Xtories

La vida secreta de Veronica 1

Por fuera es la madre perfecta, la esposa respetable que todas envidian. Por dentro, su secreto es una sumisión absoluta a los hombres del colegio. Cada mañana, bajo la sonrisa más dulce, esconde un ritual prohibido que nadie sospecha.

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Verónica es la madre que todas las demás envidian y odian a partes iguales, 36 años, cuerpo escultural mantenido con disciplina (y varios retoques que nadie puede probar), cintura estrecha, caderas anchas y, sobre todo, unos enormes senos que causan debates de si son naturales u operados por su gran tamaño, piel bronceada todo el año, cabello castaño largo y brillante que siempre lleva suelto o en una coleta alta impecable, es guapa sin esfuerzo, con labios carnosos que pinta de rojo y ojos grandes que saben mirar con dulzura o con fuego según convenga. Ese día lleva una falda plisada azul marino hasta la rodilla, blusa blanca de manga tres cuartos abotonada con un leve escote, un cárdigan beige y zapatos bajos de tacón, ropa inocente, de madre responsable, nada que llame demasiado la atención… excepto que la blusa se ajusta justo donde debe, marcando el volumen impresionante de sus gigantescas montañas y la falda marca la curva perfecta de sus caderas cuando camina, dejando ver lo grande y redondo de su trasero.

Llega al colegio Santa Teresa a las 8:10 en su pequeño auto, aparca en el lugar habitual, baja con una sonrisa radiante y abre la puerta trasera. Sus hijos: Lucía de 9 con su coleta idéntica a la de mamá, Pablo de 7 con el pelo revuelto y la mochila más grande que él.

— ­­­­­­­­Mi princesa hermosa… ven aquí, dame un abrazo fuerte. ¿Tienes todo? ¿El estuche nuevo con los lápices de colores? ¿La botella de agua con tu nombre? ¿la merienda que te preparé? — le dice Verónica a Lucia agachándose a su altura con voz dulce y cálida

— Sí, mamá ¡Me encanto la merienda que me pusiste ayer! ¡La compartí a mis amigas y todas quieren una mamá como tú! — respondió Lucia.

— Y mi campeón del mundo… ven, un abrazo de oso. ¿Listo para ganar en todo hoy? ¿Tienes el balón pequeño en la mochila por si jugáis en el recreo? — Le dice a Pablo, mientras le da un fuerte abrazo y varios besos.

— Sí, mamá… pero no me beses tanto que me ven los demás niños. — responde Pablo, que intenta hacerse el mayor.

Sus hijos se van corriendo con las mochilas, con besos rápidos y un “¡adiós, mamá!”, ella se queda un momento en la puerta, contoneándose ligeramente mientras saluda con esa sonrisa dulce y perfecta de ama de casa modelo, para cualquier observador es la madre perfecta: amorosa, atenta, presente, y lo es, con ellos, siempre lo es.

Para las madres de sus compañeros es diferente, ya la miran, como todos los días la miran apenas llega.

— Mira cómo viene otra vez la mosquita muerta… ¿de qué tienda de segunda habrá sacado esa horrible falda? Susurra Claudia (una rubia estirada, líder del grupo), lo bastante alto para que se oiga.

— Con ese escote parece que va a sacar la teta para dar de mamar a medio colegio. — Dice Marta riendo por lo bajo.

— Pobre marido, qué vergüenza tener una esposa con esas… esas cosas por delante. Y encima se cree la reina de la escuela. — Dice Patricia.

Verónica pasa por delante del grupo de madres con la cabeza alta, sonrisa de oreja a oreja. Claudia con voz alta, fingiendo amabilidad le dice:

— ¡Verónica! Qué madrugadora hoy también ¿Otra vez entrando “a hablar” con el director? Qué dedicada eres con el colegio. — Mientras varias de las madres ríen por lo bajo.

— Sí, mujer… siempre tan colaboradora, el resto nos conformamos con dejar a los niños e irnos, pero tú… tú siempre tienes tiempo para “reuniones”. — Dice Lucia, otra de las madres.

— Y con esa faldita tan… tan curiosa… pareces una alumna más que una madre. — Dice otra de las mujeres. — ¿No te cansas de ser la “favorita” de todos los profesores?

Verónica sonriendo dulcemente, sin inmutarse dice:

— Ay, chicas, solo vengo a ayudar con el viaje de fin de curso, el director me pidió opinión sobre las actividades. Y los profesores… bueno, siempre hay cositas que hablar de los niños. Vosotras también podríais colaborar más, ¿no? El colegio lo agradecería.

Las madres fruncen el ceño al escuchar las palabras de Verónica y Claudia con rabia en los ojos dice:

— Claro… “colaborar”, nosotras preferimos no entrar tanto, no vaya a ser que piensen otra cosa de nosotras por pasa tanto tiempo con los profesores.

— Bueno… una ayuda como puede, ¿no? — dice Verónica guiñando un ojo —Bueno, chicas, que tengáis un buen día. ¡Besitos!

Verónica se va contoneándose ligeramente, dejando al grupo murmurando, mientras ella entra a la escuela.

Arturo Gómez, 65 años, director del Santa Teresa desde hace 25, de baja estatura, gordito, calva incipiente con pelo gris perfectamente peinado (el poco pelo que tiene), bigote recortado, traje impecable, camisa blanca planchada a la perfección, con pelos en las orejas que nadie menciona por el respeto que le tienen, para todo el mundo es como el abuelo perfecto: amable, cariñoso, voz suave, siempre con una palabra de aliento, todo un ejemplo de docente.

Verónica entra en la oficina con una gran sonrisa y la secretaria avisa por el interfono:

— La señora Ramírez está aquí. — mientras ve de pies a cabeza a Verónica, agitando la cabeza en signo de desaprobación.

— Que pase, por favor. — Responde Don Arturo con su voz dulce habitual

Verónica entra y cierra la puerta, el pestillo hace clic indicando que la puerta está cerrada con seguro, Don Arturo se levanta, rodea el escritorio, la sonrisa amable desaparece, sus ojos se oscurecen, con una voz baja, dominante y obscena le dice:

— De rodillas, puta, ya sabes lo que quiero ¡y lo quiero rápido! tengo un día ocupado

Verónica se arrodilla sin decir una palabra, manteniendo su sonrisa perfecta, Don Arturo se baja la cremallera, saca su polla corta pero gruesa, con bello gris y blanco ya dura, le agarra el pelo con fuerza, lo que ocasiona que Verónica de un pequeño quejido por el dolor; pero sin dejar de sonreír:

— Siempre tan colaboradora, abre esa boquita de madre respetable… y chúpamela como la zorra barata que eres ¡Rápido! — dice mientras le da una ligera bofetada

Verónica obedece sin perder un segundo, tragándose entera de una aquella polla, garganta profunda, lamiendo los testículos, sin arcadas.

— Joder… qué boca de puta tienes… traga más zorra… hasta el fondo… así… buena chica… — Dice Don Arturo al mismo tiempo que le folla la boca con embestidas cortas y rápidas, agarrándola del pelo, mientras jadea. — Mírame mientras tragas, puta.

Verónica voltea a ver el rostro del hombre mientras continua en su labor

— ¿Te gusta estar tragando polla de viejo?… ¿te gusta, eh? ¡Traga, puta!

No dura ni cinco minutos, cuando eyacula abundante en su garganta, gruñendo.

— Trágatelo todo… ni una gota fuera… buena puta…

Verónica traga sin dejar caer nada, se limpia los labios con la lengua, se levanta, se arregla el labial en el espejito del despacho, Verónica sonriendo dice:

— ¿Algo más, señor director?

Don Arturo, guardando la polla en su pantalón, con su voz dulce otra vez:

— De momento sí señora Ramírez, gracias por su… colaboración, es una madre ejemplar, siempre dispuesta a… ayudar. La semana que viene hablamos de otros asuntos que tenemos pendientes.

Sale del despacho del director con el sabor a semen todavía en la lengua, y en el pasillo la esperan 3 profesores Morales (matemáticas), Don Luis (religión) y García (español), de baja estatura los tres, gorditos, calvos o casi, bigotes, gafas, su apariencia parece sacada de un cuento: Gruñón (Morales), Dormilón (García) y Tímido (don Luis), por lo que ella los apodo “los tres enanos”. Morales la intercepta y le dice:

— Vero… reunión en la sala de profesores ¡Ahora! — mientras la toma del brazo y la jala sin pedirle permiso.

Entran los cuatro y cierran con pestillo. La sala vacía a excepción de ellos 4, el olor a café barato impregna el ambiente. García ya bajándose la cremallera le dice con voz ronca:

— Listo puta, ponte en tu posición, hoy los tres a la vez, y rápido, que tenemos clase.

Verónica se arrodilla en medio de los tres que ya tenían la polla de fuera, son parecidas a la del director cortas, gordas, venosas, nada estéticas.

Ellos no se limitan, la usan salvajemente, Morales le folla la garganta hasta que tose y algunas lagrimas se asoman de sus ojos, Don Luis le mete los huevos en la boca mientras se pajea, García le agarra la cabeza y la folla como un animal, mientras los tres le dicen:

— Traga más, zorra… hasta que te ahogues con mi polla.

— Qué boca tan pecaminosa, puta… deberías pedir perdón por ser tan guarra.

— Mira cómo llora la muy cerda… le encanta que le destrocemos la garganta.

Verónica alterna entre succionar, garganta profunda y lamidas y entre arcadas dice con voz entrecortada, tratando de respirar al mismo tiempo que habla:

— Sí… me encanta… como… me usan…

Se corren los tres casi a la vez, uno en la boca, otro en la cara, el tercero en las tetas por encima de la blusa, Verónica traga lo que puede, tose y llora.

Se levanta con la blusa manchada, el pelo hecho un desastre, la cara batida, el rímel corrido, labios hinchados, ojos rojos con lágrimas por las arcadas, se desmaquilla rápido con toallitas del bolso, pero no puede arreglar del todo: su ropa está arrugada, el pelo revuelto y sus ojos todavía húmedos.

— Gracias por la reunión, si necesitan algo mas, saben donde encontrarme. — les dice Verónica mientras sale de la habitación, mientras se limpia las rodillas.

Sale contenta; pero el coño le palpita como loco, empapado, exigiendo polla. En el pasillo se cruza con dos alumnas de preparatoria, esperando fuera de la sala de profesores, con libros en la mano.

Verónica sonriendo y con voz ronca por las pollas que tuvo follando salvajemente su boca, dice:

— Buenos días, chicas… ¿esperando a algún profesor? ¿Cómo va el curso? ¿Todo bien con las clases?

No responden, las dos estudiantes la miran con asco y miedo, una susurra a la otra:

— Mira cómo viene… otra vez… y esas manchas en su blusa.

— Además, huele raro. — responde la otra chica. Solo la miran fijamente y se apartan, como si Verónica fuera contagiosa.

Verónica sonríe y piensa:

— Me miran como a una puta… y lo soy. Pero mi coño no se calma, necesito polla ¡Ahora!

Con el coño exigiendo, Verónica camina hacia la salida y ve a Rubén Salazar, el profesor de educación física, limpiándose sudor de la frente con un pañuelo, su panza prominente tira de la camiseta polo ajustada que tiene manchas en las axilas, siempre sudoroso aunque nadie lo ha visto correr nunca, pelo seboso peinado hacia atrás, respiración agitada como si acabara de hacer flexiones, el clásico maestro que se cree galán: piropos a las madres, comentarios “inocentes” en doble sentido, manos que se demoran demasiado al saludar o al abrazar a alguna, ninguna le a dado oportunidad desde que llego. Cuentan que lo despidieron de la escuela anterior por acoso, pero nadie lo ha comprobado. Verónica se acerca, contoneándose con su sensualidad habitual, sonriendo seductora, y con voz melosa le habla:

— ¡Rubén! qué casualidad verte aquí, siempre tan… activo. — mientras se dan dos besos, que intencionalmente fueron muy cerca de los labios.

Él la agarra de la cintura, rozando el principio de las nalgas descaradamente.

— Verónica… qué gusto verte… y olerte… ese perfume tuyo me mata. ¿Vienes a hablar de las clases de tus hijos? ¿o es un pretexto para acercarte a mí? — Responde Rubén mientras se ríe fuertemente

Verónica se acerca más, rozando su cuerpo.

— Rubén, la verdad es que… necesito ayuda con algo urgente. Mi cuello… está muy tenso hoy, lo tengo echo un nudo ¿No tendrás un momento para masajearlo un poco? Ya no aguanto — Responde Verónica sobándose el cuello — En el almacén del gimnasio parece un buen lugar para… hacerlo.

A Rubén se le ponen los ojos como platos brillantes, mientras su mano baja un poco más.

— Claro, lo que sea por una madre tan… especial. — Dice Rube, mientras le ve los senos. — Vamos, preciosa… yo te “relajo” todo lo que quieras.

Entran al almacén, donde solo hay colchonetas viejas, balones, olor a sudor rancio y goma. Verónica cierra la puerta.

— Túmbate aquí, en la colchoneta. Te doy un masaje de profesional. — Dice Ruben, tratando de sonar como un galán; pero solo se escucha ridículo.

Verónica se tumba boca abajo Rubén empieza a masajearle los hombros, mientras admira el redondo trasero bajo la falda.

El masaje es torpe pero entusiasta, Verónica de inmediato gime bajito en cada movimiento de las manos de Ruben, con voz insinuante le dice:

— Ay, Rubén… qué rico… eres todo un experto… también tengo mucha tensión en otra parte…

— ¿Dónde preciosa? — Responde Ruben, mientras Verónica se gira.

— Aquí…— Le coge las manos y las lleva directamente a sus enormes tetas, apretándolas contra ellas.

Rubén creyéndose el mejor seductor del mundo la besa directamente, metiéndole la lengua, agitándola sin sentido, Verónica solo piensa en lo torpe que es aquel hombre, si su masaje era malo, sus besos eran peor; pero polla es polla, y susurrando ya desesperada le dice:

— No hay tiempo para juegos, Rubén… fóllame ya, rápido y fuerte, mi coño no puede más… te necesito dentro.

Rubén atónito al principio, pone una sonrisa triunfadora.

— Joder… siempre supe que eras de las que buscan una buena revolcada… ven aquí con tu papi.— le sube la falda y le baja la tanga de un tirón a Verónica, mientras se baja la cremallera del pantalon.

La polla de Rubén es desagradable, con olor fuerte a sudor acumulado, vello púbico descuidado, le separa las piernas y la penetra de una embestida:

— Qué coño tan apretado… no parece que seas madre de dos… joder…— Le saca las tetas de la blusa, las aprieta fuerte, chupa los pezones con su boca babosa.

Verónica gime de alivio, el coño por fin lleno, Rubén la folla con embestidas rápidas y descoordinadas, sudando como un cerdo, respirando agitado en su cuello, claramente ninguna mujer le daría una oportunidad con ese físico y esa actitud; pero Veronica es diferente, gime de placer, se vuelve loca al sentir una polla dentro de ella, no es ni de cerca la mejor; pero le sirve.

— Toma, puta… siempre supe que querías mi polla… te follo como nadie… gime más… soy el rey…— Ruben no para de hablar y decir tonterías, mientras su nariz hace sonidos como de cerdo

Dura poco, eyacula dentro con un gruñido, como el de un animal, y suelta chorro caliente y abundante dentro del coño de ella. Al terminar, saca su polla flacida, llena de fluidos, y se limpia con la tanga de Verónica, Rubén la guarda en su bolsillo y dice:

— Me quedo esto de recuerdo, guarrita, para no olvidar lo deliciosa y excelente folladora que eres. — mientras agarra uno de los pezones de Verónica.

Ella se hace para atrás y se arregla rápido, se limpia con una toallita húmeda y ya con el coño calmado le dice:

— Gracias Rubén, necesitaba eso, tu eres muy… — le da un beso en la mejilla y sale contenta, Verónica no tenía nada bueno que decir de la actuación de él.

Camina hacia el coche, contoneándose otra vez, con la ropa un poco arrugada pero pasable, no pudo tener un orgasmo; pero le basto para calmarse. En la salida se topa de nuevo con el grupo de madres:

— ¡Verónica! Qué rápido saliste hoy. ¿Todo bien con el director y los profesores? — le dice Claudia burlonamente

Marta mirándola de arriba abajo le dice:

— Pareces algo agitada... ¿Mucho “trabajo voluntario”?

— Y tu blusa… tiene algunas manchas… ¿es café? o tal vez algo mas “espeso”, deberías tener mas cuidado “ayudando” ¿no? — Dice otra de las madres.

— Siempre tan dedicada… siempre agitada— Dice otra mas.

Verónica sin perder su sonrisa les responde:

— Chicas… solo ayudo con el viaje de fin de curso y algunas cositas de los niños. Vosotras deberíais probar, es muy… gratificante.

Claudia le responde con cara de asco:

— Claro… gratificante. Nosotras preferimos no entrar tanto, no queremos que se “malinterprete” nuestra presencia en los salones… no esta bien que una dama este tanto tiempo sola entre tantos hombres.

— Bueno… cada una hace lo que puede, no importa lo que piensen las demás personas… siempre lo hago por el bien de la escuela ¡Que tengáis un buen día, chicas! — Se va, dejando al grupo murmurando más fuerte.

Sube al coche, arranca, y sonríe, porque su vida secreta funciona perfectamente, y nadie, pero nadie puede probar nada… aún.