Xtories

El Despertar en la Aldea parte 5

Awa creyó haber cometido un error, pero al regresar para explicarse, encuentra a Kofi en brazos de otra. Lo que debería ser una ofensa se convierte en un espejo oscuro donde su propia vergüenza se transforma en placer incontrolable.

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Kofi se quedó allí, apoyado contra la pared de adobe, su pecho subiendo y bajando con respiraciones pesadas, el sudor perlando su piel oscura y musculosa bajo el sol implacable de la Costa de Marfil. Su verga larga y fina, aún semierecta bajo los pantalones empapados por su propia eyaculación, palpitaba con un deseo no saciado por completo, el olor salado de su semen mezclándose con el polvo del sendero y el dulce aroma residual de la leche de Awa. No sabía qué hacer; parte de él quería correr tras ella, cortejarla de verdad como le había prometido, explicarle que no era solo lujuria, que su timidez y su belleza lo atraían de una forma profunda. Pero otra parte, más primitiva, ardía por más, imaginando enterrarse en su calidez virgen y dejarla preñada, marcándola para siempre. "Joder... Awa, ¿por qué huyes? Te quiero de verdad, pero mi cuerpo no me deja pensar", pensó, ajustándose los pantalones con frustración, el calor del día amplificando su excitación residual.

Mientras tanto, Awa corría por el sendero polvoriento, sus piernas largas temblando con cada paso, el semen de Kofi pegajoso en su muslo y falda, mezclándose con sus propios jugos que chorreaban en hilos viscosos y calientes por sus muslos internos. Sus pechos enormes rebotaban dolorosamente, leche brotando en gotas cremosas que empapaban su blusa, cada roce enviando ondas de placer involuntario que la hacían jadear. "Dios mío... ¿qué he hecho? Tocarle así... sentir su semen en mi piel... me hace sentir tan sucia, tan excitada. No, Awa, eres tímida, decente... no puedes volver, pero... debo disculparme, explicarle que fue un error, que no soy así", pensó, su mente un torbellino de vergüenza y deseo, su trastorno hormonal traicionándola con pulsos constantes en su clítoris, haciendo que apretara los muslos para contener un orgasmo inminente. Momentos más tarde, incapaz de ignorar el remordimiento, dio media vuelta, caminando de regreso con el corazón latiendo fuerte, el aire cargado con el olor a tierra seca y flores silvestres que no calmaban su agitación interna.

Al acercarse, escuchó ruidos extraños: succiones húmedas y rítmicas, como labios chupando algo jugoso, acompañadas de conversaciones a baja voz, gemidos suaves y risas ahogadas. Su curiosidad, mezclada con un nudo en el estómago, la impulsó a acercarse sigilosamente, ocultándose detrás de un arbusto espinoso, el follaje rozando su piel sensible y enviando cosquilleos que amplificaban su excitación. Allí, en un claro sombreado por un árbol de mango, vio a Kofi sentado en una roca, con los pantalones bajados hasta las rodillas, su verga larga de 30 cm, fina y venosa, erecta y brillante con saliva. Arrodillada frente a él estaba su amiga, Nia, una chica de 20 años de la aldea, no tan hermosa ni atractiva como Awa: muy delgadita, con piernas flacas y una figura casi recta, caderas estrechas sin curvas marcadas, un culo plano y pechos pequeños que apenas abultaban bajo su blusa raída. Su piel oscura estaba sudorosa, su cabello corto y desordenado, pero sus ojos brillaban con una determinación lujuriosa mientras chupaba la polla de Kofi con avidez, su boca estirándose alrededor de la longitud fina, succionando con sonidos babosos y húmedos, saliva goteando por su barbilla en hilos pegajosos.

— Mmmhhh... Kofi, sabes tan salado y caliente... me encanta tenerte en mi boca —murmuraba Nia entre succiones, su voz baja y persuasiva, sacando la polla por un momento para lamer la punta brillante con pre-semen, su lengua girando en círculos que hacían que Kofi gruñera. —Puedes pedírmelo siempre que quieras, ¿sabes? Soy discreta, no como esas chicas tímidas de la aldea. Si necesitas descargarte, solo dímelo y te la mamo hasta que no quede nada. O si quieres más... puedes follarme, metérmela toda, hacer lo que quieras conmigo.

Kofi jadeaba, sus manos enredadas en el cabello corto de Nia, guiándola en el ritmo, pero su expresión mostraba duda, el placer mezclado con preocupación. —Nia... joder, lo haces tan bien... tu boca es tan cálida y apretada. Pero... no sé, si te follo y te dejo preñada, tendría que casarme contigo. No estoy listo para eso, la aldea hablaría, mi familia esperaría que haga lo correcto. Ya fue riesgoso la vez pasada.

Nia sonrió con picardía, chupando más profundo, tragando casi la mitad de la longitud fina, gimiendo un "Mmmhhh" vibrante que reverberaba en su polla, saliva chorreando por sus bolas. Sacó la boca con un pop húmedo, lamiendo los labios. —Oh, Kofi, no seas tonto. Recuerda hace unos días, cuando me la clavaste en el río... fue tan bueno, tu polla tan larga estirándome, aunque no te corriste dentro. Puedo manejarlo, soy lista. Métemela ahora, fóllame fuerte, y si quieres correrte, sácala y hazlo en mi boca. Tragaré todo, como una buena chica. No hay riesgo, solo placer. Vamos, sé que lo quieres... mírame, estoy mojada solo de pensarlo. Déjame ser tu secreto, tu descarga fácil.

Kofi dudó un segundo más, su polla latiendo en la mano de Nia, pero el deseo ganó. —Está bien... joder, Nia, eres persuasiva. Pero sácala antes de que me corra, ¿eh? —Dijo, ayudándola a levantarse. Nia se tumbó boca arriba en la hierba suave y polvorienta, subiéndose la falda, revelando su sexo hinchado y brillante con jugos, sus piernas delgadas abriéndose invitadoras. Kofi se posicionó sobre ella, frotando la punta fina de su polla contra su entrada resbaladiza, untando pre-semen en una mezcla lubricante. La penetró despacio y duro, centímetro a centímetro, la longitud fina estirando sus paredes internas, pero no entrando entera por la estrechez.

—Ahhh... sí, Kofi... entra despacio... oh, dios, es tan larga... me llena tanto —gimió Nia con cada centímetro, su voz entrecortada y prolongada, sus pechos pequeños subiendo con respiraciones rápidas, sus caderas moviéndose para acomodarlo, el calor húmedo de su cuca envolviéndolo en una calidez apretada y resbaladiza.

Kofi bufó como un animal, sintiendo la estrechez y calidez que lo apretaba, su polla latiendo dentro de ella. —Grrr... Nia, estás tan apretada... tan caliente... no entra toda, joder... me vuelves loco. —Empezó a follarla despacio, saliendo casi por completo antes de embestir de nuevo, cada thrust enviando chasquidos húmedos en el aire, besándola morbosamente, su lengua invadiendo su boca en besos babosos y profundos, saliva intercambiándose en hilos pegajosos.

Nia sufrió dos orgasmos rápidos, su cuerpo delgado convulsionando bajo él, gimiendo alto: "¡Síiii! ¡Me corrooo... otra vez, oh, Kofi, no pares!", sus paredes contrayéndose alrededor de su polla, jugos chorreando en pulsos calientes que facilitaban el desliz.

Finalmente, Kofi gruñó: —Nia... voy a correrme... sácala. —Pero ella lo persuadió con voz suplicante: —Hazlo dentro... lléname, no pasa nada... quiero sentir tu semen caliente. —Kofi resistió, sacándola con un pop resbaladizo. Nia se puso de rodillas rápidamente, abriendo la boca, y él se la metió casi hasta la garganta, eyaculando en chorros potentes y prolongados, semen espeso y blanco saliendo como de una manguera durante varios segundos, bufando con cada chorro: "Grrr... toma... ahhh... más...", mientras Nia tragaba con sonidos guturales, "Glup... mmmhhh...", saliva y semen goteando por su barbilla.

Tras terminar, se derrumbaron, respirando pesado. Kofi la miró, ajustándose. —Eres buena en el sexo, Nia. Si te necesito, te llamaré para descargarme. Eres fácil y dispuesta.

Nia sonrió sumisa, limpiándose la boca. —Cuando quieras, Kofi. Estoy aquí para ti, solo dímelo y te complazco.

Awa, oculta tras el arbusto, había observado todo con el corazón latiendo como un tambor, su excitación traicionándola desde el primer momento. "Oh, no... Nia con él... su polla en su boca, tan larga... y ahora follándola... me hace arder por dentro. No, Awa, no mires... pero no puedo parar, mi mano... va sola", pensó, su timidez luchando en vano mientras se masturbaba furiosamente, sus dedos frotando su clítoris hinchado en círculos rápidos y desesperados bajo la falda, jugos chorreando por sus muslos en torrentes calientes. Cada succión, cada gemido de Nia, cada thrust de Kofi, la golpeaba como un rayo, orgasmos sin parar convulsionándola: "Ahhh... mmmhhh... me corrooo... otro... sí...", gimiendo suave para no ser oída, leche brotando en chorros de sus pechos, empapando su blusa y el suelo, su cuerpo temblando en éxtasis continuo, el olor a sus fluidos mezclándose con el de la escena. "Es tan... guarro... pero me excita tanto... imaginarme en su lugar, preñada por él... no, Awa, eres decente... oh, dios, otro orgasmo...". Se quedó allí, exhausta pero hipnotizada, hasta que la escena terminó, huyendo de nuevo con el cuerpo laxo y la mente en llamas.

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