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Mi esposa argentina 8 parte 8

La policía la encuentra muda y pálida, pero es en la cama donde Fernanda recupera su voz, no con palabras, sino con gestos que aterrorizan a su esposo. Él creía haberla salvado, pero ella lo ha traído a su mundo de bestias y placer prohibido.

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MI ESPOSA ARGENTINA 8 Parte 8

La mano de Ignacio Varga acariciaba mi cabeza delicadamente, casi distraída, su atención estaba puesta en el partido de futbol que mirada desde el móvil.

Yo tenía mi mejilla sobre su muslo grueso y estaba hecha un ovillo a sus pies, me había acostumbrado al collar de cuero sobre mi cuello y a la cadenilla que colgaba entre mis pechos desnudos.

Volvió a acariciarme el pelo y tomó un terrón de azúcar de un frasco y me lo puso en la boca, abrí y tragué y froté mi mejilla contra su muslo como señal de agradecimiento. Estábamos en su celda, la calefacción había vuelto a funcionar perfectamente y no tenía frio a pesar de estar completamente desnuda.

_ ¿Quieres ducharte mi reina?_ dijo, levanté la cabeza y asentí, él no me miraba.

_Concha su madre, que malos son estos pelados_ dijo

Froté mi mejilla otra vez contra su muslo.

_Ve a buscar a Faustino y que te lleve a las duchas_ dijo Ignacio.

Hacía media hora, acababamos de coger, yo montada encima de él, me tenía por el culo y le gustaba que le acariciara los huevos, de esa manera se había corrido dentro de mi culo.

Era mi tercer día en el pasillo de los colombianos, aunque no solo había colombianos allí, también había gente de Venezuela y de Honduras.

Me levanté del suelo y besé la mano de Ignacio, me la froté en la mejilla, él no me prestó atención, me acarició el pelo una vez más.

Salí de la celda, los dos guardaespaldas que estaban en la puerta levantaron la mirada hacía mí.

_ ¿Dónde vas Fernandita?_ me dijo uno, al que le decían ciego.

Hice el gesto de con la mano de dejar caer algo sobre mi cabeza.

_ ¿A las duchas?_

Asentí con la cabeza y le miré a los ojos, era gordo y musculoso a la vez, estaba con el torso desnudo y completamente cubierto de tatuajes.

_Faustino está en la última celda del pasillo ¿sabes cuál es?_

Volví a asentir con la cabeza.

_Bueno, ve…_ dijo.

Salí al pasillo, la mayoría de los presos estaban fuera de las celdas, algunos fumando de pie y otros tirados sobre el suelo. Casi todos tenían las cabezas completamente rapadas.

Ya me había acostumbrado a caminar completamente desnuda entre ellos, el primer día fue terrible, pero sabía que nadie me tocaría, era intocable para ellos porque Ignacio Varga lo había ordenado.

_Mira nomas lo que es esta hembra_ dijo Ramiro, era un colombiano muy joven y siempre me decía algo de ese tenor.

Yo llevaba la cadenilla en la mano derecha, la hice tintinear un poco como recordándoles quien era mi dueño.

_Ay mami, me vas a matar, me voy a morir compadre….__dijo otro.

Trataba de no mirar a nadie directamente a los ojos, caminé por el pasillo, tratando de no ir ni demasiado rápido ni demasiado lento.

Si corría me convertiría en presa y no quería eso, obedecían a Ignacio pero tampoco podían ir en contra de su naturaleza predadora.

Por momentos me sentía conviviendo con una manada de leopardos.

Alguien me sujetó del tobillo, uno de los hombres que estaba en el suelo, su manaza me había envuelto completamente el tobillo como un grillete de hierro.

_ ¿Dónde vas con tanta prisa, mami?_ miré hacia abajo era un mulato, muy musculoso le decían Tiburón.

Tironeé del tobillo.

_Déjela, compadre, ya sabe las ordenes de Ignacio_ dijo otro

_Está bien….pero esta noche me desquito con esta princesa_ dijo él y liberó mi tobillo.

Seguí caminando, de pronto uno muy bajo de estatura que era el bromista del grupo se interpuso en el paso.

Era muy feo y viejo, supongo que uno de los más viejos de ese pabellón, le decían Risitas

_ ¿Qué pasa mi bebe? ¿Te vas sin darle un besito a tu primo?_ dijo, no podía escapar de él, me incliné y le di un beso en los labios, un pico, sentí sus manos en mi cintura.

_Ey, Risitas no te pongas pesado con ella_ dijo una voz a mis espaldas.

Sentía las miradas aviesas y llenas de deseo de esos veinte tipos sobre mi cuerpo desnudo.

El viejo se apartó, luego de reírse como un perro con asma.

_Es que estas chichotas me vuelven loco_ dijo

_ ¿A quién no?_ dijo otro

__ ¿No quieres pasar a la barraca un ratico?_ dijo otro apoyado en la puerta de la celda, seguí caminando hasta llegar a la última celda del pasillo, dentro estaba oscuro, cuatro presos estaban jugando a las cartas.

Faustino estaba de espaldas a mí.

_Chucha compadre_ dijo uno que estaba de frente a mí.

Me acerque y toqué la espalda musculosa y enorme del negro, de Faustino.

Este se giró lentamente, tenía los ojos muy blancos y siempre irritados, como inyectados en sangre, también le decían Sombra, pero Ignacio siempre le llamaba por su nombre, Faustino.

_ ¿Qué quiere usted, mi cielo?_ dijo el negro, siempre era muy dulce conmigo.

Hice con la mano el gesto de dejar caer gotas sobre mi cabeza.

_ ¿Vas a las duchas?_ dijo

Asentí con la cabeza y le puse en la mano la correa de la cadenilla de acero.

Se puso en pie lentamente, mediría dos metros al menos, era de un color marrón oscuro y estaba completamente cubierto de tatuajes, de los pies a la cabeza, llevaba un pantalón de presidiario y el torso desnudo.

_Bueno vamos, en un ratico vuelvo compañeros…_ dijo Faustino

_Tu sí que tienes suerte, mi hermano…_dijo uno

Faustino salió por delante de mí, al pasillo, con la cadenilla de la mano, le seguí obedientemente, caminé tras él.

Fuimos hasta otra celda, la de enfrente.

_ Negro, dame toallas y jabón y shampu para el pelo_ dijo Faustino.

Cogí la toalla y el jabón de manos de un hombre que tenía un cigarrillo en la boca y me miraba los pechos descaradamente.

_ ¿Se va a lavar ese cuerpito para esta noche, mi reina?_ me dijo.

Miré para abajo, sin responder.

Luego salimos a un patio y comenzamos a caminar en dirección a las duchas.

Yo caminaba detrás de Faustino, quien dejaba la cadena floja entre él y yo.

En el patio había dos hombres fumando, me miraron intensamente, ya los había visto ayer, tuve miedo de que intentaran algo, pero nada pasó.

_Oye bro, nos la follamos los tres y no se entera nadie_ dijo uno. Faustino ni los miró.

Entramos a otro patio descubierto y sentí un pinchazo en el pie, había pisado un guijarro, Faustino se inclinó y me levantó el pie con delicadeza, quitó el guijarro.

_Estos piecitos suyos son muy suavecitos mi reina_ dijo y me alzó del suelo sin decirme más, puse mis dos manos alrededor de su cuello, el cogió las toallas y el jabón con una mano y los apretó contra mi cuerpo, su brazo estaba bajo mis rodillas.

Me llevaba entre sus brazos sin que pareciera costarle demasiado esfuerzo, mediría dos metros y pesaría cien kilos por lo menos.

No creo que lo hiciera para impresionarme con su fuerza, creo que le gustaba llevarme en andas, ya lo había hecho antes, esa primera tarde de las duchas.

Le miraba caminar, no podía ver por dónde íbamos, solo veía su rostro impasible, sus labios eran exageradamente grandes, eran dos protuberancias carnosas y marrones, bajó la cara hacía mí y sonrió.

_Me gustaría escuchar tu voz….pero si el jefe no quiere que hables…_dijo

Le miré y sonreí con agradecimiento.

Llegamos hasta las duchas, me depositó en el suelo y quitó la cadenilla y el collar de mi cuello, fui hasta el banco de madera y dejé la tolla allí y luego hasta una de las duchas.

Me estremecí, el recuerdo de esa primera vez con los colombianos me sobrecogió.

Trataba de no pensar en eso y de no pensar en nada, ni siquiera en mi familia ni en mi pasado ni en nada.

No pensar, solo existir en esta vida de animal, de mascota que llevaba, no tenía voz, ni pensamiento, ni nada.

Sentí el agua cálida correr por mi cuerpo, una extraña energía, sensual y liberadora me poseyó por completo, sonreí, me sentía completamente feliz, plena.

Ya no era Fernanda Barton, no era psicóloga ni madre de dos niños, solo era un cuerpo bajo el agua, un ser esencial y primitivo, feliz por sentir el agua correr por mi cuerpo desnudo.

Sentí los pies desnudos de Faustino acercarse, lo sentí próximo a mí, me giré y eché los brazos al gigantesco cuello de toro, sus enormes labios devoraron mi boca.

Que estaría haciendo Fernanda en este momento, hacía dos días que no recibía ningún llamado suyo. Lo peor fue que debí humillarme y llamar a Jorge y encontrarme con él.

Y luego ver esa cara alargada y triste y repulsiva y ese corpachón que parecía torpe como una foca.

_Hola, Carlos, se alarga mucho esto del motín, las autoridades están hasta el morro ya_

_ ¿Qué sabes de Fernanda?_

_Está bien, pero……. algo ha cambiado en su situación…._

_ ¿Si? ¿Cómo que algo ha cambiado?_

_Ya no está con don Eladio_

_Venga, cabrón, di lo que sepas de una vez…-

_Está con el jefe colombiano de la prisión, se llama Ignacio Varga, Eladio se la ha entregado como prenda de paz entre las dos bandas_

_No puede ser….esto es…..-

_Ella está bien, no te preocupes, Eladio me ha contado algunas cosillas, que joder, tela marinera con Fernanda_

_ ¿Le han hecho daño?_ dije, me di cuenta que estaba llorando, las lágrimas bajaban por mis mejillas.

_No llores hombre, límpiate_ dijo Jorge y me alcanzó unos pañuelos de papel

_No es para tanto_ dijo Jorge, mirando para otro lado mientras yo me secaba la cara.

_ ¿Quiere dinero? ¿Puedo ofrecerle dinero?_ dije

_ ¿A Eladio? Tiene más pasta que tú y yo juntos_

_A ese otro, Varga o como se llame…-

_No, que va, ella está bien, me ha contado Eladio que se ha adaptado muy bien a la nueva vida cono los colombianos_ dijo Jorge y se sonrió.

_Lo estás disfrutando ¿verdad?_

_No…..bueno….un poco si…..parece que a Fernanda la han llevado a un grado de sumisión que…..no sé si quieres que te cuente…._

_Dime lo que sepas….-

_Parece que la hacen comer de una cubeta, como un animal y bebe agua de un bote en el suelo y que la hacen andar desnuda día y noche, con un collar de perro al cuello_

_Joder….no…. ¿Qué coño esperan las autoridades del penal?_ dije

_Pero no la castigan, la tratan como una reina, nadie le toca un pelo_

_ ¿Nade le toca un pelo?_

_Salvo el jefe, ese sí que se la folla cuando quiere_ dijo Jorge y volvió a sonreír.

No dije nada, simplemente miré al cabrón de Jorge, su rostro se desdibujaba delante de mí.

_Pero por las noches, hacen un ritual extraño, bah, que hacen una orgía, por lo que me ha dicho Eladio y ¿Sabes una cosa? Parece que tu esposa lo disfruta tanto que no deja dormir a nadie en toda la cárcel, de los gritos que da cuando se corre como una guarra, toda la noche, son más de veinte pollas por noche que se cepilla la muy zorra_ dijo Jorge

_Si……….si……_ solo esa palabra me atrevía a decir, susurrada en el oído de Faustino y él me besaba el cuello y la clavícula, empalada en esa enorme polla negra, me tenía levantada en andas, mis tetazas se aplastaban contra su pecho musculoso.

Luego la quitó de mi coño, me sostuve con una sola mano de su cuello, con mis piernas hacía fuerza sobre sus caderas, abrazándome a él y bajé mi otra mano hasta su polla y la apunté dentro de mi culo.

Estaba bien abierto y palpitante, me lo abrían y follaban todas las noches, a veces dos vergas al mismo tiempo, la primera vez había sido aquí mismo en estas duchas, dos pijas rompiéndome el culo, dos pollas entrando en mi ojete, sentí como esa enorme verga negra se abría camino en mi esfínter, una corriente eléctrica de placer me recorrió todo el cuerpo, sentí todo mi espina dorsal arquearse y tensarse como la de un gato y besé esa boca carnosa de Faustino y sus manos en mi nalgas me hicieron subir y bajar por ese mástil resbaladizo.

Tenía prohibido hablar pero Ignacio me dejaba gritar, podía gritar tanto como quisiera.

Miré el salvaje rostro negro que sonreía y volví a besar esos labios enormes que me fascinaban.

Y luego apoyé mi mentón en ese hombro de gigante y él me hizo subir y bajar otra vez en ese empalamiento brutal.

_AHHHHHHHHH!!!!!........AHHHHHHUGGGGHHHHHHHH!!!!!!!_

El solitario grito de mi orgasmo retumbó en esa ducha desierta como un eco desgarrador y lacerante.

Y luego se corrió en mi boca, esa inmensa pija negra llenaba toda mi boca y era tanto el semen que echaba y tan espeso que me atragantaba pero yo hacía esfuerzos por tragar todo, para que todo pasara a mi estómago, esa leche espesa de negro.

Luego me sequé con la toalla, me dio un poco de frío, Faustino pareció darse cuenta y me envolvió en un abrazo, me apretujé contra él y me besó en la boca, luego me levantó en brazos y salimos de allí.

Sentía sus manos en mi espalda y debajo de las rodillas y el caminar era acompasado, rítmico.

Cerré los ojos, no quería pensar en nada, sumirme dentro de mí misma.

Me dormí. Luego me di cuenta que estábamos en el pasillo de las celdas, por las voces.

_ Mira como duerme, como un ángel_ dijo alguien

_Tiene que estar bien despierta para la noche_ dijo otro, yo continuaba con los ojos cerrados.

Llegamos a la celda, escuché la voz inconfundible de Ignacio.

_ ¿Se te ha dormido? Déjala sobre la cama_ dijo el jefe

Sentí como Faustino me depositaba en el camastro con mucha delicadeza, abrí los ojos, tenía su negro rostro muy cerca del mío, le hice una caricia en señal de agradecimiento, él sonrió.

Ignacio se sentó en el borde del camastro, me dio un beso, nos besamos, eché mis brazos a su cuello.

_Así te quiero, bien limpita_ me dijo

Me besó uno de mis pechos, hinchados de leche.

A Ignacio no le gustaba alimentarse de mi leche.

_ ¿Quieres que llame a tus cachorros?_ dijo

Asentí con la cabeza, era inútil que me negara, además que……

_Dile a Risitas y a Bigote que vengan, es hora de tomar la lechona_ dijo Ignacio a alguien en el pasillo.

Risitas era el viejo bufón y Bigote era un negro flacucho y macilento.

Ignacio jugó con mi pelo rubio con los dedos, parecía ser que eso le atraía mucho.

_Me gustan las rubias de verdad, como tú_ dijo y luego pasó un dedo por mi coño, tocando el vello.

Llegaron Risitas, bajo y panzón, con su pelo rapado y el negro Bigote, flaco y esmirriado.

Me senté en el camastro de hierro, Ignacio se sentó en el camastro de enfrente y encendió un cigarro y luego Risitas y Bigote se arrodillaron frente a mí y llevaron sus bocas hasta mis pechos y comenzaron a succionar de mis pezones.

Apretaba sus cabezas contra mis pechos, comencé a excitarme, no podía evitarlo, mis ojos estaban llorosos, mi mirada implorante.

La leche brotaba de mis pezones y pasaba a las bocas de esos dos viejos.

_Como te gusta, mami ¿verdad? Mira cómo se ponen estos huevones de comerte las tetas, te están ordeñando como una cabra del monte_ dijo Ignacio.

Los viejos tocaban mis piernas y pasaban sus manos por mi concha pero no tenían permiso de Ignacio para meterme los dedos, sentí los espasmos del orgasmo recorrerme entera, me subía por los pies y era como una corriente eléctrica que recorría mis piernas y luego la columna vertebral.

Acabé, me corrí, mis manos acariciaban las cabezas de esos dos viejos que no cejaban de chupar y lamer mis tetas.

Luego me dormí un rato, trajeron la comida, era un horror tener que comer de un bote en el suelo, pero sabía que tenía que hacerlo, Ignacio me había azotado muy fuerte la primera vez y me había amenazado con desfigurarme la cara y sabía que era capaz de hacerlo, podía hacer las cosas más terribles en un ataque de furia, había sido testigo de ello.

Me puse de rodillas en el frío suelo y hundí mi cara en el bote de plástico, no sé qué era el potaje que me daban, parecía hecho de papilla y carne molida, comí, tenía que dejar el bote vacío.

Ignacio acarició mi culo y mi nuca.

_ ¿Está bueno?_ me preguntó, levanté la cabeza del bote y asentí, mirándole a los ojos.

Luego bebí agua del mismo modo, al menos me dejaban usar las manos para limpiarme la boca.

Volví a dormirme.

Luego escuché la música, eran tambores, la música provenía de un móvil, pero parecía provenir de lo más profundo de una selva oscura y salvaje.

_Debes prepárate, mami….hora del sacrificio…- dijo Ignacio.

_ ¿Cómo está la puerquita hoy?_ dijo Risitas y comenzó a embadurnarme todo el cuerpo con aceite, sus manos regordetas, me untaban esa sustancia por el culo, por el coño, por las tetas, por la espalda, era casi placentero ese aceite y luego me dio una pastilla de color azul, que tragué sin chistar, supongo que era éxtasis

Luego me quitó la cadena del collar de perro.

Salí al pasillo, la música sonaba más fuerte, eran tambores sumados a las palmas de los hombres, estos formaban un pasillo, un hombre frente a otro, una larga hilera de manos por las que yo debía pasar hasta llegar a la otra punta.

Comencé a bailar, levanté los brazos, mis pies desnudos sobre el suelo

Ramiro uno de los más jóvenes, era el primer hombre sobre la derecha, sentí sus manos en mi culo y en mis pechos y luego me azotó el culo.

PLASSSSS!!!

El otro hombre de la izquierda me pasaba una mano todo a lo largo y por en medio de mis nalgas

PLASSSS!!!

También me azotó seguí bailando, trataba de entrecerrar los ojos, solo veía manos extendidas frente a mí y sus penes erectos, veinte pijas desnudas, esos hombres rapados bailoteando, no sé si ellos también estaba drogados, las manos y los azotes se sucedían sobre mi cuerpo.

Yo giraba sobre mi misma, trataba de no mirarles directamente a los ojos, uno me atrapó entre sus brazos y me besó en la boca, era el tiburón, llegué hasta el último de la fila, era Faustino, también me azotó.

PLASSSSS!!!

Me giré y lo besé y lo abracé, tenía mis favoritos y él era uno de ellos.

Me incliné, toqué el suelo con las manos y me alcé y ese movimiento los excitó y rugieron de gozo y volví a recorrer el camino inverso, cada vez me detenían más tiempo para sobarme y besarme y palparme el culo y el coño, ya estaba mojada y excitada y se me hacía dificultoso avanzar, comenzaron a estrecharse contra mí, me levantaron en andas, de espaldas, sentía sus manos sosteniéndome, sobre el culo, sobre la espalda, sus manos ásperas sobre mis pies desnudos.

Y luego me depositaron sobre una tarima hecha de colchonetas, cubiertas por una sábana, quedé de rodillas, alguien me besaba el cuello, acaricie esa cabeza y luego otra lengua me lamía la oreja y acaricie también esa otra cabeza rapada y otro ya me ponía una verga en la boca, estaba limpia, Ignacio hacía que se lavaran y luego otra verga y otra, chupaba y lamía y sentía manos en mi coño y bocas en mis pechos y todos esos cuerpos apretándose contra mí y gemí, sonoramente, quería escuchar los sonidos de mi propia voz, los gemidos animales de una voz prohibida.

_Ahhhhhhhhh!!!!.....Mmmmmmm!!!!......._

Una verga enorme se metía en mi boca, acaricie los huevos de esa persona, era Ramiro, levante los ojos y busqué su mirada, en el momento de que me cogieran, él también era de mis favoritos, supongo que no tenía más de veinte años.

_Cómeme los huevos, mami, como a ti te gusta_ dijo

_Que rica está este bombón….._ dijo alguien.

Y luego me pusieron en cuatro patas y sentí una verga penetrarme, me cogían duro, era follada a conciencia y pronto sentí una verga en el culo, estaba completamente aceitada, alguien debajo de mí, ponía su pija en medio de mis tetas y golpeaba rítmicamente.

Pronto sentiría dos pollas en mi culo, bien abierto, comencé a correrme por primera vez en la noche, aullaron como lobos en celo bajo la luna.

_¡¡¡¡¡¡¡AUUUUHHHHGGGGGGG!!!!!............_ eran mis propios aullidos, cuando me quitaban la verga de la boca y era remplazada por otra.

Al tiburón le gustaba levantarme en andas y follarme de pie, era muy musculoso y luego Faustino se acoplaba por detrás y era empalada por dos vergas casi en el aire, mis pies se balanceaban son tocar el suelo.

Me corría una y otra vez, acababa como una yegua, era la puta disponible de todo ese grupo violento y marginal de personas.

Y a la vez, por la forma en que me besaban y me acariciaban, era adorada como una diosa, y cuando eran violentos, parecían hacerlo bajo control y si alguno se excedía en los azotes o en retorcerme un pezón en forma cruel, Faustino lo remediaba.

_Tranquilo, huevon, no le hagas daño_ decía y lo apartaba.

_Quiero darle por el culo, otra vez….._ decía alguien

_Es el culo de un mulo_ decía Risitas

_Acaba mi reina, acaba para papi con mi verga en el culito…_ me decía otro al oído y luego me besaba en la boca.

Las cosas más dulces me las susurraban en el oído.

_Que hermosa eres, mamacita, que bella eres…..-

_Que coñito más dulce tienes…._

Por momentos me sentía enamorada de todos ellos y sobre el final, cuando ya algunos se habían corrido dos o tres veces y no se reponían, me sentía vacía, decepcionada, quería seguir follando toda la noche, me abandonaba en los brazos de los últimos, de Ramiro, del tiburón, de Faustino.

Mis glúteos ardidos de tantos azotes, mis pezones doloridos, mi culo también con dolor, todo el cuerpo vejado y exhausto.

Me habían eyaculado varias veces en la boca y en las tetas y dentro del culo y el coño.

Risitas también era de los últimos, le gustaba darme por el culo, encaramado sobre mí.

_Eres mi puta…….mi verraca…._ me decía.

La primera orgía había sido en las duchas, la tenía casi borrada de mi mente, el miedo había sido demasiado, fue la única en la que había participado Ignacio y esta era la segunda vez que bailaba en el pasillo humano y también sería la última.

Por la mañana, muy temprano sentí que alguien me levantaba de la cama, era Faustino, me llevaba en brazos por corredores desiertos, por momento pensaba que estaba soñando y luego me desperté en el cuarto de la enfermaría, donde había estado los primeros días.

_Joder, lo drogada que estás, niña_ dijo Eladio.

Se desnudó frente a mí, su verga parecía más grande que la última vez que lo había visto.

Me besó en la boca, respondí a su beso, eche mis brazos a su cuello, me penetró en un misionero lento.

_Puedes hablar si quieres…_ dijo, lo miré asustada, quise decir algo, pero las palabras no salieron de mi boca.

Envolví su culo con mis largas piernas.

_Eso, este es el polvo de despedida_ dijo

Unas horas después me estaba vistiendo con mi ropa, la falda corta, el blazer, la camisa de seda blanca, arrugada y sucia, los zapatos de tacón.

_Date prisa_ dijo Chema, el gigantón.

Me llevaron a un cuarto donde estaban unos siete guardias, los uniformes sucios y desbrochados.

Me miraron con curiosidad.

_ ¿Está usted bien, doctora…?_ me dijo uno de ellos, entonces escuchamos un ruido muy fuerte, el de una puerta romperse.

_Carlos, mira las noticias…_ era un mensaje de Jorge.

Miré el móvil con temor, le dije a un paciente que me esperase. Salí al pasillo donde estaba la televisión.

Luego de una semana, se depone el motín en Soto del Corral decía el titular.

Al mismo tiempo recibí una llamada del oficial a cargo de la policía.

_Doctor, su esposa está bien, ya está en el hospital de……._

Era raro estar en la posición de esperar a que me den noticias de Fernanda, los embarazos habían sido en el hospital donde yo trabajaba y todo era más familiar.

Finalmente una médica joven salió a hablar conmigo.

_ Su esposa está bien, ya le hemos hecho análisis y estudios, solo que está en shock todavía_

_ ¿Puedo pasar a verle?_

_Si pero recuerde que ha sufrido una experiencia muy traumática_

_Vale, quiero verla_ dije

_Doctor, ella está bien pero hay algo que debe saber…-

_ ¿Qué cosa?_

_Ha perdido la capacidad del habla, creemos que es algo momentáneo, no parece haber daño orgánico, ni neuronal ni en las cuerdas vocales_

_Quiero ir a casa_ escribí, Carlos estaba más avejentado, si es que alguien puede volverse más viejo en una semana.

Las palabras no podían salir de mi boca, se formaban en mi mente y cuando quería expulsarlas quedaban frenadas en el fondo de la garganta, por la tarde me dieron el alta, querían dejarme una noche más en observación pero ya quería ir a casa.

_Es mejor que no le des el pecho todavía, quiero hacerte análisis más extensos y darte un antibiótico, aparte de los que ya te han dado_ dije a Fernanda, ella tenía al niño en brazos y la niña estaba pegada a su regazo desde que había llegado.

Cogió el móvil y escribió, no podía creer el buen estado físico en el que se encontraba, solo la notaba más pálida.

_Tengo que sacarme leche de los pechos_ escribió

_Te traigo el sacaleches eléctrico_ dije

Ella me miró, pareció que iba a decirme algo, sus ojos brillaron, asintió con la cabeza.

Fue una noche muy rara, yo seguí levantándome en medio de la noche para alimentar el niño, la segunda vez, Fernanda me pidió ella darle el biberón.

Había decidido cogerme el día libre.

Fernanda dormía intranquila, había tenido varias pesadillas durante la noche.

Me desperté, mi madre ya había llegado, escuchaba su trajinar en la cocina.

Fernanda se giró hacía mí.

_ ¿Te han hecho daño?_ pregunte por quinta o sexta vez.

Cogió el móvil y escribió.

_Necesito sacarme leche_

_Te traigo el sacaleches_ dije

Ella me cogió del brazo, se quitó la camiseta que llevaba, se cogió un pezón y me lo enseño.

_Ya vengo_ dije, ella volvió a detenerme, cogiéndome el brazo, negó con la cabeza.

Luego me acarició el pelo y la nuca y con su mano en mi nuca llevó mi boca hasta su pezón que ya comenzaba secretar.

Nunca lo había hecho antes, durante el periodo de lactancia de Sol.

Ella llevó una de mis manos hasta su coño, acaricie allí, no tardó en correrse, mientras yo tragaba su leche.

El niño ya tenía seis meses para siete.

Ese periodo en que mamé de la leche de Fernanda duró una semana, hasta que estaba seguro de que ella ya podía amamantar a Manuel.

Dos semanas más tarde, todo era casi normal, Fernanda había declarado ante el juez, las noticias sensacionalistas decían que había sido abusada en la cárcel y los dos hicimos una declaración para la prensa y en redes sociales de que eso era un rumor falso.

Yo no me atrevía a preguntarle nada a ella.

Seguía sin pronunciar palabra.

Entonces recibí un mensaje de Jorge.

_Tengo algo para contarte, vas a alucinar en colores_ decía el mensaje

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