Lucía cornea a su marido en su aniversario
El autobús avanza hacia la frontera y la oscuridad cubre el interior. A su lado, un desconocido no solo le habla, sino que le muestra su deseo más crudo. Mientras su marido ronca a dos filas de distancia, Lucía descubre que el viaje de aniversario será mucho más excitante de lo que planeó.
Mi nombre es Lucía. Llevo casada 10 años con Pedro. Tenemos un nene de 8 y ese verano, con la ayuda de los abuelos, decidimos hacer una escapada solitos para celebrar nuestro décimo aniversario.
Estábamos muy ilusionados con el viaje que habíamos planificado. Íbamos a hacer una ruta en autobús por toda la costa francesa con varias paradas en lugares fantásticos.
El punto de partida era Andorra y un inolvidable viernes partimos hacia allá en nuestro coche. Yo llevaba un vestido hasta las rodillas que terminaba en unos botones tipo camisa. He de decir que para mi edad me conservo más que bien. Sigo teniendo las tetas y el culo en su sitio y mi cara llama la atención, sobre todo por mis labios carnosos que sueño llevar muy pintados.
El viaje en coche hasta Andorra fue de lo más excitante porque una y otra vez hablamos de las veces que íbamos a follar en nuestra escapada y las guarradas que íbamos a hacer. A parte de viajes turísticos por los pueblos, había días de playa y eso nos gustaba mucho a los dos. Quizás pudiéramos echar algún polvo nocturno como los que echabamos de jóvenes. Solo la idea de hacer cosas diferentes me hacía palpitar el coño.
He de confesar que mi carácter es tirando a tímida y recatada. Pero con Pedro me desinhibo completamente y me dejo llevar con facilidad; es lo que tiene la confianza y el matrimonio.
Cuando llegamos a Andorra nos dirigimos a la agencia de viajes y ahí, Jon, un apuesto chico de treinta y poco nos recibió. Había más personas esperando y nosotros éramos los últimos.
Nos explicó que había habido un problema y que iríamos en un bus grande hasta un pueblo y ahí nos esperaría nuestro minibus para hacer la ruta. Tardaríamos unas cuantas horas y, como ya se hacía de noche, nos recomendó descansar. Se haría una parada a mitad de camino por si alguien necesitaba evacuar en una estación de servicio 24h.
Él sería nuestro guía durante toda la excursión. Me parecía muy agradable y no borraba la sonrisa de la cara, me transmitió muy buena impresión y, ahora puedo confesarlo, buena impresión en todos los aspectos.
Cuando llegamos al bus, nos repartió los tickets con el número de asiento. De repente Pedro se dio cuenta de que nos habían tocado asientos diferentes.
-Vamos a decirle a Jon que nos los cambie -dijo rápidamente.
Fuimos a hablar con Jon y nos dijo que era una táctica habitual para que nos fuéramos conociendo con los demás compañeros de viaje.
A mí me pareció buena idea, pero por su cara, deduje que a Pedro no... Era un poco acaparador.
Si previo aviso, un pensamiento extraño cruzó por mi cabeza....¿y si Jon me había puesto con él de compañero...? me resultó excitante la idea de viajar de noche junto a ese apuesto maromo... Pero no; mi gozo en un pozo, al subir al bus descubrí que no era así, Jon se había sentado en un asiento individual y estaba hablando con el conductor y parecían amigos.
Caminamos por el pasillo y Pedro se quedó sentado junto a otro chico. Me dio un beso y yo seguí caminando. Mi asiento estaba al fondo, en la antepenúltima fila. De pronto me percaté de una cabeza con pelo rubio sentado junto a una ventanilla. ¿Sería ese mi compañero?
Efectivamente, mi asiento era el de al lado del chico Rubio. Detrás no había nadie y delante de nosotros solo había dos personas mayores.
Cuando me vio, sonrió y se incorporó. Era muy alto y delgado, tenía el pelo rubio y los ojos azules, llevaba unos vaqueros y una camisa holgada. ¿Llegaría a 20 años? Parecía muy simpático, se levantó y se presentó.
-Hola soy Julen.
-Yo Lucia.
Acto seguido me agarró de los hombros y me plantó dos fuertes besos. Su perfume me encantó y su ímpetu, también.
He de aclarar que antes de Pedro había tenido solo un novio y he de confesar que a veces me hubiera gustado probar más hombres, y esa curiosidad me persiguía siempre. Notar las manos de Julen en mis hombros y su ímpetu me llevaban a pensamientos que siempre me incomodaban... Pero no estaban bajo mi control.
En cuanto me senté me vibro el móvil.
*Dónde estás sentada? Era Pedro. Levanté la mirada y le vi de pie en su asiento buscándome. Moví la mano y me vio, y a Julen también.
Se sentó y me empezó a escribir:
"Voy y le cambio el sitio al niño ese rubito?"
La verdad, y está mal que lo diga, no me apetecía nada. Pero tampoco quería que se enfadara.
"No demos la nota, además, estoy cansada y enseguida se va a hacer de noche y cerraré los ojos"
Me dejó en visto. Empezábamos mal.
-¿Es tu marido? -me preguntó Julen.
-Sí, Pedro. -Respondí- ¿tu pareja donde anda sentada?
-Yo viajo solo, no tengo pareja. He acabado el grado y me he regalado este viaje. Soy informático.
-Interesante -dije poco convincente - yo soy enfermera.
-¡Ah! Qué bien, siempre es bueno tener una enfermera cerca. Si me pasa algo me puedes curar -dijo sonriéndome y dándome una palmada en la pierna.
¡Qué descarado! Pensé en un primer momento. Luego me senti confusa porque me había encantado el comentario de ese niño y la palmada en la pierna. Pensé que era algo habitual entre la gente joven y le resté importancia.
Instintivamente levanté la mirada hacía Pedro como si pudiera leerme la mente. Pero no, vi su cogote y me quedé tranquila. Por fin, el autobús arrancó. Casi era de noche.
Julen sacó su móvil y empezó a escribir. De repente subió el móvil hasta su oreja porque le habían enviado un audio que yo oí perfectamente:
"manda las fotos del otro día tío pesao".
El respondió con otro audio:
Tengo que hacer una selección -grabó entre risas- ahora en el bus me pongo a ello.
-Qué poca paciencia tienen las chicas de hoy en día -dijo mirándome.
Julen se puso los cascos y entró en su galería. Yo podía ver perfectamente todo lo que salía en su móvil. Siendo casi de noche su pantalla lo deslumbraba todo. Saqué un libro y me puse a leer. Constantemente mis ojos se iban a la galería de fotos de mi acompañante. Cómo estaba "leyendo", no necesitaba disimular mucho, solo acordarme de pasar las páginas. Revisó cientos de fotos en los que salía con una chica recurrente y algunos amigos.
Para mí alegría llegaron las fotos de la playa. El chico no estaba nada mal, un poco demasiado delgado para mí gusto, pero con su altura se volvía muy llamativo. Además en más de una foto salía con un bañador azul tipo boxer y me estaba poniendo mala el paquete que marcaba. ¿Sería la perspectiva?
La cosa fue aún mejor cuando pasó a fotos en lo que parecía la habitación de un hotel. Sin ninguna vergüenza paraba en ellas y las ampliaba. ¿Lo haría aposta? Llegado un momento se movió en su asiento quedando posicionado de tal manera que parecía colocado para captar mi atención.
Estaba con la chica esa recurrente y se estaban haciendo las típicas fotos de novios jovencitos haciendo tonterías. Iba pasando las fotos a pantalla completa de tal manera que la siguiente era una incógnita. Me estaba excitando muchísimo. La cosa subía de tono hasta que de golpe apareció en la pantalla una foto de lo que sin duda era la polla más imponente que había visto en mi vida. Fue tal el susto que cerré el libro de golpe. Me pilló totalmente. Empezó a reír, se quitó un casco y mirándome pícaramente me preguntó sin vergüenza ninguna:
-¿Te asustó? No debes asustarte, solo hace cosas buenas.
Me quedé muda. Simplemente resoplé. Pensando que la conversación terminaría ahí.
-¿Te asustó o te gustó? -Volvió a insistir.
-¿De qué hablas? -Respondí pretendiendo hacer cómo si nada.
Julen cogió su móvil, desbloqueó la pantalla y me dijo:
-Hablo de esto.
Me enseñó de nuevo la foto de su polla. En esta ocasión mantuve más la atención y era una cosa realmente llamativa.
-¿Por qué me voy a asustar? -Respondí cruzando los brazos con aire de indiferencia.
-Entonces te gustó! -Dijo- lo sabía.
Cómo una tonta había caído en su trampa, me hizo gracia su ingenio y solté una pequeña carcajada. El autobús estaba en silencio y alguno se volvió. Pedro fue uno de ellos.
Me vibró el móvil:
-Has sido tú la de la carcajada?
-No, no. Uno de delante mío.
-Qué haces?
-Intentar dormir.
-Vale, te dejo hacerlo. Sueña conmigo.
Le mandé un corazón esperando que la magia de la conversación con Julen no se hubiera roto.
-¿Quieres ver más?
De nuevo la sorpresa me pilló a contra pie.
-Más? A qué te dedicas tú con tu novia?
-Es sólo una amiga y le gusta hacer fotos a mi miembro.
-Será una amiga especial, al menos -le respondí.
-Una de tantas -dijo- con tono chulesco.
Me encantó los aires que se daba y cada vez me ponía más. Pero a la vez pensaba que podía sacarle casi 20 años.
Me moría de ganas de ver más pero no podía pedírselo. Me leyó la mente.
Desbloqueó el móvil y con su dedo deslizó la pantalla y me mostró otro par de fotos.
Yo quería mostrar indiferencia, pero era imposible. Entre que me encantaba lo que estaba viendo y la situación en general, no podía disimular muy bien.
-Si, sin duda es un miembro muy grande, pero ya sabes, el tamaño no lo es todo.
Me miró y empezó a reír. Rapidamente pensé en Pedro. Le di un golpe en el brazo:
La gente duerme en el autobús, no rías tan alto.
-te preocupa que nos pille tu marido? No estamos haciendo nada malo. Son solo unas fotos. Pero vale. Paro.
-No he dicho que pares, solo que no seas escandaloso.
-Entonces sigo.
Siguiendo pasando fotos de su miembro, tenía una colección entera. Yo no perdía detalle y para entonces mi coño estaba a mil, aunque tenía sensaciones muy encontradas.
De repente, las foto-pollas terminaron y apareció en un campo de fútbol.
-Se acabó lo bueno dijo.
-Oye, el futbol también me gusta!
Julen guardó el móvil. Quedamos en silencio un momento. Los dos queríamos seguir pero al menos yo, no sabía cómo.
-¿Quieres ver más?
Me moría de ganas.
-Tienes otra galería?
-No, algo mejor. La tengo aquí mismo -me dijo mientras señalaba su paquete.
-¿Me la quieres enseñar en el bus? Te has vuelto loco?
-Tranquila, los asientos de al lado y atrás están vacíos y los abuelos de delante están fritos.
No sabía qué decir, la verdad. Me moría de ganas de ver ese prodigio en vivo. Callé mostrándome vergonzosa.
Julen cogió un chaleco que tenía y se lo puso sobre las piernas. Después se bajó la cremallera muy despacio y movió las manos bajo el chaleco.
-ya está - dijo.
Yo no veía nada.
Entonces, movió ligeramente el chaleco y justo por el vacío de la manga pude apreciar un enorme capullo.
Lo miré rápidamente y apurada aparté la mirada.
Julen rio mientras le mandaba callar.
Se tapó, metió la mano y se recolocó la polla. Volvió a deslizar el chaleco y en esta ocasión a parte del capullo dejo ver un tronco largo y blanquito.
-Pues en vivo no es para tanto -le dije en bajito.
-Es que está dormidita
¿Cómo? ¿Qué eso que había visto no estaba en erección?
Julen miró mi cara.
-¿Quieres que se anime?
-Pues ahora que hemos empezado no me debería quedar así, digo yo -respondí sin pensar.
-¿Y qué propones? -me preguntó
-No sé, es tu miembro, tu sabrás cómo animarlo.
-Sin duda, está en tus manos que se anime.
-¿En mis manos? -pregunté sorprendida.
-Si, literalmente. ¿Te apetece tocarmela?
No podía creer lo que me estaba pidiendo, pero menos me podía creer mis ganas de hacerlo.
Julen se tapó su miembro y cogió mi mano y suavemente la metió debajo del chaleco. Yo hice el resto. Busqué su miembro y lo agarré. Aunque no estaba en erección, era mucho más gruesa que la de Pedro. ¿Cómo sería en su esplendor? Me preguntaba.
No me atrevía a mover la mano a pesar de las ganas que tenía de hacerlo. Nuevamente Julen solucionó mi timidez. Agarró mi mano y empezó a moverla de abajo arriba.
Yo estaba un poco incómoda por la posición, pero sentía un enorme placer al estar masturbando a ese jovencito. Nunca me hubiera imaginado que sería partícipe de una situación así.
Su polla no dejaba de crecer y su grosor me dificultaba agarrarlo. Por un momento pensé en cómo sería sentir eso dentro de la vagina.
Su descomunal tamaño ya era un problema porque aunque estuviera tapado por el chaleco eso parecía una tienda de campaña.
Mi móvil vibró. No quería soltar la polla de Julen así que lo saqué con mi mano izquierda y lo desbloquee como pude.
*Qué haces cariño?
Con dificultad y con una mano pajeando a Julen respondí:
*Dormía hasta que me has despertado.
*Perdona, te dejo dormir. Besitos.
*Bs.
Guardé el móvil sintiéndome la mujer más cerda del mundo. Mi entrepierna estaba empapada y la tienda de campaña que manejaba con mi mano derecha me hacía latir el coño.
Sin esperarlo Julen se giró hacia mí, y sin preguntar, comenzó a tocarme los pechos por encima de mi vestido. Bufff, qué manos. No quería que parara.
Tras comprobar que nadie nos veía, en la oscuridad del bus, usé mi mano izquierda para desabrocharme los botones suficientes para que alcanzará mi carne. No sé cortó. Empezó a manosearme los pechos metiendo los dedos dentro del sujetador. Nuevamente sin pedir permiso se abalanzó sobre mi boca. Esto se estaba yendo de madre, pero, ¿Cómo pararlo? No quería. Sacó su mano de mis tetas y bajó directamente a mis piernas, las separó y llegó hasta mi braga. La apartó y tocó con sus largos dedos mi coño y tras comprobar su humedad, introdujo sus dedos en mi sexo. Me quedé sin aire por un instante. Con gran habilidad frotaba el interior de mi coño y me provocaba un placer inmenso.
Pasó su mano libre por detrás de mi cabeza y tirando de ella hacia abajo llevó mi boca hasta su glande. Le agradecí el gesto metiéndome todo lo que podía ese capullo en mi boca. Era realmente difícil abarcarlo pero cuantos más esfuerzos hacía, más placer recibía de sus dedos.
Nunca pensé en qué probaría una polla diferente de la de Pedro y menos aún una de estas características.
Los dedos de Julen tenían una habilidad especial y me estaba dando un placer enorme aunque no hacía más que pensar cómo se sentiría ese tronco en mi vagina.
-Julen necesito un poco más.
Él sonrió.
-Gírate hacia el pasillo y dame tu trasero.
Me giré sin pensarlo. Julen me tapó con su chaleco, me levantó la falda y apartando mi braga puso su capullo a la entrada de mi coño.
Empezó a presionar pero no había manera, sentada de lado y tener las piernas juntas hacia que fuera imposible ser penetrada. Aunque trataba de separar las piernas, no era posible. Pero yo lo necesitaba y no podía esperar a otro momento.
-Julen, necesito que me penetres.
Entonces, Julen me dijo que pasara rápidamente a los asientos de detrás, que estaban vacío. Pasamos detrás rápidamente y volvió a sentarse en el asiento de la ventana y lo echó hacia atrás ligeramente.
Su barra Iniesta era imponente. Me agarro de la cadera y me empujó hacia su asiento. Estaba de espaldas a él. Juntó sus piernas y me indicó que separara las mías. Quería que me sentará encima. Pero eso sería escandaloso! Parecía que le daba igual. Hasta cierto punto, a mí también.
Empujó lentamente mi cadera hacia abajo. Sentí su polla en la entrada de mi coño, después empecé a dejarme ser penetrada y me senté lentamente sobre aquello. Las paredes de mi coño no daban abasto. Era demasiado grueso. Estuve a punto de levantarme, pero Julen me sujetaba las caderas con fuerza.
-Vete despacito, sube un poco y baja despacio. Estate tranquila que entra.
Obedecí sus indicaciones: subía y bajaba lentamente y efectivamente, cada vez me cabía más dentro y el placer que sentía era una mezcla de gusto y dolor. Yo necesitaba más. Seguí así hasta que me sentí completamente llena. Era una sensación brutal. En ese momento levanté la mirada y, mientras me movía lentamente vi la cabeza de mi marido unos cuantos asientos más adelante. Me sentía tan cerda y desconocida que la excitación era descomunal.
No me podía mover mucho, su barra estaba dentro de mi coño y yo subía y bajaba los pocos cms que podía. El placer era indescriptible.
Tras un par de minutos así, estaba a punto de reventar en un orgasmo tremendo cuando senti que una mano de Julen buscaba mi clítoris. Le ayudé. Su otra mano pasó de mi cadera a mis pechos. Nuevamente, sus dedos en mi clítoris mostraron su habilidad. Mientras me frotaba el clítoris me empujaba para abajo y su polla apretaba contra el fondo de vagina. Jamás había sentido algo parecido.
Su mano en mi pecho buscaba mi pezón y sin piedad me lo pellizcaba rítmicamente.
Mis piernas empezaron a fallar con la llegada de mi orgasmo, lo cual hacía que la barra de Julen presionará más el fondo de mi coño. El orgasmo fue animal. Sentí escalofríos en lugares de mi coño que nunca antes había sentido y algo parecido a electricidad me generaba descargas de placer desde las paredes de mi coño hacia mis piernas. Mi orgasmo no terminaba mientras Julen seguía frotándome el clítoris y yo buscaba ser más perforada aún. El esfuerzo de no gritar hizo que la tensión se acumulará en mi interior y eso me provocaba más espasmos incontrolados.
Tras unos interminables y maravillosos minutos, caí rendida en el asiento de al lado. Julen se sujetaba la polla y se masturbaba. Estaba rendida, pero hice un gran esfuerzo para incorporarme y abalancé mi boca sobre su polla mientras trataba de coordinar el movimiento de su mano con el movimiento de mis labios.
No tardó en acelerar su mano y yo intenté estar a la altura de esa velocidad moviendo más rápido mi cuello. Le oí cómo controlaba sus gemidos y de repente senti un empujón de su mano en mi cabeza lo que hizo que entrara una porción más de su capullo en mi afortunada boca. Al primer chorro, le siguieron tres más. Yo apretaba mis labios para que no se me escapara ni una gota pero fue algo imposible viendo la cantidad de esperma que lanzó. Me encantó su sabor, era muy diferente del de Pedro. De mis comisuras cayeron varios chorros de semen sobre su pubis. Sin remilgos, bajé y rebusqué su semen entre ese bello público tan juvenil.
Tras la corrida Julen se echó atrás y cerró los ojos casi exhausto. Yo volví a su capullo muy concentrada en dejarlo muy limpio antes de guardarlo. Cerré mis ojos para apreciar con más intensidad lo que mi lengua recorría. Quería que esa polla sintiera a través de mi boca lo agradecida que estaba de la experiencia que me había brindado.
De repente, me di cuenta de que alguien estaba acercándose por el pasillo, mi corazón se detuvo del susto y levanté la cabeza. Era Jon. En un segundo lo tuve al lado y miró incrédulo como sujetaba la polla del niño rubio y tenía la boca y los labios llenos de semen.
Simplemente me sonrió, llevó su dedo hacia la nariz y me mandó guardar silencio y agachándose hacia delante me susurró.
-No hables, todos duermen -tras una pausa siguió- ¿tu marido sabe esto? Avergonzada, negué con la cabeza.
Julen había abierto los ojos y nos observaba desconcertado.
Entonces Jon se incorporó y se pegó más a los asientos. Con una mano sujetó el asiento de delante mío y con la otra se bajó la bragueta.
-Qué siga sin saberlo -dijo mirándonos.
Metió la mano en su pantalón y sacó su polla que ya estaba morcillona. Si remilgos me agarró del cabello y tiró de mi cabeza hacia su polla. Sabía que no me negaría.
Me la metí en la boca. ¿Otra polla más? ¿Por qué no? Empecé a jugar con mi lengua alrededor de ella. A Jon parecía encantarle. Julen volvió a llevar su mano a mi entrepierna mojada y comenzó a tocarme el clítoris. Puse mi mano libre en su muslo en signo de agradecimiento sin sacar la polla de Jon de la boca. Dos hombres para mí, y qué hombres...
Jon tiraba cada vez más fuerte de mi pelo hacia su polla y sus huevos que eran enormes me golpeaban la barbilla. Antes una polla inaudita, ahora estos huevos.
Necesitaba lamerlos y empujé mi mano contra su muslo para secarme su polla y poder atender sus huevos. Cuando supo lo que quería me dejó libre. Esos huevos me volvían loca, enormes, muy colgones y me hacían perder la cabeza ¿Cuánta leche guardarían? Me preguntaba. Mientras le masturbaba lamia, besaba y chupaba su escroto una y otra vez. Me sentía poseída y los dedos de Julen me acercaban a otro orgasmo.
Repentinamente, Jon se retiró hacia atrás y como quien coge carrerilla me empotró su polla hasta el final de mi garganta sujetándome nuevamente del pelo. Llevó su mano a libre a mi pecho y mientras lo magreaba, comenzó a follar la boca rítmicamente hasta que de repente senti como si su polla se hinchará y de golpe descargó un chorro enorme de semen, al instante otro, y luego otro más. La cantidad de leche era ingente y empecé a tragarla para que no manchara los asientos o peor aún, mi ropa. Julen aceleró su mano en mi clítoris y en un acto de compañerismo entre machos, empujó mi cabeza para que no sacara de la boca la polla de Jon. Yo acepté gustosa mientras un enorme orgasmo me invadió el clítoris y su intensidad me provocó de nuevo grandes espasmos. La polla se Jon en la boca facilitó que no se me escapara ningún grito. Tras aquel orgasmo casi simultáneo, permanecí con la polla de Jon un par de minutos en la boca mientras lo succionaba muy suavemente. Su semen era muy espeso y me daba la sensación de que con cada succión lograba extraer algo más de ese líquido maravilloso.
Los dos chicos guardaron sus miembros. Julen sacó una botellita de agua y me dio a beber. Después con un gesto con la mano me limpio los labios y me los besó bajo la mirada de Jon que seguía de pie delante de nuestros asientos. Tras besarme, Jon me giró la cabeza tirando de mi mentón y me introdujo su lengua en la boca besándome también de manera apasionada.
Creo que va a ser un viaje muy interesante dijo mientras miraba a Julen quién afirmó con la cabeza... Y tanto que lo iba a ser.
Jon volvió a su asiento. Yo traté de localizar a Pedro en los asientos de delante pero la oscuridad me lo impedía.
Al momento, sentí la cabeza de Julen apoyarse contra mi hombro. Se había dormido. Me encantó la sensación casi maternal. Cerré los ojos y dejé caer mi cabeza sobre la suya. Me encantaba su perfume.
No sé cuánto tiempo pasó pero el frenazo del autobús me despertó. Habíamos llegado a la estación de servicio. Julen se incorporó y me dijo que quería ir al baño. Le dejé pasar.
Entonces me levanté y tras revisarme la ropa me dirigí a donde estaba Pedro. Tenía la cabeza echada hacia atrás y roncaba ligeramente.
Entonces pensé en bajar para asearme un poco mis partes íntimas. Le pregunté al conductor y me dijo que estaríamos parados unos 30 minutos. Jon, que estaba sentado al lado del conductor, me miró y dijo:
-Tiempo más que suficiente, verdad Lucas -dijo mirando al conductor.
-Depende de para qué, pero sí.
Los dos se rieron juntos
¿Estarían hablando de lo que me imaginaba?
Bajé a la cafetería, había varias personas de la excursión entrando y saliendo de los baños. Yo me fui al lavabo y mientras me lavaba la cara vi salir de la puerta de los baños de chicos a Julen, joder qué alto es, pensé.
Al terminar salí y ahí estaban los tres hablando apoyados en la barra. Jon y Lucas estaban tomando café y Julen estaba con ellos. Lucas reía llevándose las manos a la cabeza. ¿De qué estarían hablando? ¿No creo que fuera de mí?
Mi intención era subir al autobús, pero cuando pasé junto a ellos Jon me paró.
-¿Sabes de qué estamos hablando?
Los tres me clavaron la mirada. Yo quería morirme.
-No -respondí asustada.
-Básicamente del orden -respondió Jon
-¿Orden? ¿Qué orden?
-El orden en el que te vamos a follar -dijo Lucas.
Me quedé muda. ¿Qué confianzas eran esas?
-Voy a empezar yo -dijo Jon- vete hacia allí, al fondo del pasillo y entra en el baño de minusválidos. Ahí estaremos más a gusto -me dijo señalando una puerta.
Me quedé paralizada. ¿En serio acababa de decir lo que acababa de oír?
Lo más impresionante es que giré hacia donde señalaba su dedo y me puse a caminar hipnotizada.
Entré al baño y cerré la puerta. En unos segundos Jon abrió la puerta y entró de golpe.
-No tenemos mucho tiempo que somos tres -dijo mientras se sacaba la polla-. Chúpamela y ponmela dura.
Obedecí sin dudar y empecé a mamarle la polla.
-Desabróchate el vestido y sacate las tetas.
Seguí obediente e hice lo que me ordenó.
Empezó a sobarme las tetas compulsivamente. Cuando la tuvo bien dura, me agarró de las axilas y me llevó hasta el lavabo. Me levantó por los aires y me dejó abierta de piernas apoyada en el espejo. Agarró su polla, me la introdujo en el coño y empezó a taladrarme. Me moría de gusto. Me miraba las tetas con tanta lujuria que me volvía loco. Me llevé la mano al clítoris y con un ligero masaje me corrí intensamente a la vez que el se corría dentro de mi... Cuando terminó me beso la boca mordiéndome los labios mientras seguía sobándome la tetas.
-Tienes unas tetas espectaculares -me dijo mientras se retiraba y se colocaba la ropa.
Quédate ahí, no te muevas.
Jon salió de la puerta. ¿De verdad iba a entrar alguien más? Pues sí, oí la puerta y era mi niño.
-¿me bajo? -le pregunté.
-No, quédate ahí.
Sacó su polla y empezó a machacársela mientras acercaba su boca a mis tetas. Las lamia como un poseo mientras yo veía como su aparato crecía.
Cuando la tuvo dura me penetró salvajemente. Tenia dos corridas dentro, la suya y la reciente de Jon. Está vez su polla entró con enorme facilidad. Me penetraba sin piedad contra el espejo y temia que fuera a romperse. Yo me abrazaba fuerte a sus hombros y le lamía mientras sentia las embestidas brutales.
-Me voy a correr -me dijo.
El solo pensar que ese niño me iba a llenar otra vez me hizo correrme con él. Mientras nos corríamos le abracé con fuerza e incluso con cierta ternura. Está vez fui yo quien quería besarle y le aparté con suavidad para tener su boca a mi disposición.
Por mi no hubiera parado de besarle pero se apartó diciéndome que no nos quedaba mucho tiempo.
Salió por la puerta y me quedé en el lavabo. Lucas me querría ahí. La verdad es que no era un chico guapo ni mucho menos. Pero dada la situación y el morbo, me encantaba la idea de que me follara otro tío más casi desconocido.
Lucas entró por la puerta y me miró sobre el lavabo. No tenía tanta confianza con él, así que me mantuve callada. Se acercó y sin mediar palabra empezó a tocarme las tetas. Lo hacía con delicadeza extrema como quien toca algo muy delicado y valioso y su cuidado me volvió loca. Miraba mis tetas y parecía que pretendía recorrerlas enteras con las yemas de sus dedos. Este no tenía prisa, sin él, el bus no se iría.
Cuando lo estimó, sacó su polla que estaba casi empalmada.
-Agárrala! -me dijo con tono imperativo.
La agarré y empecé a mover la mano para masturbarle.
De forma inesperada levantó la mano y la dejó caer dándome un azote en un pezón.
-Te he dicho agarrala. Nada más.
Su severidad me excitó.
Agarré su polla e hice esfuerzos para no mover la mano.
Sin motivo, repitió la operación de azotarme, pero en esta ocasión en el otro pezón y más fuerte. Su delicadeza había terminado.
-He hecho algo mal? -pregunté inocente.
Entonces me metió la mano en el coño y tocando el esperma que estaba dentro sacó los dedos y me lo mostró.
-¿Te parece esto portarse bien para una mujer casada?
Me quedé muda. Entonces acerco los dedos llenos del semen de Jon y Julen a mi boca e hizo que le lamiera los dedos.
Rebuscando, volvió a hacerclo más veces.
Yo notaba cómo su polla se iba poniendo dura.
-Ponte contra la pared y separa las piernas.
Su tono severo me ponía muchísimo.
Me puse como me indicó y sentí su mano presionar en mi nuca contra la pared.
-Separa el culo de la pared y abre la piernas.
Según me tenía agarrada del cuello, me azotó una nalga. Después la otra.
Lo hacía con la fuerza suficiente para que el daño no fuera desagradable. No obstante, tras varios azotes me empezaba a doler. Me sentía muy excitada estando a disposición de ese desconocido que me azotaba a su antojo. Me merecía esos azotes.
-No te apetece follarme el coño? -le pregunté
-¿Ese coño lleno de leche ajena? -me respondió-. No gracias. Yo no entro en agujeros usados.
Según me decía eso llevo sus dedos gordos hasta mi ano. No podía ser. ¿Quería follarme el culo?
Empezó a urgarme en el culo sin ningún pudor. Extendió la mano y cogió un poco de jabón de manos.
-Esto servirá -dijo mientras me enjabonaba el culo.
Entonces colocó su polla y la fue introduciendo. La metía un poco y la sacaba y volvía a repetir la operación. Entendí que a Lucas le gustaban mucho los culos porque su técnica era perfecta. Apenas sentía dolor y solo pensar en tener leche ahí, me relajaba más y más el ano.
Coloqué las piernas más separadas para que me pudiera follar mejor y cuando por fin la logró meter entera me empotró contra la pared empujandome con su cadera. Puso su antebrazo en mi nuca y empezó a follarme el culo como un poseso. Yo cada vez sentía más presión y me costaba respirar me estaba muriendo del morbo de la situación. Entonces noté que con su mano libre buscó mi clítoris y según me endiñaba su polla empezó a masturbarme. A los pocos minutos me informó:
-me viene la leche, te voy a llenar el culo de mi leche ¿Quieres?
-Sí, le respondí.
-Pidemelo! -me ordenó
-¡Lléname en culo de leche!
-Por favor, las cosas se piden por favor.
-¡Lléname en culo de leche! Por favor, te lo suplico.
-Así, así.... Sí.
Lucas empezó a correrse. Bajó sus dos manos a mi cintura y me endiñaba la polla con cada chorro que le salía dentro de mi culo. Yo bajé rápidamente a mi clítoris dándole el relevo en mi perlita.
-Así, zorra, así.
Tuve otro orgasmo brutal que sentí dentro de mi ano y me dejó las piernas temblorosas.
Lucas me giró y mirándome me acarició la mejilla desde la altura de los ojos hasta la comisura de los labios. Entonces, me dio un azote.
-Esto no ha hecho más que empezar...
No supe que decir, solo sentía mi culo latir.
-Limpiate y ponte las bragas. Vamos tarde.
Cuando salimos del baño Jon y Julen estaban en la barra.
-No te lo vas a creer, Lucia -dijo Jon señalando hacia el baño de hombres.
Miré y justo salía Pedro.
Pedro habia estado a pocos metros de mi mientras mientras Lucas, me estaba llenando el culo de su leche. No podía ser cierto...
-Hola cari
ño -dijo acercándose- ¿qué tal llevas el viaje?
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Diario de un cornudo 5
Él no quería perderla, solo quería verla perderse. Con cocaína en la mesa y la puerta abierta, la frontera entre el engaño y la complicidad se…
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Vacaciones en la playa con sorpresa. Parte I
Natalia siempre ha amado ser mirada, pero esta vez la mirada no es de curiosidad, es de hambre.
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Vecina casada tímida, pero puro vicio.
Francisco duerme profundamente, ajeno a lo que ocurre en la habitación contigua. Alicia, la esposa que siempre fue tímida, se inclina sobre la cama y…
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