Eso de juntar tres bocas...
El alcohol y la tensión laboral desataron una noche prohibida en el baño de una oficina. Pero lo que comenzó como una traición compartida se transformó en una pesadilla de poder cuando la clienta reveló su verdadero control sobre la compañera de despacho.
Eso de juntar tres bocas...
Fue en una comida de empresa que organizó mi bufete. Yo fui con Marta mi compañera de despacho, bebimos más de la cuenta... Y...
La cosa empezó un poco rara. Entre otros estaban invitados una clienta a la que estábamos divorciando y su marido. El matrimonio era uno de los mejores clientes del despacho, pero en ese momento, lo más inoportuno era invitar a los dos juntos. No sé a quién se le ocurrió esta maravillosa idea. O simplemente fue el típico error en el que caemos todos porque nadie lo piensa o nadie se da cuenta.
La comida fue algo tensa. Claro. El caso es que después de los postres las copas empezaron a circular a una velocidad de vértigo. Y todo el mundo a beber como si no hubiera un mañana. Ya sabes, siendo gratis…
El alcohol empezaba a hacer efecto.
En un momento dado, estaba saliendo del W. C. y me di de morros con nuestra clienta. Dos palabras, un “no sé qué”, un “ya he hablado con Martita” (mi compañera de despacho) pero tu eres mi abogado favorito y…. Una puerta que se abre. No sé si la abrió ella o ya estaba abierta o…
Se acercó. No me fui hacia atrás. Su cara estaba cerca, muy cerca. No sé si cerró o no los ojos invitándome a ello. Estábamos casi a oscuras. El caso es que me lancé. Y fui bien recibido, pero que muy bien recibido. No sé quién de los dos tenía más ganas. En la penumbra, mi mano llegó a su culete, y como nadie dijo que no, pues se entretuvo sobándoselo, mientras la otra mano se paseaba por la espalda palpando a ver el tipo de cierre del sujetador por si llegado el caso…
Tenía la polla durísima, bien pegada a su barriga y la muy puta estaba moviéndose como una serpiente, restregándose contra ella. Desde luego inevitable parecía.
Fui deslizando la mano por el costado. Primer pecho. Un pequeño giro para facilitar la maniobra. Segundo pecho. Y como nadie protestó, pues descenso para volver a subir por dentro de la blusa, directo a levantar su sujetador y poder palpar esos melones directamente. Justo en ese momento, se iluminó la habitación y apareció Marta, mi compañera. Sobra decir que nos pilló morreándonos y con mis manos en la masa.
Nos quedamos helados. Con cara de sorpresa. Claro que más cara de sorpresa puse cuando la clienta, alarga la mano sin soltarme, agarra a mi compañera por la pechera de la chaqueta, y la acerca. La pone junto a nosotras, se suelta de mí y la sujeta con dulzura la cara entre sus manos. Un monumental morreo. Y un "ya sabía yo que querías esto" cargado de lujuria... Volvió a besarla. Luego ya vino una sonrisa que rompió el hielo:
-.”Serás zorra envidiosa”....
Araceli sujetó mi nuca y empujó mi boca hasta los labios de Marta. Ni un segundo. Ni una décima de segundo tardó Marta en incorporarse a la fiesta. Y cuando ya estábamos con las lenguas bien enganchadas, Araceli añadió la suya. Y se juntaron las tres bocas.
Fue la primera vez en mi vida que morreé al tiempo con dos mujeres. La batalla de lenguas. La de manos sobándonos... y por primera vez en mi vida dos tías distintas tocando mi paquete al tiempo. Me encantó sentir el tacto de dos tetas tan diferentes a la vez. Dos coñitos (aunque fue por encima de la ropa)... Y Marta, jadeando y visiblemente excitada, empezó a soltar el primer botón de la blusa de Araceli.
Vi el nacimiento de sus pechos entre el sujetador. Araceli se dejó manipular mientras yo la entretenía metiéndola la lengua hasta la garganta y sobando sus nalgas a puñados. Fue súper excitante ver a Martita sobando esas magnificas tetas.
Luego fue mi turno con Marta… desabrochar su blusa y tocar por primera vez sus pechos mientras Araceli nos miraba sonriendo, abrazándonos por la cintura y bajando su mano a nuestros culos, empujando las caderas para que Marta sintiera mi polla en su barriga. La de veces que se me había puesto dura imaginando esas tetas… y ahora no solo las estaba tocando, sino que tal y como iba la fiesta, iba a terminar follándome a mi “queridísima “compañera. Si, a Marta, a Martita, a la tía más buenorra del despacho, a la abogada más hija de puta, cabrona, deseada e inaccesible. Allí la tenía, con la blusa medio abierta y morreándola a dúo con una clienta. ¡Quién lo diría!
Todos los compañeros soñábamos con poder cepillárnosla y más desde que la vimos en con aquel bañador azul tan ceñido en la piscina del chalet de Don Manuel cuando fue (como no) con su inseparable marido. Ese que parecía un auténtico gilipollas y que le traía y llevaba como un perrillo faldero. Todos miramos embobados sus puntiagudos pezones coronando esas preciosas tetas. Fue don Luis el que dijo que con ese bañador tan apretado en cuanto entrara en el agua se la iba a notar hasta la raja del chumino. Todos esperábamos como putos salidos que saliera del agua. Apostamos si tendría o no el coño depilado. Al salir miramos inevitablemente a su entrepierna. El gilipollas de su marido se puso en medio y nos tapó sin darse cuenta. Y encima el muy lameculos la lleva una toalla… “Toma cariñín no te enfríes” la dice.
Pero ahora, ahora yo iba a descubrirlo. Se lo había tocado por encima del pantalón y ahora ya la había bajado la bragueta. Iba ya lanzado a tocárselo al natural.
Toc, toc, toc.... Menos mal que llamaron a la puerta. Nos hubieran pillado en plena faena… y tal y como íbamos de alcohol y de calentura… quien sabe si en una situación “más comprometida”. Joder.
No sé qué dijo Araceli, pero el tipo se fue discretamente. Aun así, no sé yo si el camarero se lo tragó o ya estaba acostumbrado a esas cosas. Salimos discretamente. De uno en uno.
Una vez en el jardín me serené un poco. En una hora había quedado con mi mujer y mi hija. Tenía el tiempo de atiborrarme a café para despejar la borrachera, cosa que no conseguí del todo, pero algo disimulé. Cuando monté en el taxi y durante el trayecto iba pensando en lo cachondo que iba. Sonreí. Estaba como un adolescente que ha tocado por primera vez las tetas a su novia…
Y así fue mi primer y único trio: breve, incompleto, pero tremendamente morboso.
Al lunes siguiente hablé con mi compañera. Marta estaba muy "cortada". Creo que temía mi reacción más que yo la suya. Que si el alcohol… que si... Yo dije que no pasaba nada, que, por mi parte genial, y ya me lancé y la dije que había que repetirlo, pero con más tiempo.... El ambiente se relajó y dijo tímidamente que, si surgía la ocasión, por ella también....
-. Por cierto, ¿se habrá enfadado Araceli? ¿No la habremos cagado no? La pregunté.
-. No… tranquilo, dijo Marta esquivando mi mirada y bajando la voz, nos fuimos un ratito después de que te marcharas.
No me contó nada más, pero sospecho que si se fueron juntas acabaron las dos liadas. No me lo confesó abiertamente, pero vi que tenía un muy pequeño chupetón en el cuello. Lo vi cuando me acerqué y sujeté su cara entre mis manos tal y como la había hecho Araceli. Me miró sorprendida. Volví al ataque. Total, si me había equivocado, la pata ya estaba metida. Marta se dejó hacer. El morreo, y otra vez los sobeteos en los pechos, en las nalgas… No dijo que no cuando mis manos se metieron bajo la falda y arrancaron sus braguitas.
Y te doy palabra que esta vez no quedé caliente y cachondo como un adolescente…Esta vez sí desabroché del todo la blusa y no me conformé con sobetear su culito o su coño por encima de la falda. No… de eso nada…
Sé que te gustaría que te contara que si los pezones se pusieron duros en cuanto les empecé a chuperretear, que si tenía el coño depilado o no, que si estaba caliente y mojada como una buena puta… o que cuando se la metí empezó a gemir como una zorra. Sé de sobra que te mueres porque te cuente con todo lujo de detalles cómo la empotraba con mi rabo…
Pues no, te vas a quedar con las ganas, que eso no es lo alucinante. Para que te calles, te diré que su culito se sentó directamente sobre mi mesa y que, entre sus piernas, exagerante abiertas estaba yo dale que te pego.
Estuvo bien. Morboso, por supuesto, pero sabíamos que apenas teníamos tiempo. Araceli tenía consulta en media hora. Solo iba a ser un polvete rápido. Eso era lo de menos. Lo importante es que, si cae una vez, cae cientos.
Naturalmente ni nos planteamos el hablar con Araceli de lo que pasó en la habitación a oscuras. Así que mejor no comentar nada de la comida de empresa. Ni de refilón sacar el tema.
-. Lo que pasa en un despacho se queda en el despacho, dijo Marta.
-. ¿y lo que pasa entre abogados? Dije dándola un cachete en el culo.
-. También respondió contundente Marta.…
Araceli llegó puntual. Nos dio el tiempo justo para colocarnos y ventilar unos minutos la habitación “por si olía raro”, dijo Marta. Llamaron a la puerta, me levanté y cedí el paso. Entró saludando a Marta y sonriendo. Marta apenas tuvo tiempo de limpiarse con un pañuelo. Y los dos, con cara de angelitos, como que no había pasado nada. Todo muy profesional. Se sentó, pero se quedó mirando mi carpeta. Las bragas rotas asomaban. Ni me había dado cuenta. Es más, juraría que yo no las puse ahí. Seguro que fue Marta cuando me levanté a abrir la puerta.
El caso es que las vio. No dijo nada, claro. Una sonrisa cómplice, pícara, si me lanzó.
-.”Ya veo que esto de los abogados es un muy duro”, dijo cargada de sarcasmo….
Tardamos un buen rato en revisar los documentos. De vez en cuando con disimulo miraba a Marta. Sentadita y con cara de ángel. Yo no podía evitar el imaginármela con toda la corrida escurriendo en su coño. La verdad se me escapaba alguna mirada socarrona. Marta sabía por qué, y me devolvió un par de miraditas que lo decían todo. En cuanto nos quedemos a solas, seguro que canta más de las cuarenta, pensé.
Por fin acabamos. Solo quedábamos nosotros en el despacho. Todos se habían ido. Marta se levantó y acercó la carpeta con los documentos. Estaba de pie a la derecha de Araceli.
Sin inmutarse, Araceli se giró un poco en la silla y separó los pliegues de la falda de par en par. Yo ojiplático. Miró su coño, lo palpó y metió los dedos. Marta dio un pequeño respingo, pero no se apartó. Araceli miró los dedos. Obviamente estaban manchados. Se los limpió con la falda de Marta.
Se volvió hacia mí y siguió tan campante, tan natural mientras. Alucinante. Marta patitiesa. Araceli no, Araceli seguía a lo suyo.
Cuando terminamos con la primera carpeta, dejó el bolígrafo y se levantó. Se acercó a Marta. Y sin más, de repente, un bofetón tremendo. Sin avisar, seco. Tan fuerte que volvió la cara de Marta y la hizo trastabillar los pies, vamos que casi la tira al suelo.
Marta se quedó inmóvil, como una estatua, con cara de boba. No sé cuál tenía más abierta si la boca o los ojos. Y yo petrificado. Pegado a la silla sin moverme sin saber qué hacer o qué decir.
Marta empezó a llorar. Y Araceli a lo suyo sentada otra vez diciéndome no sé qué de una finca que no tenía claro si vender o alquilar.
Sin siquiera volverse la oí decir a Marta: -.“Deja de gimotear zorra”… Su voz sonaba despectiva y autoritaria al tiempo. -.“Cacho puta te dije que no te lo follaras sin mi permiso. Ya sabes lo que tienes que hacer ahora”.
En un segundo me di cuenta de que nada fue un “accidente”. La habitación, los morreos, la supuesta entrada “por casualidad” de Marta… ¿Marta y Araceli eran amantes?
Ahora sí que Marta empezó a llorar desconsoladamente. Una escena alucinante. No entendía nada. Pegado a la silla sin atreverme ni a respirar. La otra hablando en términos jurídicos y Marta llorando a moco tendido, abrazada a la carpeta que tenía abrazada sobre su pecho y con cinco dedos marcados en la cara. Flipante es poco.
No sé en qué momento Marta empezó a suplicar y a llorar más alto… -.”Por favor… por favor…. Me da muchísima vergüenza”….
Y Araceli nada, como que no la oye. Hasta que se volvió. Una mirada de esas que te dejan helado. Silencio total. Un segundo, dos, tres, cuatro.
-. “¡Cállate la puta bocaza, zorra de mierda! Ya sabes lo que tienes que hacer, no te lo voy a decir ni una sola vez”.
Los lloros se hicieron más intensos, ya no solo eran unos simples gimoteos… Iba a hablar, a decir algo, pero Marta dejó la carpeta en mi mesa y se dirigió a la mesa de confidente.
Apoyó los codos quedando en ángulo recto. Y ahí ya sí que estuve a punto del infarto: se levantó la falda dejando todo su culito al descubierto. La imagen de verla con las medias negras, de esas que se sujetan sin liga, solo con silicona y sus nalgas al aire fue más que impactante.
Araceli ni se volvió, debió de verlo en mi cara.
-. “Al final vas a estrenar esto antes de tiempo” dijo mientras sacaba de su bolso un paquete cilíndrico envuelto en papel de regalo.
Se levantó de la silla, tiró el paquete al suelo. La vi coger impulso. Creo que duró un segundo: El típico sonido que zurce en el aire, un “plas” fortísimo, un grito silenciado y Marta poniéndose de pie de un salto con las manos en las nalgas.
Me miró suplicante. Llorando. Se había metido un pañuelo o algo en la boca para morder y ahogar los gritos. Además, no sé ni cómo ni cuándo, se había desabrochado la blusa y el sujetador por delante. Las tetas se meneaban libres mientras se soltaba las sujeciones de la falda. Luego se quitó la blusa.
Completamente desnuda, sin dejar de gimotear, y con cara de miedo, se giró y se volvió a colocar de espaldas. Araceli me miraba mientras se colocaba. No la prestaba atención. Como si supiera qué es lo que Marta estaba haciendo. Marta como si supiera exactamente la distancia a la que poner sus piernas fue colocándolas e inclinándose. Sus labios asomaban tentadores.
Con el dedo me ordenó acercarme. Obedecí. Mirando hacia mí, sin volverse, su mano acariciaba sus nalgas. Agarró la más cerca y tiró de ella abriéndolas para enseñarme obscenamente sus agujeritos. Vio mi paquete y asintió con la cabeza. Sin dejar de mirarme a los ojos empezó a soltar los botones de su blusa. Jamás he visto una mirada como esa. Lujuria, sadismo, lascivia, poder…
Dedicado a mis amigos J.C y L., y como no, a todos los que juntan lenguas. (trios)
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