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Temperatura Extrema 4

La toalla cae al suelo y el placer es inmediato, pero la puerta se abre y el padre de Alba los descubre. Ahora, entre el miedo a la represalia y la urgencia científica, Dante y Alba deben decidir si su amor vale la pena el riesgo.

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Temperatura Extrema 4

Alba y yo seguíamos besándonos, ella aprovechó para quitarse la toalla que cubría su cuerpo, mi polla se puso más dura que el mástil de la bandera. Alba era una mujer de bandera y banda de música, tenía el coñito rasurado y muy brillante. Alba se separó de mí con una sonrisa malévola en el rostro, su habitación se encontraba en frente del cuarto de baño y me empujo hacia allí.

Termine cayendo sobre la cama, de un salto coloco su apetecible coñito sobre mi boca, yo no perdí el tiempo y me dispuse a probar aquel manjar. Cuantas charlas había tenido con amigos que decían que no les gustaba comer coños porque según ellos olían mal y eran feos. Panda de hipócritas, ellos comer no, pero que a ellos les comieran la polla sí. Menudos, imbéciles, lo que se estaban perdiendo, Alba me hizo notar que me estaba desconcentrando.

Deje esos pensamientos y me puse a comerle el coño con la intención de que tuviera un orgasmo brutal, no tarde en conseguirlo. Mi lengua serpenteaba por esa rosada cavidad, mientras recogía el néctar que de ella iba brotando. Alba soltó mi cabeza y agarro con fuerza la almohada, se lo agradecí, si llega a imprimir semejante fuerza sobre mi cabeza, me la abría aplastado. Ella gritó y se dejó caer sobre mí, tenía la respiración agitada, separo sus piernas de mi rostro y entonces lo vi. Que poco dura la alegría en la casa del pobre, Wolf estaba mirándonos desde la puerta.

Eso solo podía significar que el padre de Alba estaba de regreso, solo esperaba que Wolf se hubiera adelantado lo suficiente para darnos tiempo de vestirnos y ventilar la habitación. Alba se quejó, pero cuando vio a Wolf también fue consciente y se levantó de un salto. Cogió ropa de unos cajones y se vistió rápidamente, yo solo me había quitado la camiseta, me la puse y me acerqué a Wolf.

• Mira que eres inoportuno amigo – le dije en forma de reproche.

Wolf agachó la cabeza en forma de disculpa, Alba se agachó y lo abrazo. Entonces apareció el padre de Alba, miro a la habitación y después a nosotros. Acto seguido puso mala cara, ahora que nos llevábamos bien se volvería a cabrear conmigo. No pude más que sonreír después de ese pensamiento, mire a Alba y le dije.

• De momento tendremos que dejarlo, pero esto no ha terminado.

• Lo mismo digo, me he quedado muy caliente, mientras cogía mi mano y la acercaba a su coñito.

• No me tientes Alba, no me tientes.

Los dos sonreímos por no llorar, estábamos más calientes que una estufa, maldijimos que no tardaran más en regresar. Entre los tres preparamos algo para cenar, durante la cena hablamos de cosas banales. Después de fregar los platos, el padre de Alba salió al porche con la copa que se había preparado. Wolf se tumbó en el suelo a nuestro lado, Alba tenía planos de la máquina que utilizaríamos para intentar detener la erupción.

No sabíamos si funcionaria, pero no había más opciones, de hecho Paolo me dijo que los dos volcanes habían entrado en un estado de latencia que nos darían más tiempo, Alba me miro y me hizo unas preguntas.

• ¿Que densidad tiene la lava?

• 3000 kg/m³- conteste.

• ¿De qué está formada la lava?

• De vapor de agua, dióxido de carbono y dióxido de azufre, así como algunos materiales sólidos.

• ¿Cuál es su viscosidad?

• 100.000 veces mayor que el agua.

Alba apuntaba todo lo que le iba diciendo, de vez en cuando miraba sus planos y se quedaba pensativa, entonces me miro y me dijo.

• Esta máquina no vale, es demasiado grande, tengo otro diseño que le será más fácil hundirse.

• ¿Cómo que hundirse? – pregunte.

• Claro, cuando mi máquina se active, si está en la superficie no funcionará.

Alba me explico que iba a modificar su máquina, para convertirla en una especie de bomba, está al estallar liberaría un rayo a una temperatura cercana al cero absoluto. Si este rayo era liberado en la superficie, lo único que se congelaría era la capa superficial del magma. De esa manera podríamos provocar una erupción mucho más violenta, su idea era hundir la bomba en el magma, de esta manera se podría congelar todo el magma, impidiendo que los dos volcanes se retroalimenten entre ellos.

• ¿En qué has pensado Alba?

• Meter la bomba en una caja de Tungsteno y recubrir la caja con un escudo térmico echo por ladrillos reflectantes.

• ¿Ladrillos reflectantes? – pregunté.

• Si como los que usan en los hornos de las fundiciones.

Alba estaba en todo, el tungsteno tenía una densidad de 19600 kg/m³, un punto de fusión de 3422 °C como era un metal muy rígido y tendría que soportar bastante presión, se le añadiría zinc, que era un metal con un índice de elasticidad de 283 MPa. De esta manera nos aseguraríamos de que se hundiría y que aguantaría la presión y temperatura el tiempo necesario.

Nos miramos los dos con un halo de esperanza, no sabíamos si esa temperatura sería suficiente para poder congelar el magma. La idea de Alba era tomar unas muestras y probarlo en un laboratorio, para eso tendríamos que ir a Nápoles. No diré que no me daba cierto miedo a ir al Vesubio con Alba, todavía tenía muy presente lo que ocurrió con su madre.

Decidimos dejarlo por hoy, llame a Paolo para ponerle en antecedentes de lo que Alba y yo habíamos decidido. Ellos se encargarían de construir la caja de tungsteno y el escudo con los ladrillos reflectantes, Salimos los dos al porche y nos tumbamos sobre dos hamacas, Alba me miro y me dijo.

• ¿Cómo un volcán puede provocar una extinción masiva?

Yo la miré y le empecé a contar, un volcán con un índice de explosividad volcánica de 8 que era el máximo en la escala, arrojaría una nube de ceniza volcánica capaz de ocultar el sol durante años. La nube terminaría tapando todo el cielo y esto provocaría que los rayos del sol fueran reflejados hacia fuera, la temperatura global se desplomaría, los campos se congelarían, después los animales que se alimentaban de esos campos también morirían.

El agua potable se envenenaría, por la acción de la ceniza y los gases que el volcán iría soltando. Sin agua y sin comida, los humanos moriríamos hasta extinguirnos, se podrían hacer búnkeres, pero el problema era que no sabíamos exactamente cuantos años duraría el invierno nuclear y había muchas posibilidades de que los alimentos se terminaran mucho antes.

Alba se quedó mirando al cielo con una expresión muy preocupada, en teoría todo encajaba, pero algo podría salir mal y estaríamos condenados. Entonces ella miró para atrás y se dio cuenta de que su padre se había ido a acostarse y que Wolf les había dejado intimidad, su mirada me hizo ruborizarme, me iba a comer vivo.

• Ven, vamos a las hamacas de la piscina, allí mi padre no nos verá aunque mire por la ventana.

Cogiendo mi mano me llevo hasta allí, con una sonrisa empezó a mostrarme su cuerpo desnudo, ese cuerpo que me tenía encandilado, unos pechos medianos con dos grandes pezones rosados, un vientre plano y unas piernas cinceladas por los mismos dioses, se dio la vuelta y empezó a menear su precioso culo. Yo a su lado parecía el patito feo, después de lo que paso con su madre me apunte a un gimnasio, conseguí un cuerpo musculado, nada exagerado, pero que desarrollaba suficiente fuerza como para levantar a una persona.

Alba se sentó sobre la hamaca y me enseño su precioso coño otra vez, con la luz de la luna se veía brillante, me agaché y metí mi rostro entre sus piernas. Escuchar los gemidos de placer de Alba fue un placer para mis oídos, mi lengua jugo con su clítoris hasta que el placer que sentía Alba le llevo a un atronador orgasmo. Pensé que descansaría hasta recobrar el aliento, pero no fue así, cogiendo mi pantalón corto, lo bajo, dejando a la vista mi polla endurecida por la visión de la diosa que tenía enfrente.

Cogiéndola con las manos se la metió en la boca, cuando su lengua hizo contacto con mi polla, una sensación placentera recorrió mi espalda hasta explotar en mi cerebro. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no correrme en ese momento, llego un momento que me separe de ella, su mirada denotaba decepción, eso, cambio cuando me tumbe sobre la hamaca y le indique que mi polla era toda suya.

Con una gran sonrisa la cogió y esta fue entrando dentro suyo muy despacio dándonos un gran placer a los dos, una vez la tuvo entera dentro empezó a mover sus caderas en círculos, los dos teníamos los ojos en blanco. Jamás había sentido un placer semejante, Alba agachándose un poco, coloco sus preciosos pechos sobre mi boca. Yo los comí con gula, acrecentando sus gemidos.

Mi polla chapoteaba en su cada vez más encharcado coño hasta que los dos llegamos al orgasmo, fui a sacarla cuando me dijo que quería sentir mi corrida dentro y me lo impidió. En cuanto me empecé a correr, Alba tuvo otro orgasmo más brutal que el que había tenido hacía poco. Con la respiración desbocada, se tumbó sobre mí, estábamos agotados, pero sumamente satisfechos.

• No sabes cuanto tiempo llevaba deseando esto – dijo Alba.

• Fuimos unos estúpidos Alba, por no ser sinceros el uno con el otro – dije.

• Ahora lo estamos siendo, Dante llevo toda mi vida enamorada de ti, ¿tú sientes lo mismo? – pregunto con miedo a la respuesta.

• Sí, cuando te vi en el aeropuerto supe que eras la mujer de mi vida, por ninguna otra he sentido lo que tú me haces sentir.

Eso, alegro mucho a Alba, me beso en los labios, entonces note que algo húmedo caía sobre mi pecho, eran las lágrimas de felicidad de la mujer más increíble del mundo. Se las sequé con una suave caricia. Volví a besarla y nos tapamos con una manta, nos dormimos enseguida con una gran sonrisa en los labios, no sé que hora seria, pero al abrir los ojos allí estaban el padre de Alba y Wolf, este sentado al lado y poniendo una cara de no haber roto un plato.

Alba y yo nos pusimos nerviosos, por el rostro de su padre se avecinaba tormenta, nos miró y nos dijo.

• ¿Lo habéis pasado bien?

• Papa…

• ¡Que si lo habéis pasado bien! – volvió a decir con más dureza.

• Siento haberte molestado, pero amo a tu hija.

• No me molesta que estéis enamorados, eso lo he sabido siempre, lo que me molesta es que mi hija tenga que pasar por lo mismo que pase yo.

• Eso no ocurrirá – dije.

• ¿Cómo lo sabes?

• Porque cuidaremos el uno del otro y lo haremos todo juntos – dije muy serio.

• ¿Vas a poner a mi hija en peligro? – dijo furioso.

• No, papa, yo iré con él, porque esa es mi decisión.

Viendo que su hija iba perdiendo el miedo poco a poco y se empezaba a cabrear, decidió plegar velas. Yo miré a Wolf y le dije.

• Y tú que, ¿no sabes despertarnos?

Wolf miró a otro lado como si la cosa no fuera con él, después se acercó a Alba para que esta le diera mimitos, no sabía nada. Llego la hora de comer y todo había vuelto a su cauce, su padre no saco más el tema y parecía que había aceptado lo que su hija y yo sentíamos el uno por el otro. Mientras fregaba los platos, recibí una llamada de Paolo, quería que fuéramos para que Alba expusiera su plan a los otros científicos.

Sé que a Alba no le iba a hacer gracia tener que volver a ver a esos hombres que le quitaron su investigación por demostrar ser más lista que ellos, pero también sabia que mi novia era una profesional como la copa de un pino y estaría a la altura sin ninguna duda, Alba preparo su equipaje, el mío ya lo tenía preparado, metimos todo en el coche de Alba y nos dirigimos al aeropuerto de Barajas. Cuando llegamos salimos por una puerta diferente, Alba jamás había viajado en un avión privado y lo miraba con gran entusiasmo y admiración.

• ¿Te gusta Alba?

• Que bien vivimos algunos – dijo mientras se reía.

• Oye, el avión es de Paolo, con mi sueldo no me llega, ni para acercarme.

Alba no pudo evitar reírse a mandíbula partida, se había puesto un vestido de gasa que le quedaba como un guante y una cazadora vaquera por encima, estaba preciosa. Cuando embarcamos, ella recorrió cada palmo del avión, miro el aseo y me dirigió una mirada llena de picardía. La verdad es que la idea no era mala, pero la azafata que viajaba con nosotros haría que fuera imposible, al ver esto Alba no pudo evitar poner cara de decepción.

Durante el vuelo, mientras Alba y Wolf dormían, yo me dedique a estudiar toda la documentación que trajo Alba. Siempre había sabido que era lista, pero esta máquina que había creado era increíble. Yo tengo un doctorado en vulcanología, pero ella tenía dos doctorados, una en ingeniería aplicada y otra en matemáticas aplicadas. Entendía que los demás científicos se sintieran amenazados, pero no entendía la actitud de muchos de ellos con el problema que teníamos entre manos.

Ahora era la hora de arrimar el hombro y no poner trabas, si los dos volcanes entraban en erupción a la vez. Daría igual quien de nosotros fuera el más listo, estaríamos todos muertos. Quedaba poco para aterrizar y el capitán nos avisó de que nos abrocháramos los cinturones, Alba vio mi miedo y me cogió de la mano, ese gesto me dio suficientes fuerzas para afrontar el aterrizaje sin miedo.

Una vez aterrizamos en el aeropuerto de Nápoles, Paolo nos estaba esperando con el chofer. Sonrió cuando nos vio bajar del avión y se acercó a saludar, a mí me dio un abrazo y a Alba un abrazo y dos besos.

• Bienvenidos, ¿qué tal el viaje? – pregunto Paolo.

• Bien – contestamos los dos.

Vi como miraba Paolo a Alba, parecía un hombre muy serio, pero era un mujeriego empedernido.

• No mires así a mi novia – dijo serio.

• Ya era hora – contesto Paolo mientras se reía.

Sabía que Paolo no haría nada, él tenía un código que no se saltaba nunca, jamás se follaba a una mujer que supiera que tuviera novio o estuviera casada. Como él decía, había suficientes mujeres solteras en este mundo, como para meterse en problemas.

Wolf fue el primero que se metió en el coche, cogió postura y se tiró todo el viaje hasta el instituto dormido.

• ¿Cómo está la cosa Paolo?

• Pues todos están a la expectativa del plan que habéis creado, ¿por qué habéis creado uno verdad?

• Si – contesto Alba.

• Tenemos que tomar unas muestras de tres sitios.

Alba me miro, esa parte no se la había dicho por no estás seguro, lo decidí en el avión después de revisar todos sus documentos.

• Tenemos que tomar una muestra del Vesubio, otra de Los Campos Flégreos y la última del punto caliente entre los dos volcanes.

• ¿Por qué? – pregunto Alba.

• Porque la composición del magma podría variar entre los dos volcanes y el punto caliente, normalmente no suele ser así, pero prefiero estar seguro.

Alba asintió con la cabeza, Paolo estaba de acuerdo, él pensaba lo mismo que yo, ahora iríamos a descansar, al día siguiente Alba expondría el plan y después saldríamos a tomar esas muestras.

Continuará.

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