Xtories

Quiero ser cornudo (Cap. 1 y 2)

Lidia cree que puede controlar la fantasía de su marido con un juego de mentiras y fingimientos. Pero Nando no busca sexo real, busca la humillación y la imagen. Y cada palabra que ella inventa para protegerse lo excita más, acercándolo a un límite que ninguno de los dos puede predecir.

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NOTA DEL AUTOR:

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CAPÍTULO 1

NANDO

Nando y Lidia hace más de 30 años que son pareja, tienen dos preciosas hijas y durante estos años su relación ha sido razonablemente satisfactoria.

Las hijas ya son mayores, 23 y 21 años; la mayor vive en Girona con su pareja mientras que la menor está estudiando ingeniería bioquímica en Atlanta.

Pero ahora cuando él está a punto de cumplir los 50, sus vidas van a cambiar de un modo que ninguno de los dos es capaz de imaginar.

En realidad, la historia que os voy a contar empezó hace 30 años; por aquel entonces Nando y Lidia apenas hacía unos meses que eran pareja y por alguna extraña razón que sólo saben las mujeres, a Lidia, le encantaba poner celoso a su novio, provocándole sobre lo que había hecho, o no, en sus relaciones anteriores.

Lidia intentaba pincharlo con la intención de que sus celos fueran una prueba de amor y, en efecto, lograba ponerlo celoso pero, también, lograba que terminaran discutiendo. Para Nando, imaginarse a Lidia en brazos de alguno sus antiguos novios era una sensación extremadamente desagradable y cada vez que Lidia lo mencionaba se ponía de muy mal humor. Pero un día, probablemente como sistema de autodefensa, su cerebro, en lugar de la respuesta habitual, experimentó una reacción inesperada: una erección. Y le gustó.

Aquel día lo cambió todo. Ya no sólo no le molestaba oír los comentarios acerca de los antiguos novios de Lidia sino que, ahora, era él quien le pedía más y más detalles. Quería saberlo todo, cuantos novios había tenido, cuanto tiempo había salido con ellos, que nivel de contacto físico había mantenido... todo.

Cada vez que Lidia le contaba sus experiencias que, para decepción de Nando eran muy pocas, le provocaba una erección y acababan follando.

Por aquel entonces, apareció internet y Nando se aficionó a la lectura de relatos eróticos en diversas páginas web y le sorprendió encontrar infinidad de relatos de intercambio de parejas y de infidelidades consentidas. Esa cantidad de material, le permitió descubrir que sus fantasías no solo no eran una rareza suya sino que eran compartidas por muchísimas otras personas de todo el mundo.

Cuando finalmente se convenció de que sus fantasías eran algo normal y no una filia enfermiza, intentó animar a su esposa para que poco a poco, se exhibiera en público. Primero animándola a hacer topless en la playa, luego a desnudarse en playas nudistas… e incluso, cuando hacían el amor intentaba introducir otros hombres en sus juegos eróticos; pero por mucho que lo intentaba, sus tentativas caían en saco roto; porque Lidia se negaba, una y otra vez, a alimentar sus fantasías.

Aun así, no podía detenerse; necesitaba más; de modo que su imaginación evolucionó hacia la idea del cornudo sumiso, o sea, entregar a su esposa a otro hombre para que la poseyera hasta hacerla gozar como él no podía.

Pasaron casi 20 años y todo este tiempo demostró que vivían en realidades distintas, mientras las fantasías de Nando evolucionaban más y más hacia la sumisión y la humillación, Lidia se negaba, tercamente, a entrar en estos juegos.

Discutían continuamente, sus relaciones sexuales eran cada vez más pobres e insatisfactorias hasta que un día, tras mucho insistir, consiguió que Lidia aceptara tener un amante virtual. O sea, una persona, con la que chatear e intercambiar mensajes pero siempre, desde el anonimato y la virtualidad.

Antes de intentar presentarle un desconocido a Lidia, Nando quiso asegurarse de que, este, no echara a perder los pírricos avances que tanto esfuerzo le había costado alcanzar, así que realizó un exhaustivo casting entre los candidatos de un chat de cornudos y corneadores.

No os podéis imaginar lo que le costó encontrar a alguien válido para esta tarea. Todos los candidatos, lo único que buscaban era realizar cybersexo por webCam. Eran directos, a menudo soeces, sin tacto; lo único que buscaban era el placer inmediato, se referían a Lidia como una vulgar puta; querían “echarle la lefa” en su boca, reventarle el culo y mearse en su cara.

Ya empezaba a estar descorazonadoramente frustrado cuando conoció a Miguel. Resultó ser un chico atractivo, muy educado y romántico. Le quedó claro que debía evitar presionar a Lidia y poco a poco, seducirla, siendo consciente de que, con mucha suerte, no conseguiría mucho más que unas pocas fotos en ropa interior o alguna videoconferencia.

El primer contacto no fue muy bueno. Lidia fue Lidia, fue poco sociable no le dio ninguna oportunidad y, a los pocos mensajes, dejó de interactuar.

Entonces, Lidia y Nando tuvieron otra gran discusión; incluso estuvieron a punto de romper la relación, hasta que, finalmente, Lidia se comprometió en participar un poco más de la fantasía de su marido.

CAPÍTULO 2

LIDIA

Después de un par de semanas chateando con Miguel, Lidia entabló una relación de amistad y cordialidad. Aunque le molestaban sus continuas tentativas para abrir una conversación de carácter sexual que, ella, con más o menos tacto evitaba.

Durante estas dos semanas, Lidia se reafirmó en la firme convicción de que la obsesión de su marido era insana y tenía que terminarse definitivamente. Así que tras mucho meditarlo esbozó un plan que no podía fallar. Pero para llevarlo a término, necesitaba la implicación de Miguel, así que cuando consideró que había logrado una razonable cordialidad con él le mandó un mensaje:

[Lidia] Hola Miguel, tengo una propuesta que hacerte.

[Miguel] Dime encanto, soy todo oídos…:-)

[Lidia] Ya sabes que estoy en este chat para satisfacer a mi marido. Está muy pesado y quiero atajar el problema de raíz.

[Miguel]……. ¿¿¿???

[Lidia] Verás, se me ha ocurrido una locura. Como ambos vivimos en Barcelona creo que podríamos quedar un día.

[Miguel]:-)))) ¡Grande!

[Lidia] No te pienses lo que NO es. No va a pasar nada entre tú y yo. Lo único que quiero es darle una lección a Nando. Quiere ser cornudo, pues haré que CREA que lo es.

[Miguel] Entonces, ¿qué es lo que propones?

[Lidia] Muy fácil; quedaremos los tres en un bar de copas, en el barrio Gracia, cerca de tu casa. Cuando tengamos ocasión dejaremos a Nando en la mesa y nos alejaremos lo suficiente como para que no pueda vernos con claridad.

[Lidia] Hablaremos un rato, podrás acariciarme el pelo o masajearme el hombro, en plan sensual y me hablarás cerca de la oreja para que Nando no sepa si me hablas o me besas.

[Lidia] Luego, unos minutos después, volveremos y le diremos que nos espere en el bar o en el coche porque queremos irnos a tu casa, sin él.

[Lidia] Pero antes de que se te ocurran ideas raras… estoy segura de que cuando se lo diga, Nando, se echará atrás. Me suplicará que no vaya, yo le recriminaré su insistencia y ya está: fin de la historia, cada uno en su casa.

[Miguel] ¿Y qué pasa si no protesta y acepta que vayamos?

[Lidia] No lo hará, lo conozco demasiado. Pero si se diera el caso iríamos a tu casa. Pero no hagas volar la imaginación; insisto, allí NO PASARÁ NADA. Tomaremos una copa, veremos la televisión y cuando haya pasado el tiempo necesario, me iré y regresaré con mi marido. Le explicaré que he echado el polvo de mi vida, que tienes un pene enorme; pero que nunca más repetiré.

[Miguel]...ufff me has dejado sin palabras... Y mira que eso es difícil. Si es lo que quieres, yo estoy dispuesto a ayudarte. ¿Pero crees que con eso será suficiente? ¿Y si Nando quiere más?

[Lidia] Le diré que no. Me inventaré una historia lo más morbosa posible y se la contaré una y otra vez.

* * * * *

Pasaron un par de semanas y, entonces, Lidia le contó a Nando que había quedado con Miguel.

A Nando, prácticamente se le paró el corazón, porque toda la sangre fluyó hacia su pene que creció como nunca antes lo había hecho.

Tras unos segundos de confusión, Nando se lanzó sobre Lidia, la desnudó y la penetró sin siquiera acariciarla antes. Por suerte, Lidia estaba excitada, ya que planificar la estrategia del “engaño” y el modo de contárselo, la habían humedecido lo suficiente como para recibir el miembro de Nando sin dificultades.

De hecho, el pene de Nando era de talla mediana, más bien pequeña, apenas 13 cm; ligeramente por debajo de la media española. Pero a Lidia le gustaba, las relaciones eran razonablemente placenteras y, si con la penetración no llegaba al orgasmo, podía masturbarse con los dedos.

Pero ese día la polla de Nando estaba especialmente dura y, probablemente, un poco más larga y gorda de lo habitual. Nando, al sentir como el coño de Lidia envolvía su polla, cerró los ojos y se la imaginó follando con otro.

La penetraba rápido, con estocadas profundas hasta que le arrancó los primeros suspiros.

–¡Ummmmm!!!! – gimió Laura cuando su coñito empezó a humedecerse lo suficiente como para hacer que la penetración fuera placentera.

–¡Así Miguel! – dijo Lidia con la clara intención de provocarle a Nando un orgasmo prematuro.

Cuando Nando oyó a Lidia pronunciar el nombre de su amante virtual, aceleró el ritmo tanto que se escuchó perfectamente el entrechocar de los cuerpos.

¡plop! ¡plop! ¡plop!

–¡Ummmmm!!!! – volvió a jadear Lidia – que polla más dura tienes... ¡Ummmmm!!!

Y poco después añadió, –...Migueeeel... ummmmm

Nando volvió a acelerar las nalgadas hasta que el sonido del entrechocar de sus cuerpos empezó a sonar acuoso.

¡chof! ¡chof! ¡chof!

Y, a diferencia de la mayoría de las ocasiones en las que a Nando le cuesta alcanzar el orgasmo, esta vez, se corrió apenas dos minutos después de haber empezado.

Sacó su polla del coño de Lidia, se la sacudió un par de veces y escupió su semen sobre el abdomen y los pechos de su esposa para, poco después, caer rendido junto a ella.

Cuando recuperó el aliento le preguntó:

–A ver, cuéntame eso. ¿Cómo ha sido?

–Ya sabes que hace unos meses que chateo con Miguel. Es simpático, romántico… en definitiva, todo lo que tú no eres – dijo recriminándole su actitud.

–Me propuso quedar un día los tres y después de insistir mucho, al final, acepté... Pero no te flipes... no va a pasar nada. Lo conoceremos, hablaremos, tal vez bailaré un poco con él y regresaremos a casa.

Para Nando aquello era el cielo. No hacía ni dos minutos que se había corrido y su pene volvía a estar duro.

Y repitieron, ¡Dos veces! Y lo sorprendente era que, nunca antes, había logrado completar dos orgasmos seguidos y, aquella noche, lo hicieron hasta en tres ocasiones.