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La mujer de mi cuñado parte 3: desfloración anal

Sabe que su cuerpo es un territorio prohibido, pero esta noche decide cederlo por completo. Con el miedo y la excitación mezclados, cruza el último límite de su sexualidad, entregándose a un placer que promete cambiarlo todo.

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Antes de casarme, tuve una vida sexual bastante activa, conocí muchos tipos de mujeres, estuve involucrado en muchas relaciones. Cada una distinta, de la cual aprendí y logré entender muchas cosas sobre el deseo y el placer; en el sexo no hay nada escrito y los gustos son variados. El camino del placer tiene muchos atajos, senderos y escondrijos que hay que explorar y probar.

De la monogamia al poliamor, de el estilo swinger al Cuckold, cosas diferentes que aportan placeres y gustos distintos tanto a hombre como a mujeres. Vi mujeres que se escandalizaban con la sola insinuación de concretar una relación extramarital, una infidelidad secreta, discreta; otras que la tenían como práctica común, al parecer el matrimonio les abría el deseo de explorar lo prohibido; ejemplo de ello: una amiga quien en dos años de casada que tenía, había intimado sexualmente con 42 hombres distintos, en distintas aventuras y escenarios que le prestaron la oportunidad de la clandestinidad (viajes, salidas de amigas, viajes de trabajo, cenas de negocios, etc)

En otros casos era el hombre que operaba una transformación en su mujer que la llevaba de ser una esposa fiel y hogareña, a una puta capaz de dejarse follar por otro frente a su marido para complacer su morbo de cornudo (Hotwife o putiesposa). Yo mismo disfruté de muchísimas esposas entregadas por sus cornudos, para el goce de otros, amparados en la discreción de la infidelidad consensuada, el rol que más ocupé fue el de corneador (el hombre quien folla a la mujer casada con el consentimiento de su marido).

Al interactuar en repetidas oportunidades con mujeres de estas tendencias, se aprende la arquitectura de la infidelidad femenina, la explicación de esto se encuentra fuera de mi alcance y tampoco es mi objetivo hacer un ensayo freudiano sobre ese tema; me limitaré a citar una frase que le dije a un amigo luego de que me comentara que su novia le había confesado una infidelidad reciente: “La mujer se la da a quien le guste… independientemente de su edad, estado civil o condición” así le dije…

Es un pensamiento que no tiene equivocación, una mujer se entrega sexualmente o mejor dicho, accede a llevar a cabo el coito con quien le guste, sin dudarlo, sin considerar a su marido, novio, familia o consecuencia finales del acto, sencillamente accede y punto. Estando en su absoluto derecho de hacerlo y sin poder ser criticada o juzgada por nadie en su conducta, porque es su cuerpo, su placer y ella se entrega a quien decida. Es sexo, placer en su máxima expresión, no teniendo necesariamente que comprometer los sentimientos de ella hacia su esposo y familia, no causando ningún riesgo si lo hace de forma responsable y discreta; sin ningún prejuicio moral para ella ni para nadie.

En la mayoría de los casos, la mujer que mantiene relaciones sexuales con otro hombre distinto a su esposo, lo que busca es variedad, placer, un cuerpo distinto, un pene distinto, un acto diferente; es algo netamente carnal. No es que su esposo o novio no las satisfaga, es algo más allá (seguramente más de una va a comentar su punto de vista en los comentarios de este relato).

En el Cuckold el placer de ser cornudo es compartido por el esposo y se convierte en una fantasía sexual de la pareja, por lo que llamarlo una infidelidad llanamente, sería inadecuado; pero en el caso de la mujer que lleva a cabo una infidelidad secreta, es ella quien decide disfrutar dando placer sexual a alguien distinto a su esposo.

Una mujer puede amar a su marido, tener una vida plena (sexual y sentimentalmente) con el, planes a largo plazo y bajo ninguna circunstancia querer romper su relación; sin embargo permitirse tener sexo con otro hombre, entregarse al placer de una forma totalmente distinta a como lo hace con su esposo; ese es el caso de la mujer de mi cuñado, quien ha decidido explorar un capítulo de su sexualidad diferente, alcanzando límites que ella misma ha decidido romper.

En nuestro último encuentro, algo pasó. Se abrió una puerta, fue sexo salvaje, la trate como una prostituta pagada, de la calle, una mujer acostumbrada a la humillación. Y ella lo disfrutó, lo anhelaba, entendió que había sido infiel, que según su concepción, había engañado a su marido con otro hombre quien solo deseaba su cuerpo, gozar de ella, usarla para satisfacer sus deseos sexuales y ella accedió, consintió que profanaran su entrañas, dejó que alguien más entrara profundamente en ella y la marcara por dentro con su semilla. No solo dejó que su útero fuese llenado de espermatozoides, que fuese inseminada por otro, sino que llegó mucho más allá, consintió una práctica que jamás habría consumado con su marido, le dieron a beber semen y ella aceptó, no solo lo hizo voluntariamente, lo disfrutó, lo haría de nuevo pero con ese hombre.

Posteriormente me confesó que eso sería algo únicamente entre nosotros, que no lo haría con su marido, bebería mi semen las veces que se lo diera, pero el mío.

Pero faltaba cruzar otro Rubicón, algo que jamás había hecho. En el último encuentro, me confesó que era virgen anal, que jamás ningún hombre, ni si quiera su marido, había penetrado su ano; no se lo había entregado a nadie; pero que era hora de entregarlo, que me lo daría; que yo sería quien la desvirgaria y yo encantado de ser el primero que deposite su semilla en sus intestinos.

Pasaron los días y chateábamos a diario, por mensaje secreto en Telegram, me contó que había comprado un enema y estaba leyendo sobre el sexo anal, porque ya había decidido iniciarse. Yo por mi parte compré un lubricante con anestésico para hacerle la experiencia lo menos traumática posible y llevarla al placer extremo. Cuando una mujer alcanza el orgasmo anal, no hay vuelta atrás, se convierte en adicta al sexo anal por lo intenso de la experiencia.

Llego el día y ella estaba preparada, trabajó desde la mañana, salía temprano, a las 17:00, aunque ya a esa hora estaba oscureciendo pues ya había llegado el invierno y el sol se ponía pronto, sin embargo ya había dicho en casa que ese día se quedaría trabajando a puertas cerradas hasta tarde porque harían inventario, así que tendríamos tiempo para hacer las cosas sin prisa. Yo trabajé en la mañana, atendí unos asuntos al mediodía, almorcé y me fui a casa a leer, mientras se hacía la hora; mi mujer saldría del trabajo a las 21:00 y sabía que quedaría con unos amigos y no llegaría hasta pasada esa hora.

Los sucesos se dieron como siempre, el toque al móvil, el mensaje de Telegram (me recoges?) y mi ronda por la zona mientras hacía tiempo. Di un par de vueltas alrededor de la plaza, pasando frente a la tienda donde trabajan, ya estaba oscuro, ese día andaba en el todoterreno, un Toyota Land Cruiser, poco discreto, pero cómodo, de color negro, aparqué cerca cuando vi que se apagaron las luces de la tienda donde ella trabaja, cruzo la calle hacia la plaza y la vi, llevaba un vestido largo, ancho, aunque ceñido en la cintura, negro, con medias de malla negra, botas de caña alta y un abrigo largo de cuero, maquillada al estilo gótico, un tanto sobrecargado a mi parecer, aunque la hacía ver sexy, llevaba gafas de sol, aunque ya estaba casi oscuro, se acercó al coche y subió al asiento del copiloto.

Vamos, me dijo. Comenzamos a rodar hacia la carretera principal y camino a la cabaña donde nos encontrábamos ocasionalmente. Durante el viaje me contó que había atendido a una chica en la sección de maquillaje de la tienda donde trabajaba, le llamó mucho la atención su maquillaje y se hicieron una foto, para etiquetarla en Instagram, me dijo que se había puesto el enema en el trabajo, escondida en el baño, para estar lista, que tenía entendido que estaba limpia.

Llegamos a la cabaña y bajamos del coche. Me acerqué a ella y nos dimos un beso, de esos húmedos y con lengua, lento y tibio, que contrastaba con el frío gélido del bosque. Entremos que hace frío me dijo, en sus ojos había un fuego extraño, le tomé la mano y temblaba, la inminencia del acto hacía peso sobre ella, estaba nerviosa.

Ya dentro de la cabaña, la colme de atenciones, le serví una copa de vino blanco del que le gustaba, encendí la chimenea para calentar la estancia y nos sentamos en el sofá a mirar cómo se quemaba la leña. Se sentó a mi lado y luego se tumbó sobre mis piernas, sus grandes tetas me ofrecían una vista muy excitante, su escote, sus labios carnosos y húmedos, comencé a besarla sin control, metí mi mano bajo el vestido y ella bajó una pierna de sofá y la apoyó en el suelo, quedando abierta de piernas para que metiese mi mano, lo cual hice hasta tocar su tanga suave, lo pequeño de la prenda me facilitó hacerla a un lado y deslizar dos dedos en su interior. Tenía su coño húmedo, tibio y estrecho, cerró los ojos y se mordió el labio inferior cuando metí mis dedos, comencé a moverlo y en un instante estaba temblando, ya sabía dónde estaba su centro de placer, el botón que activaba su desenfreno. Con dos dedos llenando su coño, use mi pulgar para frotar su clitoris, haciendo que se sumergiera en un orgasmo intenso, convulsivo, entre gritos y suspiros.

Relajada y acostada sobre mis piernas, desliza una mano hasta mi cuello y me acerca la cabeza a su cara, me susurra: te voy a chupar pene, te lo chuparé, meteré tu polla en mi garganta, quiero que me ayudes un poco para que me entre completo. Se sentó y se dejó caer sobre el suelo, justo entre mis piernas, y abrió la cremallera de mi pantalón, de inmediato saltó ante ella mi polla enhiesta, sin contemplaciones la engulló hasta la mitad y comenzó una succión suave, alternando con movimientos de su cabeza, que hacía que se adentrara el glande en lo más profundo de su boca, rozaba su paladar, se sentía la suavidad de su garganta que oponía resistencia, puse mi mano en la parte de atrás de su cabeza y con firmeza la empujé un poco hacia mi, al tiempo que empujé el pene hacia adentro, ella abrió la boca al máximo y sentí sus labios sobre mi pelvis, había entrado toda en su garganta, la mire y tenía sus ojos en blanco, la saqué poco a poco y exhaló fuerte.

Te gusta zorra? Le dije… su respuesta fue una succión bastante fuerte de mi glande, casi dolorosa, se lo retiro de la boca y me miró, me dijo: me salió un poco de tus jugos y me gustaron, bombea en mi garganta, me dijo. Yo le introduje el miembro hasta el fondo de su boca, la agarre por el cabello y comencé el movimiento hasta que apoyó su mano sobre mi pierna y me hizo un gesto, ahí se lo saqué y lo retiró de golpe con una sonora arcada. Le toque la mejilla y le dije que era normal, que no se avergonzara, que era muy buena mamando. En verdad mamaba como una actriz porno, como toda una puta profesional.

Mi pene estaba brillante, destilando babas, entre el líquido pre cum y la saliva de ella. Metí la mano en el bolsillo de la chaqueta y le mostré el tubo de lubricante, me miró y se extendió hasta el sofá, tomó su cartera y sacó un pomo de lubricante, el que llevé tenía anestésico, pero ella pidió usar el de ella, que era solo lubricante íntimo. Me dijo que quería sentir, que no quería el anestésico ni el condon, que no quería que la cabeza de mi polla se anestesiara y no sintiese el momento. Nos fuimos al la habitación y nos pusimos cómodos, nos desnudamos por completo y nos tumbamos en la cama. Mi pene estaba muy erecto, yo acostado y apuntaba hacia arriba como una palmera, ella se sentó a mi lado y comenzó a masajearlo suavemente, dejó caer un chorro de lubricante sobre el glande y lo froto, lo unto bien, con un masaje que se sentía muy rico, con su mano derecha inicio una suave paja, y vertía más lubricante.

Hagamos un pacto, me dijo: sé que me va a doler, voy a gritar, probablemente llore, tal vez me resista, pero quiero hacerlo, lo consiento y no quiero que pares, si tienes que usar un poco de fuerza, hazlo, trata de no lastimarme, pero no me tengas compasión; quiero que me penetres en su totalidad, que tu pene entre completo en mi ano, vas a eyacular dentro, quiero que dejes tu semen dentro de mi, no pares hasta que lo hagas, vas a tratar de echar tu semilla lo más profundo que puedas dentro de mi, quiero que descargues todo, que sueltes todo el semen que tienes en tus bolas, que te quedes seco, no quiero que te salgas hasta que acabes.

Esas palabras accionaron en mí esa parte oscura que solo ella tenía la capacidad de activar, le di u beso suave, tierno, y guié su cuerpo hasta ponerla boca abajo con una almohada bajo su abdomen, la vista de ella en 4 ofrecía un panorama exquisito de sus dos delicias, abajo su carnoso coño, depilado y muy húmedo, cerrado y muy mojado, un poco sonrojado por la dedeada que le di, arriba entre sus enormes nalgas, se veía el aguja del culo, pequeño, cerrado del todo, suave. Me acerqué y le di un beso negro único, largo, húmedo, metiendo mi lengua en su delicioso culo, mi lengua hacia todo tipo de movimientos dentro de su culo, sentía su esfinter palpitar, baje suave hasta su vagina y metí mi lengua desde atrás. Lamí su clitoris y podía oír sus gemidos, tome el bote del lubricante y vertí una cantidad generosa entre sus nalgas, chorreo hasta su culo y suavemente lo unté en su agujero, metiendo mi dedo dentro para dejar la mayor cantidad de lubricante posible, dejé caer un pequeño chorro justo en su agujero y vertí una buena cantidad en mi glande e hice una línea sobre en tronco del pene.

Comencé estimulando con un dedo, luego dos, después puse mi pene sobre sus nalgas para que sintiera la inminencia de la penetración, frote mi glande sobre su agujero anal, antes de entrar en el ano, baje mi glande y lo frote sobre su vagina desde atrás, vi como se erizo su piel, sobre todo en sus muslos, con un movimiento seco, empotre mi polla dentro de su coño, a lo que respondió con un gemido fuerte. Quiero que lo sientas un poco ahí, la embestí suave un par de veces y sentí como se contraía sus músculos de la vagina en un orgasmo. Retire mi pene lleno de sus jugos y de lubricante, vertí un poco más y lo puse en la el agujero del culo, comencé a embestir suave, su esfinter hacia un poco de resistencia, con la ayuda de mi mano, presione sobre el agujero mi glande, ella comenzó a gemir y abrió la boca, relajando un poco más y dejándome entrar un poco, ábrete las nalgas le dije y ella extendió sus brazos colocando una mano en cada nalga y separando un poco, yo seguía presionando y entrando lentamente, cuando pasó el borde del glande, soltó un grito, ya le había entrado mi gruesa cabeza, después comencé a bombear suave y cada vez más profundo, cuando entre los primeros centímetros sus gritos eran mayores. Dios, lo tengo adentro, siento que entró la cabeza, dijo… sus gemidos y gritos me pusieron a mil, mis manos se fueron a su cintura y halándola hacia mil y a su vez empujado mi miembro hacia dentro, logré hundirme en ella, hasta el fondo de sus entrañas, gritó como un animal malherido, tomé su mano y se la llevé hasta su culo, ahí pudo tocar como mi pene estaba en su totalidad dentro de ella mis bolas rozaban directamente su coño desde atrás.

Mi miembro se había perdido en su culo, entre sus enormes y firmes nalgas, comencé a embestir suave y en cada salida ponía lubricante sobre mi pene, lo cual hizo el roce suave, pero lo estrecho de su culo apretaba mi pene en su totalidad, sentía como era succionado hacia dentro, en cada arremetida, chocaban sus nalgas contra mis piernas y ella soltaba gemidos cada vez más fuertes. Acariciaba su espalda, su cabello, tocaba sus nalgas, azotaba sus nalgas con mis manos a ambos lados, y sus gemidos no paraban, sus gritos y sollozos no dejaban de oírse, metí un dedo en su vagina, pero mejor decidí frotar su clitoris, lo hice suavemente y vino una oleada de temblor, sentí como el esfinter del ano se abría y cerraba sobre mi pene, estaba sintiendo su orgasmo. En medio de gemidos y sollozos, me pedía que la desflorara completa, que fuese todo lo profundo que pudiera entrar, así lo hice; bombeando cada vez más fuerte, sus gemidos se hicieron incontrolables, sus movimientos convulsivos, mi pene entraba cada vez más profundo y el sonido de sus nalgas era más fuerte por las embestidas que le estaba dando, la estreches de su ano era increíble, sentía el roce en todo mi pene, su esfinter estaba ya bastante abierto y hacía más fácil el acto, se sentía el olor a hembra, el olor característico del sexo anal, ella estaba sudando, mordía la almohada. En ese momento sentí el cosquilleo en mis bolas, la inminencia de la eyaculación, introduje mi pene hasta el fondo de su culo y ahí sentí como soltaba la primera descarga, después fue saliendo en oleadas, pulsadas de chorros que sentía abundantes y espesos, movía suave mi pene sin salirme mucho, quería que mi semen quedara lo más profundo posible dentro de ella, espere un poco y fui notando el miembro más flácido, lo retiré lentamente y pude contemplar el agujero de su culo abierto, como una flor, palpitando, poco a poco el esfinter se cerró y una gota de semen salió y se deslizó sobre su perine.

Me tumbe a su lado y ella me abrazó. Me dijo: en las últimas embestidas no sentí dolor, solo placer, el placer más intenso que he sentido en toda mi vida, jamás ningún hombre me había dado tanto placer, tanto gusto, nunca había disfrutado tanto como contigo. No sé qué es esto, siguió diciendo, no sé si es amor, o el placer del mejor sexo que he tenido, pero no quiero que esto acabe, quiero que sigas haciéndomelo, ya te entregué todo. Me entregué completa, ni mi esposo, ni ningún hombre en mi vida, me había llevado a este límite que tú me has llevado. No puedo ni quiero parar, seguiré entregándome a ti, no me importan las consecuencias, solo quiero vivir, sentir…

Me levanté y fui al baño, tome una ducha rápida con agua caliente, al salir del baño, vi sus tangas negras de encaje en el suelo, las tomé mi me acerqué a ella. Ves esto? Son tus bragas, le dije; ahora quiero hacer algo especial, como un tributo a este momento, quiero que te lo lleves como un recuerdo. Ella estaba tumbada boca arriba, avance hacia ella y se abrió dé piernas, me arrodillé entre sus piernas y la penetré por la vagina, mientras la follaba suave, puse el tanga sobre su vientre, sentí su orgasmo y de inmediato supe que yo también me correria, saqué mi pene de su vagina, apunté su tanga, justo en la parte que tiene contacto con su coño, y solté mi leche sobre ella, el pequeño tanga quedó empapado de mi semen. Le dije: ahora te lo vas a poner y te vas a ir con mi semen en tus bragas, así vas a llegar a casa.

Nos vestimos y ella se puso su tanga impregnada en semen, subió al coche y conduje hasta las cercanías de su edificio, la dejé en la plaza cercana y vi como se alejó caminando, la mandé a su casa con una buena cantidad de leche en sus intestinos y de paso, con sus bragas empapadas en semen.