Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 17
Lourdes despierta sobria en un baño, con el recuerdo de sus hermanas y el dolor de haber sido usada por dos hombres. La ambrosía se agota, pero el miedo no. La llevan a una mesa de póker, donde es usada frente a una audiencia, y luego a un autobús donde un vagabundo la secuestra. Al llegar a su nuevo hogar, descubre que no es solo un apartamento, sino una prisión para siervas.
LOURDES
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuve sobria que, cuando la ambrosía se agotó de mi dispositivo, todo lo que había ocurrido hasta ese momento, de pronto se sintió demasiado real, desde el recuerdo de mis hermanas siendo sometidas por los soldados hasta ese instante en el que estaba en uno de los baños de El lobo Tuerto, con los codos recargados en un lavabo, las manos de un hombre apretándome lo senos y un enorme miembro entrando y saliendo de mi vagina, provocándome gemidos que no se detuvieron cuando la ambrosía se agotó.
No fue un grato despertar de aquel sueño inducido por la droga, pero mentiría si dijera que de alguna manera no me sentí un poco aliviada al no experimentar más esa enloquecedora ansiedad de llegar a un orgasmo que provocaba esa porquería que nos inyectaban, porque resultaba frustrante y devastador el hecho de que, sin importar la cantidad de orgasmos que pudiera tener, nada parecía ser suficiente, provocándome un estado tan inestable y doloroso que resultaba incluso más horrible que sentir a ese desconocido entrando y saliendo de mi cuerpo, escucharlo jadeando como un animal en celo, experimentando cómo caían las gotas de su sudor en mi espalda.
- ¡Eres una perra deliciosa! ¡No sabes cómo envidio al hijo de puta que te lleve esta noche! ¡Ahhh! ¡Tienes un coño delicioso, maldita sierva! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gritó, gimiendo al final, embistiéndome con tanta fuerza que incluso me costaba trabajo evitar que mi cara se estrellara con el espejo que tenía enfrente - ¡Ahhh! ¡Tantas rameras que han pasado por aquí y papá tenía que regalar a la más sabrosa de todas! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Que concha tan deliciosa tienes! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Te la voy a llenar de leche! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡¿Cómo es que ese pendejo pudo ser tan imbécil como para apostarte?! - gritó enloquecido, al mismo tiempo que mi cuerpo reaccionaba con lágrimas, sollozos y gritos enraizados en el dolor tan inmenso que me infundía el no tener idea de lo que pasó con mis hermanas ni saber si estaban bien, si seguían con vida, si Anahí podría perdonarme por no haber sido lo bastante prudente como para no ir a esa maldita protesta que destruyó nuestras vidas e hizo mierda a nuestra familia. Una carcajada muy sonora se escuchó desde la puerta mientras el hombre que me usaba gritaba eufórico a la vez que se derramaba en el interior de mi vagina.
- ¡Ese es mi hijo! ¡Sabía que no podrías resistirte a la tentación! ¿Qué te parece esta sierva? ¿Te ha gustado? ¿Crees que será un buen premio para el juego de esta noche? - preguntó el dueño de El Lobo Tuerto.
- ¡Creo que es demasiado para un estúpido premio! - respondió el tipo que acababa de usarme, sonando molesto, sin haber salido aún de mi interior - ¡Deberíamos quedárnosla! ¡Está demasiado buena como para ofrecerla en un juego!
- ¿En serio? ¿Tanto te ha gustado? - preguntó el padre, sonando muy interesado, antes de que sintiera cómo tiraba de mi cabello y me obligaba a levantar la cabeza y mirarlo en el espejo - ¡Así que se te ha acabado la ambrosía ¿Eh?! - gritó con júbilo, disfrutando de verme llorar, del miedo que se reflejaba en mis ojos, el mismo que me impedía hablar, que hacía que mis músculos se paralizaban impidiéndome mover, permitiéndome que fuera apenas capaz de mantenerme en pie.
- ¿Quieres que traiga el Moly? - preguntó el hijo, sin que tuviera idea de qué demonios era esa cosa de la que estaba hablando.
- No, esta sierva se irá esta noche, llénale el dispositivo con la ambrosía que le compramos a Tavroz, no quiero tener problemas si el tarado que se la gane la lleva a una de esas galerías - respondió el padre mientras sentía cómo comenzaba a meterme las manos por debajo del cuerpo, acariciándome los senos con sus rasposas manos, provocando que llorara aún con más fuerza, horrorizada ante el hecho de que ese hombre estuviera a punto de penetrarme, sin que al parecer le importara que mi vagina aún estuviera derramando la leche de su hijo.
- ¡Querrás decir, que le robamos a Tavroz! - respondió el chico provocando que ambos rieran a carcajadas mientras el padre se situaba detrás de mí y comenzaba a acariciar mis labios con sus gordos dedos - está bien, traeré la droga mientras te la coges, a ver si así te convences de que es una estupidez entregarla en uno de tus juegos - expresó el hijo antes de salir del baño, de que sintiera a ese hombre entrando en mi cuerpo, de que lo viera por el espejo cerrando los ojos y sonriendo como un maldito imbécil cuando entró por completo, tomándome de las caderas mientras se movía adentro de mi vientre, provocándome la clase de repugnancia que me hizo sacudirme ante el asco que sentí, que me orilló a experimentar violentas arcadas y expulsar algunos líquidos por mi boca al no tener nada que vomitar, pues para ese momento ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que ingerí algún alimento.
- ¡Ahhh! ¡Carajo! ¡Parece que esta vez el chico tiene razón! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - exclamó, sin que le importara el asco que me estaba provocando - ¡Tienes muy rica la conchita! ¡Ahhh! ¡Y estas tetas que te cargas, están de infarto! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Mueve el culo, zorra! ¡Demuéstrame que vales la pena! - gritó ese imbécil antes de que me diera una tremenda nalgada, de que yo gritara de dolor y comenzara a mover las caderas si querer hacerlo, provocando la ira de ese canalla cuando se dio cuenta de que aquellos movimientos incipientes y temerosos serían lo único que conseguiría de mí - ¡Chingada madre! ¡Que te muevas, pendeja! - gritó con mucha fuerza, golpeando mi trasero de nuevo, provocándome un dolor que resultó incluso más intenso que antes, que me hizo sacudir el culo por miedo a que ese tipo me lastimara más, viéndome obligada a dejar de lado el efecto que en mi cuerpo y mi pensamiento tenían los recuerdos de lo que ocurrió desde que me convirtieron en sierva, porque me aterraba que pudiera hacer enfadar a ese tipo y lo orillara a hacerme lo que otros amos habían hecho con sus siervas, que en un arranque de ira decidiera terminar con mi vida - ¡Eso es! ¡Ahhh! ¡Así me gusta, putita! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡En el fondo a todas las siervas les encanta tener una verga metida entre las piernas! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Y tú eres una sierva muy sabrosa, no lo voy a negar! ¡Ahhh!
- ¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije! ¡No deberíamos deshacernos de ella! ¡Nos serviría tener una sierva de compañía! ¡¿O me vas a decir que esa concha no está bien rica?! - dijo el hijo mientras colocaba un garrafón a un lado de mí y me tomaba del brazo con brusquedad, comportándose como si yo no fuera anda, lastimándome al hacerme estirar el brazo para poder llenar de ambrosía mi dispositivo de sumisión, un hecho que cambió la cosas por completo, que me hizo sentir de nuevo ese calor tan agobiante y la abrumadora y aterradora sensación de necesitar llegar a un orgasmo como si mi vida misma dependiera de ello.
- ¡Mira no más cómo se mueve esta golfa! - dijo el hombre que me penetraba cuando la ambrosía hizo efecto y mis caderas comenzaron a sacudirse con mucha violencia, obligándome a hacer lo necesario para experimentar algunas migajas de placer bajo la promesa de detener aquella ansiedad que un día me llevaría a perder la cordura.
- ¡Ahhh! ¡Dame más fuerte! ¡Dame más duro! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - grité entre gemidos, reviviendo esa sensación que ya me había tomado antes por sorpresa, en la que parecía como si aquella voz no me perteneciera, como si la que hablara fuera una mujer ajena a mi cuerpo, mi pensamiento y mi vida, porque cuando eso pasaba, parecía mi cuerpo se comportaba de manera autónoma a mis deseos, como si cada cosa que hiciera fuera orquestada por la droga misma y no por mis pensamientos, mi voluntad o lo que fura que hiciera moverse a una persona normal.
- ¡Vamos hijo! ¡Únete a la fiesta! ¡No desperdicies tu tiempo con esta sierva! ¡Haz que te limpie la verga con la boca mientras termino de cogérmela! - exclamó el hombre, antes de que su hijo me tomara del cabello y me hiciera ladear la cabeza, de que se sacara la verga y la pusiera justo frente a mi rostro, de que sintiera cómo mi boca se abría y lo engullía como si se tratara de un manjar, como si tenerlo entre mis labios y sentirlo con mi lengua fuera lo único que valiera la pena en la vida.
Percibir el sabor de su semen mezclado con un poco de orina, experimentar a esos dos hombres entrando y saliendo en mi cuerpo mientras me tocaban, golpeaban y me decían cosas horribles, me hizo alcanzar un nivel de excitación que no pude soportar sin tocarme el clítoris, atacándolo con furia, provocándome a mí misma gemidos que se ahogaron en el miembro de ese idiota mientras lo succionaba como si no hubiera un mañana, al tiempo que apretaba el culo y movía las caderas para beneplácito del dueño de ese maldito agujero de inmundicia.
El hijo fue el primero en venirse. Al parecer no soportó la mamada que le brindé. Algo que de alguna manera no me pareció extraño, pues desde la primera vez que me penetró, un instante atrás, no logró aguantar más de unos pocos minutos, un hecho que hizo reír a su padre poco antes de que eyaculara en mi vagina, de que sintiera cómo me llenaba con su leche, siendo ese el factor que me hacía falta para explotar en un orgasmo tan violento que de alguna manera quedé tirada en el suelo cuando esos cabrones dejaron de usarme, perdiéndome por un breve instante en esa sensación de plenitud que acompañó a mi orgasmo, algo que solo duró unos segundos antes de que ese monstruo hambriento de placer volviera a llenar mi cuerpo de una oleada de ansiedad que no parecía que tuviera fin.
- Lo reconozco, hijo, tienes razón, es una muy buena sierva, pero como la ganamos en una apuesta, tenemos que deshacernos de ella, de lo contrario podríamos tener problemas con La Corporación o el gobierno, así que… - dijo el padre, con un tono lleno de tanto pesar que parecía como si el perderme realmente le resultara algo desconsolador.
- ¡Diablos! Supongo que tendré que seguir cogiendo con ella hasta que la ofrezcamos a los jugadores - respondió el hijo, motivando las risas de su padre, quien pronto le dio una palmada en la espalda antes de que el más joven de los dos me tomara del brazo y me llevara a una oficina, donde cogió conmigo una y otra vez, tomándose pequeños descansos para recuperar el aliento después de haber eyaculado en alguna parte de mi cuerpo, antes de volver a la carga, sin que en algún momento me retirara la ambrosía, ni siquiera cuando aquello terminó y me mandó a darme un baño para poder entregarme limpia a quien fuera que me reclamara como premio de uno de esos malditos juegos que padre había organizado.
***
- ¡Tenemos un ganador! - anunció el dueño de El Lobo tuerto, mientras yo me masturbaba encima de una mesa de póker, inundada de ambrosía, atacando mi clítoris con los dedos de una mano mientras con la otra me penetraba sin tregua, desesperada y tan obsesionada con llegar al orgasmo que por poco y no me doy cuenta de que el hombre que me reclamó me hizo bajarme de la mesa para cogerme ahí mismo, frente a todos los presentes, quienes admiraban aquella escena como si fuera lo más maravilloso que hubieran visto, lanzándole expresiones de envidia a mi nuevo amo mientras me usaba como mejor le convenía.
Su eyaculación fue aplaudida por la mayoría de los presentes mientras otros se quejaban ante el hecho de que, al parecer, era la primera vez que el hombre que me había ganado se paraba en ese lugar, un hecho que hizo enfadar algunos lo suficiente como para que mi nuevo amo me retirara la ambrosía, antes de que me tomara del brazo y me sacara de ahí, seguramente temiendo que algún ebrio le hiciera algo como respuesta a su buena suerte.
La noche era lo bastante fría como para hacer tiritar a alguien que estuviera bien abrigado, por lo que al salir con la diminuta lencería con la que me entregaron los dueños de El Lobo Tuerto, no pude evitar gemir del dolor que el viento helado me infligía al rozar mi piel, algo que no provocó un mayor efecto en el hombre que me llevaba del brazo, quien solo sonrió al ver que me abrazaba a mí misma para tratar de que el frío no fuera tan molesto, mientras caminábamos por la calle en dirección de la parada del camión, bajo la mirada curiosa de la poca gente con la que nos encontramos a esas horas de la madrugada.
- ¡Vaya mujerzuela llevas ahí, hijo! - gritó un tipo sentado al fondo del autobús en el que nos subimos, un sujeto con la ropa rota y sucia, el pelo enmarañado y que desprendía un olor tan repugnante e intenso que podía percibirlo con tan solo haber dado un par de pasos al interior del autobús.
Mi amo no le dijo nada, solo lo fulminó con la mirada, provocando una sonrisa en ese hombre quien sin miramientos se despatarró en su asiento, sacó su miembro del pantalón y comenzó a masturbarse, sin que el chofer del autobús le dijera nada, algo que creo que se debía al hecho de que ese hombre ya lo conocía, de que supiera que era un tipo peligroso, una conclusión a la que llegué después de observar la forma tan aprensiva y temerosa como lo miró por el retrovisor, con cautela, como no queriendo que el vago ese se diera cuenta de que lo observaba.
- Solo nos llevará unos minutos llegar a casa - dijo mi amo, hablándose a sí mismo en lo que interpreté como un intento por mostrarse seguro ante una situación que escapaba por completo de su control; sin embargo, en el temblor de su voz pude detectar el miedo que le provocó la presencia de ese vago, a quien miraba de tanto en tanto de reojo, mientras una de sus piernas subía y bajaba con rapidez, haciendo que me pusiera muy nerviosa, que incluso deseara haber estado inundada de ambrosía en aquel momento para no sentir tanto miedo como el que estaba sintiendo, para no temer que no bajáramos lo suficientemente rápido de aquel autobús, antes de que ese hombre se atreviera a hacer algo malo en contra de nosotros.
Un gemido ahogado, la imagen de mi amo levantándose del asiento de forma abrupta, la manera como el terror me acogió cuando observé cómo ese vago le había puesto un cuchillo en el cuello y lo amenazaba con matarlo sin la necesidad de decirle una sola palabra; todo aquello me dejó en shock, me hizo quedarme paralizada en mi asiento, observando la manera como el hombre a quien le pertenecía comenzaba a temblar ante el peligro que suponía que ese tipo en realidad pretendiera acabar con su vida.
Una sonrisa enloquecida con la que ese sujeto me mostró que le faltaban muchos dientes y la carcajada que salió de su garganta, fueron el preámbulo de aquellas palabras que dijo aquel malviviente, con las cuales hizo que de pronto mis temores se convirtieran en algo demasiado real y aterrador.
- Dile a tu sierva que se arrodille en el pasillo o te rebano el cuello, muñeca - le dijo a mi amo, haciendo que tragara saliva, que de inmediato sintiera cómo las piernas me temblaban y el estómago me dolía, producto de una mezcla entre el miedo y el asco que ese vagabundo me provocaba.
Mi amo tragó saliva mientras una lágrima se le escurría por una de sus mejillas, un gesto que reflejaba el profundo miedo que ese indigente le inspiraba, que me dejó claro que estaba sometido a la voluntad del hombre que lo amenazaba con esa afilada y algo oxidada arma.
- ¡Haz…! ¡Haz lo que te pida! ¡Date prisa! - exclamó mi amo, provocando mi llanto mientras ese sujeto asqueroso soltaba una carcajada, mofándose de aquel hombre que no había hecho siquiera el intento de resistirse a sus amenazas.
- ¡Vamos, cariño! ¡Ven aquí! ¡Déjame mostrarte lo que un verdadero hombre puede hacer contigo, cielo! - gritó el vagabundo, antes de que lanzara a un asiento vació a mi amo y lo amenazara con su cuchillo - si te mueves de ahí, voy a abrirte la panza y me voy a coger a tu sierva mientras veo cómo te mueres desangrado con las tripas de fuera ¿Entendido, muñeca? - lo amenazó, con una voz rasposa y siniestra, sonriendo al final cuando mi amo asintió, sin poder controlar su miedo, dejándome claro que no haría nada por evitar lo que estaba a punto de pasar - ¡Arrodíllate de una puta vez, sierva! - gritó el vagabundo, asustándome aún más de lo que ya lo estaba, antes de que me tomara del cabello y me obligara a obedecerlo, de ver cómo se colocaba el cuchillo entre los dientes para sacar de nuevo su miembro del pantalón y comenzarme a pegar con él en la cara, sin que yo dejara de temblar ni de llorar, sintiendo cómo se me revolvía el estómago ante el penetrante e insoportable olor que ese repugnante ser despedía de su cuerpo, en combinación con el inmenso miedo que me doblegó ante la posibilidad de que ese malviviente decidiera hacerme daño con su cuchillo.
Una estruendosa risa salió de su boca antes de que se quitara el arma de entre los dientes, dejándome su verga en la cara, haciendo que tuviera arcadas ante el horrible aroma que despedían sus genitales.
- Me encanta ver a una mujer llorar mientras me la cojo, pero me temo que no tenemos mucho tiempo antes de que tenga que bajar, así que… ¿Por qué no le das un poco de ambrosía a tu sierva, muñeca? Vamos a ver qué tan bien se sabe mover esta pequeña zorra ¡Vamos, date prisa, pendejo! - le gritó el vago a mi amo, haciendo que sacara de inmediato su celular para obedecerlo, un segundo antes de que la sensación de esa droga recorriendo mi cuerpo hiciera que dejara de importarme lo mal que se idiota olía y lo humillante que resultaría lo que estaba por hacer con ese pervertido malviviente.
A pesar del tiempo que llevaba siendo una sierva y de todos los hombres que ya habían penetrado mi cuerpo por alguno de mis orificios, aquella vocecilla rebelde que escuché en mi cabeza la primera vez que me pusieron la ambrosía, revivió de pronto cuando el pene de ese hombre comenzó a introducirse en mi boca, una voz que me gritaba desesperada desde algún rincón muy profundo en mi alma, que me pedía a gritos que me detuviera, que no hiciera lo que ese vago quería, que tratara de quitarle el cuchillo y lo atacara; sin embargo, de la misma forma como ya había pasado en ocasiones anteriores, mi cuerpo no hizo caso de mis deseos ni mis repulsiones, solamente actuó como la ambrosía le demandaba que lo hiciera, provocando que la verga de ese asqueroso delincuente me llegara hasta la garganta, que sintiera sus testículos peludos restregándose en mi barbilla mientras mis manos se colocaban en su trasero para hacer que llegara más al fondo, víctima de ese calor que me hacía sentir tan ansiosa, que me obligaba a forzar un orgasmo sin importa que el instrumento para lograrlo fuera ese hombre tan asqueroso.
- ¡Nada como una buena mamada antes de ir a dormir! - gritó el vago, colocando sus manos en mi cabeza, dejándome sentir la dureza de su cuchillo en mi nuca, nada que me hiciera dejar de moverme sacando y metiendo su pene de mi boca, lamiéndolo y succionándolo mientras esa parte de mí que se convertía en solo una espectadora de lo que hacía mi cuerpo, se horrorizaba al sentir su sabor, al percibir ese olor tan repugnante y experimentar la forma como ese malnacido manchaba mi cara con la mugre y el sudor de su piel.
Estar arrodillada en ese camión con ese sujeto bombeando mi garganta, representó el fondo del abismo de humillación en el que caí desde el momento en el que me convertí en una sierva, porque no concebía una situación que fuera más denigrante y repugnante que aquella que estaba viviendo en manos de ese vagabundo, quien gemía y se retorcía de placer al estar en mi boca, el mismo que poco después le ordenó al conductor que se detuviera debajo de un puente, antes de que me hiciera colocar las manos en un asiento y parar el culo para penetrarme.
Escuchar mis gemidos, asimilar la forma como mis caderas se sacudían, sentir ese deseo de que se viniera en mi interior con tal de acercarme un poco más a tan codiciado orgasmo, hizo que algo dentro de mí terminara por romperse, que de pronto mi consciencia se quedara en silencio, que mi cuerpo se aflojara como si instantáneamente hubiera perdido su fuerza, como si de pronto me hubiese convertido en nada más que una bolsa de carne, huesos y sangre.
El vago no dejó de penetrarme sin importarle aquel estado tan deplorable y alarmante en el que me encontraba, hasta que logró venirse en mi interior y después se bajó del camión, antes de que el conductor reanudara su marcha como si nada hubiera pasado, como si aquella trágica escena jamás hubiera ocurrido.
Lo que pasó después sigue resultando un poco confuso y algo borroso para mí, porque creo que mi cuerpo desconectó mi consciencia para que aquello no me resultara tan horrible, de tal forma que no supe qué paso exactamente después de que el vago me usara, hasta que desperté en una camilla donde algunas personas estaban terminando de limpiarme, donde me pusieron algunas inyecciones que me hicieron sentir mucho mejor para después entregarme a mi amo, quien me recibió con una cara de pocos amigos antes de que me tomara del brazo y me llevara de esa forma hacia la salida de aquella galería en la que nos encontrábamos.
- Me acabas de costar una gran cantidad de créditos - se quejó, haciendo que de pronto se esfumara aquella agradable sensación de bienestar que me acogió después de que salí del área de limpieza, para ser sustituida por el miedo que me provocó el tono con el que me habló, la fuerza con la que sujetaba mi brazo y la violencia con la que me obligaba a seguir sus pasos - esto lo vas a pagar caro, estúpida, ya lo verás - me amenazó, como si creyera que de alguna forma lo que ocurrió en el autobús fue mi culpa, como si yo hubiera querido que ese vago me violara de la manera como lo hizo, como si yo fuera responsable de que ese estúpido no hubiera tenido el valor suficiente para hacer frente a ese mendigo y cuidar de lo que le pertenecía, de mí.
El viaje hacia el departamento de mi amo fue largo y estuvo lleno de amenazas y momentos vergonzosos ante las miradas de lástima que me dirigían los otros pasajeros y aquellas expresiones de odio que le dirigieron a mi amo al notar lo mal que me trataba, hasta que nos bajamos del autobús y accedimos a un edificio que, para mi sorpresa, estaba ubicado en un sector que no parecía estar tan mal, un lugar en el que ese tipo no parecía encajar por ningún lado.
Fue mientras subíamos en el elevador del edificio cuando entendí que la vida con ese sujeto sería mucho peor de lo que lo había imaginado, pues lejos de tocarme como lo habían hecho mis otros amos o de obligarme a que le hiciera cosas con la boca o con mi trasero, el tipo solo se limitó a apretar mi brazo con tanta fuerza como le fue posible, provocándome tanto dolor que me hizo gemir y llorar, antes de que llegáramos a su departamento y me llevara la gran sorpresa de saber que no era la única mujer en su poder, que había otras dos mujeres, quienes se encontraban encadenadas a la pared con un grueso grillete en el cuello, masturbándose con un frenesí que era incómodo de ver, las mismas que trataron de levantarse en cuanto vieron llegar a su amo, que intentaron acercarse a él a pesar de que el grillete las derribara cuando hicieron un esfuerzo por levantarse.
El miedo que me agobió no tenía comparación con nada que hubiera vivido, porque ese sujeto no parecía tener el más mínimo respeto por la vida, por el contrario, parecía disfrutar demasiado de ver sufrir a los demás, algo que pude notar en las cicatrices que esas chicas mostraban a lo largo y ancho de sus cuerpos, en los moretones y las heridas que yacían en su piel, en su cara y en sus senos.
Las lágrimas acudieron a mí de inmediato, mientras ese sujeto me llevaba por la fuerza hacia un grillete que estaba libre, riéndose al hacerlo, mirándome al final con desprecio, disfrutando demasiado de aquel momento, de observar en mis ojos el profundo miedo que comenzaba a dispersarse por cada rincón de mi cuerpo.
- Te dije que me lo pagarías, sierva - expresó, al tiempo que yo lo miraba y me preguntaba ¿Cómo era posible que alguien así viviera en un lugar tan lindo, en un sector que no parecía albergar a muchos tipos tan mezquinos y malvados como aquel sujeto, quien pude adivinar que se dedicaba a prostituir a sus siervas? Una incógnita que se resolvería días después, cuando por accidente escuché que aquel departamento fue pagado por la exesposa de mi amo, quien perdió todo al convertirse en sierva, quedando sus propiedades a nombre de ese maldito idiota a quien ahora le pertenecía, quien al parecer había decidido que el objetivo de su vida fuera destruir la vida y la cordura de tantas siervas como le fuera posible hundir en la miseria.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya terminó) o adquiriendo el TERCER tomo de la serie en AMAZON (capitulos 14 - 19) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
Continúa en
- Relato #245230— title-regex: contiguous parts (16 -> 17)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Sin Perdón. (1)
Ella juró que tarde o temprano se lo iba a follar, sin importar que fuera su paciente. Él, mudo y desfigurado, la observaba con ojos azules que…
Comparte:Traicion y culpa
- Hetero: General
La amiga de mi hermana - Capítulo 1
Sabe que su hermana duerme a dos pasos. Sabe que cruzar esa línea es traicionar la confianza familiar.
Comparte:Traicion y culpa
- Hetero: Infidelidad
Eloy y Marisa - 1
La puerta se abrió y el silencio fue lo primero que la golpeó. No estaba sola. En la oscuridad, la frialdad de su mirada le dijo que el juego había…
Comparte:Traicion y culpa
- Hetero: General
La Teniente - 1
Dieter era el hombre que soñaba, pero era su terapeuta. Nora sabía que debía curarse, pero el deseo era más fuerte que la ética.
Comparte:Traicion y culpa
- Hetero: Infidelidad
Crisis de los 40 (1)
Luis siempre confió en Clara, pero esta noche la ve entrar en un motel con otro hombre. Mientras espera en la oscuridad, su mundo se desmorona y la…
Comparte:Traicion y culpa
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa argentina 2 parte 1
Él sabe que Pachi es un peligro, pero la presencia del hijo de su amigo enciende algo oscuro en su matrimonio.
Comparte:Traicion y culpa