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Dominaciónfeb 2026

Mis inicios en las relaciones D/s (18)

Carla no solo te tiene a ti como su perro, sino que acaba de traer a una nueva perra para que aprenda su lugar. Mientras tú lamas sus botas y tragas sus desechos, ella observa cómo la novata descubre que el placer es un privilegio que ella decide conceder o negar.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Ya sin la máscara me dediqué antes de coger la fregona a lamer la orina del suelo ante la mirada de mi Ama Carla. Las marcas escocían mucho pero no podía quejarme o la enfadaría. Los insultos despectivos salían de su boca mientras lamía el suelo y escupía sobre lo que estaba limpiando.

Así te será más fácil limpiarlo. Ja, ja, ja. Cuando termines vas y me preparas la cena, tengo algo de hambre.

Terminé de limpiar el suelo y me fui a la cocina a preparar la cena tal y como me había ordenado.

Aquí tiene mi Ama. Espero que le agrade lo que le he preparado.

Me coloqué como siempre junto a Ella para que pudiera usarme como una mesa. La escuchaba masticar y de vez en cuando tomaba de su boca comida masticada y acercaba su mano a mi boca para que lo tomara como el perro que me consideraba.

Supongo que tendrás hambre mi perro, ¿verdad?

Si mi Ama, gracias.

Lo que acercaba a mi boca con su mano estaba bien masticado y con bastante saliva de su boca que yo tomaba con agradecimiento. Al terminar le encendí un cigarrillo y me fui a la cocina para fregarlo todo volviendo de inmediato a sus pies.

¿Estás impaciente por lo que te espera mañana, mi perro?

Si, mucho. Nunca imaginé ser compartido.

Disfrutarás, te lo aseguro. He estado hablando con ella y ya me ha dicho todo lo que le gusta como buena dominante que es. Ahora he de enseñarle a ser una buena sumisa. Voy a ser muy afortunada teniéndoos a los dos.

Cuando terminó su cigarrillo se levantó y cogió mi correa para que la acompañara al dormitorio. Allí fue primero al aseo para lavarse los dientes.

Abre la boca que he terminado.

Tras cepillarse los dientes se enjuagó varias veces la boca echándolo todo en mi boca para que lo tragara.

¿Te sabe bien?

Si mi Ama, muchas gracias.

Ahora échate que tengo que orinar.

Me tumbé en el suelo del baño y abrí mi boca. Ella se posó sobre mí dejando su orificio uretral sobre ella.

Traga rápido que tengo bastante orina para ti.

Los chorros intensos de orina caliente fueron llenando mi boca que tragaba sin cesar. Después pasé mi lengua por los labios de su coño para limpiarle y secarle los restos de orina.

Muy bien ahora ayúdame a ponerme el camisón.

La desvestí muy despacio admirando su cuerpo desnudo. Le coloqué el camisón y esperé.

Ya puedes irte a tu celda, mi perro. Te espera un día muy ajetreado.

Me fui a mi celda después de arroparla en su cama.

Buenas noches mi Ama.

El día se inició como de costumbre. A la hora indicada me acerqué a su cama me introduje bajo las sábanas besándole sus pies.

Buenos días perrito mío. He tenido una noche de muchas fantasías que quiero llevarlas a cabo. Pero será cuando tenga a la nueva perra Paqui en casa. Ahora cálzame que tengo que ir al baño.

Las mañanas siempre recibía como primer desayuno sus meados de toda la noche. Era una orina abundante y muy caliente que tomaba con gusto y ansias. Me arrodille y le calcé sus zapatillas de estar por casa con mucho cariño y besándoselas.

¿Te gustan mis meados cerdo? Te los doy calentitos.

Mucho mi Ama.

Vayamos al salón y me preparas el desayuno. Hoy quiero que tomes esto mientras desayuno.

Vi que una de sus manos la introducía en su braga y extraía la compresa que había llevado toda la noche y que estaba empapada de los escapes de orina de la noche.

Abre la boca.

Con la boca abierta introdujo la compresa en mi boca. Era una gruesa compresa que a penas cupo en mi boca.

Chúpala y la masticas bien, así te cabrá mejor en la boca y la saborearás mejor.

Mientras Ella se encendía el primer cigarrillo de la mañana sentada en el sillón yo chupaba la compresa en el interior de mi boca chupándola y tragando todo su flujo y orina, y le preparaba el desayuno. Se lo serví colocándome a modo de mesa para que desayunara.

Estoy impaciente por terminar e ir a recoger a mi putita Paqui. ¿Tú también?

Claro que si, mi Ama.

Terminó su desayuno y mientras lo llevaba a la cocina se encendió un cigarrillo. Hoy no desayuné nada más que su orina. Hoy no probé sus sobras. Me llamó para traerle la jaula de castidad y el plug inflable.

Tengo que colocarte todo esto porque ya sabes que no quiero que se repita lo del otro día.

Tomó mi polla y la masturbó varias veces. Me colocó la jaula y cerró el candado. Después me puse a cuatro patas ofreciéndole mi culo para que insertara el plug. Lo infló más que otras veces llenando mi ano de él y así impedir que pudiera salirse.

Bien, ya podemos ir al dormitorio.

Al llegar me mandó ponerme la faja que sujetara la pera del plug. En los pezones me colocó unas pinzas y me dio un sujetador de los suyos para ponérmelo.

Ponte esos pantalones y la camisa abierta. Voy a arreglarme y te necesito.

Tiró de mí hasta el baño haciéndome adoptar la misma posición que en el desayuno. Se sentó sobre mí y se dedicó a pintarse los ojos, los labios y peinarse. Yo la admiraba mirándola de reojo. Estaba guapísima.

Ahora me das el abrigo largo. Me apetece ir desnuda y solo que me cubra el cuerpo el abrigo. Tráeme las botas altas.

Ya vestidos y antes de salir me colocó el collar en el cuello y salimos al garaje para ir a recoger a Paqui. Por el camino el humo de su boca lo envolvía todo procurando yo no excitarme por el efecto doloroso que provocaría en mi polla la jaula. Ella no dejó de pasar su mano por mi pantalón provocándome una excitación que yo no quería pero sus caricias y apretones la provocaron haciéndome sentir el dolor que tanto le gustaba.

Me gusta que me respondas así. ¿Te duele, mi perro? Ja, ja, ja.

Llegamos a casa de Paqui y al abrir la puerta ella estaba arrodillada y saludándola con la cabeza agachada contra el suelo ofreciéndole un collar y una correa. A mí a la vez me había enganchado la correa al collar.

¡Me gusta como me recibes, perra!

Pasamos al salón yendo los dos tirados por las correas de nuestros collares y tras Ella. Podíamos admirar sus botas y el repique de sus tacones. Allí se sentó en uno de los sillones y se encendió un cigarrillo mientras cada uno de nosotros lamíamos y besábamos sus botas, adorándola como solo Ella se merecía.

Siéntate a mi lado mi perra y tú sigue lamiendo mis botas.

Paqui se sentó a su lado. Mi Ama le desprendió la bata que llevaba puesta dejándola completamente desnuda.

Eres una hembra muy hermosa. Me gusta tu cuerpo.

A la vez que le hablaba iba recorriendo con sus manos el cuerpo de Paqui, deteniéndose en sus grandes pechos y atrapando con sus dedos cada uno de sus pezones. Paqui sabía que no podía expresar el dolor ni el placer sin su permiso.

Así me gusta que seas, sumisa y complaciente con tu Ama.

La boca y los labios de mi Ama recorrían su cuerpo sin que sus dedos se separaran de sus pezones, retorciéndolos y estirándolos.

Mi Ama Carla cuanto deseaba verla de nuevo. Más, por favor.

Paqui le pedía que la intensidad de la tortura en sus pezones fuera mayor.

No seas impaciente. Tendrás más solo cuando yo lo desee, ¿entiendes, perra?. Ten en cuenta que como perra mía que eres no tienes derecho a pedir solo a aceptar y a obedecer mis deseos y mis gustos. Ahora arrodíllate ante mi.

Mientras yo seguía adorando sus botas mi Ama se desabrochó el abrigo de cuero largo que la cubría mostrándole su cuerpo desnudo. Se encendió un cigarrillo y señaló con sus dedos su coño.

¿Sabes lo que tienes que hacer puta perra?

Paqui sin contestar colocó su cara entre sus piernas para con su lengua lamer sus labios y adentrarse en su coño mojado y lleno de flujo.

¡Chupa bien! Ya sabes cómo me gusta que lo hagas.

Mientras Paqui lamía el coño de su Ama está se inclinó hacia adelante posando sus manos sobre el hermoso culo de Paqui. Dio una calada al cigarrillo, echó el humo sobre mi e introdujo un dedo en su ano moviéndolo, girándolo e iniciando un mete y saca. Tras unos minutos así saco su dedo y lo acercó a mi boca que aún estaba lamiendo sus botas.

¡Chupa mi dedo y saborealo, cerdo!

Deje lo que estaba haciendo y abriendo mi boca atrapé su dedo entre mis labios para chuparlo. Estaba impregnado de algo sólido que al chuparlo y saborearlo supe que eran restos de excrementos de Paqui.

Así me gusta. Tenía que darte algo de desayunar que solo has tomado ese “zumo” esta mañana.

Con su dedo dentro de mi boca lo chupé con deseo a la vez que mi Ama emitía unos gemidos cada vez más fuertes. Paqui chupaba su coño y con la punta de su lengua golpeaba su clítoris.

¡Muy bien puta, sigue así!, ya, ya, sigueeeeeeeee.

Sacó el dedo de mi boca y apartó a Paqui empujándola para que se apartara de Ella. Los dos quedamos tirados en el suelo junto a Ella. La mirábamos con admiración. Su respiración era aún agitada por el orgasmo conseguido.

Paqui, mi puta, levántate.

Paqui, desnuda por entero permanecía frente a Ella sin saber qué hacer.

Tu también, perro.

Ahora estábamos los dos de pie, desnudos y mirándola. Mi Ama me hizo girar y ya de espaldas extrajo el plug desnudos mi culo y me lo dio para que lo limpiara y lo lubricara. Lo metí en mi boca y lo fui chupando para dejar después una gran cantidad de saliva en él. Así, se lo di a mi Ama.

No, no me lo des. Quiero que se lo introduzcas en su culo.

Paqui se inclinó hacia adelante dejando su hermoso culo sobresaliendo. Le separé sus glúteos y volví a escupir sobre el plug para así ir introduciéndolo muy despacio en su ano. Una vez dentro mi Ama me pidió que le diera la pera de inflarlo.

Dámela, yo se lo ajustaré. Ahora mi putita vas a sentir como se llena tu cuerpo a mi capricho.

Lo fue inflando a la vez que con su otra mano le frotaba el clítoris y lo pellizcaba. Las piernas de Paqui comenzaron a temblar de lo que le hacía sentir mi Ama.

Bueno, es hora de marcharnos. Tu coge sus maletas y las llevas al coche. Cuando vuelvas nos iremos juntos los tres.

Ya está todo en el coche mi Ama.

¡Bien! Agacharos que os ponga vuestro collar. Me gusta que lo llevéis siempre.

Con el collar alrededor de nuestro cuello salimos de casa de Paqui hasta el coche. Una vez dentro nuestra Ama enganchó las correas a nuestros collares y de otro lado las sujetó a los asientos. No nos podíamos mover. Ella se sentó junto a Paqui en el asiento trasero. Yo podía verles por el retrovisor. Carla le acariciaba la cara a Paqui besándola y uniendo su boca a la suya.

Paqui, vas a ser muy feliz conmigo. No te arrepentirás. Gozaremos mucho la una de la otra y podrás desarrollar tu inclinación de dominante.

Llegamos a casa, bajé del coche y ayudé a que bajara mi Ama. Después bajó Paqui. Yo llevaba la maleta que había preparado Paqui. Le costaba andar dado el plug que llevaba insertado en su ano. Carla lo había hinchado bastante. Ya en la puerta de casa nos detuvimos. Abrí la puerta y nuestra Ama nos mandó echarnos al suelo a cuatro patas antes de entrar. Algún vecino podía salir y vernos.

Bien, ven bienvenida a tu nueva casa mi perra. Aquí disfrutarás de tu sumisión sirviéndome en todo momento. Este perro te irá enseñando mis gustos y mis manías. Ja, ja, ja. Has de saber que la desobediencia es algo que no tolero y me cabrea como no te puedes imaginar. ¿Verdad mi perro?, tú ya lo has visto y sentido. Desnúdate y muéstrale tu espalda.

Me desnudé por completo quedando solo con la jaula de castidad. Le mostré las marcas de mi espalda y Paqui quedó perpleja.

Vamos al dormitorio, tengo que ponerme cómoda.

Carla cogió de la mano a Paqui a la vez que le entregaba la correa de mi collar para que las acompañara. Al llegar…….

¡Desnúdanos mi perro!

Comencé por desnudar a mi Ama Carla.

Ahora dedícate a Paqui.

Las dos desnudas me ocupé de cambiar la compresa de mi Ama por una seca y limpia. Con la que le había quitado me dijo que se la diera a Paqui.

Abre la boca Paqui, te va a gustarse, te lo aseguro, ¿verdad perro?

Sí claro mi Ama.

Le acerqué la compresa caliente y empapada de una mezcla de su flujo y de orina. La atrapó con sus labios y yo con mis dedos la empujé dentro de su boca.

¡Mastícala Paqui está muy sabrosa.

Yo le coloqué las bragas a mi Ama, la descalce y al ir a ponerle su bata me dijo que no se la pusiera, que iban a acostarse un rato.

Paqui, si ya has terminado échale la compresa en la boca del esclavo para que la tire a la basura y te vienes a la cama que descansemos un rato. Tu, perro, a tu celda.

Carla, ¿lo tienes ahí encerrado?

Sí claro para que no nos moleste. Acércate mi putita te deseo mucho.

Las dos, desnudas en la cama se abrazaban recorriendo sus cuerpos voluptuosos sin cesar. Sus bocas se unían compartiendo su saliva con sus lenguas entrelazadas. A mí me costaba controlar mi excitación al llevar la jaula de castidad en mi polla. Tenía que evitar la excitación al verlas ahí pues de producirse las tachuelas se clavarían en mi polla produciéndome un fuerte dolor.

¡Que hermosa eres Paqui! Tienes unos pechos grandes que me vuelven loca.

La boca de mi Ama atrapaba cada uno de sus pechos chupándolos con fuerza y deteniéndose en sus pezones para morderlos con sus dientes. Los gemidos de Paqui no se hicieron esperar. La mano de Carla se deslizó por su cuerpo hasta colarse entre sus piernas. Paqui comprendió lo que debía hacer y las separó dejando que su mano frotara los labios húmedos de su coño.

Si, así me gusta mi perra que Colabores y hagas más fáciles mis deseos.

Si, sigue por favor.

Las manos de Paqui cogieron sus pechos para que Carla los introdujera en su boca y le provocara el placer deseado.

Toma, mi Ama. Son tuyos. ¡Mas fuerte, lo necesito!

Mientras con una de sus manos separaba los labios mayores del coño de Paqui para ir introduciéndose en su interior su boca se llenaba con sus pechos, mordiéndolos y chupándolos para arrancarles unos gritos de placer y de dolor. Las manos de Paqui cogieron su mano para que intensificara sus movimientos y la penetrara más fuerte.

Me encanta lo puta que eres. Voy a hacer de ti una zorra maravillosa.

Mi polla no podía controlarla y la excitación iba causándome ya cierto dolor. No podía dejar de mirar sus cuerpos ya sudorosos y entrelazados, gimiendo cada vez con más intensidad. Paqui había abierto totalmente sus piernas para recibir el placer que le proporcionaban los dedos de Carla que la penetraban sin cesar una y otra vez.

Así me gusta sentirte como una vulgar puta a mi servicio.

Los temblores de Paqui hacían presagiar la venida de un fuerte orgasmo. Sin embargo y de forma repentina Carla cesó de penetrarla.

No por favor, sigue. Estoy a punto de correrme, sigue, no me dejes, nooooo.

Mi Ama había impedido que alcanzara su orgasmo.

Puta perra, creías que ibas a gozar antes que yo. No olvides que eres mi perra y que estás para darme placer a mí. Tu solo lo tendrás cuando a mí me apetezca.

Mi Ama tiró del pelo de Paqui y le propinó un sonoro bofetón para a continuación y de un empujón hacer que se colocara entre sus piernas y comenzara a lamer su coño.

¡Ya sabes lo que tienes que hacer guarra!

Ahora eran las piernas de mi Ama las que abiertas por completo hacían que Paqui chupara el jugoso coño de Ella. Sus lamidas dejaban escapar unos sonidos como de chapoteo que dejaban entrever lo mojado y sudado que estaba. Ahora y mientras, debía yo soportar la presión de las tachuelas de mi jaula de castidad.

¡Perro ven y tráeme un cigarrillo!

Salí de mi celda y cogiendo uno del paquete me acerqué a Ella y se lo encendí. Sabía que le gustaba fumar un cigarrillo mientras el orgasmo iba llegándole.

¡Vuelve a tu celda perro!

Desde allí podía contemplar con deleite a mi Ama dar calas al cigarrillo exhalando el humo muy lentamente por su boca y envolviendo a Paqui mientras chupaba su coño con su mezcla de sudor, orina y demás fluidos.

¡Puta, ¿no sabes lamer un coño?! ¡Más fuerte, joder! ¡Ya estoy llegando! Massssss, siiiiiii. Ahhhhhhhhhhhh.

Había conseguido alcanzar lo que deseaba. Apartó a Paqui de un empujón y le mandó ir a la celda junto a mi.