La escala (Capítulo 9)
El mensaje en la pantalla de su móvil le quita el aliento: su propio marido le pide que se deje follar por su jefe. Carla intenta resistirse, pero el cuerpo no obedece a la moral, y cuando la puerta del hotel se cierra, la línea entre el engaño y el deseo se desvanece.
La escala
Capítulo 9
Estoy leyendo el mensaje de mi marido y es que todavía no me lo creo, parece como una broma, algo que realmente no me está pasando.
- No puede ser… - digo soltando el móvil sin creerme que Óscar me escriba que me folle a su jefe.
- Es lo que quiere tu marido… lo que quieres tú. No te tortures, Carla.
- No… no… No puedo hacerle esto a Óscar – digo, pero no sé ni lo que digo.
- Pero si te lo está pidiendo a gritos.
David me besa suavemente y vuelvo a leer su mensaje. Lo hacemos juntos... Es cierto, Óscar me está pidiendo que me deje follar por su jefe.
- ¿Hacemos un trato? - me dice de pronto con su frente pegada a la mía.
- ¿Qué? - contesto jadeante.
- Yo te la meto un poco hasta donde tú me digas. Tú mandas. Y prometo no correrme dentro.
Ahí sentada, con mi trasero sobre la mesilla y mis piernas abiertas de par en par, la punta de esa polla descomunal está llamando a las puertas del máximo placer que voy a tener jamás. ¿Negarme a eso? ¿Hacerlo contra mi voluntad, cuando es lo que más deseo? ¿Lo que más desea mi esposo? Esa consigna es con la que quiere que claudique David y la que yo misma me impugno para dejarme vencer... lo estoy deseando. Al fin y al cabo, si no se corre habré conseguido el objetivo de llevarle al éxtasis y dejarle con las ganas, que es lo que quiere mi esposo… al verme dudosa, aclara:
- En el momento que nombres a Óscar, me detengo y la saco. ¿Te gusta el trato? Sería nuestra consigna.
El glande juega con mis labios vaginales y estos se abren como una flor esperando la entrada de esa enorme cabeza juguetona.
- Tú me dices hasta donde llego. - dice él muy seguro, aunque creo que yo no lo estoy tanto.
Ese glande ha desaparecido en mi interior y noto ese calor que desprende mezclado con mi propia calentura, al tiempo que veo las paredes de mi vagina abrirse. Por un lado, quiero que salga, pero por otro no puedo remediar querer que siga avanzando. El grosor de ese enorme miembro me abre el coño como nunca. Siempre lo había imaginado, incluso lo habíamos fantaseado juntos mi esposo y yo... pero ahora...
Acaricio su fornida espalda y mis tobillos se apoyan sobre sus caderas en una clara invitación a que entre más adentro.
No dejo de quitarme de la cabeza a mi marido. Seguramente estaría orgulloso de que llevara a ese jefecillo suyo hasta el extremo, que consiguiera ponerle realmente cachondo, aunque tampoco estoy muy segura de sí es eso lo que estoy haciendo.
Otro centímetro se apodera de mi coño y noto como se va ensanchando ante el grosor extraordinario de esa verga. El calor me invade, pero su boca se vuelve a apoderar de la mía y nos fundimos en nuevo beso mientras noto como esa barra ardiente me va entrando poco a poco. ¿Óscar me permitiría besarle? ¿Qué otra cosa puedo hacer cuando esa maravillosa lengua se envuelve con la mía?
- ¡Ohhh, Dios! - exclamo con la cabeza hacia atrás cogiendo aire... esa polla me abre al máximo.
- ¡Uf, sí que eres estrecha!
- ¡Oh, sí, David...! ¡joderrr!, ¡Qué gusto, por Dios!
- Te gusta, ¿eh zorrita mía?
Sus palabras me hacen recordar a mi marido... esa es la frase que usa conmigo cuando imaginamos que otro me folla, pero parece que ya no es exclusiva nuestra, pues su jefe se la conoce... y bastante exacta, pero además sabe cuándo usarla. Aun así, no contesto, pero no puedo evitar sentir algo que invade todo mi cuerpo y quiero que me la clave. Si, soy una zorra y me gusta que me lo diga, me excita todavía más, con media polla dentro de mí.
- ¿Sigo? – me pregunta, pasando su lengua por mis labios y esa sonrisa perversa.
Afirmo mordiéndome el labio, sintiendo como esa cosa gruesa me abre al máximo. Desde mi posición, su maravilloso cuerpo sobre el mío es algo que me enfada y me excita a la vez... ¡está tan bueno!
- ¿Segura? – me pregunta, porque quiere escucharlo.
Muevo la cabeza afirmativamente, en cambio él se separa lentamente hasta asolo dejar la punta.
- ¡Quiero que me lo pidas, puta! - me dice agarrando mi barbilla con sus dedos y nuestras frentes en contacto. Nuestras miradas se clavan.
Siento el vacío en mi coño, he dejado de sentir esa maravillosa sensación de verme llena, por primera vez en mi vida. No contesto, pero estoy deseando volver a sentirla adentro, mucho más. Su cara es puro vicio, con esa mirada que deshace y luego su sonrisa con la que sabe que me tiene derrotada. Sin pronunciar palabras mis manos acarician su fuerte espalda y mis talones empujan su culo para que me penetre de una vez. ¡Necesito que me atraviese de una vez!
- No, no… zorrita. Eso es jugar sucio, Quiero que me lo pidas. Quiero que seas mi puta y sé que lo estás deseando. No pienses en otra cosa... piensa en lo que te va a penetrar- añade aguantando esa embestida que yo me empeño en sentir.
¿Jugar sucio? Este chaval es el que me ha llevado con sus trampas a donde quería y sabiendo que yo llevaba mucho tiempo sin sexo, ahora me tiene a su merced.
Resoplo. Su glande está metido en mi chochito y noto las palpitaciones rodeando esa cabeza.
- ¡Vamos, Carla!, ¡Dilo!
Tenso mis músculos todo mi cuerpo, mi piel se eriza, siento que no puedo más. Cierro los ojos... veo la cara de mi marido, pero joder.... ¡es lo que quiere!
- ¡Fóllame! digo entre susurros.
- ¿No decías que no te la podía meter? - juega duro, sabiendo que yo ya estoy perdida.
- ¡Dios, fóllame de una vez!, ¡clávamela, cabrón!, ¡No me tengas así! - mi voz es un grito ahogado.
- Así me gusta, putita. - añade sonriente.
Sus brazos se agarran al mueble y noto sus músculos tensarse sin dejar de observarme con su frente pegada a la mía.
De un golpe me mete ese enorme miembro hasta notarlo invadiendo mi coño por entero. Su anchura es tremenda y me siento más llena que nunca. Casi siento que me falta la respiración y solo me limito a arañar esos brazos que siguen tensos. De mi garganta salen hipidos ahogados, hasta que él se sale lentamente, dejando solo la punta metida y de nuevo me inserta su daga por completo, haciendo que esta vez grite de auténtico placer. Su pelvis choca con mí entrepierna.
- ¡Ah, sí, sí, sí! - repito gimiendo, notando como llega hasta un lugar no invadido jamás... ni cómo se abre mis músculos vaginales aferrándose a él.
La siento muy adentro, hasta un lugar que noto tensarse dentro de mí y que nunca había experimentado.
- ¡Qué estrechita eres, preciosa! Pensé que no me iba a entrar. Tu marido tiene razón, ese coño tuyo es increíble. - añade con un suave vaivén que me vuelve absolutamente loca.
- ¡Joder, Dios... que pasada! - exclamo resoplando, notando que las lágrimas brotan de mis ojos y no de arrepentimiento, sino de puro éxtasis, de auténtico placer.
Esta vez soy yo la que le besa, la que introduce mi lengua en su boca para que se calle y me siga follando, que deje de nombrar a mi marido. Entonces David, me agarra por debajo de las piernas para poder entrar con más ímpetu. Empieza ese movimiento de su pelvis de forma enérgica, cada vez más fuerte, casi de forma bestial, siento cómo me penetra de esa forma tan ruda como inaudita, y me encanta sentir el sonido de ese mueble contra la pared y mis tacones chocando en ella. Sí, me está follando, ese miembro erguido, gigante y grueso... me está taladrando hasta sentirlo en mi matriz, hasta notar como se abre mi coño como nunca.
- ¡Sí, cabrón, qué polla tienes! – le digo mordiendo su labio inferior, mientras me taladra con fuerza.
- ¿Cómo la de tu marido? - se burla
- ¡cabrón, cabrón, cabrón! - gimo ante lo que es incomparable.
Mis insultos le animan y comienza un mete y saca aún más profundo, intenso, bestial, como si fuéramos a romper esa mesita sobre la que estoy sentada.
Sí, me está follando, pero en ese momento no pienso en nada más, no atiendo a la razón, ni recuerdo que soy una mujer decente, casada con su capitán, solo quiero me siga taladrando y partiéndome en dos, que siga elevándome sobre esa mesita y me empale sin cesar.
Sus embestidas son fuertes, interminables, como lo es esa polla dentro de mí, me está follando, me está abriendo al máximo… la noto tan adentro que parece que me va a desgarrar.
- ¡Me corro, me corro! – digo aferrándome a ese cuello y sintiendo sus embestidas cada vez más fuertes.
Apenas unos segundos después mi coño empieza a convulsionarse, de una forma extraña, como si masajeara esa polla que me sigue taladrando, en un orgasmo que noto en cada poro de mi piel, en cada parte de mi cuerpo, casi puede sentir que floto, que estoy gimiendo sobre su boca, en una corrida bestial y el chico sigue martilleando, lo que consigue alargar mi placer y ese orgasmo único y maravilloso. Creo que eso hace que ese joven estire sus músculos y apriete su pelvis totalmente dentro de mí y de pronto se queda quieto con toda su polla en mi matriz y se me queda mirando fijamente.
- ¡Joder, Carla, que coño tienes! ¡Qué pasada! ¡No voy a poder aguantar!
- ¡Uy... David!
- ¡Me voy a correr!
- ¡Hazlo!
- ¿Dentro? - exclama con su sonrisa perversa y las venas de su cuello hinchadas... su frente empapada en sudor.
- ¡Hazlo! - le repito... necesito sentirlo.
Parece que David tiene claro que yo no voy a decirle que la saque, pero, aun así, no sé cómo, el tío mantiene el control. Entonces yo misma hago un juego pélvico, apretando al máximo los músculos de mi vagina. Su sonrisa se convierte en una boca abierta y unos ojos cerrados... ¡Quiero que lo haga!, ¡Quiero que este cabronazo se corra dentro de mí!
- ¡Uf, toma mi regalo, putita! – dice dando pequeños impulsos de su pelvis con toda su polla en lo más hondo y siento cómo me está inundando de semen.
- ¡Uf, David! – exclamo mordiendo sus labios y buscando su lengua con la mía, mientras sigo sintiendo ríos de su tibia leche bañando lo más profundo de mí.... todavía temblorosa de mi propio orgasmo. Nunca había sentido nada igual.
Cuando terminamos tras un largo y apasionado beso, David por fin se separa mí y noto como un río blanco recorre mis muslos impregnando mis medias negras. ¡Seré puta! ¡He dejado que se corra dentro! ¡Eso no es lo acordado!... tenía que haberle calentado, sólo eso... siento todavía su tibia leche dentro de mí... ¡y estoy en plena ovulación!
- No me creo que esté pasando esto. – le digo y él no habla sólo atrapa mi boca con la suya y nos enredamos en un nuevo beso apasionado.
Todo parece haber acabado y me siento extraña, entre jadeante, excitada y humillada, con una especie de resquemor en mi coño y en mi conciencia. No sé cómo he podido hacer esto. Ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida, eso está claro... posiblemente mañana me remuerda la conciencia y llore por haber permitido esto... pero nunca pensé que algo tan grande estuviera dentro de mí, ni que un tío tan bueno lo hiciera tan bien, hasta hacerme volar. Mi coño palpita y mi excitación no se apaga... es como si hubiera entrado en un camino hacia el cielo.
Me quedo tumbada en la cama, mientras la boca de David se come la mía, luego los pechos, los devora y se entretiene jugando con mis duros pezones.
- ¿Ahora cómo quieres que te folle? – me pregunta, relamiéndose.
- No, no podemos volver a hacerlo. - digo intentando poner un atisbo de cordura.
- Vamos zorrita mía, que tu coño pide más guerra. Estás hecha para follar y esta polla sabe cómo complacerte...
- Soy una mujer casada, joder... nunca le he sido infiel a mi esposo.
Miro a esa verga que inexplicablemente se mantiene tiesa.
- Espera que le pregunto a Óscar y así te vuelves a quedar tranquila.
- ¡No, David! – le grito, cuando veo que estira su mano para coger su teléfono.
“Acabo de follarme a tu mujer, capitán y es una auténtica maravilla, es toda una puta en la cama como bien decías, tenías razón… es una maravilla... ese coño me ha apretado bien... qué pasada, pero ahora quiero volver a metérsela varias veces, quiero que se corra sin parar, ¿qué dice a eso capitán?”
Le da a enviar y luego me lo enseña, cuando yo tapo mi cara con mis manos, sin creerme que esté pasándome esto y sin saber por dónde puede salir Óscar. Le acaba de decir que me ha follado y quiere volver a hacerlo. El bip del teléfono indica que ha llegado su respuesta:
“Mi comandante, dile que se ponga a cuatro y fóllala como a una perrita, verás que maravilla, mi nena es increíble, te lo aseguro”
La carcajada de David resuena en mi habitación, cuando me muestra el mensaje que tengo que volver a leer varias veces. ¡Óscar le pide a su jefe que vuelva a follarme! ¿Está disfrutando mientras su esposa se entrega a otro? Esto ya no es una fantasía…
En pocos minutos, me veo arrodillada sobre la cama y David detrás mío, me agarra de las tetas que se quedan colgando y me planta un sonoro azote en mis posaderas que resuena formando un eco. Mi marido no sabe que se ha corrido dentro, pero yo no quiero dejar de follar con ese hombre. De pronto otro azote más fuerte.
- ¡Ah, cabrón! – exclamo dolorida.
- Eres una zorra de cuidado, no te conformas con un polvo y ahora, tu marido estaría reposando durante media hora y yo te voy a volver a follar. ¿no te parece increíble?
Sus palabras me hacen sentir sucia y excitada al mismo tiempo. No puedo comparar con Óscar, que después de correrse necesita tiempo y menos poder comparar el tamaño, de esa polla que cómo mínimo, es el doble de larga y de gruesa. ¡Es tan bonita!
Aferrado a mis pechos y sobándolos con lascivia, siento que esa poderosa barra de carne se abre paso en mi coño y me perfora sintiéndome todavía más llena que antes. Me parece increíble que se haya recuperado tan rápido, pues la noto dura como si fuera la primera vez. Está vez noto su torso en mi espalda, nuestras pieles sudorosas se unen y siento cómo sus manos retuercen mis tetas, como si quisiera arrancármelas... le siento más grande y profundo. ¡Joder!
- ¡Sí, Diosss… qué puta maravilla! – exclamo mientras muerdo la almohada.
- ¡Sí que es una pasada, esta postura, zorrita mía! - dice él jadeante y embistiéndome, moviendo mi cuerpo en cada golpe de su pelvis.
David comienza a follarme a lo perrito, dándome duro, llamándome zorra, puta, guarra... todas esas cosas que sólo puede llamarme mi esposo.
David mueve mi cuerpo con cada penetración. Unas veces estruja mis tetas y otras, tira de mi pelo, ese momento que tanto le gusta a Óscar, en el que me dice al oído que es otra polla la que me penetra, mucho más grande... ahora es así, la siento mejor que en cualquiera de mis fantasías, mientras David me taladra sin cesar, moviendo mi cuerpo y desplazándolo en cada embestida. Su pelvis suena contra mi trasero haciendo ese sonido de chasquido al tiempo que el cabecero de la cama choca con la pared. Los clientes de la habitación de al lado deben alucinar.
- ¡Sí, joder, sí! – exclamo yo, notando como la pelvis de ese chico choca con mis posaderas y llega con esa polla hasta donde nunca llegó otra.
Me corro entre convulsiones, apoyando mi cara contra la almohada, en unos gritos ahogados, necesarios para soltar todo lo que llevo adentro, pero es que además me siento tan llena, parece que no voy a poder sentir nada parecido en toda mi vida.... al poco rato David se tensa, me da un último azote y me la clava quedándose quieto con toda esa barra de carne dentro de mí y se corre de nuevo, pudiendo percibir esa tibieza en mi interior... esta vez ya no pienso, sólo me oigo decir a mí misma.
- ¡Qué pasada!, ¡Qué gusto, cabronazo!, ¡Me estás inundando!
Siento los impulsos de esa polla dentro de mí, que está descargando con ganas, en lo más hondo de mi matriz... y por fin noto que se sale cuando los últimos goterones todavía salen con fuerza sobre mi culo y mi espalda, mientras me azota el pandero dejándome sus dedos marcados.
- ¡Ay!, ¡Eres un cabrón! - me quejo.
- Y te gusta… Sí, señor, Óscar tiene razón, eres la mejor follando. Tienes un coño para estar dándote caña toda la noche, pero creo que me has vaciado los huevos a base de bien, nena.
Casi sin tiempo a reaccionar y de forma inaudita, tras haberse corrido, me giro, en apenas un minuto veo su polla todavía tiesa y no me lo creo. Me lanzo a por ella para empezar a chuparla con ganas, sintiendo el sabor de mi coño impregnado en ella, tragando esos restos de su semen, mientras ese chico me sujeta por el pelo y mueve su pelvis siguiendo mi ritmo y llegando con ese tronco cada vez más adentro, llegando a provocar arcadas, me está follando la boca literalmente, de una forma bestial, casi sin dejarme respirar, mis ojos lagrimean, las venas de mi cuello se hinchan, pero me encanta que me haga eso... cuando de pronto se tensa y se corre de pronto, sujetando mi cabeza para que no la separe. Es inaudito, se ha corrido casi tres veces seguidas... Tengo que respirar por la nariz con dificultad, mientras siento que abundantes chorros de semen invaden mi boca, mi garganta y que tengo que tragar hasta el final. No me puedo creer que se haya corrido así y que todavía suelte esa cantidad de semen, que no me deja casi ni respirar.
- Así, se hace nena. Una puta de diez... todavía tenía una carga para tu boquita... el cabrón de tu marido es un tío con suerte. Eres increíble.
Nada más decir eso, me pega con esa polla, aun con cierta dureza, en la cara y la restriega por mis mejillas y mis labios... es un cerdo, pero me encanta sentirme así de sucia y de puta con él, no lo puedo remediar. Me tiene loca.
David, se levanta y se mete en la ducha, mientras yo allí tumbada y dolorida sobre la cama, me limpio la cara de babas y de ese olor a hombre que me ha dejado y miro mi coño del que asoma ese blanquecino líquido que ha debido llenarme bien. Apenas me puedo mover. Siento entumecido todo mi cuerpo, especialmente mi coño, que me arde, que se ha abierto más que nunca y vuelvo a mirar a ese río de semen que baña mis labios vaginales. ¡Joder todavía siento el gusto de haberle sentido correrse dentro!
Él se ha debido lavar y sale para observarme allí desnuda, hecha un despojo, tirada en la cama como un trapo, mientras él se va poniendo la ropa y yo me quedo admirando ese cuerpazo que tiene, sin creerme que me haya follado de esa manera. Me ha dejado exhausta. El cabrón me ha llevado al paraíso, maldito cabrón, que bueno está, que bien folla y que maravilla de polla tiene... mientras se viste, siento un vacío extraño, como si echara de menos a que me follara sin cesar.
- ¿Te vas? - le pregunto.
- Sí, preciosa, te estaría follando continuamente, pero hoy es tu noche con tu marido, ¿recuerdas?
Eso me hace sentirme mal. Todos estos días esperando el momento de tener un momento con Óscar y disfrutar juntos de esta noche en París, se ha convertido en algo bien distinto, pero desde luego será algo que no puedo dejar de sentir, ni mi coño tampoco que parece pedir más. Por un momento me había olvidado de mi esposo y ahora es cuando me estoy empezando a dar cuenta... cuando me estoy arrepentiendo...
Con su traje de militar correctamente puesto, se anuda la corbata y me lanza un beso.
- Tendremos que repetirlo, ¿no?
Es increíble la chulería de ese tipo. Ha conseguido su propósito.... y yo estoy metida en un lío en mi cabeza del que no logro salir. El cabrón me ha llevado al cielo del placer.
- No David, esto no va a volver a pasar, jamás. – digo poniendo un poco de serenidad en mi cabeza y repitiéndome a mí misma que lo que ha pasado, no va a volver a ocurrir.
Veo su sonrisa y pienso en lo que es no volver a sentir eso dentro de mí y en el fondo no dejo de pensar que más pronto que tarde esa enorme polla me invada otra vez, me llene como ninguna otra. ¡Seré puta!
Mi cabeza da vueltas. Intento poner orden a todo lo que ha pasado... estoy aquí desnuda en la cama y mi coño lleno del semen de ese chico, que me ha follado varias veces. ¿Qué ha pasado?
Me quedo mirando al comandante que me observa con su sonrisa ladeada, casi burlona.
- ¿Te das cuenta de lo que hemos hecho? - le digo, queriendo hacerle sentir esa misma culpa que me invade... esa misma angustia.
- Por supuesto, lo mejor que me ha pasado.
David me mira muy seguro y sin despegar esa sucia sonrisa de su rostro.
- Bueno, nena, ¿te sientes mal?
- Sí, ¿tú no? Eres su jefe... soy la mujer de tu subordinado.
- Mira, tu marido es el que ha querido esto... si hay algún culpable es él...… seguro que se corre de gusto, con tus fantasías. – dice con chulería
- ¡Eres un hijo de puta! - digo arrodillada en la cama mirando a ese hombre que acaba de follarse a la esposa de su capitán y todavía se chulea.
Quiero sentir odio, no sé muy bien a quién... ¿a él? ¿a mi marido? ¿a mí misma?
- Carla, te aseguro que tu hombre está muy orgulloso de ti. Cuando le digas que me he corrido dentro... mmmm, le va a encantar
- ¡Cerdo, te odio!... - digo apretando mis dientes.
- Bueno, antes no parecías odiarme, pero tranquila, que pronto volveré a llenarte con mi leche calentita.
- ¡Eres un cabronazo! ¡No quiero volver a verte, sal de aquí! – le digo saltando de la cama, todavía desnuda empujándole hasta hacerle salir de la habitación y golpeando su fornido cuerpo.
- Espera, Carla, antes quiero darte otra sorpresa. - dije sujetándome con firmeza de mis brazos y manejándome como a una muñeca, pues me domina como quiere con su fuerza.
Estoy tan aturdida, desnuda, con mi rabia por dentro, un gusto que me invade y mis ojos cargados de lágrimas, sin saber qué pensar, cuando de pronto David abre la puerta del baño y aparece mi marido sonriente.
- ¿Óscar? - digo tapando absurdamente mi desnudez con los brazos de forma absurda.
- Hola cielo, no te enfades... - dice él, sonriente.
- Pero ¿qué es esto? - digo aturdida.
- Esto era tu regalo de cumpleaños, quería que fuese algo muy especial.
Acabo sentándome en la cama, pues la habitación me da vueltas... esta vez creo que no es culpa del champagne.
- Pero... todo esto… ¿lo sabías? ¿Lo has preparado? – exclamo y yo misma me contesto con mis propias preguntas
Ambos hombres me miran sonrientes, los dos vestidos de militar y yo desnuda, sentada en la cama, en medio de esa habitación sin creer lo que ha pasado. Miro mis medias negras aun manchadas del semen del comandante.
- Sí, cielo... lo he visto todo y me has hecho muy feliz. - me aclara Óscar.
- Pero... cariño. - imploro.
- Te amo y creo que tú también lo has sido. No te tortures – afirma sonriendo.
Me quedo con la boca abierta, pues mi marido ha debido observarme totalmente entregada a su comandante en la forma en la que me ha comido el coño, en cómo le hecho la cubana o las formas en las que me ha penetrado varias veces. Incluso cómo me ha regado por dentro con su semen... ó cómo me ha follado la boca. No me lo puedo creer. Estoy totalmente impactada.
- ¿Te das cuenta de lo que me has hecho hacer? - le recrimino, aunque me siento extraña, pues soy yo la que ha cometido el error.
Mi marido se acerca y acaricia mi barbilla, sonriente, se le ve feliz y orgulloso.
- Lo que siempre hemos soñado, cielo. - afirma.
- Pero esto no es un sueño. - le respondo.
- Por eso... por fin se ha hecho realidad. Me ha encantado verte gozar, por fin una polla te llena y no es una fantasía, has disfrutado de un sexo puro y salvaje, el que siempre hemos contado en nuestros juegos...
¡Dichosos juegos! En el fondo, sí, esos son los que me han hecho vivir esos momentos únicos y mágicos. Estoy en shock, no sé qué decir... pero aún le quiero abrir los ojos a mi esposo y añado.
- ¡Oscar!... ¡se ha corrido dentro!
- Lo he visto...
- ¿Pero te das cuenta de lo que significa?
- Sí. - añade y vuelve a sonreírme acariciando mi rostro en el que unos minutos antes, la polla de su jefe me ha estado restregando de forma tan cerca y lasciva.
No me creo que mi marido aprueba algo así. Recuerdo las conversaciones que habíamos tenido tiempo atrás, con la idea de buscar alternativas a quedarme embarazada, viendo que su semen no tenía la cantidad ni la movilidad suficientes... pensamos en cosas como la inseminación artificial, fecundación in vitro... incluso en la adopción, pero ahora...
Los dos hombres se han un abrazo, mientras yo sigo aturdida, con mis brazos rodeándome entre un miedo y un gusto que sigue dentro de mi cuerpo y oigo decir a David.
- Ha sido un auténtico placer. Cuando quiera repetir capitán, no tiene más que llamarme. Su mujer es increíble. Le felicito. - dice de forma cortés, como si no fuera el mismo cabrón que me ha follado.
- Gracias mi comandante. - responde Oscar, mientras sigo sentada en la cama pues mis piernas no me sostienen.
Cuando Óscar despide a David, regresa adentro y le miro, aun con mi cara de asombro, mis ojos cargados de lágrimas, aunque todavía no sé si estoy arrepentida, pues mi coño palpita sin parar.
- Se que te he hecho esto como una jugarreta. Perdóname mi amor... pero de otro modo no lo hubieras hecho, ¿no? - me dice.
Mi marido abraza mi cuerpo desnudo y no todavía no me creo todo lo que ha pasado, su plan, ese juego que siempre hemos practicado, pero llevado a otra dimensión, hasta el punto de convertirlo en un regalo de cumpleaños totalmente loco, pero realmente alucinante... no soy capaz de decir nada, pero lloro, más de alegría que de tristeza, de liberar esa tensión que me ha llevado a lo que yo creía un engaño y había sido preparado por mi esposo.
- ¿Me perdonarás? - me dice mirándome a los ojos mientras seca una lágrima con la yema de sus dedos.
No contesto, no puedo hablar... pero ¿perdonarle? No debería ser yo la que le pidiera perdón... no sé, estoy hecha un lío, pero mi esposo en su máximo acto de amor me ha dado aquello que ambos hemos soñado siempre y es follar con un chico fornido y guapo, con una polla enorme, que me ha llenado como nunca lo hará él. ¿Perdonarle?
- Óscar... podría quedarme embarazada. - le digo aun suspirando y con un gusto en mi interior.
- Lo sé. Sería maravilloso y un doble regalo de cumpleaños.
Nos besamos con pasión y nuestro abrazo lo dice todo, hasta que mi marido, me entrega un billete de avión para la próxima semana con destino a Roma.
- ¿Qué es esto? - pregunto, al ver el billete a mi nombre.
- Mi próxima escala es en Roma, el sábado que viene.
Miro el billete, luego a mi marido y él añade.
- Tranquila que también estará el comandante...
FIN
Sylke 2025
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Historia de Eva- 4
La puerta se abre y el mundo que construimos a escondidas se derrumba en la sala de estar. Carlos no viene solo; trae consigo la confirmación de que…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Un Taxista se cogió a mi Esposa delante mío
Sergio siempre soñó con ver a su esposa con otro, pero nunca imaginó que sería frente a sus propios ojos.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Amo ser cornudo
Manuel siempre supo que Anyi era irresistible, pero nunca imaginó que su mayor placer sería verla entregarse a otros.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
El Amigo de mi esposa se la cogió en la costa
Ana siempre le pidió espacio, pero esta vez el silencio eraconde una promesa prohibida. Desde la puerta entreabierta, el esposo descubre que su…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa argentina 6 parte 1
Él tiene el control total en la consulta, pero en la oscuridad de su escritorio, su verdadera naturaleza se revela.
Comparte:Voyeurismo ocultoCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa Argentina parte 13
Carlos sabe que su esposa es una mujer de doble vida, pero nunca imaginó que su mejor amigo la llevaría al límite con otro hombre.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldVoyeurismo oculto