El Funcionario Parte 2
Escondido en la oscuridad de un armario, el protagonista observa cómo la dignidad de su esposa se desmorona bajo las exigencias de un viejo corrupto. No puede intervenir, no puede huir, solo puede mirar mientras la realidad de su matrimonio se convierte en una pesadilla de voyeurismo y coerción.
EL FUNCIONARIO Parte 2
Me metí en esa pequeña celda que era el armario y no pude evitar sentir una vergüenza infinita, había perdido mi dignidad en un solo segundo, me dije que debía salir de allí, pero ya el funcionario estaba en camino.
_Esto es una locura, ¿de verdad quieres hacerlo?_ le había dicho antes a Jocelyn
_Si no lo hago, me denunciará, no me dejará continuar con los masajes_ me dijo ella, era increíble que se aferrara a esa idea ingenua, casi infantil, ningún otro argumento podía ingresar en su estructura mental. Ella quería seguir trabajando dando masajes y para ello debía hacerle un masaje a este hombre y yo estaría oculto en un armario para evitar males mayores.
Eso era todo.
Y para colmo, me enfermaba como iba vestida, con esos leggins ajustados a su culazo y a sus piernas poderosas y un top deportivo que ceñía sus enormes tetazas y dejaba el vientre liso y ejercitado al desnudo, y los hombros también desnudos, tonificados igual que sus brazos musculados y el largo pelo castaño y ondulado en las puntas, cayendo casi hasta su espalda, hasta la pequeña cintura y los pies desnudos dentro de unas chanclas.
Y en todas esas cosas pensaba, dentro del armario y todo daba vueltas en mi cabeza, sobre todo que no conocía a mi esposa, que Jocelyn era una desconocida y que tenía actitudes tan extrañas como esta, porque al fin y al cabo, era una extraña y venía de una cultura que podía parecer que era la misma cosa a la que yo estaba acostumbrado pero en el fondo no lo era.
En el fondo ella veía de un lugar lejano y exótico y era una criatura exótica que no reaccionaba como yo esperaba realmente.
Y entonces escuché la voz del viejo, cavernosa, grave, arrastrando las palabras con un deje madrileño que también me ponía los nervios de punta.
_Pero que bien montado lo tienes, chica_
_Pasa, es por aquí_ decía ella con voz impersonal.
_Joder, con su camillita, sus aceites, me recuerda a cuando estuve en Tailandia, es la hostia_
_Puedes quitarte tu ropa en el baño, ahí tienes una toalla para cubrirte_ dijo ella
_ ¿Tu maridito sabe de esto? _
_Claro, le he contado, él sabe todo…._ dijo ella, tratando de ser cortante o al menos eso me pareció.
El viejo la estudió, con su bigotón en punta, el fijador para el pelo que endurecía ese bigotón y mantenía sus pelos ralos pegados al cráneo.
_ ¿Para qué quieres el título de médica? Aquí puedes tener muchos clientes para tus masajitos, yo puedo conseguirte muchos_ dijo
_Benito, hay algo que quiero dejar claro ¿okey?-
_Pues claro, niña, lo que tú digas…_ dijo el viejo
_Hago esto por esta vez, como un favor, como un regalo de amistad, ¿okey?_
_Claro, pequeña, en la Polinesia hacéis de estos regalos de amistad, yo lo entiendo muy bien, he estado allí varias veces_
_Quiero…….que pases un momento bonito…._ dijo ella
_Claro que pasaremos un momento bonito, descuida…._ dijo el viejo y salió del cuarto.
_El baño es aquí_ decía ella por el pasillo.
Yo nunca había visto darle un masaje a nadie, ni siquiera sabía que ella sabía hacerlo cuando nos conocimos.
_Tiene manos de ángel, esta Jocelyn_ me había dicho Carmen nuestra vecina.
El viejo regresó del baño, iba con el torso desnudo y llevaba una toalla anudada a la cintura, era obeso, grueso, con tetillas, y el pecho con el pelo raleado y cano, faltaba que llevara fijador también allí.
_Bien, te has puesto las chanclas que te di…_dijo ella
Las piernas también eran gruesas y sebosas y llevaba unas chanclas descartables que no sé de donde había salido.
_Recuéstate boca abajo en la camilla_ dijo ella
_Como tú digas, pequeña….Jocelyn que nombre más bonito tienes…_ dijo él y se recostó boca abajo en la camilla.
Una música oriental, comenzó a sonar, unos címbalos y unos instrumentos de cuerda, muy suave y luego ella miró hacía donde yo estaba y untó sus manos con aceite, sus hermosas y largas manos, con uñas largas y nacaradas y esas manos fueron hasta la espalda sebosa del viejo y los dedos se hundieron allí y presionaron y el viejo ronroneó como un inmenso gato de angora.
_Mmmmm….joder…que manitas tienes…..ya lo sabía yo…._ dijo el viejo
_Es mejor que estés en silencio….._ dijo ella
_ ¿Sí?...... ¿para qué?..._ dijo el viejo
_Para que puedas entrar en contacto profundo con tu propio yo……_ dijo ella
_Me gusta eso del contacto profundo_ dijo él y volvió a suspirar.
Veía el hermoso rostro de Jocelyn, concentrado y con expresión casi doliente, el ceño ligeramente arrugado, los ojos rasgados y de largas pestañas como mariposas.
Las manos presionaban con fuerza sobre las costillas del viejo y luego subieron hasta los hombros y volvieron a bajar y llegaron hasta la baja espalda, hasta el límite que marcaba la toalla.
¿Tendría puestos sus calzoncillos?
_Estoy completamente en pelotas, hija, quiero que sobes todo bien a gusto_ dijo el viejo
_Oh……estate en silencio…_ dijo ella y bajó por sus piernas, la parte posterior de los muslos y las rodillas, amasando la rechoncha piel del funcionario y luego llegó hasta los pies y cogió las plantas de los pies y se había vuelto a untar las manos con aceite, varias veces.
Y veía como sus tetones increíbles suspiraban dentro del ajustado top ¿tenía que estar vestida así?
Y de pronto cerré los ojos.
_Date la vuelta_ dijo ella.
Tenía una erección, la imagen de ella en la barra del hotel con ese hombre desconocido, el sueño de la noche anterior y ahora esto y entreví a través de las maderas de la persiana que oficiaba de puerta del armario, como el viejo giraba sobre sí mismo y noté el bulto que se formaba en la toalla y el viejo se acomodaba ese bulto y la toalla se movía un poco de lado y la ingle sebosa de ese hombre quedó a la vista durante un momento y ella acomodó la toalla.
_Perdona, pequeña, pero hay cosas que la naturaleza, en fin, tú ya sabes….- dijo y se acomodó la polla y Jocelyn giró la cara hacía el armario y pude notar su turbación y cuando ella se giró nuevamente, la toalla ya no estaba.
El viejo estaba completamente desnudo.
Y su polla estaba erecta y descansaba a medias sobre su propio vientre y era una polla enorme, descomunal.
_Pero ¡¡QUÉ HACES!!!…._ dijo ella
_No había forma de poner la toallita esta_ dijo ella
Jocelyn se inclinó, estaba descalza ahora y cogió la toalla del suelo y cubrió la polla de ese hombre como si se tratara de un mantel cubriendo una fruta sobre la mesa.
_No vuelvas a hacerlo….._ dijo ella
_Perdona, cariño…- dijo el viejo con voz meliflua y burlona.
Ella ahora derramó aceite de la botella, directamente sobre el pecho del hombre y luego comenzó a masajear el pecho y los hombros, nerviosamente.
_Mmmmm… tienes unas manos mágicas Jocelyn….de verdad que si…._dijo el viejo
_Cállate…debes hacer silencio….._ dijo ella
Y siguió masajeando hundiendo los largos y fuertes dedos en los pliegues carnosos y sebosos del cuerpo de ese hombre viejo y gastado.
_Te gustan los hombres mayores que tu ¿Verdad?_
_No… ¿de dónde sacas eso?...._ dijo ella y la vi masajear los muslos gruesos como planchas de hierro.
_A las mujeres de la Polinesia le gustan los viejos….lo se….. Un hombre de verdad es lo que necesitas…._
_No necesito nada…tengo de todo lo que una…._comenzó a decir ella.
Pero entonces vi un movimiento, otra vez la toalla, volando, como una paloma blanca, deslizándose al suelo, como un paracaídas, cayendo.
_¡¡¡SHEET…..MALDITO GAGO!! ¿Qué mierda haces?....._
_Me molesta esta cosa, la tela me raspa, sigue el masaje así, no va a hacerte daño_ dijo él
Ella se apartó, era el momento de salir de allí y parar todo esto y echar a este hombre de mi casa, no necesitaba ella seguir dando masajes, no necesitábamos de nada, ya nos arreglaríamos.
_No puedo hacerte masajes, estando desnudo, así_ dijo ella
_Pero, pequeña ¿por qué? es la cosa más natural del mundo_
_No está bien, tienes……… Tu pene está duro…._ dijo ella respirando entrecortadamente
_Joder, chica y con una hembra como tú, para no estarlo…..pero no te preocupes, sigue haciendo masajitos con los ojos cerrados, venga, puedes hacerlo…._dijo él
Ella se apartó y pude ver la polla de ese hombre, era enorme, gorda, venosa, la cabeza a punto de salirse del envoltorio de piel.
Era el momento de salir de allí, pero algo me lo impedía, solo debía empujar la puerta, pero estaba paralizado, sorprendido, irritado pero a la vez…..en un estado de irrealidad……era como la continuación del sueño que había tenido la noche anterior y tuve esa misma sensación de los sueños en que los miembros del cuerpo no te responden, quería empujar esa puerta y salir del armario y no podía hacerlo.
_Venga, hazme masajes en los pies, con los ojos cerrados, no pienses en mi polla, venga….._ dijo el viejo.
Ella giró su carita hacía mí, podía ver las nalgas canosas y compactas dentro de los leggins que se adherían a su cuerpo como una segunda piel.
Por dios no podía estar más buena, pensé en sus pezones oscuros, palpitantes dentro del top.
_Venga, Jocelyn, cierra los ojos, hazme masajitos como tú sabes, quieres ese título de médica ¿verdad?_
Esto era demasiado, era un chantaje, burdo, vil, rastrero.
_Está bien….._ dijo ella y fue hasta los pies del viejo y cerró los ojos y cogió cada pie del viejo con una mano y comenzó a masajearlos.
_Mmmmm….que bueno, pequeña, así….sigue….._ dijo él y se cogió la polla con dos dedos y se la descabezó.
Jocelyn respiró profundo y masajeó los dedos de los pies que eran toscos y gruesos, con sus manos aceitosas, pringadas en esa sustancia y masajeó las plantas de los pies y en tanto el viejo llevaba sus dedos atrás y adelante sobre la rugosa piel de la polla.
_Eso, lo haces muy bien….no necesitas abrir los ojos….tú a lo tuyo…._ dijo el viejo
_Mi marido….no debe saber de esto…._ dijo ella.
Joder, casi golpeo mi cabeza contra la pared del armario, al dar un paso hacia atrás.
¿Qué coño era este jueguecillo? Me quedé de una pieza.
_Tu marido no lo sabrá…..será un secretillo entre nosotros…._dijo el viejo y se cogió la polla con toda la mano.
_ ¿Quieres que siga?_ dijo ella y abrió los ojos y miró hacía el armario y en ese mismo momento el viejo cerró los ojos y se sacudió la polla
_Sigue….sigue joder……sube con esas manitas por mis piernas…._ dijo, su polla se sacudía violentamente por la mano gruesa y grande, con un ruido acuoso y vi las pelotas grandes y colgantes que también se movían.
_ ¿Quieres que siga?......_ dijo ella, otra vez mirándome fijamente a través de la persiana de madera.
Sí, quiero que sigas, pensé, cerrando los ojos.
Entonces Jocelyn puso sus manos en las rodillas del viejo y este abrió los ojos y pude imaginar el primer plano que vieron esos ojos, las tetazas colgantes, el canalito infernal, apretado por el top deportivo, ese hermoso rostro, exótico, perfecto, los ojos rasgados, la mirada sensual, el pelo castaño cayendo.
El viejo levantó el torso y extendió la otra mano hacía ella.
_Ni lo sueñes, acaba así si quieres_ dijo ella imperativa, dominante.
_ ¿Quieres que me corra, así, guarra?_
_Si…córrete…..córrete así…- dijo ella con sus manitas en las rodillas peludas del viejo.
_Quítate el top de mierda ese, enséñame las tetas, zorra_ dijo el viejo
_De eso nada….córrete así o llamo a mi marido…._dijo ella
_Jolines, con el cornudo de tu maridito….eres demasiada mujer para ese idiota….._dijo el viejo
Y las humillantes palabras del viejo fueron como la gota que desbordó el vaso, cogí mi polla y comencé a masturbarme yo también.
Ella se inclinó sobre la camilla, el largo pelo castaño rozó las rodillas del viejo y las manitas delicadas se movieron hacía arriba y sobaron los muslos masculinos, los largos dedos de esa piel canela hundiéndose en la piel grotesca y sebosa de los muslos fornidos de ese viejo, quien se irguió para mirarla cara a cara, una rodilla de ella se subió a la camilla, entre las piernas regordetas de ese animal.
_Que buena estás, hija puta…..que buena estás….._ dijo él y se sacudió la polla con violentos tirones.
_Córrete….ya….maliki gago…….viejo verde…._ dijo ella y en su voz había un tono triunfal, dominante, salvaje, que no le conocía.
Comencé a correrme al borde del llanto y vi como de la polla del viejo salía un enorme chorretón de lefa, despedido hacía el infinito y unos gruñidos animales llenaban la habitación.
Luego vi, como en un sueño, que ella cogía la toalla del suelo y se la alcanzaba.
_Ponte tu ropa y márchate de aquí_ le dijo
_Bien, ha estado muy bien por ser la primera vez…__dijo el viejo y se alejó hacía el baño, que estaba en el pasillo.
Jocelyn vino hasta la puerta del armario y rozó con sus dedos la madera, toqué los suyos con los míos por los resquicios de la persiana, ella sonrió, parecía cansada, pero feliz.
Y luego apareció el viejo completamente vestido y dejó sobre la camilla un rollito de billetes.
_Esto es solo una prueba de amistad…._ dijo él
_No…llévate ese dinero….._dijo ella
_Acéptalo…nuestra amistad, apenas comienza ¿o no?_ dijo él
_Ya veremos eso…_dijo ella enigmáticamente, se puso las chanclas y le acompañó hasta la puerta.
Escuché unos cuchicheos y ella que le decía que no.
Salí del armario, miré la camilla, la toalla sobre la camilla, la toalla con que había limpiado su lefa y también el dinero.
¿Mi mujer era una prostituta? Esa pregunta estalló como una bomba de estruendo en mi cerebro.
Ella regresó, muy seria, una máscara inescrutable.
_ ¿Estás bien?_ dije
Ella me miró, con reproche.
_ ¿No pensabas impedirlo?_
_ Estuve a punto de salir del armario….pero me parecía tan humillante……_ dije
_ ¿No ha sido más humillante quedarte allí?_ dijo ella
_ ¿Por qué me preguntabas eso? ¿Quieres que siga? Era dirigido a mi ¿verdad?_
_Si, era dirigido a ti, me di cuenta que no saldrías de tu escondite…. Ese viejo asqueroso….podría haberme hecho cualquier cosa…..-
_Tú también podrías habérselo impedido…_dije
_Pero tú eres mi hombre_ dijo ella, vi que tiraba la toalla usada por Benito al cesto y cogía otra limpia.
_ ¿Tienes otro masaje?_
_Si, viene una señora, una amiga de Carmen_ dijo ella
_Debemos evitar todo contacto con ese hombre, esto es indignante….nos está chantajeando…..- dije
_David, tú se lo estás permitiendo…._ dijo ella
_ ¿Quieres que lo mate?-
Entonces ella se acercó y me dio un beso en la mejilla, noté su temperatura corporal muy elevada.
_Mi podre David, me gustas mucho como eres…_
_Jocelyn necesito hablar contigo…- dije
_Ahora debo dar un masaje, luego, cuando regreses por la noche…_ dijo ella.
Debía marcharme al hospital y así lo hice.
Lógicamente en cuanto dejaba de ver a alguno de mis pacientes, mi mente volaba a las imágenes de lo que había presenciado durante la tarde.
Las manos hermosas de Jocelyn sobre la piel sebosa de ese hombre, los dedos hundiéndose en la carne, los masajes hechos con mano firme, comprimiendo músculos y tendones, su expresión reconcentrada y luego cuando le había ordenado que se corriera, las manos de ella en los dedos de los pies de ese viejo, mientras este se masturbaba y luego en las rodillas y luego en los muslos, esa actitud salvaje, la rodilla de ella sobre la camilla entre las piernas de ese hombre, los tetones gigantescos desbordando el top.
Y esa enorme polla, sacudida por la mano fornida de ese animal.
Y luego la comunicación verbal que parecía fluir entre ellos, ese tono zumbón en el que parecían entenderse, comprenderse, como si ya existiera un pacto previo entre ellos.
Entonces recibí un mensaje en el móvil. Era del viejo, de Benito, el funcionario del ministerio de sanidad, el hombre que había estado masturbándose mientras mi esposa le masajeaba los muslos.
El hombre que me había llamado cornudo.
Joder, mi mujer había tenido sexo con este hombre, delante de mí vista.
¿Había tenido sexo? No…..no había sucedido tal cosa, ella le estaba haciendo masajes y él……se había masturbado pero ella no había dado su consentimiento ¿o sí?
Ella misma le había pedido que se corriera y luego le había dado una toalla para que se limpiase, como si hubieran estado en un burdel de la Polinesia.
_Hola David, me gustaría hablar contigo, en el mismo bar de la otra vez, hoy a las siete_ eso decía el mensaje.
¿Qué querría decirme? Le respondí que iría esa noche.
El bar tenía ese aspecto de cansado y gastado de todo un largo día de vulgar rutina, cansada y sucia también.
Un lugar hecho del cansancio de muchos seres humanos malgastando su vida en fútiles deseos.
El viejo estaba bebiendo con otro viejo como él, con traje y corbata y peinado antiguo.
Me acerqué, el otro viejo me hizo un gesto a modo de saludo con la cabeza y se marchó.
_ ¿Qué quiere?_ dije
_Hay novedades con lo del título de tu esposa_ dijo
Pensé que iba a decirme que el titulo era falso, que ella no era médica, que la habían descubierto, que la denunciarían y la deportarían.
_ ¿Si? ¿Hay que hacer más regalillos?_ dije
_No….todo marcha bien, hoy he hablado con alguien….si voy a necesitar un poco más de manteca, unos sellados, ya sabes, pero va bien, yo creo que en unas semanas vais a poder festejar con champan_
_Bueno….podría haberlo dicho por mensaje_ dije
_Bueno quería verte, hay otra cosa que debo decirte, hoy he estado en tu casa_ dijo, muy serio, circunspecto, con su bigote en punta, duro, erecto por el fijador.
_ ¿En mi casa?_
_Bueno, quedé con Jocelyn para un masajito, tiene unas manitas maravillosas_ dijo
_No lo sabía_
_Supuse que no lo sabrías_ dijo paladeando su copa, yo había pedido un gin tonic y el camarero lo dejo sobre la barra sin decir palabra.
_ ¿Cómo has sabido que ella daba masajes?_ sentía que me ahogaba y decidí seguir con la mentira
_Carmen me lo ha contado, te digo algo, es muy buena con eso de los masajes_
_Si, supongo que si…_
_ ¿A ti no te ha dado un masajito?_
_No….en realidad ni se lo he pedido….-
_Dime una cosa hijo, ¿Cuánto hace que conoces a esta mujer?-
_Supongo que seis meses…._
_Es decir que no la conoces, que te la has follado allí en Filipinas y te has quedado pillado hasta los cojones y luego te has casado_
_No ha sido así….nos hemos enamorado…._
_Mira, las mujeres de esos lugares son muy especiales, buscan un tío de Europa que las saque de allí, buscan engancharse a un tío que las saque de ese lugar de mierda y están dispuestas a todo para lograrlo…_dijo
_Discúlpame, pero no voy a permitirte que hables así de mi mujer_ dije
_No digo que Jocelyn sea de esas, te estoy dando un panorama general, joder, los dos somos españoles y tú eres más joven que yo, podrías ser mi hijo_
_No soy tu hijo_ dije
_ ¿Y si te dijera que tu mujer se me ha insinuado hoy durante el masaje?_
_Venga ¿Qué estupideces dices? ¿Quieres que te parta la cara?_ dije, era absurdo representar ese papel de marido ofendido cuando había visto lo que había visto.
_No….no lo ha hecho…….pero te digo algo…debes estar más atento…..este tipo de mujeres….no son como las nuestras…..-
_ ¿Qué quieres decir con eso?_
_Que les gusta recibir órdenes, que son muy complacientes…que han nacido para servir al hombre blanco, eso te digo…._ dijo, la panza le abultaba a través de su chaleco sin mangas
_ ¿Pero qué coño es esta monserga racista que me sueltas, tío? te digo una cosa, no quiero seguir tratando contigo_
_Solo quería advertírtelo…..y cuando comienzo una cosa, la acabo…._
__Mantente alejado de mi mujer_ le dije
_No puedo hacer eso, voy a conseguir el título de tu mujer y acabaré el trato…._
_No necesitamos de tu ayuda_ dije
_Cálmate…chico….solo estaba tratando de ayudarte….._dijo
_Solo te digo una cosa, mantente alejado de Jocelyn_ dije
_Vale, pero díselo a ella también…_ dijo riendo.
Me marché de allí y le dejé bebiendo solo, parecía muy satisfecho de sí mismo, vi que ese otro viejo volvía a acercarse a él, como el cuervo que vuelve a seguir comiendo carroña.
Regresé a casa, ella estaba cocinando algo que se llamaba ginataang, un estofado de pescado y vegetales con leche de coco y jengibre, los aromas de la comida impregnaban el piso.
_Hola amor_ dijo ella y nos besamos, me sonrió dulcemente.
Cogí un botellín del frigorífico.
_Has estado bebiendo_ dijo ella
_Solo una copa para aclararme las ideas_ dije, ella llevaba un delantal de cocina y debajo una camiseta con tirantes, sus brazos tonificados quedaban al desnudo, las exuberantes tetazas abultaban el delantal, llevaba sandalias de fino tacón.
_ ¿Estas enfadado por lo de hoy?_ dijo con dulce ingenuidad
_No, no lo estoy, pero no quiero que vuelvas a ver a ese hombre_
_Está bien, pero dime una cosa ¿Puedo preguntarte con sinceridad?_ dijo ella
_ ¿Por qué no has intervenido cuando se desnudó? ¿Te gustaba verme con él?_
Ella parecía muy serena mientras echaba algo al estofado, unos vegetales y luego revolvía con una cuchara de madera, el aroma de las especias se mezclaba con el perfume que emanaba de su cuerpo.
_La sorpresa me paralizo y la vergüenza, nunca había vivido algo así…_dije
_ ¿Y lo otro que te he preguntado?_
_No, no me ha gustado verte con él, si fuera así no te estaría diciendo que no le vuelvas a ver_ dije, pero me estaba mintiendo en parte, me había masturbado casi en simultaneo con ese viejo, aunque había sentido asco y repulsión después.
_ ¿Y ahora quiero preguntarte algo yo?_ dije
_La noche de las preguntas, anda, dímelo_ dijo ella, con una sonrisa, era guapísima, su nariz era pequeña y proporcionada y se le formaban unos hoyuelos deliciosos a los costados de la hermosa y carnosa boca.
_La noche anterior a que nos conociéramos, te vi en el bar del hotel, en Manila y estabas con un hombre, mayor, un hombre occidental_
_ ¿Con un hombre blanco quieres decir?_ dijo ella con cierta ironía.
_Era un hombre occidental, si y mayor que tú, ya te digo_
_Si puede ser, a veces me veía con algún hombre antes de conocerte y conozco ese hotel, donde diste la conferencia_
_ ¿Te veías con muchos hombres en ese hotel, antes de conocerme?_
_Se lo que quieres preguntar, no lo esperaba de ti_ dijo ella y probó el caldo del estofado con la cuchara de madera.
_Prueba…_dijo ella y sopló sobre un trozo de pescado que venía en la cuchara de madera
_Está delicioso, perdona si te he….-
_Nunca he sido una puta, nunca he trabajado como prostituta_ dijo ella
_Lo sé, no he querido insinuar eso, solo que ese hombre, era mayor que tú y siempre he tenido curiosidad por…_
_Y al verme hoy con este viejo te lo ha hecho recordar ¿Verdad amor?_ dijo ella
_Sí, creo que si…._dije
_Hay vino blanco en el frigorífico_ dijo ella
Fui hasta el frigorífico, cogí la botella de vino helado y dos copas, cuando me giré, ella seguía revolviendo el estofado con la cuchara de madera, pero su delantal estaba subido por la parte de atrás y pude ver dos nalgas compactas y redondas y carnosas, desnudas en todo su esplendor.
Serví las copas de vino y me acerque, le di de beber en la boca, ella no decía nada, me situé detrás de ella y baje la cremallera de mi bragueta, flexioné las piernas para que nuestras alturas coincidieran.
_ ¿Te gusta el aperitivo que te he preparado?_ dijo y sacó culo hacía afuera
_Sí, me gusta mucho_
_Puedes usarme como gustes…._ dijo y suspiró cando me hundí en ella.
Esa noche me desperté en la madrugada, la miré dormir, apaciblemente, la respiración era un suave ronroneo, estaba desnuda, sus tetones tomaron la forma de su cuerpo, aplastados por el torso, un gran mechón de pelo castaño y denso le cubría la cara, llevaba solo un tanga diminuto como única prenda.
No habíamos hablado nada, nada estaba claro al fin y al cabo.
La estúpida advertencia del viejo, esa conversación superficial, la aclaración de que nunca había sido prostituta, pero en realidad no se había ofendido ante mi pregunta, apenas una leve decepción “Nunca lo había esperado de ti” había dicho.
No había negado que se veía con hombres, pero joder, era una mujer de más de treinta años, que había perdido su virginidad a los 25 según me había contado
Tenía todo el derecho a verse con otros hombres, con los que quisiera.
La idea de que era una prostituta de alto nivel era una fantasía mía, no tenía ningún asidero real.
_En la polinesia os gusta hacer estos regalos de amistad_ había dicho el viejo a ella.
Amistad ¿A cambio de qué? no, no era prostitución sino un intercambio de regalos, una amistad, como una guirnalda de flores que se pone al cuello de los visitantes.
Filipinas ni siquiera formaba parte de la Polinesia, esa era una idea absurda y fruto de la ignorancia del viejo.
Para nosotros los occidentales todo Oriente era la misma cosa, todo era uniformado por nuestra estúpida y sesgada mirada.
Filipinas era parte del sudeste asiático, lo había leído en google.
¿Qué significaba eso? Nada
En la imaginación del viejo, Jocelyn era una de esas mujeres que hacían masajes y regalos, complacientes, que se entregaban a los deseos de un hombre occidental, un hombre blanco que las poseía.
Puedes usarme como gustes, había dicho ella esta noche ¿te gusta el aperitivo que te preparé? Sus nalgas desnudas, úsame, úsame como gustes, ella misma se cosificaba, ella era el aperitivo, el entrante.
Nalgas desnudas y firmes para ser usadas. ¿Me estaba pidiendo que le diera por el culo? ¿Eso quería?
Me dormí, escuché su móvil vibrar, ya era de mañana y luego escuché la ducha. Extendí la mano y cogí el móvil de mi esposa.
_El jueves quiero uno de tus masajitos especiales ¿a qué hora puedes?_ ponía el viejo
_ A las dos PM_ ponía ella
_ ¿Y tu esposo?_
_Estará en el hospital_ escribía ella
Me estremecí.
Los días previos fueron malos y esa mañana del jueves fue un infierno.
_ ¿Quieres que almorcemos juntos? _ escribí a Jocelyn
_Debo trabajar mi amor, no soy una mantenida_ escribió ella.
Sabía que a ella le gustaba hacer las compras cerca del mediodía y a veces iba al gimnasio a esa hora me arriesgué, fui a la casa, sería la una de la tarde, ella no estaba allí.
Pensé que sería una larga hora metido en ese armario, abrí la puerta, apenas cabía de pie, me oculté detrás de las ropas, por las mirillas de la persiana podía ver todo perfectamente, la camilla, la toallas preparadas, los aceites.
Ella volvió de la calle, llevaba otra vez esos leggins bermudas, hasta la rodilla, ajustando su culo compacto y por arriba una camiseta blanca con tirantez, su piel era tan perfecta, un terciopelo moreno, suavemente bronceado y por dios, llevaba unas sandalias de fino tacón, los deditos de sus pies emergiendo por entre las tiras de cuero, las piernas largas, musculadas, poderosas.
Una femineidad desbordante, exuberante como una jungla inexplorada, tropical y luego el sonido del móvil y ella que hablaba.
_Ya bajo a abrirte, has llegado puntual_ dijo y vi el bamboleo de su redondo culazo que se marchaba.
Pensé en la estupidez que estaba cometiendo.
Mi corazón era un guiñapo turbio y avergonzado. Entonces escuché la voz cavernosa del viejo.
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