Xtories

El Mafioso, novato . Final

Alonzo está postrado en la cama, su cuerpo roto por la traición de su propio padre. Pero Clarissa no ha venido solo a cuidar de él; ha venido a recordarle que sigue vivo, que sigue siendo suyo. En la oscuridad de la habitación, ella toma el control, transformando su impotencia física en un placer que solo ella puede otorgarle.

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Perdón por la demora. Este es el último relato de El Mafioso novato. Voy a intentar corregir los máximos errores posibles de las anteriores entregas y subirlo nuevamente al completo. Probablemente incluya un epílogo para los más románticos Pero creo que atado todos los cabos sueltos.

Ya está…? — Pietro se giró al escuchar que la puerta se abría a sus espaldas, había llegado hacía un rato de Hospital, y desde entonces se encontraba mirando por el ventanal de su despacho, en su mesa se acumulaban los papeles, pero no tenía la mente centrada como para sumergirse en el trabajo en esos momentos, su marido le miraba ansioso y con gesto de preocupación, sin decir palabra, tan solo mostrando apoyo con su presencia.

Ya está instalado y un enfermero está pendiente de él— murmuró Clarisa, con voz cansada, dejándose caer en el sillón frente al escritorio, inclinando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y suspirando.

Y como se encuentra? — la preocupación se traslucía en su voz, su hermano no había amanecido en el hospital más de 24 horas., había sido imposible retenerle por más tiempo allí, pero después de la operación y la gran transfusión de sangre que había necesitado, su cuerpo estaba muy débil, con la pierna inmovilizada desde el tobillo hasta la cadera sus movimientos estaban restringidos.

Irritado, frustrado y muy cansado, pero por lo demás está bien, no debemos preocuparnos, Pietro, el médico dijo que estaba fuera de peligro. Su cuerpo reposo para recuperarse nada más. — le dirigió una sonrisa cansada, pero llena de ánimo.

Quizá ahora, debamos centrarnos en otros asuntos — intervino Augusto —. Debemos decidir qué hacer con… — las palabras, no salieron de su boca, muy difícil para él, mencionar a su padre.

No hay nada que decir al respecto — cortó piedra con la furia llameando en la mirada —… le advertí que no habría una tercera oportunidad.

Los hermanos sabían que él tenía razón, no podían consentir los continuos sabotajes de su padre, no solo por la traición que representaban, también para evitar dar una imagen de debilidad que no podían permitirse.

Cómo lo haremos? — la voz de Clarissa sonó firme y decidida.

Tendremos que encontrar el modo de enviar un mensaje claro a la organización, pero… estáis realmente preparados para eso — Pietro les miraba, expectante. Sabía bien lo difícil que sería para ellos actuar contra su padre.

Amir Al - Salim se recostó contra el respaldo de su asiento, apoyando un brazo en el una sonrisa perversa y pitada, curvos sus labios, pensando que pronto llegarían al aeropuerto Falcone -Bprsellini o Punta Raisi, como también se le conocía. Estaba deseando ver a los hermanos Zanolli y al esposo del mayor de ellos. Jamás pensó que encontraría al tres hombres tan atractivos en una misma familia.. cada uno en su estilo los tres eran unos magníficos ejemplares masculinos. Casi podía decirse que eran dioses o héroes griegos.. de todos ellos sin duda Pietro podría muy bien ser Hercules, su hermano menor emulaba a Aquiles y Augusto no podría ser otro que el mismísimo Apolo.

Le encantaba incitar y zaherir a Pietro hasta hacer que la furia se reflejase en sus ojos y el dominio brotase en su voz, haciéndole enloquecer de celos hacia su esposo, también adoraba ver como Augusto en su ingenuidad ruborizaba ante cualquier intento de conquista, y como Alonzo le miraba con una mezcla de advertencia y desdén.

Durante meses había estado esperando aquella reunión con los nuevos socios de familia, cuando dos días antes había llamado para anular su cita se habían enfurecido. No pensaba desaprovechar la oportunidad de disfrutar de aquellos tres cuerpos, aunque solo fuera con la mirada..

La luz de advertencia se encendió, se abrochó el cinturón de seguridad, adoptó una postura cómoda y se recolocó con elegancia su túnica, mientras sonrían con un goce anticipado, pensando en cómo volvería locos a aquellos tres hombres durante un par de días o quizá tres.

La mansión se llenó de alboroto cuando la limusina de Amir aparco en la escalinata, no le esperaban, pero él no se inmutó. Permanecía impertérrito., con su andar ferino, avanzando hacia la entrada principal, ignorando las miradas curiosas e indecisas que le lanzaban los guardias de seguridad que no sabía cómo actuar. No se esperaba, pero era un socio importante al que no podía prohibir la entrada sin más.

El escándalo no llegaba al despacho, y sonorizado y con inhibidores de señal, Pietro, Augusto y la hermana de este estaban reunidos y lo que estaban hablando debía permanecer en secreto.

Alonzo reposaba con la espalda, recostada sobre las almohadas y los ojos cerrados. Parecía su frente sudorosa por el esfuerzo del trayecto y por los recuerdos que acudían a su mente.

Su chofer y él estaban siendo perseguidos por un coche oscuro, a través de las sinuosa carretera de la costa, el coche trataba de sacarles de la carretera. Por el espejo retrovisor pudo distinguir al conductor. Era Claudio, su suegro y a su lado, estaba el confidente al que pretendía ver aquella mañana. Había caído en una trampa.

Su chofer intentaba esquivar las balas que procedían del otro coche, en un momento dado, les alcanzó en aquella curva, tan errada y peligrosa que impedía conducir deprisa y los arrojó por el precipicio hacia el mar.

Por un segundo, había crecido que aquel sería su final, su último pensamiento había sido para Clarissa, lamentaba, no haberle dicho nunca, lo que en realidad sentía por ella.

Escuchó el revuelo que se formaba en el jardín, pero no podía levantarse de la cama, cinco clavos recorrían su pierna desde el tobillo al fémur a intervalos irregulares, miró al enfermero que había cerca de él, éste asistió, comprendiendo lo que él quería, se asomo a la ventana y vio como aparcaba una limusina.

No se preocupe señor Alonzo, parece que tiene visita.

La puerta del despacho se abrió súbitamente, en el umbral, se podía ver a Amir, que se paró en seco al verles a los tres, dirigiéndoles una mirada majestuosa y una sonrisa irónica, tras ser corría Marco, intentando detenerle sin éxito. Miró a su jefe sin ocultar su frustración. Pietro con el rostro se negó con la cabeza., dándole a entender a su hombre de confianza que no había ningún problema que aguardarse tras la puerta.

Bienvenido Amir… no te esperábamos, acaso no te llegó la cancelación de la cita? — las palabras de Augusto estaban cargadas de ironía.

Oh… desde luego, que me llegó la cancelación qālib — su voz penas, un susurro provocativo —… pero ya no podía resistir la ganas de verte — sonrío provocativamente a Pietro, buscando hacerle rabiar y se desilusionó al ver que su provocación no tenía la respuesta esperada. Entonces observó, extrañado, a la joven que estaba sentada en el sillón. Sus ojos se abrieron por la sorpresa. Parecía una, una ninfa, o tal vez la mismísima Afrodita. Que le miraba con las pupilas verdes brillantes de irritación —. Y quién es ella? Parece que el Olimpo ha instalado su residencia… en Palermo.

Es Clarissa, la esposa de Alonzo

Hablando de Alonzo… dónde está?

No, te dijeron por qué anulábamos la reunión? — Pietro le hizo un gesto con la mano para que se sentase mientras él se dirigía a su escritorio.

No, que ocurre? — había perdido una sonrisa. Su rostro se mostraba tenso. La situación parecía seria no era momento para bromas.

Digamos que ha sufrido un “accidente” — intervino Clarissa — estábamos decidiendo cómo actuar al respecto.

No, comprendo… que hay que decidir, si sabéis quién es el culpable, la elección es clara — ante un ataque, solo se podía responder de un modo, aniquilando al culpable.

Sabemos quién es el responsable, de hecho está aquí en la finca— en efecto, claudico, se encontraba en una cabaña de herramientas y maquinaria en la linde de la finca, custodiado por seis hombres armados, y el perímetro de la propiedad estaba vigilado con el doble del personal habitual — pero el asunto es del hígado… se trata de mi padre — intervino Augusto.

Comprendo… — en efecto y el asunto había que tratarlo con cabeza.

Un suave toque de nudillos en la puerta les hizo callar. La puerta volvió a abrirse de nuevo, lentamente, dando paso a Valeria, quién avanzó con el rostro tras figurado hasta detenerse junto a su hija.

Cómo está? — preguntaron casi al unísono, Augusto y Pietro

Asustado… mejor, yo diría aterrorizado — abarcó con la mirada a todos los presentes, alzando una ceja de extrañeza al ver a aquel desconocido —. Sabe que su situación es muy complicada.

Al contrario… es muy sencilla, no hay más que una salida, el problema es que camino escoger para llevarla a cabo. Lo siento mamá, pero la vida de papá ya no vale nada — Clarissa tomó la mano de su madre entre las suyas, estaba helada.

No podéis hacer eso — observó como los tres estaban dispuestos a rebatir la, y alzo las manos en un gesto conciliador —. Augusto debe responsabilizarse de sus actos…. No os discutiré eso. Pero no puede morir a manos de ninguno de sus hijos, ni de ninguno de sus yernos. Desde luego, eso enviaría un mensaje de fuerza. Pero también enviaría un mensaje de falta de moral… porque quien se atreve a alzarse contra su padre? Solo alguien en que no se puede confiar.

Entonces… dime, qué propones que hagamos? — Pietro se dejó caer en la silla., apoyó los codos sobre el escritorio, entre las dos sus manos y se llevó los dedos índices unidos al labio inferior, mirándola con detenimiento —… no podemos dejar de ir así como así.

Desterradlo. Enviadle lejos, sin dinero, sin apoyos y que jamás pueda volver a Palermo.

Puedo sugerir algo? — Amir había permanecido en silencio., haciéndose prácticamente invisible hasta entonces.

Di… en qué estás pensando.

Estoy seguro de que mi padre estaría encantado de ofrecer la hospitalidad de nuestras mazmorras a tu suegro — se dirigía a Pietro —. Te garantizo que una sola semana en ellas es mucho peor que la muerte.

Y crees que él estaría dispuesto?

Pon ayudar a un socio?… por supuesto que sí. Estará encantado de facilitar las relaciones entre las familias Al -Salim y Zanoli-Fiore.

Intercambiaron miradas entre ellos cuatro, hablando sin palabras, considerando la idoneidad de la sugerencia de Amir. Y todos sintieron con la cabeza casi imperceptiblemente.. Amir se percató de ello y con una sonrisa se dirigió al mueble bar, sirviendo cinco copas, Les ofreció una a cada uno de ellos y cogió la quinta, alzándola a modo de brindis.

Por el entendimiento y la buena marcha de los negocios entre nuestras familias… y por la familia Zanoli- Fiore.

Y pon lo afortunados que somos de contar con dos mujeres fuertes, sabias y bellas a nuestro lado, que nos guían con prudencia — señaló Pietro.

Brindo por eso — Amir inclinó su copa hacia delante, como se quisiera chocarla con las otras.

Los esposos intercambiaron una mirada de reconocimiento, asintieron con la cabeza, levantaron sus copas y bebieron. Clarissa y Valeria les acompañaron en el brindis.

El destino de Claudio estaba sellado.

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Anochecía cuando Clarissa entró en su dormitorio, esperando encontrar a su esposo dormido, al menos lo parecía, pensó.

Un enfermero sentado en una silla frente a él ojeaba una revista, atento a cualquier sonido o gesto por parte de su paciente.

Se levantó de la silla al escucharla entrar

Cómo sigue?— susurraba para no despertarle

Bien señora, todo es normal… les dejaré solos — sin más, se marchó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Le miró largo rato en silencio, nunca antes le había visto así, tan frágil y desvalido, que la conmovía. Comenzó a desnudarse, doblando la ropa sobre la silla, solo conservó su ropa interior y se deslizó entre las sábanas hasta rozarle con su cuerpo, apoyando la cabeza sobre su hombro y cruzando el brazo por su abdomen y besándolo en el hombro con ligereza.

Está todo bien “mía amata”? — no abrió los ojos mientras hablaba., pero entre los dedos de su mano con los de ella, rozando el dorso con el pulgar —…lo habéis arreglado ya? — notó el roce de su cabeza sobre su piel al asentir con ella. — quién se ha encargado… y como lo ha hecho? — sentía curiosidad.

No hemos ido ninguno de nosotros. Amir se encargará de él en sus dominios.

Me parece bien — acariciaba distraídamente la espalda de su esposa, sin deseo, solo con afecto.

El roce de los dedos sobre su piel hacía estremecer a Clarissa, con un escalofrío recorriéndole la columna, sentía un nudo caliente y tenso creándose en su vientre ante contacto de su esposo. Besó su torso con un ligero roce de sus labios y alzo la mirada para verlo a los ojos.

Sus miradas se encontraron, distinguía claramente el deseo que crecía en ella y sonrío de manera provocativa y sensual.

Qué sucede, mi esposa? — el cálido aliento, rozaba su cabello, agitándolo suavemente —.… tendrás piedad de mí?

A qué te refieres?… amore— juguete con su lengua en el pezón masculino.

Sabes que no puedo mover mucho, y si me excitas no podré responder como siempre.

No debes preocuparte por eso, yo me encargaré de todo — mientras hablaba, había deslizado la mano con foz hasta llegar a su centro, el miembro, por encima de la suave de la de su pijama, so besándolo, impregnándose del calor que va haber revisando el tejido. Las caderas de Alonzo se elevado buscando su mano —… no, no te muevas… debes permanecer quieto, — empujó su cuerpo con su mano para hacerlo reposar sobre el colchón y continuó estimulándole.

Los jadeos y suspiros comenzaron a extenderse por la habitación a medida que el cuerpo de Alonso se pensaba por la acción de los hábiles dedos femeninos te abrazaba su carne, palpitante, subiendo y descendiendo por ella ejerciendo una leve presión.

El cuerpo de Clarissa descendió hasta que su cabeza quedó a la altura de la pelvis masculina, comenzó a deslizar la lengua por el suave y cálido tronco, recorriendo las hinchadas venas, subiendo y bajando por él, succionando ligeramente la piel que quedaba expuesta entre sus dedos.

La fuerte mano se enredó en su cabello, presionando su. nuca, buscando mantener el control que se le escapaba.

Clarissa! — gimió su nombre cuando introdujo Hernández en su boca, y cerró los labios alrededor de su tronco, succionando y trazando círculos con su lengua alrededor.

Ella saboreaba a su esposo con un fervor inusitado, la sensación de tenerlo en su boca, sentir cómo se rendía a ella, la encendía de un modo insospechado. Siguió descendiendo con su boca., introduciéndolo cada vez más profundamente, retirándose un poco para volver a avanzar, mientras con su mano, continuaba estimulándolo la base del miembro y sus testículos, sopesándolos, y acariciándolos con su mano abierta.

Era tal el deseo que le provocaba escuchar a Alonso gemir y retroceder de place susurrando su nombre que ella misma notaba la humedad nacer entre sus piernas deslizándose por sus muslos. Llevó a ellos su mano libre y comenzó a acariciase siguiendo el ritmo con el que le, amaba a él.

Alonzo observó como ella se daba satisfacción a sí misma, empezando a juguetear con su clítoris girándolo entre sus dedos y dando suaves tirones de, cómo se humedecían las yemas de los dedos con su flujo y los deslizaba por entre sus labios, llegando a a su entrada, dibujando círculos a su alrededor sin penetrar, creando expectación, aumentando el deseo hasta que por fin introdujo dos de ellos en su interior, girándolos despacio, saliendo y entrando con suaves estocadas, a medida que su cuerpo se tensaba.

No… no puedo más… Clarissa voy a… — intentaba advertirla, tirando suavemente de ella, pero ella no se apartó más que unos segundos para decirle:

Dámelo… no te congas… amor, quiero hacerte gozar — volvió a introducir en su boca, mientras ella misma sentía que su vientre se tensaba y sus piernas se aflojaban.

Alonzo hecho la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y se mordió el lado inferior ahogando un gemido. Anotar cómo su cuerpo llegaba al límite y se derramaba en el interior de la boca de su esposa.

Al notar como la calidad, esencia de su esposo, inundaba su boca, Clarissa cerró el ritmo de sus succiones a la paz, que es de sus dedos en el interior de su centro de placer, quería llegar al orgasmo al mismo tiempo que Alonzo. Lo consiguió unos segundos después, mientras el cuerpo masculino aún temblaba con los últimos ecos de su estallido.

Continuó amándolo con su boca mientras los fluidos de su climax se extendían por entre sus muslos y descendían por su piel.

A medida que Alonzo recuperaba la respiración su cuerpo laxo recuperaba sus fuerzas, su miembro perdía consistencia, hasta que abandonó la boca de Clarissa.

Ascendió por su cuerpo con su boca hasta que llegó a la altura del rostro de su esposo. Con una sonrisa traviesa y tierna a un tiempo tomó los labios masculinos con los suyos y se fundió en un beso profundo, dándole a probar su propio sabor, susurrando su nombre entre jadeo.

Cuando el beso finalizó, le abrazó y recostó la cabeza sobre su hombro, en abrazó a su cuerpo y murmuró en su oído

- Mia…