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La rutina rota 1/8

Llevaban veinte años juntos, pero una noche, la puerta de su casa se abrió para revelar una verdad que lo cambió todo. No era solo una infidelidad; era una propuesta que buscaba destruir los cimientos de su unión. Él tenía una decisión que tomar: ceder a la novedad o arrasar con todo lo que habían construido.

Fernando11K vistas9.5· 46 votos

Álvaro entraba por la puerta de su casa por la tarde, después de su jornada de trabajo. Cuando metió la llave en la cerradura, supo que Miriam, Miri, como la llamaban cariñosamente, no se encontraba en casa y eso le inquietó. Ya hacía un par de meses que la rutina de Miri había cambiado, no fue de la noche a la mañana, fue progresiva, pero ella salía a las tres de trabajar y siempre que yo llegaba la encontraba en casa preparando la cena o viendo alguna serie de Netflix. Pero ahora llegaba muy tarde, incluso rozando la medianoche y eso me empezó a preocupar.

En algún momento le comenté que a que se debía, y ella solo me decía que tenían una cuenta de un cliente nuevo y requería de mucho trabajo y muchas horas de dedicación. Miri trabajaba como ejecutiva en una agencia de publicidad. Tenía a su cargo a un equipo de seis personas y ya tenía muchos éxitos a sus espaldas y eso la convertía en una gran profesional de reconocido prestigio en ese sector y en un activo muy importante para su empresa.

Yo a su vez, era un ingeniero de telecomunicaciones, trabajando en una conocida multinacional dedicada a comunicación e información como responsable de diseño y desarrollos de sistemas complejos y equipos de comunicación.

Nos conocíamos hacia veinte años, de los cuales diez, éramos un matrimonio con unos valores muy sólidos y una convivencia impresionante…o eso creía.

Como he comentado lo primero que noté, fueron sus ausencias, llegando muy tarde del trabajo. Lo segundo y que fue lo que más me preocupó, es que no se separaba de su teléfono móvil, siempre en su poder, en modo silencio, pero sabiendo que continuamente recibía mensajes, incluso de madrugada.

Una noche, me desperté preocupado Miri dormía plácidamente a mi lado. Me fijé que su teléfono estaba debajo de su almohada, pero al moverse lo había dejado prácticamente a la vista. Sabía que no debía de hacerlo, que era algo reprochable al invadir su intimidad, pero necesitaba respuestas y mi frustración subió como la espuma, al saber que mi mujer había cambiado su clave de acceso, algo que nunca había hecho en todos los años que llevábamos juntos. De hecho, desde siempre, tanto ella como yo, teníamos acceso a nuestros terminales en señal de confianza.

Bien, aunque me negase a reconocerlo y estuviese casi seguro de que algo pasaba en la vida de Miri, no tenía pruebas, aunque todas las señales me llevaban a una infidelidad de manual. También sabía, que dado a lo que me dedicaba, no tendría problema en clonar el teléfono de mi mujer, colocarle un dispositivo GPS en su coche y poner cámaras en toda la casa para recoger pruebas…pero me daba pánico, conocer la verdad.

Una noche, estaba cenando solo, con mi ánimo por los suelos, preguntándome donde andaría Miri, cuando escuche la puerta de entrada abrirse:

—Hola cariño he llegado. —Saludó Miri.

Me levanté de la silla y fui a su encuentro, me abracé a ella con fuerza, mientras buscaba sus labios y nos besábamos con cariño. Cuando terminamos ese beso, Miri me miró confundida:

—Me encanta como me has recibido... pero ¿te ocurre algo?

—Nada importante cielo, solo…solo que hace ya muchas semanas que no nos demostramos cariño y no hacemos el amor y me estoy volviendo loco.

Miri me miró con ternura acariciando mi cara, besó mis labios nuevamente y me dijo:

—Tienes toda la razón mi vida. Este nuevo cliente está absorbiendo todo mi tiempo. Anda, dame algo de cenar, me muero de hambre.

Miri se sentó a mi lado, muy pegada a mí, haciéndome cariños y mimos. Cuando terminamos, metimos todo en el lavavajillas y tendiéndome la mano, tiró de mí y me abrazó:

—Vamos a la cama mi amor.

Llegamos a nuestro dormitorio, nos desnudamos y fuimos directamente a la ducha. Allí, mientras el agua mojaba nuestros cuerpos, nos hicimos sexo oral alcanzando nuestros primeros orgasmos. Pero cuando llegamos a nuestra cama, no sé cómo describirlo, hacía muchos años que no nos entregábamos así. Nuestra excitación era infinita y Miri me dio todo su cuerpo para que gozase con él y hacerla gozar. No quedó ni un solo orificio de su cuerpo sin profanar y dejar mi esencia dentro de ella y con su último orgasmo quedó rota y satisfecha.

Aun dentro de ella, besándonos como desesperados se lo confesé:

—Te amo Miri. Te quiero de una manera irracional.

—Yo también te quiero mi amor. Cada célula de mi cuerpo suspira por ti. Sin tu amor mi vida se acabaría.

Esa noche dormimos muy abrazados y cuando nos despertamos para ir a trabajar, antes de levantarnos, volvimos a hacer el amor, para así, empezar un día magnifico.

Miri antes de irse me abrazó y me besó. Cuando terminó, me lo dijo con cariño.

—Mi amor, perdóname por haberte tenido tan abandonado. Estoy segura de que lo has tenido que pasar mal y cientos de ideas se te habrán pasado por la cabeza. Pero te aseguro que esto no va a volver a ocurrir.

Volvió a besarme, y salió por la puerta tirándome un besito volado. Durante todo el día estuve como en una nube. Estaba feliz y empecé a reírme de mi mismo, por la absurda preocupación de que Miri, me estuviese engañando.

Durante el siguiente mes, todo volvió prácticamente a la normalidad. Miri empezó a venir más temprano a casa y hacíamos el amor casi a diario, recuperando el tiempo perdido. Yo organizaba salidas románticas, noches de teatro y cena, fines de semana increíbles…Pensé que todo lo pasado había ocurrido en mi cabeza y que me puse paranoico por algo que no estaba pasando. Pero la realidad me golpeo de manera dolorosa y que nunca pensé que me ocurriría.

Pasado ese mes, Miri, de alguna forma volvió a las andadas. Llegaba tarde, siempre cansada y empezó a evitar los encuentros íntimos conmigo. Mis miedos empezaron de nuevo hasta que un día, al llegar del trabajo me encontré con la agradable sorpresa de que Miri estaba en casa, pero no estaba sola, estaba con nuestra amiga Brigitte, una francesa de treinta años, soltera, lujuriosa, con fama de acostarse con un hombre distinto todos los días y que en su momento, hace unos años, quiso follarme a mí también, algo que no logró, debido a mis valores y mi lealtad hacia mi mujer. Pero no lo voy a negar estaba para follarla hasta la saciedad.

Saludé a mi mujer con un beso en los labios, y cuando Brigitte se puso de pie, tuve que tragar saliva. Una minifalda de piel corta, cortísima, permitía dejar sus piernas a la vista y casi el principio de su perfecto culo. Una blusa blanca casi transparente, dejaba entrever su sujetador y sin mucha imaginación, se adivinaban los pezones de sus inmensas tetas. No lo niego, casi me empalmé al verla y su saludo, con dos besos muy cerca de mis comisuras me puso muy nervioso.

—Bueno Brigitte, que alegría volver a verte. Hacía tiempo que no sabíamos de ti.

—A mí también me ha dejado sorprendida. —Dijo Miri. — Estando en la oficina se ha presentado, nos hemos ido a comer juntas y hemos venido a casa a tomar café y cotillear un poco.

—¿Ya habéis "despellejado" a alguna amiga? — Pregunté con ironía.

—Bueno, más que despellejar, hemos estado hablando de su matrimonio y de la decisión tan valiente que han tomado los dos. —Dijo Miri.

—¿Decisión valiente? —Pregunté con curiosidad.

—Si, nuestra amiga notó que su matrimonio se había enfriado y entrado en una fase de rutina y se había perdido esa "chispa", esa pasión del principio. Todo era muy mecánico, muy predecible y le propuso a su marido abrir el matrimonio, para evitar en un futuro una separación, o un divorcio.

—¿Abrir el matrimonio? Osea ¿qué tanto ella como él tendrían sexo con otras personas?

—Eso es.

—Y bueno, ¿cómo les ha ido? ¿Ya se han divorciado? —Pregunté con escepticismo.

—Pues no, —dijo Miri, — al contrario, están más enamorados que nunca y según nos ha contado nuestra amiga, ahora tiene un sexo increíble con su marido.

—Pues yo no lo veo. A la larga estoy seguro de que esa decisión les pasará factura. Lo queramos o no, ese poliamor como lo llaman ahora, llamémoslo por su verdadero nombre, son cuernos y es infidelidad.

—No mon cheri, es sexo consentido por ambos. Ella folla con un hombre, y el a su vez folla con una mujer. Es solo sexo, algo físico, no hay amor, pero es una experiencia que alimenta la pasión. —Repicó Brigitte.

—Estoy más que seguro, que hay otras formas de alimentar la pasión y reavivar la llama del matrimonio, sin necesidad de perderse el respeto y deshonrar el matrimonio. —Dije con determinación.

Creo que mi respuesta no les gustó y vi como Miri y Brigitte se miraban y hacían un gesto casi imperceptible de desaprobación. El resto de la tarde pasó entre risas y anécdotas, y con Brigitte poniéndome burro cada vez que cruzaba y descruzaba sus piernas. Se quedó a cenar con nosotros y cuando se fue, me abrazó dejándome sentir sus tetazas en mi pecho, y me volvió a dar dos besos muy cerca de las comisuras de mis labios.

Pensaba que Miri y yo nos quedaríamos charlando un rato, intercambiando impresiones y opiniones de todo lo hablado, pero con un —estoy cansada, me voy a la cama, — me dejó solo en el salón, mientras la veía desaparecer por la puerta del dormitorio y la cerraba tras de sí.

No sé. En mi interior había señales que me decían que algo iba mal, que algo ocurría. De nuevo volvían mis miedos y mi incertidumbre. Ya hacia un par de semanas que no hacíamos el amor, incluso me atrevería a decir que me evitaba, y que Miri me diese un beso, aunque solo fuese un pico, era complicado.

Tomé mi ordenador portátil y busqué todo lo relacionado con "abrir un matrimonio". Era abrumador la cantidad de entradas que había y después de estar casi dos horas leyendo artículos, opiniones y hechos reales, llegué a la conclusión de que, aunque al principio, es la novedad y se acepta, pasados los meses, los celos, la desconfianza, la falta de honestidad y la falta de comunicación, rompía ese matrimonio, con ambos cónyuges, separados o divorciados.

Esa noche no pude dormir bien, pensando en la amiga de mi mujer y en su marido, sobre todo en su marido y en cómo se sentiría él, al saber que otro hombre se estaría follando a su mujer, abrazándola, besándola, aunque él se estuviese follando a otra. Me hacía cientos de preguntas, pero intenté ponerme en la piel de ese marido y la sensación fue muy desagradable, tenía claro que yo sería incapaz de aceptar esa situación.

Las mujeres cuando quieren o desean algo, suelen ser astutas, despiadadas y sibilinas. Buscan la manera de venderte una idea, como la mejor del mundo y sin que produzca apenas consecuencias, y mi mujer, a la que yo creía única y diferente a todas las demás, me iba a dejar muy claro que me estaba equivocando.

Ni recuerdo el día, aunque si recuerdo que había venido de ver a un cliente en Guadalajara. Estaba duchándome y ella abrió la puerta de golpe, preguntando por mí. Cuando salí de la ducha se mostró cercana y muy cariñosa. Estuvimos cenando y charlando, estábamos viendo una película, que trataba sobre el engaño de un hombre casado con otra mujer cuando Miri, dio a la pausa y mirándome me lo preguntó directamente:

—¿Álvaro, alguna vez me has engañado con otra mujer?

—¡¡¿QUEEE?!! ¡¡NOOOO!! ¿Como crees…? —Respondí asustado.

—Vale, vale, tranquilo. —Dijo Miri riendo.— Perooo ¿ni siquiera de pensamiento?

—A ver Miri, de pensamiento claro que sí. Alguna vez que ves a una mujer impresionante y piensas… «UFFF…Que polvo la echaría» Pero nada más, a los pocos segundos se me ha ido de la cabeza.

—¿Y eso no es una manera de ser infiel?

—Miri, no retuerzas las cosas. Estoy seguro de que tú también de pensamiento, has viso a algún tío y te hubiese gustado tirártelo. ¿Me equivoco?

—No mi amor, no te equivocas, —dijo riéndose.— Como dice la biblia, «quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra»

Miri, volvió a dar de nuevo al play y seguimos viendo la película, pero ¿por qué me había preguntado eso? ¿Qué tenía en esa cabecita que me empezaba a preocupar? ¿A dónde quería llegar?

Ahora fui yo quien tomó el mando, y le di a la pausa. La miré directamente y se lo pregunté, temiéndome lo peor:

—¿A que ha venido esa pregunta Miri?

Mi mujer pareció dudar, pero vi determinación en sus ojos:

—Tiene gracia cielo. Cuando te cuente esto, te vas a sorprender. Resulta que al día siguiente de que Brigitte estuviese con nosotros, me llamó y estuvimos charlando y me confesó algo increíble.

—¿Y que fue?

—Me dijo que desde la última vez que te vio, te habías convertido en un madurito muy deseable, y que no le importaría pasar una noche contigo follando como animales. Son sus palabras textuales.

—Esa tía está loca.

—Álvaro, no seas cínico, cuando estuvo aquí, la desnudabas con la mirada.

—Joder Miri, ¿tú viste como venía vestida? Solo le faltaba un letrero en la frente que dijese "FOLLAME". Soy hombre y tengo ojos en la cara, pero sigo sin entender a donde quieres llegar… Espera ¿no pretenderás que me acueste con Brigitte?

—Bueno…quiero ser honesta contigo. Me impresionó mucho la conversación que tuvimos con nuestra amiga, ya sabes, la que abrió su matrimonio. Nos contó muchas cosas, lo diferente que era hacerlo con otros hombres, la variedad, la forma de empezar, de besar, de acariciar…de abrazar… los tamaños. Nos lo contaba abstraída, rememorando los momentos, y eso me impactó.

—Miri, —dije con un nudo en el estómago— ¿Dónde quieres llegar?

—Sin rodeos Álvaro. Hay un chico del trabajo que me gusta mucho y no me importaría acostarme con él. Pero no quiero engañarte. Se que si le pido a Brigitte que se acueste contigo no lo rechazara y podemos probar eso del matrimonio abierto. Tú follarías con Brigitte y yo con mi compañero…creo que nos vendría bien a los dos esa experiencia.

—¿Es…estas enamorada de él? ¿Ya lo habéis hecho? —Pregunté temblando.

—¡¡NOOOO!! Cariño, ni mucho menos. Yo estoy enamorada de ti, tú eres mi mundo, mi universo, pero no quiero hacer nada a tus espaldas, no quiero engañarte, solo quiero que experimentemos algo nuevo y que estemos de acuerdo en hacerlo.

—Yo…yo…no…no sé… —Balbuceaba intentando asimilar lo que Miri me había dicho.

—Cariño, mi amor, tranquilo, —dijo mi mujer tomado mis manos y pegándose a mí,— se lo que te he confesado. Solo te pido que lo pienses. Te aseguro que será muy divertido.

Y diciendo esto volvió a dar al play y empezó a reproducirse de nuevo la película. Sobra decir que mi cabeza hervía de ideas nefastas y que el disgusto que ocupaba mi cuerpo era una sensación muy desagradable. No me enteré ni de la película, ni del final, pero el comentario de mi mujer fue premonitorio:

—Era inevitable que se divorciaran. En fin, anda cariño, vamos a dormir.

—Emmm…no. Me quedo aquí, tengo que revisar un par de cosas de un proyecto.—Dije con voz apagada.

—Vale, como quieras. —Susurró Miri con disgusto.

Cuando escuché que la puerta de nuestro dormitorio se cerraba, la ira y la rabia se apoderaron de mí. Las lágrimas se desbordaron de mis ojos, enfadado por la situación. Me tenía que tranquilizar, tenía que retomar el control de la situación y dejar bien claro a mi mujer, que de ninguna manera aceptaría lo que me había propuesto. Pero también tenía la certeza, que conociendo como conocía a Miriam, con mi permiso o sin él, se iba a follar a ese compañero.

Sabía que mi mujer ya tenía su decisión tomada, y que no respetaría mi negativa. Me negaba a aceptar eso y aunque me costó mucho trabajo aceptarlo, no tuve dudas al respecto. Aun sin que hubiese ocurrido nada, o eso creía, sabía que nuestro matrimonio había llegado a su fin, había vulnerado, literalmente dinamitado, uno de los principales pilares de una pareja, la confianza.

Me preparé mentalmente para lo que se avecinaba. Me compré una grabadora digital, para tenerla encendida cada vez que estuviese con mi mujer. Quería tener todas las transcripciones de las conversaciones que tuviésemos a partir de ahora. Instale cámaras que se activaban por movimiento en todos los espacios, salón, habitaciones, cocina, baños y todo lo grabado pasaría a un espacio de almacenamiento en la nube.

Fui al banco y de todos los activos líquidos, la mitad la pasé a una nueva cuenta que abrí solo a mi nombre. Anulé la tarjeta de crédito asociada a la cuenta conjunta y solicité una a mi nombre y a la nueva cuenta. En el trabajo, fui a recursos humanos e hice el cambio, para que me ingresaran la nómina en la nueva cuenta. Y para terminar, hablé con un compañero que sé que alquilaba habitaciones y apalabré una a muy buen precio. Sabía que si Miri se iba a follar con su compañero, la batalla del divorcio seria larga y no quería permanecer en la misma casa que mi mujer.

Durante todos esos días, después de la revelación de Miri, ella se comportó de manera cercana, dulce y cariñosa conmigo. Llegaba siempre temprano y cuando llegaba yo, salía a recibirme como hacía años que no lo hacía. Pero yo me mantuve frio y distante y eso ella lo acusó y la puso triste.

Y llego el día, un jueves, me acuerdo, ese fatídico día en el que todo se fue a la mierda. Como siempre llegue a mi hora y Miri vino a saludarme como siempre. Sabía que ocurriría algo por que la noté muy nerviosa y no paraba quieta. Sobre las nueve de la noche salí de mi despacho, donde había visualizado las imágenes de las cámaras sin que tuvieran nada importante y se lo dije:

—Voy a ir preparando la cena.

—Vale mi amor. Voy a ayudarte.

Con mi grabadora encendida, me puse en la mesa a preparar un par de sándwich vegetales y Miri se puso frente a mi preparando una ensalada de mozzarella y tomate. Estando preparando, todo Miri hizo la temida pregunta:

—Álvaro ¿has pensado en la propuesta que te hice?

—¿En cuál? ¿En la que tú te vayas a follar con tu compañero y yo con Brigitte?

—Si, en esa. ¿Qué has decidido?

—Que no Miri. No pienso permitirlo, ni aceptarlo. —Dije con seguridad.

—¿Me lo estas prohibiendo?

—Puedes tomar mi negativa como quieras.

—Álvaro te lo advierto, si no hacemos esto, nuestro matrimonio corre un serio peligro. —Dijo mi mujer visiblemente enfadada.

—Miri ¿me estás amenazando?

—No es una amenaza, es un hecho y puedes tomar mi advertencia como quieras. Pero yo mañana he quedado con mi compañero para irnos a un hotel y pasar la noche allí. Lo voy a hacer si, o sí, acéptalo.

—Pues tu decisión traerá consecuencias. Espero que seas consciente de ello.

—¿Sabes? Me paso por el coño tus consecuencias. Estamos en pleno siglo XXI y tú, a una mujer, no le puedes prohibir nada, ni aunque sea tu esposa…Ya se me ha quitado el hambre, me voy a dormir.

El portazo que dio cuando cerró la puerta de nuestro dormitorio, me confirmo lo cabreada que estaba al no haber aceptado yo su juego. La verdad es que a mí también se me había quitado el hambre. Guardé todo lo que estábamos preparando en tuppers, y me fui a mi despacho a llamar a mi abogado:

—Álvaro, buenas noches, que me llames a estas horas significa que algo grave ocurre. —Me dijo Goyo, muy buen amigo mío y abogado.

—Hola Goyo, si, algo muy grave ocurre en mi matrimonio y quiero solicitar el divorcio.

—No me jodas Álvaro ¿Miri y tú? Pero si erais una pareja perfecta.

—Ya, pues hemos dejado de serlo. —Dije con tristeza.

Le expliqué todo lo ocurrido desde ese día que Miri y Brigitte hablaron del matrimonio abierto de su amiga. Goyo no daba crédito a lo que escuchaba, pero sabía que estaba tomando notas. Cuando terminé de contarlo todo me lo dijo:

—A ver Álvaro. De momento solo tienes una grabación, pero no hay hechos, el adulterio no se ha consumado, aunque con esa grabación se puede decir que hay una infidelidad emocional. Espera a mañana, a ver que decide hacer Miri, pero recopila toda la información que puedas en caso de que desee seguir adelante.

—De acuerdo, pero creo que mañana va a ser uno los peores días de mi vida. Te llamo con lo que ocurra.

Nos despedimos y repasé todo mentalmente. No quería que se escapase ningún detalle que pudiese ser crucial. La verdad es que no tenía sueño, estaba nervioso, irritado, intranquilo y rabioso, sabiendo que aunque fuese su marido, ella podría hacer lo que quisiera. En los tiempos que corrían, prohibir a tu esposa hacer algo, era un modo de maltrato, y podría salirme caro, muy caro.

Al final aunque roto por dentro, me fui a dormir al sofá. Tomé mi grabadora, y volví a escuchar lo que mi mujer me había prácticamente escupido a la cara. Me tapé con una mantita, se me inundaron los ojos de lágrimas sabiendo que la mujer que más amaba se me estaba escurriendo de entre los dedos, e intenté conciliar el sueño. Al final conseguí estar en un duerme vela, con sueños en mi cabeza de mi mujer siendo follada por otro hombre.

No sé qué hora seria cuando noté que me acariciaban la cara. Sobresaltado abrí los ojos y me encontré a Miri con los ojos rojos, hinchados y llorando. Me incorporé asustado, pensando que le había ocurrido algo, momento en el que ella se abrazó a mí y rompió a llorar con congoja.

—Cuando me he despertado y he visto que no habías dormido a mi lado, pensé…pensé que me habías dejado.

—No Miri, pero después de lo de ayer, no quería dormir contigo.

—Tu no lo entiendes cariño, pero yo no puedo seguir así.

—¿Así? ¿Cómo?

—Me…me siento vacía…atrapada en nuestro matrimonio con una rutina que me asfixia…necesito algo más…algo…algo que me haga vibrar, que me haga sentirme viva.

—Ya, y eso lo vas a conseguir yéndote a follar con tu compañerito, esa es la única manera de solucionar tu problema, ¿no?

—Pues no lo sé Álvaro, pero por eso te lo he propuesto, que tengamos sexo con otras personas, y cuando terminemos, nos sentemos e intercambiemos sensaciones.

—Miri, tú sabes que soy un hombre de principios y valores. Cuando me casé contigo, prometí serte fiel, delante de Dios, un cura y cientos de invitados y lo pienso cumplir. Si esta noche decides seguir adelante con tu locura, me estarás demostrando que ni me quieres, ni me respetas, ni respetas a nuestro matrimonio y a nuestra relación y entonces, yo, con una persona así, no puedo seguir viviendo. Quiero que tengas eso muy presente.

—No pienso perderte mi amor…Nunca —Dijo Miri, besándome a continuación.

Aunque no las tenía todas conmigo, quise tomar ese gesto como una renuncia a lo que pretendía hacer esa noche con su compañero. Los dos nos fuimos a nuestro trabajo, aunque yo tenía un mal presagio, al saber que estaría ese compañero con ella y a saber lo que estaría pasando. Quería confiar en mi mujer, pero esa confianza era ya muy débil, algo que se confirmó al recibir una llamada de Brigitte poco antes del almuerzo.

—Hola Álvaro ¿cómo estás?

—No te lo voy a negar Brigitte, estoy destrozado, furioso, cabreado, aunque algo esperanzado por la conversación que hemos tenido esta mañana Miri y yo.

—No sé qué conversación habéis tenido, sé que tú no estás de acuerdo con lo que quiere hacer Miri y solo quiero saber lo que quieres tú.

—Brigitte, ¿le dijiste a Miri, que me encontrabas atractivo y que no te importaría pasar una noche conmigo?

—Emmm…si…si se lo dije.

—Te lo agradezco, pero yo no pienso pasar una noche con una mujer que no sea la mía. Lo siento Brigitte.

—Gracias por tu sinceridad Álvaro, pero acabo de terminar de hablar con Miri y me ha citado en vuestra casa esta noche a las 21:00 horas…Ella…ella va a seguir adelante con esto. Lo siento Álvaro.

—Gracias por decírmelo Brigitte.

—Bueno ¿y qué vas a hacer al respecto? Porque yo esta noche me tengo que presentar en tu casa vestida muy sugerente, no sé si me entiendes.

—Brigitte, te puedes presentar en mi casa desnuda si quieres, no sé qué es lo que habéis tramado Miri y tú, pero no tengas ni una sola duda de que esta noche tú y yo no follaremos. Si lo hiciese, sería como aceptar lo que Miri desea hacer con su compañerito. Espero que te haya quedado claro.

—Álvaro, quiero que entiendas algo. No te niego que te deseo y quiero acostarme contigo. Pero lo que quiere hacer Miri, lo desapruebo. Si lo hago es por la amistad que nos une, pero le he dicho que se va a arrepentir, y le he descrito los diferentes escenarios que se puede encontrar, ninguno de ellos, bueno para ella.

—¿Y qué te respondido?

—Que…que tú eres incapaz, de ni siquiera pensar en abandonarla o divorciarte de ella. Está muy segura de ti.

—Pues creo que esta noche, será el fin de nuestro matrimonio.

—Álvaro… —Dijo con tristeza Brigitte.

—Gracias por hablar conmigo Brigitte.

Y terminé la llamada. No lo niego, me destrozó aun más de lo que estaba. Lo que habíamos hablado por la mañana solo era papel mojado, estaba registrado en mi grabadora, pero sus palabras no se correspondían con sus pensamientos.

Pasé el día como pude, pero cuando salí de trabajar, no me apetecía para nada ir a mi casa. No sabía si estaría Miri o no, pero si estaba no quería meterme en una discusión sabiendo lo que iba a hacer.

Sobre las 20:40 horas, llegué a mi casa. Cuando entré, todas las luces estaban encendidas, y la torre de sonido estaba encendida con una play list que le gustaba mucho a Miri. Ni saludé cuando entré, me senté en un sillón, frente al pasillo que daba a nuestro dormitorio. Puse mi grabadora en marcha, y esperé.

Miri estaba hablando con alguien al teléfono, aunque debido a la música no entendía lo que hablaban. Seguro que era con su compañero, ultimando todo para su encuentro. En ese momento Miri salió de nuestro dormitorio y tuve que tragar saliva. Iba preciosa, con un vestido que nunca le había visto, corto, cortísimo y que le sentaba como un guante y con un escote de vértigo haciéndola muy deseable, medias negras y zapatos de taconazo que se notaban que eran nuevos y que le hacían unas piernas increíbles y un culo de infarto.

Cuando salió de la habitación y me vio, borro la sonrisa de su cara y diciendo «lo siento, tengo que colgar» termino la llamada:

—No sabía que estabas aquí, no te he oído llegar, ¿por qué has tardado tanto?

—¡¡JODER MIRI!! Ni en nuestras mejores citas te has vestido así para mí. Apostaría que hasta tu lencería interior es nueva y muy sexy…eso si llevas ropa interior. —Dije con ironía.

—Por Dios Álvaro, no seas vulgar. —Dijo Miri molesta.— Aunque tienes razón.

Cuando terminó de decir esto, metió las manos bajo su corto vestido y se quitó su pequeño tanga, metiéndolo en su bolso.

—Quiero que mi acompañante tenga acceso total a mi coño, sin ninguna barrera. ―Dijo Miri con maldad.

—¿Vulgar? Eres una puta. Mírate, realmente te ves como una scort de lujo.

—¡¡NO SOY NINGUNA PUTA!! ¡¡ME OYES!! ¡¡NO ME FALTES AL RESPETO!! —Dijo Miri, visiblemente cabreada.

—¿Ese mismo respeto que me estas demostrando al irte con otro a follar y dejando tu coño al aire?

—De verdad Álvaro que no te entiendo. Si me quisieras, si me demostrases todo ese amor que dices sentir por mí, aceptarías lo que quiero hacer con los ojos cerrados, lo estoy haciendo por nosotros. Eso sí que es una prueba de amor.

—Miri ¿te estás escuchando? ¡¡Me hablas de amor cuando te vas a follar con otro!! Tú ni me quieres, ni me respetas, ni estas enamorada de mí, si no, ni siquiera te habrías planteado hacer lo que quieres hacer esta noche…¿En qué puto mundo vives?

Vi la duda en el rostro de Miri, pero en ese momento sonó el timbre de la puerta, y Miri, determinada y muy molesta, pero con una sonrisa de maldad, me lo dijo:

—Mira, acaba de llegar tu cita. Ve a abrir.

—Miri, yo no tengo ninguna cita, que te quede claro.

—¡¡QUE VAYAS A ABRIR…JODER!! ―Gritó.

No quería sacar las cosas de quicio, así que sabiendo que era Brigitte quien llamaba, fui a abrir. Venia guapísima, maquillada perfectamente, con un abrigo de piel cubriendo su cuerpo. Cuando me vio, me sonrió con tristeza, beso mi mejilla con sentimiento y pasó al interior de mi casa.

—Miri, estas preciosa. —Dijo Brigitte.

—Cariño, dame tu abrigo. ―Dijo mi mujer.

Vi el disgusto en la cara de Brigitte que se dejó hacer, pero viendo su malestar. Cuando Miri se lo quitó, Brigitte estaba desnuda solo cubierta con un escueto tanga que apenas lograba tapar su sexo. Aunque el ambiente estaba tenso, no pude evitar empalmarme ante la visión de ese cuerpo increíble.

—Este es tu regalo mi amor, míralo bien y dime que no lo deseas. Os dejo solos, que lo paséis bien. —Dijo mi mujer tomando su abrigo y yéndose hacia la salida.

—Miriam, quiero que tengas presente que cuando salgas por esa puerta todo se habrá acabado entre nosotros, y que cuando regreses, ya no estaré aquí… tú decides.

—Oh si, si estarás aquí para mí y me contaras como has follado con Brigitte, y si no me lo cuentas tú, me lo contará ella. Bye, que lo paséis bien.

Cuando se cerró la puerta, un sentimiento de ira, furia y derrota, se apoderó de mí. Miré a Brigitte que incomoda trataba de cubrirse con los brazos sus tetazas y su sexo. Tomé su abrigo de nuevo y tapé su cuerpo:

—No conocía esta faceta manipuladora de mi mujer.

—Ni yo. Me he sentido como mercancía barata. —Dijo Brigitte.

—Bueno Brigitte, sabes de sobra lo que pienso y también sabes que no vamos a hacer nada. No quiero robarte tu tiempo, así que eres libre de irte a hacer, lo…lo que tengas que hacer.

Brigitte se fue hacia la puerta, tomo su pequeño bolso, pero antes de salir se dio la vuelta y me lo preguntó:

—¿Qué va a ocurrir a partir de ahora?

—Que Miri y yo nos vamos a divorciar, eso es lo que va a ocurrir.

—Yo…yo…yo me siento muy culpable de todo lo que está pasando.

—¿Tú? ¿Por qué? ¿Hay algo que yo no sepa?

—Veras, un día Miri me llamó y estuvimos charlando. Hacia muchos meses que no hablábamos y quedamos un día para almorzar. En el transcurso de ese almuerzo, Miri me contó que tenía un compañero que le gustaba mucho y que ya había tonteado con él.

—Emmm…¿define tontear?

—Bueno Álvaro, ya sabes, algunos besos, mucho magreo, masturbación mutua y sexo oral, pero sin penetración, esa barrera no la quiso traspasar. Miri no lo quiso hacer sin que tú lo supieras y estuvieses de acuerdo.

Eso que me conto Brigitte fue como una daga directa al corazón. Miri me estuvo engañando por meses cuando llegaba tarde y estaba tan distante, siempre pendiente de su teléfono. Mis sospechas eran ciertas.

—El caso es que me intrigó lo que me contó, y justamente cuando terminábamos de comer, apareció en nuestra mesa su compañero. Era un hombre joven y muy atractivo, se sentó con nosotras, y Miri al poco se tuvo que marchar. Nos quedamos él y yo solos y fue fácil seducirlo y llevarlo a mi apartamento donde me lo follé. Y me molesta decírtelo, pero fue uno de los mejores polvos que me han echado, el tío es un semental con un pollón inhumano.

Con cada palabra de esa mujer, me estaba hundiendo cada vez más. Mi mujer me había cambiado por un hombre más joven y una polla más grande.

—El caso es que al día siguiente fui a comer con ella de nuevo y le conté todo lo que pasó. Creo que fue mi comentario lo que le hizo perder el norte, le dije —Miri, no te puedes morir sin probar a ese semental, te va a reventar a orgasmos.— Ese fue el día que nos encontraste en vuestra casa, el día que se empezó a fraguar la aventura de un matrimonio abierto.

—El día del principio del fin. ¿Por qué me cuentas esto ahora?

—No sé. Estoy cabreada con Miri por cómo ha llevado esto. Por cómo nos ha manipulado y por hacerte el daño que sé que te está haciendo. Si yo tuviese un marido como tú, no lo cambiaria ni por el mejor de los polvos…siempre…siempre me has gustado Álvaro.

—Agradezco tu sinceridad Brigitte, pero ahora necesito estar solo. Antes de que te vayas. Mándale un mensaje a mi mujer diciéndole que tú y yo no hemos hecho nada y que te he echado de mi casa.

Delante de mí le mando el wasap a mi mujer. A los pocos segundos entró una llamada de teléfono. Brigitte me mostro la pantalla y me pidió silencio poniendo la llamada en altavoz, para que escuchase:

—Hola Miri.

—¿Qué ha ocurrido Brigitte? ¿Álvaro no ha intentado nada contigo?

—Nada Miri. Según has salido por la puerta, el mismo me ha puesto mi abrigo y me ha invitado a irme. Miri, sé que no lo quieres ver, pero tu marido está muy dolido y me ha hablado de divorcio. Esto que vas a hacer va a terminar con tu matrimonio.

—Se que Álvaro esta dolido, pero es el cabreo el que habla por él. Se está haciendo el digno, pero mañana cuando llegue y hable con él, me lo llevaré a la cama y comerá de la palma de mi mano, lo conozco bien.

—Esa no es la impresión que me ha dado esta noche.

—¿Sabes qué, Brigitte? Me da igual, él se lo pierde. Tú esta noche no te quedas sin follar y yo no me quedo con las ganas de follar con Cristian. Vente al hotel Plaza sobre las 23:30, habitación 423

Terminó la llamada y Brigitte me miro con tristeza:

—Ya sabes dónde va a estar tu mujer esta noche, por si te quieres presentar.

—Amo mucho mi libertad, ahora mismo mucho más que a mi mujer. Si esta noche me presento en esa habitación de hotel, seguramente los próximos veinte años los pase en prisión, y ella…ella ya no merece la pena. Es mercancía muy usada.

Lo primero que hice según se fue Brigitte, fue llamar a mi abogado y decirle que tenía pruebas suficientes para iniciar el proceso de divorcio. Al no tener hijos y estar en régimen de gananciales todo sería muy rápido. Llamaría a un tasador para que valorase todo el contenido de la vivienda, así como el valor de la propia vivienda y se dividiría al 50%. El dinero ya estaba dividido. Solo me fui al ordenador y saqué extractos del último mes, para que no hubiese ninguna reclamación al respecto.

Con todo el dolor, vacié el armario y los cajones con toda mi ropa y enseres personales. Algo que me rompió aun más de lo que estaba fue ver que la foto que tenía Miri de nuestra boda, la había puesto boca abajo, para que no fuese testigo de su traición.

Sobre las 03:50 horas de la madrugada del sábado, termine de recoger todas mis cosas y meterlas en mi coche. Subí por última vez al que fue mi hogar y con lágrimas en los ojos, recorrí todo para asegurarme que no me dejaba nada.

Por último saqué del portafotos que tenía mi mujer en su mesilla la foto de nuestra boda, la rompí por la mitad, y quitándome la alianza, introduje la foto rota dentro de ella. Luego tomé el libro de familia y lo rompí por la mitad también como símbolo del fin de nuestro matrimonio. Lo dejé encima de la mesa, bien a la vista, para que según entrase Miri al salón lo viese. Miré todo por última vez, y apagando las luces me despedí del que fue mi hogar durante casi dieciocho años.

Debido a la hora que era las 04:15 horas, no me quedo más remedio que bajarme al garaje y esperar a una hora prudencial para irme al piso de mi compañero. Aparqué el coche en otra plaza de garaje que sabía que estaba vacía, pero que me dejaba una visión perfecta de la plaza de mi mujer…y esperé.

Sobre las 11:00 de la mañana llego el coche de Miri. Vi que conduciendo iba Brigitte y empecé a grabar con el teléfono para hacer constar la hora de llegada. Cuando aparcó y mi mujer bajo del coche, sentí un odio visceral hacia ella. Estaba tan escocida, tan dolida, que andaba con algo de dificultad, con las piernas abiertas y apoyándose en su amiga. Su compañerito se había empleado a fondo con ella y la había destrozado a pollazos.

Se que se pararon frente a mi plaza de garaje vacía y algo comentaron, para seguidamente y andando con dificultad, meterse hacia el ascensor y subir a nuestro piso. En ese momento salí de mi garaje y me fui hacia la casa de mi compañero a iniciar una nueva etapa en mi vida.

Solo hicieron falta unos minutos para que mi teléfono empezase a sonar con una llamada de mi mujer. Paré el coche y acepté la llamada:

—Dime Miri.

—¿Álvaro, donde estas? ¿Qué significa lo que me has dejado encima de la mesa? —Preguntó mi mujer con voz temblorosa.

—Donde estoy ya no te importa. Y lo que he dejado encima de la mesa, significa que lo nuestro está roto, sin posibilidad de arreglo.

—¡¡ÁLVARO NO ME HAGAS ESTO!! —Gritó mi mujer temblando.— ¡¡VUELVE A CASA Y HABLEMOS, DÉJAME EXPLICARTE, TE NECESITO A MI LADO!!

—No Miri, no hay nada que explicar, no voy a volver, te lo dejé claro ayer cuando te fuiste. Búscate un abogado, porque el mío se pondrá en contacto contigo para el divorcio. Y otra cosa, vete buscando otro lugar para vivir, ya que esa casa se va a vender dentro de un mes. A partir de ahora no quiero saber nada de ti. Si necesitas decirme algo llama a Goyo, es él quien lleva mi divorcio. Adiós Miri.

Y termine la llamada. Inmediatamente bloqueé su número. Sabía que me iba a bombardear a mensajes y llamadas y no quería escucharla, no después de lo que me había hecho.

Por la tarde recibí una llamada de Brigitte. Se la veía muy preocupada y lo que me contó me intranquilizó:

—Hola Brigitte.

—Hola Álvaro. No tengo buenas noticias. Después de que Miri hablase contigo esta mañana, se desmayó. Como no despertaba y estaba muy asustada llamé a emergencias y a los pocos minutos un SAMUR, (Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate), llegó, la estabilizaron y la llevaron al hospital. Esta ingresada con pronóstico reservado…Álvaro, no fue la noche que ella esperaba, ese tío se comportó como un animal con ella, cuando los médicos la reconocieron, llamaron a la policía…han aplicado el protocolo de maltrato a la mujer, y aunque Miri insistió que fue consentido, al final fue casi una violación.

—Bueno, siento oír eso, pero fue su decisión.

—Álvaro, ella solo hace que preguntar por ti. Desde que ha recobrado la consciencia solo llora y pregunta que donde estás, que quiere verte. Te necesita. —Rogó Brigitte con voz de súplica.

— Ella ya no es mi problema. Que llame al que se la folló.

—Ese, seguro que ahora estará detenido.

—Pues que llame a su madre y se haga cargo de la puta de su hija, yo, ya no quiero saber nada de ella.

Brigitte me mantuvo al tanto de todo. Mi mujer estuvo dos días en el hospital hasta que le dieron el alta. Cuando su madre se enteró de lo que pasó, casi pega a su hija. Me dijo Brigitte que gracias a que ella estaba allí las cosas no fueron a más. El tío que se la folló, según me contaron fue detenido en su propio lugar de trabajo, con el correspondiente escandalo al saberse que fue mi mujer la persona que fue agredida sexualmente.

Mi suegra me llamó algunos días después. No nos llevábamos bien, pero nos respetábamos, nuestro trato, frio, era muy correcto, pero el día que me llamó, tengo que reconocer que esa fachada de superioridad que siempre mostraba había desparecido:

—Hola Carmen, buenos días.

—Álvaro hijo, ¿qué tal estás?

—Bueno, no estoy en mi mejor momento, pero lo voy llevando.

—Yo…yo te llamaba para pedirte disculpas por el comportamiento de mi hija. Yo no la crié para que fuese así, me he enfadado mucho con ella y me ha demostrado que está muy arrepentida por lo que ha hecho. Me comenta que no quieres hablar con ella, no puede contactar contigo…¿Habría alguna posibilidad de que os reunieseis, que lo hablaseis y arreglar lo vuestro?

—Carmen, voy a ser muy claro. Tu hija se fue a follar con otro hombre, consciente de lo que hacía, pese a mi negativa. Eso en mi mundo, en mi matrimonio, es inaceptable. Tu hija me ha humillado y despreciado y la única salida es el divorcio. No quiero ni verla, ni reunirme con ella, ni hablar sobre lo nuestro y por supuesto, una reconciliación es imposible. Nuestro matrimonio está acabado, terminado, Miri tomó su decisión y ahora debe aceptar y vivir con las consecuencias. Si pensaba que iba a aceptar su traición, estaba muy equivocada.

—Álvaro hijo, lo entiendo, pero…

—Carmen, se acabó. No quiero seguir escuchando. Voy a colgar y bloquearé tu número. No quiero más llamadas como esta. Buenos días.

Colgué, e inmediatamente bloqueé el número de mi suegra. Se que mi mujer intentaría todo para verme e intentar arreglar lo nuestro, pero por mi parte, ya no había un nosotros. Goyo, mi abogado, me informó que ya había hablado con mi mujer y que fue bastante angustioso hacerla saber todo lo que iba a ocurrir a partir de ahora, por que en ningún momento dejó de llorar con angustia. Sabía que Goyo lo había pasado mal, ya que nos conocía a ambos desde hace muchos años, vaya, incluso fue un testigo de nuestra boda.

Por desgracia, mi mujer no aceptó que yo no quisiese saber nada de ella. Se presentó en mi trabajo, me esperaba a la salida, incluso, no sé cómo, se enteró de donde vivía. Me acribillaba a correos electrónicos y llamadas desde otros números de teléfono, rogándome que la perdonara y que detuviese el divorcio. No me quedó más remedio que denunciarla y pedir una orden de alejamiento por acoso. Aun así, fue detenida un par de veces por incumplir dicha orden.

Brigitte también fue parte activa del divorcio, ya que aportó pruebas de la infidelidad de mi mujer y posterior adulterio. Eso terminó de rematar a Miri, que no se lo esperaba de una de sus mejores amigas y creo que para entonces se empezó a dar cuenta de las consecuencias de su decisión de irse a follar con su compañero de trabajo. Pero lo que nunca quiso contarme, es lo que ocurrió en la habitación 423 del hotel Plaza esa noche.

Al final, a mí ya futura exmujer, no le quedó otra que aceptar que lo nuestro se había terminado, y que por mucho que hiciese, por mucho que lo intentase, nuestro matrimonio ya no existía. Lo lamentó mucho y solo pidió una cosa para firmar los papeles del divorcio, que nos sentásemos ella y yo solos y pudiésemos hablar aunque solo fuesen unos minutos. Goyo lo desaconsejó, no sin los dos abogados presentes, pero le dije que como último deseo de ella, lo aceptaría, pero con mi grabadora funcionando.

El encuentro se produjo en la sala de reuniones que Goyo tenía en su bufete. Yo llegué primero, y lo confieso, estaba algo inquieto, ya que no quería confrontaciones con Miri que no nos llevarían a ningún lado, solo a sufrir, y reprocharnos muchas cosas.

Miri llegó unos minutos más tarde y me sorprendió verla, hacia más de dos meses que no nos veíamos. Ni de lejos era la mujer que recordaba de aquella noche cuando salió de nuestra casa, bella, hermosa, segura de sí misma. La Miri que estaba frente a mí, parecía que había envejecido por lo menos veinte años, pálida, demacrada, con los hombros caídos, ligeramente encorvada y muy delgada.

Cuando me vio, se quitó las gafas de sol que llevaba puestas, me sonrió débilmente y susurrando mi nombre las primeras lagrimas empezaron a caer:

—Álvaro, mi amor.

—Miri. —Saludé con frialdad.— Terminemos esto cuanto antes. —Dije sin sentimiento.

Deje pasar primero a Miri y Goyo amablemente nos mostró la sala de reuniones. Cerró la puerta detrás de nosotros y mi mujer y yo nos quedamos solos. La retire una silla para que se sentase y ella agradeció mi gesto, pero enseguida su tristeza se hizo evidente al ver que me iba al otro lado de la mesa y me sentaba frente a ella:

—Pensé que te sentarías a mi lado.

—Miri, estamos aquí por que tu solicitaste esta reunión. Esa fue tu condición para que firmases los papeles del divorcio. Bien, estamos solos como pediste, pero quiero que sepas que esta conversación está siendo grabada y me siento frente a ti porque quiero estar lo más alejado posible de tu lado.

—¿Tanto me odias? ¿Tan poco confías en mí?

—Miri, creo que sigues sin ser consciente de las consecuencias que tuvo tu decisión de irte con tu compañero a pasar la noche a un hotel. Una de las implicaciones, la más importante es que destrozaste la confianza que tenía depositada en ti y la segunda, el resentimiento y el dolor que me causaste al ser tan soberbia y vehemente, pensando que yo aceptaría eso.

—Álvaro, solo quiero que sepas lo arrepentida que estoy, que daría lo que fuese por volver a ese fatídico día que conocí a ese compañero. Te ruego que me perdones por mi estupidez, pero te di por sentado, pensando que serias capaz de perdonarme todo y nunca me dejarías. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba…pero ya es tarde, muy tarde.

—Miri, me duele mucho, más de lo que puedo expresar. Pensé que teníamos algo especial, algo duradero.

—Y lo teníamos, —dijo Miri echándose a llorar,— Pero yo lo arruiné, No merezco tu amor.

—No se trata de merecimiento. Se trata de confianza y respeto. Y eso se perdió cuando tomaste tu decisión. Ahora solo necesito terminar esto para empezar a sanar.

—Álvaro ¿me perdonaras alguna vez?

—No lo sé. Quizás con el tiempo. Pero ahora mismo, necesito tiempo y espacio.

—Mi amor, solo quiero que sepas que te amo con locura. Que esto está siendo una tortura para mí y que si me das una segunda oportunidad…

—Para Miri, para, no sigas por ahí. Aquí no hay segundas oportunidades, por que aun, todavía en mi mente, te sigo viendo entregada a ese hombre, follándote, besándolo, dándole a él, lo que en los últimos meses te negabas a darme a mí, y si decidiésemos reconciliarnos, algo que no ocurrirá, siempre estaría desconfiando de ti por si algún día llegas más tarde de lo habitual, o miras tu teléfono más de la cuenta y así, así no se puede vivir.

—Lo…lo entiendo, —dijo Miri llorando con congoja.— ¿Por…por lo menos podríamos seguir siendo amigos?

—No Miri. No creo que sea lo mejor para ninguno de los dos. Necesitamos alejarnos el uno del otro. Cortar por lo sano.

—Lo comprendo…

—Bien Miri, creo que yo no hay mucho más que decir. Te deseo lo mejor, de verdad.

—Yo también mi amor. Tú te lo mereces.

Los dos nos quedamos en silencio, con Miri llorando, sabiendo que esto llegaba a su final. Se levantó, se dirigió hacia la puerta y se detuvo antes de abrirla. Se volvió, me miró con amor una última vez y me lo dijo:

—Mi amor, recuerdo que algunas veces hablando me decías que a los que cometen errores o se equivocan, hay que darles una segunda oportunidad, ¿no es así?

—Si así es, sé que siempre dije eso y lo sigo manteniendo.

—Entonces, si yo me he equivocado y he cometido el error más grande de mi vida ¿por qué no me das una segunda oportunidad?

—Veras Miri, un error o una equivocación, es olvidarte las llaves de tu casa o coche, o no recordar una cita con tu médico o dentista. Lo tuyo no fue error o equivocación, fue una decisión que tomaste unilateralmente al irte a follar con otro hombre de la forma más humillante para mí. Por eso ni te perdono ni tendrás una segunda oportunidad. ¿Te ha quedado claro?

Miri solo asintió y salió llorando de esa sala. Mentiría si no dijese que no sufrí con ese encuentro. Me rompió por dentro, porque aunque me cueste confesarlo, seguía amando a Miri. Habíamos construido nuestra vida durante veinte años y ahora estaba destruida y eso duele.

Esa misma mañana, se firmó el divorcio, con lo que oficialmente Miri y yo ya no éramos marido y mujer. Cuando el divorcio se hizo efectivo, se hizo el reparto de bienes, y al cabo de los meses me pude comprar un apartamento para mí y empezar una nueva vida como hombre soltero. Me centré mucho en mí, me apunté a un gimnasio, retomé antiguos hobbies, algunas amistades y otra nuevas. De Miri y Brigitte, ya no volví, casi, a saber más. Mi trabajo absorbía mucho mi tiempo y empecé a disfrutar de mi soledad y de mi libertad y de por qué no decirlo, de mi nueva vida.

©Fernando, 2026.

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