El Despertar en la Aldea parte 4
Awa intenta huir de Kofi, pero su cuerpo la traiciona una y otra vez. Cada rechazo solo enciende más el fuego entre ellos, y el semen de él sigue manchando su piel. ¿Podrá resistirse o el deseo la consumirá?
Después del clímax explosivo contra la pared de adobe, Awa y Kofi se quedaron mirándose en silencio, sus respiraciones entrecortadas llenando el aire caliente y cargado del sendero desierto. El semen de Kofi, aún cálido y viscoso, manchaba la falda de Awa y se pegaba a su muslo oscuro, deslizándose lentamente por su piel en hilos pegajosos y blancos que olían a sal y deseo crudo. Awa sentía el pulso de su excitación permanente latiendo con fuerza, su trastorno hormonal amplificando cada sensación: el roce pegajoso del fluido ajeno contra su carne, el sudor perlando su cintura estrecha, y sus pechos enormes palpitando, gotas de leche cremosa filtrándose a través de la blusa empapada. Internamente, su mente era un caos: "Oh, dios... ¿qué he hecho? Su semen en mí... me hace sentir tan sucia, tan excitada... no, Awa, recházalo, eres tímida, decente... pero mi cuerpo arde, quiero más... no, huye antes de que sea tarde".
Kofi, con los ojos aún nublados por el placer, se recompuso primero, ajustando sus pantalones con una mano mientras la otra se posaba suavemente en el brazo de Awa, su toque calloso enviando chispas eléctricas por su piel sensible. —Awa... eso fue... increíble. Mírate, toda temblorosa y hermosa. No puedo dejar de pensar en ti desde el primer día. Eres como una flor en esta aldea seca, con esas curvas que me quitan el sueño. ¿Sientes lo mismo? Dime que no fue solo un momento... quiero cortejarte de verdad, pasear contigo por los campos al atardecer, contarte historias de mi familia, hacerte reír. Pero también... verte así, con mi marca en ti, me hace querer más. ¿No sientes el fuego entre nosotros?
Awa bajó la vista, su timidez ganando terreno verbalmente aunque por dentro su excitación la traicionaba, un orgasmo building en su vientre solo por el sonido de su voz ronca y el roce de su mano. "No le contestes... recházalo, Awa, di que no... pero su toque... me hace palpitar, siento los jugos fluyendo de nuevo... oh, no, otro orgasmo viene si no paro". —Kofi... por favor, no digas eso. Fue un error, no debería haber pasado. Soy... soy una chica tímida, no hago estas cosas. Mi familia espera que sea decente, que me case algún día con alguien del pueblo, no... no esto. Hablemos de otra cosa, ¿vale? ¿Cómo va tu trabajo en los campos? El cacao debe estar listo pronto, ¿no? Mi padre siempre dice que este año será buena cosecha. —Intentó desviar, su voz suave y temblorosa, mostrando rechazo aunque su cuerpo se inclinaba ligeramente hacia él, traicionada por el calor que subía por su cuello.
Kofi sonrió, no retrocediendo, su mano subiendo por su brazo hasta su hombro, acariciando con gentileza, el calor de su palma contrastando con el aire caliente. —La cosecha va bien, sí. Mi hermano y yo hemos estado podando los árboles toda la semana, el sol nos quema la espalda, pero vale la pena. Pero Awa, no cambies de tema. Sé que eres tímida, lo veo en cómo bajas los ojos, en cómo te sonrojas. Eso me gusta de ti, me hace querer protegerte, cuidarte. Imagina si caminamos juntos al río, te cuento sobre mis viajes a la ciudad, cómo vi luces brillantes y mercados llenos de colores. Podríamos sentarnos bajo un mango y hablar horas. Pero también... verte así, con mi semen en tu piel, me excita tanto. Quiero besarte de nuevo, sentirte temblar bajo mis manos. ¿No lo quieres tú también? Dime la verdad.
Cada palabra de cortejo la golpeaba como una caricia invisible, su trastorno haciendo que un orgasmo suave la recorriera, leche goteando más profusamente de sus pechos, empapando la blusa y dejando un olor dulce en el aire. "No... no cedas, Awa, recházalo... pero su voz es tan cálida, tan persuasiva... mi clítoris late solo con oírlo... oh, dios, si me besa de nuevo, me perderé". —No, Kofi... por favor, no. No es apropiado. Soy virgen, nunca he... hecho nada con nadie. Mi madre me enseñó a ser recatada, a esperar. Hablemos de tu familia, ¿tu hermana sigue estudiando? Ella siempre me saluda cuando nos vemos en la fuente. O de la aldea, ¿has oído lo de la nueva carretera que van a construir? Dicen que traerá más comercio. —Siguió rechazando verbalmente, su voz entrecortada, pero sus ojos se posaron involuntariamente en sus labios, traicionada por el deseo interno.
Kofi se acercó más, su cuerpo presionándola suavemente contra la pared de nuevo, y la besó con pasión morbosa, metiendo la lengua hasta el fondo, explorando su boca con urgencia, salivas babosas mezclándose en un beso húmedo y guarro que goteaba por sus barbillas, el sabor salado de él invadiendo su lengua tímida. —Awa... no puedes negarlo. Siente mi lengua, cómo te lleno la boca... eres tan dulce, tan inocente. Quiero cortejarte, pero también follarte aquí mismo, dejarte preñada con mi semilla. Imagina tu vientre hinchado, tus tetas aún más grandes con leche para nuestro hijo. —Murmuraba entre besos, sus palabras morbosas saliendo en jadeos, mientras sus manos subían por su cintura, acariciando suavemente sus pechos enormes, apretándolos con ternura, sintiendo su dureza y tamaño, leche salpicando sus dedos en chorros cálidos y cremosos.
Cada caricia en sus pechos era un tormento de placer para Awa, orgasmos intensos golpeándola uno tras otro, sus músculos contrayéndose en espasmos, jugos chorreando por sus muslos en torrentes viscosos y calientes, gimiendo en su boca: "Mmmhhh... ahhh... Kofi, no... sí... me corrooo". Internamente: "¡Para, Awa! Recházalo... pero sus manos en mis tetas... tan suaves, tan firmes... nunca he sentido algo así, me hace explotar por dentro... oh, dios, otro orgasmo, no puedo controlarlo". Su cuerpo se volvía laxo como una muñeca, traicionándola completamente, pezones endureciéndose bajo sus palmas, leche brotando en pulsos potentes.
Kofi sintió su propia excitación renacer, su verga larga y fina endureciéndose de nuevo bajo los pantalones, presionando contra el muslo de Awa. —Mira lo que me haces... estoy duro otra vez por ti. Quiero tocarte más, Awa... déjame. —Susurró, bajando una mano para acariciar su muslo largo y esbelto, el tacto áspero de sus dedos contra su piel suave y virgen, subiendo lentamente por debajo de la falda, el calor de su palma enviando ondas eléctricas directas a su clítoris.
Para Awa, que nunca había sentido el contacto de un hombre allí, fue abrumador: el roce cálido y explorador en su muslo interno, cerca de su sexo hinchado y chorreante, desató un orgasmo intenso y brutal, sus ojos poniéndose en blanco, el mundo borrándose en un blanco de placer puro, gimiendo un lamento prolongado y gutural: "¡Ahhhhhh... oh, dios, me muerooo!", mientras sus tetas escupían leche en chorros a presión, salpicando el pecho de Kofi en fluidos blancos y tibios, sus jugos fluyendo como un río por sus piernas, el olor a sexo y lactancia impregnando todo.
En ese momento de éxtasis cegador, Awa consiguió un atisbo de control, su timidez y educación ganando terreno por un segundo. "¡No! Basta, Awa... huye ahora, antes de que sea tarde... no puedes dejar que te tome aquí". Empujó débilmente su pecho, apartándose con las piernas temblorosas, y salió huyendo por el sendero, su falda pegajosa con semen y jugos, pechos goteando leche que dejaba un rastro en el polvo, lágrimas de vergüenza y placer mezclado rodando por sus mejillas. Kofi la llamó, pero ella no miró atrás, su mente gritando: "Lo hice... escapé... pero ¿por cuánto tiempo? Mi cuerpo me traiciona tanto...".
La aldea continuaba indiferente, pero para Awa, el conflicto interno ardía más fuerte que nunca.
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