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Dominaciónfeb 2026

Mis inicios en las relaciones D/s (19)

Carla no solo busca placer, sino control absoluto. Con su esclavo y una nueva sumisa, la línea entre el servicio y la dominación se difumina en una noche de fluidos, humillaciones y un orgasmo que lo cambia todo.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Mi Ama estaba plena y gozosa, Paqui le había dado lo que deseaba. Ella permanecía echada en la cama y terminándose el cigarrillo. Nosotros, dentro de la celda a penas podíamos movernos. Nuestros cuerpos se rozaban compartiendo el sudor. Paqui estaba caliente, no había conseguido el orgasmo. Yo la miraba y nuestras caras se acercaban. Miré a mi Ama e intenté calmar a Paqui que estaba muy ansiosa y deseosa de placer. Nos besamos, compartimos nuestra saliva mientras una mano mía se hacía camino entre sus piernas. No podía delatarse pues nuestra Ama nos sometería a un fuerte y doloroso camino.

¿Estáis bien mis perros?

Con dos de mis dedos frotaba su clítoris y con otro la penetraba. No debía moverse ni su cara podía mostrar el placer que sentía. Así estaba cuando mi Ama me llamó.

¡Perro, ven y atiéndeme!

Nuevamente Paqui se quedó sin el orgasmo tan deseado. Me postré a los pies de la cama y esperé.

,,¡Límpiame cerdo!

Besándole sus pies fui ascendiendo por sus sus piernas hasta centrarme en su coño totalmente mojado y lleno de fluidos. El sudor de su cuerpo ocultaba el de sus fluidos.

Cálzame que tengo que ir al baño.

En el baño y sentada en el wc escuché como sus zurullos caían en el agua. El olor era fuerte pero a mí me gustaba, era el aroma de mi dueña.

Hoy no voy a darte tu desayuno como siempre. Quiero recompensar a Paqui. Me ha hecho gozar mucho. ¡Paqui, ven!

Paqui llego andando a cuatro patas hasta el baño.

¿Qué desea mi Señora?

Quiero compensar lo bien que lo has hecho. Ha sido maravilloso. Acércate.

Carla me apartó de su lado dándome unas patadas para que ella ocupara mi lugar.

¡Fuera de mi lado perro! Ven aquí mi Paqui, quiero que conozcas y te acostumbres a mis aromas y mis sabores.

Tiró de los pelos de Paqui colocando su cara entre sus piernas.

¿Te gusta mi aroma, perra? Has de acostumbrarte a valorar todo lo que provenga de mi.

Supuse que para Paqui el olor tan fuerte a los excrementos de mi Ama iba a suponerle un gran esfuerzo. El olor era tan fuerte que hasta yo, alejado, podía olerlo.

Dame tu mano.

Carla le cogió sus manos y las introdujo en el wc, entre sus piernas. El sonido me hizo saber que estaba orinando en sus manos. Cuando terminó le mandó extraer las manos y que las llevara a su boca para lamerlas y saborearlas.

Disfruta de tus manos y sepárate de mí.

Mi Ama se levantó del wc y volvió a sentarse en el wc pero al revés, dejando su culo fuera del wc.

¡Cerdo, límpiame!

Separé sus glúteos y cuando iba acercando mi cara a su culo un sonoro peo me llenó por completo. Su olor era fétido pero me encantó poder oler el aroma interno de mi Ama. Después pasé mi lengua por su orificio anal y lo lamí por entero dejándolo muy limpio.

¡Dame la mano que me levante y colócate que me asee.

Me coloqué a cuatro patas sentándose Ella sobre mi.

Ya está. Vamos al dormitorio.

Los dos le seguimos. Allí le despojé del camisón y le puse la bata no sin antes cambiarle la compresa que como siempre estaba empapada despojé los escapes de orina de la noche y el sudor de su entrepierna.

Ya sabes lo que tienes que hacer. ¡Dásela! Ella también lo merece.

Cogí la compresa y la acerqué a la cara de Paqui para que la oliera antes de introducírsela en la boca.

Disfrútala mi perra.

Paqui con gestos de asco abrió la boca para dejar paso a la compresa. Después la empezó a masticar y a tragar todo lo que contenía la compresa.

¿Te gusta mi perra?

Paqui solo podía asentir con la cabeza.

Ayúdame a ponerme la bata y me preparáis el desayuno. Tengo hambre. Paqui, dame un cigarro.

Fumándose el cigarrillo avanzamos por el pasillo tras Ella y se sentó en la cocina mientras preparábamos su desayuno.

Me gusta veros a los dos. Acercaros.

Nos mandó estirar el brazo y para nuestra sorpresa nos colocó unas esposas quedando unidos. Nos costaba desenvolvernos estando esposados. Ella seguía fumando y mirándonos.

Me siento muy afortunada de poseeros a ambos de mi propiedad. Que estéis dedicados a complacerme y hacer de mi vida algo exento de preocupaciones y colmada de dicha y felicidad. Eso sin nombrar que no pensé que a mis años podría aspirar tener unos orgasmos tan maravillosos. ¡Cerdo, toma la colilla!

Me desplacé junto a Paqui para recoger la colilla que lanzó al suelo.

Uyyyyy, se me ha caído al suelo. Lo siento. Ja, ja, ja, ja.

Los dos nos agachamos y tras recoger la colilla lamí el suelo de la ceniza para dejarlo limpio. Volvimos de nuevo a la cocina a terminar su desayuno.

Le servimos el desayuno y unidos nos colocamos a cuatro patas para ser usados como mesa.

Perra pásale la compresa al perro para que puedas compartir conmigo el desayuno.

Paqui giró su cara hacia mí y junto su boca a la mí para pasar a mi boca la compresa que había estado masticando y chupando hasta ese momento.

-Toma mi perra, come.

Carla echaba la comida del desayuno a su mano y la acercaba a la boca de Paqui. Yo mientras masticaba la compresa que ya a penas sabía a mi Ama.

Ya podéis retirar el desayuno. Lo limpiáis todo y os espero en el salón. Antes enciéndeme un cigarrillo mi puta.

Como pudimos lo fregamos todo y unidos nos dirigimos al salón donde estaba sentada nuestra Ama terminando de fumarse el cigarrillo.

¿Estáis cómodos mis perros? Tu, perro alíviame los pies.

Carla estiró sus pies sobre el cuerpo de Paqui para que le atendiera adorando sus pies. Dedo a dedo fui introduciéndolos en mi boca y chupándolos deteniéndome entre ellos con mi lengua. Besaba las plantas de sus pies. Estaban sudados de la noche y su sabor era maravilloso.

Sigue lo estás haciendo muy bien, cerdo.

Durante bastante rato mi boca lamía, chupaba y adoraba sus pies.

¡Basta! Paqui acércate. Tu esclavo enciéndeme un cigarrillo.

Estaban las dos sentadas y yo esposado a Paqui en el suelo. Carla rodeó su cuerpo con uno de sus brazos y dándole una calada al cigarrillo exhaló el humo de su boca en la de Paqui. Su mano acariciaba sus pechos deteniéndose en sus pezones en los que clavaba sus uñas. Después tomó el cigarrillo con dos dedos y lo fue deslizando por sus pechos. Paqui comenzó a gemir muy despacio, el calor del cigarrillo le excitaba. No sabía lo que pretendía hacer Carla.

Me vuelve loca tu cuerpo, tus pechos grandes y sobre todo tus pezones tan duros.

El cigarrillo tras darle una calada y echar la ceniza en mi boca volvió a deslizarse por su cuerpo.

Deja que te bese mi puta. Me gusta tu boca caliente.

Sus bocas se unieron entrelazándose sus lenguas y mordiéndole sus labios a la vez que el cigarrillo dejó de recorrer sus pechos para detenerse en sus pezones. Para que no gritara Carla mordió más fuerte sus labios. Dos lágrimas cayeron de sus ojos. La estaba marcando con el cigarro en sus pezones.

Muy bien mi esclava. Mira tus pezones. Tienen ceniza. Ven más cerca que te la quite.

La boca de Carla atrapó su pecho y con sus labios y dientes atrapó su pezón.

Así está mejor. Mira como están los pezones de mi puta, perro.

Al mirarlos supe lo que tenían que dolerle pues ya le estaban saliendo unas pequeñas burbujas fruto de la quemazón del cigarrillo.

¿Quieres lamerlos? Seguro que te apetece hacerlo.

Procuré colocar mi boca al rededor de sus pezones, sobre las aureolas, y con la lengua lamerle los pezones mojándoselos con mucha saliva para aliviarle el dolor.

Chupa con fuerza, ¿es que no te gusta chuparlos, cerdo pervertido?, Vas a saber lo que es no cumplir mis órdenes.

Cogió el látigo y comenzó a azotarme con fuerza.

Me has cabreado, joder. Cuando yo te dé una orden la cumples, ¿entendido?

Los latigazos hicieron que chupara los pezones de Paqui con fuerza, haciendo que ésta soltara unas lágrimas por el dolor que le estaba propiciando. Ella callada me miraba y lo soportaba.

¡Sigue, esclavo!

Cuando mi boca dejaba uno de sus pechos para encargarme del otro podía ver las marcas de mis dientes en él y las burbujas que había provocado el cigarrillo de mi Ama se habían vaciado de líquido. Cada vez los latigazos aumentaban de intensidad.

Bien, espero que hayáis aprendido que a vuestra Ama y Dueña no se le desobedece. Perros de mierda. No sé qué voy a hacer con vosotros.

Los dos en el suelo y unidos por las esposas la mirábamos con alegría, era nuestra Dueña y nos debíamos por entero a Ella.

Acercar vuestras manos. Os voy a soltar. Tu perro a tu celda y tu, mi puta permanece ahí.

Me marché a mi celda. Mientras escuchaba a mi Ama hablarle a Paqui.

Paqui, tengo unos amigos con los que comparto gustos y deseos. Ambos son dominantes y bisexuales. Ella es algo sádica y a él le encanta usar a mi perro. La última vez que estuvimos juntos decidí que marcaría a mi perro. Aún no estabas tú. Ahora que si me perteneces me encantaría marcarte a ti también. ¿Qué te parece?

Para mí sería un honor llevar en mi cuerpo su marca de posesión. Gracias.

Pero, has de saber que mi idea es marcaros a fuego con un molde que encargaré. Es doloroso, muy doloroso.

No me importa. Saberme marcada de por vida me asegura sentir que le perteneceré de por vida y me dedicaré a servirla por entero. Es la vida que siempre he soñado y mi felicidad es total viviéndola así, mi Señora.

Yo también me siento muy feliz de poseeros a los dos.

Yo podía escucharlas desde mi celda. De lo que hablaban deduje que muy pronto quedaría con Carmen y su marido para concretarlo todo.

¿Quieres compartir un cigarrillo conmigo, mi puta?

Por supuesto mi Señora. Tome uno.

Esclavo ¡ven!

Me gusta que sufra viéndonos.

Llegue al salón donde se encontraban las dos sentadas en el sillón y compartiendo el cigarrillo, así como el humo que exhalaban de sus bocas. Aún llevaba la jaula de castidad y verlas así supe que muy pronto sentiría un fuerte dolor en mi polla. Mi Ama se levantó y tomando las esposas me mandó colocar los brazos a mi espalda para colocarlas.

Así está bien. Acércate más perra, quiero sentir el calor de tu cuerpo, su sudor.

Las dos eran unas mujeres ya maduras y algo rollizas lo cual me producía más morbo. Se abrazaban y mi Ama daba caladas a su cigarrillo para con el humo en su boca chupar sus pechos y pezones.

¿Te gusta mi perra? Tienes unos pechos muy lindos. Un momento, ahora vengo.

Mi Ama volvió con una cuerda larga con la que fue rodeando sus pechos fuertemente pasándola por detrás de su cuerpo y anudándola.

Así me gustan más. Mira que duros se te están poniendo y……… (con sus uñas atrapó sus pezones)…. tus pezones se están poniendo muy duros. Me estoy poniendo muy caliente puta.

Las manos de Carla apresaban sus pechos con fuerza. El color oscuro de sus pechos era algo que atraía a mi Ama. Los pellizcaba y los chupaba, ahora con más fuerza que antes. Paqui gemía a la vez que posaba sus manos sobre la cabeza de Carla.

Más, más, más, por favor. Si, más, siga así mi Señora. Mis pechos le pertenecen.

Desde el suelo pude ver como el sudor impregnaba sus cuerpos y su coño comenzaba a brillar por la excitación. Me puse de rodillas con la cara muy cerca de su coño que ya emanaba un olor muy excitante. Una de sus manos abandonó el pecho de Paqui y se posó sobre mi cabeza.

Ya sabes lo que tienes que hacer, cerdo.

Su coño rezumaba un olor muy fuerte, mezcla de su sudor y del flujo de su excitación. Deslicé muy lentamente mi lengua de abaja hacia arriba degustándolo todo. Su mano presionaba más y más conforme la excitación iba en aumento. Paqui inició unos gemidos que unidos a los suyos provocaron que me excitara y por consiguiente el dolor de las tachuelas.

Sigue, sigue mi Señora. ¡Que placer, mi Señora!

Sus cuerpos se fundían en uno resbalando las manos por sus cuerpos dado el sudor que los impregnaba. Ahora mis labios atraparon los suyos. Era tal su excitación que la cantidad de flujo parecía que estaba orinando. Paso un buen rato de lamidas, besos, apretones hasta que ambas alcanzaron su orgasmo. Fue Paqui la que cogiéndome del pelo…..

Para ya y deja a tu Ama descansar.

Realmente me separo porque la deseaba para ella sola. Así al separarme llevó su mano entre las piernas de mi Ama y comenzó a frotar sus labios muy suavemente. Al sentir que gemía sus dedos se fueron introduciendo entre los labios mayores para desaparecer por completo dentro de su coño.

Así me gusta que goces mi Señora Carla.

Poco a poco fue introduciendo uno tras otro los dedos de su mano a excepción del pulgar que lo dejó pegado al clítoris.

Si, si, vas a saber lo que es gozar conmigo.

La voz de Paqui no era la de la sumisa sino que ahora estaba mostrando su inclinación dominante.

Así, separa las piernas más y tu, perro, coge sus tobillos para que no pueda cerrarlas.

Por favor Paqui, no sigas. Es mucho para mí, de verdad.

Paqui hizo caso omiso a sus palabras. Ahora la intensidad aumentaba, sus dedos entraban y salían con rapidez y su pulgar frotaba su clítoris de manera desenfrenada. Mi Ama intentaba cerrar sus piernas pero mis manos se lo impedían. Esto sabía que me podía suponer un fuerte castigo. Se retorcía en el sillón de placer.

Paqui, te lo ordeno, para por favor, no puedo más.

Pararé cuando te oiga gritar como una posesa.

Los minutos se hacían eternos. Nunca antes había visto a mi Ama así. Se retorcía, se contoneaba y sus manos atraparon sus pechos apretándolos con fuerza.

¡Yaaaaaaaaaaaaaaa, síiiiiiiiiiiii, bastáaaaaaaaaaaaaa!

Carla quedó estirada en el sillón exhausta, sin fuerzas y con sus piernas mojadas de flujo. Sin duda había sido un orgasmo como nunca pude imaginar que lo alcanzara. Le encendí un cigarrillo pero no tenía fuerzas ni para cogerlo entre sus dedos. Fui yo quien se lo acercaba a su boca para que le diera una calada. A penas podía chupar el cigarrillo. Paqui y yo permanecimos arrodillados a sus pies observándola. El sudor corría por su cuerpo y el flujo se escapa de entre los labios de su coño. El silencio era lo único que se podía escuchar. Hubo de pasar un buen rato para ver que mi Ama intentaba incorporarse en el sillón. Tomo el cigarrillo de mi mano y fumó más sosegada

Eres muy puta mi perra. Te das cuenta como me has dejado zorra.

Espero que haya sido de su agrado, mi Señora.

Sí, ha sido de mi agrado, he gozado y disfrutado como nunca lo había hecho. Pero……. ¿Crees puto perro que tu comportamiento obedeciendo a Paqui en lugar de velar por mí ha sido correcto?

Solo pretendía que Usted gozara lo más posible, mi Ama.

Se te ha olvidado que tu solo tienes que obedecer. Eres un puto esclavo y no tienes derecho a pensar. ¿Lo has entendido?

Si mi Ama. Perdóneme Usted por haberlo pretendido. Sé que no tengo ningún derecho a pensar, solo obedecerle.

Pues, entonces, comprenderás que el haber pensado sin tener derecho a ello ha de corregirse de una forma contundente.

Si mi Ama, sé que merezco lo que Usted disponga para mí como correctivo.

Así me gusta. Ahora vas a traer la capucha.

Le traje la capucha que colocó sobre mi cabeza dejando solo abierta la abertura de la nariz para respirar. Oí unos tacones alrededor de mi. ¿Sería mi Ama o Paqui?. Unas manos me cogieron y me llevaron hasta la habitación que lo supe al escuchar abrirse una puerta. Allí me ataron las manos y los pies a la cruz. El repiqueteo de los tacones se alejaron. Seguramente se habían sentado en el sofá que había. Escuché un mechero para encender un cigarrillo. No les oía decir nada. De nuevo unos tacones se acercaron a mí pasando unas uñas por mi espalda. Solo escuché alejarse de nuevo los tacones y el silbido en el aire me hizo suponer lo que me esperaba.

Uno tras otro el látigo iba impactando sobre mi cuerpo muy duramente. El correctivo estaba siendo duro pero sabía que no podía quejarme. Fueron veinte latigazos que llenaron de dolor mi cuerpo.

Muy bien, espero que sea suficiente.

No podía responder por la máscara que me cubría. Ahora Ella hablaban mientras fumaban un cigarrillo.

¿Qué te ha parecido?, ¿te ha gustado?

Mucho si. Me he puesto chorreando. Hacía tiempo que no sentía algo así.

Unos tacones se acercaban a mi. Sus manos soltaron mis manos y mis piernas y me llevaron para sentarme en el suelo. Allí mi Ama Carla me quitó la máscara de la cabeza.

¿Quién crees que te ha aplicado el correctivo?

Usted mi Ama.

Ja, ja, ja, pues te equivocas. ¿Verdad que si, mi puta?

He sido yo, te has equivocado. Y mira como estoy de excitada conforme te daba cada latigazo.

No me lo podía creer. Esta vez los latigazos fueron muy fuertes desde el primero hasta el último. El dolor era insoportable.

Continúa en