Nos picó el gusanillo 3. Vamos demasiado lejos
José creía haber establecido límites claros para su nueva vida poliamorosa, pero la noche en la playa demuestra que el deseo puede ser más fuerte que cualquier regla. Mientras observa a su esposa entregarse a otros, la línea entre la excitación y la humillación se desdibuja, revelando una dinámica de poder que ninguno de los dos estaba preparado para asumir.
Continúa de "Nos picó en gusanillo 2. Damos un paso más".
-¿Te lo follaste? - es lo primero que le pregunté a Mercedes por la mañana. El día anterior nos habíamos acostado si dirigirnos la palabra. No dormí en toda la noche. Estuve pensando en como afrontar lo que había pasado.
-No.
-¿Seguro? Por favor, dime la verdad. No importa lo que hicieras pero quiero saber lo que pasó.
-Lo que paso es que en cuanto os deje solos cinco minutos empezasteis a comeros y antes de darme cuenta te la estaba chupando.
-¿Y qué te hacía Pierre a ti mientras tanto? Vale. No quiero que discutamos, quiero que hablemos sobre que queremos y que vamos a hacer a partir de ahora. Tienes razón. Me dejé llevar, estaba muy excitado y Marie me pone mucho a pesar de la edad que tiene. Me la chupó y disfrute. Te toca.
-No follamos. Me masturbo, ya lo viste. Le hice una mamada, se corrió en mi boca.- José me miró sorprendido -Dejame terminar. Y luego Marie y yo nos masturbamos mutuamente. Fue muy morboso y lo disfruté.
-¿Te lo tragaste?
-Si. Al menos en parte, todo no.
-A mi nunca...
-Lo se. Estaba excitada, me apeteció y lo hice.
-¿Y ahora que?
Pasamos el día hablando. Al final de la jornada habíamos decidido cambiar nuestra forma de vida para siempre. Con algunas reglas, eso sí. Los dos reconocimos que nos excitaba lo que había pasado. Nos queriamos mucho. Ninguno de los dos se había acostado nunca con otra persona desde que éramos pareja. Después de darle muchas vueltas y sopesar los pros y los contras decidimos abrir nuestro matrimonio. Podríamos estar con otras parejas o con otras personas siempre y cuando nos lo contáramos todo. Y en el momento que uno dijera 'alto' pararíamos de inmediato. El objetivo no era herir ni hacer sufrir a nadie si no disfrutar de la sexualidad juntos o por separado pero siempre con el beneplácito del otro. Además, me moría por follar con Marie.
Al día siguiente, el jueves. A eso de las diez de la mañana, propuse a Mercedes ir a la playa un rato antes de comer, ella me recordó que habíamos dejado la ropa mojada en casa de Pierre y Marie y que deberíamos ir a recogerla. Yo estaba un poco avergonzado de como me había ido de su casa el otro día, así que todavía no me apetecía verles. Le dije a Mercedes que fuera ella a por la ropa y mientras yo la esperaría en la playa.
Fui, pues, a la playa de la Mora, la más cercana al camping. Una playa familiar que nada tiene que ver con la cala de los días anteriores. No había mucha gente. Fui a coger sitio en la arena cerca del bar, para echar luego una cerveza. Entonces los vi. Una señora alta y delgada en topless leyendo en una tumbona bajo una sombrilla y un señor más bajito y fuerte jugando con dos niños pequeños a hacer castillos de arena. Mercedes había hecho el viaje en balde por qué Pierre y Marie no estaban en casa. Me acerqué. Saludé. Se alegraron mucho de verme, ella me dió dos besos y el un abrazo. Me dijeron que su hijo y sus nietos aunque les esperaban el viernes, habían llegado por sorpresa la noche anterior, y estaban muy contentos. Los niños me saludaron muy educados y siguieron a sus juegos. Me preguntaron que que tal todo, les comenté que todo bien, que todo arreglado y se alegraron. Les pedí disculpas por como me había ido y ellos le quitaron importancia. Me quité un peso de encima. Les dije que Mercedes había ido a su casa a por la ropa que nos dejamos, que iba a llamarla para que no se molestará ya que no estaban en casa. Me dijeron que no había problema, que su hijo se había quedado en la casa terminando algo de trabajo y que él la atendería.
Pase la mañana con ellos. Gracias a las gafas de sol no sé notaban las furtivas miradas a los pechos de Marie. Intenté sacar el tema e incluso la acompañe al agua en unos de sus chapuzones pero claramente no era el lugar indicado para mis propósitos. Pasaron las horas y Mercedes seguía sin venir. Le mandé varios mensajes pero no recibí contestación. Me estaba poniendo nervioso. Sobre la una y media me llegó un mensaje ' ya llego'.
-Mira, ahí está papá.- dijo uno de los niños señalando a un lexus todoterreno que estaba aparcando.
Del coche bajo un chico rubio de unos cuarenta años, alto, fuerte, guapo y elegante. Del asiento del acompañante salió Mercedes. Mierda. ¿Se había pasado la mañana con ese Adonis? Pierre, Marie y los niños se fueron en el Lexus imagino que a su casa. Mercedes vino a donde yo estaba. Me dió un beso en la boca y se sentó a mí lado en la toalla.
-Me lo he follado. Bueno, más bien me ha follado él.
-¿Cómo? ¿Ya? Vale que lo habíamos hablado y decidimos abrir la relación pero joder, lo decidimos ayer y hoy ya te has pasado la mañana follando.
-¿Tú lo has visto? Si se me pone a tiro un chulazo de 38 años como ese ¿Que quieres que haga? Y no hemos pasado la mañana follando. Hemos estado hablado, sobre todo. Solo hemos echado un polvo rápido antes de salir.
-Y yo aquí pasando la mañana con los abuelos y los nietos.
-Se llama Henri, trabaja en capital riesgo, fondos de inversión y cosas así. Tú seguro que tienes tema de conversación con él. Vive en Marsella, está casado, su mujer no ha venido, no sé lleva muy bien con los suegros.
-Conociéndolos, se la habrán intentado tirar, jajaja.
--No te enfades. Me ha propuesto salir con el esta noche por ahí. Si no te parece bien le digo que no.
-¿A ti te apetece?
-Si, pero si no quieres que vaya, no voy.
-Déjame pensar, porfa.
Comimos, me contó con detalle lo que había pasado. Me puse cachondisimo. Lo pensé. Me decidí.
-Vale. Sal con él esta noche. Pero, yo voy con vosotros.
-No se. Me ha invitado a una fiesta en casa de unos amigos. Le pregunto y a ver qué dice.
Henri se extrañó pero le pareció bien. Mercedes le había contado nuestra situación. Paso a recogernos en su coche a las nueve de la noche. No hablaba mucho, me dió la impresión de que no controlaba el idioma y tenía mucho acento. El plan era ir a una fiesta que organizaban unos amigos suyos, habría un cóctel y luego copas, música y piscina. Era un casoplón en una urbanización cerca del faro de Torredembarra. Llegamos, nos presentaron al dueño de la casa y fuimos conociendo al resto de invitados poco a poco. Habría unas cincuenta personas algunas dentro de la casa, la mayoría en el jardín y algunos en la piscina. Había franceses, ingleses, una pareja de belgas pero la mayoría eran españoles. Charlé con alguno, sobre todo de finanzas y de trabajo. Mercedes estuvo conmigo al principio pero luego iba con Henri de un lado a otro de la fiesta hablando y riendo con el resto de invitados. Me sentía fuera de lugar, celoso y un poco humillado pero no quería irme. Comí poco y bebí demasiado. Mercedes también. Sobre la media noche la fiesta estaba bastante animada, la gente bailaba y se tiraba a la piscina. Yo estaba sentado en una tumbona algo mareado. Sobre la una, alguien dijo de ir a la playa. Se animó la mayoría de la gente. Mercedes y Henri prefirieron quedarse así que yo hice lo mismo. Además de nosotros tres se quedaron cuatro hombres y una mujer. Uno de los hombres y la mujer eran los dueños de la casa. Estaban el la cocina limpiando y recogiendo vasos y platos. Hasta hace unos instantes Mercedes, Henri y otros dos tipos estaban en corro hablando y riendo en el jardín pero ya solo estaban los dos desconocidos. Me levanté y fui hacia ellos. Eran españoles. Dos chicos jóvenes, treinta y pocos diría yo, fuertes, tíos de gimnasio. Se presentaron como Isidro y Agustín.
-José, encantado- el primero no me dejó terminar la frase.
-Ya sabemos quién eres, cornudo.
Me quedé helado, era humillante, como cojones me había metido en una situación así.
-Eh! No te pases, se están follando a su mujer pero no hay que ser grosero - dijo el otro. Y se rieron a carcajadas.
Hijos de puta. Les pregunté dónde estaba mi mujer. Me dijeron que no lo sabían, que los siguiera a ver si la encontrábamos. Fuimos hacia una pequeña caseta de invitados que tenía luz en las ventanas. Me asomé a una de ellas y encontré exactamente lo que pensaba, uno de los tipos puso su mano en mi hombro e hizo un comentario soez que me excitó, el otro se asomo a la otra ventana y exclamó con una palabrota.
Dentro había una pequeña cocina, un sofá. Una mesa con cuatro sillas y una cama, todo en una estancia. En el borde de la cama Mercedes con el vestido subido y las bragas bajadas tenía las piernas abiertas y de rodillas, en el suelo, frente a ella, Henri le estaba comiendo el coño con esmero. Después de un buen rato, se levantó, se quitó la camiseta y los pantalones y puso su polla frente a la cara de mi mujer, ella no se lo penso, se lanzó a chupar como si no hubiera cenado. Las pocas veces que me la chupaba a mí no lo hacía con tanta entrega. Estaba muy excitado. Mientras, tenía que aguantar los comentarios de los dos gañanes. Si no hubieran estado, me habría masturbado allí mismo. Después de un rato chupando. Henri se tumbo boca arriba en la cama y Mercedes comenzó a cabalgarlo, despacio al principio, aumentando la velocidad poco a poco. Solo la veíamos desde atrás. Pero notamos por los movimientos que tuvo un fuerte orgasmo. Entonces, el francés la puso a cuatro patas sobre la cama y empezó a follarla desde atrás, ahora si que le veíamos la cara, gozaba, reía, se relamía y se mordía el labio. Miro hacia donde estábamos, nos vio, sonrió, sacó la lengua, tocando con la punta el labio superior.
-Madre mia que cachonda, tronco.
-Que mujer más guarra tienes.
-No he visto tanto vicio en mi vida.
-A tomar por culo, yo me apunto.
Se me paró el corazón, que coño decía ese hijo de puta. Fue hacia la puerta, entró. Se sorprendieron pero no pararon, siguieron follando cada vez más fuerte, cada vez más rápido. El recién llegado se bajó los pantalones y se empezó a masturbar. Tenía una polla grande y venosa completamente erecta. Mercedes le miro y abrió la boca. No podia ser, se estaba ofreciendo. El musculitos lo entendió perfectamente y se la puso frente ella que comenzó a mamarla. Con cada embestida desde atrás, la polla de delante le golpeaba la garganta. Ahora solo podía ver el culo depilado de ese cabron. El otro, que todavía tenía un brazo alrededor de mis hombros dijo algo que no entendí y fue también para adentro, vi como se desnudaba, una polla más pequeña pero gorda y tiesa. Me cambie de ventana, ahora veía toda la escena desde el lateral. Mientras Henri se la follaba fuerte por detrás, Mercedes iba chupando las pollas de los chavales de manera aleatoria y masturbando la que no tenía en la boca. El primero que había entrado empezó a gemir, sacó la polla de la boca de mi mujer y se la meneo rápidamente. En unos segundos se había corrido, a Mercedes le caían los chorros de leche por la frente y las mejillas. El otro chaval aparto a su amigo y se puso de frente a ella, le agarro de la cabeza y comenzó a follarle la boca a toda velocidad. Grito. Dió unos últimos empujones profundos y lentos y saco la polla chorreante de leche y babas. Isidro y Agustín se sentaron en el sofá exhaustos. Henri siguió con el bombeo un rato más ¡que aguante!. Ya está bien, pensé. Entré. Me coloque frente a Mercedes, me baje los pantalones, la tenía durísima, comencé a pajearme frente a ella, abrió la boca para que se la metiera. No quise. Mercedes se volvió a correr. Seguí con la paja hasta que explote en su cara. Luego el francés terminó con unos gemidos guturales, que me eran familiares, en el coño de mi mujer. Con la respiración entrecortada saco la polla, miro hacia mi. Me dijo que me acercará. Me acerqué. Señaló. Mercedes aún estaba a cuatro. El coño de mi mujer estaba abierto enrojecido y palpitante, con cada palpitación salía semen. Lo habían hecho a pelo. No me lo podía creer.
-Quieres limpiarlo, cornudo.- Dijo uno de los que estaban sentados en el sofá.
Me hirvió la sangre. Me mordí la lengua y salí de allí corriendo. Junto a la casa me encontré de frente con los dueños. No sabían que todavía quedaba gente, les expliqué un poco por encima, me invitaron a entrar, me ofrecieron una cerveza, les pedí algo más fuerte. Me pusieron un whisky. Hablamos un rato, me tranquilizaron. Vimos por el jardín a los cuatro que venían de la casa de invitados. Los dos chavales dijeron adiós con la mano y se fueron. Henri y Mercedes entraron. Ésta vino donde yo estaba sentado, me beso en la cabeza, cogió mi mano y me preguntó si nos íbamos. Asentí. Nos despedimos de los anfitriones, que resultaron ser una pareja encantadora y nos fuimos. Subimos al coche de Henri. Nos montamos los dos atrás, volvimos todo el camino abrazados. Salimos del coche. Primero Mercedes y luego yo. Antes de cerrar la puerta volví a meter la cabeza en el coche.
-Sabes, Henri. Tú madre, me chupó la polla el martes.- y cerré sin darle tiempo a réplica. Salió picando rueda.
Cuando llegamos al bungalow, nos duchamos juntos, nos abrazamos. Le dije que estaba yendo todo muy deprisa. Propuse ir más lento, era mucho para asimilar. Ella me miró, acarició mi pelo mojado y asintió. Me relajé, nos quedaban tres días de vacaciones y quería pasarlos tranquilo.
En el siguiente relato Mercedes os contará como terminamos ese viaje por Tarragona. Esperamos que lo disfrutéis.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y correos. Sois muy amables y nos anima mucho a seguir escribiendo.
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