El amigo de mi hijo (1)
La casa está vacía, el marido no llega y el hijo está en la otra habitación. Pero la mirada de Santi no es la de un estudiante, y sus manos ya no respetan los límites de la amistad. Esta noche, la hija de su conciencia será silenciada por el placer prohibido.
El amigo de mi hijo (1)
-Ya estoy en casa, cariño- Anuncié al llegar a casa del trabajo.
-Vale, mamá. Estoy estudiando con Santi- me respondió mi hijo desde la habitación.
Santi era un compañero de universidad de mi hijo, estaban en su primer año de ingeniería, pero ya era amigos desde el instituto y no era la primera vez que su amigo venía a estudiar a casa.
Mi hijo, con sus dieciocho años recién cumplidos, seguía pareciendo un niño, su cuerpo no parecía desarrollado, apenas le salía barba. Pero Santi no tenía nada que ver con él, alto, más de un metro ochenta, ancho de espalda, barba arreglada, moreno, unas manos grandes y masculinas.
"Es un crío" me tenía que decir a menudo cuando me descubría a mí misma mirándole con deseo.
Mi marido y padre de mi hijo, trabaja de comercial para una gran empresa y nunca está en casa entre semana y tampoco muchos fines de semana. Por esa razón, y que soy demasiado caliente, he tenido más de una aventura en los últimos años con hombres jóvenes, aunque no tanto como para ser de la edad de mi hijo.
Puede que esté mal decirlo, pero a mis cuarenta años, me conservo muy bien, mejor que muchas veinteañeras que me encuentro en el gimnasio mirándome con envidia. Soy delgada, cuerpo cuidado, un culo respingón que trabajo a diario en mis entrenamientos y unas tetas firmes y grandes, que le debo al cirujano y al dinero que mi marido gana con su trabajo. Soy más bien bajita, no llegó al metro sesenta, llevo el pelo en una larga melena poco por encima de mi culo. Desde joven disfruto de las miradas y piropos que provocó por la calle.
-¿Queréis algo de beber?- dije abriendo la puerta de la habitación de mi hijo.
-Pues sí la verdad. Llevamos aquí horas- dijo Santi levantándose de la silla donde estaba junto a mi hijo-Hola Ángela ¿Como estás?- añadió acercándose a mí y dándome dos besos.
"Joder que bueno está el cabrón" pensé al ponerme de puntillas para llegar a recibir sus besos.
-Bien ¿Vosotros? ¿Qué tal va la carrera?-
-Bien, pero tú hijo no le deja descansar, menudo empollón- dijo riendo.
-Eh tio- dijo mi hijo riendo desde la silla.
-¿Por qué no os tomáis un descanso y os bebeis una Cocacola?- les dije.
-Prefiero una cerveza- dijo Santi
-Claro, cerveza entonces- dije de camino a la cocina
Cogí dos cervezas y una Cocacola para mi hijo, nunca le había visto beber alcohol y le seguía viendo tan niño que no podía ni imaginarlo. Sin embargo su amigo..." Deja de pensar en él"
-Gracias Ángela- Dijo Santi sentado en el sofá con los pies apoyados en la mesa del salón
Si hubiese sido mi hijo y mi marido quién pusiese los pies en esa mesa tan cara les hubiese dicho algo. Pero, con él, no me salió ni el más mínimo reproche.
-Toma hijo- dije al darle su Coca-Cola.
Me senté junto a Santi, ya que mi hijo había ocupado el sillón individual, y abrí mi cerveza.
-¿Qué tal el trabajo?- me preguntó Santi clavando sus ojos oscuros en los míos.
"Controlate, es un niño. No puedes ponerte así de nerviosa" me dije sorprendida de cómo perdia el control con ese chaval.
-Bien, en la oficina. Un día normal- respondí- ¿Vosotros?-
-Cansado de estudiar- respondió Santi.
Su mano se posó en mi pierna, abrí los ojos como platos durante un segundo ante el contacto de su enorme mano.
Era demasiada confianza por su parte, debería quitarle la mano de ahí. Pero ni una queja salió de mi boca y a mi coño parecía gustarle ya que pálpito llamado mi atención
"No, no puedo hacer eso" Le dije a mi entrepierna mentalmente.
Hablamos. O lo hacían ellos, yo solo podía pensar en la mano de Santi que se movía por mi muslo con impunidad, frente a su amigo, mi hijo.
No recuerdo de qué hablabamos, si respondía algo lo hacía en automático. La mano subía cada vez más atrevida. Mi coño se contraía y mojaba, si pudiese hablar le hubiese suplicado a esa mano que llegase a su objetivo de una vez.
Sin darme cuenta había abierto mis piernas, ofreciendo la cara interna de mi muslo a la mano, que ya era un ser con vida propia para mí.
"Controlate, guarra" me decía "Es amigo de tu hijo"
"Está muy bueno" respondía una voz malvada en mi cabeza "Solo una vez ¿Qué problema hay?"
-Hijo, ahora que me acuerdo. Hay que ir a buscar el coche de tu padre al taller ¿Por qué no vas tú y así prácticas a conducir?-
La voz malvada había ganado. Ahora dependía de Santi, yo me quitaría a mí hijo del medio y que pasase lo que él quisiera
-¿De verdad?- respondió mi hijo entusiasmado de poder coger el coche de mi marido con el carnet recién sacado.
Si mi marido se enteraba que le había dejado conducir el coche se enfadaría más que descubriendo que me había follado a su amigo.
-Sí, pero no le digas a tu padre que te dejó coger su coche ¿Eh?-
-Claro mamá, muchas gracias ¿Vienes Santi?-
"Ahí vamos ¿Qué decides?" Pensé
-No, tío. Tengo que irme ya que tengo entrenamiento- respondió apretando su mano en mi muslo.
-Esta bien. Yo me voy ya- dijo mi hijo ya se camino a la entrada.
Santi se levantó para recoger sus cosas también. Yo me quedé sentada pensando en lo que acababa de hacer, contrariada entre el arrepentimiento y las ganas de ver a ese niñato desnudo sobre mí.
-Te cuidado, hijo-
-Sí mamá. Bueno Santi, yo salgo ya. Nos vemos mañana en clase-
-Claro tío. Yo también me voy ya-
Mi hijo salió y cerró la puerta tras de si. Santi dejó sus cosas en la mesa del salón y me miró con una sonrisa que me dejó helada.
Se acercó a mí lentamente. Puso su dedo bajo mi barbilla y me hizo levantar.
-Tenemos como una hora- dije temblando por los nervios.
-Tendre que conformarme con eso está vez- dijo metiendo justo después su lengua en mi boca.
Sus fuertes brazos me abrazaron y bajaron por mi espalda hasta agarrar mi culo. Ya no había dudas, ni arrepentimiento, solo ganas de saber si esa polla iría acorde con sus enormes manos.
Me soltó el sujetador bajo la camiseta y me sacó la ropa por la cabeza entre besos.
"Serás un niño, pero sabes lo que haces" pensé
Mi mano fue a su entrepierna que ya marcaba un buen bulto en el pantalón. Sí que era grande.
Su mano se puso en mi hombro y me hizo agachar, de nuevo demostrando que sabias como controlar la situación.
Me puse de rodillas, le miré a los ojos con mi mejor cara de zorra y le abrí el pantalón. Agarré su polla sobre el boxer y empecé a sobarla.
-Tenemos prisa. Empieza a chupar- me digo autoritario.
Me mordí el labio cachonda, asentí y baje si boxer. Siempre me han vuelto loca los hombres dominantes.
Sí, desde luego era grande. Más incluso de lo que me esperaba. Gorda y venosa. Una polla perfecta y apetitosa.
Me la metí en la boca sin perder el contacto visual. Quería demostrar mi experiencia, quería volver loca a ese niñato, que supiera con quién estaba jugando.
-¿Solo te entra eso?- Me dijo él muy cabrón
Me la saqué de la boca le sonreí y me metí su polla casi al completo en la garganta. Quería dejar claro que no era una cria de veinte años que no sabía cómo comerse una polla, demostrar que estaba jugando en una liga superior, con una mujer experimentada que sabía lo que se hacía.
-No está mal-
"¿No está mal? No te la han chupado así en la vida, gilipollas" pensé herida en el orgullo. Aunque decepcionada por no poder tragar al completo su polla.
-Deja que te ayude-
Agarró mi nuca y me empujó hacia su polla. Abrí mi boca y relajé mi garganta, lo había hecho mil veces, aunque puede que nunca con una tan grande.
Mi nariz llegó hasta su cuerpo, aguanté la arcada, le miré orgullosa y desafiante.
Me retuvo ahí, seguía mirando directa a sus ojos mientras el aire me abandonaba.
"No voy a rendirme, cabrón" pensé
-Eres buena- admitió soltándome finalmente cuando ya estaba al borde de la asfixia
-Cabrón- le dije escupiendo en el suelo mi saliva y aguantando el ataque de tos.
El se echó a reír y me agarró de nuevo de la cabeza. Abrí mi boca y me preparé para otro asalto. Me la clavó de nuevo hasta el fondo, pero está vez no aguantó ahí. La sacó casi al completo y empujó de nuevo despacio. Fue repitiendo una y otra vez subiendo el ritmo, follando mi boca, mientras yo aguantaba mirando a su cara.
-Te estás portando muy bien, nena- me dijo.
"¿Nena? Te saco veinte años, imbécil" pensé con su polla entrando y saliendo de mi boca.
-Otro día seguiré probando tu boca. Ahora tengo otros agujeros que probar antes de que venga el imbécil de tu hijo-
No dije nada por qué llamase imbécil a mí hijo. Tenía razón, te íbamos poco tiempo y necesitaba sentir su polla en mi coño mucho más que defender el honor de mi hijo.
-Vamos a tu cuarto- dijo agarrándome del pelo y poniéndome de pie.
El muy hijo de puta me estaba volviendo loca. Hacía años que ningún hombre me ponía así de cachonda.
Entramos en mi habitación, me apretó contra la pared, me besó jugando de nuevo con su lengua en la boca. Se quitó la camiseta mostrando un cuerpo musculado, con todos los abdominales marcados y duros.
"Estás buenísimo, joder" dije para mí misma por no darle el gusto de decirlo en alto.
Abrió mi pantalón y lo bajó hasta el suelo. Su mano, por fin, acaricio mi coño sobre mi tanga arrancándome un gemido de placer.
Siguió con los besos y con su mano entre mis piernas, que ya tenía bien abiertas para dejarle hacer a su antojo.
-A la cama, ponte en cuatro- me ordenó
Asentí, como una niña buena y fui directa a la cama. Me puse en cuatro ofreciéndole mi culo y mirando hacia mi mesita donde había una foto de mi esposo y mi hijo. Eso no me producía arrepentimiento alguno, no era el primer hombre que me follaba en esa cama, aunque si el más joven y cabrón.
Se quedó de pie detrás de mí, me bajó el tanga, se escupió en la mano y lo pasó por mi coño, que para nada necesitaba más lubricación.
-¿Lista, nena?- preguntó colocando su polla en la entrada de mi coño.
-Sí. Follame- dije
"Oh dios mío" pensé cuando si enorme polla empezó a ganar centímetros dentro de mi coño. Desde luego hacia mucho que no sentía una así dentro de mí, me llenaba al completo.
-¿Te gusta nena?-
-Sí, joder. Me matas-
-¿Es demasiado para tí?-
"¿Demasiado? Callate imbécil"
-No, joder. Follame, metela hasta el fondo- dije llevada por el orgullo, sabiendo que era mejor adaptarme poco a poco.
-Como quieras, nena- dijo empujando su cadera
"¡Hijo de puta!" Dije para mí mientras me mordía el labio para no darle el gusto de gritar de dolor.
-¿Así?-
-Sí. Así, más duro- pedí, aunque creo que mi voz dejaba claro que no era lo que necesitaba.
Santi, se hecho a reír, consciente de ello y sacó su polla casi al completo para penetrarme lentamente de nuevo.
"Sí, sabe lo que hace. Desde luego"
Empezó un mete y saca lento, placentero. Dejando que mi coño se acostumbrase al animal que tenía entre las piernas.
-Más- pedí. Está vez con sinceridad.
-Asi me gusta, nena. Qué se note las ganas de mi polla que tenias- dijo azotando mi nalga y haciendo caso a mí petición
-Oh sí- gemí
-Lo estabas deseando ¿Verdad? ¿Cuanto tiempo llevas con ganas de que te follase?-
-Sí, lo estaba deseando- dije.
-Mirando como una perra en celo al amigo de tu hijo. Soñando con que te pusiese a cuatro patas y te diese rabo-
-Si, me encanta tu rabo. No aguantaba más si él -
-Y por fin lo tienes, nena. Voy a reventar tú coño de casada insatisfecha-
-Si, por favor. Follame. Follate mi coño casado como mi marido no puede-
-Eso hago, nena. Una pena que tengamos poco tiempo-
-Oh si, joder. Una pena- dije entre gemidos.
-Tendre que volver para darte una follada en condiciones. Usar bien tú boca y probar este otro agujero- dijo pasando su dedo por mi ano.
¿Esa polla en mi culo? No era virgen pero hacía años que nadie me la metía por ahí.
-Claro, tendrás que volver a follarme y darme por el culo- dije fuera de mí.
-Eso es nenita. Tú macho vendrá a romperte el culo-
¿Nenita?¿Mi macho? ¿Cómo podía tratarme así un chaval veinte años más joven? Y sobretodo ¿Cómo podía ponerme tan cachonda que lo hiciese?
-Esta nenita necesita un macho como tú- le dije
-Lo se, perrita. Pero ya estoy aquí para darte el rabo que necesitas-
-Sí, por favor. Quiero tu rabo, lo necesito, me vuelve loca- grite.
Estaba al borde del orgasmo. El cabrón sabía lo que se hacía, controlaba la situación y sabía que hacer y que decir para ponerme a mil.
-¿Vas a ser mi nenita entonces?-
-Sí, lo seré. Soy tu nenita- gemí- Estoy apunto, joder-
-Vamos nenita, correte. Está vez te dejaré porque tenemos poco tiempo. Pero el próximo día no te correrás amhasta que tu hombre te dé permiso-
"¿Permiso? No necesito tu puto permiso" pensé mientras mi coño explota con su polla metida hasta el fondo.
-¡Joder! ¡Soy tu nenita!- grite agarrándome con fuerza al colchón
Se detuvo y me dejó caer a la cama unos segundos.
-Aun tienes trabajo, nena- me dijo meneándose la polla.
Le sonreí con mi cara descompuesta y llena de sudor. Me puse de rodillas en la cama y me metí su polla en la boca de nuevo aguantando su mirada.
-Chupa. Se una nenita buena y sacame la leche-
"No soy ninguna nena. Pero te lo mereces por el pedazo de orgasmo que me acabas de sacar" pensé poniendo cara de niña buena, de nena.
-Ponle ganas, joder. No querras que llegue el payaso de tu hijo y te pille asi-
Contuve el odio que me provocó esa palabras. Después de haberme corrido, me asqueaba que me tratase así. Pero tenía razón, mi hijo estaba apunto de llegar y no podía verme así. Aceleré la mamada, se lo merecía, y agarré sus huevos con mis manos.
-Vamos nenita, esfuérzate. Ya casi lo tienes-
Me tragaba casi toda su polla, me la sacaba de la boca, le masturbaba con las dos manos a la vez. El muy cabrón tenía aguanté.
-Ya sale, nena. Abre la boquita, que viene tú premio-
Con cara de niña buena, abrí la boca y saqué la lengua con mis ojos clavados en los suyos mientras le masturbaba con las dos manos.
-¡Toma zorra!- gritó disparando una cantidad de leche enorme que lleno toda mi cara y mi lengua.
-Gracias- dije tragando lo que había caído en mi boca y llevando más con mis dedos a ella.
-Buena chica- dijo cogiendo su leche de mi cara con un dedo y metiéndola él en mi boca-Ahora déjame la polla limpia-
"Cerdo" pensé mientras me metía su polla en la boca y hacia lo que me pedía.
-¿Te ha gustado, nena?-
-Mucho- dije sincera, pese al odio que tenía por dentro.
-Supongo que no ha estado mal. Pero tienes mucho que aprender, nena-
"¿Aprender yo? Niñato imbécil. Antes de que tú nacieses ya me habían metido pollas en todos mis agujeros"
-Sera mejor que me vaya, ya- dijo cogiendo su ropa
Asentí y cai rendida en mi cama sin fuerzas para discutir con ese mocoso imbécil.
Cuando mi hijo llegó a casa de nuevo yo aun seguía en la cama, sudada y con restos de la c
orrida de su amigo en la cara. Me hice la dormida cuando me habló desde fuera de la puerta y más tarde salí a la ducha sin cruzarme con él.
Fue con el agua caliente cayendo por mi cuerpo, cuando llegó todo el arrepentimiento y la culpa por lo que acababa de hacer.
"Nunca más" me dije.
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