Xtories

Concupiscencia 4

Ricky creía que solo su esposa lo había traicionado, hasta que descubre que la cuñada también cruzó la línea. Ahora, las dos mujeres le proponen un viaje de castigo donde él será el instrumento de su dolor, pero sin imaginar que el castigo podría convertirse en el placer más prohibido.

ZivPaulo5.9K vistas9.2· 26 votos

La charla no fue agradable, obviamente tras la reunión con nuestros amigos las cosas ya no parecían tan claras como lo había supuesto mi esposa. Primeramente, estaba el hecho de que entre Camila y yo habíamos tenido sexo esa misma noche, lo que respondía con mi certeza de que, si me había acostado con alguien, pero obviamente no con Sofía.

- ¿Y tú no te diste cuenta de que habíamos tenido sexo? – me contuve de gritarle en la cara su error.

- Pues no, yo tenía el pijama puesto y no pude sentir nada raro. – contestó mi esposa con clara contrariedad.

- Con razón que notaba mi polla algo pringosa, supuse que había tenido algo con Sofía… Y tú nos acusaste sin tener certeza de nada.

- Lo siento Ricky, cuando los vi juntos y tú desnudo… pues yo pensé…

- Supongo que tampoco pensabas cuando te acostaste con el idiota aquel.

El rostro de mi esposa estaba pálido, obviamente estaba sintiendo toda la furia que yo tenía en mi corazón. Y realmente eso estaba apenas y comenzando. Mi pulso se incrementó y una cantidad de sangre espesa, brumosa y rabiosa comenzó a subirse gota a gota hasta mi cabeza.

La idiota de mi esposa me había engañado en mis narices con un tipo por una afrenta que yo no había cometido. Pero claro ella ni siquiera lo pensó, todo lo hizo apuradamente, incluso diría que con la intención de buscar un desquite de mi o tal vez de su hermana.

Yo me sentía realmente mal, en ese restaurante donde nos habían dejado nuestros amigos, que sin considerar la afectación que podría tener esta información en nuestro matrimonio, nos habían comentado los pormenores de esa maldita noche. Mi esposa estaba cabizbaja seguramente meditando lo que ahora me querría decir o seguramente alguna otra estupidez que se le ocurra.

- Necesito aire – dije finalmente mientras mi mente se volvía cada vez más nublada. Me levanté y comencé a salir del local.

- Pero Ricky… Lo siento… de veras yo pensé…

- Déjalo así, nos vemos en casa... Necesito pensar.

- No me dejes aquí... Espera...

Me dirigí a la puerta de salida ante las atentas miradas del público que ajeno a todo nuestro drama, pensaba que me habría enojado con aquella bella chica que quedaba sentada sola en la mesa que hasta hace unos minutos había compartido tan amenamente con sus amigos.

Otra maldita huida ante hechos que se empecinaban en aplastarme, al igual que hice esa noche cuando mi esposa me traicionó, caminé sin rumbo meditando cual debería ser mi plan y que expectativas de futuro tengo.

Mientras caminaba, pensaba si realmente podía confiar en una persona que se dejaba llevar de sus pasiones en forma tan impulsiva. Hasta ese día, nunca había podido comprobar que mi esposa hubiera sido una mujer tan voluble cuando o impulsiva, siempre se comportó tan tranquila y coherente con su forma de pensar. Pero desde ese día no la reconocía.

Acaso me la habrían cambiado en algún momento o es que siempre fue así y era yo el que no me daba cuenta de su verdadero rostro. En cualquier caso y tal vez queriendo ser un poco el abogado del diablo, ella no sabía que realmente pasó y se comportó así únicamente por celos y eso si era más comprensible.

¿Qué hubiera hecho yo en ese caso? Si era ella la que amanecía desnuda en la cama junto a otro hombre y con claras muestras de haber follado. Acaso yo la hubiera escuchado sus argumentos y mejor aún comprender que solo fue un error y que no era para tanto. ¿O hubiera buscado venganza y me hubiera acostado con la primera fulana que estuviera dispuesta a ello?

Ya puestos en los zapatos de los otros las cosas no se vuelven tan claras. Ahora que mi esposa se había acostado con otro y quedaba demostrado que yo no lo había hecho, lo único que supongo quedaba era saber cuánto nos iba a afectar esto en nuestro futuro. Yo pese a mi rabia y mi frustración, había logrado tragar la copa amarga de su infidelidad y creo que hasta ya estaba empezando a tratar de olvidar todo, pero ahora esto lo cambiaba sobremanera.

Y Sofía, que hago ahora con mi cuñada, ¿Debo decirle que no se preocupe, que entre nosotros no pasó nada? Y, por consiguiente, hacer que ella se vuelva hecha una fiera con su hermana por haberse tirado a su ex. O, por el contrario, no le decirle nada y fingir como si nos hubiéramos acostado, aunque ninguno lo recordara pero que en el fondo siempre lo estuviéramos pensando.

Por mi bien hubiera sido lo más fácil, decir que me divorcio de Camila y que cada uno, por su lado, pero en verdad que la quiero mucho y hasta hace unos días, no hubiera podido pensar en otra mujer con la que hubiera querido pasar el resto de mi vida. Pero ahora ya vistos sus alcances y la persona que puede ser cuando se lo propone, acaso lo mejor no sería que cada uno vaya por su lado y no volvernos a ver y llorar en silencio la perdida de una mujer que había llegado a amar.

Maldita mi mente que me llevaba a divagar mientras caminaba sin rumbo. Después de más de dos horas, tomé un taxi y me dirigí a casa. Cuando llegué, todo estaba apagado y mi esposa no daba muestras de haber llegado. Me intranquilizaba el hecho de que ella debió haber venido ya hace mucho. Tomé mi teléfono, pero no había mensajes ni llamadas, ahí fue cuando realmente me asusté. ¿Le habría pasado algo?

Con miedo timbré a su número, durante un minuto permaneció sonando, pero nadie me respondió. Allí mis más negros presagios me indicaban que algo malo le podría haber sucedido. Mil imágenes se agolpaban en mi mente, escenas llenas de drama y dolor, pero que seguramente nada tenían que ver con la realidad, seguro estaba bien en alguna parte. De pronto vino una imagen a mi mente, Sofía.

- ¿Está contigo? - pregunté a mi cuñada, tras un breve saludo.

- Si... llegó hace una hora... - su voz era muy fría e inexpresiva, seguramente estaba aguantando el enojo con su propia hermana.

- ¿Te lo dijo?

- Claro pendejo.

- Oye... yo no te... - cortó la llamada sin ni siquiera dejarme decir más.

Al menos estaba confirmado que Camila se encontraba con su hermana y aunque ella estaba en realidad enojada, seguramente no pasará nada grave entre ellas. Al menos eso pensé. De mi parte debía tomar una decisión referente al futuro que esperaba tener con mi esposa y cuál sería el mejor camino para mí.

Continué con mis cavilaciones durante el resto de la noche y madrugada, ya la fuerza del tiempo y el cansancio tras esa larga caminata me hizo alcanzar un sueño ligero y lleno de sueños extraños. La mañana siguiente me alcanzó aún lleno de dudas, pero había llegado a una decisión crucial en mi vida. Tenía que pedirle el divorcio a Camila.

Y no por la infidelidad que había tenido, ni siquiera por no haber tenido al menos una duda sobre mi comportamiento, la principal motivación por la que no podía seguir con ella era la diferencia tan abismal entre la mujer que me había enamorado desde hace tiempo y aquella chica que, sin meditar apenas, había decidido vengarse de mi por una afrenta que ni siquiera existió en realidad.

Como podría seguir con ella si en verdad no la conocía, acaso no era en realidad aquella mujer la verdadera Camila y era quien me llevaría por un camino de desdicha y desilusión. Nadie más que yo sabía lo prudente y juiciosa que era antes de esa noche y por alguna razón extraña esa mujer ya no era de quien me enamoré.

Era irónico pensar que en los últimos tiempos mis decisiones más importantes esos últimos días se realizaban estando solo en medio de calles vacías y con miles de ideas en mi cabeza. Suponía que mi esposa se había quedado a dormir con su hermana, algo que no me hubiera causado mayor angustia, pero que ahora me generaba algo de inquietud.

Me imaginaba que nuevamente se encontraban con Milton a proseguir lo que había iniciado en nuestra casa semanas antes, pero claro era muy poco probable, en primera por todo lo que esa acción había generado y la otra porque Sofía no creía se prestara para aquellos lances de alcahueta, o ¿Quién sabe?

Al final me dispuse a hacer mi maleta, es una de las tareas tan extrañas que nos toca cuando las circunstancias se vuelven insostenibles. No tenía rabia ni deseos de quemar todo, era algo extraño, pero me sentía completamente agotado y pesimista sobre el futuro que me deparaba aquella decisión. Pensaría llamar a algún abogado para que me asesore, pero será el lunes, hoy por hoy, lo único que quería era dejar aquella casa.

Cuando terminé de guardar ciertas cosas indispensables, sonó la puerta de la casa, seguramente era la persona que me había llevado a tener que decidir acabar con todo. Pero solo atine en la mitad, era claramente Camila, pero venía acompañada de su hermana. Las vi entrar, obviamente la cara de mi esposa al verme bajar con una maleta en la mano fue de total terror.

- ¿Te vas? – preguntó mi esposa en un hilo de voz.

- ¿Cómo que te vas? – afirmó Sofía

- Estoy muy cansado… no quiero hoy…

- Nada de eso… - dijo mi esposa abriendo sus brazos en cruz y haciendo alusión a que no iba a permitirme salir.

- Espera un momento Ricky, por favor… Para nosotras tampoco ha sido tan fácil venir juntas. – finalizó Sofía, mientras tomaba mi maleta de mi mano.

Me quería ir de aquel lugar, la encerrona que tenía frente a mí, no me hacía más que afianzar la certeza de que nuevos sufrimientos me aguardaban, seguro que entre las dos habrán diseñado alguna forma de hacerme caer en sus redes. Ahora ya no sabía a qué atenerme de todo lo que me decían y no es que tuviera certeza de alguna mentira, pero si de una capacidad de envolverme en sus juegos.

Sofía tomó la palabra y me indicó que su hermana le había comentado todo lo sucedido aquella noche y que seguramente ella en ciertos aspectos tal vez recordaba. Habían hablado todo lo que en su momento Silvia y Marcos nos comentaron, pero con ciertos matices que no estaba en la memoria de ninguno de los tres.

- Yo amo a mi hermana Ricky, - dijo Sofía mirando a una Camila que estaba como un cordero herido frente a las evidencias. – A pesar de todo lo malo y lo bueno, yo no puedo dejar de ayudar a mi hermana.

- Yo igual pensaba que amaba a tu hermana… Pero creo que esto no va más… No reconozco a la mujer que está sentada aquí.

- Pero soy yo… soy tu esposa… y yo también te amo Ricky… No puedes dudar eso.

- ¿Cómo no dudar? Acaso no te follaste a otro en frente a tu hermana y en mis narices solo por una venganza estúpida y sin sentido… ¿Acaso esa es la mujer que yo amo?

- Si soy yo… - dijo apenada y avergonzada – Pero no pude hacer nada frente a esto… Me sentí atrapada y asfixiada… No he podido pensar bien tras esa noche, mis sentimientos me han desbordado y he actuado terriblemente mal… lo sé…

- Claro que has hecho mal… pero yo no puedo seguir así Cami, yo también estoy desbordado y ya no sé quién eres… Yo no puedo seguir en alguien que no confía en mí, que ni siquiera me da el beneficio de la duda ante un problema y que a la primera busque una venganza tan grande e hiriente en contra de quienes dice amar.

- Ricky... Te juro que te amo, pero esto me ha sobrepasado... No quiero perderte.

- No vengas con eso ahora… Es mejor que me vaya…

Las cosas estaban caldeadas, hasta que fue Sofi quien tomó las riendas y nos tranquilizó tanto a mi como a Camila. Yo seguía en mis quince que me quería divorciar de mi esposa. Mi cuñada intercedió por su hermana, pese a que ella también era una de las afectada por sus decisiones. Yo entendía a Sofía, ya que a pesar de sus diferencias ella siempre estaría apoyando a su hermana, pero esto me parecía ya demasiado.

Ya las conversaciones existenciales con aquellas dos me estaban ya cansando. En esas semanas había visto todo tipo de razones para poder entender las estupideces que mi esposa hacía en nuestra relación. Y obviamente hoy no era la excepción, Sofía y Camila me estaban convenciendo de que no me fuera y que las cosas no eran para tanto, que apenas y había sido un polvo y que no debía resentirme demasiado.

Camila incluso ofreció un pase libre para que me pudiera acostar con cualquier chica que considerara lo suficientemente atractiva para mí y que ella no se inmutaría en saberlo. Sofía en cambio intentó salvaguardar a su hermana argumentándome su relación competitiva y los diferentes altercados que habían tenido juntas durante su vida.

- Ya Ricky, ya... - dijo mi cuñada algo alterada – mi hermana la cagó... Ambos sabemos que ha sido así, pero no empeores las cosas.

- ¿Y yo con eso me tengo que conformar? - dije igualmente ya molesto – Imaginen que hubiera sido yo el que se hubiera acostado con otra para vengarse de ti. Acaso tú me defenderías, supongo que no...

- Tal vez no, pero al menos trataría de entenderte y darte una oportunidad de rectificar...

- Ok lo concedo, pero ¿Y cómo arreglamos esto? ¿Ves alguna forma de arreglarlo?

Al final de todo, ninguno supo como arreglar las cosas, pero me convencieron de esperar unos días, por lo que decidí quedarme y no iniciar ningún tema relacionado con el divorcio por el momento. Ellas de su parte se quedarían juntas en la casa de Sofía, por lo que fue mi esposa quien se llevó una pequeña maleta con cosas personales. Este precario acuerdo era hasta que podamos tranquilizarnos más y encontrar una forma de volver a estar juntos o terminar de la mejor manera. Un punto fundamental es que tras una semana de reflexión nos volveríamos a ver aquí mismo, ya con una propuesta de solución.

Los días siguientes fueron de un silencio casi absoluto entre mi esposa y yo, apenas unos mensajes de buenos días en la mañana o en la noche y nada más. Creo que era lo mejor hasta centrarnos, en mi trabajo apenas y me podía concentrar bien, ya que pensaba en todo lo que estaba en juego y las múltiples opciones que se me presentaban tanto si me divorciaba de Camila como si no.

Reconsideré el tema de acostarme con alguna chica para nivelar las cosas y que podamos ya empezar de nuevo, pero me pareció muy bajo de mi parte. Era solo buscar herir a Camila y no equilibraba nada. Otra opción era la de olvidar todo y empezar nuevamente, pero se me hacía un nudo en la garganta cada vez que lo pensaba.

Suponía que Camila estaba en la misma situación, ya que las pocas veces que charlamos por teléfono, se notaba muy angustiada y con intenciones de aceptar cualquier cosa con tal de seguir juntos. Pero no hablamos sino de banalidades. Pero todo cambió cuando recibí una llamada de Sofía que me pedía nos reuniéramos los tres nuevamente el jueves, dos días antes de lo previsto.

Al llegar el día, intentaba mantener mi mente tranquila, pensando que una solución podía ser viable; más no sabía cómo hacerlo. Las esperaba con una botella de vino abierta y tres copas listas. Me sentía como un bicho raro al que venían a ver, no sabía la propuesta que tenían en mente, pero viendo lo sucedido, me asustaba cada vez más.

Cuando entraron pude ver que mi esposa llevaba un vestido de su hermana, que le quedaba muy bien entallado y mostraba todos sus atributos. La muy desgraciada se veía fantástica. Pero su hermana no se quedaba atrás, había seleccionado un traje algo más formal, pero igual de sensual que el de mi esposa. No pude evitar quedarme atónito con las dos, cosa que traté de despejarme para evitar que me engatusen.

El vino pronto estuvo en nuestras copas y labios, no había motivos para brindar, pero si era necesario para asentar los nervios, al menos los míos. Pronto nos vimos inmersos en la temática más extraña y suigéneris que hubiera podido imaginar. Sofía vino con una propuesta de lo más descabellada y que a lo mejor acabaría por separarnos definitivamente, pero con toda la impresión de que había descubierto la piedra filosofal.

-... ¿es en serio lo que me dicen? - pregunté entre asustado y ansioso. - ¿Con eso lo resolveremos?

- ¿Por qué no? ¿Acaso piensas que un poco de terapia de grupo pueda ser mejor? - dijo mi cuñada mientras me pasaba las opciones de reserva de un hotel en la playa.

- Yo también sé que suena extraño mi amor, - apoyó mi esposa - creo que es una forma de igualarnos en parte... pero sin llegar a mayores.

- Ambas me van a matar... ¿Lo saben no?

Mi cuñada había consultado con una amiga suya sobre el caso y le había aconsejado que lo mejor que podíamos hacer crear un castigo para mi esposa de forma que tanto yo como Sofía nos sintiéramos satisfechos con el mismo, pero que mi esposa no llegue a sentirlo como algo insalvable y que la hiera de forma profunda.

La pena era sencilla en concepto, íbamos a pasar el fin de semana en la playa los tres juntos, pero con la condición de que durante el día castigaríamos a Camila, Sofía y yo nos haríamos pasar como pareja para todos los del hotel y mi esposa sería la hermana de mi supuesta esposa, quien nos acompañaría durante ese fin de semana. Las condiciones eran que solo sería frente a la gente, besos, abrazos y arrumacos estaban permitidos, pero en la noche las dos dormirían en la habitación matrimonial y yo me iría a la individual. O sea, nada de sexo entre mi cuñada y yo.

Que ganábamos con esto, pues se suponía que mi esposa se diera cuenta de lo que se siente cuando te engañan, pero sin que sea una infidelidad con todas las de la ley. En cambio, a mí me dará la certeza de que ella también sufrió su parte por este error y finalmente a Sofía le permitirá desquitarse del mal trago que le dio verla junto a Milton.

A mi parecer era un plan demente, pero la amiga de Sofía una tal Susana, le había recomendado que era un buen plan para que podamos liberarnos de nuestros resentimientos. No negaré que el poder darle este escarnio a mi esposa con mi cuñada me daba cierto morbo, primero por lo guapa que era Sofía y por otra parte porque jamás en la vida podría tener una oportunidad de esas.

El no tener sexo con ella, también me libraba que luego mi esposa me lo recrimine, ya que ella si lo tuvo con Milton y nosotros no, pero esa creo era la sal del asunto, Camila aún estaría en deuda, aunque ya todos nos sintiéramos recompensados y a mano.

- Ok, ya no voy a pelear más - terminé aceptando – Pero si al final esto no se compone, pues nos divorciamos y se acabó.

- Pero... - intentó argumentar Camila.

- Pero Nada Cami, esto está decidido... - finalizó Sofía, dejando claro que esto era un favor y que si no lo quería pues a firmar los papeles y san se acabó.

Finalmente me dejaron solo nuevamente, hasta el día siguiente que salíamos a la playa no tendríamos más contacto, y el acuerdo era desde que pisábamos el hotel, hasta que nos fuéramos de allí, ni un minuto antes ni uno después. De mi parte pensaba que era una idea tan descabellada como las anteriores, pero me plantee aceptar siempre y cuando no haya problemas posteriores para poder separarme.

Sinceramente ese comportamiento tan extraño e impulsivo por parte de mi esposa me estaba dando mucho que pensar, incluso algo de miedo de lo que ella realmente sería capaz de hacer. Nunca había tenido una pareja que hubiera tenido este cambio tan drástico de comportamiento en tan poco tiempo.

Otra cosa que me estaba causando extrañeza era el apoyo casi incondicional de Sofía a su hermana, ya que ella también me había parecido muy centrada y consciente. Ahora, era completamente incondicional de Camila y la apoyaba y secundaba en todas las locuras que estaban planteando.

El momento del viaje llegó, las cosas entre los tres se notaban tensas y de un sabor amargo de digerir. Íbamos en el auto, yo manejando, Camila y Sofía en el asiento trasero charlaban e intentaban integrarme a la conversación o tal vez tratándome de convencer de que no me estaban llevando a una nueva encerrona.

- Ya no pongas esa cara Ricky – me dijo Sofía con cara coqueta.

- Cual cara... - dije yo haciéndome el desentendido.

- Pues esa... de cordero listo para el sacrificio... ¿O no te parece atractiva la idea de que me tengas de novia por un par de días?

- En estas circunstancias... no sé qué decirte...

- Ya déjate de tonterías, no va a pasar nada... Solo nos vamos a divertir un rato... No te comas el coco...

- Si claro... solo diversión ¿Verdad?

- Para mi no será solo diversión – dijo en voz algo baja mi esposa, pero sin ningún signo de ira u otra cosa.

De pronto vi a quien hasta ese momento era mi esposa y la veía extrañamente tranquila, incluso diría yo algo contenta pese a todo lo que estábamos pasando. Por lo que mi primera reacción era el pensar que estaba completamente loca y que de un momento a otro se lanzaría a cortarme el cuello o algo parecido. No entendía que algo así pudiera estar pasando y que ella no reaccionara.

Mi idea de separarme de Camila tan pronto podría se hacía cada vez más fuerte, pero por alguna extraña razón, la situación no me desagradaba del todo, yo creo que igual que mi esposa también empezaba a enloquecer ante tanta presión de estos días. Pero nada me haría ni siquiera imaginar las cosas que realmente podrían suceder.

Durante el resto del viaje, increíblemente nos pusimos un poco más relajados, siempre me había llevado bien con Sofía y aunque con ciertas reticencias, divagamos por otras cosas y tratamos de todo excepto de lo que realmente iba a suceder. Más pronto de lo que esperaba, llegamos al hotel, aquel lugar que se suponía sería el lugar donde mi esposa recibiría su castigo por sus actos.

- Bien, hemos llegado y ahora creo que te mereces una explicación mayor. – Dijo mi esposa tan pronto llegamos.

- Ya no se si realmente lo quiero. – respondí atento a cualquier signo de que mi esposa hubiera perdido la cordura.

- He aceptado esto debido principalmente al comportamiento que tuve con mi hermana, durante la vez que estuvimos con Milton, me porté extremadamente dura y vengativa con ella. La humillé y la presioné haciéndola soportar lo impensable, ahora estoy aquí para resarcirme con ella.

- O sea, no es por mí. – pregunté algo contrariado al ver que realmente yo no era el motivo principal.

- Si… pero no el principal… - dijo Camila con su rostro contraído por la pena. – Desde que te vi con intenciones de abandonarlo todo, me di cuenta de que jamás podrías perdonarme lo que sucedió. Que haga o diga lo que sea, tu nunca más me podrías ver con ojos distintos.

- Pues yo… - no pude contradecirla, estaba claro en que ya no quería estar a su lado.

- Te entiendo, me pasé cinco pueblos con esta venganza, pero aún te amo y si existe alguna posibilidad de que me perdones, la tomaré, pero lo dudo mucho.

- ¿Y qué esperas de mí? – pregunté contrariado ante esta afirmación.

- Que a mi hermana me perdone y podamos ser lo que siempre hemos sido. Que ya no me guarde rencor por todo lo que pasó esa noche y otras, donde me he portado terriblemente mal con ella y la he obligado a hacer cosas impensables… Ahora y por estos días, yo seré quien sufra las consecuencias de mis decisiones.

Francamente no entendía que tanto daño o rencor pudo haber habido entre ellas, para tener que hacer este tipo de cosas. Regresé a ver a Sofía y me dio a entender que, aunque su hermana estaba completamente loca, ella la apoyaría hasta el final.

- Cuando esto termine, te pediré el divorcio…

- Lo se… y te lo concederé, pero ayúdame con esto.

Maldije mi suerte, después de este fin de semana mi suerte y vida cambiaría terriblemente, y aunque yo no había tenido mayor culpa iba a tener que aceptar las consecuencias de perder a mi esposa y mi vida por una locura.

- De acuerdo Cami, yo acepto toda esta locura, pero no creo que salga nada bueno de ello.

- Yo tampoco… Pero sobre todo quiero que sepas que te amo Ricky, con todo mi corazón.

- Lo dudo mucho Cami, lo dudo…

- Muy bien chicos, al mal paso…

Nos bajamos del auto y mientras los mozos se llevaban las maletas, Sofía me tomó de la mano y ante mi estupefacción me clavó un beso húmedo y ardiente en la boca. No lo dudé y se lo devolví con toda la intención, sujetándola por la cintura y subiendo mi mano hasta su espalda, ella su vez me acarició la cabeza y la nuca con una mano y con la otra jaló mi cadera contra la suya para apegar mi cuerpo lo más posible al suyo. Un beso con todas las de ley. Cuando nos separamos, regresé a ver a mi esposa, suponía que estaría roja de la furia o incluso lista para arrancarme los ojos, pero no, ella estaba sonriente, resignada tal vez o incluso diría yo expectante de lo que acababa de ver.

- Vamos cariño – dijo Sofía sin soltar mi mano y arrastrándome al lobby del hotel. - Estas vacaciones van a ser fabulosas… No te arrepentirás de venir. Vamos Cami, no te quedes atrás… Ya verás que te divertirás aquí.

- Claro Sofi, ya los alcanzo… - dijo regresando al auto por su bolso.

Mi cara seguramente mostraría que no entendía nada, pero supongo que los mozos del hotel dieron por sentado quien era la pareja y quien la invitada. Así empezaba ese fin de semana de locura y concupiscencia.

Continúa en