Xtories

Natalia y el viejo vecino negro

La puerta de al lado estaba entreabierta y el sonido húmedo la delató. No debía entrar, pero el miedo y la curiosidad la empujaron hacia la habitación del viejo vecino. Lo que encontró allí encendió en ella un deseo que su matrimonio nunca le había ofrecido.

Claudia200182K vistas9.0· 42 votos

¡Hola, soy Natalia! A mis 24 años, tengo una apariencia que no pasa desapercibida: mi piel blanca hace que mi cabello castaño caiga en ondas sedosas sobre mis hombros, y mis ojos verdes siempre están llenos de pasión. Pero lo que realmente llama la atención es mi figura voluptuosa: tengo un busto grande y redondeado que hace que cualquier prenda que me ponga se vea increíble, una cintura pequeña y un trasero grande y firme que hacen que mi figura sea muy curvilínea.

Don Pancho, mi vecino de toda la vida, es un hombre mayor de unos 60 o 70 años. Es de tez morena, casi negra, y su altura no es muy notable, aunque su delgado cuerpo muestra que ha perdido algo de fuerza en los últimos años. Su rostro está arrugado, pero hay algo en su expresión que me llama la atención. Aunque no es precisamente atractivo, algo en él me inquieta.

Sé que Don Pancho siempre se ha sentido atraído por mí debido a mi belleza, mi figura voluptuosa y mis rasgos delicados. Él sabe que estoy casada con Juan, pero no puedo evitar imaginar que fantasea conmigo día y noche. A pesar de esto, nunca me ha hecho sentir incómoda y siempre se ha comportado como un vecino amable y respetuoso. Sin embargo, a veces lo he sorprendido mirando fijamente mi trasero mientras caminaba y notaba cómo rebotaban mis nalgas con cada paso que daba.

Un día soleado, estaba regando las plantas de mi patio con un short corto y una blusa de tirantes. De repente, noté que alguien me observaba desde la ventana de la casa vecina. Al principio, pensé que era Don Pancho, el vecino amable y respetuoso de al lado. Sin embargo, al mirar con más atención, me di cuenta de que estaba desnudo y se estaba masturbando mientras me miraba. Quedé atónita y sorprendida por lo que estaba viendo.

Me resultaba difícil entender cómo alguien podía tener la osadía de hacer algo así. Mientras seguía observando, vi que se le cayó el cigarro que tenía en la mano, lo que provocó un pequeño incendio en su casa. En ese momento, me di cuenta de que la situación era aún más peligrosa de lo que pensaba y llamé rápidamente a los bomberos para que vinieran a ayudarlo.

Luego de que los bomberos apagaran el incendio en la casa de Don Pancho, mi esposo y yo discutíamos sobre cómo podríamos ayudar a Don Pancho. Él ganaba muy bien en su trabajo, así que no nos costaba nada ofrecerle una habitación en nuestra casa y ayudarlo con los gastos de reparacion. Pero en el fondo, yo no podía dejar de pensar en lo que había visto a través de la ventana de Don Pancho.

Finalmente, mi esposo y yo fuimos a la casa de Don Pancho y le ofrecimos nuestra ayuda. Él parecía sorprendido y emocionado por nuestro gesto, y nos abrazó a los dos con fuerza. Le ayudamos a tomar algunas de sus pertenencias más valiosas y lo llevamos a nuestra casa. Fue una experiencia extraña tener a alguien más viviendo en nuestra casa, pero hicimos todo lo posible para que Don Pancho se sintiera cómodo y seguro.

Al día siguiente, mi esposo llegó a casa con una noticia que me tomó por sorpresa: tenía que salir de viaje de negocios urgente a otro país durante 7 días. Por un lado, estaba emocionado por la oportunidad de seguir ascendiendo en su carrera, pero por otro lado, yo no esperaba estar sola con el vecino. Aunque mi esposo estaba confiado y emocionado por el viaje, yo no podía evitar sentirme un poco incómoda por la situación. Sin embargo, mi esposo no tenía razones para imaginar algo indebido, a menos que yo le contara lo que había visto hacer al vecino y la causa del incendio. Decidí mantener en secreto lo que había visto y simplemente le dije que estaba bien y lo ayudé a empacar para su viaje.

Cuando Don Pancho se enteró de que mi esposo iba a viajar, noté que sus ojos brillaron con cierta emoción. No pude evitar preguntarme qué pensaría en ese momento y qué cosas pasarían por su mente. Sin embargo, sabía que cualquier idea que tuviera era imposible de hacer realidad. Aunque imaginé algunas posibilidades, sabía que nada pasaría entre nosotros durante los siete días que estaríamos solos en casa.

Después de que mi esposo se fue de viaje, me encontré sola en casa con Don Pancho. Lo que quedó del día cruzamos pocas palabras, a cada momento subia a su habitación que estaba al lado de la mía y no le presté mucha importancia. No estaba segura de cómo iba a ser la situación, pero nunca imaginé lo que sucedería esa primera noche. Cuando estuve ya en mi cama, escuché un sonido extraño que venía de la habitación de al lado, como si alguien estuviera sobando algo. Al principio pensé que era mi imaginación, pero el sonido se hizo más fuerte y decidí investigar.

Al levantarme me di cuenta que mi ropero que estaba medio abierto, lo que me llevó a imaginar tontamente por un momento que Don Pancho había entrado a mi habitación y me resistía a creer que hubiera tomado alguna de mis tangas y se estuviera masturbando con ella y que ese era el sonido que escuchaba, pero no podía estar segura. La curiosidad y el miedo me llevaron a ir hacia su habitación de puntillas para ver si estaba bien.

Abrí su puerta con cuidado y lo que vi me dejó paralizada. Don Pancho estaba desnudo, con varias de mis tangas. Dos las tenía en la boca, otra en su mano oliéndola y con tres se estaba masturbando. Pero lo que más me impactó fue el tamaño de su miembro, era enorme, más grueso que mi antebrazo y de un color oscuro con mucho vello. Lo vi subir y bajar su mano rápidamente mientras seguía escuchando el sonido que me había despertado.

Mi corazón latía a mil por hora y sentía un calor saliendo de mi entrepierna y recorriendo todo mi cuerpo varias veces. No podía creer lo que veía, pero no podía apartar mi vista de esa escena. Después de un rato, me alejé de la habitación y regresé a la mía sin hacer ruido, pero solo podía escuchar el sonido de Don Pancho sobándose la verga en mi mente. Sentí una sensación que nunca había experimentado antes, una mezcla de miedo, asco y excitación y una sensación de calor que salía de mi entrepierna y recorría todo mi cuerpo. Nunca había sentido algo así y no sabía qué hacer al respecto.

Aquella noche me costó mucho dormir. Aunque al final conseguí descansar, me desperté muy temprano, justo cuando el sol empezaba a iluminar mi habitación. Pero, aunque era un día normal, seguía impresionada por lo que había sucedido la noche anterior. Pensar en Don Pancho y en mis tangas cubiertas de su semen me resultaba difícil de procesar.

Decidí que necesitaba despejar mi mente, así que me levanté, agarré mis leggings blancos y salí de la habitación. La puerta de Don Pancho estaba aún entreabierta, como la había dejado la noche anterior, y me di cuenta de que seguía dormido. Aproveché la oportunidad y salí a correr para tratar de olvidar lo que había pasado y poder llevar todo bien hasta que mi esposo regresara y Don Pancho se fuera a su casa.

Corrí durante media hora sin parar, pero sin darme cuenta, había estado pensando en todo lo que había visto y vivido la noche anterior. Me resultaba difícil no pensar en el tamaño de su miembro o en cómo había agarrado mis tangas. Pero, cuando me di cuenta de que había corrido casi 40 minutos sin detenerme, me detuve y me di cuenta de que mis leggings estaban empapados de sudor.

Además, por culpa de todo lo que había estado recordando, me había olvidado de ponerme las tangas y mis leggings blancos no ayudaban a disimular nada. Se notaba perfectamente mi entrepierna y mi vagina depilada en forma de corazón, lo cual era bastante vergonzoso. Mis nalgas también estaban completamente mojadas y parecía que no llevaba nada debajo de mis leggings.

Regresé a casa tratando de disimular, aunque no pude evitar sentir las miradas descaradas de los extraños. Finalmente llegué a mi casa y, cuando me di la vuelta para cerrar la puerta, vi a Don Pancho parado ahí, en shorts de dormir y sin camisa. No pude evitar ver el bulto y algo largo que levantaba su short.

Le dije "Buenos días, vecino. ¿Cómo durmió?". Pero Don Pancho no respondió, se quedó mirando fijamente mi entrepierna, con la boca abierta. Había olvidado por un momento cómo se veía mi vagina a través de mis leggings. Traté de disimular y le dije "Vecino, como que se le olvidó la camisa", mientras subía las escaleras rápidamente para ir a la ducha. Escuché que respondió en voz baja, "Y usted, la tanga, vecina".

Llegué a mi habitación y tomé la toalla para dirigirme a la ducha. En el camino, pasé por la habitación de Don Pancho, que había dejado la puerta abierta. La cama estaba desordenada y entre las sábanas vi mis tangas. Me fijé en que Don Pancho no estuviera cerca y entré a la habitación. Tiré la toalla en la cama y agarré mis tangas. Al tomarlas, sentí que estaban completamente húmedas y pegajosas. Las manchas blancas se notaban aún más en las tangas oscuras. A pesar de todo esto, no estaba enfadada. De hecho, me sorprendió que lo que sentía era cierto morbo. Pero eso estaba mal, pensé, ya que el vecino había agarrado mis tangas y las había restregado en toda su enorme verga.

Mientras sostenía todas mis tangas, el vecino entró y me miró con las tangas en mi mano. Don Pancho, en vez de avergonzarse, me dijo: "Vecina, ¿no le dijeron que es de mala educación entrar a la habitación de su invitado sin invitación?" Lo dijo en tono burlón. Iba a reclamarle, pero no me atreví. Muy por el contrario, le pedí disculpas. Pero había entrado a la habitación porque había encontrado mis tangas allí y pensé que quizás las había dejado por error. El vecino me dijo: "Ah, sí, las vi. Iba a llevármelas." Y comenzó a buscar entre las sábanas. Encontró tres más, las agarró y me las dio en la mano. Estaban todas húmedas y pegajosas como las demás.

Sin soltarme la mano, el vecino me dijo: "Ahí tiene, vecina. Sus tangas son muy bonitas, pero ¿por qué no se puso una hoy?" Me sonrojé. Sabía que mi reacción debía ser botarlas inmediatamente, pero no pude. Ahí estaba yo, parada en la habitación con mis leggings blancos mojados que dejaban al descubierto todo, junto a Don Pancho en short con una ya notable erección y sin polo, mientras me daba mi tanga mojada en la mano, embarrada de semen con el que se había masturbado toda la noche. Me preguntó por qué no me había puesto tanga.

No le diría algo así ni a mi esposo, pero ahí estaba el viejo vecino controlando la situación. Respondí: "Es que salí medio dormida y me olvidé de ponerme una, pero al menos no me olvidé de ponerme los leggings". Era increíble, pero sí, mi papel fue completamente sumiso en ese momento.

Gracias por encontrar mis tangas, Don Pancho", le dije al vecino con una sonrisa. Aunque, en realidad, no estaba muy segura de cómo habían llegado a su habitación en primer lugar.

Él respondió con una sonrisa pícara y me dijo: "Aunque, sabes, sin ellas también te ves muy bien. Y ese detalle en forma de corazón, se ve muy bonito". Llevó su dedo hacia esa parte, tocándolo con la punta de su dedo. En ese momento, sentí cómo mi corazón empezaba a acelerarse y mi mente se nublaba. ¿Qué estaba pasando?

Continuó dando círculos con su dedo en mi entrepierna, lo que me hizo bajar la mirada temerosamente para ver si mis sentidos no me engañaban. Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando me di cuenta de que no solo estaba tocando mi zona íntima con su dedo, sino que su miembro por encima de su corto short se veía descomunal y sobresalía la cabeza de su verga negra.

Me sonrojé y traté de liberar mi mano suavemente de la suya, pero él seguía sosteniéndola con firmeza. Mi corazón seguía latiendo fuerte y sentía que mi cuerpo estaba ardiendo. ¿Cómo podía estar pasando esto? No sabía cómo reaccionar ante esa situación.

Finalmente, logré liberar mi mano y le dije con voz temblorosa: "Bueno, vecino, ya debo ir a la ducha. Gracias por encontrar mis tangas". Salí de su habitación lo más rápido que pude, intentando procesar lo que acababa de pasar.

Después de salir de la habitación de Don Pancho, sentí cómo mi cuerpo estaba en llamas. No podía creer lo que había sucedido allí, la sensación de su dedo tocando ese lugar especial en mi cuerpo, y lo que se asomaba por su short, era algo que nunca antes había experimentado. Estaba nerviosa y extremadamente excitada al mismo tiempo.

Mientras caminaba por el pasillo hacia el baño, mi mente estaba en otro lugar, en la imagen de Don Pancho y su enorme miembro. No me di cuenta de que no había puesto el seguro en la puerta del baño. Me quité la ropa lo más rápido que pude, necesitaba escapar de lo que había sucedido, necesitaba darme un respiro.

Al entrar en la ducha, el agua fresca me envolvió y me hizo sentir un poco más tranquila. Pero incluso allí, no podía sacar de mi cabeza la imagen de Don Pancho y lo que había sucedido. Sentía su piel sobre la mía y su respiración agitada en mi oído.

Me avergonzaba estar excitada por algo así, sabía que no era correcto. ¿Cómo podía estar sintiendo esto por alguien que no era mi esposo? Sabía que tenía que dejar de pensar en eso, tenía que centrarme en otra cosa, en cualquier cosa que no fuera Don Pancho y lo que había sucedido. Pero era difícil, era tan intenso y excitante, que me resultaba difícil escapar de él.

Lo que había sucedido en la habitación de Don Pancho todavía estaba dando vueltas en mi cabeza mientras estaba en la ducha, tratando de limpiar mi mente. De repente, escuché un ruido detrás de mí y me di la vuelta para encontrarme con Don Pancho completamente desnudo. No pude evitar la sorpresa y el asombro al ver su enorme miembro, largo, grueso, recto con una ligera inclinación hacia abajo. Era impresionante, y sentí cómo mi cuerpo se estremecía ante la vista. Natalia no sabía qué hacer en ese momento. Estaba complemente desnuda y Don Pancho también, nos estábamos viendo los cuerpos. Me di cuenta de que Don Pancho me comía con la mirada, y no pude disimular. Me comía su enorme verga con la mirada que se me quedo fija. Pero de repente, sentí cómo mi cuerpo reaccionaba por sí solo, sin importar la vergüenza o la moralidad. Me arrodillé ante Don Pancho, y solo lo miré de cerca, abriendo la boca por impulso. No pude resistir la tentación, y comencé a lamer esa enorme polla que se erguía frente a mí.

Era tan grande y dura, y sentía cómo mi lengua exploraba cada rincón de su miembro, cada centímetro de su piel. Podía sentir cómo Don Pancho gemía con cada movimiento, y eso solo me hacía sentir más excitada. No podía creer lo que estaba haciendo, era como si otra persona estuviera en control de mi cuerpo. Pero al mismo tiempo, nunca había sentido algo así antes. Me sentía viva, llena de pasión y deseo, y solo quería seguir adelante. Quería sentir su miembro llenándome, quería sentirme llena por completo.

Finalmente, me detuve y miré a Don Pancho a los ojos, sabiendo que esto era solo el comienzo. No sabía adónde nos llevaría esto, pero sabía que quería seguir adelante. Sentía que algo había cambiado dentro de mí, algo que no podía deshacer. Pero también sabía que no podía dejar de sentir esta pasión, este deseo intenso por Don Pancho. Y eso era todo lo que importaba en ese momento.

Don Pancho me levanto y me llevó a la ducha, comenzó a tocarme suavemente, recorriendo sus curvas con sus manos que se sentían asperas. Empecé a sentir un placer que nunca antes había experimentado. Él se acercó a mi y la abrazó por detrás, acariciando mis pechos con una mano y mi entrepierna con la otra.

El miembro de Don Pancho me rosaba mis piernas, se movia entre mis grandes, suaves y blancas nalgas. De pronto Don Pancho se acerco más a mi, colocando su verga entre sus piernas. Dije por fin, va a suceder, Don Pancho me va a penetrar, mi corazon palpitaba, sentia mi vagina prepararse para recibir la enorme verga de Don Pancho. Sentí como la verga de Don Pancho fue acomodandose entre mis piernas y pude ver como se asomaba del otro lado. Instintivamente al ver semejante miembro, junté mis piernas y las crucé para que el miembro del vecino sintiera presión entre la suavidad de mis piernas y de mi ya mojada vagina que pedía a gritos ser penetrada.

Don Pancho se sentía en la gloria, un viejo senil sintiendo la suavidad de mi entrepierna. Yo seguía entregada a la escena, me estaba dejando llevar, se sentía tan bien su verga gruesa entre mis piernas, estaba en las nubes y sin darme cuenta, Don Pancho se movió un poco hacia abajo haciendo que su miembro ya no se mueva horizontalmente, sino que se dirigiera hacia arriba. Mis flujos de mi vagina habian ayudado con la labor y Don Pancho sintiendo la entreda con el calor que sentia en el glande, empujo de un solo golpe y me terminó penetrado toda su verga. No pude evitar gemir cuando Don Pancho me penetró por completo con su miembro grueso. Sentí un intenso dolor y placer al mismo tiempo, como si mi cuerpo estuviera siendo tomado por completo. Me puse de puntillas y grité sorprendida por la sensación de su enorme miembro.

"Don Panchoooo", grité. Él me sujetó con fuerza y comenzó a moverse, sus embestidas eran cada vez más fuertes y rápidas. Yo me aferré a sus hombros y dejé que mi cuerpo se moviera al ritmo del suyo.

"No te detengas", susurré, "quiero sentirte por completo". Él aumentó la velocidad y la fuerza de sus embestidas, sus manos aferrándose a mi cintura con fuerza.

Yo gemía y gritaba, entregada por completo a la pasión del momento. Podía sentir la humedad en mi entrepierna, producto de mi excitación y los fluidos que Don Pancho hacía salir de mi cuerpo.

Don Pancho seguía moviéndose dentro de Natalia, mientras esta trataba de decirle que no era correcto lo que estaba haciendo. "Don Pancho, por favor, deténgase, esto no es lo que acordamos", dijo Natalia tratando de persuadirlo. Pero Don Pancho parecía ignorar sus palabras y seguía moviéndose cada vez más rápido. "Lo siento, señora Natalia, no puedo evitarlo, es más fuerte que yo", decía Don Pancho mientras sus embestidas se volvían más intensas. Natalia intentó alejarse de él, pero no podía. El miembro de Don Pancho era demasiado grande y estaba completamente dentro de ella. "Por favor, Don Pancho, esto no está bien", insistía Natalia mientras sentía las sensaciones cada vez más intensas. Don Pancho se acercó a su oído y le susurró: "No te preocupes, señora Natalia, solo disfruta del momento. No te arrepentirás, te lo prometo". Natalia sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras las embestidas de Don Pancho se volvían aún más intensas. "¿Cómo pude dejarme llevar por esto?", pensaba Natalia mientras trataba de resistirse a las sensaciones que Don Pancho estaba causando en su cuerpo. "Esto no está bien, no puedo hacer esto". Pero Don Pancho continuaba moviéndose dentro de ella, haciéndola sentir cosas que nunca antes había sentido.

Don Pancho sabía que Natalia estaba disfrutando, y eso lo hacía sentir más seguro y atrevido. Mientras seguía penetrándola con fuerza, le decía: - ¿Te gusta, Natalia? ¿Te gusta lo que te estoy haciendo?

- Ahh sss mmm - gemía ella sin poder evitarlo.

- Claro que te gusta, no lo niegues - decía Don Pancho mientras seguía moviéndose dentro de ella

-. Eres una mujer muy deseada, pero conmigo puedes tener todo lo que quieras. Natalia se sentía confundida, por un lado sabía que lo que estaba pasando no estaba bien, pero por otro lado no podía negar que estaba disfrutando de las sensaciones que le estaba generando el enorme miembro de Don Pancho.

- Don Pancho, por favor, esto no está bien - decía ella tratando de resistirse.

- No te preocupes, Natalia, nadie tiene por qué enterarse - respondía él con una sonrisa pícara en el rostro.

- Pero... ah... ahh... - Natalia intentaba hablar pero era interrumpida por los fuertes embistes de Don Pancho.

- Shhh... solo disfruta, Natalia, solo disfruta - decía Don Pancho mientras seguía penetrándola con fuerza. La mente de Natalia estaba nublada por las sensaciones que le estaba generando el enorme miembro de Don Pancho, estaba perdida en el placer y no podía resistirse.

- Aaaahh... don Pancho... ahh... siii... - gemía ella mientras sentía que llegaba al orgasmo. Don Pancho se movía cada vez más rápido y más fuerte, sabía que ella estaba a punto de llegar al clímax y quería llegar junto con ella.

- ¡Ahhh! - exclamó Natalia mientras sentía que el placer la invadía por completo.

- Ahh, sí, Natalia, dámelo todo - decía Don Pancho mientras sentía que también llegaba al orgasmo soltando una gran cantidad de semen en varios chorros dentro la vagina de su vecina casada. Después de unos minutos, ambos se quedaron respirando pesadamente en la ducha, mientras el agua seguía cayendo sobre sus cuerpos. Natalia se sentía confundida y avergonzada, mientras Don Pancho parecía estar disfrutando cada segundo.

Don Pancho levantó a Natalia en sus brazos y la cargó hasta su cama mientras ella se sentía mareada y confundida por lo que acababa de suceder. Al llegar a la cama, Don Pancho la acostó con delicadeza y le dijo con voz suave: - Descansa un poco, Natalia. Sé que esto ha sido una sorpresa para ti, pero no te preocupes, todo está bien.

Don Pancho aún desnudo y con la verga medio erecta y brillosa por los flujos vaginales de Natalia se echo a su lado y la puso de costado, como si fuese su esposo. Aprovechó cada oportunidad para acariciar y rozar su piel con la de Natalia, mientras ella se dejaba hacer sintiendo una extraña mezcla de excitación y culpa.

La foto de su esposo Juan en la mesa de noche seguía ahí, como si quisiera recordarle lo que estaba haciendo, pero Natalia ya estaba demasiado lejos como para arrepentirse. Don Pancho seguía explorando su cuerpo con sus manos ásperas, mientras ella gemía suavemente y su respiración se aceleraba.

- Don Pancho... esto... esto no está bien - Natalia intentó decir, pero sus palabras fueron ahogadas por un gemido cuando él deslizó una mano entre sus piernas y empezó a acariciar su clítoris con movimientos suaves pero firmes.

- Shhh... no te preocupes, mi niña - dijo Don Pancho con una voz ronca y sensual - Nadie tiene por qué enterarse de esto. Solo somos tú y yo, disfrutando del momento. Natalia no pudo resistirse más y se dejó llevar por el placer que Don Pancho le estaba haciendo sentir. A pesar de lo equivocado que era todo esto, se sentía tan bien que no quería que parara.

La cama matrimonial de Natalia y Juan se convirtió en el escenario de una pasión desenfrenada y prohibida.

- Don Pancho... oh, Dios mío - Natalia jadeó mientras sentía un orgasmo arrasar su cuerpo - Esto no debería estar pasando.

- Pero está pasando, mi niña - respondió Don Pancho con una sonrisa de satisfacción - Y te aseguro que lo disfrutarás cada vez más.

Luego de esto Natalia se quedo profundamente dormida, y Don Pancho aprovecho para meterse bajo las sábanas y quedarse a dormir, abrazado de su nueva mujer, su vecina casada en su cama matrimonial.

Don Pancho y Natalia se quedaron toda la noche en la cama matrimonial... durante la madrugada Don Pancho se despertaba con ganas y hacia lo que queria con Natalia que, entre sueños, accedía todo lo que le hacía Don Pancho.

La madrugada fue intensa, Don Pancho no dejaba de tocar cada rincón del cuerpo de Natalia, quien se entregaba completamente a él. A pesar de saber que esto estaba mal, no podía resistirse a los placeres que el viejo vecino le ofrecía. En medio de los gemidos y los susurros, Don Pancho le decía cosas como "Eres una mujer increíble, Natalia, no puedo creer que haya tenido tanta suerte de tenerte aquí conmigo esta noche", y Natalia, completamente abrumada por el placer que sentía, le respondía con gemidos y palabras ininteligibles. La luna llena entraba por la ventana, iluminando la escena de lujuria y pasión que se desarrollaba en la cama matrimonial. Los cuerpos desnudos de Don Pancho y Natalia se movían con intensidad, buscando alcanzar el clímax una y otra vez. Cada vez que lo hacían, la pasión se intensificaba aún más.

Ya en la mañana Don Pancho seguia dormido, completamente desnudo. Natalia pudo ver si su enorme miembro que le llegaba hasta la mitad de la pierna... "y eso que esta dormida" paso por la mente de Natalia... natalia se vistió y sintio que de entre sus piernas salia gran cantidad de semen.. al verlo se sorprendio pero algo la detuvo de limpiarse, y se coloco la tanga negra y pequeña que le regalo su esposo y asi dejo que la tanga absorva lo que pueda de ese liquido blanco y espeso y lo mantuviera ahi... el viejo vecino seguia dormido y lo dejo descansar. Se puso un vestidito y no se detuvo a colocarse brasier.

Decidió bajar a la cocina a prepararse un café. Mientras esperaba a que el café se hiciera, no podía dejar de pensar en la noche anterior y en lo que había sucedido con el vecino. Se preguntaba si Don Pancho se despertaría y si seguirían teniendo relaciones sexuales. También se preguntaba cómo podría mantener esto en secreto de su esposo Juan, quien volvería en unos días.

Sentía una extraña mezcla de culpa y deseo que la hacía sentir incómoda consigo misma. Pero al mismo tiempo, no podía evitar sentirse atraída por la idea de seguir experimentando con ese hombre mayor que le hacía sentir cosas que nunca antes había sentido. De rato en rato se levantaba el vestido para ver la tanga, lo sentía muy humeda y melosa, una mezcla entre sus propios flujos y las grandes cantidades de semen que ella sentia dentro.

Tomando su café, Natalia pensaba mucho, sabía que tenía que ser discreta y mantener todo esto en secreto. Su esposo nunca podría enterarse de lo que había pasado. Pero también sabía que tendría que enfrentar al viejo Don Pancho nuevamente en su cama esa noche. ¿Cómo podría manejar esa situación? ¿Podría volver a entregarse a él y olvidar su matrimonio?

Natalia se dirigió a la cocina para dejar la taza cuando de repente, Don Pancho la sorprendió, levantándole la falda y colocando su miembro entre sus nalgas. Natalia se sintió nerviosa e incómoda, pero también excitada por la sensación del miembro de Don Pancho rozando su trasero. "Buenos días, vecinita", dijo Don Pancho mientras la agarraba de la cintura.

"Tengo hambre, pero de usted, mamasita".

Natalia intentó apartarse, diciendo: "Pero, Don Pancho, no, esto no puede volver a pasar. Solo debió ser algo de una sola vez".

Don Pancho la miró con una sonrisa malvada y dijo: "¿Una sola vez? Imposible. Ese culo suyo merece una buena verga negra todos los días, mañana, tarde y noche. Vayamos a su cama, que hoy veremos cuánto puede resistir mi embiste contra ese culito suyo, vecinita".

Natalia se resistió al principio, pero al final cedió ante la insistencia de Don Pancho. Se dejó llevar hasta la cama, donde Don Pancho la poseyó una vez más con más furia que la noche anterior. A pesar de sentirse culpable, Natalia no podía negar que se estaba dejando llevar por el placer que le daba el vecino mayor y su gran herramienta negra.

Natalia intentó resistirse a los embistes de Don Pancho, pero su cuerpo comenzó a ceder ante la intensidad del placer que estaba sintiendo. A pesar de sus pensamientos contradictorios, su deseo estaba a flor de piel y se dejó llevar por el momento. "Don Pancho, por favor, no puedo aguantar más, está demasiado grande, lo siento todo adentro aaaayyy", dijo Natalia entre gemidos. Don Pancho respondió con una sonrisa perversa y aumentó el ritmo de sus embestidas, haciendo que Natalia se estremeciera de placer. Cada vez que el miembro de Don Pancho penetraba su cuerpo, Natalia sentía una oleada de éxtasis que la hacía perder la cabeza. Finalmente, Don Pancho alcanzó el clímax, y Natalia sintió su semen caliente inundando su interior. La sensación la hizo gritar de placer, y ella se dejó caer sobre la cama.

Natalia se encontraba agotada después de haber experimentado una noche intensa con Don Pancho, seguida de una sesión de amor en la mañana. No podía creer la cantidad de veces que la había penetrado en menos de 24 horas, parecía tener una insaciable sed de lujuria. En comparación con su esposo, con quien solo hacía el amor una o dos veces por semana y sin nunca haber llegado al orgasmo a menos que se masturbara, con Don Pancho todo era diferente. Cada roce, cada caricia, cada penetración era como un fuego que la consumía, dejándola exhausta y al mismo tiempo deseando más. A pesar de sentir su cuerpo dolorido, no podía evitar anhelar a Don Pancho cada vez más. Los pensamientos prohibidos y lujuriosos se agolpaban en su mente, haciéndola sentir culpable por disfrutar tanto del viejo vecino.