Consolando a los perdedores [REAL]
El partido terminó en derrota, pero la frustración de Javi y Marcos necesita un desahogo más carnal. María sabe exactamente cómo convertir su rabia en placer prohibido dentro de las duchas del vestuario.
No sé si os acordáis cómo soy… os humedezco la memoria. Tengo 32 años, mido 1.71, curvy de las que captan miradas sin esfuerzo: caderas anchas y pronunciadas que se balancean con cada paso como si llevaran su propio ritmo, pechos generosos (una 95D natural, pesados y firmes, con areolas grandes y oscuras que se endurecen al menor roce del aire o de una tela ajustada, pezones rosados y ultrasensibles que siempre han sido mi punto débil), cintura marcada justo lo suficiente para crear esa silueta de reloj de arena que me hace sentir poderosa. Mi culo es redondo, lleno y alto, de los que se mueven hipnóticamente cuando camino, especialmente con leggings o shorts deportivos que se pegan como una segunda piel. Mis muslos son gruesos pero tonificados gracias a sentadillas y cardio, piel suave morena clara, pelo negro largo ondulado que cae hasta la mitad de la espalda oliendo a vainilla, ojos castaños grandes que pasan de inocentes a depredadores en un segundo, y labios carnosos pintados de rojo que han sido mi arma secreta.
Desde aquella noche en el club, el sexo con Javi ya no es tan recatado. Ahora me folla el culo con más ganas y me dice “puta” cuando me corro. Pero sigo queriendo más: que me usen, que descarguen en mí toda su rabia como si fuera su puta personal. Esta tarde de sábado en el torneo amateur de pádel fue perfecta.
Javi me invitó por la mañana:
—Ven a animarme en semifinales, amor. Si perdemos, al menos consuélame después.
Reí:
—Tranquilo, que yo consuelo muy bien.
Me puse leggings negros ajustadísimos que marcaban cada curva de mi culo redondo y muslos gruesos, top deportivo blanco de tirantes finos que subía mis tetas 95D creando un escote profundo, coleta alta con mechones sueltos, labios rojo mate. En el espejo pensé: “Hoy animo… y quizás sorprendo”.
Llegué al club sobre las 16 h. Sol fuerte, pista llena. Me senté en las gradas junto a Laura, la mujer de Marcos: morena de 35 años, curvilínea pero con aire dulce e inocente, tetas grandes (90C), shorts cortos y top ajustado. Nos saludamos con besos:
—Hola, María. ¡Qué guapa! ¿Vienes a animar a Javi?
—Sí, y a ver si ganan. ¿Tú también estás nerviosa?
Laura sonrió tímida:
—Mucho. Marcos se pone de muy mal humor cuando pierde. Luego le doy un Aquarius fresquito y se le pasa.
Reímos. Durante el partido gritábamos:
—¡Vamos, Javi! ¡Dale, Marcos!
Perdieron en desempate. Javi salió cabreado:
—Joder, qué mierda de partido.
Marcos frustrado pero callado:
—Nos robaron puntos…
Bajamos a la valla. Abracé a Javi: su cuerpo caliente y sudado contra mis tetas.
—Consuélame después, eh —susurró.
Laura abrazó a Marcos:
—Tranquilo, amor, te traigo un Aquarius ahora mismo.
Javi, sudado y ronco:
—Necesitamos ducha… y descargar frustración. Ven con nosotros al vestuario, amor. Hay zona mixta, y así me consuelas un rato.
Lo dijo medio en broma. Laura rio inocente:
—Id vosotros, yo voy a por las bebidas. Luego os llevo los Aquarius fresquitos para que os calméis.
Yo sonreí maliciosa:
—Vale… pero mi consuelo es más efectivo que un Aquarius.
Laura se fue a la máquina. Yo esperé cinco minutos. Oí voces desde fuera:
Javi:
—Joder, qué rabia.
Marcos:
—Estoy que echo humo…
Me quité el top despacio: mis tetas 95D saltaron libres, pesadas, areolas grandes y oscuras ya endurecidas, pezones rosados apuntando al frente como balas. Bajé los leggings: culo redondo expuesto, tanga negro de encaje empapado, jugos corriendo por el interior de mis muslos gruesos. Entré sigilosa.
El vestuario era típico: bancos de madera, taquillas, duchas abiertas con mamparas bajas de plástico translúcido, vapor denso y olor a jabón barato mezclado con sudor masculino intenso. Ellos estaban de espaldas, duchándose. Agua caliente caía sobre sus cuerpos musculados, pollas semiduras colgando pesadas por la adrenalina del partido: Javi gruesa y venosa, Marcos más larga y pesada, incluso flácida parecía amenazante.
Me metí entre ellos sin ruido. Agua caliente chorreó por mi piel, resbalando lenta por mis tetas pesadas, por la curva de mi cintura, por mis nalgas redondas y altas, por mis muslos gruesos. Mis pezones rozaron la espalda de Javi.
Él se giró de golpe:
—¡María! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?
Sus ojos se abrieron enormes, recorriendo mi cuerpo desnudo bajo el agua: tetas rebotando con cada respiración, pezones endurecidos, coño hinchado visible bajo el tanga empapado. Su polla subió al instante, gruesa y venosa.
Marcos se giró más lento, tímido:
—Hostia… María… ¿tú aquí? Joder…
Se cubrió instintivamente la polla con la mano, cara roja, mirando al suelo.
—No… no puedo… tengo a Laura… no está bien…
Sonreí lenta, depredadora, agua corriendo por mi cara y labios carnosos:
—Vinisteis a descargar frustración… y yo vengo a consolaros. Soy vuestra puta esta tarde. Usadme. Descargad toda la rabia en mí.
Javi, excitado y con voz ronca:
—Joder, amor… no pensé que vendrías de verdad… pero mírate… estás para comerte.
Miró a Marcos:
—Venga, tío, no seas mojigato. Laura no se va a enterar. Descarga en ella. Es nuestra puta hoy. Sé cerdo, joder. Olvídate de la pareja un rato.
Marcos tartamudeó, aún cubriéndose:
—No sé… es tu mujer… y yo tengo a Laura… no quiero…
Javi, más firme, acercándose a mí y agarrándome una teta:
—Hostia, Marcos, mírala. ¿Vas a dejar pasar esto? Sé cerdo, cabrón. Fóllatela como si no tuvieras novia. Descarga la rabia. Yo te doy permiso.
Marcos tragó saliva, mano bajando despacio. Su polla larga se endureció del todo:
—Joder… vale… pero solo esta vez…
Javi rio:
—Así me gusta. Sé cerdo con ella.
Me arrodillé despacio bajo el chorro caliente. El agua caía sobre mi pelo negro ondulado, pegándolo a mi espalda, resbalando por mis hombros y tetas. Cogí la polla de Marcos con ambas manos: gruesa, venosa, caliente, piel suave pero firme. La acaricié lenta, subiendo y bajando el prepucio, viendo cómo el glande rosado se hinchaba y goteaba líquido preseminal.
—Mírala… perfecta para desahogarse.
La lamí desde la base de los huevos hasta la punta, lengua plana saboreando el sudor salado mezclado con jabón. Abrí la boca ancha y me la metí profunda: sonidos húmedos y ruidosos, arcadas suaves cuando el glande presionó mi garganta. Saliva espesa chorreó por mi barbilla, cayendo caliente sobre mis tetas pesadas que rebotaban con cada movimiento de cabeza.
Marcos, aún tímido al principio, agarró mi pelo mojado con cuidado:
—Joder… qué boca…
Javi, desde atrás:
—Más fuerte, Marcos. Sé cerdo. Agárrala bien y fóllale la boca. No seas niño.
Marcos obedeció, empujando más profundo:
—Zorra… chupa fuerte… estoy tan cabreado…
Yo, con la boca llena, vibrando:
—Así… descarga tu rabia en mi garganta. Usa a tu puta.
Javi me giró: penetró vaginal lento, sintiendo cada centímetro abriéndome, estirando mis paredes internas húmedas. Luego embistió más fuerte, manos agarrando mis caderas anchas:
—Perdimos por mi culpa… pero ahora te uso como mereces. Toma polla, zorra.
Marcos, más suelto:
—Gírala, quiero su culo.
Me pusieron a cuatro patas contra la pared fría y mojada. Marcos escupió en su mano, lubricó mi ano rosado y fruncido con saliva caliente:
—Voy a descargar en tu culo apretado, puta. ¿Lista?
Yo, gimiendo y empujando hacia atrás:
— ¡Entra! ¡Llénamelo! ¡Usadme como vuestra puta!
Entró anal despacio: el dolor inicial fue agudo, pero se transformó en placer oscuro y profundo. Bajé hasta que mis nalgas redondas tocaron sus huevos. Cabalgué hacia atrás lenta, sintiendo cada vena frotando mis paredes internas:
— ¡Más fuerte! ¡Descargad la rabia! ¡Fóllame como perdedores cabreados!
Marcos embistió salvaje, manos apretando mis nalgas:
— ¡Toma, puta! ¡Por cada punto perdido! ¡Toma mi polla en tu culo!
Javi volvió a mi boca: doble penetración oral-anal. Gemí ahogada, saliva y agua goteando por todas partes, tetas rebotando violentamente.
— ¡Usadme! ¡Descargad todo en vuestra puta!
Marcos jadeó ronco:
—Joder… me corro… ¡toma mi leche, zorra!
Chorros calientes y abundantes llenaron mi culo, goteando espeso por mis muslos gruesos mezclados con el agua caliente.
—Alivio… joder, qué puta eres…
Javi:
—Yo también… abre boca, puta.
Saqué la polla del culo con un sonido húmedo, tragué su corrida espesa y caliente, el resto cayendo en chorros sobre mis tetas pesadas y pezones endurecidos.
Me corrí entonces: chorro brutal contra los azulejos, jugos calientes salpicando, cuerpo temblando entero:
— ¡Me corro como zorra! ¡Sí!
Salimos empapados, jadeantes. Javi me besó aturdido:
—No me lo esperaba… pero joder, gracias, amor. Eres increíble.
Marcos, aún rojo y tímido ahora que había terminado:
—Hostia… no sé cómo mirarte a la cara… pero… gracias.
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