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Toneta: ¿Trabajo o infidelidad? - 7

Juanma no busca solo el placer, busca el número. Y para escalar la carrera de Marta, no hay mejor estrategia que el nombre más famoso del sector. ¿Está ella lista para vender su intimidad al precio del éxito?

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Juanma no levantaba la vista de la pantalla.

Los números danzaban ante sus ojos, un torbellino de algoritmos y métricas que, para él, hablaban un lenguaje más claro que cualquier conversación. El brillo azulado del portátil iluminaba su rostro concentrado en el salón silencioso.

No había excitación en su mirada, solo una fría determinación.

Gráficos de barras ascendían y descendían. Líneas de tendencia serpenteaban por la pantalla, cada pico y cada valle narrando una historia de crecimiento, de retención de suscriptores, de momentos clave.

Un pico notable se alzaba tras la colaboración de Marta con Víktor Volkov; otro, aún más pronunciado, después del trío con los checos.

Los comentarios de los seguidores —una marea incesante de elogios y peticiones— se desplazaban por un lado de la pantalla.

Un patrón emergía con nitidez: las escenas con actores reconocibles disparaban las métricas a cotas inauditas.

La gente no solo quería a Marta; quería a Marta con ellos.

La llave giró en la cerradura, un sonido familiar que rompió el silencio.

Marta entró, una sonrisa suave curvando sus labios. El cabello moreno, largo y sedoso, caía en cascada por su espalda, y su ombligo, perforado por un pequeño brillante, asomaba por debajo de una blusa de seda que apenas rozaba su piel.

Llevaba unos vaqueros ajustados que moldeaban sus caderas atléticas y, como de costumbre, no llevaba sujetador; sus pechos firmes se movían con naturalidad bajo la tela.

El aroma a jazmín y a satisfacción flotaba a su alrededor.

Venía de la sesión de fotos para la nueva campaña de Nick Moreno, un proyecto que prometía expandir su marca a nuevos horizontes. La química entre ellos era innegable, un lazo forjado en años de complicidad, pero ahora se había transformado. Era más madura, más estratégica.

—¿Qué tal el día, cielo?

La voz de Marta era un susurro melódico. Sus ojos oscuros se posaron en Juanma, que ni siquiera parpadeó.

—Productivo. ¿Y el tuyo?

La respuesta de Juanma fue concisa, sin levantar la vista. Sus dedos seguían tecleando, navegando entre hojas de cálculo y paneles de control.

Marta se acercó al sofá y se dejó caer a su lado, estirando las piernas.

—Bien. Nick es un profesional increíble. Las fotos quedaron espectaculares. Tiene una visión muy clara de lo que quiere. Me ha dicho que, si todo va bien, me quiere llevar a grabar a Estados Unidos.

Un destello de orgullo cruzó sus ojos.

—¿Y tú? ¿Qué te tiene tan absorbido?

Juanma finalmente apartó la mirada de la pantalla, aunque sus ojos no perdieron el enfoque. Se giró hacia ella, la expresión seria.

—Estaba revisando las métricas de tu OnlyFans. Los números hablan por sí solos. Necesitamos un movimiento audaz. Algo que te catapulte a otro nivel.

Marta frunció el ceño; una ligera arruga apareció entre sus cejas perfectas.

—¿Otro nivel? ¿No estamos ya en uno bueno? La colaboración con Volkov fue un éxito, el trío también. Nick Moreno es un paso enorme.

—Lo es. Y lo valoramos, créeme. Pero hay un techo. Un techo que solo se rompe con una exposición masiva, con un nombre que resuene en cada rincón. Un nombre que la gente reconozca al instante.

Juanma hizo una pausa, sus ojos fijos en los de ella, buscando una reacción.

—He estado pensando en Jordi.

El silencio se instaló, denso y pesado.

Marta parpadeó, una incredulidad inicial marcando sus facciones.

—¿Jordi? ¿Jordi El Niño Polla?

Su voz era apenas un hilo, una mezcla de sorpresa y algo parecido a la burla.

—¿Estás hablando en serio?

—Más que nunca.

Juanma se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.

—No es físico. No es una cuestión de que te atraiga o no. Es alcance. Es marca. Es posicionamiento. Nadie, y quiero decir nadie, tiene la capacidad de arrastre que tiene él en este sector, a nivel mundial. Es un fenómeno.

Marta se incorporó. Su postura revelaba una mezcla de asombro y una pizca de ofensa.

—¿Crees que necesito a alguien así para que mi trabajo sea relevante? Pensé que mi trabajo, mi esfuerzo, ya era suficiente.

—Tu esfuerzo es admirable, Marta. Tu talento es innegable. Pero esto es un negocio y, como todo negocio, necesita estrategia. Necesita inversión. Necesita disrupción. Su nombre en tu perfil no solo te daría miles de nuevos suscriptores; te abriría puertas a productoras internacionales que ahora mismo ni siquiera saben que existes. Te pondría en el mapa global, no solo en el español. Piensa en la proyección, en los contratos que podrían venir después.

Marta lo observaba, una maraña de emociones cruzando su rostro. Esperaba resistencia, celos, alguna objeción moral. En cambio, se encontraba con una visión empresarial fría y calculada.

—¿Y qué pasa con… lo personal? Sabes que siempre he querido mantener una línea clara. Que tú eres el único fuera de la cámara.

—Y eso lo respeto, lo sabes. Pero esto no es sobre tú y yo. Esto es sobre tu carrera. Sobre construir algo que trascienda el simple “contenido de OnlyFans”. Esto es sobre dejar de ser una creadora y convertirte en la productora de tu propio imperio. Con Jordi, tu perfil dejaría de ser solo un catálogo de escenas esporádicas y se transformaría en una marca con peso internacional.

Juanma extendió una mano, señalando la pantalla.

—Mira estos gráficos. El crecimiento es constante, sí, pero con un Jordi la curva se dispararía. No verías una línea, verías un cohete. Y no hablo de una escena, Marta. Hablo de una serie de colaboraciones estratégicas. De una campaña de marketing que te coloque en la cima.

Marta se mordió el labio. Sus ojos se entrecerraron mientras asimilaba la información. La idea, inicialmente chocante, comenzaba a germinar. Admiraba la mente de Juanma, su capacidad para ver más allá de lo evidente, para desglosar la pasión en números y estrategias.

—¿Estás seguro de que funcionaría así? ¿De que el público lo aceptaría?

—El público quiere lo mejor. Y Jordi es lo mejor en su nicho. Es como si un actor de Hollywood de primera línea hiciera una película independiente. Atrae a su público masivo a tu plataforma. Es una sinergia. Y no solo eso: su equipo de producción es de primer nivel. Nos daría acceso a recursos que ahora mismo solo podemos soñar.

Juanma se levantó y se acercó a la ventana, mirando la ciudad que se extendía bajo ellos.

—No se trata de los celos, Marta. Se trata de tu futuro. De tu legado. De que un día puedas mirar atrás y decir: “Lo hice. Construí esto”.

Marta se levantó también. Se acercó a él y rodeó su cintura con sus brazos. Apoyó la cabeza en su espalda, sintiendo la tensión en sus músculos.

—Nunca pensé que te escucharía decir algo así.

Juanma se giró y la abrazó con fuerza.

—Porque te amo, Marta. Y quiero lo mejor para ti. Y lo mejor para ti, en este momento, es esto. Es la oportunidad de tu vida.

Ella levantó la vista. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de admiración y una curiosidad que empezaba a encenderse.

—¿Y cómo lo haríamos? ¿Cómo lo planteamos?

—Ya tengo el contacto. Ya he estado moviendo hilos. Solo necesitaba tu visto bueno. Mañana mismo podemos empezar a negociar. A plantear la colaboración. A definir los términos.

Juanma le acarició el pelo, un gesto tierno que contrastaba con la frialdad de su propuesta.

—Será un antes y un después, Marta. Confía en mí.

Marta asintió lentamente. La idea ya no le parecía tan descabellada. La visión de Juanma, su aplomo, su fe en ella, eran contagiosos.

—Está bien. Hagámoslo. Pero, si esto no sale bien, me debes una cena en el restaurante más caro de la ciudad.

Una sonrisa juguetona asomó por sus labios.

Juanma le devolvió la sonrisa.

—Trato hecho. Pero ya verás cómo no la necesito pagar.

El día del rodaje, el estudio de Madrid bullía con una energía contenida.

Un equipo de producción profesional se movía con eficiencia, ajustando luces, revisando cámaras, preparando el set. No era la atmósfera íntima a la que Marta estaba acostumbrada con Raúl o incluso con Volkov. Esto era otra liga.

Juanma se movía entre el equipo, una tablet en la mano, dando indicaciones precisas. Su voz era tranquila pero firme. Sus ojos lo abarcaban todo: desde el ángulo de la cámara hasta la temperatura ambiente.

Marta, radiante, esperaba en el camerino.

Llevaba un conjunto de lencería de encaje negro que realzaba su figura atlética, sus pechos firmes apenas cubiertos por la delicada tela. El piercing de su ombligo brillaba.

Se sentía poderosa, cómoda en su propia piel, preparada para lo que venía. La decisión de trabajar con Jordi, aunque al principio le resultara extraña, ahora la llenaba de una anticipación electrizante. Era un reto, un paso más allá.

La puerta del camerino se abrió.

Jordi El Niño Polla entró, una sonrisa fácil en su rostro, un aura de seguridad y carisma que llenaba la habitación.

No era el tipo de hombre que la atraía físicamente; su aspecto aniñado, su estatura media, no encajaban con el prototipo de Raúl o Nick. Pero su presencia era magnética.

Su mirada, sin embargo, era intensa, profesional.

—Marta, un placer. He oído maravillas de ti.

Su voz era grave, inesperadamente profunda. Extendió una mano y Marta la estrechó, sintiendo la fuerza en su agarre.

—El placer es mío, Jordi. Estoy emocionada por esto.

—El guion es sencillo, pero tiene potencial. Juanma me ha puesto al día. Una escena de seducción que escala rápido. ¿Lista?

Marta asintió, un brillo de determinación en sus ojos.

—Más que lista.

Juanma entró en el camerino, su rostro serio.

—Todo preparado. Vamos a empezar con la primera toma en la cama. Jordi, tú entras por la puerta, la ves, la seduces. Marta, tú juegas con la timidez inicial, pero con una chispa de picardía.

Juanma les dio las últimas indicaciones, su voz un murmullo autoritario que no dejaba lugar a dudas.

—Quiero que la tensión sea palpable. Que la cámara capture cada mirada, cada respiración.

El set era un dormitorio lujoso, con sábanas de seda negra y una iluminación suave que creaba un ambiente íntimo.

Marta se recostó en la cama, esperando.

La cámara se encendió y la magia comenzó.

Jordi entró. Su mirada se posó en ella, una sonrisa lenta curvando sus labios.

Los ojos de Marta, al principio, buscaron la cámara, conscientes de la lente que las grababa. Una ligera incomodidad la invadió, un recuerdo de su primera vez con Raúl, donde la presión del equipo lo había cohibido.

Pero esta vez era diferente.

Esta vez, la incomodidad no era por ella misma, sino por la figura de Jordi, tan ajena a su tipo. Sin embargo, su profesionalidad la arrastró.

Jordi se acercó a la cama, sus ojos nunca abandonando los de ella.

—No esperaba encontrarte aquí.

Su voz era un ronroneo bajo, cargado de intención.

Marta, siguiendo el guion, se encogió ligeramente, una falsa modestia en su postura.

—¿No? Quizás te has equivocado de habitación.

—No lo creo.

Jordi se sentó en el borde de la cama. Su mano rozó la pierna de Marta, un contacto eléctrico.

La piel de Marta se erizó. A pesar de su inicial reticencia, una chispa, una curiosidad salvaje, comenzó a prenderse en su interior.

La energía de Jordi era innegable, un imán que la atraía a pesar de sí misma. Él no era Raúl, no tenía su cuerpo esculpido ni su pene descomunal, pero había algo en su mirada, en su seguridad, que la desarmaba.

La mano de Jordi subió por su muslo, lenta, deliberada, hasta el borde de su lencería. Sus dedos rozaron la piel suave, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de Marta.

Ella soltó un suspiro, sus labios entreabiertos.

La incomodidad se disolvió, reemplazada por una creciente ola de deseo.

La cámara, invisible para ella ahora, capturaba cada microexpresión, cada movimiento.

—No te has equivocado —susurró Marta, su voz ronca, la timidez inicial completamente desvanecida—. Has llegado justo a tiempo.

Jordi sonrió, una sonrisa predatoria que desató algo primario en Marta.

Se inclinó sobre ella, besando su cuello, su aliento cálido en su piel. Sus labios se movieron hacia su boca, un beso que comenzó suave, exploratorio, y rápidamente se intensificó.

La lengua de Jordi se encontró con la suya, un baile húmedo y apasionado que la hizo gemir.

Sus manos se enredaron en el cabello de Jordi, tirando suavemente.

Jordi la empujó suavemente sobre la cama. La lencería de encaje cedió a sus toques expertos.

Sus dedos se deslizaron bajo la tela, acariciando la piel de sus muslos, subiendo hasta el centro de su intimidad.

Marta se arqueó, sus caderas se elevaron, buscando el contacto.

El roce de sus dedos en su clítoris hizo que un gemido gutural escapara de su garganta.

—Quiero sentirte —murmuró Jordi, su voz cargada de urgencia.

Marta no respondió con palabras, sino con un movimiento de sus caderas, una invitación tácita.

Sus pechos, firmes y redondos, se levantaron con cada respiración agitada.

Jordi los miró, sus ojos brillando con deseo, y se inclinó para atrapar un pezón entre sus labios.

La succión fue intensa, un placer agudo que recorrió todo su cuerpo.

Marta arqueó la espalda, sus manos aferrándose a las sábanas.

Jordi se movió, despojándose de su ropa con una velocidad sorprendente.

Marta observó su pene, no tan masivo como el de Raúl, pero grueso y perfectamente erecto, latiendo con un pulso propio.

Una oleada de calor la invadió, una mezcla de curiosidad y un deseo salvaje.

Jordi se posicionó entre sus piernas, su polla rozando la entrada húmeda de su coño.

Marta jadeó. Sus muslos se abrieron aún más, instándole a entrar.

El aire en la habitación se volvió denso, cargado de la promesa de lo que estaba por venir.

El primer empuje fue lento, exploratorio.

La punta de su pene presionó contra su entrada, la piel caliente y húmeda.

Marta gimió, sintiendo cómo se estiraba.

Jordi la miró a los ojos, una pregunta silenciosa en su mirada.

Ella asintió, con la cabeza ligeramente ladeada, invitándolo.

Jordi empujó de nuevo, esta vez con más fuerza.

El pene se deslizó, una sensación de plenitud que la llenó por completo.

Un gemido profundo escapó de Marta. Sus caderas se levantaron para recibirlo.

El shlick de la carne húmeda resonó en la habitación, un sonido primario que la excitó aún más.

—Oh, sí —susurró Marta, sus manos aferrándose a la espalda de Jordi, sintiendo sus músculos tensos bajo sus dedos.

Jordi comenzó a moverse, un ritmo lento al principio, luego acelerando.

Cada estocada la llevaba más alto, más profundo.

Sus partes íntimas se frotaban, el sonido de la fricción, el squelch de sus cuerpos uniéndose, llenaba el aire.

Marta cerró los ojos, entregándose a la sensación.

Sus pechos rebotaban con cada embestida, el piercing de su ombligo brillando con cada movimiento de su vientre.

Jordi la volteó, poniéndola a cuatro patas en la cama, su trasero elevado.

El cambio de posición fue suave, sin romper el ritmo.

Su pene se deslizó sin esfuerzo en su coño, ahora más abierto, más húmedo.

Marta soltó un gemido animal, el placer intensificándose.

Jordi se inclinó sobre ella, sus manos sujetando sus caderas, empujando con fuerza.

Las nalgas de Marta se movían, el contacto de sus muslos con los de Jordi, el slap suave de la piel.

—Más fuerte —gimió Marta, su voz distorsionada por el placer.

Jordi obedeció. Sus estocadas se volvieron más profundas, más salvajes.

El pene se hundía en ella con cada empuje, rozando su cérvix, provocando espasmos en su vientre.

Marta sintió una oleada de orgasmo subir por su cuerpo, un crescendo de sensaciones que la dejó sin aliento.

Se aferró a las sábanas, sus dedos apretando la tela.

Jordi la levantó, sus piernas rodeando su cintura, el pene aún dentro de ella.

La cargó hasta el borde de la cama, sentándola sobre él, de cara a él.

La nueva posición le permitió ver la expresión de Jordi, sus ojos encendidos, su rostro contraído por el esfuerzo.

Marta se movió, cabalgando su polla, sintiendo cada pulgada de su longitud.

Sus pechos se balanceaban ante sus ojos, y Jordi extendió sus manos para acariciarlos, sus pulgares rozando sus pezones endurecidos.

El placer era abrumador.

Marta se inclinó, besando a Jordi con una ferocidad que la sorprendió a sí misma.

Sus lenguas se enredaron, un intercambio de saliva que sabía a deseo puro.

Jordi le chupó la lengua, un gesto íntimo que la hizo temblar.

Jordi la bajó de nuevo, esta vez sobre la alfombra suave del suelo.

La recostó, sus piernas elevadas sobre sus hombros. La penetración fue profunda, el ángulo perfecto para golpear su punto G.

Marta gritó, un sonido gutural que resonó en la habitación.

Sus caderas se elevaron una y otra vez, buscando la fricción, el impacto. El shlick-shlick de sus cuerpos se volvió un ritmo frenético.

Se movieron por toda la habitación.

En la silla de diseño, con Marta sentada en el regazo de Jordi, sus piernas enredadas alrededor de él, el coño apretando su polla con cada movimiento.

En la pared, con Marta apoyada, sus piernas abiertas, mientras Jordi la penetraba de pie, sus cuerpos chocando con cada embestida.

En el escritorio, con Marta apoyada boca abajo, su trasero elevado, mientras Jordi la tomaba por detrás, su pene deslizándose en su coño húmedo, el slap de sus nalgas resonando.

El sudor cubría sus cuerpos. El aroma a sexo y deseo llenaba el aire.

Marta sentía su clítoris hinchado, palpitante; cada roce de la polla de Jordi contra su pared vaginal interna enviaba descargas eléctricas por su cuerpo.

Jordi la levantó de nuevo, esta vez en sus brazos, su pene aún dentro de ella, y la llevó hacia el balcón.

El aire fresco de la ciudad acarició su piel sudorosa mientras él la penetraba de pie, contra la barandilla, sus cuerpos unidos en un baile salvaje.

Marta se arqueó, sus manos aferrándose a los hombros de Jordi, sus uñas arañando suavemente su piel.

Sintió el orgasmo acercarse, una ola gigantesca que la arrastró.

Sus músculos se contrajeron, su coño apretando la polla de Jordi con una fuerza inaudita.

Un grito ahogado escapó de sus labios mientras se convulsionaba.

El placer era tan intenso que las lágrimas brotaron de sus ojos.

Jordi la sostuvo, esperando que las contracciones disminuyeran.

Luego, con un gruñido gutural, él también se dejó llevar.

Su cuerpo se tensó, sus caderas empujaron una última vez con una fuerza brutal, y su semen caliente se derramó dentro de ella, una explosión de placer que la llenó por completo.

Sus bolas se golpearon contra su trasero, el sonido húmedo y rítmico de la carne.

Se quedaron un momento, unidos, jadeando, sus cuerpos cubiertos de sudor y fluidos.

La adrenalina aún corría por sus venas, una sensación de agotamiento y euforia.

Juanma, con el auricular en la oreja, anunció con su voz tranquila:

—¡Corte! ¡Perfecto! ¡Eso es oro puro!

Después del rodaje, el equipo se dispersó, dejando a Juanma y Marta a solas en el estudio.

Juanma se sentó frente a una pantalla grande, revisando el material, sus ojos analíticos escudriñando cada fotograma.

Marta, aún con la adrenalina alta, se acercó a él, su cuerpo ligeramente tembloroso, su piel aún sensible.

—¿Qué te parece?

Su voz era un susurro, cargado de una mezcla de agotamiento y una extraña euforia.

Juanma no respondió de inmediato.

Sus dedos volaron sobre el teclado, adelantando y retrocediendo el metraje.

La escena con Jordi se desplegaba ante ellos, cada detalle, cada gemido, cada expresión de placer.

La cámara había capturado la transformación de Marta, la forma en que se había entregado, la salvaje libertad que había encontrado en la experiencia.

Marta se arrodilló a su lado, observando la pantalla.

La imagen de ella misma, desatada, entregada, la llenó de una sensación de poder.

Se había sentido libre, fuerte, deseada.

La experiencia con Jordi había sido diferente a todo lo anterior.

Había sido una explosión de sensaciones que la había empujado más allá de sus propios límites.

Juanma detuvo el vídeo en un primer plano de su rostro: los ojos cerrados, los labios entreabiertos, el sudor brillando en su piel.

—Esto —dijo, su voz baja— es lo que vendemos. Esta emoción. Esta autenticidad. Esta libertad.

Marta se inclinó hacia él, su mano rozando su nuca.

Sus dedos se deslizaron por su cabello, bajando hasta el cuello.

La cercanía de Juanma, la intensidad de su mirada, la hizo sentir un deseo diferente, un deseo que siempre había estado ahí, pero que ahora se amplificaba con la adrenalina del momento.

Se había sentido poderosa con Jordi, pero con Juanma se sentía segura, amada, comprendida.

Sus labios se acercaron a su oído.

—Me he sentido… increíble. Libre. Como nunca antes.

Juanma se giró, su mirada intensa.

—Lo sé. Y lo has transmitido. Eso es lo que la gente quiere ver. Lo que la gente quiere sentir.

Marta no respondió con palabras.

Sus manos se deslizaron por la camisa de Juanma, desabrochando los botones con una lentitud deliberada.

La piel de Juanma era cálida bajo sus dedos.

Él la observaba, sus ojos oscuros fijos en ella, la pantalla con su propia imagen sexualmente liberada brillando detrás de él.

Ella bajó la cabeza, sus labios rozando el cuello de Juanma, un beso suave y húmedo.

Su lengua se deslizó, saboreando su piel.

Un gemido escapó de Juanma; su cuerpo se tensó ligeramente.

Marta continuó su camino, sus labios descendiendo por su pecho, besando la piel, rozando sus pezones endurecidos.

Juanma apoyó la cabeza en el respaldo de la silla, sus ojos cerrados, entregándose a sus caricias.

Marta, con una determinación silenciosa, bajó aún más.

Sus manos hábiles desabrocharon su pantalón, liberando su erección.

El pene de Juanma, ya duro y palpitante, se alzó ante ella.

No era tan grande como el de Raúl, pero era suyo, familiar, amado.

Marta lo tomó entre sus manos, su piel suave y caliente.

Sus dedos se deslizaron por la longitud, sintiendo la dureza, la vena pulsante.

La punta de su lengua rozó el glande, un toque ligero que hizo que Juanma soltara un suspiro profundo.

Ella lo miró a los ojos, una sonrisa juguetona en sus labios.

—¿Esto también vende?

Juanma abrió los ojos, su mirada cargada de deseo.

—Esto… esto es para mí.

Marta bajó la cabeza.

Su boca se abrió para envolver el pene de Juanma.

El calor, la humedad, la sensación de su carne llenando su boca era embriagadora.

Su lengua comenzó a trabajar, lamiendo la punta, luego subiendo y bajando por la longitud, chupando con una habilidad innata.

El slurp suave de su boca alrededor de su pene llenó el silencio.

Juanma gimió.

Sus manos se enredaron en el cabello de Marta, tirando suavemente.

Ella continuó, su garganta profunda, tomando todo lo que podía.

Sus labios se movían con un ritmo constante; sus mejillas se hundían y se llenaban con cada succión.

El sabor de Juanma, la textura de su piel, la excitación que sentía al verlo entregarse, la encendían aún más.

Marta aceleró el ritmo, sus movimientos más enérgicos.

Su lengua jugaba con el frenillo, luego se deslizaba hacia arriba para lamer el orificio de su uretra, donde una gota de pre-cum ya brillaba.

Juanma se arqueó en su silla, sus caderas empujando ligeramente hacia adelante, buscando más.

—Oh, Marta…

Juanma jadeó, su voz apenas un susurro.

Ella siguió, sus ojos fijos en el pene de Juanma, que se hinchaba y palpitaba en su boca.

Sintió cómo se tensaba, cómo su cuerpo se preparaba para el clímax.

Marta apretó su boca alrededor de él, succionando con fuerza, llevándolo al borde.

Con un gemido gutural, Juanma se corrió.

Su semen caliente y espeso llenó la boca de Marta.

Ella lo tomó todo, tragando con una satisfacción palpable.

Se levantó, limpiándose los labios con el dorso de la mano, una mirada de triunfo en sus ojos.

Juanma la miró, su rostro ruborizado, su respiración agitada.

—Definitivamente, eso vende.

Marta sonrió, un brillo travieso en sus ojos.

—Lo sé.

Esa misma noche, mientras Marta dormía plácidamente a su lado, Juanma se sumergió de nuevo en el trabajo.

La pantalla brillaba con el metraje del día.

Con una precisión quirúrgica, editó un teaser, un fragmento de la escena más explosiva, con la música adecuada y cortes rápidos que prometían un espectáculo.

Programó publicaciones estratégicas en todas las plataformas, coordinando el lanzamiento con el equipo de Jordi.

Lanzó una campaña cruzada, utilizando la influencia de Jordi para maximizar el alcance.

Contactó con dos productores internacionales con los que había estado en conversaciones, enviándoles el teaser, la promesa de un nuevo fenómeno.

El capítulo terminó con Juanma mirando cómo las suscripciones empezaban a subir en tiempo real.

Los números, antes líneas y gráficos, ahora eran una marea creciente de nuevos seguidores, de ingresos, de oportunidades.

Marta dormía satisfecha, su cuerpo relajado, su respiración suave.

Juanma sonrió.

No por lo que había pasado en la habitación con Jordi.

No por la felación de Marta.

Sino porque acababa de entender que el verdadero poder no estaba delante de la cámara.

Estaba detrás.

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Si has llegado hasta aquí, GRACIAS por leer el relato. Sé que debo mejorarlos, especialmente en el formato, y en ello estoy mientras voy aprendiendo.Agradecería cualquier tipo de comentario o sugerencias, siempre son bien recibidos.

Todos los relatos están basados o inspirados en historias reales, algunas contadas tal y como ocurrieron y muchas otras adaptando algunas experiencias para darle un aspecto más de relato.

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