Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 25)
Tres meses de encierro metálico le habían robado no solo el placer, sino el tamaño de su virilidad. Cuando la doctora le advierte que su pene se está encogiendo, la humillación se transforma en una carrera contra el tiempo: una semana para recuperar lo perdido, bajo la mirada culpable de quien lo encerró.
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DESPACHO 13
LA COMPAÑÍA – MADRID
[Doctora Álvarez] El sujeto está listo para la fase final.
[Desconocido] Sí lo sé. Yo mismo le administré el tratamiento.
[Doctora Álvarez] Excelente, ¿Pero no se lo habían asignado la tarea a Gabriel?
[Desconocido] En efecto y cumplió su parte adecuadamente.
[Doctora Álvarez] De acuerdo, el plan sigue su curso.
CAPÍTULO 25
Durante los siguientes días regresamos a nuestra rutina habitual; trabajo, encuentros con nuestros amigos y reuniones familiares. Pero nuestra relación sexual estaba encallada.
Pocos días después de la experiencia en el club de intercambio, Laura se presentó con un cinturón de castidad un centímetro más pequeño y me lo instaló sin dificultad. Tras tres meses con ese cinturón puesto las 24 horas del día me empecé a preocupar, además, por su parte, Laura me pedía casi todos los días que la masturbara o incluso que la follara con un arnés, pero no me permitía correrme.
Durante esos días me fijé detenidamente en los hábitos de Laura con respecto a su teléfono móvil y comprobé que intentaba ocultarme sus conversaciones y cuando le preguntaba sobre las mismas, me aseguraba que hablaba con Marisa o que eran temas laborales.
En alguna ocasión intenté desbloquearlo, pero no me fue posible. Seguro que ya tenía un patrón distinto; y este hecho no hacía más que alimentar mis sospechas de que mantenía conversaciones secretas. Pero no sabía con quién.
Otro tema para tener en cuenta, eran mis habituales partidos de pádel ya que, equipado con el maldito cinturón de castidad, me sentía muy incómodo y empecé a perder partidos que antes ganaba sin ninguna dificultad.
Además, no podía ducharme en las instalaciones porque la sola idea de que todos los compañeros de pádel pudieran ver el maldito cacharro que me anulaba como hombre me parecía absolutamente inconcebible.
* * * *
Pero fue en una visita inesperada al ambulatorio cuando todo dio un giro de 180 grados. Aquel día sufrí un mareo inesperado y tuve que presentarme al centro médico más cercano.
Durante la revisión, la enfermera me pidió que me desnudara y al quedarme en ropa interior intuyó que debajo ocultaba algo.
–Disculpe– dijo, –¿utiliza usted algún dispositivo de castidad?
–Sít– respondí.
–Entonces deberá desnudarse completamente porque debo revisarlo; si el dispositivo está demasiado apretado puede ser la causa de los mareos.
Preocupado y humillado delante de la enfermera me desnudé de cintura para abajo. La enfermera lo revisó y dijo:
–No parece ser esta la causa, pero para asegurarme llamaré a la doctora.
Sin decir nada más se fue y a los pocos minutos regresó acompañada por la doctora.
–Ummmm– dijo la doctora al revisarlo. Tomó el pene con su mano y lo volteó en todas direcciones revisando posibles problemas.
–Todo parece bien, pero si me permite preguntar, ¿por qué utiliza este tipo de dispositivo? – pregunté.
–Forma parte de mi rol en la pareja… soy… soy… soy un cornudo sumiso. – me lancé a decir al final.
–¿Y durante cuantas horas lo lleva al día? – preguntó.
–Todo el día.
–¿Desde hace cuánto tiempo?
–Unos tres meses, casi cuatro.
–¿Y? ¿En tres meses no ha tenido ninguna erección ni eyaculación?
–Que recuerde… – intenté responder avergonzado – solo unas dos veces.
–Ummmm, para gustos colores. – se le escapó a la doctora.
–¿Y es consciente de que el uso prolongado de estos dispositivos a largo plazo puede reducir significativamente el tamaño y la funcionalidad del pene?
¿Cómo? Aquello sí que no me lo esperaba. Ya era humillante tener que usarlo pero que además tuviera consecuencias a largo plazo me alarmó.
–¿Sí? – pregunté.
–Verá– continuo la doctora en tono pedagógico.
–El pene está formado por minúsculos capilares que durante la erección se llenan de sangre y aumentan el tamaño del miembro viril. Si mediante un cinturón de castidad como el que usted usa se impide la erección, estos capilares se encojen y acaban siendo incapaces de albergar la sangre necesaria para aumentar su tamaño. De este modo, un pene puede encogerse significativamente.
–¿Ha notado un encogimiento durante ese tiempo?
–La verdad es que sí. ¿Y eso es permanente?
–En casos extremos puede llegar a serlo, aunque lo normal es que al dejar de usar el cinturón el pene se recupere al 100% en pocas semanas. Sobre todo, si se estimula regularmente.
–Gracias por la información. Veré que puedo hacer… no tengo intención de dejar que mi pene se haga más pequeño.
La revisión continuó, me hicieron un electrocardiograma, varias pruebas más y, finalmente, me mandaron a casa con la receta de un antihistamínico.
* * * * *
Al regresar a casa me encontré a Laura preparando la comida y le comenté lo sucedido.
–¿En serio? – dijo al explicarle los efectos del cinturón de castidad.
–Perdona amor. No sabía que esto pudiera suceder. Ahora mismo te lo quito.
Fue a su mesilla de noche, tomó el mando y tras manipularlo liberó mi pene.
–¿Y te han dicho que, para que recupere su tamaño original hay que tener erecciones...? Pues eso debemos arreglarlo ya mismo.
Se arrodilló frente a mí y se tragó entera mi polla que aún estaba morcillona. No tardó en ponerse dura y, efectivamente, era unos dos centímetros más corta, tal vez más. ¡Una polla de 10 o 11 cm! Que espanto.
Al sacarla de la boca, Laura miró mi polla y la agarró con la mano. La polla quedó completamente escondida por la palma de su mano.
–Perdona cariño… la recuperaremos. Volverá a ser como era antes. – dijo consciente del minúsculo tamaño de mi pene actual.
Comparada con las pollas que se había tragado durante estos últimos meses, mi pollita no implicaba ninguna dificultad. Además, después de tanto tiempo encerrada fui incapaz de resistirlo mucho tiempo y me corrí copiosamente.
Fueron siete u ocho chorros de semen que salieron disparados en todas las direcciones sorprendiendo a Laura que quedó toda pringada de espesa leche.
* * * * *
La siguiente semana fue, sin duda, la mejor semana de mi vida. Los remordimientos de Laura por haberme causado “daño” la incentivaron en enmendar su error organizándome un calendario de masturbaciones diarias que me dejaron seco.
Cada mañana ponía su despertador 15 minutos antes para chupármela hasta que me corría; luego, al regresar del trabajo, en el mismo recibidor me bajaba los pantalones y me masturbaba y, finalmente, al acostarnos me permitía follármela por donde más me apeteciera.
¡El cielo hecho realidad! Al terminar la semana estaba completamente seco. Mi pene recuperó buena parte del tamaño original y, además, con tantas sesiones de sexo, cada día conseguía alargar un poco más el tiempo de penetración sin correrme.
En una sola semana pasé de tener una polla de 10 centímetros y correrme en 10 segundos a tener una polla de 12 centímetros, aún no había recuperado los 13 centímetros originales, pero con un aguante de ¡CINCO MINUTOS! Lo nunca visto. Eso sí era una buena terapia y no la de la doctora Álvarez. Aunque el único pero, era que, ni con esas, conseguía que Laura llegara al orgasmo.
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