El Mafioso novato VIII
Clarissa cree que su matrimonio es solo un contrato frío, hasta que una noche de ansiedad la lleva a tocar a su esposo mientras él finge dormir. Lo que comienza como un acto de culpa se transforma en una confesión silenciosa de deseo, donde los límites entre la obligación y la pasión se desvanecen en la oscuridad de la cama.
Me gustaría que hablásemos de algo importante mientras tomamos el café — Clarissa dirigió la mirada hacia Pietro, su voz era vacilante y su mirada esquiva.
No puede esperar? — preguntó Augusto, mirando a su esposo, en los últimos días Pietro parecía algo cansado, esperaba que lo que les iba a decir su hermana no trajese más trabajo consigo.
Me temo que no, lo siento — sintió la mirada de Alonso, clavándose en ella, le sonrío a modo de disculpa, no le había comentado nada a su marido, tal vez hubiera recibido hacerlo, pero había creído mejor decirlo a todos a la vez.
Por qué no terminamos primero de comer y luego ya veremos — Pietro podía haber la incomodidad que la situación creaba en su cuñada, era apenas una niña y algo la tenía preocupada los últimos días, intentaba ocultarlo, pero no se le daba bien.
La comida continuó en una calma tensa, Clarisa miraba a Alonzo a hurtadillas cada poco segundos, por fin, terminaron la comida y Pietro pidió que les llevase el café a su despacho.
Augusto se apoyó semis sentado en la mesa del despacho con los brazos cruzados, su taza de café a un lado sin prestarle atención puesta en su hermana pequeña. Pietro también la observaba sentado tras la mesa, dando un pequeño sorbo a su expreso.
Clarissa, sentada frente a ellos con Alonzo a su lado, se frotaba las manos intentando contener su ansiedad. De pronto, notó como su esposo cogía su mano, acariciándola para tranquilizarla.
Puedes hablar con confianza, no te preocupes. No importa lo que te preocupe nosotros te ayudaremos.
No es algo que me pase a mí, es algo que temo que nos puede traer problemas a todos.
Qué es lo que has escuchado? — Pietro empezaba a sospechar que era lo que estaba temiendo. En esos momentos, el equilibrio que estaban manteniendo en la organización era aún muy precario.
No he escuchado nada preocupante en concreto — guardo silencio unos segundos, pasando la mirada por los tres hombres que la observaban con atención y ó, —. Aparentemente todo está bien ahora. La mayoría del Consejo, de nuestros socios y nuestros hombres están satisfechos con el nuevo modo de dirigir la familia y los negocios, pero…
Pero qué? — la urgió Augusto. Clarissa se encogió de hombros, moviendo de un lado a otro la cabeza.
Es una sensación que tengo cuando voy a casa— miró fijamente a su hermano al decirlo —. El modo en que mamá se comporta, la forma en que me mira, los cuchicheos entre el servicio y cómo callan cuando paso a su lado. No sé…., Quizá estoy haciendo una montaña de un grano de arena. Pero me temo que papá esté tramando algo. A pesar de todos los años que han pasado aún no ha asumido que ya no es nadie en la organización, está resentido por haber perdido no solo el dinero, sino también el poder, no soporta ver el desprecio en la mirada de nuestros hombres… que la mayoría estén satisfechos con el nuevo orden de cosas — suspiro profundamente, mirando a su hermano —… con que no seas tú quien le haya sucedido, que los negocios ahora estén dirigidos por vosotros tres. Creo… que debéis… que debemos ir con mucho cuidado.
La mirada de Pietro se endureció, su cuerpo se tensó y apretó la mandíbula. Su mirada perdida se cruzó con la de su esposo, que tembló al observarle.
Su mente se perdió en los recuerdos de aquella noche en su adolescencia, cuando su madre murió tiroteada, recibiendo las balas destinadas a él… el responsable de aquello era Claudio, el padre de Augusto y Clarissa, en aquel entonces, Pietro había intercedido por su vida, por toda su familia en realidad. Había conseguido que Leonardo, su padre, acabase perdonándolo solo por salvar también a Augusto. Después de su boda, Claudio había puesto de nuevo en peligro la vida de su propio hijo, y nuevamente Pietro había perdonado su vida por amor a su esposo. Pero si Claudio se atrevía a alzar la mano nuevamente contra alguno de sus propios hijos o contra su hermano… entonces… entonces que dios le guardará, porque no habría perdón.
Augusto casi podía leer los pensamientos de Pietro, cogió su mano entre las suyas, en muda, aceptación y reconocimiento. Era muy consciente del dolor que su padre había provocado a su esposo en el pasado, de lo mucho que Pietro se había contenido por respeto y amor a él. Pero si su padre se atrevía a dañar de algún modo a su marido o a su cuñado… entonces el mismo le mataría con sus propias manos.
Creo que tienes razón — Alonzo estrechó sus manos, estaban heladas —. Yo confío en tus intuiciones. — miró fijamente a Pietro y a Augusto, buscando su apoyo y aprobación —. Estaremos atentos a cualquier movimiento.
No nos queda otra — confirmó Pietro con tono serio y voz grave, apretando la mano de su esposo tratando de inferirle confianza —. Hablaré con Marco., saldremos de esto como hemos salido de otros peligros.
*****************
En qué piensas? — acarició la espalda de Clarissa, acostado junto a ella, intentando llegar hasta su mente, que parecía perdida en los oscuros pensamientos. —. No te alejes, no me dejes fuera, por favor. — desde que les había comunicado sus sospechas, parecía inmersa en un mar de dudas
Tengo miedo Alonzo— lo miró, como pidiéndole disculpas
No tienes que tener miedo, hemos organizado la seguridad de la casa y reforzado tu equipo de guardaespaldas para cuando tengas que salir. No consentiremos que nadie te haga ningún daño. — en el fondo no quería creerse que Claudio fuese capaz de hacerle daño a su propia hija, pensaba que quienes realmente estaba en peligro, eran Pietro o él mismo.
No tengo miedo de que me hagan nada a mí Alonzo. No creo que mi padre se atreviese a… — no pudo verbalizar algo tan terrible—, mi madre no se lo perdonaría nunca. Pero Pietro y tu…
Estaremos alerta — acaricio su mejilla con ternura, en realidad, sentía deseos de hacer el amor con ella, pero sabía que en ese momento no se sentiría receptiva.
Pero… y si os hace daño, si le ocurre algo a Pietro… o a ti, por orden de mi padre — cómo podría haber permanecer al lado de Alonzo, si su propio padre la estimaba a alguno de los Fiore.
No pienses en ello — se giró, tumbado de costado, situándose a su espalda, la rodeó con un brazo sobre su vientre, y la pegó a su abdomen, inicia postura el cuerpo de ella quedaba rodeado por él, su cabello y le susurro, — intenta dormir “mía amata”.
“Amada”, esa palabra le dolió en el alma. Si fuese cierto que la amaba esa misma palabra, la llenaría de gozo, pero sabiendo que tan solo era un modo de de hablar, un intento de tranquilizarla, eso la hacía sentir aún más sola en sus tribulaciones.
Cómo podía creer en que él pudiese amarla, si esa noche ni siquiera había intentado besarla.
En su matrimonio tan solo existía el deseo, si también perdía eso, si no conseguía mantener el interés de su marido por ella… entonces que le quedaría?
Consolidad deslizó los dedos entre los que Alonso tenía apoyados en su vientre, reconfortándose con su calor.
Su cuerpo se apretaba contra el de su esposo, la espalda apoyada en su pecho, sus nalgas reposaba en el regazo del cuerpo masculino, sus pies se enredaban en las piernas de él.
Su respiración pausada le daba tranquilidad, como el sueño hacía mella en él poco a poco, cuando por fin creyó que él estaba dormido se permitió acariciarlo, deslizando la mano por el antebrazo masculino, aroma que emanaba su.cuerpo.
Cogió su mano, llevándosela a a la boca y besando sus nudillos antes de colgarla sobre su seno.
Alonzo tembló por dentro preso de excitación. Se había fingido dormido para tranquilizar a Clarissa.
Anotar que su esposa le acariciaba se había sentido sorprendido, y por qué negarlo, también con plácido. Era el primer gesto de cariño, que recibía de ella de un modo espontáneo. En ese momento, al rozar la suave piel de su pecho, notar el pezón erizado, su cálido, tacto, su cuerpo había despertado, la urgencia por tomarla crecía por segundos, pero estaba atrapado en su propia mentira.
Con la mano de Alonzo copando su seno, Clarissa deslizó la suya hacia su centro, acariciando levemente, lo suave rizos, deslizando las yemas de los dedos, por entre sus labios ya húmedos, trazando círculos sobre el henchido botón que había entre ellos. Mordió su labio inferior para contener un gemido, mientras se hacía la ilusión que era él quien la tocaba tan íntimamente.
La humedad se extendió por su sexo, palpitante, su delicada piel ardía al contacto con sus dedos.
Introdujo dos de ellos profundamente en su interior, abriéndolos y moviéndolos en círculo, sacándolos e introduciéndolos de nuevo una y otra vez. Un sonido húmedo se extendió por la habitación mezclándose con sus gemidos ahogados.
De forma vaga, fue consciente del calor y la sedosa dureza que crecía contra sus glúteos.
Se sorprendió. Alonzo estaba teniendo un sueño erótico? Se ruborizó al pensarlo..
Giró entre sus brazos. Acaricio los labios masculinos con sus dedos húmedos. Con lentitud, teniendo despertarle le hizo recostar sobre la almohada, dejando su cuerpo, como de costumbre desnudo, expuesto a su mirada.
Rara vez se detenía a admirar el cuerpo de su esposo.
En el cuerpo masculino era al menos treinta centímetros más alto que el de ella, musculoso, pero no tanto como el de su hermano, casi carente de vello, un tatuaje nacía en su muñeca derecha y subía, serpenteante, hasta su hombro, continuando por su espalda hasta llegar a su hombro izquierdo y desprender para terminar sobre su corazón.
Un hermoso y temible dragón, decoraba la piel de su marido.
Se inclinó sobre él, sin darse cuenta y besó su pecho sobre las fauces del dragón.
Su mirada descendió por el abdomen masculino, hasta posarse en su miembro erecto. Deseaba tenerlo interior pero no se atrevía... él estaba dormido, en cierto modo, sería como violentarlo, pero no pudo contener su deseo totalmente.
Comenzó a acariciar el rígido mástil, la carne inducida palpitaba contra su palma, se mostraba cálida,y sedosa a su tacto.
Comenzó a masturbarle lentamente, llevando los labios a su glande deslizándolo por su tronco con pequeñas opciones a sus venas, hasta entonces nunca se había atrevido a hacer algo así, le daba mucha vergüenza su inexperiencia, quizá al estar el dormido había encontrado valor para hacerlo.
Volvió a subir por su tronco, dejando un rastro de saliva sobre él, mientras su mano le friccionaba y apretaba ligeramente, deslizando la piel arriba y abajo de forma rítmica. Lo estimuló con su boca y su mano hasta llegar nuevamente a su cúspide, aleteando con lengua sobre ella
Un leve sabor ácido inundó sus papilas, unas botas de deseo se escapaba de él.
Se sorprendió asimismo, saboreando su esencia, su sabor, extrañamente, ácido y salado no le desagradó y abriendo la boca se introdujo el glande en ella, rodeándolo con la lengua y succionando ligeramente.
Alonzo gemía quedamente, intentando mantener la ilusión del sueño, las manos cerradas sobre las sábanas, alzando levemente la cadera y suspirando.
Las caricias, que su esposa le dedicaba eran vacilantes y aún algo torpes, pero saber que ella le deseaba hasta ese punto de un extraño para rehacer, no solo físico, también emocional.
De pronto Clarissa cesó la felación, con los ojos vidriosos por el deseo y la culpa.
Alonzo continuaba dormido, puede que su cuerpo estuviese respondiendo a ella, pero él no era consciente de lo que estaba sucediendo, y eso la. llenaba de culpabilidad.
Apoyó la cabeza sobre el muslo masculino, cerró los ojos, respirando profundamente, mientras, de nuevo comenzó a masturbarse, acariciando la cadera y el abdomen de su marido imaginando que él la tocaba íntimamente, que la llevaba a orgasmo. Su cuerpo comenzó a tensarse un nudo de nervios se formó en su vientre, de sus labios se escapaban suspiros y jadeos incontrolados.
Alonzo entreabrió los párpados para observarla, sin que ella se diese cuenta, había dejado de acariciar su miembro, para masturbarse a ella misma, pero aún así continuaba acariciando su piel como si fuese renuente a perder el contacto entre ambos.
No pudo resistirlo más, sin pensarlo pues solo la mano sobre su cabeza enredando los dedos en su cabello y susurró su nombre.
Clarissa… — su voz pesada, casi un gemido, la sobresaltó. De pronto se quedó fría. Alzo la mirada y vio, el rostro crispado por el deseo, los ojos semi cerrados y vidriosos y la respiración entrecortada —… por favor…
Alonzo… — se arrodilló a su lado y le miró a los ojos, la culpa se reflejaba en su voz — yo… — no sabía que decirle, había abusado de su cuerpo, daba igual que legalmente fueran esposos, había traicionado su confianza —… perdóname.
No… — vio como ella se contraía, como si lo hubiese golpeado al escuchar esa primera palabra, con el bolso de la mano, acaricio su mejilla, deslizándola hasta su barbilla y alzando su rostro —… no tienes que pedir perdón por coger lo que es tuyo.
Pero tú… tú no eras consciente, estabas dormido y yo…
No, Clarissa, no dormía, estabas tan preocupada, que no quería perturbarte con mis deseos y por eso lo fingí.
Entonces tú… — quería preguntarle si le había gustado lo que había hecho con él o si era al contrario le había desagradado, sus mejillas se encendieron de vergüenza, solo al imaginarlo — yo… te estaba gustando lo que…?
Clarissa… — la miró con ternura y satisfacción —… me estaba gustando mucho, hasta que has parado… por qué lo has hecho “cuore”?
Pensé que dormías — negó con la cabeza —… me sentí culpable, estaba abusando de…
Ssssssssh— rozó sus labios con el dedo pulgar —, ahora que ya sabes que estoy despierto… quieres que continuemos?
Ella asintió con la cabeza, Alonzo alargó el brazo rebuscando en el cajón de la mesita de noche, cogiendo un preservativo, sin apartar la mirada deClarissa y dandoselo, preguntó:
Me lo pones tú?
Es necesario? — tenía algo que confesarle y no sabía si él se iba a enfadar. —… hace una semanas fui al doctor… desde entonces estoy tomando…— no pudo terminar la frase, su marido la tomó por la nuca y bajó su rostro besándola de un modo hambriento, dejando caer el pequeño paquete.
Móntame “Amata” — susurro sobre sus labios, rodeando su cintura con ambas manos y alzándola hasta colocarla sobre su regazo. Con la mano yo soy miembro hasta situarlo frente a su entrada.
Clarissa, con el cuerpo de su esposo entre sus piernas comenzó a descender sobre el, lentamente, sintiendo como la expandía a su paso, hasta se quedó sentada sobre él, comenzando a rotar las caderas.
Tomó sus manos y las colocó sobre su torso, para que sintiese los latidos de su corazón, la cogió de las caderas y comenzó a alzarla para luego dejarla caer, con las paredes de ella aprisionándolo, al principio lo hacía lentamente, pero fue aumentando el ritmo, alzando las caderas al encuentro de ella en su descenso.
Sus cuerpos se pensaban, los jadeos, suspiros y gemidos inundaron el aire, el sonido húmedo del roce de los cuerpos les nublaba el sentido.
El cuerpo de Clarissa se cerró a su alrededor mientras su cuerpo se agitaba entre espasmos, hasta que con un gemido ronco se derramó sobre él.
Alonzo giró su cuerpo dejándola bajo él, comenzando a embestirla, hundiéndose en ella con fuerza y rapidez hasta que él mismo estallo en su interior.
Relatos similares
- Hetero: General
La doctora y el coronel
La enfermería estaba sellada y el tiempo corría para salvar al soldado, pero para el coronel Bonetti, la verdadera urgencia era otra.
Comparte:Mirones que se involucranRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
Hasta mañana
La luna ilumina su silueta mientras se entrega a la fuerza bruta de su hombre. No hay palabras, solo el crujir de la seda y el fuego de sus cuerpos…
Comparte:Relacion profesor alumnaDominacion femeninaDeseo reprimido
- Hetero: General
El Mafioso, novato . Final
Alonzo está postrado en la cama, su cuerpo roto por la traición de su propio padre. Pero Clarissa no ha venido solo a cuidar de él; ha venido a…
Comparte:Relacion clandestinaMirones que se involucranDominacion femenina
- Hetero: General
La madre viuda de su amigo íntimo
Sofía siempre había sido la madre estricta y recatada. Pero cuando Richard llega a su vida, esa barrera se desmorona bajo el peso de un deseo que…
Comparte:Mirones que se involucranRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
Seducido por la niñera de mis hijos, una ex-monja
Teresa llegó para cuidar a sus hijos, pero su presencia cambió todo. Lo que empezó como una solución doméstica se transformó en una tentación…
Comparte:Mirones que se involucranRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada
- Hetero: Infidelidad
Jugárselo todo a una carta
Duncan no busca solo venganza o poder, busca una cura. Pero el precio de la vida de su hermana es demasiado alto para cualquier banco.
Comparte:Mirones que se involucranRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada