El cuidador de los caballos Parte 1
Daniel no solo quería verla deseada; quería verla perder el control. Pero cuando llegaron a la finca, no fue él quien encendió la chispa, sino la mirada salvaje del hombre que cuidaba los caballos. Ahora, el juego ha cambiado de reglas.
EL CUIDADOR DE LOS CABALLOS Parte1
Viendo todo en retrospectiva no sabría decir si al momento de que ocurrió lo que ocurrió, mi matrimonio con Sandra estaba en una crisis grave o no. Nos llevábamos bien, éramos muy compañeros, ni que decir que ella me atraía sexualmente como siempre o más. Pero el sexo se había ido haciendo más y más pobre cada vez. Y a la luz de todo lo que ha pasado creo que simplemente es que yo no lograba excitarla lo suficiente, yo no le ponía, eso es todo.
Esto es fácil de decir y pensar ahora pero en ese momento me empeñaba en idear estrategias para que volviéramos a sentir la misma pasión de hacía diez años, cuando nos casamos, sin conseguirlo, claro.
Ganábamos ambos buena pasta y vivíamos bien, yo era CEO de una empresa multinacional en el área de software y ella profesora universitaria, biología, a Sandra le encantaban los animales, en especial los caballos.
Mi esposa era de esas raras bellezas que parecen ignorar el poder que tienen, era muy tímida y de todo lo que sucedió, sé que soy el completo responsable.
Ella tenía la piel muy clara y el pelo muy negro, oscuro, el vello púbico que por épocas se lo dejaba crecer bastante, contrastaba por su negritud con la palidez de su piel. Los hermosos ojos color azul oscuro y una nariz algo ganchuda que le quedaba muy bien y le daba cierto carácter exótico a su rostro, la hermosa boca, los dientes blanquísimos, la corrección en persona al hablar, la marca de buena educación de una clase media acomodada.
Llevaba ese pelo azabache bastante corto y en general usaba gafas, el ovalo de su cara era perfecto, era muy alta, medía 1,76 y su cuerpo era de escándalo, pero siempre trataba de evitar la ropa demasiado provocativa, las faldas a la altura de la rodilla era lo máximo que se permitía y eso que yo sabía de sus piernas increíbles, de sus muslos carnosos y potentes.
De niña había practicado atletismo, ahora le gustaba mucho el remo, el crosfitt, la escalada tipo indoor, en gimnasios, me daba vértigo ver su cuerpazo potente subiendo por una pared vertical de 13 metros y también le gustaba la equitación, aunque no teníamos un caballo propio.
Yo le había propuesto regalarle uno pero ella siempre se oponía a su manera entre tímida y terca.
Sandra acababa de cumplir 37 años, el tiempo parecía no hacerle mella, su piel era tersa como cuando la conocí, habíamos decidido no tener hijos. Yo en cambio a mis 41 años no los llevaba tan bien, había engordado un poco, mi 1,80 me permitía unos kilos de más sin ser obeso
Ya he dicho que ella tenía un cuerpazo y si bien no usaba pantalones demasiado ajustados, en vaqueros, su culazo y sus piernas se marcaban indisimulables y luego había otro detalle que no podía disimular con nada que se pusiera y eran sus enormes pechos.
Las camisas de seda que llevaba para asistir a la universidad explotaban tratando de contener esas maravillas con las que la naturaleza había sido tan generosa.
La piel muy blanca de esas tetas opulentas con una aureola enorme y rosada y un pezón que era como una delicada fresa sobre esos apetitosos pasteles, eran mi locura, mi perdición.
Los sujetadores también se esforzaban en contener esos enormes pechos, pero el intento por ocultarlos era penoso y causaba el efecto contrario, las miradas de los tíos se iban allí como un imán y mi ego de macho, bastante vapuleado ya, se hinchaba de vanidad de tener a semejante mujer conmigo.
Por momentos la notaba demasiado triste, a veces aburrida, solo parecía animarse con las actividades físicas que hacía y que no compartíamos, claro.
En el sexo hacía años que no me dejaba practicarle sexo oral, y ante mi pedido, simplemente me decía que le ponía incomoda que le hiciera aquello y como ya he dicho, a veces dejaba crecer su vello púbico en demasía, como si le gustara sentirlo así, un poco selvático y exuberante, el bosquecillo como decía un amigo mío.
Ella sí que me practicaba sexo oral pero nunca tragaba mi corrida, luego que yo eyaculara salía de la cama en dirección al baño y sentía el agua correr, podía imaginarla escupiendo mi lefa en el lavabo.
Creo que lo hacía como una manera higiénica de acabar la situación.
Lo hacíamos una vez por semana, los domingos por la tarde, a veces, si pasaba el turno de ese domingo debía esperar al domingo siguiente.
Un sábado por la noche luego de cenar con una pareja amiga pude convencerla de tomar una copa en un pub, ella no llevaba nada especial, un pantalón blanco tal vez bastante más ajustado de lo normal y unas botinas de fino tacón, unas camisa de seda rosa y un jersey, muy normalita, pero su culazo y sus piernas eran infernales y sus pechos enormes llamaban mucho la atención. Nos sentamos en la barra, debí ir al baño y al volver, vi que ella estaba conversando con alguien.
Ella escuchaba a este tío con cara de fastidio, buscándome con la mirada.
Y de pronto fue como un estallido, me gustó verla con ese pesado incomodándola, cercándola.
¿Fue como una pequeña revancha por el poco interés sexual que yo despertaba en ella? No lo sé.
La veía allí soportando los embates de ese ligón ocasional, casi que tuve la absurda esperanza de que ese desconocido pudiera triunfar allí donde yo fracasaba. Que de alguna manera él me redimiera del sexo mediocre y sobre todo de esa actitud indefinible de cierto desprecio de ella hacía mí en la cama.
Entonces le envié un mensaje al móvil.
_Tontea un poco con él_
Ella lo leyó incrédula, mientras ese tío seguía hablándole, un cani de gimnasio de unos cuarenta años.
_El tonto aquí eres tú_ me puso
Pero entonces levantó la vista y finalmente me divisó en un extremo de la barra.
Se volvió al hombre y sus labios carnosos se abrieron al hablar.
El tío pidió una copa para ella, ahora le hablaba muy cerca de su cara, casi podía palpar el deseo de ese hombre por mi mujer, denso, espeso.
Ella no sonreía, se mantenía distante, despreciativa, casi, pero seguía allí sentada en su taburete, el tío de pie a su lado.
_Quítate el jersey_ le escribí. Sabía que no me haría ni puto caso, le escribí por puro impulso, con el corazón en la boca por la excitación.
_Parece que quieres darme la noche, tú no estás bien_ puso
Siguieron conversando, más bien ella escuchando con una mueca de fastidio en su hermoso rostro, el pelo oscuro y muy fino, bastante corto pero con un mechón rebelde que caía sobre su frente.
Vi como él rozó apenas su pequeña cintura con una mano pesada y torpe.
Entonces ella se apartó y me miró y la mirada de desprecio estuvo dirigida a mí.
Y entonces se quitó el jersey, lo hizo en un acto rápido, de alguna manera poniendo distancia con este tío con el movimiento de sus largos brazos, y sus tetones se agitaron levemente debajo de la camisa de seda al acabar de quitárselo.
Y ahora el tío parecía realmente cortado, ella se acomodó el pelo con una mano y bebió y puso un codo sobre la barra y miró fijamente a este tío, siempre seria, sin conceder la más mínima sonrisa.
Y no es que marcara teta, no necesitaba hacerlo, esas maravillas se marcaban solas, presionaban la fina tela, como buscando la libertad, del aire libre y el ejercicio que a Sandra tanto le gustaba.
Él, luego de unos minutos volvió a colocar la mano sobre la pequeña cintura de mi esposa.
La mirada de aquel tío se perdía por momentos en aquel comienzo de su pecho, la suave piel blanca de su cuello y el nacimiento de sus tetas. Entonces cometí un error.
_Despréndete unos botones de la camisa_ le escribí
Ella me buscó con la mirada, era fría y dura, me acojonó un poco la verdad.
Pero desprendió un botón de la camisa y el comienzo incipiente de ese canalito sublime apenas se insinuó, pero noté como el hombre se puso más torpe aún y su mano ya palpó la cintura de Sandra con más confianza y más torpeza y su cara se acercó más al rostro de ella, a su boca de labios carnosos y con un pequeño lunar al costado.
Y entonces ella se apartó bruscamente, se puso en pie, dijo algo al tío sin mirarle siquiera y escapó, pasó por mi lado sin mirarme tampoco, el jersey y el bolso aferrados.
Salí detrás de ella, ella iba caminando hacía el coche sin volverse.
Su culazo se marcaba en el pantalón blanco, las nalgas poderosas y los taconazos de las botinas resonando en la acera
_Sandra ¿estás bien cariño?_ dije, no me respondió.
Subimos al coche. Yo no sabía que decirle, pues la veía cabreada y sofocada, sus tetones volvieron a distraerme, se le marcaban los pezones bajo la camisa de una manera enloquecedora.
_Lo que me gusta de ti es…que puedo confiar…._ dijo por fin
_Claro…._ dije yo
_Que puedo confiar en que no harás gilipolleces_
_ Por supuesto, cariño_
_Déjame terminar, joder…_ dijo de manera dura y usando una expresión poco usual en ella.
_Vale……_ dije cohibido, conduciendo en medio de la noche, hasta nuestro piso.
Veía su perfil apolíneo, turbado por esa nariz ligeramente ganchuda, la forma bien recortada del mentón y los pómulos, el lunar al costado de su boca.
_ Que no harás gilipolleces como la de esta noche…. ¿se puede saber qué coño ha sido eso, Daniel?_ dijo
_Pues…nada…... me puso verte con ese idiota….avanzar…..el deseo con que te miraba_
_Te juro que no me lo creo….hasta esta noche podía decir cualquier cosa de ti…menos que eras un gilipollas_
_Joder Sandra…………¿Cómo que podías decir cualquier cosa de mí?_ dije
Ella no me hizo caso, pareció no escucharme.
_Un gilipollas y un pajillero_ dijo con desprecio, sin mirarme
_ ¿Si? pues bien que te has quitado el jersey y luego has desabrochado un botón de la camisita y bien que marcabas teta, tetaza por decir mejor_ dije
Ella no respondió, miró para abajo, hacía las puntas de las finas botinas marrones
Yo también estaba un poco cabreado y frustrado sexualmente así que seguí hablando.
_Y además que sigues empitonada y te hubiese follado bien ese idiota, te hubiese empotrado como te mereces_ dije ya muy lanzado
_No sigas….._ dijo ella
Nunca antes habíamos discutido así, con ese nivel de agresividad, ya estaba arrepentido de haber provocado todo este mal rollo, enojado con ella y conmigo.
Guardé el coche, subimos a nuestro piso sin decir nada, en silencio.
Fui hasta nuestro cuarto, ella se estaba quitando la camisa de seda, llevaba un sujetador negro de encaje, apenas podía sostener esos pechos colosales, perfectos, redondeados.
_Amor…debemos hablar…_ dije yo
Ella me miró con una mirada que nunca le había visto, sus grandes y hermosos ojos parecían vacíos y brillantes a la vez. Llevó las manos a la espalda y se quitó el sujetador y luego lo arrojó al piso, de una manera guarra, casi barata, soez.
Sus enormes pechos, oscilaron, libres por fin, cayeron un poco y luego repuntaron hacia arriba, la aureola era rosada y parecía ocupar media teta, el pezón estaba en punta y podía adivinarlo duro como un pequeño diamante.
_ ¿Así te hubiese gustado verme con él? Si hubieses escuchado las estupideces que me decía…_ dijo desafiante…pero…..ya no con el fastidio que llevaba en el coche….ahora era otra cosa…algo distinto.
Me acerqué a ella, nuestras bocas chocaron y luego todo explotó.
Fue un polvo salvaje como nunca antes habíamos tenido, recuerdo estar follándola a cuatro patas y aferrarme a su pequeña cintura y hundirme en ella que estaba lubricada como nunca y soltarle un azote en el culo. Sus tetones entrechocándose.
_Así guarra…así zorra…así hubieses follado con ese idiota_
_AHHH!!......SI……..FÓLLAME…..FÓLLAMEEE_
Ese FÓLLAME gritado de esa forma, jamás lo había escuchado antes de su boca. Y entonces comprendí que no me lo estaba diciendo a mí, era dirigido a ese imbécil que había intentado ligársela en el pub.
Estaba eufórico, salido, hacía años que esperaba tenerla así, con su coño húmedo, entregado y dispuesto. El chocar de mi pelvis con sus nalgas blancas y rotundas producía un sonido celestial que me tenía en la gloria y luego cuando estuvo montada sobre mí y pude sobar a gusto esas tetazas opulentas, exageradas y verle ese rostro descompuesto, sudoroso, sin control, corriéndose con mi polla dentro, como loca, guarra, eres una macizorra pensé.
Ya no éramos esa tranquila pareja de profesionales que tenían sexo como un mero trámite doméstico como hacer la colada. Es que no éramos ella y yo realmente, para ella yo era ese ligón que la miraba con deseo torpe y mal contenido, para mí, era mi esposa pero no la de siempre, la buena amiga con la que teníamos ese triste sexo descafeinado, sino mi esposa la tía buena, la zorra oculta detrás de esa profesora de biología correcta y formal que era capaz de follar así con un desconocido.
_Ha sido increíble ¿no crees?_ dije
_Si…….pero no….no sé……no me gusta el método…la forma en que lo hemos provocado_ dijo ella
_Joder cariño, somos adultos hace doce años que estamos juntos, es normal, la gente hace esto todo el tiempo_
_ ¿Si? ¿La gente hace esto todo el tiempo? ¿Los maridos dejan que sus esposas tonteen en la barra con un desconocido, que le metan mano?_
_Sandra, tanto como meter mano no ha llegado, creo yo_
_Porque yo no se lo he permitido ¿pero qué hubieses hecho tú?_
_ ¿Yo? No lo sé…. No hubiese permitido que las cosas pasaran a mayores_
_ ¿Ves lo que te digo, Daniel? Primero dices que no sabes y luego que no se lo hubieses permitido Miedo me da tu actitud…no sé….son juegos peligrosos_
_ ¿Miedo te da mi actitud o la tuya?_
_¿Qué quieres decir?_ dijo ella, su mirada era otra vez como al comienzo de todo, cuando se quitó el sujetador y lo arrojó al suelo, los ojos vacíos y brillantes, como un pozo azul oscuro, sin fondo, la mirada como lejos de todo, acorralada, perseguida.
_Que tu seguiste mis pedidos, te quitaste el jersey y luego desabrochaste un botón de tu camisa y luego hemos follado como hacía diez años…no…hemos follado de una manera…como nunca, vamos_
_Yo no creo que haya sido tan especial, estaba caliente por la situación, eso no te lo niego, no sé…..estoy harta del puto sexo…._
_ ¿Estás harta del sexo conmigo?_
_No….eres mi esposo….te amo….estoy harta del sexo….de todo lo que se dice y se hace alrededor de él, del puto y asqueroso sexo, si al menos tuviéramos la nobleza de los animales al hacerlo_
_Amor, los animales desconocen el erotismo, ellos solo perpetúan la especie, es puro instinto_
_ No es así, está demostrado que sienten placer y ternura también….joder si tuviéramos la mitad de la pureza de ellos……del resto de los seres vivos para hacerlo_
Nunca le había escuchado decir aquello, que me parecía completamente absurdo, sin sentido
Dicho esto último de una manera arrebatada que me dio miedo, casi fanática.
_El erotismo es al sexo como la poesía al lenguaje cotidiano_ dije con la convicción de haber dicho algo muy importante. Ella pareció no escucharme.
_No quiero volver a hacer algo como lo de esta noche, esas historias de mirones, voyeurs y mujeres haciendo de putas para sus maridos no me van_ dijo con el fervor de una religiosa del Medievo.
_Está bien cariño_ dije, porque la amaba y estaba subyugado por su belleza y tal vez las dos cosas sean lo mismo en definitiva.
Las cosas continuaron como venían, planeábamos una escapada para noviembre, ella comentó que le encantaría estar en contacto con la naturaleza, montar a caballo.
La verdad es que yo no podía sacarme de la cabeza lo que había pasado, revivía en mi mente esas escenas una y otra vez, desde el momento en que ese tío la había abordado hasta el momento de como habíamos follado en nuestra cama.
Creo que ni hace falta decir que soñaba con volver a realizar algo parecido a ese juego que habíamos tenido.
Pero sabía que por el lado de Sandra era imposible, no existía la menor posibilidad de sugerírselo.
Fernando era un compañero de trabajo de quien se decía que tenía mucha pasta, no sé por qué había corrido ese rumor pero era así, tal vez porque el tío era una suerte de playboy, tenía un coche demasiado ostentoso y era un ligón. Un tío alto, con cuerpo bien trabajado y el cabello rizado. Un tío muy guapo según las compañeras del curro.
Un buen día en un after office bebimos más de la cuenta y le hablé de mis problemas con Sandra.
Una cosa llevó a la otra y acabé enseñándole varias fotos de mi esposa, incluso algunas del reciente verano, ella en diminuto bikini brasilero, con el tanga clavado en su ojete. Sandra había usado esa prenda a pedido mío y de alguna manera me resarcía de la negativa de jugar a ese juego prohibido.
_Joder macho es que un pibonazo tu esposa, esa carita que se carga y esa delantera, vaya tela_ dijo Fernando.
Luego le conté lo de que estaba planeando una escapada de cinco días a algún lugar donde poder relajarnos y ella pudiera hacer algo de turismo ecuestre. Ya que le gustaban los caballos más que nada.
_Joder, tendría que haber conocido al cabrón de mi padre_ dijo Fernando
_ ¿Si, le gustaban los caballos?_
_Ya te digo, los caballos y las yeguas, gastaba más dinero en esos bichos que en nosotros_
De pronto se me quedó mirando como pensando algo.
_Oye tío, pero por qué no os vais a la finca de mi padre, vamos te invito yo_
_ Pero….tu padre……¿Tiene caballos?_
_ Mi padre ya ha pasado a mejor vida……pero me dejó su finca que por cierto tengo a la venta desde hace dos años_
Lo miré sin comprender nada.
_Está en la Sierra de Gredos ¿conoces el sitio? Muy bonito y tal, yo lo odio, quedan todavía tres caballos de los de mi padre y Antonio que es una especie de burraco del lugar_
_Antonio_ dije yo
_ Un rústico de la sierra, el cuidador de los caballos y de la casa rural_ dijo
_ Bueno…no sé si es lo que estamos buscando_ dije
_Venga, hombre, mañana te envío fotos, allí se te acaban los problemas, la haces cabalgar a ella durante el día y luego la cabalgas tú por las noches_
No me gustó que hablara de ella de ese modo, pensé que a Sandra no le agradaría la idea de la finca, me lamenté de haberme confiado tanto con Fernando a quien apenas conocía en verdad
Pero luego resulta que el sitio era bastante bonito, las fotos que tenía la inmobiliaria para la venta.
Y luego se le comento a mi esposa y ella se entusiasma como una niña.
_Que guay ¿no? No es un hotel de turisteo ¿y te ha dicho que caballos tiene?_
Y luego ya estaba yo intercambiando mensajes con Fernando y todo comenzó a ir bastante deprisa.
_Lo que si te digo es que vas a alucinar con Antonio, es un personaje que vaya tela, no el tonto del pueblo pero casi, yo creo que hace cuarenta años que no ha salido de allí, mi padre le tenía como el hijo bobo, bah no se si no es hermano mío la verdad, eso sí, para cuidar de la finca y los caballos no debe haber mejor_
_ ¿Realmente crees que puede ser tu hermano?_
_Por el parecido físico no será, yo lo verás, igual se parece a mi abuelo que era bastante pardillo_
Fernando me parecía más gilipollas a medida que más lo trataba. Por un lado me arrepentía un poco de haber aceptado el ofrecimiento y por otro la alegría de Sandra me compensaba bastante, incluso antes de partir hubo un domingo en que pareció demostrar un poco de entusiasmo mayor al normal a la hora de la copula semanal. Por supuesto todo acabó con ella escupiendo mi corrida en el lavabo como siempre.
Luego en el viaje en el coche la veía tan guapa, por fin sonriente y entusiasmada, lo guapa que era, la carita resplandeciente, esa nariz tan exótica de tanto carácter, esos ojos grandes de un azul casi negro, la boca carnosa con ese pequeño lunar delicado, los pómulos bien marcados y sensuales, el pelito negro en esa melenita corta que le enmarcaba el rostro y yo creo que llevaba una camiseta con tirantes con un escote más pronunciado. como premiándome de alguna manera, sus increíbles tetones más a la vista que de costumbre como una forma de resarcirme de su frialdad, porque en mi fantasía yo sospechaba que ella era consciente que estaba siendo injusta conmigo, que podríamos ser enteramente felices si solo se mostrara más abierta y relajada con respecto a la sexualidad.
Claro que esa era mi fantasía, no podía saber bien que pensaba en realidad mi esposa.
Y temor sentía que me soltara otra fanaticada sobre la pureza de los animales o algo así.
El paisaje era bastante agreste, con las encinas dominando todo, seguramente no era el sitio que yo hubiese elegido para una escapada pero estaba enamorado como un idiota y quería verla feliz.
La finca era una casa rural de dos pisos que parecía bastante antigua con su frente de piedra y madera, luego otra casa más pequeña, supongo del casero y unas grandes construcciones de ladrillo que supuse eran los establos.
El padre de Fernando había dejado al morir unos doce caballos, algunos muy valiosos, ahora solo quedaban tres, eso explicaba, el coche costoso y otras excentricidades de mi compañero de trabajo.
_ Hola_ dijo Antonio al estrechar la mano de mi esposa. Su mirada no fue a su escote en ningún momento ni su cara cambió de expresión al verla, era como me había adelantado Fernando, un tío bastante particular.
Bajo de estatura, tal vez 1,70, muy grueso y fornido, tendría unos cincuenta años y la expresión adusta permanente, ni una solo vez una sonrisa asomó en su rostro, ni siquiera cuando nos enseñó la casa y ayudó a bajar a la cocina las provisiones que mi esposa y yo traíamos, el pelo entrecano cortado al ras, la camisa basta y un jersey viejo, el cinto de cuero muy gastado sobre el vaquero.
_Me gustaría ver los caballos_ dijo mi esposa
Antonio simplemente hizo un gesto de que le siguiéramos, como de resignación.
Mi esposa miraba los animales con un expresión conmovida al borde del llanto, su figura etérea, sensual y potente al mismo tiempo resaltaba en ese vasto edificio de piedra con haces de paja por doquier, los establos de madera.
Allí estaba ese 1,76 de mujer, imponente en medio de esos establos casi desiertos
Una de sus interminables piernas ligeramente flexionadas, el culazo se le marcaba en pompa en ese ceñido pantalón vaquero.
_Son tan hermosos, es que son tan bellos_ dijo refiriéndose a los caballos, que pifiaban sordamente.
La curva de los tetones de Sandra se marcaba así, vista de perfil, dos inmensos y opulentos globos de carne que parecían sobresalir de su esbelta figura.
La mirada de Antonio, salvaje y ovejuna estaba clavada ahora si con fijeza en mi esposa, quien seguía absorta en los caballos, y esa mirada estaba tan cargada de un deseo animal, deslumbrado y rústico que me estremeció.
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