un DIU ¡Ahhhhhh!
Esas palabras tuvieron un efecto mágico en José, se puso a empotrarla con todas sus fuerzas, desde fuera pudieron oír como el golpeteo aumentaba de volumen y los gemidos de su compañera habían cambiado, estaba claro que estaba teniendo otro orgasmo monumental. José sintió que su eyaculación era inminente y separó todo lo que pudo las impresionantes nalgas de la enfermera para clavársela con fuerza y dejar que su esperma saliera despedido en lo más profundo de su interior. Tras soltar los primeros chorros siguió empotrándola con furia hasta que ambos cayeron rendidos por el orgasmo.
Cuando la enfermera recuperó un poco las fuerzas, se bajó de la cama y arropó a José que se había quedado dormido, le dio un beso en la frente y pensó que aquel hombre que no volvería a ver una vez que hubiera finalizado su turno, le había provocado la mejor sesión de sexo de su vida y eso que él ya debía estar cerca del orgasmo cuando empezaron. Se vistió y salió todo lo dignamente que pudo lista para soportar las bromas de sus compañeras.
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