Xtories

Regalos para su cornudo marido

Teresa vuelve a casa con un secreto ardiente entre sus piernas y un video prohibido en su celular. Carlos espera con ansias no solo el cuerpo de su esposa, sino la prueba gráfica de su sumisión. Esta vez, el juego ha escalado y nada volverá a ser igual.

Deverano20039.1K vistas9.5· 12 votos

Teresa avanza con paso firme y decidido por la acera. Se detiene frente a la puerta de su casa y apoya la mano en el pomo antes de abrirla. Justo en ese momento, gira la cabeza y mira hacia la esquina. Sabe que la estoy observando con atención desde mi auto. Debe intuir mi cara de lujuria y sonríe.

Se siente poderosa, vuelve a casa más contenta de lo habitual, vuelve con algo que él ansía...algo que ha deseado desde hace largo tiempo… algo que él nunca se ha atrevido a pedir. Su encuentro seguirá el ritual muchas veces repetido. Teresa contará a Carlos, su Teresado, como ha ido nuestro encuentro. Se acomodará sobre la cama, se subirá su falda y se abrirá de piernas ante él.

Entonces, Carlos hundirá su cara entre sus piernas, lamerá su coño donde todavía quedan algunos restos de sus jugos y mi leche. Esa rutina le excita demasiado…le gusta que su mujer sea mi amante, mi perrita sumisa, que la llene de leche y que él pueda alimentarse con ella. Es un cornudo consentidor, feliz porque su pareja enciende la pasión de otro hombre y por poder degustar de la mezcla sagrada de sus jugos y el semen del otro. Pero hoy es distinto…hoy hemos dado un paso adelante que no tiene marcha atrás.

Se ha despedido con un beso apresurado para no demorarse ni un segundo, se ha alejado con pasos cortos, medidos, cruzando ligeramente los pies al dar el paso como hacen las modelos. Su intención es clara… no puede permitir que se pierda ni una gota del tesoro que lleva consigo. Aprieta los muslos para mantener cerrado el cofre que guarda el tesoro que va a compartir con su esposo.

Hoy no ha sido como otros días que follamos en mi departamento. He conducido hasta un garaje muy cercano a su vivienda. En el asiento trasero, la he puesto como una perrita y le he dado duro, sin miramientos, sin esperar sus placeres. El único objetivo era correrme dentro, con abundancia, llenar su conchita con mi leche. Es lo que me ha pedido, quiere que Carlos celebre su cumpleaños con una abundante ración de su golosina. Y lo hemos conseguido. Teresa vuelve a su casa con su vagina llena de leche, con su clítoris hinchado y sus labios recubiertos con sus propios jugos.

Carlos sabe que me follo a su mujer cada vez que me apetece. Sólo tengo que marcar su número y decirle que quiero que venga. La reacción es casi automática, actúa como una perrita obediente, viene y se comporta como una auténtica puta. Cumple con todas mis peticiones y goza de cada una de las fantasías que le propongo.

Hace un tiempo me confesó que su Teresado estaba al corriente de nuestra relación. Él sabe que su mujer disfruta como una verdadera perra cada vez que viene a mi encuentro y lo consiente. Su placer está en escuchar lo que ella le cuenta y luego poder lamer el coño de su mujer hasta dejarlo bien reluciente borrando todas las pruebas de su infidelidad.

En realidad, fué Carlos quién la animó para que se me insinuara y así captar mi atención. La lanzó a mis brazos, facilitaba los encuentros y la animó a que se colara en mi vida sin límites ni prejuicios. Teresa va por la cincuentena, mediana estatura, delgada, con bonitas curvas, muy manejable para follarla de todas las formas posibles, pelito corto castaño claro con mechas y unos grandes ojos verdes. Una mujer atractiva y una amante muy caliente.

Estamos contentos con nuestra relación a tres. Carlos es un cornudo respetuoso, Teresa en su doble papel de puta complaciente y luego como dueña del placer de su Teresado. Yo soy un puto corneador, cumplo con todas mis fantasias sabiendo que los dos me necesitan

Por lo que cuenta Teresa se que la máxima satisfacción de Carlos es verla venir contenta, satisfecha…bien follada, y además… con rastros de mi leche en el coño. Teresa dice que cuando regresa, él siempre la espera impaciente, le pide que le cuente cómo ha sido la cogida y cuando ya no puede esperar hunde su cara entre sus piernas, lame su chochito, y toda la zona por donde sospecha me he paseado minutos antes. Eso le excita hasta la locura, cuando ya no puede más, Teresa lo consiente y lo pajea hasta hacerlo venir bien rico. Es un ritual lleno de morbo que les hace disfrutar y que equilibra su relación.

Teresa está satisfecha por partida doble. Se presta encantada a hacer el papel que le ha asignado, primero folla conmigo hasta el agotamiento, hasta sentirse rota y bien llena de leche. Después vuelve a casa para que su Teresado la devore como un animal hambriento. Le gusta que se entretenga entre los pliegues de sus labios y su botoncito del placer desplegando toda su lujuria hasta dejarlo todo limpio y reluciente. Sabe que haciendo esto, su Teresado es feliz y que a menudo sus lamidas se convierten en un nuevo orgasmo que aporta nuevos jugos para llenar su boca.

...

Hoy hemos dado un paso más allá. Quiere que le haga una foto con su celular con mi polla en su boca. Aunque no me lo dice, piensa enseñarsela como un regalo especial, sabe que le va a encantar cuando la vea.

― Es para tener un recuerdo ― me ha dicho tratando de encuadrar su cara en el selfie.

―Trae, déjame a mí― le he dicho cogiendo el teléfono.

He separado bien las piernas dejando que Teresa se arrodille entre ellas. En vez de hacer una foto de mi polla junto a sus labios. He dejado que me la chupe grabando un pequeño video. Aparece Teresa con cara de puta, disfrutando al pasar la lengua desde abajo hasta la punta, caracoleando por el frenillo y el borde del glande. La grabación recoge como engulle hasta la mitad del capullo rodeándolo con sus labios y sorbiendo la punta. Me ha hecho una garganta profunda y se ha follado la boca hasta tener arcadas y escupir saliva sin control.

Todo lo he grabado…todo. Sus movimientos…sus miradas…las guarradas que le gusta hacer con su saliva…la echa sobre mi polla y luego la recoge con la lengua.

Ha puesto su cara más lujuriosa, cómo si estuviera actuando para una película porno muy “hot”. Yo se que esto no es para ella…es para Carlos. A mi me gusta verla así…entregada… chupando como una perrita. Me pregunto dónde está aquella mujer tímida y recatada que me presentó Carlos como su esposa. En unas horas él verá todo lo que hace. Espero que lo disfrute tanto como yo.

―¡Para, para!― le digo cuando se anima a pajearme y chuparte el capullo alternativamente― ¡así me vas ha hacer que me corra demasiado pronto!― le advierto recordando que nuestro pacto es llenarle la concha de leche para que Carlos la pueda paladear y no desperdiciarla entre otros sitios.

Teresa se detiene bruscamente mostrando su momentáneo descontento. A ella le gusta mucho chupar y pajear… pajear y chupar. Hacer que mi polla luzca bien gorda y brillante. Apretar el capullo con su mano y dar enérgicos tirones hacia abajo para hacer aflorar el morado glande antes de que escupa varias andanadas de leche al aire…o a sus labios…o a mi vientre… o sobre su pecho.

Ella conoce el trato, se pone en cuatro, apoya el pecho sobre el asiento. Con ambas manos separa sus nalgas. Aparecen sus labios vaginales ligeramente abiertos, húmedos…sensibles, y también su ojete con esas arrugas propias que al tensarse dan cabida a mi polla.

Me coloco en posición, dirijo la punta entre sus labios y empujo levemente.

―Voy a grabar como te lleno de leche. Voy a grabar como tú misma te follas― le digo dándole una palmada en la nalga derecha mientras con la otra mano sostengo el teléfono ahora enfocado a su culo y mi entrepierna.

―¡Échate hacia atrás!― le digo―¡aprieta…aprieta!― me mantengo firme detrás de ella con la polla apuntada directamente hacia su coño―Vamos a grabar como mueves el culito y ordeñas mi polla hasta sacar hasta la última gota. Quiero grabar como chorreas y como suena tu culo al chocar con mis muslos

―Si, si ― gime Teresa apretando hacia atrás para ir engullendo poco a poco el trozo de carne que tiene frente a sus nalgas.

Me gusta ver como culea adelante y atrás, ver como mi polla entra y sale recubierta por el barniz de sus jugos. Teresa siente como mi verga la invade, la rellena por completo, ondula las caderas para que el contacto sea más intenso. Gime, se mueve acoplándose a mi.

―Te voy a llenar de leche…te voy a preñar…putaaa― grito al ver que se está acumulando mi orgasmo

Pongo una mano sobre su cadera, me afirmo bien y aprieto hasta meterla toda. Comienza un mete y saca lento, que va incrementado el ritmo, poco a poco…sin pausa…gradual…se hace intenso…rápido…nuestros cuerpos chocan…más rápido…más intenso…la piel mojada cruje con las embestidas…ya no puedo parar…soy un animal…me cuesta mantener el enfoque del móvil…debo hacerlo…ha de quedar bien registrado.

―¡Dame tu leche cabrón…damela todaaa!― gruñe sabiendo que estoy a punto de explotar.

―Aghhhhhhh, aghhhh― grito al sentir que el semen fluye como si fuera lava ardiente que escapa por el crater

Una contracción, otra y otra mas…hoy la corrida ha sido más abundante…esta vez tiene dedicatoria.

La saco despacio, con cuidado…dejo de grabar. Le doy una sonora palmada en la nalga y le digo:

―Ya la tienes, aprieta las piernas para que no se pierda. Ve, corre…llevasela. Cuéntale que mi leche es un regalo para él por dejar que seas mi perrita.

Teresa se da la vuelta, me besa en la boca y chupa mi lengua. Sin decir palabra, se arregla un poco, abre la puerta y sale del auto.

Teresa avanza con paso firme y decidido por la acera. Se detiene frente a la puerta de su casa y apoya la mano en el pomo antes de abrirla. Justo en ese momento, gira la cabeza y mira hacia la esquina. Sabe que la estoy observando con atención desde mi auto. Debe intuir mi cara de lujuria y sonríe.

Deverano.

P.D.

Un rato más tarde recibo un mensaje de Teresa. Me invita a que vaya a cenar… con ella y su esposo