Marta y el indigente 1
Él no tiene nada que ofrecerle salvo su hambre y su deseo; ella no tiene nada que perder salvo su honor. Cuando el dolor de un tobillo torcido se convierte en excusa para tocar lo prohibido, la línea entre la ayuda y la invasión se desvanece. Esta noche, mientras el mundo exterior espera, dos cuerpos hambrientos descubren que la caída es solo el comienzo.
Todo me iba bien en la vida.
60 años, casado con una bella mujer, una casa enorme para los dos ya que nuestros hijos ya tenían la vida encauzada, ambos trabajando el extranjero y con sus respectivas parejas.
Un excelente trabajo en la empresa familiar de mi mujer, con un gran sueldo. No me faltaba de casi nada y gozaba de una buena salud.
Lo único que echaba de menos era tener más sexo con mi mujer, pero desde su menopausia sus deseos sexuales decrecieron de una manera considerable.
Yo, que nunca he tenido más religión que un cuerpo de mujer, buscaba fuera de casa aquello que no tenía.
Eso era suficiente para que mi vida siguiera siendo envidiable.
Pero, algunos dirán que es el karma, llegó un momento en que todo lo bueno que había en mi vida terminó.
Por lo visto, un familiar de mi mujer me vió una tarde saliendo de un hotel con una jovencita. Se lo dijo a mi mujer, que al principio no le creyó, pero ante la insistencia de su familiar, decidió contratar a un detective privado para que le confirmara o no, mi supuesta infidelidad.
El trabajo del detective fue pan comido. En quince días había elaborado un extenso y detallado informe con todas mis tropelías.
Una vez que a mi, ya exmujer, no le cupo duda de mis infidelidades, en plural, todo el mundo se me vino encima.
Un divorcio que me dejó sin casa, sin dinero, sin trabajo, ya que me echaron del negocio familiar con una mísera indemnización.
Los dos primeros meses me trasladé a una pensión de mala muerte y me dediqué a buscar otro trabajo.
Por supuesto, las amiguitas que tenía ya no querían saber nada de mí. Cuando el dinero sale por la puerta, el amor se va por la ventana.
Ni siquiera podía acceder a una entrevista de trabajo, nadie contrata a una persona de 60 años por muy válido que sea.
En tres meses ya no me quedaba dinero y tuve que dejar la pensión. Vivía como buenamente podía. Comía en los comedores sociales y el poco dinero que tenía lo sacaba de pedir limosna y de robar a algún que otro despistado.
Dormía en el metro o en algún cajero de un banco que encontrara abierto. Mi higiene brillaba por su ausencia, mi pelo largo y sucio, mi barba desarreglada.
Así iban pasando los días, uno tras otro, sin visos de mejorar.
Eran más o menos las tres de la tarde de un martes, iba vagando sin rumbo por una de las calles más comerciales de Madrid, rebuscando entre las papeleras algún resto de comida o algo de valor, sin mucho éxito tengo que decir. Cuanto más ricas son las personas menos solidarias son con los pobres.
La calle está en obras y tiene muchos adoquines levantados. Debido a que es la hora de comer no hay ningún obrero para advertir a los viandantes.
Desde lejos veo como una mujer tropieza con uno de los adoquines y cae al suelo de una manera estrepitosa.
Por pura educación, me acerco para socorrerla.
Está llorando, pero no tengo nada para limpiar su cara.
Antonio -"Estás bien?"
Le alargo mi mano para ayudarla a levantarse, me mira con desconfianza y un poco de asco, tengo las manos sucias, pero me coge la mano y la levanto.
Marta -Uuuf, me duele mucho el tobillo, creo que me lo he doblado.
Antonio -Sí quieres puedo acompañarte un poco, agárrate a mi brazo. No podemos permitir que te vuelvas a caer.
Marta -Uuuuf... de momento voy a ver si se me pasa. Intentaré llegar a ese banco a la sombra.
La ayuda a sentarse en el banco.
A -Descansa un poco, tienes cara de dolor.
Me quedo contigo hasta que te recuperes.
M -No, no es necesario, muchas gracias.
Su blusa está un poco abierta y mis ojos no pueden dejar de mirar a su escote.
A -No tengo nada que hacer, me quedo un rato.
M- Pensamiento de Marta que así se llama la mujer (Éste tío me está mirando las tetas)
A-(Noto el miedo en su mirada, el sudor le resbala por las sienes, sus manos entrelazadas protegiendo su pudor.)
A -No tengas miedo, no te va a pasar nada mientras yo esté aquí.
M -Por... por favor... podría dejar de mirar ahí?
A-(Entonces sigo su mirada y me doy cuenta de que con la caída se ha desabrochado un botón más. Tiene tres botones desabrochados. No es que se le vea el sujetador, es que se ve debajo del sujetador, prácticamente el ombligo.)
M -Ah, perdón... no me había dado cuenta de que....
(Dice muerta de vergüenza mientras trata de abrocharse un botón.)
A -No te abroches. Entre el calor que hace y el sofoco que tienes por la caída, te viene bien que te dé el aire.
(Mientras sigo mirándole las tetas sin ningún disimulo.)
M -Pero... pero se me ve el sujetador!!!
A -Sí, se te ve. Deberías quitártelo, te está presionando un poco las tetas. En tu estado deberías respirar sin obstáculos.
M (Éste tío es un degenerado)
A (Al escuchar eso, asustada, trata de ponerse en pie, pero el tobillo le duele. No puede.
Se abrochó el botón de la blusa.
Está muerta de miedo, lo sé, pero también noto algo más. Mi sexto sentido de hombre acostumbrado a tratar con mujeres, me da un toque de atención.
Le cojo la mano.)
A -No tengas prisa, relájate, descansa y déjate llevar.
M -(Se está pasando)
A -(Ella retira su mano inmediatamente.
Sus ojos siguen reflejan algo de miedo, pero en su mirada creo ver algo más.
Me incomoda su rechazo.)
A -Estoy aquí para ayudarte. Si no quieres no tienes más que decirlo y aquí te quedas.
M -Pero... entiéndalo... me decía que no me abrochara el botón... que me quitara el sujetador... me asustó.
A -Lo decía por tu bien. Tienes que confiar en mí.
Ábrete un poco la blusa, respirarás mejor, hazme caso.
M -Creo que respiro bien.
A -Como quieras, pero el color rojo de tus mejillas no dice eso. O ese color es por otra cosa?
M -Tal vez porque estoy un poco asustada.
A -¿Asustada? ¿De qué, de un hombre como yo? ¿O de cómo me percibes tú?
M -Pues creo que sí... justo de eso... me siento indefensa a su lado.
A -No tienes nada que temer. No haré nada que tú no desees.
M -Pues entonces no me mire "así”.
A -No tengo otra manera de mirarte, y creo que tampoco quieres que te mire de otra manera.
M -¡¡No para de mirar dentro de mi escote!!.
A -Y eso te parece mal? Deberías sentirte halagada, o prefieres que te mire a otra parte?
M -¿Halagada? realmente piensa eso?.
A -Sí, así deberías sentirte. Un hombre te mira y tú, falsamente te ofendes. Y sin embargo, ya no intentas irte, ¿Por qué?
M -Lo intenté,pero me duele el tobillo.
A -Ah, te duele. Y ese dolor hace que tus manos suden? No sé por qué, pero creo que si te quisieras ir ya lo habrías hecho. ¿Qué otra cosa te retiene en este banco?
M -Pues vamos a probar si puedo…
A -Poder, puedes, pero estás segura de que quieres?
M -Totalmente
A -Pues entonces, adelante. Inténtalo.
M- (Comienzo a apoyar el pie. Me duele, pero puede algo mejor)
M -Si me ayuda, creo que seré capaz de llegar hasta casa.
A -No confías en mí, llevas todo el tiempo reprochando mis miradas, contradiciendo todo lo que digo, y me pides que te acompañe?
Dame una razón para hacerlo.
M -¿Dónde iba ahora usted? a esta hora?
A -Vagaba sin rumbo fijo, lo mismo voy para arriba que para abajo, nada ni nadie me reclama.
M -¿Ha comido ya?
(No sé porque he dicho eso.)
A -Ya es tarde para ir al comedor social, se ha pasado la hora. Ya comeré algo, y si no, mañana será otro día.
M -Yo.... yo... me gustaría agradecerle su ayuda. Si le parece podría comer en casa.
(Me estoy metiendo en un lío)
A -Me vendría bien comer algo, no lo voy a negar. Venga, apóyate en mí y vamos a tu casa.
Y así, apoyada en mi, poco a poco llegamos al portal. Subimos en el ascensor y me hace pasar.
A -Te sigue doliendo? ¿Tienes alguna crema analgésica? Te puedo dar un masaje con ella.
M -Cada vez menos, gracias. Pase siéntese...
(Hoy tenía para comer la lasaña que había cocinado el día anterior. Enciendo el horno y la meto.)
A -Si no te importa, podría darme una ducha?
Hace días que no puedo hacerlo.
Mientras quítate esos zapatos y ponte cómoda.
Ya comeremos después.
M -Sí, claro
Me indica dónde está el baño y me da una toalla limpia y ropa limpia de su marido que, por lo visto, no tenía en mucha estima.
A -Muchas gracias, eres muy amable. Debo oler a rayos.
M-(Ese olor que desprende me está volviendo loca de deseo.)
M -En realidad... tengo bastante hambre. ¿Le importaría ducharse después?.
A -Lo dejo para luego, pero por favor, tuteame.¿Te ayudo en algo?¿Podrás moverte?.Después te daré un masaje, me lo vas a agradecer y te vendrá muy bien.
Saca la lasaña y la sirve.
M -Pensé que había para más de 3 personas.
Se sirve una ración y me pone el resto con una copa de vino.
A -Huele bien y tiene muy buena pinta. Se me está haciendo la boca agua. Creo que es un buen momento para compartirla.
Comenzamos a comer y pregunta tímidamente por mí situación.
A -Esto está buenísimo.
Devoro la lasaña como si no hubiera comido en un mes, apenas toco el vino hasta que no he acabado toda la comida, pero me lo bebo de un trago.
A - ¿Mi situación? Es demasiado triste como para compartirlo con alguien.
M- (El olor de mi vecino era terrible sin embargo, por algún motivo, me "gustaba"? era esa la palabra?)
A -Si no te importa, prefiero ducharme antes y luego mientras te doy el masaje te cuento. No debo oler muy bien. Por cierto, has hablado antes de ropa de tu marido. ¿Tu marido o tu ex marido?.
M -Marido
A -Ya, ¿cuándo viene?
M -Llegará esta noche.
A -Tenemos tiempo. Quédate aquí, yo recojo la mesa. ¿Dónde tienes la crema?
M -En el cajón del baño.
Cojo la crema y vuelvo al salón.
A -Siéntate en el sofá y quítate los zapatos.
M -(Obedezco, no sé por qué pero me siento bien obedeciendo.)
Me echo la crema en las manos y trato de calentarla un poco. Pongo mis manos sobre su tobillo y empiezo a masajear. La miro a la cara y veo una cierta inquietud, pero sigo con el suave masaje. Qué estará pensando?
Su espalda recostada en el respaldo del sofá, parece que se va relajando, sus ojos cerrados. Mis manos en su tobillo, mis ojos sobre la abertura que dejan sus piernas algo abiertas
M-(Me pide el pie y se lo doy. Noto como la tela de la falda se tensa, me doy cuenta de que la postura deja demasiado a la vista siento su mano en el tobillo, es más una caricia que un masaje sus ojos van a mi falda, a lo que oculta la falda.)
Poco a poco voy separando sus piernas.
M- (Voy dejándolo, siento abrir mis piernas.)
Mis ojos descubren el inicio de sus bragas.
M- (El contacto debería ser un inocente masaje en mi tobillo dolorido pero siento como si fuera mucho más, algo no tan inocente.)
Al mismo tiempo mi polla empieza a crecer.
M -Antonio, por favor, deje de mirar ahí.
A -Déjate hacer.
Sus piernas desnudas aparecen. Subo el masaje hacia sus gemelos.
M- (Sus manos abandonan mis tobillos, en la pantorrilla no me duele nada, pero no protesto.)
A -Los tienes cargados, vamos a relajarlos.
Me mira y se deja hacer.
A -Así está bien. ¿Te sientes algo mejor?.Tienes unas piernas preciosas, me cuesta mucho no mirarlas.
M -Gracias.
M-(Respondo tontamente. Joder y de paso dándole permiso para seguir mirando. Esa respuesta no va a hacer que pare.)
Sigo masajeando, pero cada vez mis manos suben más por sus piernas. Su respiración se hace más intensa lo que provoca que su blusa se abra y su pecho se insinúa.
M-(Joder, Marta, tendrías que pararlo, tendrías que decirle que baje al tobillo.)
Su pecho sube y baja a más velocidad, los tres botones desabrochados me hacen el favor de enseñarme media teta.
M-(Ahora el tío mira mi pecho con una intensidad que me mata, lo miró, madre mía, al final me convenció para no abrochar el botón. El sujetador está completamente a la vista afortunadamente no es exagerado, cubre suficiente pero eso no quita para que aparezca a la vista, me falta el aire.)
Mis manos siguen haciendo su trabajo, pero mi mirada se reparte entre sus tetas y su entrepierna.
M-(Recuerdo sus palabras de antes
"Sí, se te ve el sujetador. Deberías quitártelo, te está presionando un poco las tetas. En tu estado deberías respirar sin obstáculos”. Noto mucho calor.)
Mi erección comienza a ser evidente pero no me importa. Mis manos ya acarician sus muslos y no encuentro ninguna resistencia.
M -Antonio, prefiero que te ciñas al tobillo.
(Miento, pero era necesario.)
A -Marta, el masaje debe ser un conjunto.
Por su respiración sé que le está gustando, aunque lo niegue.
M -Pero lo que me duele es el tobillo, y creo que esto no es apropiado.
(Pero no retiro la pierna.)
A -Tus palabras dicen una cosa y tu cuerpo lo contrario. Déjate llevar, se nota en tus reacciones que te está haciendo bien el masaje.
M-¿Antes lo dijiste en serio?... quiero decir- (corrijo dándome cuenta de que mis pensamientos están totalmente fuera de contexto-) cuándo dijiste que el sujetador me impedía respirar bien?.
(¿Por qué coño he dicho eso? qué demonios crees que va a responder, Marta? y cuando te responda lo que te va a responder, qué coño vas a hacer? no puedes quitártelo, no con esta blusa, y encima desabrochada.)
A -Lo dije en serio, después de la caída debes respirar bien y todavía no estás repuesta. Deberías quitártelo.
M -¿No lo está diciendo solo para ver mis pechos? Vamos, ni que mis pechos fueran gran cosa tampoco, la verdad, no sé qué tonterías digo.
(Pero qué coño dices, Marta?????.)
A -Prácticamente los estoy viendo ya, tienes la blusa desabrochada, tú respiración es cada vez más fuerte y eso hace que tu pecho suba y baje.
M-(¿Qué coño me está pasando?.
Instintivamente abre un poquito más sus piernas y ya puedo ver el triángulo de sus braguitas.
M -Y si me quito la blusa y el sujetador respiraré mejor?
A-Por supuesto, te sentirás más libre.
M-(Sin pensar me quito la blusa y después el sujetador. Mis pezones están tiesos.)
A -No sé por qué tienes en tan poca estima tus pechos. Son muy bonitos.
M -Porque son muy pequeños.
A -Y coronados con unos buenos pezones.
M -Supongo que ahora no podré decir que no mires ahí, verdad?.
A -Aunque lo dijeras no impediría que me deleite con esta magnífica vista. Y no me parecen pequeñas, son perfectas.
M --Mu... muchas gracias. Pienso que mis piernas son más mi fuerte que los pechos.
A -Tienes una piel que me produce un mar de sensaciones. Estas piernas son espectaculares.
El bulto de mi entrepierna ya empieza a notarse. Subo más mis manos y eso hace que su falda suba casi a la cintura.
M-(Doy un res
pingo y me aparto.)
M -Creo... creo que ya es suficiente masaje.
(y despacio me bajo la falda.)
M -Madre mía, me has subido la falda completamente.
(Pongo los dos pies en el suelo, me levanto. El tobillo, por el masaje o por el tiempo pasado, ya está mejor. Comienzo a caminar, ya no duele, solo molesta.)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Profesora seducida por alumno
La profesora siempre creyó que el control estaba en sus manos, hasta que el alumno más aplicado decidió tomar lo que deseaba.
Comparte:Infidelidad consentidaDespertar sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: General
Entregué mi virginidad en el metro de madrid - 2
Sabe que su novio no la toca como ella desea. Sabe que el metro es un lugar de riesgo. Y aún así, esta noche ella decide no detenerse.
Comparte:Relacion profesor alumnaDespertar sexualTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Vivo de las mujeres decentes-libro 2 (Capítulo 20)
Marta siempre le preparaba la cena, pero esa noche sus labios sellaron un secreto que cambiaría la dinámica de la casa.
Comparte:Infidelidad consentidaDespertar sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Susy y el casero (1)
Él solo quería revisar unas escaleras, pero Susy lo miró como si ya lo hubiera desnudado. Ahora, la invitación a desayunar a solas en su casa es la…
Comparte:Infidelidad consentidaDespertar sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Quien juega con fuego, acaba quemándose
Carlos llegó a su casa como un pariente más, pero pronto demostró ser un intruso peligroso. Mientras su esposo trabajaba sin saberlo, él ganaba…
Comparte:Infidelidad consentidaDespertar sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: General
Conociendo a Anna
En la cola del aeropuerto, el ruido de las noticias de vuelos se mezcla con el susurro de su nombre.
Comparte:Relacion profesor alumnaPoder y controlTransgresion moral