Morena ¿te hiciste las tetas?
La cena familiar se rompe cuando la mirada del narrador se clava en Morena. No es solo una visita de parientes; es una invitación a cruzar la línea. En la oscuridad del balcón, el hielo se rompe, y lo que empieza como una broma picante termina en la cama de ella, donde las reglas de la familia quedan atrás.
Avanza la cena familiar de Nochebuena en el SUM del piso de Morena, la cuñada de mi sobrina. Yo estoy con algo de sopor y por no haber dormido bien la noche anterior, por el calor y por lo cachondo que me ha puesto la tal Morena (preciosa treintañera de labios voluptuosos, bien delineados en un bermellón brillante, pestañas ¿naturales? de vértigo, pechos de exhibición y unas piernas interminables).
La muy atrevida está vestida con un solero color crema con tirantes y de falda tan corta que apenas le cubre las tremendas (por lo lindas, no por lo grandes) nalgas que gasta.Con los efluvios del vino y el champán, en un aparte que tenemos en el balcón, me atrevo a preguntarle al oído si se había hecho las tetas. Se ríe y me dice que son las de siempre, las de cada fiesta de cumpleaños y de cada Navidad.
¿Por qué me lo preguntás? ¿Las notás diferentes? me susurra también al oído.
- Es que están muy buenas y me tenés a tope, sin dejar de vérselas en la oscuridad del balcón donde salimos buscando aire de la noche más fresco.
- Me di cuenta que me miraste todo el rato, y las piernas también. Supongo que también me habrás echado un vistazo al culo, ¿verdad?
- Morena, Morena, ¡qué cosas decís!
Pero por lo bajo le confieso que lo miré y lo rocé varias veces, sobre todo cuando nos sacamos algunas fotos, de grupo y además, entre nosotros. ¿No te molesta, verdad?
- Para nada. Me gusta. Pero creo que no podés conducir en el estado que estás. Te llevo a mi departamento para que te des una ducha, si tu mujer lo permite.
- Mi mujer está por irse a la casa de su sobrino, que recién la invitó. La lleva tu hermano. Yo voy después.
- ¡Feliz Navidad! entonces. Me da un beso furtivo en la comisura de los labios, selfie de por medio.Acudo presuroso a requerir el permiso de Luli, mi mujer.
- Lavate los dientes también, tenés terrible aliento a alcohol, me dice.
Subimos con Lorena a su piso, tranquilos, veo la cámara en el elevador y me quedo quieto. Accedemos al palier privado. Tremendo piso tiene Morena, amplio, tres dormitorios en suite, un living comedor más grande que mi departamento.
- Pasá a ducharte en el baño de visitas. Hay toallas y todo lo necesario. Me voy a dar una ducha rápida yo también. Avisame cuando te hayas secado así te llevo unas bermudas y ropa interior que se dejó mi ex novio, creo que te quedarán bien. Hay cepillos de dientes sin usar en bolsitas.
Pienso que tiene todo preparado, como si fuese un hotel de lujo. Me doy una buena ducha, enjabonando y lavando meticulosamente todo el cuerpo. El gel huele a vainilla y coco, como reza la etiqueta. Me seco bien y me cubro con una toalla.Abro tímidamente la puerta y la veo envuelta en una bata corta, cortísima, cubre ligeramente apenas los pechos, es un bombón, pienso. Me alcanza un par de slips diminutos, tela muy suave, casi bikinis, uno gris perla y el otro blanco, y dos bermudas, una color crema y una color rosa.
Al darme la ropa, se abre la bata y asoman sus tetas, firmes, redondas, se ve un pezón, bien marcado, duro, la aureola, entre rosado fuerte y marrón. Ni se inmuta, se lo cubre lentamente, me pongo al palo y se me nota pese a la toalla, lo ve, alza las cejas.
- ¿Y eso?, me pregunta mirando.
- Es que te veo y me pongo como un burro.
- Probate los slips, me ordena.
Me quito la toalla, salta mi pija de 15 cms, erecta, no es tan grande pero tampoco para despreciar. Me coloco el slip blanco, apenas puede contener mi falo. Me pide que me voltee.
- No está nada mal. Me aferra una nalga. ¡qué duro tenés el culo! ¡Y qué suave la piel! ¿Sos muy delicado?
- ¡Ufff! Depende para qué, creo que no, al menos para lo que le doy uso...
Se arrima a mi espalda, me sigue acariciando un glúteo con una mano y cruza el brazo por delante de mi torso para agarrarme el paquete. Noto que dejó caer la toalla porque apoya sus pechos a mi espalda. Jadeo, inclino mi cabeza hacia su cuello con los ojos cerrados, estoy totalmente a su merced, me dejo hacer por Morena, una hembra. Le aferro la mano que está sobando mi bulto y llevo la otra hacia atrás, buscando su cuerpo, su entrepierna. Se lo digo murmurando:
- Sos una hembra preciosa y muy caliente.
Alcanzo su vagina, está muy húmeda, fácilmente la penetro con dos y tres dedos, da un respingo, se retira un poco hacia atrás y vuelve a arrimarse, dejándose penetrar por mis dedos. Me muerde el lóbulo de la oreja, me lame el cuello, nos miramos a los ojos jadeando como perros en celo, con sus labios entreabiertos a milímetros de los míos, se muerde el labio inferior y se lanza. Me besa con frenesí, me devora la boca, su lengua me penetra a fondo, casi no me deja respirar, la atrapo con mi lengua y mis labios, nos trabamos desesperadamente en un beso lujurioso de ansia y calentura. Sigue apoyando su sexo contra mis nalgas, pienso, estoy seguro, que si fuera un chico, me penetraría en el acto, ahí mismo, tan caliente está ella también y tan dominante es ¿conmigo solamente?
Me volteo a duras penas para abrazarle la espalda y el culo, me toma del cuello y me sigue besando desesperadamente. Creo que si tenemos sexo, estoy seguro, será Morena quien me coja, empujo mi pelvis contra la suya, mi pija dura casi está entrando en su concha empapada, con el slip puesto y todo, se menea, siente la penetración, es tan fina la tela del slip ya muy mojado que, gimiendo, ella goza de un orgasmo apagado, restregándose contra mí, casi entrecortado.
Me mira a los ojos, jadea, me inclino a chuparle los pechos, de a uno, sorbiendo esos pezones duros y firmes como limones maduros y rebosantes de jugo, chupo y chupo como un bebé huérfano mientra aprieta mi cabeza contra su cuerpo, mis manos se aferran a sus glúteos redondos, perfectos.
Sigo bajando la cabeza por sus abdominales ligeramente marcados, lengüeteo su ombligo ovalado y llego al premio mayor, su labios vaginales de un rosado intenso y chorreantes de jugos, que me deleito sorbiendo hasta hartarme y hundo mi lengua entre ellos hasta que mi nariz se aprieta contra su pubis angelicalmente depilado y retrocedo para lamer y mordisquear su clítoris hinchado que semeja un pequeño falo para mí que chupo afanosamente para provocarle un segundo y prolongado orgasmo a Morena. Se recupera apenas y con voz entrecortada me dice:
-¡Hijo de puta! Vamos a la cama.
Tira del slip y me deja en pelotas. Me arrastra a la cama. Estoy babeando, literalmente hablando...
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