Xtories

Fantasías sexuales de españolas 2 (Vicky 6) XIV

La rutina los había apagado, pero una fantasía prohibida encendió la mecha. En la playa, bajo la mirada de dos desconocidos, Paqui no solo flirtea: se entrega al juego. Alex observa, excitado, cómo su esposa se convierte en la protagonista de un escenario que él mismo ha orquestado, sabiendo que la noche apenas comienza.

ant5cont1.4K vistas10.0· 5 votos

Aún hoy día me cuesta explicar lo que pasó y cómo nos afectó. Quizás esté siendo egoísta porque sí que asimilo bien que yo me convirtiera en el amante de mi cuñada, como si fuera la cosa más normal del mundo y sin embargo me cuesta aceptar que también pudiera ser complaciente con mi pareja a la inversa. Podría decir que no es lo mismo porque los hombres estamos sometidos a más presión en ese sentido y nos cuesta mucho más aceptar que nuestra pareja pueda estar con otras personas. Es un tema cultural, educacional, propio de una sociedad patriarcal si queremos buscarle una explicación. También podría decir que no es lo mismo porque en mi caso se trataba de Alba y Paqui estaba muy unida a su hermana, tanto que casi no lo consideraba una infidelidad. A la inversa era diferente, aunque nos planteáramos meter a desconocidos en nuestra vida sexual, desconocidos que no tenían por qué significar cosa alguna y a quienes no teníamos que volver a ver ni les deberíamos nada. Todo muy bien sobre el papel, pero, como digo, las cosas luego son más difíciles de lo que parece.

Pero paso a paso: empecemos por el principio porque aun siendo protagonistas, a mí mismo me cuesta explicarme todo lo que sucedió, de manera que únicamente el orden en la narración puede aportar luz a los que ahora leéis esta historia.

La etapa feliz que disfrutábamos del trío a tres bandas, dio paso a otra en la que nuestro matrimonio ya estaba más que consolidado. Consolidado significaba sólido y placentero, pero también envuelto en cierta rutina. Después de tantas emociones lo habitual llegaba a aburrirnos, al fin y al cabo, no dejábamos de ser muy jóvenes y la testosterona aún nos tenía por las nubes en el plano sexual. Por su parte, Alba estaba más calmada. Seguíamos teniendo encuentros sexuales pero más distanciados en el tiempo y algo menos intensos. Intentó buscar otros amantes con diversa fortuna. En el acuerdo tácito al que parecía haber llegado con su marido, jamás le confesó que se acostaba con su cuñado. Prefirió decirle que estaba dispuesta a mantener las apariencias y continuar a su lado siempre que ella también pudiera buscar desahogo en un amante y él estuvo de acuerdo, siempre y cuando fuera discreta. En casa eran una pareja normal pero jamás hablaban de sexo, era un tema tabú, básicamente se trataba de “haz lo que quieras mientras yo no me entere y no lo sepan los demás, no queremos conocer los detalles, seamos discretos y continuemos como si nada”. Así pues, en ese momento en que parece que nuestro trío estaba un poco de bajón, ella probó suerte con otros hombres. Como digo, el tema fue un poco desigual porque se encontró con más decepciones que aciertos. Estos últimos, los pocos hombres que realmente le gustaron y que podía haber disfrutado, solían desaparecer rápidamente. Por el contrario, los que a ella no le gustaban se volvían pesados e impertinentes. Por eso decidió que solo buscaría desahogo rápido con desconocidos y por una sola noche, que cuanto menos supieran de ella mejor. Así pues, cuando venía a vernos había noches que salía sola a buscar rollo. Una mujer como ella no lo tenía nada difícil de forma que era frecuente que nos llamara para avisar que no volvía a dormir para que nos quedáramos tranquilos.

Por nuestra parte, Paqui y yo decidimos incluir algún nuevo aliciente para reactivar nuestra vida sexual, que no es que fuera mala, pero que había sufrido cierto bajón en el morbo y en la tensión sexual tras normalizar nuestras relaciones. Era otro tipo de relaciones en el que ya no había que esconderse ni buscar la oportunidad, podíamos follar cuando quisiéramos, un sexo más relajado, tranquilo y detallista, pero que le quitaba parte de la emoción al asunto. Yo sabía que tanto a mi mujer como a mí, transgredir los límites era algo que nos ponía bastante. Ella disfrutaba con los chicos malos y yo con sus travesuras. Coincidimos en que, aunque estábamos muy a gusto, habíamos perdido cierto aliciente e ímpetu en nuestros encuentros sexuales.

La situación tuvo un giro inesperado y volvió a reactivarse a raíz de una tontería. De la forma más insospechada. Cuando salíamos en pandilla, en más de una ocasión habíamos propuesto a las chicas ver una peli porno. Era algo que los chicos hacíamos habitualmente cuando nos juntábamos a tomar cervezas o a jugar a las cartas, siempre poníamos de fondo una de estas pelis que era lo que se llevaba también en algunos pubs del barrio. A partir de las doce de la noche ponían una peli porno en el vídeo. Una noche que disponíamos de la casa de un amigo para hacer una pequeña fiesta, se lo propusimos a las chicas como diciéndoles: “no os atrevéis”. Esta vez, para nuestra sorpresa, la mayoría de las chicas aceptaron y se sentaron con nosotros a ver la peli pero no duraron mucho. Después de 15 minutos la cosa estaba ya bastante clara y ellas estaban aburridas de ver invariablemente las mismas escenas de chicas sometidas por tíos con aspecto de chulos o de simios, dándoles por todos sitios. Solo Paqui e Irene se quedaron. Irene era la chica contestataria y dura de la pandilla, a la que probablemente no le hacía ni pizca de gracia la película pero que se quedaba allí para demostrar que no se achantaba, ni le daba vergüenza nada lo de lo que veía. Yo creo que Paqui se quedó por no ser menos que ella, había cierta rivalidad entre las dos y debió pensar que, si esta aguanta yo más. No obstante, pudimos observar y fue objeto de comentario entre los chicos después, como sí que se le iban los ojos en alguna ocasión con alguna escena. No es que la película fuera muy larga, poco menos de una hora de folleteo sin casi argumento, pero aguantaron las dos levantándose y yéndose con el resto de las chicas al acabar, mientras respondían con un encogimiento de hombros cuando le preguntamos si les había gustado. A las demás no hacía falta preguntarles nada.

Yo recordé aquel episodio y pensé que, en un ambiente menos socarrón e íntimo, podría resultar interesante ver una peli juntos. La verdad es que no me equivocaba: ya no éramos una parejita virgen e inexperta, había más confianza y estábamos mucho más desinhibidos y eso nos permitió concentrarnos mejor en las imágenes que veíamos. Resultó excitante, qué duda cabe, porque el porno es así, directo, sin concesiones, pero también terriblemente aburrido y repetitivo por la falta de imaginación. Cuando repetimos varias veces el procedimiento de ponernos una peli para ponernos a tono, enseguida comprobamos que eran las mismas posturas, los mismos actos con distintos actores y escenarios. Empezamos a aburrirnos de aquella historia, a pesar de lo cual todavía veíamos de vez en cuando una peli. Pero hubo una excepción. Recuerdo que el film era de moteros. Como en todos, el argumento apenas era una excusa para mostrar carne en acción, pero en este caso estaba un poquito más elaborado. Trataba de una pandilla de moteros que secuestraba a una chica bien y se la llevaban con ellos. Prácticamente follaba con toda la banda. Iba pasando de mano en mano y a la vez se iba convirtiendo también en una pandillera. Como si de una iniciación se tratara, cada vez iba adquiriendo más destreza y le iba gustando más, hasta que finalmente se consumaba como una maestra de la copula y de todo tipo de prácticas sexuales. Todo terminaba en una gran orgía donde se lo montaba con varios moteros a la vez. La peli finalizaba cuando intentaban devolverla a su casa y ella se negaba y se quedaba como jefa de la banda. Un argumento de lo más pueril y previsible pero que excitaba nuestra imaginación, impulsándonos a complementarlo y adaptarlo, sobre todo en el caso de Paqui, que pudo dar rienda suelta a su preferencia por los chicos malos y la calentura que le provocaban.

De esta forma tan tonta comenzó esta fase de nuestra relación, en la que fantasear con que ella era la protagonista de una situación similar nos ponía a los dos muy cachondos y hacía que nuestras relaciones fueron mucho más intensas y placenteras. Es cierto que yo iba un poco a remolque, porque me incomodaba en cierta manera que ella pudiera pensar en otros hombres, pero Paqui había demostrado tener carácter y una sexualidad muy intensa y verla otra vez reactivada y con ganas, dándolo todo en cada encuentro, era un placer del que yo también me beneficiaba y (por qué no decirlo), la situación también me generaba un morbo hasta entonces desconocido.

Un día no pude evitar plantear directamente la cuestión:

- ¿En serio lo harías? ¿De verdad te acostarías con otros?

- A ver, que solo es una película que nos pone cachondos, tampoco hay que darle muchas vueltas.

- Pero ¿tú lo harías? – Insistí. Estábamos en la cama y llevábamos un rato acurrucados después de haber hecho el amor. Ella se giró irguiendo desafiante sus pechos, con la mirada un poco turbia.

- Yo no haría nada que te pudiera molestar a ti.

- No te estoy preguntando eso, te estoy preguntando si deseas… acostarte con otros.

- Solo he estado contigo y lo mismo que tú tienes fantasías con otras chicas, pues yo me imagino con otros chicos. Tú has tenido la oportunidad de acostarte con mi hermana, puedes disfrutar de dos chicas. Yo, sin embargo, no he podido probar a nadie más.

Paqui era así de seca y de franca con todo el mundo, incluido conmigo, pero no pudo evitar matizar sus palabras al ver que mi expresión se ensombrecía un poco.

- Bueno, tú me has preguntado y yo te contesto. Que no digo que me vaya a acostar con nadie, solo digo que si es algo que a ti también te pone cachondo y te gusta, y además habláramos de solo sexo, no me importaría probar. Sería simplemente follar porque solo contigo hago el amor. Algo fortuito, con algún desconocido, sin que nadie se enterara. Con eso es con lo que he fantaseado alguna vez, pero sabes que jamás haré nada que te pueda incomodar o con lo que tú no estás de acuerdo. Si este tema te molesta no volveremos a tocarlo.

La muy jodida estaba allí, terriblemente bella, excitante, atrapándome la mirada con sus pezones. Por un momento sí que me la imaginé en brazos de otros como en la película y no sentí malestar, sino un terrible ardor. No pude evitar ponerme cachondo al pensar en ella teniendo sexo con otros, pero sabiendo que me pertenecía, que era mía y que yo era el único dueño de su amor y de su cuerpo. Que yo tenía la capacidad para decidir con quién se podía acostar y con quién no, que podíamos abrir nuestra relación también a tener sexo con más gente y yo con más chicas aparte de Alba. Todas estas cosas me pasaban por la cabeza y no podía evitar sentirme perturbado al igual que excitado. Creo que ella adivinó lo que pasaba por mi mente. Me acarició la verga, me la chupó y se subió encima. Echamos un polvo antológico, frenético, intenso, sin poner medios ni protección, corriéndome, llenándola de semen mientras ella continuaba cabalgándome y yo sentía el chapoteo de sus flujos mezclados con mi leche, que resbalaban fuera de la vagina. Uno de los mejores polvos que habíamos echado y que tardamos mucho tiempo en olvidar, aunque lo que no se nos iba de la cabeza era lo que habíamos comentado esa noche y que continuamos hablándolo, barajando posibilidades, planteando a escenarios cuya sola mención nos volvía a poner cachondos y les daba un mayor ímpetu a nuestros encuentros.

Poco a poco le fuimos dando forma a nuestra fantasía. No estaba nada claro que fuéramos a cumplirla, simplemente nos ponía calientes pensar esa posibilidad y planearla. Y eso se traducía en mejor sexo para nosotros. Pensamos en intercambio de parejas, en ir a playas nudistas, en visitar clubs liberales, en poner un anuncio para hacer un trío… La mayoría de estas ideas acababan descartadas, pero por el camino nos proporcionaban el placer del morbosear y suponernos en la situación. Pero lo que más le seguía satisfaciendo a Paqui era la posibilidad de, como en aquella rancia película porno, acabar siendo usada por dos o tres chulos. Era su fantasía, no se la quitaba de la cabeza y a fuerza de insistir consiguió también que yo la aceptara. Al menos sobre el papel porque no tenía nada claro cómo manejar aquello si llegaba algún día a convertirse en realidad. Por eso concluimos que si hacíamos algo en este sentido debía ser lejos de nuestro entorno habitual, aprovechando unas vacaciones o algún viaje, con desconocidos que no supieran nada de nosotros, con mucho cuidado para evitar vernos en situaciones desagradables. Sobre todo, si acaso decidíamos que aquello no nos gustaba, alguien con quien no volver a tener contacto y que nos resultara más fácil enterrar aquella situación y olvidarla, como si algo así se pudiera borrar de la memoria. Ahora sé que no, pero entonces nos hacíamos estos planes a modo de justificación, para tranquilizarnos y para mantener viva la fantasía que no sabíamos si algún día nos decidiríamos a cometer. Yo pensaba que tenían que darse tantas circunstancias que era casi imposible, pero la rueda de la fortuna gira y a veces todo lo que es necesario se cumple, como nos pasó a nosotros.

Sucedió efectivamente como habíamos planeado, en unas vacaciones de verano. El ambiente era propicio porque estábamos descansados, éramos jóvenes fuera de casa, con el calor, la playa, la exhibición de cuerpos, las ganas y el tiempo libre para tener sexo… todo se confabuló para que nuestro nivel de calentura fuera alto. En pleno verano la costa valenciana estaba para reventar así que decidimos probar a ir en una playa nudista. Nos animaba un gran interés, aunque al final resultó ser una experiencia excitante pero tranquila. Ver a otras parejas desnudas y el hecho de estar nosotros mismos en pelota era una sensación agradable y que nos ponía, de hecho, esa noche follamos con bastante intensidad, pero aquello no tenía el morbo que habíamos previsto. La gente iba a lo suyo, había incluso familias con hijos pequeños, el ambiente era más naturista que liberal, nadie parecía ir allí buscando plan y tampoco a exhibirse, de modo que el tema nos decepcionó un poco. Lo cierto es que encontramos más ambiente en una caldita que había las afueras del pueblo donde parábamos. Estaba rodeada por un acantilado y no tenía fácil acceso, así que apenas iban familias. Su cercanía a una conocida discoteca hacía que por las noches y tardes hubiera mucha gente joven allí, bebiendo, fumando, consumiendo y pasándoselo bien. Era un ambiente más propicio al ligoteo, a la exhibición. El lugar no nos defraudó en absoluto y pensamos que era un buen sitio para ir al atardecer. Así que esa misma tarde plantamos la toalla ya bien pasada la siesta. Había muchos jóvenes, grupitos haciendo botellón anticipando la movida nocturna, parejillas sueltas, grupos de chicos y de chicas. Estaban los que prolongaban la tarde esperando que anocheciera y los que llegaban para iniciar la marcha, seguramente con intención de entrar luego a la discoteca cuando abriera sus puertas.

Allí pudimos ver algún que otro desnudo integral, un montón de chicas en toples y no pocos chavales exhibiendo músculos, bronceados y tatuajes, que en aquella época no eran tan comunes como ahora, esperando impresionar y atraer a las chicas. Yo animé a Paqui a quedarse en toples. Ella al principio se resistió. Aquello no era una zona nudista y le daba cierto reparo. Había dos pavos que no le gritaban ojos de encima, sentados cerca de nosotros. Solo llevaban una mochila y una nevera llena de cervezas. Con aspecto chulesco, también habían llamado nuestra atención porque daban el perfil que le gustaba a Paqui. Empecé a intuir porque se mostraba tan mojigata a la hora de quitarse la parte de arriba. Habían intercambiado miradas y resultaba evidente que ella estaba nerviosa. A los chicos no parecía importarles que yo estuviera a su lado ni que tuviera novio y le lanzaban miradas cada vez más indiscretas, dejando claro que ella les había gustado, lo cual, en una playa llena de chicas jóvenes medio desnudas, no dejaba de provocar una intensa y obscena satisfacción a mi mujer

Entonces yo la incité. Quizás si no lo hubiera hecho no hubiera sucedido nada de lo que pasó después, es difícil saberlo, pero el caso es que me volví un poco diablo y la provoqué diciéndole que tenía las mejores tetas de toda la playa y que a esos dos se les salían los ojos de la cara si se quitaba el sostén.

- ¿Qué pasa? ¿No te atreves?

Ella me miró y tras colocar una sonrisa desdeñosa en su cara se quitó la parte de arriba del bikini e irguió su pecho. Por si fuera poco, aprovechó para darse crema. A pesar de la abundancia de carne en el supermercado, mi mujer consiguió destacar atrayendo las miradas de no pocos chicos. Pero las que más satisfacción le produjeron fueron las de los dos canis, a los que les faltó aplaudir cuando vieron sus senos bambolearse de un lado a otro. A partir de entonces ya no le quitaron la vista de encima, sin molestarse siquiera en disimular. Y ella se dejaba querer. Adoptaba posturas casuales, hacía como que no se daba cuenta, pero siempre procuraba mostrarse sensual y ofrecer la mejor vista a sus curvas, ya fuera su culo, sus caderas o sus pechos. El jueguecito la estaba poniendo caliente. A mí me divertía verla así y también (tengo que reconocerlo), la situación me ponía y esperaba recoger el fruto y de toda aquella calentura.

- Voy a refrescarme ¿vienes?

- No, no me apetece – contesté. No hacía mucho que había salido del agua y no deseaba volver a mojarme.

La vi marcharse esquivando toallas y moviendo las caderas sensualmente. Yo estaba algo somnoliento. Me ajuste el sombrero de paja y ocupe toda la negrura que nos proporcionaba la pequeña sombrilla. Me permití cerrar los ojos un par de veces y di una ligera cabezada, apenas unos minutos, no deberían haber pasado más. Cuando los abrí me sorprendí de que Paqui no estuviera ya de vuelta. Lo normal es que se hubiera dado un breve chapuzón y hubiera venido a secarse y a ponerse crema de nuevo. La busqué con la mirada y la vi en la orilla. El corazón me dio un vuelco. Los dos quinquis hablaban con ella. Parecían bromear. La sonrisa de mi mujer así lo delataba. Se la veía risueña, casi alegre, envarada, con el busto bien levantado, adoptando las posturas aparentemente inocentes pero a la vez provocadoras que suelen poner las chicas que se sienten observadas y que les gusta. Estaban cerca, demasiado cerca, los cuerpos a punto de rozarse. Los pechos con los pezones en punta por el frío del agua atraían de forma inevitable las miradas de los dos tipos, solo que ahora apenas estaban a una cuarta de ellos. Les bastaba un solo movimiento, menos de una pequeña inclinación del cuerpo, para rozarlos.

Esa cercanía y esa aparente y buena conexión que había entre ellos hicieron que se me pusiera el vello de punta. No sé muy bien porqué, pero a la vez una erección acudió a mi entrepierna viendo a mi mujer pavonearse y ronear. La conocía bien y por sus gestos y actitud supe que aquello la excitaba. Ella no parecía tener prisa por volver hasta que se dio cuenta que la estaba observando. Entonces inició el camino hacia donde yo estaba sin perder la sonrisa y escoltada por aquellos dos que, uno a cada lado, no dejaban de mirarla y de caminar junto a ella, en algún caso rozando su costado y en otros cediéndole el paso para fijarse descaradamente en su culo que apenas podía contener el bikini.

- Mira Álex, estos son Pep y Quique. Me han comentado que la discoteca está muy bien y que por las noches es la que tiene más ambiente de toda la zona.

- Sí, pinchan los mejores djs de por aquí. Además, las chicas entran gratis. Suele haber bastante cola, pero nosotros conocemos a alguien dentro y podemos conseguir que os pasen.

- Oye ¿te apetece una birra? Tenemos ahí una nevera llena.

- Vale.

Al rato estábamos los cuatro sobre mis dos toallas, hablando de la zona, de cuáles eran las mejores playas y de cuáles los sitios de marcha para ir. Insistieron en que la discoteca era la mejor opción, pero que había que ir a partir de las doce de la noche que es cuando se formaba la mejor movida.

- Se lía mucha cola, pero nosotros conocemos a gente que trabaja allí - insistieron - si queréis quedamos esta noche y os llevamos, no os vais a arrepentir, aquello está lleno de pavas impresionantes que cuando beben y toman pastillitas se ponen como locas. Prácticamente todas las que ahora veis aquí estarán esta noche en la disco.

- Bueno, a mí el resto de chicas no me importa.

- Normal: si yo tuviera una mujer así no miraría a ninguna más - me soltó con descaro el que decía llamarse Quique.

Paqui se sintió complacida por mi halago, pero el del pavo este la puso cachonda. Yo percibía bastante claramente la electricidad que flotaba en el aire y como los tres jugábamos cada uno desde nuestra esquina, montándonos nuestra propia película en la cabeza.

- No le hagáis caso que mi marido también se fija en otras chicas. Y tiene bastante éxito, ya os lo digo yo…

Los dos pusieron cara de asombrados, como si no entendieran muy bien de qué iba aquello y yo consideré que era mejor no dar más explicaciones. Eran unos desconocidos así que corté la conversación dirigiéndola hacia otro tema. Una a una, fueron cayendo todas las birras de la nevera a las que añadimos tres más que tenía yo en mi mochila. Finalmente decidimos que sí, que esa noche íbamos a ir a la discoteca. Era ahora de largarse a darnos una ducha, arreglarnos y cenar antes algo. Ellos nos recomendaron un par de sitios donde comer bien y barato y nos despedimos. No pude evitar reírme para dentro cuando vi su cara de pena al ponerse Paqui otra vez la parte de arriba del bikini, y como la siguieron con la mirada mientras nos íbamos hacia el aparcamiento de la playa. Mi chica iba muy tiesa y espigada y yo creo que moviendo un poco exageradamente las caderas, de forma que su culo se mecía sensualmente tragándose con sus cachetes parte de la tela del bikini. Era muy consciente de que la miraban y estoy convencido de que quiso dar un último espectáculo. Cuando llegamos donde estaba el coche nos sacudimos la tierra. Aprovechando que el aparcamiento estaba medio desierto ella abrió la puerta y parapetándose detrás se quitó el bikini lleno de arena para meterlo en una bolsa. Sus pechos colgaron ingrávidos con el pezón en punta cuando se agachó a quitarse la parte de abajo. Se bajó un poco el bikini dejándolo a medio muslo y pude comprobar como un fino hilo transparente de flujo quedaba pegado al mismo, como una telaraña. Ella lo observó, acabo de quitárselo y usó el mismo bikini para limpiarse antes de ponerse unas bragas y echarse por encima un vestido corto. Se había puesto un poco perra como ella decía. Durante el camino me divertí siendo un poco malo y obligándola a reconocerlo.

- ¿Qué? ¿Te gustan esos dos?

- No están mal, aunque hay otros más guapos en la playa.

- Sí, pero no tan descarados.

- Eso es verdad.

- Como en la peli: ya te gustaría que aparecieran esta noche vestidos de moteros y te llevaran a dar una vuelta.

- No seas tonto…

- He visto como flirteabas, te gustaba que te rondaran.

- Solo trataba de ser amable.

- ¡Venga, que nos conocemos, que por algo soy tu marido! estabas cachonda, reconócelo.

- Y si lo estaba ¿qué? como tú otras veces cuando miras igual a mi hermana y yo no te digo nada…

Esa puesta a la defensiva me indicó que la había pillado con las manos en la masa. Que se molestara tanto solo podía significar que para ella todo esto era más que un juego y que parecía estar muy interesada en todo lo que había pasado.

- Bueno, entonces esta noche venimos a la discoteca ¿o qué?

- A mí me da igual. Sí tanto te molesta que estén esos nos quedamos en el pueblo.

- No sé porque te pones así, se supone que el celoso y disgustado debería ser yo.

Ciertamente había conseguido enojarla y hacerla rabiar un poco, pero la conocía bien y sabía lo cerca que estaba de enfadarse de verdad, de modo que eché el ancla y decidí suavizar la cosa.

- Venga Paqui, no quiero que te mosquees, nos lo estamos pasando muy bien en este viaje y yo solo quiero verte feliz. Si te ha gustado que esos dos te tiren los tejos no pasa nada, y si no, entonces perdóname porque soy un bocazas. Oye, vamos a hacer una cosa: hoy tú decides todo lo que hacemos. No pienses más que en ti y en lo que te apetece. ¡Qué quieres ir a la discoteca: vamos! ¡Que no te apetece: no vamos! cenamos donde tú digas y hacemos solo y únicamente lo que tú quieras. Hoy, tu mandas, la noche es tuya.

Una sonrisa asomó a su cara. Esa súbita claudicación hizo que me la ganara. Cuando llegamos a la habitación que teníamos alquilada ella anunció:

- Voy a darme una ducha que si queremos cenar se nos hace tarde.

Pude comprobar como todavía había arena en su piel, que pintaba aspectos rojizos allí donde el sol le había dado demasiado y donde la protección había hecho poco efecto. Yo me quité también la ropa y cuando fui a ponerla en el montón, no pude evitar mirar su bikini y comprobar que efectivamente estaba muy manchado de flujo. La verga se me endureció de momento y mi mujer me vio entrar al baño con una selección tremenda. Aún no se había metido en la ducha. La rodeé por la cintura con mis brazos y la atraje hacia mí, besándola en la boca y en el cuello. Sabía a sal y mar.

- ¿Qué haces? Tenemos que ducharnos y salir a cenar…

Pero yo continúe con las caricias que ella no rechazó.

- ¿Te vas a poner sexy esta noche?

- No empecemos otra vez…

- No pasa nada, cuéntamelo. Si te pones el vestido corto y escotado blanco vas a volver loca a toda la discoteca, igual que hoy has vuelto loca a toda la playa enseñando los pechos.

- ¿Tú crees? - Me contestó comenzando a jadear porque mis manos se habían perdido en su entrepierna, mientras desde atrás apretaba mi falo contra culo.

- ¿Acaso lo dudas? ya has visto la impresión que le has causado a esos dos. Estás buenísima, te comían con los ojos.

Mis dedos encontraron sus labios mayores y con las yemas los separé, abriéndome paso y entrando en su vagina. Pude comprobar que seguía mojada. Desde esa postura mi dedo entraba y salía a la vez que frotaba su clítoris.

- Sigue, sigue hablándome así… ¿Tú crees que me miraban con deseo?

- Eso no hace falta ni que lo preguntes, lo sabes perfectamente, pero si quieres oírlo de mi boca te lo diré: claro que te miraban con deseo. Estaban los dos empalmados. Y no solo ellos: más de un chaval te miraba con ganas. Esos dos seguro que se la están pelando ahora pensando en ti. Fijo que lo primero que han hecho al llegar a donde quiera que hayan ido a hacerse una paja, es encenderle una vela a la Virgen del pueblo para que esta noche te presentes en la discoteca.

>> ¿Te gustaría volver a verlos verdad? todo esto te pone muy cachonda ¡Confiésalo!

- Sí, sí – afirmaba ya sin recato. Estaba a punto de llegar al orgasmo y no le preocupaba confesar su fantasía, solo quería que yo no parara.

- ¿Te gustaría que te llevaran a la playa de noche y que te metieran mano? - Arriesgué yo introduciendo ahora dos dedos en su empapado coño.

- Sí, síiiiiii….

- Como en la película de moteros ¿verdad? dos chulos solo para ti haciendo contigo lo que quisieran.

- ¡Dios! Arggghgggggg…

Fue lo único que pudo exclamar cuando un temblor recorrió todo su cuerpo, seguido de un espasmo de placer al pellizcarle su clítoris. Allí los dos de pie, en un cuarto de baño minúsculo era muy difícil, así que la llevé hasta la cama y la empuje suavemente hasta que se tendió boca arriba, abriéndose de piernas anhelante. La llamada de sus muslos convergiendo en su rajita húmeda y las nalgas aplastadas que requerían ser empujadas y apretadas, me hicieron hervir la sangre. Me escurrí entre sus piernas hasta llegar a su sexo que empecé a chupar como sabía que a ella le gustaba. Paqui se deshizo en una serie de jadeos profundos y bastante escandalosos. Hacía tiempo que no la oía gritar de esa forma. Estaba tan caliente que ataqué directamente su fuente de placer. Mi lengua presionando sobre su nódulo, tuvo un efecto muy cierto sobre su cuerpo que se tensó, sus muslos se separaron al máximo despegando los labios de su coño y ofreciendo a mi lengua el flujo que no paraba de manar. Estaba muy empapada, no dejaba de lubricar. Introduje dos dedos que llegaron hasta los nudillos sin dificultad, haciendo gancho desde dentro y con mi lengua desde fuera, comencé a lamer cada vez más fuerte, cada vez presionando más su rugosidad. No hacía falta que ninguno de los dos dijera ya nada, estaba claro lo que ella tenía en mente, lo que estaba imaginando en ese momento y la hacía llegar al orgasmo.

Por la intensidad de los calambres que sufrió, el temblor que la poseyó y por como gritaba, supe que había tenido un intensísimo orgasmo y que se había corrido pensando en que aquellos dos realmente tenían sexo con ella. Resultó para mí tan claro y transparente como si hubiera estado metido en su propia cabeza. Me quedé tendido a su lado, la boca, el cuello y la mano empapada de su squirt. Cuando se incorporó y se quedó sentada en la cama, observé su cara y su expresión todavía un poco ida. Aquello había sido tan fuerte que aún estaba seria y descolocada. Me sitúe a su lado y la acaricié, dándole un beso. Mi polla empalmada estaba a la altura de su cara. Ella me sonrió con picardía, satisfecha.

- Bueno, ahora ya puedes ducharte si tienes tanta prisa…

- Y esto ¿qué? - preguntó ella mientras me agarraba el falo apretando.

Una gota de líquido pegajoso blanco salió y resbaló hasta tocar sus dedos. Me pasó la lengua recorriendo el rastro viscoso que había dejado y se concentró en mi glande, chupándolo con fruición. Cuando la tuvo bien en salivada se la introdujo todo lo profundo que pudo hasta provocarse una primera arcada. Luego insistió una, dos, hasta cuatro veces y finalmente, se la sacó de la boca con la respiración entrecortada y aspirando profundamente para poder llenarse los pulmones de aire. Comenzó entonces una masturbación que fue ganando en intensidad mientras con sus manos apretaba mi polla y resbalaban los dedos arriba y abajo. Acabó apretándola contra sus pechos justo cuanto adivinó que llegaba mi orgasmo. Un chorro de esperma salpicó su cuello y pecho, creando un reguero que se acumuló en el canal que formaban sus senos. Varios goterones más de semen espeso y blanco se fueron pegando en sus tetas que seguían abrazando mi polla. Ahora era mi turno de desahogar la calentura que todo lo sucedido me había provocado. Me vacíe como una olla a presión, la cadera a la que dejas salir el vapor, corriéndome como un animal. Fue tan intenso que me quedé sin capacidad de reaccionar y con las piernas temblando, mirando como obsesionado a mi mujer que estaba perdida de semen. Me pareció bella, muy bella y la mujer más sexy del mundo. Y así se lo dije cuando recuperé el resuello.

- Vamos que ahora sí que tenemos que ducharnos. Madre mía como me has puesto - respondió ella entre satisfecha y divertida.

Nos metimos en el baño y observé como la espuma del champú se mezclaba con los restos de leche, formando burbujas que después fueron arrastradas por el agua de la ducha corriendo entre sus pechos, por su vientre y goteando desde los pelos de su pubis. Me recreé la vista pensando lo hermosa que era mi mujer y la suerte que tenía hasta que ella salió de la diminuta placa y me llegó el turno. Después nos echamos un rato en la cama. Anochecía y no quisimos dejar pasar más tiempo antes de vestirnos para salir a cenar. Habíamos quedado sobre las 12 de la noche en la puerta de la discoteca.

La miré mientras se vestía.

Una braguita muy ajustada que apenas le cubría el pubis. Su sexo quedaba completamente marcado y la parte de atrás, bastante escasa de tela, desaparecía comida por sus nalgas como si se tratara de un tanga. El efecto que hacía para que alguien la observara es que, al dejar poco a la imaginación, pareciera estar desnuda. Me sorprendió comprobar que no se ponía sujetador y se colocaba un vestido corto de tirantes que le levantaba algo el pecho. Era ajustado por arriba y por las caderas. Sus curvas quedaban perfectamente marcadas. Resultaba evidente que el pecho iba suelto debajo, sus muslos quedaban expuestos hasta muy arriba, el movimiento de sus nalgas era hipnótico y parecía que de un momento a otro la tela se le iba a subir hasta quedar su culo expuesto. La verdad es que se me ocurrían mil situaciones en las cuales a poco que se agachara, se sentara o cruzara las piernas, iba a acabar enseñándolo todo.

Complementó el arreglo poniéndose un poco de purpurina y pintándose los labios y ojos. Normalmente no iba tan llamativa, ni tampoco tan provocativa. Yo diría que incluso por el maquillaje que se había dado y por su exuberancia parecía un poco vulgar. Era un look diferente pero muy, muy sexy. Como estaba un poco susceptible me abstuve de hacer ningún comentario, pero desde luego parecía que iba pidiendo guerra y ella lo sabía.

- ¡Madre mía! a estos les va a dar un patatús cuando te vean. Estás guapísima - fue lo único que se me ocurrió decir.

- ¿Tú crees?

- Vas a ser la sensación de la discoteca y me voy a tener que pasar la noche quitándote moscones de encima.

- Bueno, para una vez que llamo la atención... - Dejó la frase sin concluir pero parecía evidente que quería decir: “déjame disfrutar que esta noche me toca a mí”.

- No seas tonta, sabes que eres muy hermosa.

Me miró satisfecha, irguiendo el gusto y adoptando una postura sensual frente al espejo contemplándose por última vez.

- No te como la boca porque ya te has pintado los labios que si no…

Paqui se me acercó y me dio un muerdo largo y profundo. Noté como sabía el carmín y también percibí perfectamente como manchaba mi boca y mis dientes. Tuvimos que lavarnos la boca y ella volver a teñírselos de rojo antes de salir.

La cena transcurrió bien, tranquila, nos animamos bebiendo una botella de vino, pero había cierta tensión flotando en el ambiente.