Xtories

Camino a la boda de mi ex-amante

Ella prometía ser respetable, pero en la oscuridad de su cama pidió dolor, sangre y que le rompieran el culo. Marcos, sin nada que perder, le dio exactamente lo que pidió, sabiendo que al amanecer ella volvería a ser la novia perfecta de otro.

Werther Pipe8.6K vistas

13-Agosto-2015

Recuerdo todavía sus manos delgadas desplazándose sobre mi cuerpo como dos girasoles mustios en un inesperado amanecer, su boca formando arcos y bóvedas en las que se mudó el silencio que de madrugada era una simpática nube de vaho grisáceo. A día de hoy, y han pasado años de esto que les voy a contar, recuerdo todavía como se marchó por la escalera de mi piso con el mismo ritmo asíncopado de la lluvia. Mi nombre es Marcos Heredia Gálvez, nací en un barrio del sur de Madrid en torno a verano de 1979, estudié ingeniería tres años hasta que comprendí que no tenía ni el talento ni mucho menos el interés para acabar la carrera, terminé por abandonar los estudios superiores en el 94. En aquel momento me mantenía por la pensión de orfandad que recibía desde que mi padre generosamente decidió morirse durante una misión en el ejército. No murió en combate, simplemente una noche el corazón en huelga de tomar más speed se le paró. Después del incidente del Numancia y la polémica intervención en el golfo el gobierno no tiraba cohetes por reconocer que un yonqui alistado de mala manera había sido otra de las bajas de la guerra del golfo, nadie lo mencionó jamás, pero una pensión suficiente llegaba a casa de mi madre y eso nos servía. No he trabajado nunca, he hecho apaños y he movido pepas. Me queda en un pasillo del cerebro un rincón iluminado de conciencia donde queda escrito que nunca hice llorar a mi madre, nunca he pasado caballo y nunca he chuleado putas. De hecho, nunca he estado con una prostituta (de cliente por supuesto, de novio alguna vez se ha dado). Un colega de la universidad que era un golfo y que me llamaba amigo por que le dejaba la cocaína ligeramente más barata que su proveedor habitual me convenció para comprar bitcoins allá por 2011, me prometió que tenía futuro. Por extraño que parezca tenía razón y ahora el se encarga de gestionar ese dinero y yo me dedico a poca cosa, a nada realmente. De vez en cuando le veo y me invita a tomar algo por "Los buenos tiempos". Supongo que siente una suerte de pena o de responsabilidad hacia mí, como sea cada lunes primero de mes llega a mi cuenta la misma cantidad de 2000€.

Por las mañanas duermo, por las tardes leo tanto como me permite la cabeza, por las noches solo me queda recordar. Tengo una excelente memoria, sospecho que de no haber abusado de los porros sería aún mejor pero el médico me dice que no hay daños graves. Recuerdo manos, recuerdo caras, recuerdo matrículas y colores de coches, recuerdo voces y canciones, recuerdo los amantes que las blandían. Solo recuerdo por la noche, cuando la sombra se funde en el asfalto y entonces la imagen proyectada por las personas en el suelo pasa a ser el recuerdo, cuando no hay luz para indicarme quién está y quien no.

Siento si me pongo algo melancólico, se que están aquí para masturbarse y pido que me disculpen no tengo con quién hablar más que con mi madre. Os intento introducir lo mejor que puedo a los hechos pues justo ahora escribo el documento que ustedes están leyendo rumbo a la boda de la mujer que en un momento conocerán. Quizá como expiatorio para no entrar con cargo de conciencia, quizá para revivirlo y duplicar mis cargos. No tengo coche pero sí tengo un trayecto de bus de ocho horas hasta Barcelona y batería suficiente en el móvil como para poder narrar la serie de encuentros que tuve del 1994 al 1995-1996 con Marina. Gracias por leer lo que tengo que decir.

Conocí a Marina en la universidad, fue la única persona que se sentó a mi lado en última fila y por supuesto de las únicas mujeres que había en aquel entonces en una escuela politécnica. Quizá lo hizo por simpatía, quizá por llegar tarde, quizá lo hizo por las pintas que llevaba en aquel momento con la cabeza rapada y las orejas perforadas, en definitiva lo desconozco, solo sé que llegó en silencio y me sonrió. No sería absurdo decir que fue en ese momento en el que perdí completamente la cabeza por ella. Nunca he tenido mala suerte con las mujeres y a mis veintidós años de edad había follado más que el resto de ingenieros de mi clase, pero jamás había visto mujer como esta. Marina era una chica algo más alta que yo, rondando el metro setenta y siete, tenía el pelo liso como láminas rubias de luz estriada o como las vetas de la madera clara que a veces dejaban tiradas en el taller los del módulo de carpintería. Era una chica delgada, tenía los brazos finos y largos y la espalda ancha coronada en su frente por dos clavículas trazadas con escalpelo casi. Sus ojos eran una mezcla de césped mustio y de caballo.

"Hey, que te empanas" Chasqueó los dedos delante de mi cara, me había quedado absorto.

"Perdoname, apenas he podido dormir" Solía tener más labia con las mujeres pero mi lengua es traicionera y solo resulta de uso con aquellas que verdaderamente no me gustan tanto. "Un placer, soy Marcos"

"Marina" Me dió dos besos en las mejillas. Dejó tras de sí una estela vibrante de tabaco de liar y de perfume. "No te había visto antes por clase ¿Eres nuevo o solo pasas?"

Enfoqué de vuelta a la pizarra para no clavar mi mirada en los dos puntos simétricos que acababan de brotar en su pecho, la jamba no llevaba sujetador puesto. En la pizarra vi ecuaciones de antenas y suspiré, me daba totalmente igual.

"Simplemente paso" Dije intentando hacerme el duro y a su vez que mi mente no comenzara a pedirme investigar más sobre sus pechos "La ingeniería es para pringaos"

Frunció ligeramente el ceño.

"Mi novio es ingeniero" Llevó la mirada hacia delante buscando entre la segunda fila al que supuse que sería su pareja.

"Mierda" Pensé. Aproveché su búsqueda para apreciar discretamente sus tetas, tendrían el tamaño de dos manzanas y eran tirando a redondas. Quedaban firmemente contenidas por el apretado jersey que llevaba puesto, bajé la mirada y vi una cintura delgada sobre un culo generoso cubierto por unos vaqueros prietos que se ceñían al muslo. Casi como si me viera se arqueó desperezándose, ofreciendome un estudio de primera sobre la forma y el tamaño de su busto, ahora que me fijaba tenía un pezón perforado. "Joder con la princesa, que buena está"

Subí la cabeza y me encontré con su mirada que me estaba esperando. Enrojecí, ella simplemente sonrió como si dijera "Me alegro de que te haya gustado". Aún ahora de adulto sigo volviéndome loco por las mujeres que no termino de encajar, por las paradójicas y contradictorias, por las que están hechas de niebla. Es posible que esta tendencia empezase con ella.

"¿Entonces tienes novio no?¿Lleváis mucho tiempo juntos?"

"Cuatro años ahora en mayo, está ahí en primera fila"

"¿El Sánchez es tu novio? Joder se las traía callando, creíamos que era tonto y fíjate que mujerón"

Os puedo jurar y he oído reír a mi sobrina, que jamás he escuchado una risa mas cristalina que la suya. El profesor pareció oírla también y lejos de apreciarlo chistó para callar al fondo de la clase.

"Si, Mario es mi novio y no le llames tonto, solo es un chico muy sensible" No entendí como dejaba que hablara así de él, como podía simplemente reírse del comentario y no levantarse y no volver a dirigirme la palabra. No lo comprendo pero es cierto que hay una cepa de mujeres a quiénes atraen los hombres patéticos. Dios los cría.

La clase finalizó poco después y ella se levantó a saludar a su chico. Antes sin embargo garabateó su número en un papel que sacó de su bolsillo.

"Viendo la poca atención que prestas a clase y que vas a dejar la universidad en dos días llámame algún día y al menos nos vemos ¿Vale?" Me dejó el papel en la mesa y un sabor extraño, dejar la universidad ¿Cómo sabía ella en qué había estado pensando dejarlo? Dirigí una última mirada a las ecuaciones diferenciales de la pizarra, a la vuelta vi como Marina besaba al lila de Mario, aproveché el momento y me marché del aula.

Fue la última vez que le vi.

Dejé la universidad a la semana y quedaba cada tanto con Marina. Fuera del trabajo, de camellar vamos, no tenía muchos amigos y dentro del trabajo tampoco era conveniente tenerlos. Por suerte el negocio florecía y eso me permitía ahorrar lo suficiente como para comprar libros y para poder sacar a Marina a merendar o al cine. Sinceramente no sé como Mario la dejaba salir conmigo, no estoy diciendo que el chaval pudiera decirle que hacer o no (le hubiera partido la cara además), ni estoy diciendo que precisamente a Marina pudiera hacerla obedecer nadie, más bien me pregunto que diría Marina de mí para que Mario no sospechase que nada raro sucedía entre ambos. Es cierto que por el momento éramos amigos (momento que no duró tanto), pero de ahí a que uno de sus amigos se la lleve a bailar y a las sesiones golfas de cine y la invite a dormir a casa cuando salía del trabajo me parecía demencial. A mí me daba igual, por que yo siempre he dicho que no estaba para novias, por que yo nunca he estado para nada, pero joder tío quierete un poco. Como he dicho dormíamos juntos, eso simplemente sucedía cuando ella salía del turno de noche del bar y en vez de ir a su casa pasaba por mi piso, llamaba y yo que estaba leyendo le abría la puerta. Muchas veces ni podía saludarme, simplemente entraba se cambiaba (tenía un set de pijama en mi casa de lo común que era que pasase la noche aquí) y se metía en la cama. Cuando yo llegaba a dormir me metía sin molestarla y, si ella estaba en una posición que lo propiciase, le daba un beso de buenas noches en la frente. He de reconocer que a veces juraría que ella se arrimaba de noche para dejarme sentir su culo pegado a mi entrepierna, pero en una cama de 1'20m tampoco se puede hacer mucho más, yo simplemente rezaba a Dios para no correrme mientras dormía y tener que explicarle porque tenía las bragas y las nalgas empapadas de mi semen por la mañana. Por suerte nunca había sucedido.

Aquella noche pintaba como todas las demás, ella libraba y había estado con sus amigas y con Mario por la mañana, lo cual dejaba disponible las horas de la noche para vernos una película. Llegó radiante a la esquina donde la esperaba para sacar las entradas en taquilla. Se había rizado el pelo y pintado los ojos y llevaba un vestido negro impecable para una ocasión que no lo merecía en absoluto. No sabía si era ella, pero ¿Qué hacía una chica con tanta pinta de niña buena en un callejón tan sórdido? Me acerqué a darla dos besos, por algún motivo echamos la cabeza los dos al mismo lado y apenas le rocé el labio con el mío.

"¡Perdón, acabo de volver de ver a mis amigas las italianas y ya sabes que dan los besos al revés!" Se rió y me dió el brazo para ir a pedir las entradas, intenté relajar el pulso. Insisitió en pagar ella y me dijo que ibamos a ver Star Wars, el capítulo dos, que era de las favoritas de Mario y que la había enganchado. "Puto subnormal, llevar a esta tía a ver pelis de marcianos que desperdicio" Yo no era el más versado en cine pero joder, que mínimo que un Berlanga o un Truffaut o cualquiera menos los yanquis esos y sus juguetitos espaciales. A veces miraba alguna de las naves e imaginaba a mi padre ahí, rumbo al desierto. Sacudí la cabeza, que el Mario hiciese lo que quisiera, el que estaba con su chica en el cine era yo. Avanzamos por el pasillo y la sala estaba casi desierta, apenas unas parejas al fondo y cuatro solitarios cada uno en una esquina, nos sentamos centrados. Las luces se apagaron y comenzó la proyección. No había visto la película antes, pero no me esperaba ver una mujer de enormes pechos y abundante vello púbico desnudarse para después azotar el culo de una años más joven que ella. Miré a Marina atónito, ella no reaccionó. "El idiota del proyector se habrá equivocado", esperé unos minutos a que cambiase la cinta. En la pantalla la primera mujer ahora felaba a un hombre gordo, de la mujer azotada no quedaba rastro. Pensé que la droga me habría cogido finalmente y se me había ido la pinza.

"Marina ¿Esto qué es? ¿Star Warras?" Pregunté intentando disimular con humor mi sorpresa.

Un hombre eyaculó dos filas más allá y se marchó.

"No... No sé, deben haberse confundido... yo... vámonos por favor"

Sin dudarlo la cogí del brazo y nos marchamos por el pasillo.

"¿Han disfrutado la proyección?" Preguntó el de las entradas

"Ni lo más mínimo, perturbado" Le espeté yo, quedando el dependiente con una cara de confusión. No es que fuera lo peor que había visto pero me habían jodido la cita.

Llegamos a mi piso unos veinte minutos después, ya eran las dos de la mañana y hasta yo, que casi era un animal nocturno, estaba cansado. Marina dejó caer su bolso y se sentó en mi cama con cara de verdadera tristeza.

"Marcos de verdad que lo siento, no lo sabía yo solo quería ver una peli contigo" Tenía la voz trémula, su preciosa voz temblando por aquellos idiotas.

"No pasa nada mi cielo, de verdad. Vamos a dormir, no te preocupes" Asintió con la cabeza y se fue al baño, asumo que a cambiarse. No soportaba la idea de que llorara, es extraño, nunca me había visto haciendo esos comentarios a una chica "mi vida", "mi cielo". Marina tenía la habilidad de sorprenderme. Miré sus tacones y fui a recoger el bolso que se había caído, de él salieron las entradas. Las cogí y miré el nombre, para mí sorpresa no ponía Star Wars si no "El correccional de placer de Doña Dolores". Tuve que volver a leerlo, después otra vez. ¿Marina había cogido las entradas a propósito?¿Nos había llevado a una porno a voluntad propia?

"Marcos la cremallera no baja" Dijo gritando.

"Marina los vecinos por favor" Intenté hacer que gritase menos, mi vecina del segundo tenía muy mal dormir. "Ven aquí y te ayudo"

Se sentó delante de mí, nunca había visto ese vestido, di la luz de la mesilla y agarré con las manos fuertes la cremallera. Ella tensó los hombros, estaba nerviosa, yo fui con cuidado bajandola no quería romper el cierre de su vestido. La espalda se le iba descubriendo con la lentitud con la que se descubren las verdades. Paré cuando asomó la primera línea de encaje negro de su ropa interior. No me había dado cuenta pero el silencio era total. Impuse mis manos en sus escápulas y sentí un escalofrío, las deslicé por debajo de los tirantes asfixiado de deseo. Ella puso su mano sobre la mía y me detuvo.

"A partir de aquí puedo yo, amor" Dijo

"Por supuesto, perdona" Hice el amago de apagar la luz para darle intimidad como solíamos hacer. Me detuvo.

"No me importa que me veas Marcos"

Sin dejar que lo pensase se levantó y tiró ambos encajes a los lados de sus hombros. Descubriendo un torso blanco y sus dos pechos redondos cubiertos por sus pezones grandes y rosados, las areolas cubriendo buena parte del pecho en sí, los pezones grandes y duros perforados por el piercing. Bajó el vestido por el abdomen y se lo quitó de las piernas, las bragas no tardaron en seguirlo. Quedaba así desnuda delante de mí, con el sexo expuesto y solo cubierto por pelo, escoltado a cada lado por sus grandes muslos. Se llevó los dedos al monte de venus quizá con la excusa de acomodarse y pude en ese movimiento ver los rosados labios de su vulva. Se acercó a mí en dos pasos y se inclinó sobre mi cuerpo. Me sususrró:

"Marcos, estás sentado sobre mi pijama"

Me levanté y se apartó, abrí la boca pero no dije nada. Ella no cogió su ropa, simplemente apagó la luz.

"Ahora sí prefiero que no me veas, tumbate, vamos a dormir"

Me tumbé junto a ella y no le dije que tras tantos años entre insomnios puedo ver con claridad en lo oscuro. Claridad suficiente como para ver como su mano se dirigía a la cintura de mi pantalón y comenzaba a bajarlo. Quise decir algo pero comencé a notar que me daba piquitos en la cara y posteriormente en la boca. Me bajó los pantalones por las rodillas y comenzó a acariciarme el miembro por encima de la ropa. Cuando se hartó me lo cogió directamente y me comenzó a pajear muy suave. Supongo que no esperaba mi tamaño, por que la oí tragar aire cuando la abarcó entera, no tenía las manos pequeñas pero sé que soy dificil de masturbar. Me acariciaba la punta del pene por la zona de la uretra bajando por el frenillo, con su meñique hacía presión en la punta de mi uretra como queriendo introducirlo. Yo comencé a jadear cada vez más profundo. Ella se cansó y bajó la cabeza, notaba su aliento calido soplarme en los testículos, puso la punta de su lengua en la base de mi polla y subió humedeciendola de saliva. La habitación cada vez olía más a sexo, alcanzaba a ver como se frotaba la vulva como una poseída. Fui a acariciarle las tetas pero no me dejó, me mordió a cambio el glande con suavidad.

"Marcos de eso nada, soy una mujer respetable" Me mordió el pene otra vez para sentirme temblar del dolor y el placer y añadió "Y nii una palabra de esto"Solo respondí "Sé lo de las entradas"

Quizá al oírme le pudo el morbo de saber que la había cazado en su plan de seducirme como por accidente, por que sus esfuerzos se redoblaron y los sonidos que brotaban de su frenética masturbación se multiplicaron en intensidad y frecuencia. Se metía mi polla tanto como podía la pobre en la boca hasta que la hacía pegar arcadas, tosiendo y dejando espesos charcos de babas en mi pubis, emborronando su delicado maquillaje totalmente sumida. Sentía su mandíbula dislocarse para intentar encajar más de mi tronco en su boca y casi diria que le ponía y le frustraba a partes iguales no poder devorarla entera. Cuando sentía que se asfixiaba la sacaba de la boca y se entretenía con mi glande.

"Marina me corro, si sigues me corro"

Bajó el ritmo, llegando casi hasta la parada completa. Me besó en la boca y se apuntó mi pene a la cara interior de sus muslos. Abrochó ambos muslos a los lados de mi polla y de dos culetazos me hizo correrme. No creo haber eyaculado tanto en mi vida, le dejé el coño perdido de semen espeso, se le escurrió muslo abajo hasta manchar la parte de arriba de su pijama. Se recolocó en la cama y me tumbó encima de ella, se untó los dedos de mi espesa corrida y lo saboreó. Quedó un rato deleitándose del sabor, del pensamiento de tener el semen de otro hombre en la boca y en la vulva. Después unto otra porción y me dijo:

"Abre la boca". Por supuesto lo hice, me dio a probar de mi esperma y me besó con fuerza supongo que víctima de la soberana excitación que le causaba la imagen.

"¿Es tu primera vez con otro?" Pregunté, no me creía que fuera la segunda persona del mundo en probar aquello.

"Es mi primera vez a secas, te he dicho que soy una mujer respetable, no tendré sexo antes de casarme"

Aprovechándose de la diferencia de altura me cogió y me abrazó. Preparada para dormir.

"Quiero que te duermas chupandome, Marcos" Se untó lo que quedaba de semen en sus tetas y me arrimó la boca. Empujó mi cabeza a su pecho como yo empujé la suya a mi cadera, saboreé mi semilla y mordí su enorme pezón (sin piercing), al rato me quedé dormido. Por primera vez en años cerraba los ojos antes de las 3:00.

Por la mañana no encontré a nadie, solo quedaban sus bragas embadurnadas de leche con una nota que decía "Llámame".

Quizá no me creáis del todo cuando os diga que los días posteriores se siguieron con total naturalidad, es más que apenas la vi. Es cierto que la llame a la hora de la comida pero no hizo mención ninguna a lo sucedido, tampoco yo hice por decirle nada sospechaba que Mario pudiera estar a la escucha. Simplemente me dijo que le había gustado mucho la sesión de cine y que en un futuro volveríamos a ir juntos. Es cierto que ese futuro fue más lejano de lo que ninguno de los dos pensábamos, pasó un año entero antes de que la volviera a ver.

Lo malo de ganarte la pasta de una manera tan alternativa es que acaba por gustar. Imaginaos, despiertas por la mañana a eso de las once, desayunas, fumas, te duchas y comienzan a llegar colgaos a tu piso. Les das M, les das coca, lo que quieran lo importante es que te aseguras de cobrarles. Mientras tanto lees y ves películas y solo en caso de que no te queden existencias vas a ver a los proveedores. Estos por lo general son otros más o menos desgraciados y con más o menos complejo de gángster que se creen Al Capone, pero les bailas un poco el agua mueves su producto y eso te da para comer y llevarte a la piba de fiesta. Nunca he tenido las estúpidas ambiciones de escalar en la pirámide del narcotráfico, así es como te cazan, pero no es el único modo en el que te cazan. Cuando ese día fui al polígono donde me rellenaban el cargamento una brigada de la policía me interceptó. Alguien había dado el chivatazo, no corrí, no me resistí, simplemente asentí me dejé detener y pensé en si Marina vendría a visitarme. El juzgado de guardia me envió dos años a la cárcel esa misma tarde, apenas tenían pruebas pero no me costeé un abogado y ellos encontraron un chivo expiatorio al que encerrar. En la cárcel leí, me tatué y aprendí a jugar al ajedrez, echaba partidas con un viejo anarquista que habían detenido por algo de terrorismo, murió en su celda y me quedé con su tablero pero no he vuelto a jugar.

Salí por buena conducta a los nueve meses encontraron a otros culpables más culpables que yo supongo. Mi madre me vino a buscar en autobús y me llevó a comer, me dijo que en casa había una sorpresa. Cuando llegué ahí estaba tan radiante como siempre. Tenía el pelo recogido en una coleta alta y llevaba una blusa plisada y una falda de lápiz. La puerta se cerró, corrió a darme un abrazo y no supe reaccionar. Lloraba como una magdalena.

"No me dejaban llamarte, Mario no quería que te llamara y no sabía como ir a verte sin que se enterase" Dijo sollozando.

Yo la acaricié el pelo y dejé la bolsa que trajé conmigo en el suelo. El piso estaba mucho más limpio, alguien había ordenado mis libros y había tendido sus bragas y medias en mi tendedero. ¿Se había mudado aquí mientras yo no estaba?

"Hablé con tu madre, le pedí quedarme aquí para poder vivir más cerca del trabajo, arreglamos todo con tu casero. Además así le podía hacer compañía y no estaba tan sola"

"Está bien Marina, no te preocupes" Le respondí

Nos miramos a los ojos y me acerqué a besarla pero se apartó. Entonces recordé al pusilánime con el que supongo aún seguiría ennoviada, visto que había pasado por chirona igualmente me cuestioné si debería haberlo matado al menos.

"¿No quieres que te bese?" Pregunté

"Sigo con Mario, Marcos."

"¿Acaso te has olvidado del cine?"

"Nunca lo he podido olvidar, en tu ausencia lo recordaba y lo revivía una y otra y otra vez"

No había quien la entendiese, pero a veces la vida se siente así, no sé que vería en ese Mario pero ciertamente había conseguido ponerme celoso. Eso sumado a que se había instalado en mi casa y nadie me había consultado antes, supongo que sería para asegurar las diferentes redadas que se dieron durante el juicio pero aun así. Había vuelto a mi vida en la misma nube de tumulto en la que se fue, no me iba a desesperar, no mi primer día libre. La agarré con cariño y con firmeza por los brazos, baje el tono de voz y la miré a los ojos, sus ojos verdimarrones me correspondieron en silencio. Algo cansado opté por la franqueza.

"No ha habido día en que no te recordara ni tampoco un día donde no pensara en el reencuentro. Quiero follar contigo ¿y tú?"

Se llevó las manos a la espalda y asintió con fuerza, supongo que con cierta vergüenza. No gasté un segundo en apresar sus labios con los míos. Sentía su lengua moverse con vigor dentro de mi boca, saboreando los nueve meses de ausencia. El sol se ponía en Madrid y regalaba arrebol naraja los pliegues de su blusa. Estiré la mano y azoté con fuerza su nalga para agarrarla después, ella gimió en mi boca con deseo mientras tanto usó sus manos para explorarme la espalda. Magreé su culo graso, se me escapaba de entre los dedos como un balón de voley playa, con mi mano libre agarré la otra nalga y las separé, exponiendo su ano al aire. Dios me perdonase por lo que deseaba hacer a esa mujer, pero si el también fue hombre ni explicación requiere.

"Marcos por favor hazme tuya, follame toda" Me pedía, los ojos casi llorosos de excitación. "Hazme lo que quieras pero no entres en mi vagina solo pido eso"

Cogí mis manos y agarré el frontal de la blusa, con un gesto desgarré todos los botones de los ojales dejando su torso al descubierto. Había engordado considerablemente desde la última vez que la vi, me pareció maravilloso y ciertamente razonable conociendo la comida de mi madre. Había ganado mínimo dos tallas de sujetador y ahora no llevaba el pecho suelto si no recogido en un sujetador color burdeos, allá donde en otro momento tuvo abdominales ahora se encontraba una tímida barriga con el suficiente volumen para enloquecerme. La grasa se le había ido de lleno a muslos, culo, tetas y brazos lo que era una gozada. Las tetas le rebotaron mientras tiraba la blusa al suelo y me recomponía para devorarla, bajé de la boca al cuello lo que me ganó unos profundos gemidos y un par de arañazos sobre mi cuello. Llegué a su pecho que desbordaba por encima del sujetador y lo exprimí con mis dos manos, con fuerza pero con cariño, por si acaso pregunté.

"¿Te gusta cielo?"

"Por favor no pares, se duro si quieres" Azoté sus tetas con fuerza, lo que hizo que inspirara profundamente.

"¿Así?"

"Sí, justo así"

"¿Te da Mario así?"

"Ni se acerca, con mario tengo que hacer yo todo"

Le golpeé los senos tres veces más y la besé la boca, mis manos ahora dispuestas a dejarla en ropa interior por completo. Con grandes esfuerzos luché por retirarle la falda pegada al enorme culo. Cuando lo desvestí lo vi blanco y enorme y cubierto de densa celulitis. Dios mío tenía que preñar a esa mujer. Me bajé a la altura de su entrepierna y atasqué mi nariz entre sus nalgas, inspiré su aroma tan fuerte como pude, inhalé toda su esencia. Olía a mujer, estaba completamente empapada. Comencé a besarle las bragas y a beber de su humedad a través de la tela, mientras mis dedos exploraron sus labios, gritaba del placer como una condenada. La tumbé en la cama y comencé a comerle el coño en condiciones. Pegaba mi nariz a su abundante vello mientras mi lengua hacia viajes primero chatos y anchos y finalmente puntiagudos y geométricos, ella entre tanto parecía más preocupada por morderse el labio para evitar ruidos indeseados. En un momento se encogió de piernas y con un tirón se deshizo de su brasileña, aproveché para introducir de lleno mi nariz en su ano, lo tenía totalmente liso y suave, comencé a darle puntadas con la lengua para penetrarlo.

"Por Dios Marcos no pares, Marcos no pares" Introduje suave y firme la lengua entera dentro de su culo y mis dedos índice y corazón en su chorreante vagina. Una vez dentro los moví haciendo eses para arriba. Sin avisarme sus piernas comenzaron a temblar y se cerraron con fuerza sobre mi cabeza apretando en direcciones opuestas. Era incapaz de controlar su orgasmo y a su manera lo pagaba conmigo. Cuando terminó, jadeante, me quedé muy quieto antes de besarla con suavidad, me recosté a su lado y esta vez la desplacé encima de mi cuerpo. Ella no decía nada, solo quedaba callada con la mirada perdida. Mientras tanto yo dibujaba circulos en su sujetador, el cual no le había quitado aún.

"Quiero que me folles el culo" Se resolvió finalmente. "Quiero perder esa virginidad contigo"

La idea era atrayente, pero me desconcertó que fuera su primera vez.

"¿Cómo?" Pregunté

"Quiero que me folles el culo, fuerte. Quiero que me tires del pelo y me pegues y me escupas y me lleves al límite"

Sabía que había chicas con estos gustos pero me parecía raro viniendo de Marina, la dulce Marina, la que comía con mi madre, la que había en mi ausencia colonizado mi casa. No es que yo tenga problema pero, quería saber que verdaderamente lo deseaba.

"Te va a doler Marina ¿Estás segura?"

"Quiero que duela, además puedes ir poco a poco y podemos ver, pero quiero que seas tú y quiero que me duela y que me encante"

Miré el cuerpo voluptuoso y alto que quedaba expuesto en mi cama allá donde me había dejado meses atrás. Me acerqué para besarla, usaba el mismo perfume que el primer día que la vi. Juzguen ahora ustedes si este gesto fue de sinceridad o de estupidez.

"Te quiero Marina" Le dije. "Te quiero como no he querido jamás a otra mujer"

Ella calló y se llevó mi mano al pecho. Me besó muy tiernamente y me dijo.

"Amor yo también te quiero, pero estoy con Mario"

Quizá por la alegría imposible de mi libertad pude encajar mejor el golpe, pero mentiré si no digo que una lágrima baño su rostro. Mentiría otra vez si dijera que no me bajé a besarla y recogerla, para que nada de lo sucio que tenía un hombre como yo se le pudiera pegar a una mujer como ella. Para no contagiarla de mi mugre. Un calor me trepó por las arterias angostas tiñendo de rabia la sangre a su paso

"Por favor, apriétame las tetas"

Cogí una en cada mano y comencé a masajear, primero suave, acariciando el nuevo volumen. Progresivamente fui más duro y más duro al final apretaba con la fuerza de mi mano mientras ella gemía. Eso me volvió a encender. Comencé a morderla y a besarla por la cara y por el cuello como un animal hambriento. Los bocados cada vez más atrevidos como queriendo alimentarme, con mi mano estiré del sujetador que le quedaba pequeño hasta que el broche trasero se abrió por fuerza bruta. Devoré sus tetas como una criatura, golpeando y mordiendo, dejando moratones y marcas de dientes, mordía sus pezones enormes mientras los chupaba.

"Dios mío Marcos" Sollozaba de tanto en tanto.

Fue suficiente, con un giro rápido le di la vuelta sobre su propia espalda y puse su culo en pompa. Las dos montañas de carne pálida se bamboleaban lentas, me incorporé, giré el torso, extendí el brazo y descargué con toda mi potencia un azote en su nalga que resonó en el eco de la habitación. Gruñó como un perro cuando le dí.

"Más"

Otro, esta vez alternando el brazo.

"Dame más, dame más fuerte"

El impacto del tercero fue tal que me preocupé al verla retorcerse del placer. Separé las nalgas enrojecidas por los sucesivos impactos y encontré el ano limpio mirandome. Escupí dentro para lubricarlo, por que si lo deseaba duro lo tendría duro.

"Por favor, por favor rompemelo"

Recordé los gritos del chaval de la prisión que se había encontrado en una situación similar en contra de su voluntad.

"Te va a doler"

"Quiero, que, duela"

La agarré del pelo con un fortísimo tirón, aproveché su sorpresa para embestir entero mi miembro dentro de su culo. Entró con cierta dificultad pero lo resolví con más fuerza, antes de que pudiera decir nada, lo saqué casi entero y la volví a reventar.

"AAH" mezclo gimiendo y gritando. Razonable reacción realmente.

Comencé a partirle el culo sin piedad, entrando y saliendo tan fuerte y rápido como podía. De tanto en tanto me acercaba a morderle el cuello dando tirones a sus mechones de pelo, o a escupirle en la boca para ver como se tragaba mi saliva. Colgaban puentes entre nuestras bocas cuando la besaba, momento que aprovechaba para penetrarla hasta el fondo y darle palmadas fuertes en el coño, que la hacían dar respingos y mugir en mi boca. Estaba cerca de correrme, así que aproveché las últimas embestidas para girarla a algo más similar al misionero y eyacular dentro de ella mientras la miraba a los ojos. Verdaderamente había hecho un cuadro, estaba llena de mordiscos y zonas rojas y salivazos, yo debía estar para ver también arañado y mordido. Me abofeteó la cara casi con delicadeza, como diciendo "No bajes el ritmo ahora". No lo hice dí tres golpes más de cadera con tanta fuerza como me quedaba y me pidió

"Necesito que me lo eches en el coño"

Apenas tuve tiempo de sacarla de su culo y echar la otra mitad de mi corrida, mi primera corrida digna en meses, glaseando su vulva. El aire quedaba escapando de su ano y expulsaba a chorritos mi leche. Ella estaba en éxtasis completo y yo tan cansado como nunca.

"Dámelo de comer y bésame mientras"

Hice la forma de un cuenco con la mano y fui dandole en los labios la mezcla de nuestros fluidos, ella la tomó con avidez, casi más hambre que yo. Tenía ansia. Dormimos toda la noche del tirón.

No sucedió nada notable los siguientes meses y finalmente se fue a vivir con Mario, con quién se casa mañana. Por lo que fuera prefirió a un chaval con futuro asegurado que no tuviera un registro criminal por trapichear con droga. No tuvimos más sexo después de aquel día, yo me busqué a otras y me divertí aunque nunca encontré las mismas sensaciones. Nunca encontré otra como Marina. En mis tiempos libres lo recuerdo y a veces incluso me masturbo, os dejo leerlo mientras espero la hora que me queda de llegada a Barcelona, por mi parté intentaré no recordarlo más, os dejo a vosotros con ese lastre.